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No había más, estaba de vuelta en la mansión, el plan que había hecho se desmoronó gracias a dos de los omitsu quienes, aparentemente, no habían ingerido ni bebido nada de la comida que se había servido ese día. Tan cerca, estuvo tan cerca.

Llegaron frente a la puerta de la habitación de Takuhiro y Megumi sentía un terror enorme apoderarse de ella, no sabía qué pasaría ahora, probablemente estos dos sujetos habrían avisado ya sobre la situación y, seguramente con algo de trabajo, habían logrado despertar a ese horrible hombre y darle aviso de lo ocurrido. Tocaron, y tan sólo unos segundos después, escucharon a Takuhiro desde adentro.

- Pasen.

Abrieron la puerta, él estaba de pie junto a la ventana, mirando al exterior.

- Veo que una de ustedes lo logró. Estoy verdaderamente impresionado por lo que hicieron. Dos… sólo ustedes dos se bastaron para poner a todos a dormir y escapar.

Empujaron a Megumi dentro de la habitación y Takuhiro se acercó a ella, aún con el semblante serio.

- Ja… Jaja… ¡jajajajaja! – Comenzó a reír casi con locura - ¡Mira nada más lo que hiciste! ¡Te ofrecí todo lo que estaba en mi poder y lo tiraste! ¡Tiraste todo como un vil desecho! ¿¡Eso es lo que piensas!? ¿¡Que soy un vil desecho!?

- … - Megumi permaneció en silencio un momento y finalmente respondió – Así lo creo.

Su respuesta fue tan fría, tan seria y lo miraba de una manera tan retadora que Takuhiro quedó perplejo, sintiendo cómo la ira se juntaba dentro de sí esperando por explotar.

- Tu… ¡tú, maldita! – Levantó una de sus manos para aterrizar un fuerte golpe en la mejilla de Megumi. Ella lo miró, pero a estas alturas realmente no le importaba.

Takuhiro se detuvo en seco, con los ojos desorbitados.

- No… no sería capaz de lastimarte de esta forma – Se relajó y volvió a esa pose seria con la que lo habían encontrado al entrar. Sus radicales cambios de humor eran algo que perturbaban mucho a Megumi – De acuerdo, mi preciosa señorita. Si tanto es tu deseo por seguir jugando con las plantas y la mente de las personas, acompáñame.

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Salieron de la habitación y caminaron hasta la parte más profunda de la mansión, al área que Megumi tenía restringida. Conforme avanzaban, comenzó a escuchar una especie de murmullos a lo lejos, que, al combinarse con la oscuridad y el frío de esos pasillos tan descuidados, hacían recorrer escalofríos por su espalda.

Llegaron finalmente a una gran puerta, y al abrirla, Megumi pudo ver un escenario que la hizo recordar terribles anécdotas. Era el laboratorio.

- Estoy seguro de que este lugar se te hace bastante familiar, después de todo, es muy parecido a donde te encargabas de hacer el opio para Kanryu. Pero eso no importa, nuestro recorrido no termina aquí.

Atravesaron el laboratorio y entonces Megumi pudo distinguir que aquellos murmullos que escuchaba, eran gritos horribles provenientes del otro lado de una puerta que se encontraba al fondo. Al abrirla, el horror es indescriptible. Había varios jóvenes encerrados en jaulas, algunos revolcándose, otros golpeando su cabeza contra la pared como un tic; hablando solos con cara de nervios y angustia.

- Yo quise mantenerte alejada de esto – Dijo Takuhiro, serio – Pero al parecer tú quieres insistir en colaborar…

Megumi estaba horrorizada al ver a todos esos chicos con lo que parecían síntomas de paranoia, o abstinencia. Entraron al calabozo aquel y Takuhiro comenzó a explicarle todo lo que estaba mirando.

- Ellos son nuestros conejillos de indias para probar las fórmulas de opio. Es cierto que no ha sido del todo fácil conseguir gente para experimentar, pero nos las hemos arreglado ¡jajaja! Como verás no a todos les ha ido bien, comienzan a desarrollar síntomas terribles y aunque algunos han demostrado ser más resistentes, otros simplemente… Se vuelven desecho.

