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*Nota de autor: Se habla de una prenda llamada komon, que es una especie de kimono más informal y de uso cotidiano.

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Megumi escuchó cómo llamaron a su puerta, realmente no había dormido nada, lo había intentado, se sentía muy cansada, pero cada vez que cerraba los ojos, aparecía Takuhiro.

La voz al otro lado de la puerta le dijo que debía cambiarse rápido, ya que su jefe la esperaba para desayunar.

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¿Cambiarme?

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La noche anterior simplemente se dejó caer en la cama con la misma ropa que llevaba puesta desde que se la llevaron, no había visto nada que le indicara que había ropa diferente o limpia.

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¡Claro!

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Se dirigió al frente de la cama, ahí había una especie de baúl al que no le había dado demasiada importancia. Lo inspeccionó y abrió, entonces descubrió que ahí dentro había varias prendas dobladas y acomodadas de manera muy pulcra.

Sacó un precioso komon rojo con muchos diseños florales, y un cintillo blanco; era tan suave y ligero, verdaderamente hermoso, y Megumi no pudo evitar sentirse maravillada ante esa prenda. Se cambió rápidamente para evitarse cualquier problema y salió de la habitación. Como era costumbre, uno de los hombres de Takuhiro la esperaba fuera, y la condujo por largos pasillos hasta llegar al comedor.

Después de lo que a ella le parecieron varios minutos, llegaron al fin. Era bastante más ostentoso de lo que aparentaba la mansión por fuera, mantenía el estilo tradicional japonés, pero era evidente que las decoraciones era lo que le daban valor a la habitación. Grandes ilustraciones de paisajes se encontraban en los muros que no eran ocupados por enormes ventanales, había jarrones decorados en una mesita al costado de la mesa principal, la cual era bastante grande y con un bonito diseño en las patas, las sillas desde luego hacían juego con ella.

Takuhiro ya se encontraba esperándola, sentado y con su amplia sonrisa, esa que tanto odiaba.

- Buenos días mi preciosa señorita ¿Dormiste bien? ¿Tu habitación es cómoda?

Megumi no quería ni mirarlo, era un hombre tan detestable.

- Bueno, parece que sigues sin querer hablar… Pero seguramente sí debes de tener hambre, anoche durante la cena a penas y comiste algo. Descuida, me he asegurado de conseguir a las mejores cocineras de la región, así que te aseguro que todo lo encontrarás delicioso.

Una chica, que Megumi consideró sería mucho más joven que ella, se acercó y colocó los platillos delante de ellos. En efecto, todo lucía y olía delicioso. Había arroz y huevo escalfado acompañado de nori, salmón a la parrilla y verduras encurtidas.

- ¿Desea su té frío o caliente, señorita? – Preguntó la chica. Megumi no pudo evitar notar una gran tristeza en sus ojos.

- … Caliente, por favor.

Cuando la jovencita terminó de servirles el té, hizo una reverencia y se retiró a un costado de la habitación, pendiente de cualquier cosa que le pudieran pedir. Inmediatamente después, Takuhiro comenzó a comer con gran avidez, casi parecía que no había cenado nada la noche anterior.

- ¡Vamos, preciosa! Todo es perfecto. Adelante, come.

Era cierto que sentía mucha hambre, así que no tuvo más remedio que aceptar y comenzar a comer. Al primer bocado quedó sorprendida con lo maravilloso del sabor, y su rostro la delató.

- ¡Jajajaja! ¡Te dije que eran las mejores! Come todo lo que quieras – Takuhiro continuó dando grandes bocados a su plato de arroz con verduras – Cuando termines, te daré un recorrido por la mansión. Ya sabes, únicamente los sitios por los que puedes pasear sin problema, hay otros sitios que debo mantener vigilados. Negocios…

Megumi sentía como su estómago se encogía cada vez que aquel hombre utilizaba esa palabra. Odiaba tanto tener que estar involucrada de nuevo con una situación así. Siguió comiendo en silencio hasta acabar.

- ¿Terminaste? Muy bien. Retíranos los platos y limpia todo esto. Después ve a la habitación de la señorita y espéranos ahí – Exclamó Takuhiro en actitud prepotente mientras la chica se acercaba a limpiar y recoger lo que sobraba – Y ahora, vamos, voy a mostrarte la mansión.

