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Llevaban ya un poco más de tres horas caminando y finalmente habían llegado al pueblo. El señor Ryoichi les había dicho que les tomaría dos horas; claro que él llevaba su carreta, pero ellos que iban a pie, demoraron más y los pies ya les dolían.
- Bueno, por fin llegamos. Es un pueblo bastante lindo – Expresó Yahiko.
- Tienes razón, para ser un pueblo relativamente pequeño, es muy lindo y activo – Coincidió Kaoru.
- Bien, no hay tiempo que perder, hay que separarnos y comenzar a investigar.
- ¡Pero Sanosuke! ¡Acabamos de llegar y los pies me están matando! ¿Podemos buscar algún lugar para sentarnos y comer algo? – Dijo Yahiko con un gran quejido.
- ¿Qué hay del almuerzo que nos preparó la señora Madoka? No puede ser que ya tengas hambre de nuevo – Le preguntó Kaoru con sorpresa.
- Bueno, soy un guerrero en crecimiento, necesito recuperar energía para poder continuar con la misión.
Sanosuke se sentía desesperado y molesto, pero debía admitir que los pies también le incomodaban un poco, así que, muy a su pesar, accedió a la petición de Yahiko. Comenzaron a caminar entre las casas y locales hasta que decidieron entrar a uno que se veía concurrido, pero accesible.
Al entrar, el lugar tenía suficiente espacio. Del lado izquierdo estaba la plancha y asientos alrededor de ella, del lado derecho se encontraban varias mesas alineadas en cubículos, y al fondo, se podía ver una escalera que supusieron, sería una planta más con más mesas.
Se escuchaba el murmullo de la gente platicando cómodamente y el aroma que venía de la comida en la plancha era delicioso. Los cuatro se quedaron de pie mirando el lugar, cuando de repente una joven en un bonito kimono azul pálido con diseños florales naranjas se les acercó y con una amplia sonrisa los invitó a pasar.
- ¡Bienvenidos! ¡Pasen por favor! Me llamo Kiyomi, tenemos suficiente espacio.
Kiyomi era una joven muy bonita, de piel pálida y cabello negro recogido en dos chongos, con un flequillo. Probablemente tenía la edad de Kaoru, o eso es lo que todos pensaban, y sus ojos grandes eran muy expresivos. Los condujo casi al fondo del lugar y los acomodó en una mesa, les sugirió un platillo, pero al final sólo Yahiko aceptó, los demás simplemente pidieron té. Sorprendida, tomó la orden y se retiró.
- ¡Cielos! Esa chica en verdad es efusiva, ¿No lo creen? – Comentó Yahiko.
- Sin duda tiene una actitud servicial y amable – Dijo Kenshin – Pero… Hay algo en ella que me resulta… peculiar.
- ¿P- peculiar? ¿¡Qué quieres decir!? – Preguntó Kaoru tratando de disimular sus celos e intriga.
- No sé cómo explicarlo, pero pareciera que, a pesar de sonreír y atendernos, está muy pendiente de todo lo que sucede aquí dentro.
Pasaron apenas dos minutos de que ella se había retirado, cuando ya estaba de vuelta con una tetera y cuatro vasos para servir el té. Se acercó y le sirvió a cada uno, quienes ahora prestaban mayor atención a su rostro y movimientos. Era muy veloz y ágil, incluso si lo único que hacía era servir el té, así que todos quedaron sorprendidos; volvió a sonreír y regresó hacia la parrilla para esperar por el plato de Yahiko.
Al volver, le entregó su plato y les dijo que, si necesitaban algo más, la llamaran. Guiñó un ojo y se retiró.
- ¿¡Vieron eso!? ¿¡Por qué guiñó!? ¿No creen que se está pasando de amable? – Exclamó Kaoru muy molesta.
- Tranquilícese señorita Kaoru, ella sólo está haciendo su trabajo – Dijo Kenshin abrumado.