Aquella cámara de los horrores era algo que Megumi jamás había visto. Cuando trabajaba para Kanryu nunca tuvo que presenciar los efectos que el opio generaba en las personas, pero estando ahí, mirándolo con sus propios ojos, todos aquellos traumas que había logrado dejar atrás, regresaban como una pesadilla.

De pronto, uno de los grandes hombres de Takuhiro abrió una de las jaulas y de un empujón metió ahí a Megumi. Ella, sorprendida y aterrada, volteó a mirarlo, esperando por una respuesta.

- Realmente lamento tener que hacer esto, mi preciosa señorita, pero no me dejas otra opción. Tendré que dejarte aquí castigada hasta la mañana, y será mejor que cuando vengan a sacarte, te apresures y te prepares, no quiero que luzcas mal en nuestro día especial ¿entiendes?

Estaba perpleja y terriblemente asustada, y la pesadilla incrementó cuando, frente a ella, Takuhiro le sonrió una última vez antes de dar media vuelta y cerrar la puerta del calabozo, dejándola en total oscuridad y con sólo los gritos desgarradores de los demás acompañándola.

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- K-Kenshin… ¿Es necesario que sigamos buscando separados? Ya está muy oscuro y podríamos perdernos o tropezar y… b- bueno, podríamos no escuchar si alguno de nosotros tiene algún problema y –

- ¡BUUUU!

- ¡AHHHHHHHH!

Yahiko reía sin control al ver la cara de Kaoru cuando saltó y la asustó, pero para Kaoru no era nada divertida esa broma e inmediatamente se encargó de darle un buen golpe en la cabeza a la par que lo regañaba por ser un desconsiderado e inmaduro.

- Basta ya – Dijo Sanosuke – Estoy de acuerdo con la nena, en este momento es mejor que vayamos en parejas a buscar. Es posible que dejáramos pasar algo por alto, algo que el otro pueda llegar a notar. Yahiko, tú irás conmigo, Kenshin… -

- Si, acompañaré a la señorita Kaoru, recorreremos la planta baja de nuevo.

Sanosuke asintió satisfecho, y se dispusieron a separarse y volver a buscar.

Algo que les resultaba bastante peculiar, era que no habían logrado encontrar los laboratorios de opio de Kanryu, a pesar de haber estado recorriendo por varias horas la mansión. Fueron a la torre, a las habitaciones que se encontraban más al fondo, pero nada, ni una pista, ni los laboratorios.

Sanosuke se impacientaba, por más que habían recorrido sitios a los alrededores, y ahora la mansión, no lograban encontrar nada que los llevara al paradero de Megumi. Estaba extremadamente preocupado y desesperado

- Sanosuke… ¿Qué… qué haremos si no encontramos ninguna pista? – Preguntó Yakiho con un claro tono de preocupación en su voz.

Que Yahiko tradujera en palabras lo que él mismo pensaba y estaba temiendo, volvió lo desesperante de la situación en algo más real, más tangible y probable. Era cierto, ¿Qué harían si no encontraban nada? Las opciones se le habían agotado.

- Sinceramente, ya no sé qué más podríamos hacer – Respondió Sano fríamente.

Yahiko lo miró, triste, preocupado también, sabía que Megumi significaba mucho para él y entendía que el no poder rescatarla se convertiría en un martirio eterno; respiró profundo, y, queriendo sonar lo más animado posible, incitó a Sanosuke a continuar la búsqueda, no se darían por vencidos. Sanosuke lo miró sorprendido, y con una media sonrisa, asintió y retomaron la inspección de las habitaciones.

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Kaoru caminaba prácticamente pegada a la espalda de Kenshin, mientras que él recorría minuciosamente la habitación en la que se encontraban.

- Señorita Kaoru – Dijo en tono amable – si continúa pegada a mi espalda será imposible que hagamos un buen trabajo en equipo.

