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Si bien el comedor estaba hecho un desastre, debía admitir que le sorprendió bastante el que lo hayan hecho lucir relativamente decente. Aún estaba la mesa larga, la misma donde se había sentado varias veces - cuando no era castigada por tratar de huir -. Y el candelabro de cristal que ya estaba bastante deteriorado también. Al extremo contrario de la mesa, se encontraba Takuhiro, sentado a sus anchas y dedicándole una burlona sonrisa.
- ¿Cuántas veces deseé poder sentarme en esta mesa y tener una cena contigo? Creo que perdí la cuenta…
Megumi se acercó a su silla y tomó asiento, en silencio.
- Veo que sigues sin querer conversar… Bueno, parece que algunas cosas no cambian a pesar del tiempo, ¿Cierto? Otras, por otra parte… - Continuó mientras tocaba su rostro – Sufren cambios bastante descomunales, ¿No lo crees?
- … ¿Qué fue lo que te pasó? – Preguntó Megumi con seriedad.
- Bueno, dado que ese tema es un tanto… Intenso, me gustaría dejarlo para el final. No quisiera arruinar la velada con temas desagradables desde el principio.
Llegaron dos de sus aliados y les sirvieron la cena, platillos habituales que solían servirse en la mansión.
- Como en los viejos tiempos, mi preciosa señorita. Adelante, come, estoy seguro de que debes estar hambrienta.
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La cena transcurrió en silencio, de vez en cuando Takuhiro hacía algún cumplido por la bebida o la comida. Megumi permaneció callada todo el tiempo y comió muy poco, había perdido el apetito por completo.
- Así que casi no has comido, preciosa ¿Acaso estás cuidándote? Jajajaja es excelente – Dijo Takuhiro con burla – Pero no tienes por qué preocuparte, luces tan bella como la última vez que te vi. Oh, y hablando de eso, creo que es momento de que te cuente todo lo que ha sucedido desde aquel triste día en que desapareciste de mi vida.
Retiraron sus platos y a él le sirvieron una copa más de vino, entonces continuó.
- Verás, aquella noche en que te fuiste, la mansión era un desastre. Claro que eso ya lo sabes, ¿no? Los hombres a mi cargo fueron derrotados casi de inmediato por esos amigos tuyos, y ¡cielos! Sí que fueron problemáticos, ni siquiera los Oniwabanshu pudieron con ellos. Ese hombre, el famoso Battousai, fue imparable, igual el hombre de los golpes poderosos y agilidad de acróbata. – Dio un sorbo al vino y continuó – Pero como tú ya estás familiarizada con eso, no entraré en esos detalles, iré directo a lo que te interesa saber.
Una vez que la policía llegó y comenzaron los arrestos, varios de mis hombres y yo decidimos escapar por atrás de la mansión, sin embargo, estábamos rodeados, la policía nos acorraló y en un momento de desesperación, decidimos luchar. Es absurdo, ¿no lo crees?, todos estábamos heridos a causa de tus amigos así que nuestra derrota era un hecho, pero esto no fue suficiente para algunos de los oficiales. No. Debes saber que soy un hombre que no se rinde con facilidad, así que insistí en dar pelea… Es por ello que aquellos oficiales no titubearon en atacar salvajemente mi rostro. Diez, veinte… Perdí la cuenta de cuántos cortes recibí…
En este punto Megumi estaba horrorizada por aquel castigo. Detestaba a Takuhiro sin duda, pero como médico su profesión la hacía repudiar el trato cruel y tortuoso hacia las personas. Él notó el horror en su rostro y continuó.
- Te ha impresionado esa parte, eh… Entonces te encantará esto. Antes de que me encerraran, tuvieron que llevarme con algún médico para que tratara mis heridas, y ¿sabes? Existen muy pocos médicos tan buenos como tú en los alrededores… - Suspiró – Ja, a decir verdad, no hay buenos médicos por aquí, así que viví una terrible agonía durante las curaciones y al momento de recuperarme. Pero no todo es malo, ésa fue mi oportunidad para escapar. Escapé y hui al bosque, donde estuve vagando durante días. La agonía era inmensa, creí que moriría, pero cuando estaba a punto de desvanecerme, parte de los soldados que estaban a mi cargo me encontraron; me trajeron de nuevo aquí y me dijeron que armaron una revuelta y escaparon de prisión. Jajajaja el resto de la historia es más alegre, preciosa. Con su ayuda formé otra sociedad de venta de drogas de la cual me proclamé como el líder, y como esta mansión quedó en ruinas, la adoptamos de nuevo como nuestro cuartel general, después de todo, nadie sospecharía que regresaríamos al mismo lugar considerando los antecedentes.
- ¡Eres un maldito y un infeliz! – Le espetó Megumi con toda la ira que había estado conteniendo. - ¡¿Cómo te atreves a continuar con un negocio tan sucio y que sabes que acabó con cientos de vidas?!