- Pues sólo debería concentrarse en eso – Respondió aún molesta.
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Conversaron sobre la cantidad de gente que había en el pueblo y que preguntar y recolectar información les tomaría bastante tiempo, Yahiko había terminado, y antes de que pudiera abrir la boca, Kiyomi ya estaba a un lado para poder retirar el plato.
- ¿Terminaste? Permíteme por favor – Se acercó a Yahiko y él se sonrojó ligeramente.
Kaoru había notado esto y volvió a molestarse, definitivamente no le agradaba Kiyomi.
- Por favor disculpen si sueno entrometida, pero escuché que pasarán algún tiempo por aquí y me preguntaba si necesitarían un lugar dónde quedarse.
- ¡No! ¡No necesitamos nada! ¡Estamos perfectamente! – Se apresuró a responder Kaoru, con una enorme cara de enojo que había hecho apenar a los demás.
- Agradecemos su preocupación, pero nuestra estadía aquí no será tan prolongada – Respondió Kenshin apenado.
- Oh… ya veo… Bueno, si llegaran a necesitar algo, no duden en venir. La parte de arriba la usamos como posada y hay suficientes cuartos.
– Te lo agradecemos. Como dijo mi amigo, realmente no estaremos aquí tanto tiempo, pero si necesitamos algo, serás la primera persona a la que acudiremos – Contestó Sanosuke con un semblante serio.
Kiyomi sonrió, esta vez tímidamente, y entonces todos lograron percibir un ligero sonrojo en sus mejillas.
Salieron del local, agradecieron nuevamente por todo y comenzaron a caminar entre la gente, tenían un plan más o menos armado y estaban dispuestos a seguirlo y tardar el menor tiempo posible.
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Megumi y Noriko ya habían hecho un largo recorrido por la mansión para que ella supiera dónde estaba cada habitación y a dónde podía ir y a dónde no. Había pasado casi más de una hora y con ello, Megumi se pudo dar cuenta de que Noriko llevaba un buen tiempo en ese lugar. Conocía muy bien las cosas y habitaciones.
Terminaron el recorrido y fueron al jardín central, donde comenzarían las lecciones sobre las cosas más básicas de la práctica médica.
El jardín era amplio y hermoso, con el suelo de arena blanca, arreglos de plantas y rocas sencillos y un pequeño estanque en uno de los extremos. Decidieron acomodarse a un costado del estanque y Megumi comenzó a explicarle sobre las dolencias más comunes y sencillas y cómo hacer un diagnóstico. La importancia de observar con atención al paciente, tomarle el pulso, palpar su abdomen. Noriko escuchaba atenta y maravillada, deseaba en verdad poder salir de la mansión al enorme jardín y explorar con Megumi para descubrir algunas de las plantas con las que ella trataba a sus pacientes después de hacer su diagnóstico.
- ¿Realmente crees que aquí mismo podamos encontrar esas plantas de las que hablas?
- Es posible. No creo que tanta variedad o cantidad como en el bosque fuera de la mansión, pero es muy probable que podamos obtener unas cuantas.
- ¡Increíble! Estoy ansiosa por aprender más de sus efectos y a preparar las infusiones.
Megumi encontraba encantadora la manera en que Noriko se expresaba y su gran entusiasmo por aprender. Le recordaba mucho a ella cuando comenzó sus estudios.
- Primero debes tener muy claro cómo diagnosticar a tu paciente, de lo contrario no sabrás cuál tratamiento será el mejor para él. Aunque claro, hay pacientes con padecimientos recurrentes… - Comentó Megumi mientras hacía un gesto, divertida, al recordar.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres? Hablas de… - Noriko hacía un esfuerzo por recordar - ¡Ah! ¿Los malestares crónicos?
- Jajajaja. Muy bien, Noriko. Pero no, sólo me refería a alguien a quien conozco…
Noriko era joven, pero muy observadora, y de inmediato notó un cambio en la mirada y el tono de Megumi. Sintió mucha curiosidad, pero no estaba segura sobre preguntar, no quería parecer una entrometida.
