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El día prácticamente había terminado, y después de pasar toda la tarde instruyendo a Noriko, tener que acompañar a Takuhiro a cenar le resultaba una pesadilla, pero la compañía de esa chica ayudaba a Megumi a sentirse bien, útil, no sentía que el sucio negocio de opio volvería a mancharla.

Durante la cena comieron un delicioso cocido japonés, con huevo duro, tofu frito y paté de pescado, y Takuhiro lucía bastante animado. Megumi tenía miedo de preguntar, siquiera de pensar qué traía entre manos para estar tan animado, pero no tuvo que esperar mucho tiempo para que él mismo se lo dijera.

Estaba casi ebrio, la noticia que tenía guardada lo llenaba de más alegría y durante todo ese tiempo había estado bebiendo muchísimo sake. Noriko miraba preocupada a Megumi, deseando dejar de servirle más vasos, pero él insistía, sólo hablaba del maravilloso día que había sido.

- ¡Oh mi preciosa señorita! ¡Tengo en mi poder una noticia magnífica! Por favor, permíteme avisarte que… - Se detuvo al notar que ella no estaba bebiendo nada, así que le pidió a Noriko que le sirviera un vaso de sake a ella también – Por favor, bebe, esta noticia amerita un brindis ¡Jajaja!

Era tan despreciable, Megumi sólo deseaba que le dijera qué era eso tan importante y poder retirarse a su habitación. Aceptó el vaso, pero no bebió, sólo lo sostuvo cerca de su boca, fingiendo y esperando.

- Bien, bien, lo que ocurre es, que finalmente la costurera se ha puesto en contacto conmigo, ¡Y mañana tendremos tu vestido de novia!

Megumi soltó el vaso y éste calló sobre la mesa derramando todo el contenido. Noriko inmediatamente se acercó para limpiar y pudo ver el terror en su rostro y sus manos temblar.

- ¿No te dije que eran magníficas noticias? Mañana traerá tu vestido y se encargará de hacer los ajustes, de esta manera, podrá estar listo para la ceremonia pasado mañana.

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Pasado… mañana…

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Continuaba sin reaccionar, sabía que él le había dicho que la ceremonia sería en tres días, pero ahora que le había informado que mañana mismo vería el vestido, todo se volvía más real, y más cercano y agobiante. Estaba aterrada, no tenía opciones. Si intentaba escapar de nuevo, seguramente los onmitsu volverían a detenerla, y, por otro lado, no estaba segura de si sus amigos llegarían a tiempo para rescatarla. Dos días, ese era el límite.

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De vuelta en el dormitorio, todos se encontraban verdaderamente alterados, intentando hilar la historia, los hechos. Kiyomi había llevado té para todos y Kenshin insistía para que Kaoru tomara el suyo, pero ella continuaba mirándola con recelo. Bebió un poco, sin quitarle los ojos de encima, y entonces se decidió a hablar.

- Bueno, pero también hay algo muy importante de lo que nos estamos olvidando – Kaoru se puso a inspeccionar a Kiyomi de pies a cabeza – ¿Exactamente qué o quién eres tú?

Kiyomi volteó a ver a Sanosuke, después de todo él era el único que conocía su secreto, y ya que había dado una pequeña demostración hacía unos momentos, no tenía más remedio que hablar con todos ellos. Él la miró y le dedicó una pequeña sonrisa, casi como si dijera - Adelante, todo estará bien - y eso la hizo sonrojar, pero le dio confianza y comenzó a explicarles su historia.

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- ¡Cielos! ¡Eso explica esa actuación tan increíble con el kunai y los saltos por los techos! El pobre tonto no pudo conseguir su objetivo – Exclamó Yahiko asombrado.

- G- gracias. No me siento orgullosa de mi pasado, pero definitivamente quiero arreglar las cosas en el presente.

- Y te agradecemos infinitamente que hayas ayudado a la señorita Kaoru.

Sin embargo, Kaoru seguía molesta, no estaba totalmente dispuesta a aceptar a Kiyomi y ella por su parte, podía darse cuenta de esto así que, por mera prudencia, decidió retirarse. Sabía que ellos aún tenían cosas que discutir y su presencia se los hacía difícil, entonces se despidió y se retiró para dormir.

Una vez que se quedaron solos, todos voltearon a ver llenos de intriga a Sanosuke, finalmente, antes del alboroto causado por aquella sombra misteriosa, estaba a solas en una cita con ella.

- ¿Y bien? ¿Cómo estuvo tu cita? – Preguntó Kaoru molesta.

- Si Sanosuke, ¿qué ocurrió? Kiyomi estaba realmente linda – Añadió Yahiko, mirándolo de forma pícara.