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La mansión era impresionante, todo lo sencillo que aparentaba ser por fuera, relucía en detalles ostentosos por dentro. Cuadros, vasijas, acabados en los detalles de madera, ventanales enormes; pero a pesar de esto, una atmósfera lúgubre inundaba todo el lugar. Megumi estaba segura de que eso se derivaba del hecho de que ese lugar era sólo una fachada del negocio tan repugnante que tenía Takuhiro, así que nada de lo que le mostraba le resultaba realmente importante.

Él comenzaba a frustrase, el tamaño de la mansión, las decoraciones, los acabados, nada le causaba ninguna reacción a Megumi, y él era el único que hablaba. Le explicaba dónde había obtenido aquel jarrón, a quién le había comprado el cuadro enorme del salón de té, pero nada, no obtenía ninguna respuesta. Finalmente, su desesperación creció cuando llegaron al patio que se encontraba al centro de la mansión, el cual, a pesar de tener un estilo zen, no logró calmarlo en absoluto y simplemente explotó contra Megumi.

- ¿¡Es que nada de lo que te he mostrado te gusta!? ¿¡Qué tengo que hacer para que me dirijas la palabra!? ¿¡Para complacerte!? – Takuhiro lucía realmente molesto y desesperado – Siempre has sido así, siempre me has ignorado. Cuando vigilaba la mansión de Kanryu y te saludaba, cuando te pedía un momento de tu tiempo, cuando quería cenar contigo, tú siempre me ignoraste…

- ¡Sabes que no se me permitía tener contacto con nadie dentro de la mansión! – Respondió finalmente Megumi.

- ¡Claro, esa siempre fue tu excusa! Era tan conveniente… Pero siempre noté ese destello de desprecio en tus ojos – Dijo en un tono siniestro.

- ¿¡Entonces por qué insistías!?

- Mi preciosa señorita, ¡Sabía que mi amor por ti llegaría tu corazón eventualmente! – Respondió Takuhiro cambiando radicalmente su tono siniestro a uno suplicante – Sólo debía ser persistente, llenarte de cumplidos… Pero… claro, poco a poco fui entendiendo que yo no era lo que te merecías… Yo… yo sólo era un guardia más, un peón, un Don nadie. Entendí que lo que tú buscabas era alguien de renombre, alguien importante, y ¡Mírame! ¡Ahora soy poderoso!

- ¡Eres terrible! – Interrumpió Megumi – ¡Eres una persona horrible que abusa de la gente!

- ¡Soy un hombre de negocios! He construido una sociedad desde cero. Lo tengo todo y aun así me sentía tan vacío… Faltabas tú, Megumi.

- ¡Yo jamás trabajaré para alguien como tú! ¡Mucho menos volveré a involucrarme con algo tan dañino y peligroso como esto!

Takuhiro comenzó a reír burlonamente.

- Preciosa, ¿Acaso no lo recuerdas? Te dije que yo no te había ido a buscar para que fabriques opio de nuevo…

- ¿Q- qué quieres decir?

- La razón por la que te traje aquí conmigo… - Comenzó – Es para que seas mi esposa.

Megumi sintió como si un rayo la atravesara, quedó perpleja ante esa confesión, ante esas palabras. ¿Su esposa? ¿Cómo se le ocurría? De ninguna manera se convertiría en la esposa de un traficante, no permitiría que la volvieran a involucrar en un negocio tan turbio y despreciable. Pero estaba en blanco, no sabía qué decir, las palabras no salían de su boca.

- Veo que te has quedado muda, mi preciosa señorita. Supongo que no esperabas que mi confesión fuera tan poco sutil, y lo siento, me hubiera gustado que fuera algo más… romántico, pero no me dejaste otra opción, tuve que arruinar la sorpresa.

Silencio.

- Bueno, ahora que ya lo sabes será mejor que te vayas preparando – Dijo con una maliciosa sonrisa – Pero descuida, de cualquier forma, tendrás algo de tiempo para que te acostumbres al lugar y cómo se manejan las cosas por aquí, la ceremonia será dentro de tres días. Así que, por el momento, te llevaré con Noriko, la chica que viste durante el desayuno. Ella será como… tu dama de compañía y te instruirá mejor sobre la dinámica de la mansión.

Megumi seguía sin responder, sentía un gran deseo de llorar, pero se contuvo.