- Oh… ya veo… jeje…
- Es un chico bastante testarudo. Siempre se está metiendo en problemas… Pero lo hace por defender a quienes están en peligro y a cualquier persona que lo necesite…
El tono de Megumi pasó de alegre a agridulce.
- ¡Oh! Ehhh… Si, suena como a una muy buena persona – Noriko no sabía qué decir, no quería que su maestra se pusiera triste.
- Jeje, lo es – Respondió más animada – Siempre viene a mí para ayudarlo con sus heridas. Raspones en los nudillos, o golpes en el cuerpo. Cada vez que lo hace, le pido que sea cuidadoso, pero él simplemente no escucha y siempre peleamos por eso. Es desesperante y terco, pero aun así… Él es importante para mí.
Noriko notaba perfectamente que Megumi hablaba muy en serio cuando decía que esa persona era importante. Había algo en su mirada que la delataba. Este chico definitivamente ocupaba un lugar importante en su vida… Muy probablemente en su corazón.
- Debe ser muy agradable, si te expresas así de él – Entonces Noriko recordó de todos los amigos de los que le estuvo platicando cuando se conocieron, y creyó saber de quién hablaba – Ammm… Megumi, ¿Acaso es ese chico… Sanosuke?
Megumi se sorprendió y sonrojó al escuchar el nombre. No creyó que Noriko se diera cuenta, después de todo, no había entrado en tantos detalles cuando le contó sobre su rescate y nueva vida, pero ahora que la había descubierto, no tenía sentido ocultarlo.
- S- sí. Es Sanosuke.
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El grupo se reunió de nuevo frente a unos locales de frutas. Habían pasado al menos dos horas desde que se separaron para investigar, y parecía que esta vez, habían tenido mucho más éxito que en la pequeña aldea de Madoka.
Decidieron que era momento de comer algo, después de todo, el único que había comido más temprano ese día era Yahiko, así que, para disgusto de Kaoru, regresaron al local de Kiyomi.
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- No entiendo por qué vamos de nuevo a ese local. ¡Existen muchos otros!
- La comida es buena y el trato también. Kiyomi es bastante agradable y bonita, quizás podrías aprender algo de ella ¡Jajajajaja!
- ¡Cállate Yahiko! – Gritó Kaoru a la par que le daba un golpe en la cabeza.
- ¡Maldición! Este viaje sólo me ha traído terribles lesiones en la cabeza. En cuanto encontremos a Megumi, lo primero que haré será pedirle que me revise – Se quejó Yahiko.
- Ya basta, llegamos – Exclamó Sano, tan serio como había estado todo el tiempo.
Entraron nuevamente al local y por un instante pensaron que Kiyomi ya no se encontraba ahí, ya que no pudieron identificarla, pero casi a los dos segundos de haberlo pensado, apareció frente a ellos, con la misma amplia sonrisa de hacía unas horas, y los recibió.
- ¡Cielos! ¡Qué alegría que hayan vuelto!, por favor, adelante. En este momento tenemos un poco más de gente, pero nos queda una mesa disponible.
Caminaron de nuevo al fondo y se sentaron. Esta vez todos ordenaron fideos udon y té. Una vez que Kiyomi se retiró, comenzaron a intercambiar la información que habían conseguido.
- Kaoru y yo fuimos hacia el mercado. Estaba bastante concurrido y los comerciantes no tenían muchos deseos de conversar – Comenzó Yahiko.
- Afortunadamente mis encantos y belleza natural lograron convencer a un vendedor de pescado y obtuvimos un dato interesante… - Continuó Kaoru, tratado de inquietar a Kenshin con su comentario, sin embargo, al no ver ninguna reacción respecto a ella, siguió su relato, molesta – Él me dijo que uno de sus clientes frecuentes había dejado de presentarse desde hacía varios días, lo cual se le hizo extraño, ya que desde niño siempre había acudido ahí a comprar.
