.

La noche era fresca y agradable y los grillos envolvían el ambiente con su sonido, creando una atmósfera pacífica, pero dentro de la habitación de los chicos, esa atmósfera no era igual.

Kaoru no había parado de reclamarle a Sanosuke su falta de tacto para pedir una cita, y lo que era peor, el descaro de querer tener una cita cuando la razón por la que estaban en ese lugar era encontrar a Megumi. Sí, a pesar de ser tremendamente inocente a veces, podía darse cuenta de que Sanosuke había mostrado una preocupación enorme cuando se enteró del rapto de Megumi, y sabía también que entre ellos algo sucedía, después de todo, si Sanosuke no estaba apostando o en el dojo, estaba en la casa del doctor Genzai, y estaba segura de que no era por ir a admirarlo a él.

- ¡En verdad no te entiendo! ¿¡Cómo tienes el descaro de pedirle una cita a esa chica cuando nuestra prioridad es encontrar a Megumi!? ¡Cielos! ¿¡Acaso eres el tipo de hombre que olvida lo que siente, por un par de ojos bonitos y una sonrisa!? ¡Responde Sanosuke! ¡No has dicho nada desde tu alocada proposición!

Kenshin y Yahiko sólo intentaban controlarla antes de que tomara cualquier objeto de la habitación y se la arrojara a Sanosuke en la cabeza; y es que, en efecto, él no había comentado nada desde que le preguntó a Kiyomi si podían encontrarse esa noche, sólo se había mantenido en silencio mientras el caos lo rodeaba.

De repente se levantó y se dirigió a la ventana para asomarse. Dejó que la brisa nocturna llenara sus pulmones y contempló la vista. La habitación estaba orientada hacia un pequeño pero hermoso jardín trasero; con un estanque y una banquita frente a él y los cerezos adornaban cada extremo. El escenario era precioso, pero ahora su prioridad era encontrarse con Kiyomi, se encaminó a la puerta y todos lo siguieron con la mirada.

- Iré con Kiyomi, no quiero dejarla esperando – Se volteó hacia sus amigos y con un semblante sombrío continuó – Más les vale no espiar.

Salió de la habitación, miró a los extremos del largo corredor y volvió a abrir la puerta. Todos estaban asomados por la ventana tratando de encontrar un punto en el que no pudieran verse desde afuera, y al voltear y ver a Sanosuke, se quedaron petrificados.

- Lo digo en serio – Amenazó, y volvió a salir.

.

Se quedaron sentados tratando de descifrar qué era lo que estaba pasando. Sanosuke no era conocido por ser un casanova, en realidad siempre había sido muy tranquilo y excepto por Megumi, con quien siempre discutía, su trato con las mujeres era común y corriente. Suspiraron y acordaron cumplir su palabra y no espiar.

Kaoru se despidió y volvió a su habitación, donde entre sombras, creía ver figuras moviéndose por el jardín, pensó que se trataba de Sanosuke y Kiyomi, y con toda su ira contenida, intentó dormir.

.

Sanosuke estaba de pie junto al pequeño estanque, miraba la luna reflejándose en el agua mientras esperaba. De pronto escuchó su nombre y volteó, era Kiyomi.

Esta vez llevaba un precioso kimono lila, lleno de grandes flores rosa pálido, y al acercarse más, pudo ver que se había pintado los labios. Tenía un maquillaje discreto, pero que en definitiva realzaba sus rasgos y la hacía lucir hermosa.

- Disculpa si te hice esperar – Dijo sonrojada.

Sano, para sus adentros, debía admitir que la belleza de Kiyomi lo tomó por sorpresa, no imaginó que se vería tan linda. Tomaron asiento en la banquita frente al estanque y permanecieron un momento en silencio. Él no sabía cómo iniciar una conversación en estas situaciones, jamás había tenido una cita y se sentía incómodo, por lo que respiró aliviado cuando Kiyomi comenzó a hablar.

- Me sorprendió mucho que me invitaras. La verdad, nunca acepto una invitación, pero… bueno, me pareciste alguien bastante interesante.