Kaoru en verdad se sentía intranquila en la oscuridad e inmensidad de esa mansión abandonada, pero debía admitir que sentirse así, y estar aferrada a la espalda de Kenshin no serviría de nada, así que sólo suspiró resignada y se apartó de su lado. Comenzó a recorrer el lado opuesto de la habitación, pero, como era de esperarse, no volvió a encontrar nada. Buscó en una pequeña mesa, tanteó los estantes de un viejo librero, clavó su mirada en el piso tratando de encontrar algún papel u objeto que pudiera darles alguna pista, pero no obtuvo resultados, fue entonces que decidió salir de la habitación y esperar a Kenshin afuera para continuar en la siguiente, pero justo cuando estaba por tomar la perilla, ésta comenzó a girar lentamente, sola.

- … ¡AHHHHHH…!

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Sanosuke y Yahiko inmediatamente echaron a correr al escuchar el grito de Kaoru, sabían que estando con Kenshin las probabilidades de que algo malo le ocurriera eran muy bajas, pero no querían correr el riesgo, no querían volver a ponerla en peligro como con la sombra misteriosa.

Bajaron las escaleras velozmente y al llegar al lugar donde se encontraban ella y Kenshin, se detuvieron en seco, mirándolos a ambos con cara de sorpresa y confusión.

- Pero… ¿qué?

- Sano, tranquilo, esta jovencita quiso entrar a la habitación y al momento de abrir la puerta, la señorita Kaoru se asustó al ver la perilla moverse sola.

Delante de ellos tenían a Kaoru sentada en el suelo, abrumada, y a su lado a una chica en un kimono oscuro que hacía difícil distinguirla bien en la oscuridad; ella también estaba asustada y temblando mientras que Kenshin intentaba tranquilizarlas.

- Estoy confundido, ¿quién es ella? ¿qué hace aquí? – Preguntó Yahiko

- ¡Por favor! ¡Por favor no me lastimen! ¡Sólo estoy buscando ayuda y un lugar dónde esconderme! – suplicó la chica.

- De acuerdo, de acuerdo, tranquilízate y explícanos qué ocurre – Respondió Sano con seriedad.

La chica limpió algunas lágrimas de sus mejillas y comenzó.

- Verán… Yo y una amiga escapamos de un lugar horrible… pero…. – Sus ojos comenzaron a humedecerse de nuevo – los sujetos que trabajan para el hombre del que huíamos la capturaron y sólo yo pude salvarme.

La chica rompió en llanto de nuevo y continuó.

- Prometí que buscaría ayuda, así tuviera que caminar toda la noche para encontrar a alguien, pero he sentido mucho miedo de que me persiguieran de nuevo y vine aquí a ocultarme.

- ¿Ya sabías de la existencia de este lugar? – Preguntó Kenshin con suspicacia.

- Pues… sí… - Respondió la chica, que volteó a mirarlo en ese momento, apenada. Fue entonces que pudo ver su cicatriz y quedó totalmente sorprendida - ¡Oh! ¡Yo sé quién eres!

- ¿Qué? – Preguntó Kenshin, esta vez confundido.

Un gran silencio se hizo en la habitación, y todos estaban tan confundidos como él.

- ¿A qué te refieres? ¿Cómo es que lo conoces? ¿Kenshin, tu sabes quién es ella? – Preguntó Kaoru confundida y sorprendida a la vez.

- Yo, yo no la conozco – Respondió mientras rascaba su cabeza.

- L- lo siento. Es cierto, ustedes no me conocen, pero yo sí sé quiénes son, por favor, permítanme explicarles todo – respondió la chica misteriosa con una gran sonrisa – Tu debes ser Kaoru, tú eres Kenshin, tú eres Yahiko y… - Miró a Sano con mayor interés – Tu eres Sanosuke.

Todos la miraron, estoicos, no entendían nada de lo que estaba ocurriendo.

- Verán, mi nombre es Noriko, y la amiga de quien les hablo, es Megumi.

Y entonces la expresión estoica de todos, se transformó rápidamente en sorpresa.