- Escuchen. Las cosas no son como ustedes creen.

Al ver el tono tan serio con el que Sano estaba respondiendo, todos se sentaron para poder escuchar. Sanosuke continuó.

- Quería ver a Kiyomi a solas porque estaba seguro de que había algo que estaba ocultando; sus movimientos incluso al simplemente servir una taza de té eran muy precisos. Kenshin, tú mismo lo notaste también, así que decidí investigar un poco.

- Claaaaro, es muy conveniente que quisieras ir tú mismo a preguntarle a la chica linda qué se trae entre manos… - Le contestó Yahiko.

- Yahiko. Basta. Sanosuke tiene razón – Le espetó Kenshin tan serio como Sano – La señorita Kiyomi sin duda es una persona muy atenta a su entorno y con habilidades ocultas. Debo decir que yo mismo me sentí intrigado por ella…

- Sí, recuerdo que lo mencionaste – Dijo Kaoru con un resoplido.

- Entonces bien, creo que Sanosuke tuvo a bien invitarla, después de todo…

Hizo una pausa tan larga que todos se acercaron más a Kenshin para que les dijera de una vez qué estaba pensando.

– Creo que a ella le gusta mucho – Concluyó.

Todos se fueron de espaldas con esa respuesta, y Sanosuke sólo lo miró sorprendido y avergonzado.

- ¡Kenshin! ¡No puedes afirmar una cosa así tan a la ligera! ¿¡Qué te pasa!? ¡Los sentimientos de una mujer son cosa seria! – Le reclamaba Kaoru mientras lo sacudía fuertemente.

- Bueno, supongo que no está equivocado – Respondió Sanosuke acercándose a la ventana y llevándose una mano a la boca. Todos lo miraron confundidos.

- ¿De… de qué hablas, Sanosuke? – Preguntó Kaoru.

Las mejillas de Sano tomaron un ligero color rojizo, mientras él continuaba con su mano en la boca.

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¡Pfff... pero qué tonto! Bien hecho Sanosuke…

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- No, no es nada, olviden lo que dije. Debemos dormir ya.

- Oh no, en este momento tenemos muchas cosas en qué pensar, y ahora gracias a ti y a Kenshin, tenemos un tema más que abordar – Dijo Yahiko indignado.

- Por favor Sanosuke, sólo dinos ¿Qué fue lo que pasó en aquella cita? – Preguntó Kaoru, preocupada.

No tenía escapatoria, pero, ellos eran sus amigos, ¿qué podrían decirle?

- B- bueno pues… Ehhh… - Su cara estaba roja y balbuceaba – De acuerdo, ella… Ella me besó.

Y entonces la habitación quedó en total silencio.

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Megumi se encontraba ya en su habitación, seguía en blanco, estaba preocupada y molesta, ¿Por qué el pasado seguía atormentándola así? Noriko estaba con ella, guardando silencio, pues no sabía qué decir y no quería incomodarla, se sentía como la primera vez que se quedaron solas en la habitación. De pronto, Megumi la miró, había algo en sus ojos que casi le causó escalofríos, estaba tan seria.

- Noriko…

- ¿¡Eh!? ¿S- sí? ¿Qué ocurre?

- ¿Quieres salir a cortar tallos y raíces mañana?

La pregunta desconcertó bastante a la chica, pensaba que le pediría o preguntaría cualquier otra cosa, no sobre sus lecciones de medicina. Quizás no quería hablar de ese tema, pensó, y rápidamente le dio una respuesta.

- ¡S-seguro! Podemos hacerlo mañana temprano, después del desayuno.

- No – Respondió tajantemente – Debemos ir por la tarde.

La actitud de Megumi seguía pareciéndole extraña, veía lo que a ella le pareció, una fuerte determinación en su mirada, y una ligera sonrisa asomada en su boca al momento en que la volteó a ver para decirle que salieran por la tarde.

- De acuerdo, claro, podemos ir por la tarde. Sin embargo, no estoy muy segura de que al señor Koizumi le agrade la idea de que deambulemos por el jardín exterior.

- No te preocupes, estoy segura de que podré convencerlo – Dijo guiñando un ojo.

Para Noriko todo esto le resultaba intrigante y casi sentía que le daría un ataque de nervios al ver a su maestra tan misteriosa; pero confiaba en ella, a pesar del poco tiempo que llevaban juntas, podía ver que era una persona cálida que se preocupaba genuinamente por el bienestar de los demás, así que, sin importar qué tan loco fuera lo que sea que estuviera tramando, ella la apoyaría. Sonrió y preparó la habitación para que Megumi pudiera dormir, al mismo tiempo que pedía porque ella misma pudiera tener un sueño tranquilo.

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