Sanosuke aclaró su garganta y respondió tímidamente con un gracias.

- Yo… Yo también pienso que eres una chica interesante. Desde que te ví, me sentí intrigado. Si soy sincero… Kiyomi, creo que tu empleo en este local va más allá de lo que tratas de mostrar ante todos, ¿Me equivoco?

La pregunta sacó de balance a Kiyomi y no supo cómo reaccionar exactamente. Sanosuke había sido bastante directo con ella cuando la invitó a salir, pero no creyó que fuera así en cada aspecto de su vida y ahora que no encontraba una mejor manera de desviar la conversación, no le quedaba más remedio que hablar.

- Bueno, definitivamente eres observador, debo admitirlo – Reflexionó – Verás… Ya trabajaba como camarera en otro local, pero mi jefe era terrible y decidí renunciar. Fui entonces a otro negocio donde terminé como cocinera después de que el chico que se encargaba de esa tarea abandonó el lugar. Me resultó extraño y comencé a sospechar algo, y al indagar un poco más, descubrí que entre los comerciantes corría el rumor de que varios chicos estaban desapareciendo en el pueblo.

Sanosuke la miraba con recelo.

- Seguí investigando y me enteré de que una chica que trabajaba aquí, también había desaparecido; la única mujer de la que tenía registro… Así que de nuevo cambié de empleo para preguntar aquí. La señora Chisako, la dueña, aceptó de inmediato al notar mi habilidad con los platos y herramientas de cocina, así que ahora, al ser el local más concurrido de la zona, puedo ir recopilando más pistas.

- Debo decir que tu suspicacia me sorprende, al igual que lo hicieron las habilidades de las que hablas, las que pude apreciar hoy cuando nos atendiste – Respondió Sanosuke, serio.

- ¡Te lo agradezco! Ha sido un trabajo difícil, pero creo que…

- ¿Cuál es tu secreto? – Interrumpió Sano – Sé que hay algo que no me estas diciendo.

Kiyomi abrió sus grandes ojos oscuros con sorpresa, sabía que no podía ocultarlo más, había dicho demasiado y también, subestimado a aquel joven. Suspiró.

- Bien… seré sincera contigo – Hizo una pausa para decidir cómo explicarse – Yo… en realidad yo soy una kunoichi.

Sanosuke quedó sorprendido por la confesión e inmediatamente se puso alerta.

- ¡Por favor! N-no temas. Hace mucho que dejé esa vida atrás. Llegué a este pueblo para comenzar una nueva vida, lejos de las cosas terribles que hice en el pasado. Sé que mi confesión fue un poco sorpresiva, pero créeme cuando te digo que todo eso ha cambiado, soy una persona diferente y… la razón por la que hago esto es para poder ayudar.

A pesar de su sorpresa, Sanosuke podía entender a qué se refería; tanto él como Kenshin, fueron víctimas de la guerra y sus consecuencias, y debieron tomar caminos difíciles para sobrevivir. Kiyomi no era diferente. La vio tan angustiada que decidió sincerarse también.

- No te preocupes, no diré nada. Has sido sincera conmigo y ahora yo seré sincero contigo…

Kiyomi lo miraba llena de confusión. Sus ojos brillaban.

- Hace unos años me conocían como Zanza. Era un vil matón…

Contó a grandes rasgos su historia; la alianza que tuvo años atrás con el ejército de campesinos Sekihoutai, y cómo la traición lo condujo a ese camino oscuro de venganza. Kiyomi lo escuchaba atenta, se acercó más e intentó consolarlo. Le dijo que lo entendía bien, que ambos pasaban por el mismo dolor y lo terrible de tener que cargar con el peso de un pasado tan trágico.

- Sanosuke… Ambos atravesamos por cosas tan difíciles… Causamos tanta pena y dolor a la gente – Se acercó un poco más – Créeme, entiendo cómo te sientes, pero, no podemos permitir que eso nos atormente más, debemos mirar al frente, a un futuro mejor, olvidarnos de todo y… continuar.

