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- Date prisa, nos vamos en diez minutos.
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Después de la cena, llevaron a Megumi a su habitación. Desafortunadamente Takuhiro no quiso revelarle en ese momento cuáles eran sus intenciones, pero por la mirada que le dirigió, estaba más que empeñada en escapar, el problema era que en ese pequeño cuarto no había ninguna opción. Era demasiado alto y no tenía ni siquiera alguna manta para intentar salir por la ventana.
Pensaba y pensaba, sería difícil ya que los hombres de Takuhiro no la dejaban ir a ningún sitio sola, su única opción sería intentar escapar cuando estuvieran a punto de abordar el carruaje de nuevo e irse.
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No tengo alternativa, tendrá que ser así.
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Dio un último vistazo a la habitación y se dirigió a la puerta, aquel secuaz estaba a punto de tocar cuando ella abrió.
- Bien, veo que ya estás lista. Andando.
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Caminaron por el pasillo hasta la salida. Megumi comenzó a fijarse en todos aquellos hoyos en las paredes y se percató de que serían una buena opción de escape, eran estrechos como para que los hombres de Takuhiro pudieran pasar y seguirla. Al final del camino podía verlo a él y al resto de sus secuaces esperarla, con su horrible sonrisa cínica y burlona, casi podía sentir su ansiedad y apuro porque salieran de ahí lo más rápido posible, y fueron todas estas cosas las que la motivaron a actuar.
Estaban a punto de salir, algunos hombres ya se encontraban cerca de la puerta del carruaje para abrirla y que ella entrara, cuando de pronto, Megumi giró sobre sus talones, se agachó y conectó un golpe en el estómago de su escolta, lo más fuerte que le era posible, y salió corriendo de vuelta al interior de la mansión; estaba segura de que, dentro de ella, por más que las escoltas conocieran el lugar, con ayuda de los agujeros podría perderlos con facilidad.
Se adentró en la oscuridad y escuchó todo el alboroto que había causado afuera. Corrió lo más rápido que pudo, entrando en diferentes cuartos y a través de cada agujero que le servía de atajo en ese laberinto de habitaciones, todo esto con el único objetivo de llegar hasta la parte de atrás y escapar por ahí adentrándose en el bosque.
Los gritos de los hombres de pronto habían desaparecido y pensó que por fin los había dejado atrás. Estaba segura de que lo lograría, sin embargo, estando ya cerca de la salida, vislumbró tres sombras grandes que parecían haber caído del techo. Se asustó demasiado, y de pronto, pudo sentir cómo tres pares de manos la sujetaron por los hombros y brazos.
- ¡¿Qué ocurre?! ¡Déjenme! – Gritó suplicante.
- Vaya, veo que tu determinación es algo que no has perdido, mi preciosa señorita.
Takuhiro se dirigía a ella con otros cuatro de sus hombres. Caminaba tranquilamente.
- Verás, la seguridad es algo tremendamente importante para las personas como yo, que deben mantener sus negocios lo más vigilados posible… - Llego hasta donde estaba Megumi y acarició su rostro – Así que bueno, ellos son mis queridos onmitsu, y han sido muy buenos manteniendo el orden y la seguridad aquí. ¿No los habías notado, cierto? Jajajaja son excelentes. Con el shogunato de Tokugawa desafortunadamente han visto muchas dificultades para mantener su legado, así que están dispuestos a ofrecer sus servicios a cualquiera que tenga lo suficiente para pagar…
Megumi observó a las personas que la tenían apresada. En efecto, no cabía la menor duda de que eran ninjas muy bien entrenados, jamás había notado su presencia, pero ahora le resultaba lógico el por qué había tan pocos soldados respaldando a Takuhiro. Se sintió tonta, creyó haber sido más astuta que ellos y que lograría escapar, pero sólo consiguió colocarse una soga al cuello, ahora estaría más vigilada.
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- Bien, ya que este contratiempo quedó resuelto, retomemos el viaje.
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Takuhiro volteó a ver a Megumi con malicia y volvió a encaminarse a la salida. Los ninjas la entregaron con los cuatro hombres que lo acompañaban y desaparecieron entre la oscuridad y las ruinas.
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¡Qué torpe fui…! ¡Maldición! Me he quedado sin opciones…
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Y entonces Megumi cruzó el portal de la salida, resignada a que debería irse con aquel desagradable hombre.
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El equipo había llegado al fin a la pequeña aldea, pero muchos de los habitantes se habían encerrado ya en sus cabañas. Les parecía extraño, aún no era tan tarde pero ese lugar lucía como si nunca hubiese sido habitado. Se adentraron un poco más en búsqueda de alguien, cuando de pronto escucharon unos tenues pasos a sus espaldas.
Todos giraron, alertas ante cualquier amenaza, pero se llevaron una gran sorpresa al ver que los pasos pertenecían a una anciana. Ella los miraba sorprendida y asustada, llevaba un balde de agua que lucía muy pesado para su pequeño cuerpo y parecía que iba a gritar en cualquier momento.
Kaoru rápidamente la saludó, tratando de evitar ese grito que ya se estaba formando en su garganta. Se acercó cautelosamente, no deseaba asustarla, aunque era obvio que las figuras de Kenshin y Sanosuke la habían impresionado, pero no de una manera positiva.
- Descuide señora, sólo somos unos viajeros que van de paso. Estamos buscando a una amiga a la que secuestraron y queríamos saber si alguien por aquí sabía algo.
El tono de Kaoru era apacible, le dedicó una pequeña sonrisa y la señora pareció tranquilizarse, bajó el balde y lo coloco en el suelo para poder acercarse un poco más.
