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La campanilla de viento tintineó acompañando esa cálida tarde. Todo estaba tan tranquilo que Sano no podía pensar en nada más que en relajarse recostado en el piso del dojo. En su lugar favorito.
La tarde era perfecta, el clima acogedor y Sano estaba tan concentrado en el sonido de las aves que no se percató de la llegada de Megumi.
- Vaya, descansando y sin hacer nada, como siempre…
Sanosuke abrió los ojos con enojo y sorpresa.
- ¿¡Eh!? ¿¡De qué hablas!? Yo soy un hombre ocupado, sólo decidí darme un día libre.
- Tú siempre estás en tu día libre, ¿No?
- Déjame en paz, tú, zorra. ¿A qué vienes? Kaoru salió con Kenshin a comprar unas cosas y sólo estoy yo.
- Tenía que entregarle este medicamento a Kaoru, pero ya que no está, ¿Serías capaz de hacer la entrega tú?
- ¿A qué te refieres? ¿No me crees capaz? Agggh… déjamelo a mí, yo se lo daré.
- De acuerdo, dile que la receta y las indicaciones están ahí mismo, no vayas a olvidarlo. Me voy… Dale saludos a Kenshin de mi parte – Dijo Megumi guiñando un ojo mientras daba la vuelta para salir del dojo.
- Agggh… Esa zorra… Sólo interfirió con mi paz, y ahora debo ser su mensajero. Vaya fastidio. – Sanosuke volvió a recostarse en el piso, pero con una notable expresión de molestia.
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Megumi caminó por la tranquila calle, hasta que de pronto, un sujeto la interceptó.
- Hey, Megumi, al fin he dado contigo. ¿Acaso ya no me recuerdas? – Exclamó.
Ella se sorprendió al ver al tipo, lo miró fijamente tratando de recordar. Era esbelto, ligeramente alto y llevaba un traje que lo hacía lucir muy pulcro e importante, pero su cara no le resultaba familiar, estaba llena de cicatrices de cortadas que contrastaban con su cara pálida.
- Bueno, pues parece que no… ¡Supongo que tendré que llevarte conmigo para refrescarte la memoria un poco!
Y dicho esto, varios hombres salieron de entre los arbustos, tomaron a Megumi por los brazos y los hombros y la arrastraron a la fuerza, llevándosela consigo.
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Yahiko llegó a la casa unos minutos después de que Megumi se había ido y vio a Sanosuke con su cara despreocupada exactamente en la misma posición de antes. Viéndolo tan tranquilo, sólo pudo pensar en una cosa; se acercó en silencio y entonces gritó fuerte.
- ¡Sanosukeeeeeee!
Sano se levantó de sobresalto y miró a Yahiko con furia.
- ¿¡Qué te pasa!? ¿¡No ves que estoy descansando!?
- ¡Deberías ayudar con los quehaceres en vez de estar durmiendo todo el día!
- ¡Eso no te importa!… Pfff… No puedo tener ni un momento de calma, tú y esa zorra sólo perturban mi día…
- ¿Eh? ¿Zorra? – Se rascó la cabeza, pensativo – ¡Oh! Vi pasar a Megumi cuando regresaba, aunque estaba con un sujeto extraño, seguro era uno de sus pacientes… - La cara de Yahiko se tornó pícara y miró burlón a Sanosuke - ¿Pero acaso estuvo aquí?...
- Hey, ¿Y esa cara qué?… Si, ella estuvo aquí. Venía a dejarle este medicamento a Kaoru, pero ya que ella no estaba, me ha pedido que se lo entregue.
- ¿Medicamento? ¡Ja! Seguramente son pastillas para calmar su mal genio.
- Jajajaja es posible. Deben ser tranquilizantes…
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¡Pum!
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Sanosuke y Yahiko quedaron noqueados en el suelo mientras Kenshin trataba en vano de calmar a Kaoru.
- ¡Ustedes dos! ¿¡Cómo se atreven a decir eso!? ¿¡Acaso no tienen respeto por la persona que los tiene aquí en su casa como mantenidos!?
- Señorita Kaoru, por favor, sólo cálmese…
Ambos agredidos se levantaron y disculparon con Kaoru mientras sobaban sus cabezas aún adoloridas.
- Discúlpanos nena, sólo era una broma.
- Si, nos estábamos divirtiendo nada más.