Noriko les contó de la amistad que había forjado con Megumi, de Takuhiro y el horrible destino que quería compartir con ella y toda la historia de su escape.

Mientras más avanzaba la historia, podía notar la ira incrementar en los ojos de Sanosuke. En los de todos, pero Sanosuke emanaba una energía y enojo tan poderoso, que le era imposible no notarlo.

- ¡Infeliz! – Exclamó Sano golpeando el marco de la puerta – ¡Entonces no debemos perder tiempo! Si ese desgraciado planea hacer la ceremonia mañana, hay que ir de inmediato y salvar a Megumi.

Escuchar el nombre de Megumi salir de la boca de Sano les resultaba muy peculiar, siempre estaban llamándose con apodos, así que todo este viaje había sido un descubrimiento para absolutamente todo el equipo.

- Noriko, ¿pero cómo es que llegaste a este lugar? – Preguntó Kaoru

- Bueno, esa sería la primera parte de la historia… Yo trabajaba en un pueblo relativamente cercano, como mesera en un restaurante, pero mi madre está enferma y los gastos y médicos no los podía pagar, fue entonces que un día llegó el señor Koizumi a nuestro local y me ofreció un trabajo mejor pagado, pero… Cuando llegamos aquí, me dijo que ya no podría regresar a mi pueblo, que debía quedarme y mantener el orden y limpieza de esta mansión – Noriko comenzó a llorar de nuevo – Me resultaba absurdo que quisiera estar en este lugar y que quisiera mantenerlo ordenado, después de todo, estaba casi en las mismas condiciones que ahora… Sin embargo, un día comencé a notar que varios chicos eran traídos aquí y no los volvía a ver, y un día mientras limpiaba, al entrar a esta habitación, pude ver cómo movían ese viejo librero y detrás de él había una entrada. Supuse que era ahí a donde llevaban a esas personas, pero sentí mucho miedo y jamás volví a acercarme a este lugar yo sola.

- ¡Los laboratorios! – Gritaron todos al unísono.

Kenshin y Sanosuke se dirigieron al librero y comenzaron a empujarlo, revelando, en efecto, una entrada y unas escaleras hacia abajo. Ambos se miraron y decidieron bajar, dejando a Yahiko, Kaoru y Noriko esperando por ellos.

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Al volver, confirmaron lo que todos sospechaban, allí abajo se encontraban los laboratorios de opio de Kanryu, pero el lugar no lucía abandonado, al contrario, parecía que llevaba a penas unos cuantos días de haberse utilizado por última vez.

- ¿Koizumi jamás te dijo en qué trabajaba, Noriko? – Preguntó Sanosuke

- No, jamás lo mencionó. Él simplemente hablaba de sus negocios, pero creí que sería un poderoso comerciante o algo así. Fue hasta que llegó Megumi, que me dijo quién era y de dónde lo conocía. Sentí horrible al verme involucrada en algo como esto, pero cuando me contó su historia y cómo había logrado alejarse de todo eso, me sentí inspirada, y fue entonces cuando ideó el plan para escapar conmigo.

- Sin duda la señorita Megumi es una mujer tenaz y tú Noriko una gran amiga. No perdamos tiempo y vayamos a rescatarla – Dijo Kenshin con determinación, seguido por el resto del equipo.

Sin embargo, la salida tuvo que retrasarse un poco, pasada toda la adrenalina del momento, Noriko fue consciente de nuevo del dolor en su tobillo, así que tuvo que examinarlo. Tenía una torcedura, que, si bien no era demasiado grave, sí dificultaría las cosas para llegar rápidamente a donde Takuhiro.

- Sube – Le dijo Sanosuke al momento de agacharse para que ella pudiera subir a su espalda.

Noriko estaba sorprendida y también avergonzada, no deseaba ser una carga, pero también sabía que ella era la única que conocía el camino y el lugar en donde se encontraba Takuhiro, así que, con un ligero sonrojo, y ayudada por Kenshin, subió a la espalda de Sanosuke.

- Bien, vamos.

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Estoy cerca, Megumi. Resiste sólo un poco más.

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