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Tras una noche intensa y una larga conversación, Kenshin, Sanosuke y el equipo se encontraban listos para partir de ese pueblo y dirigirse al nuevo destino.

Kiyomi había terminado de recoger sus platos del desayuno y se podía ver en su rostro que se encontraba triste. Esa mañana, Sanosuke había acudido a buscarla, y el recuerdo de sus palabras aún dolía.

- Bien equipo, ¡es hora de partir! – Dijo Yahiko con un renovado entusiasmo.

- Es bueno ver que te encuentras de mejor humor Yahiko. Anoche lucías algo decaído – Comentó Kaoru.

- Eso es porque no pude demostrar mis grandes habilidades anoche cuando estuvieron a punto de secuestrarte… - Respondió con cierta decepción.

- Pero eres un miembro importante en el equipo, un guerrero prometedor y excelente estudiante de la señorita Kaoru – Le dijo Kenshin para animarlo.

Yahiko lo miró, feliz, y asintió con una gran sonrisa.

- Bien, si ya no falta nada más por hacer, es momento de partir – Les dijo Sanosuke

Todos asintieron y se levantaron para salir del local, no sin antes ser alcanzados por Kiyomi, quien se despidió de todos ellos, tratando de disimular el dolor que sentía.

- Agradezco infinitamente su comprensión… y sobre todo su discreción respecto a… bueno, mi pasado. Si alguna vez se encuentran por aquí de nuevo y necesitan algo, no duden en buscarme.

- Muchas gracias, Kiyomi – Respondió Kaoru – Lamento si fui un poco molesta, estoy en deuda contigo por haberme salvado.

- No agradezcas. No puedo permitir que sucedan más cosas malas, y estaré pendiente de cualquier cosa sospechosa que detecte.

Agradecieron nuevamente su amabilidad y ayuda y retomaron el camino. Kiyomi, dudosa, los alcanzó una última vez, sólo para tomar la mano de Sanosuke y que él girara a verla. Teniéndolo frente a ella, se acercó y besó su mejilla, aprovechando para susurrar algo a su oído. Él se sonrojó y tocó el sitio donde había recibido el beso; sorprendido, devolvió una sonrisa a la hermosa joven y regresó con los demás.

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Lo prometo, Kiyomi. Gracias

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Tenían tanta suerte de que su próxima parada estuviera mucho más cerca de lo que aquel pueblo estaba de la aldea de Madoka. Si bien les tomaría al menos dos horas llegar, el tener una idea clara de lo que debían hacer los llenaba de energía y motivación. Sanosuke por su parte, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.

- ¿Saben? Conocer a Kiyomi fue agradable. De verdad es una chica linda y muy hábil – Comentó Yahiko, sólo para tratar de hacer conversación.

- Yahiko, ya hablamos de eso – Le dijo Kaoru con un dejo de fastidio y preocupación. Entonces habló más bajo – Puede que este tema siga pareciéndole incómodo a Sanosuke, tratemos de no hablar de ella.

- Hey, puedo escuchar perfectamente de qué hablan – Respondió Sanosuke en un tono serio.

Kaoru y Yahiko dieron un respingo al escuchar su voz y trataron de disimular.

- ¿Q- qué? ¿D- de qué hablas? ¿Nosotros? No, no estamos diciendo nada jejeje.

- S- sí, sólo decíamos que el lugar era agradable y la comida que servían ahí era deliciosa.

- Basta ya. Como les dije, fue sólo un beso, y aunque Kiyomi es una chica atractiva, no significó nada para mí.

- Cielos Sanosuke, la forma en que lo dices me sigue pareciendo bastante fría – Resopló Kaoru.

- Bueno, tú eres la que dice que no se deben tomar a la ligera los sentimientos de una chica, ¿cierto?... Hablé con ella por la mañana.

Un silencio se apoderó del ambiente por unos segundos que a los dos le parecieron larguísimos, hasta que Sanosuke retomó la palabra.

- Las cosas están claras. Conmigo, con ella… Así que no se preocupen por esta situación, tampoco hagan un alboroto más grande de lo que realmente es, tenemos cosas más importantes en qué pensar y que hacer. Vamos, no falta demasiado para llegar a la mansión.

La seriedad y calma con la que Sano les dijo esto, les hizo ver que ese tema estaba definitivamente cerrado, así que no hicieron más por volver a hablar de ello.

Continuaron caminando, estaban ya muy cerca de la antigua mansión de Kanryu y esta vez, estaban todos de acuerdo en que podrían encontrar pistas más contundentes en ese lugar.

