La cacería Salvaje
Capítulo 1: El mundo mortal.
Bomba amaba el momento en el que se cruzaba el portal, adoraba la forma en la que Finn le recordaba sostener las riendas de su cruce de pesadilla y no abrir la boca para evitar que se le metieran moscos, le encantaba escuchar a Kieran cantar sobre sabría Dagda que cosa y luego ver como se atragantaba con los moscos.
—Eh, que esto no es un juego, deja el parloteo y ponte atento. —bramó el druida desde la parte delantera de la cuadrilla de cazadores, justo a un costado de Bomba pero con la vista fija en un par de descendientes de Cernunnos que habían decidido que ese era el mejor momento para dar una clase de modales a sus monturas. Bomba no los culpaba, pero claro que Finn si lo hacía, con su voz potente y esa forma tan graciosa que tenía de insultarlos con palabras amables, el hijo del rey de los dioses era el tipo de persona al que se le admiraba incluso mientras se le escuchaba despotricar.
Los pixies avanzaron antes que el resto, con una graciosa formación que bien podría haber sido totalmente a propósito de no ser porque no eran capaces de ponerse de acuerdo más que para insultar el proceder de los dormach, perros parlantes con serpientes vivas en lugar de colas, siempre en los costados de los cazadores durante la marcha por el portal.
—¡EH! ¡Qué ya! —gritó alguien, Bomba no supo quién y tampoco le importó, su caballo ya avanzaba en línea recta para impactar con la enorme roca que iluminaba parte del bosque profundo. Tan rápido había sido como viajar por medio de las sombras, un tirón en su abdomen y las ganas de expulsar el desayuno que a duras penas había ingerido hacía casi seis horas atrás.
Tan solo segundos fueron necesarios para que el bosque profundo fuera borrado y la vista lejana de las cordilleras del Exilio desaparecieran por completo, siendo remplazados por la apariencia de una ciudad pequeña que a la lejanía se extendía, mientras que en ese punto solo eran capaces de ver un bosque en medio de lo que creía, o al menos esperaban, fuera la frontera entre México y Guatemala.
Uno a uno los caballos pasaron en un tropel de criaturas que avanzaban en línea recta, llevando una formación prácticamente nula mientras el líder tomaba la delantera para esperarlos más adelante, desmontando casi a veinte metros de largo.
—¿Y si se dan prisa? —pidió Bomba, acomodándose las gafas para evitar que se deslizaran hasta la punta de su nariz, producto del calor y el bochorno que se acrecentaba conforme los segundos pasaban en aquel nuevo mundo.
—Amir, ten paciencia. — La voz de Finn es más calma, pese a que tan solo cinco minutos antes estuvo gritando para evitar retrasos, ahora el pelirrojo habla con tal propiedad que hace asentir al Conaill casi de inmediato.
—Imir, tin piciincii. —repite en voz baja el líder de la hueste 31, bajando la vista a las riendas de su caballo a la espera de que el resto de los miembros aparezcan de una buena vez.
Esa era la cacería salvaje o al menos una parte pequeña, la hueste 31…
