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Tal y como había dicho Takuhiro, después de la cena él, junto con sus hombres y Megumi, habían partido hacia otro sitio del cual ella no tenía idea. Todo el camino fue silencioso, lloraba internamente, se había dicho que nunca más derramaría una lágrima delante de alguien que la hiciera sufrir. No se volvería a mostrar vulnerable de esa forma.

Cuando llegaron a lo que ahora sería su nuevo hogar, su rostro permaneció inquebrantable, serio, y esto había molestado bastante a Takuhiro. Él esperaba que se sorprendiera, que su cara se iluminara con una sonrisa, pero no fue lo que recibió, sino todo lo contrario. Silencio, seriedad, una Megumi estoica; pero a pesar de la molestia que esto había causado en él, simplemente supuso que ella no había asimilado la sorpresa aún, así que cuando bajaron del carruaje, la condujo al interior de esa nueva mansión.

Era más pequeña que la de Kanryu y tenía la misma estética, pero aun así era lo suficientemente imponente como para perderse en su interior. Tenía un enorme patio frontal lleno de árboles que se mezclaban con todos los demás del espeso bosque que se encontraba ocultando su ubicación.

Takuhiro había llevado a Megumi directamente a su habitación, avisándole que, al amanecer, ya se encargaría de darle todo un recorrido por el espléndido lugar. Ella no replicó, no dijo nada, la conversación que habían tenido en la cena la había dejado perpleja e inquieta y en cuanto él se fue, comenzó a caminar por todo el lugar. Una habitación simple pero más grande que la que tuvo en la mansión de Kanryu, con un gran tapete de tonos claros agradable al tacto e incluso una cama al estilo occidental, en extremo sencilla, pero cuyas sábanas color vino eran suaves y contrastaban con el resto de la decoración.

Si bien debía admitir que se habían esmerado, debía admitir también que eso no importaba, no podría dormir esa noche.

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Sanosuke se levantó, dispuesto a encaminarse de nuevo en la búsqueda de Megumi. Estaba por levantar a Yahiko, cuando Madoka salió de su habitación.

- Oh, ya te levantaste, que joven tan madrugador jejeje – Le dedicó una dulce sonrisa.

- Necesito partir rápido, mi… amiga, podría estar en peligro.

- Jajajaja si… amiga… - Respondió Yahiko, quien se había despertado en ese momento.

- ¡Cállate! – Le gritó Sanosuke con gran molestia.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó Kaoru mientras salía a encontrarse con los demás. Kenshin de igual manera ya se había levantado.

- Nada. Sólo hay que apurarnos y salir, seguramente ya habrá gente en la aldea que pueda darnos información.

- Deberíamos esperar al esposo de la señora Madoka, es muy probable que él tenga información más relevante. – Respondió Kenshin

Madoka, quien había permanecido en silencio, sólo miraba al grupo discutir cuál era la mejor opción. Estaba preocupada, pensaba que aquel peculiar grupo terminaría por discutir a lo grande y decidió intervenir.

- Jovencitos, les aseguro que mi esposo no tarda en llegar. Yo sugiero que mientras preparo algo de desayunar, ustedes salgan y pregunten a los alrededores, quizás alguno de mis vecinos sepa algo, y cuando llegue mi esposo, seguramente podrá darles más detalles.

Todos se miraron y al parecer, las palabras de la anciana los tranquilizaron. Asintieron en silencio, agradecieron la atención, y salieron a interrogar a los habitantes de la pequeña aldea.

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- Pfff… Madoka en verdad sabe cómo tranquilizar bestias sin control…

- ¡Cállate Yahiko! No estamos para bromas – Lo reprendió Kaoru

- Lo siento, estoy tan preocupado como ustedes, pero debemos mantenernos tranquilos y de buen humor para que todo salga bien.

- Yahiko tiene razón, lo más importante ahora es mantenernos unidos y concentrados en nuestro objetivo, debemos conseguir toda la información posible.

- ¿Lo ven? Kenshin me entiende.

- Hay que separarnos. La aldea no es muy grande, así que de esta forma podremos cubrir mayor terreno – Sanosuke lucía concentrado y serio.