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Caminaron todo el trayecto de vuelta a su habitación y Takuhiro se despidió de ella. A un costado de la puerta se encontraba Noriko, triste y sumisa, esperándola.

Ambas entraron y permanecieron en silencio, Megumi se sentó frente al tocador y fue entonces cuando se soltó a llorar, ya no podía contenerse. Noriko por su parte la miraba afligida, no sabía qué hacer, si dejarla llorar o acercarse e intentar hablar con ella; de pronto, los sollozos de Megumi se detuvieron y la habitación quedó de nuevo en silencio.

- S- señorita… ¿Necesita algo? – Preguntó tímidamente.

- Lamento mucho que tuvieras que ver eso – Expresó Megumi en un tono en extremo triste.

- N- no, no se preocupe, yo no diré ni haré nada que la moleste. Estoy aquí para atenderla y ayudarla con lo que necesite.

Entonces Megumi levantó su rostro y la miró. Noriko era pequeña de estatura, de una piel apiñonada y muy delgada. Llevaba el cabello recogido en un chongo, con dos mechones cayendo al costado de su cara y definitivamente, era obvio que no se encontraba ahí por gusto.

- Te llamas Noriko ¿cierto? ¿Cómo es que llegaste aquí?

La pregunta pareció tomarla por sorpresa, y su rostro se tornó aún más triste de lo que ya era.

- Yo… Bueno… Me trajeron aquí. Antes trabajaba en un pueblo cercano…

- ¿Te secuestraron?

- ¡Oh no, para nada! Simplemente… Me prometieron un mejor trabajo, mejor pagado y… bueno… mi mamá está enferma y yo… - Noriko comenzó a llorar y Megumi sintió que había cometido un error al preguntar.

- ¡Lo siento! Fui muy imprudente, por favor no llores, tranquila.

Entonces Noriko se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se sintió muy apenada, por lo que igualmente se disculpó con Megumi con muchísima insistencia.

Las dos se miraron, y al notar lo mucho que se estaban disculpando la una con la otra, y sus rostros apenados, no pudieron evitar reír.

- De acuerdo, ambas fuimos un poco imprudentes. Tranquila, ya pasó, y por favor, deja de llamarme señorita, me llamo Megumi.

- ¡Oh pero, no puedo! ¡no sería correcto llamarla directamente por su nombre!

- Yo preferiría que lo hicieras, de verdad, no necesitas ser así de formal conmigo.

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Pasaron alrededor de una hora hablando de sus vidas, Megumi quiso compartirlo con ella ya que se sentía mal por haberla hecho sentir incómoda y porque era evidente que ella tampoco estaba ahí por gusto. Le explicó cómo había conocido a Takuhiro, lo mucho que se arrepentía de aquel pasado fabricando opio y de cómo había cambiado su vida cuando la rescataron de la mansión de Kanryu.

Noriko quedó perpleja ante todos los acontecimientos, se sintió terrible por la vida tan complicada que había llevado Megumi, pero admiraba mucho su determinación por convertirse en un excelente médico.

- Señorita, digo… Megumi… ¿Entonces eres un respetable médico en tu pueblo?

- Bueno, en realidad mi maestro es mucho mejor que yo. Aún tengo mucho que aprender, pero puedo decir con orgullo que todos mis pacientes han salido triunfantes de sus heridas y enfermedades – Respondió con notable alegría.

- ¡Wow! ¡Es sorprendente! Si tan sólo hubiera un médico tan prodigioso en mi pueblo, mi madre seguro podría recuperarse… Pero… El médico más cercano se encuentra a una hora de viaje y no puedo costear las medicinas – Su voz se quebró un poco – Si… si tan sólo pudiera hacer algo, si tan solo supiera qué hacer…

Megumi se sintió tan mal por ella, se veía tan triste y preocupada por su madre.

- Noriko… ¿Quisieras que te enseñe un poco de lo que se?

Pareciera que el mundo recobró el color y la alegría para la chica, sus ojos se iluminaron al instante y lucía perpleja ante la propuesta.

- ¿E- en serio?

- Seguro. Tomaré cada oportunidad que tenga para enseñarte, después de todo, pasaremos la mayor parte del día juntas.

Y entonces, Noriko sonrió ampliamente, era la primera vez que Megumi la veía sonreír así. Acordaron que ella sería su nueva profesora y de esta forma, ambas tuvieron una razón para no sentirse solas.

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