- ¡Oh, vamos! Esas vidas no valen nada, son meros adictos que no saben cuándo detenerse, y es gracias a ellos que he estado juntando una pequeña fortuna jajajaja.
- Desgraciado… ¡Mis amigos te encontrarán! ¡Vendrán por mí y entonces te arrepentirás de todo lo que has estado causando!
- ¡Jajajaja! Pero mi preciosa dama, ¿No creíste que nos quedaríamos aquí? ¿O sí?
Megumi se sorprendió ante tal respuesta.
- Pero… ¡Tú dijiste que éste era de nuevo el cuartel general!
- ¿Pero qué clase de hombre sería yo si te dejara aquí, entre el polvo y las ruinas? Preciosa, la razón de que estés aquí no es para volver a producir opio…
El rostro de aquel hombre se tornó sombrío y Megumi pudo sentir un escalofrío recorrer su espalda.
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Kenshin, Sanosuke y el resto del equipo llevaban horas caminado por el sendero. Por más que le insistieron a Kaoru y Yahiko que se quedaran en Tokio, ellos se negaron rotundamente. Megumi era su amiga también, y así como fueron todos juntos a rescatarla la primera vez, lo volverían a hacer; ahora y todas las veces que fuera necesario.
- ¡Maldición! Está comenzando a oscurecer y no parece que llevemos ni la mitad del camino.
- Sanosuke, tranquilo, conozco bien estos caminos y te aseguro que estamos más cerca de Aizu de lo que parece.
- Pero cada hora que pasa es tiempo que no sabemos qué estarán haciendo con ella. Podría estar en grave peligro y amenazada para volver a fabricar opio.
El rostro de Sanosuke reflejaba una gran preocupación, se sentía terrible por cómo había tratado a Megumi horas antes cuando fue a entregar la medicina.
De pronto, la voz de Yahiko lo sacó abruptamente de sus pensamientos.
- ¡Miren! ¡Se alcanza a ver una pequeña aldea por ahí! Quizás podamos descansar y comer algo, mi estómago me está matando.
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¡Pum!
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- ¡¿Pero de qué estás hablando?! – Le espetó Sanosuke dándole un fuerte golpe en la cabeza. – No podemos detenernos a descansar, Megumi está en peligro y debemos darnos prisa, esto no es un agradable paseo por el campo.
- Sanosuke, escucha, quizás alguien en la aldea haya visto o escuchado algo y pueda darnos información que nos sirva para encontrar a Megumi. – Kaoru estaba realmente angustiada y no quería problemas o discusiones entre todos.
- La señorita Kaoru tiene razón, es muy probable que puedan darnos información en ese lugar. Deberíamos ir e investigar un poco.
El semblante de Sano se relajó un poco, dio media vuelta y se dispuso a seguir el camino.
- De acuerdo, vamos. No hay tiempo que perder.
Lo cierto es que todos estaban realmente preocupados por Megumi, pero la actitud de Sano en verdad los desconcertaba, si bien siempre ha sido alguien decidido, nunca lo habían visto comportarse de ésta manera, al menos no por ella. Es verdad que eran amigos, pero todos sabían lo peculiar que era su relación. Siempre molestándose y llamándose por apodos, pareciera que para Sanosuke era muy difícil limar aquellas asperezas del pasado, y que muy en lo profundo de su persona aún tenía cierto rencor hacia ella por la muerte de su amigo; por otra parte, para Megumi era muy divertido molestarlo, era parte de su personalidad tan pícara, pero sabía que las cosas no estaban en completa paz con él y sabía cuándo marcar un límite prudente.
Continuaron su camino, siguiendo a Sanosuke, que ya se encontraba varios pasos adelante.
- La actitud de Sanosuke es muy extraña, ¿no lo creen? – Comentó Yahiko.
- Es cierto, se comporta de un modo muy extraño. No estoy muy segura, pero creo que nunca lo había visto actuar de ésta manera.
- Es natural que esté preocupado. Todos lo estamos. Sin embargo, ustedes saben tan bien como yo que su relación con la señorita Megumi es bastante complicada – Kenshin no pudo evitar hacer ésta observación. – Él vive aún con resentimiento en su corazón, y éste resentimiento probablemente se esté convirtiendo en culpa ahora que ella fue secuestrada. Estoy casi seguro de que, dentro de él, aún se lleva a cabo una lucha interna buscando poder perdonarla por lo que le ocurrió a su amigo, y ahora, el hecho de que la señorita Megumi desaparezca es como si él se esfumara de nuevo, muriera de nuevo. Su única conexión con él es ella y al no poder rescatarla, siente nuevamente la impotencia de no haber podido salvarlo.
Kaoru y Yahiko se miraron unos segundos, reflexionando sobre las palabras de Kenshin. Si Sano se sentía de ésta forma, era lógico entonces que su búsqueda fuera tan intensa. Pareciera, que quisiera expiar sus pecados de cierta forma.
Continuaron caminando en silencio, las tenues luces de las cabañas comenzaban a verse más cercanas.
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