- Buen plan, ¡Hagámoslo! – Dijo Kaoru decidida

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Pasó una hora y todos volvieron a reunirse frente a la casa de Madoka, al parecer no había habido mucha suerte. Sus rostros lo reflejaban. Entraron a la cabaña y se sentaron pesadamente.

- Llegan justo a tiempo, el desayuno está listo.

- Gracias señora, permítame ayudarla.

Kaoru se levantó y comenzó a repartir tazones de arroz cocido, que el resto del grupo tomó sin demasiado entusiasmo. Agradecieron la comida y se dispusieron a comer.

- ¿Lograron conseguir información relevante? – Preguntó Madoka

- Muy poca en realidad. Al parecer la gente que queda en la aldea está tan temerosa, que sencillamente ya no sale más tarde ni se arriesga a ir más lejos del río – Kaoru dio un bocado a su arroz mientras su rostro reflejaba una gran angustia.

- Si, la gente considera peligroso salir... Aunque uno de los señores a los que le pregunté, me dijo algo interesante… - Comentó Yahiko con seriedad.

Todos voltearon a verlo y preguntaron casi al unísono qué era lo que ese hombre le había dicho.

- Bueno, me dijo que hace dos días, los famosos bandidos habían intentado llevárselo a él y a un amigo cuando habían ido a recolectar agua… Él logró escapar metiéndose al río, y se escondió entre unos arbustos del otro lado, pero su amigo no corrió con tanta suerte. Vio cómo lo subieron a una carreta y se fueron.

- ¡Oh vaya! – Gritó Madoka – Seguramente hablaste con Takeshi… Algo llegué a escuchar sobre un robo, pero como mi esposo no está, no suelo arriesgarme a salir tanto, y menos con noticias tan recientes sobre un nuevo ataque.

- ¿Te dijo algo más Yahiko? – Preguntó Kenshin

- No, fue todo lo que pudo decirme, pero me indicó el camino por el que huyeron.

Estaban a punto de levantarse y salir a ver la ruta que le habían indicado, cuando de pronto la puerta de la cabaña se abrió y un hombre de edad avanzada, casi calvo, y de rostro amable, entró.

- Oh Ryoichi, querido.

- Madoka ¿Quiénes son ellos? ¿Estás bien? – el rostro del hombre reflejaba cansancio y genuina confusión al ver a tantas personas en su casa.

- Oh sí, no te preocupes. Ellos son viajeros en búsqueda de una amiga, les dije que quizás tú conoces algo más sobre el tema de los bandidos y les he permitido quedarse hasta que volvieras.

Todos saludaron amablemente e hicieron espacio para que pudiera sentarse y comer algo.

- Bueno pues… ¿Exactamente qué es lo que conocen hasta ahora?

- Muy poco, señor. Únicamente que estos bandidos vienen durante la noche, desaparecen hombres y los llevan a algún sitio desconocido – El rostro de Kenshin permanecía serio – Sólo tenemos esa información, y al parecer, una ruta por la que huyeron.

- Así es querido, al parecer Takeshi tuvo un encuentro con esos hombres y logró escapar. Desafortunadamente Hiroshi no tuvo tanta suerte…

- ¿Qué? ¿Hiroshi fue secuestrado? – El señor Ryoichi entristeció – No puede ser… ¿Es que esto no va a terminar? Ya no quedan más hombres jóvenes en la aldea.

- ¿Usted ha escuchado algo más? – Preguntó Kaoru

- Si jovencita, en efecto… Todo indica que el problema del secuestro no se limita a ésta aldea únicamente… - Todos se sorprendieron al escuchar aquella declaración, la señora Madoka incluida – En el pueblo al que tuve que ir ha habido secuestros también. Hombres jóvenes, pero… La cantidad de desapariciones ha sido menor a las que han ocurrido aquí, sin mencionar que comenzaron mucho después. Parece que nosotros fuimos los primeros en la mira.

- ¿Cree que esos secuestros se incrementen en los demás pueblos? – Kaoru lucía preocupada.