- ¿Viajeros, dices? – La señora lucía un poco escéptica. – Casi nadie viene por estos alrededores, mucho menos a estas horas.
- No entiendo, ¿a qué se debe? – Preguntó Yahiko.
- Por los bandidos. Hace tiempo que muchos hombres de esta aldea han desaparecido a causa de los bandidos que vienen y se los llevan. Todos estamos asustados, llegan casi por la noche y se los llevan aprovechándose de que van al río a juntar agua o regresan de trabajar en los campos cercanos.
La historia sorprendió enormemente a todos.
- Pero… – Continuó la anciana. – No había escuchado nada sobre secuestro de señoritas… Vaya, es lo que nos faltaba.
- ¿Tiene alguna otra información, señora? – Preguntó Sanosuke con cierta impaciencia.
- Bueno pues… no realmente. Estos bandidos no tienen tanto tiempo de haber aparecido, pero durante ese poco tiempo han causado un gran caos y pérdida para la aldea.
- Lamentamos mucho escuchar eso. – Le respondió Kaoru con notable angustia.
- Descuida jovencita, ya todos hemos aprendido a cuidarnos y salir adelante con lo poco que tenemos – El rostro de la señora se tornó más dulce – Y, ahora bien, si ustedes son viajeros y están en búsqueda de su amiga, ¿por qué no se quedan esta noche? Quizás mi esposo sepa más cosas que pudieran ayudarlos, sin embargo, él regresará hasta mañana. Además, puede ser peligroso que acampen en el bosque o continúen viajando. – Les dijo amablemente.
- ¡Bah! ¡No sabe con quiénes trata señora! Somos el equipo del estilo Kamiya Kashin, el hombre dueño del Futae no Kiwami y el legendario Batto… - Kaoru rápidamente le tapó la boca a Yahiko para que evitara decir una tontería.
- ¡Cierra la boca Yahiko! ¡¿Acaso quieres que nos ataquen o echen de la aldea?! – Le susurró Kaoru por lo bajo. – ¡Se lo agradecemos infinitamente señora!
- Por favor, díganme Madoka.
- Estamos muy agradecidos con la invitación, señora Madoka. Esperamos no ser una molestia. – Respondió Kenshin amablemente.
- Oh, en absoluto. Como les dije, mi esposo llegará hasta mañana y me haría muy bien la compañía. Me sentiría más segura.
La voz de la anciana era tan dulce y maternal, que ninguno pudo oponerse; la ayudaron con su balde de agua y entraron a la pequeña cabaña. Tenía únicamente una estancia con una mesa y un pequeño horno de piedra, y la habitación de ella y su esposo.
Una vez que les preparó algo de cenar y todos comieron tranquilamente, se dispusieron a descansar; a los hombres los mantendría en la estancia y Kaoru dormiría con ella en su habitación. Y así, con los lugares repartidos, todos se fueron a dormir.
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Había pasado quizás una hora y Sanosuke no podía conciliar el sueño, seguía pensado en el tiempo que estaban desperdiciando y su enojo y preocupación seguían aumentando. Se levantó y salió de la pequeña cabaña, necesitaba aire fresco.
Afuera la noche era apacible, el cielo lleno de estrellas era majestuoso y la luna iluminaba de forma acogedora la aldea. Sano se recargó a un lado de la puerta y miró hacia arriba, pensando. Entonces escuchó la puerta abrirse, y Kenshin salió a su encuentro.
- ¿Qué ocurre?
- Aggh, los ronquidos de Yahiko son insoportables…
- Sigues muy preocupado, ¿cierto?
Kenshin era su amigo, habían pasado por tantas cosas que sencillamente no podía mentirle. Dio un largo suspiro y respondió.
- Bastante. Simplemente no me siento tranquilo estando aquí, durmiendo, descansando, mientras ella está en algún sitio desconocido. No sé qué ha pasado, dónde pueda estar o qué estén pensando hacerle…
- Megumi ha demostrado ser una mujer astuta. Estoy seguro de que a quienes sea que se la hayan llevado, no les está haciendo la vida nada fácil.
- ¡No lo entiendes! – Exclamó Sano con molestia. – ¡No tenía nada qué hacer en ese momento! ¡Podría haberla acompañado hasta casa del doctor Genzai, podría haber estado con ella y entonces nada de esto habría pasado! ¡Ella seguiría aquí conmigo!
Las palabras habían escapado de su boca antes de que pudiera siquiera contenerse, y ese pequeño desliz ayudó a Kenshin a comprender mejor lo que estaba pasando.
- Es increíble cómo has cambiado, Sano. – Él lo volteó a ver con sorpresa y duda. – Has aprendido a actuar para proteger a quienes son importantes para ti, y dejar el odio y rencor a un lado. Entiendes que los errores que se cometen en el pasado, si tienes el deseo y la intención de enmendarlos, no dictan tu destino, puedes redimirte…
Kenshin miró al cielo y dejó que la fresca brisa de la noche resoplara en su rostro. Sanosuke sólo le dedicó un rápido vistazo y volvió a mirar la inmensidad del bosque frente a ellos.
- No tardes en volver a dormir. Necesitas descansar, por el bien de la señorita Megumi.
Y dicho esto, Kenshin regresó adentro. Sanosuke sólo siguió pensando en las palabras que se le habían escapado.
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"Ella estaría aquí conmigo" … Pfff… Sí, lo dije. Creo que… Esa mujer me importa más, mucho más de lo que me gustaría reconocer.
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Tomó una bocanada de aire y exhaló resignado antes de volver a entrar.
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Vamos a encontrarte. Voy a encontrarte. Y quien te haya hecho daño, me las pagará muy caro.
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