Los demás escuchaban atentos y Kaoru prosiguió.
- Fue entonces que, hablando con un amigo suyo, de otro puesto, descubrió que al menos dos personas más habían dejado de ir a comprar a sus puestos regulares, y que nadie sabía nada de ellos porque… Todos eran jóvenes que vivían solos.
Este dato les resultó inquietante. Si ninguno tenía familia en el pueblo, sería muy difícil reportar las desapariciones o saber qué había ocurrido con ellos.
- ¡Es información excelente, señorita Kaoru! – Expresó Kenshin - ¿Le dijeron algo más?
El rostro de Kaoru se tornó decepcionado.
- No… Es todo lo que saben. Yahiko y yo fuimos al puesto de su amigo, pero tenía la misma información. Pero, ¿Ustedes tuvieron suerte?
Kenshin y Sano estaban a punto de hablar, cuando Kiyomi llegó con los platos y comenzó a repartirlos.
- ¡Que tengan buen provecho! Si necesitan algo, llámenme.
Cuando se fue, Kenshin comenzó a explicar lo que pudo observar. Todos en el pueblo parecían indiferentes ante las desapariciones, y ahora que Kaoru había explicado el perfil general de los extraviados, le resultaba más evidente el por qué.
Por otra parte, escuchó de una mujer enferma cuya hija había desaparecido, pero cuando se acercó a la pareja que estaba conversando sobre esto, ellos no quisieron darle más información.
- Hmmm… Creo que es lógico que la gente no quiera hablar. Somos unos extraños que sólo llegan a preguntar por desapariciones, hasta yo me sentiría incómodo – Respondió Yahiko.
- Tienes razón. Por lo que pudimos darnos cuenta, la gente que circula normal por la calle no quiere tener ningún contacto, pero los dueños de puestos y locales son más accesibles. Estoy segura de que es por ello que el señor Ryoichi sabía sobre las desapariciones, finalmente, él es un comerciante y tiene contacto con todos ellos – Comentó Kaoru.
Kiyomi llegó para recoger los platos de todos y preguntar si necesitaban algo más. Kaoru, incómoda y molesta, estaba por responder cuando Sanosuke se le adelantó.
- Kiyomi, ¿Aun están disponibles las habitaciones que nos comentaste?
Ella se sorprendió ligeramente y un tenue sonrojo se asomó en sus mejillas.
- S- sí, claro. Las habitaciones están listas para recibir a quien las necesite. Sólo debo avisar a mi jefa que esta noche tendremos huéspedes.
- Te lo agradezco. ¿Podría pedirte una última cosa?
- Desde luego, dime.
- ¿Podemos vernos esta noche?
La mandíbula de todos llegaba casi hasta el piso, no podían ocultar su sorpresa y lo atrevido y directo de la pregunta de Sanosuke. La propia Kiyomi estaba totalmente roja e impactada, la había tomado por sorpresa, y casi en un tartamudeo, le respondió que sí, para inmediatamente después excusarse e ir a avisarle a su jefa sobre el hospedaje de esa noche.
- Parece que Sanosuke olvidó todo y cayó bajo los encantos de Kiyomi… - Se burló Yahiko.
- ¡No digas tonterías Yahiko! ¿¡Y a ti qué te pasa Sanosuke!? ¡No puedes simplemente abordar a una chica de esa manera e invitarla a salir como si nada! ¡Además! ¿¡Qué ocurre con Megumi!? ¿¡Es que acaso ya olvidaste por qué estamos haciendo todo esto!? – Exclamó Kaoru con una ira incontenible.
Sanosuke permanecía estoico, no le importaba el alboroto que estaba armando Kaoru, ni siquiera las burlas de Yahiko, miró hacia donde estaba Kiyomi y con absoluta seriedad respondió - No, no lo he olvidado.
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