- No lo sé… Mientras aquí los ataques ocurrían diario, o con dos o tres días de diferencia, allá los jóvenes han ido desapareciendo cada semana o dos. Y lo cierto es… que no comprendo por qué la cantidad ha sido menor, aquel pueblo es grande y desde luego con una mayor cantidad de muchachos…

- Señor ¿Podría indicarnos el camino que siguió? El del pueblo de donde viene. – Era la primera vez que Sanosuke hablaba desde que el señor Ryoichi había comenzado el relato.

- S- sí, seguro. Síganme.

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Kaoru se quedó ayudando a la señora Madoka, mientras el resto del equipo salió para que Ryoichi les indicara el camino hacia el pueblo. Llegaron al límite de la aldea, al camino por donde ellos habían entrado y les señaló la dirección exacta.

- Es justo por éste camino. Deben seguirlo todo derecho y en dos horas habrán llegado.

- ¡Es la misma ruta que me indicó el hombre a quien le pregunté!

- ¿Estás seguro, Yahiko? – Preguntó Kenshin.

- Totalmente.

- De acuerdo, iremos hacia allá entonces. Vayamos por la señorita Kaoru para partir cuanto antes.

Al regresar, vieron con sorpresa que la señora Madoka había preparado unos pequeños almuerzos para todos ellos.

- Señora Madoka, en verdad no tenía por qué hacerlo – Dijo Kenshin con vergüenza.

- Es lo mismo que yo le dije, pero no quiso escucharme, ella insistió – Comentó Kaoru con la misma cara apenada.

- Todos ustedes han sido muy amables en acompañarme – Sonrió Madoka – Es lo menos que puedo hacer. Nuestra aldea es pequeña y con carencias, y lo cierto es que un sitio tan marginado, no le interesa a nadie… pero todos los que vivimos aquí estamos dispuestos a ayudar a quien lo necesite.

- ¡Señora Madokaaa! – Dijo Kaoru con grandes lágrimas brotando de sus ojos

Sanosuke por su parte, se acercó a la pareja de ancianos y les dedicó una sonrisa, la primera que todos le habían visto desde que iniciaron el viaje.

- En verdad estamos muy agradecidos con su hospitalidad. Vamos a llegar al fondo de esto y nos aseguraremos de que nada malo ocurra de nuevo – Dicho esto, se giró hacia la puerta y miró a sus amigos – Vámonos, hay trabajo que hacer.

Todos lo miraron con la misma cara sorprendida que pondría un niño al ser reprendido y asintieron al mismo tiempo. Esperó a que todos se hubieran despedido y salido de la cabaña, para dar un último agradecimiento a la pareja de ancianos.

Estaba por emprender el camino y alcanzar al resto, cuando la señora Madoka lo llamó una última vez.

- ¡Jovencito!

Sanosuke volteó a mirarla.

- La señorita a quien buscas es una chica afortunada al tenerte. Estoy segura de que todo el esfuerzo que estás poniendo en encontrarla, tendrá su recompensa y pronto volverás a verla.

El comentario lo tomó por sorpresa y sintió cómo sus mejillas se enrojecían un poco. Respondió tímidamente con un – gracias – y siguió su camino.

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- ¿Qué te dijo la señora Madoka, eh? ¿Que sonrías más? Jajajaja

Yahiko estaba seguro de que recibiría un golpe en la cabeza, así que se cubrió inmediatamente después de hacer la broma, pero no sucedió nada, Sanosuke siguió caminando en silencio.

- ¡No seas imprudente Yahiko! – Le dijo Kaoru mientras ella misma le propinaba el golpe.

- ¿¡Qué te pasa!?

- ¡Aprende a ser respetuoso!

- ¡Aprende a ser femenina!

- ¿¡Qué dijiste!?

Sanosuke siguió caminando mientras los escuchaba discutir a sus espaldas. Desde el secuestro no escuchaba algo tan similar a lo que era su vida cotidiana, así que se sintió ligeramente aliviado. Kenshin caminaba a su lado, ambos se miraron y sonrieron, dirigieron su vista al frente, decididos. El misterio incrementaba, pero quizás, su siguiente parada les brindaría más respuestas que incógnitas.

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