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- ¿Estás lista Noriko? Esta es tu oportunidad.

- M- Megumi, ¿Estás segura de que el plan funcionará? – Noriko era un manojo de nervios.

- Seguro que funcionará, confía en mí. Recuerda, añade 15 puños de flores a una olla con 5 litros de agua hirviendo.

Noriko inhaló y exhaló con fuerza y asintió, ya habían pasado dos horas desde que recolectaron las flores y las dejaron al sol, y tal y como le había explicado Megumi, las probabilidades de que no surtieran efecto serían de una en diez escenarios.

- Seguro que es una suerte que encontráramos estas flores. Aún no lo puedo creer.

- El lúpulo no es una planta de este país, sin embargo, gracias a traficantes y demás comerciantes ha podido extenderse hasta aquí. Yo… la conocí cuando me encontraba con Kanryu, solían llevar varias plantas para experimentar y fabricar drogas. Esta planta en específico puede ser benéfica en diversos padecimientos, pero una cantidad elevada puede derivar en efectos sedantes. Así que ve, Noriko, y sírvela en la sopa.

Noriko se escabulló hasta las cocinas, dejando a Megumi en su habitación, esperando para la hora de la cena. Ya que habían estado mucho tiempo afuera, tomó un baño y aprovechó para cambiarse a un kimono más apropiado para la ocasión, saboreando el momento en que el plan entrara en acción y pensando en que pronto podría reunirse con sus amigos, sin imaginar, que ellos a la par, estaban ya más cerca de lo que creía.

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Habían llegado al fin a la mansión de Kanryu; sola, abandonada, destrozada y fría. La imagen que proyectaba era bastante lúgubre, incluso si aún era de día, pero al ser tan imponente, era lógico que generara esta sensación.

- Cielos… La última vez que estuvimos aquí, las cosas eran muy diferentes – Comentó Yahiko.

- Si, al menos el tener gente habitándola la hacía lucir menos tétrica – Respondió Kaoru, temblando. Ella era una mujer fuerte y determinada, pero los temas fantasmagóricos no le gustaban para nada, y la mansión de Kanryu era el escenario perfecto para que alguna aparición se manifestara.

- Señorita Kaoru, no tiene de qué preocuparse, no permitiré que nada malo le ocurra – Le comentó Kenshin para tranquilizarla.

Con las palabras de Kenshin resonando dulcemente en sus oídos, su miedo se desvaneció un poco, y entonces, con Kaoru más tranquila, se encaminaron a la gran puerta de entrada, decididos a buscar pistas o un rastro que los ayudara.

La tarde transcurrió entre polvo, objetos abandonados, muebles apolillados y un sol que se iba apagando poco a poco, ya que la mansión era tan grande y con sólo cuatro personas, cubrir el terreno no era tan rápido como a ellos les hubiera gustado y la noche estaba a punto de caer.

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Finalmente llamaron a su puerta para indicarle que la cena estaba servida, bajó y, desde luego, Takuhiro ya se encontraba sentado esperándola, lucía mal, mareado, justo lo que Megumi esperaba.

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Excelente Noriko, serviste suficientes copas como para dejarlo en ese estado.

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- Oh… vaya… Preciosa, lamento si mi ánimo no es el mejor por ahora, creo que me excedí un poco con el vino esta tarde y la cabeza está matándome… Sin embargo, ¡qué excelente atuendo el que elegiste para la cena de hoy! ¡Luces como un sueño!

El kimono de Megumi era muy lindo y cautivador, de color morado oscuro, casi negro, y con grandes diseños de flores y hojas en color vino. Sin duda la hacían lucir bella y misteriosa.

- Te lo agradezco. Y no te preocupes, seguramente tienes una deshidratación por el exceso de alcohol que bebimos hoy durante la celebración por el vestido, pero descuida, si comes te sentirás mejor.

- Sinceramente no tengo demasiada hambre, creo que esta noche no cenaré nada – Dijo al momento de rechazar el plato que ya estaba por dejar Noriko en la mesa.

Esto sin duda habría representado un gran inconveniente, pero Megumi, siendo la mujer astuta que es, había previsto todo.

- Cielos, es una gran coincidencia, yo tampoco tengo hambre, los nervios son demasiados… Afortunadamente conseguí los ingredientes para mi té. Noriko, ¿Podrías por favor servirme una taza? Y también sirve una para el señor Koizumi. Créeme, con esto te sentirás mucho mejor. Palabra de doctora – Le expresó Megumi a la par que hacía un guiño.