Kiyomi estaba tan cerca que podía percibir su tenue aroma floral. Se acercó más, acercó sus labios y Sano no supo cómo reaccionar, se quedó completamente inmóvil, a penas y estaba procesando todo lo que ocurría, cuando pudo sentir los suaves labios de Kiyomi sobre los suyos.

Abrió los ojos con sorpresa, de repente, todos los sonidos a su alrededor se apagaron. Fue todo muy rápido, y tan rápido como sintió aquel beso, en ese mismo instante desvió su rostro.

- Lo siento. No puedo.

Kiyomi se quedó perpleja, no sabía qué decir.

- Creí que… creí que tú querías esto – Respondió herida.

- No es eso, es sólo que…

.

Es sólo que… ¿Qué? ¿Qué es, Sanosuke?

.

Estaba por decir algo, cuando un grito rompió la calma de la noche. Ambos se levantaron rápidamente, parecía venir de las habitaciones y corrieron de inmediato hacia allá.

.

A la mitad del pasillo se toparon con Kenshin y Yahiko, quienes estaban asomados por la ventana, a punto de saltar.

- ¡Kenshin!

- ¡Sano! ¡Es la señorita Kaoru!

Al llegar a la ventana, vieron como una gran sombra negra llevaba cargando a Kaoru como si fuera un costal; ella gritaba y trataba de luchar para que la soltara, pero la sombra era demasiado fuerte y ágil, y nada de lo que ella hacía surtía efecto. Kenshin y Sanosuke saltaron para perseguir al secuestrador, tomando la delantera, y cuando Yahiko estaba a punto de saltar para unirse a ellos, Kiyomi se le cruzó y hábilmente saltó de igual manera. Él quedó perplejo, pero rápidamente se recuperó de la sorpresa y les siguió el paso.

Corrieron apresuradamente mientras la sombra saltaba entre los tejados de las casas y locales, todos estaban furiosos, no permitirían que nadie más desapareciera.

.

¡Maldito! ¡Primero Megumi y ahora la nena!

.

Kenshin y Sanosuke llevaban la ventaja sobre Yahiko y Kiyomi; aprovecharon el tejado de un local para tomar impulso y llegar al techo de una de las casas y poder perseguir más fácilmente a la sombra, a quien estaban a escasos metros de darle alcance. Yahiko los observó y saltó al igual que ellos, sin embargo, al aterrizar perdió un poco el equilibrio y estuvo a punto de caer, fue Kiyomi quien lo sostuvo y jaló para que pudiera subir con ella. Kaoru gritaba, molesta, pero también podía distinguirse miedo en su voz. Corrieron y saltaron por los techos de unas casas más, y justo cuando la sombra estaba por desaparecer tras un enorme muro, Kiyomi sacó de entre las mangas de su kimono un kunai y lo lanzó, atinando en el tobillo de aquella figura y haciendo que perdiera el equilibrio.

Al tropezar, Kaoru aprovecho la oportunidad y lo golpeó con su codo fuertemente en la parte lateral de la cabeza, liberándose. La sombra escapó al verse acorralada y ella sólo continuó gritándole. Kenshin y Sanosuke la alcanzaron rápidamente, seguidos de Kiyomi y Yahiko.

- ¡Señorita Kaoru! ¿Se encuentra bien?

- S-si… Estoy bien.

- ¿Qué ocurrió? – Preguntó Sanosuke

- Yo… estaba dormida, cuando escuché ruidos afuera. Pensé que eras tú Sanosuke – Dijo con una mirada severa – Pero cuando estaba a punto de acostarme de nuevo, esta… persona misteriosa me atacó. Fue entonces cuando grité y Kenshin y Yahiko salieron para ver qué ocurría.

- ¿Pudiste distinguir algo? ¿Cómo era su cara? – La cuestionó Kenshin

- No. Me fue imposible verlo, estaba muy oscuro y llevaba una máscara cubriendo todo su rostro.

- Esto no me gusta. Nadie te atacaría sin razón aparente… Creo que… - Comentó Sano

- Sí, alguien ya sabe de nosotros y de nuestra investigación – Finalizó Kenshin.

.