- Por cierto – Sano sacó de su bolsillo una pequeña hoja de papel y una bolsita –. Megumi me pidió que te entregara esto…
Kaoru tomó la bolsita y la hoja y leyó lo que venía escrito. Sus ojos brillaron con entusiasmo y sonrió.
Yahiko preguntó con curiosidad - ¿Y qué clase de medicina es? No recuerdo que estés enferma.
- ¿E- eh? N- no, no es nada jejeje -. Kaoru sonreía con nervios, en el papel podía leerse "Medicamento para controlar el peso". – Iré con Megumi para hacerle unas preguntas más específicas jejeje. Ustedes quédense aquí, yo no tardaré mucho.
- Señorita Kaoru, ¿Está segura de que no quiere que la acompañe?
- ¡No! ¡No vengas! ¡Nadie venga! ¡Iré yo sola y más les vale no intentar seguirme!
Y dicho eso, Kaoru se marchó rápidamente sin dar más explicaciones.
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Los chicos se quedaron en la estancia bebiendo té y comiendo sandía, aún extrañados por la actitud de Kaoru hacía un rato.
- ¿Por qué la nena se comporta tan misteriosa? ¿Acaso no somos casi como una familia?
- La señorita Kaoru prefiere ser discreta con sus asuntos de salud, tenemos que respetarlo.
- Bah… Pero la manera como se comportó fue muy ruda… -. Yahiko dio un largo y exagerado suspiro. – Las mujeres son demasiado complicadas.
- Tienes mucha razón Yahiko, además son tan conflictivas que siempre tienes que salvarlas…
- Sin embargo, muchas son muy fuertes. Creo que la señorita Kaoru hace su mayor esfuerzo en el dojo, y la señorita Megumi nos ha demostrado ser una excelente médica.
- De cualquier manera, ambas tienen un carácter difícil, yo creo que…
En ese momento Kaoru entró a toda prisa, interrumpiendo el comentario de Sanosuke. Su cara de angustia hizo que todos se preguntaran qué le había pasado y que le pidieran rápido una explicación. Ella les dijo que cuando llegó a la casa del doctor Genzai preguntó por Megumi, y él le dijo que no había regresado aún y que estaba muy preocupado.
- Sanosuke, dices que ella vino aquí cuando entregó la medicina, ¿Te dijo si iría a ver a alguien más? ¿A otro paciente?
- No, ella no mencionó nada de otro paciente… ¡Claro! - En ese momento, Sano recordó. – Yahiko, dijiste que cuando regresabas hacia acá la viste con un sujeto extraño, ¿Recuerdas cómo era?
- Pues… No pude verlo muy bien, pero recuerdo que su cara estaba llena de cicatrices… Y si lo pienso bien, me parece que nunca antes lo había visto por aquí.
- ¡Maldición! Esto no me gusta… ¡Vamos! Debemos encontrarla.
El resto del grupo asintió y sin perder más tiempo salieron velozmente en búsqueda de Megumi.
Llegaron al lugar donde Yahiko les indicó que la vio con el sujeto misterioso, y juntos comenzaron a buscar alguna pista.
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- De verdad las mujeres son un completo fastidio… ¿Dónde podrá estar? – Pensó Sano para sus adentros. Lo cierto era que por mucho que él y Megumi pelearan, sabía que al final tenía un especial sentimiento por ella. No estaba seguro por qué, pero suponía que el hecho de que siempre había estado ahí para ayudarlo a curar sus heridas cuando peleaba era un factor importante. Por supuesto que esto no se lo diría jamás. Ni a ella ni al resto. ¿Dónde quedaría su reputación de hombre fuerte y rudo? Sacudió la cabeza y siguió buscando.
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- ¡Hey chicos! ¡Creo que encontré algo! – Yahiko corrió al encuentro con los demás para indicarles que lo siguieran. Cruzaron un pequeño claro, y entonces descubrieron lo que Yahiko quería mostrarles: Huellas de un carruaje.
- Pero Yahiko esto no nos indica nada, muchos carruajes pasan por aquí – Resopló Kaoru decaída.
- Espere, señorita Kaoru, éste no es un simple camino tratándose de Megumi…
- ¿Eh? ¿Qué quieres decir Kenshin? - Preguntó Kaoru confundida.
- Tiene razón – Respondió Sanosuke - Este camino… Lleva directamente a Aizu.
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