Takuhiro aceptó el té sin discutir, se sentía muy feliz y motivado al ver a Megumi comportarse mejor con él y notarla de mejor humor que los días anteriores; estaba realmente convencido de que sus sentimientos eran finalmente correspondidos.

Megumi terminó su té y se retiró, comentando que dormiría temprano para estar bien y fresca para el día de mañana, Takuhiro no discutió y se despidió de ella.

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La noche había avanzado ya, y desde luego, Megumi no había dormido nada, esperó por el llamado clave de Noriko a su puerta y abrió en cuanto escuchó los tenues cuatro golpes.

- Bien, ¿Cómo está todo?

- Pfff… Es el momento. Pasé hace unos minutos a su habitación y estaba totalmente dormido, eso sin mencionar que su "guardia" se encontraba inconsciente, recorrí rápidamente unos cuantos pasillos y tenemos el camino libre. Debo decir… que estoy impresionada – Le comentó Noriko tímidamente.

Megumi sonrió, satisfecha por el buen trabajo de su discípula y sin perder más tiempo, tomaron las sábanas que necesitaban, salieron de la habitación y comenzaron a recorrer los oscuros pasillos de la mansión. Lucía bastante aterradora, a través de los ventanales los árboles proyectaban sombras y figuras tétricas en las paredes gracias a la luz de la luna, que, si bien no era demasiada, iluminaba lo suficiente para ambientar el escape como si de una película de terror se tratara. Los minutos pasaban y para ellas, se sentían lentos, sentían que jamás saldrían de ahí, pero entonces, llegaron a la puerta de la cocina, entraron y recorrieron cuidadosamente el lugar para no tirar nada y evitar hacer ruido. Alcanzaron finalmente la puerta que daba al exterior y la abrieron, inmediatamente la brisa nocturna las envolvió y se adentraron en el espeso jardín.

Siguieron caminando, con cuidado, la elección de los kimonos oscuros habían sido todo parte del plan, llevando esos colores, era mucho más difícil distinguirlas entre los árboles y arbustos. En cuanto llegaron al muro que dividía a la mansión del bosque, se aproximaron al árbol que habían inspeccionado cuando fueron por las flores. Megumi lanzó la sábana por arriba de una de las ramas y con ella se apoyaron para subir; llegaron a la rama que pasaba por encima del muro y con mucho cuidado, cruzaron al otro lado ayudadas de nuevo por la sábana.

Sentían al fin la libertad, la ansiada libertad, y comenzaron a caminar más rápido entre el bosque, tratando de seguir paralelamente el camino trazado para los carruajes, pero cuando comenzaban a sentirse lo suficientemente alejadas de la mansión, unos sonidos extraños se escucharon a su alrededor. Su ansiedad comenzó a incrementarse, se miraron la una a la otra, y sin decir ni una palabra, teniendo un entendimiento perfecto sólo con la mirada, echaron a correr.

Podían escuchar las hojas de los árboles moverse sutilmente, y la atmosfera estaba cargada de tensión, habían olvidado por completo seguir el camino, ahora sólo se concentraban en escapar, estaban tan cerca de lograrlo que no se permitirían ser capturadas de nuevo; corrían tan concentradas que, de no haberse detenido a tiempo, habrían caído estrepitosamente a una zanja. Dudaron unos segundos, pero estaba decidido, suspiraron y saltaron.

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- ¡No! ¡Noriko!

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Megumi pudo ver casi en cámara lenta, como Noriko se deslizaba por la zanja, escapando, mientras que ella, no lograba avanzar, sentía en su brazo una fuerte presión que la jalaba hacia atrás, alejándola de sus esperanzas. A lo lejos, como en otra dimensión, escuchó a Noriko gritar su nombre.

- ¡Corre! ¡No te detengas, corre! – Le gritó Megumi desesperada.

Noriko entonces echo a correr nuevamente. La caída había lastimado uno de sus tobillos, pero era tanta la adrenalina en ese momento, que no le importó, sólo corrió, siguió alejándose del lugar con enormes lágrimas escurriendo por sus mejillas.

Encontró un gran tronco hueco y se ocultó ahí, cubriéndose la boca para ahogar sus sollozos y que no pudieran encontrarla. Pasado un rato, salió de su escondite, triste aún, pero algo había cambiado, su maestra, su amiga había sido capturada de nuevo, y no iba a permitir que el trágico destino que Takuhiro tenía preparado para ella, se concretara.

- Jamás. Megumi, buscaré ayuda. Caminaré toda la noche hasta dar con alguien y pediré ayuda. No llegamos tan lejos para que el plan fuera en vano. Resiste, por favor.

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