.

- ¡Es imposible que esos inútiles hayan dado con la ubicación de la mansión! ¡No! ¡NO! ¡No es posible! – Gritaba Takuhiro

Los omitsu habían detectado la presencia del grupo e inmediatamente se encargaron de dar aviso a los soldados y, por supuesto, a Takuhiro, quien estaba furioso gritándole a los dos hombres que se encontraban con él, esperando indicaciones.

- No queda más remedio, nuestra huida deberá ser más apresurada de lo que esperaba… ¡Vamos, no se queden ahí parados! Tenemos que ir por mi preciosa señorita.

Los tres hombres caminaron hacia una de las paredes de la habitación, una que tenía un gran librero abarcando gran parte de ella. Takuhiro se apartó y miró como los dos hombres empujaban a un costado aquel mueble, revelando una puerta estrecha.

- Kanryu era un idiota, pero a veces tenía buenas ideas – Exclamó Takuhiro – ¡Vamos!

Abrieron la puerta y comenzaron a descender por aquel túnel con escaleras.

.

.

.

- ¡Yahiko!

- ¡Sí! ¡Lo tengo!

El equipo se enfrentaba contra una gran cantidad de espadachines, guardias de la mansión y del emporio de Takuhiro, pero no importaba a cuántos derrotaran, siempre aparecían otros más y el cansancio y la falta de sueño empezaba a causar estragos en ellos, principalmente en Kaoru y Yahiko, quienes con gran destreza esquivaban los golpes y lograban someter y derrotar a otros cuantos, pero pagando el precio de comenzar a perder el aliento.

- ¡Maldita sea! ¡Este infeliz tiene un equipo de soldados demasiado grande! – Se quejó Yahiko.

- ¡A este paso jamás llegaremos con Megumi a tiempo! – Exclamó Sano.

Kaoru estaba en un fuerte enfrentamiento con uno de los soldados, cuando, gracias a su gran habilidad, esquivó uno de los ataques, dio la vuelta a aquel hombre y soltó un fuerte golpe con su bokken, dejándolo fuera de combate.

- ¡Ustedes vayan por Megumi, Yahiko y yo nos encargaremos del resto de los soldados!

- Pero… - Replicó Sanosuke

- ¡No hay tiempo que perder, confíen en nosotros!

Kenshin y Sano se miraron, preocupados, pero era una realidad que Kaoru era una hábil maestra de kendo y Yahiko había evolucionado favorablemente como su alumno, así que, sin perder más tiempo, ambos asintieron y comenzaron a avanzar hacia las escaleras.

.

Al fin el número de soldados estaba cediendo, Kaoru y Yahiko habían dado una pelea excepcional, pero aún no terminaba, quedaban unos cuantos listos y dispuestos a seguir luchando, y esta vez, los dos amigos se encontraban exhaustos.

- ¡Vamos Yahiko, sólo un poco más!

- ¡Lo sé!

Su técnica había mejorado muchísimo, su manera de esquivar los ataques y contraatacar era increíble, pero su energía decaía y no estaba seguro de cuánto más podría resistir. Apoyó una de sus rodillas sobre el suelo tratando de recuperarse un poco después de haber derribado a un soldado bastante grande, pero ese había sido su error, había quedado vulnerable.

- ¡Yahikooo! – Gritó con terror Kaoru.

Yahiko miró hacia arriba, era muy tarde para reaccionar; el filo de la espada de otro soldado estaba a escasos centímetros de su espalda. Se quedó helado, petrificado, era el fin. Sintió miedo, mucho, pero estaba satisfecho, había dado una pelea increíble y gracias a él, Kenshin y Sanosuke pudieron avanzar para salvar a Megumi. Cerró los ojos.

.

- ¡Ahhhgggh!

.

Kaoru estaba perpleja, lágrimas se acumulaban en sus ojos y todos miraban hacia una única dirección. Las gotas de sangre salpicaban el piso, y aunque no era mucha, el dolor experimentado evidentemente había sido brutal. La espada se encontraba tirada a un costado y Yahiko, con grandes ojos abiertos, no lograba entender nada.

Una rápida sombra cruzó por encima de él y aterrizó a su lado, fue entonces que sintió la vida regresando a su cuerpo, y pudo mirar al soldado retorcerse de dolor frente a él.

- ¡Kiyomi! – Gritó con alegría Kaoru.

Kiyomi estaba junto a Yahiko, contemplando al soldado que había estado a punto de asesinarlo. El hombre sujetaba su muñeca con dolor y un kunai salpicado de sangre descansaba a su lado.

- Pero… ¿qué? – Preguntó Yahiko confundido.

- Bajaste la guardia, error de novato. Hoy tuviste suerte, pero jamás vuelvas a hacer una tontería como esa – Le dijo Kiyomi con una mirada seria.

- Gracias… - Respondió Yahiko con vergüenza.

- Ahora vamos, quedan pocos soldados, así que terminemos con esto rápido – Comentó Kiyomi con una sonrisa burlona mientras sacaba unos shurikens de la manga de su kimono.

Los tres se reunieron en el centro de la estancia, en una formación de espalda con espalda, listos para terminar con los soldados restantes, quienes se encontraban furiosos y angustiados ante todas las bajas que habían sufrido. Serían unos treinta soldados restantes y todos decidieron atacar al unísono, pero la formación del pequeño equipo había sido una estrategia fenomenal, y podían atacar y defenderse en cualquier dirección en que recibieran los ataques.

- ¿Pero, cómo es que encontraste este lugar, Kiyomi? – Preguntó Kaoru mientras se agachaba para esquivar un golpe, deteniendo la espada contraria con la suya e inmediatamente después, soltando un fuerte golpe en el estómago con la parte trasera de ésta.

- Investigué a fondo las desapariciones de los jóvenes del pueblo, gracias a la ayuda de los comerciantes del mercado – Comenzó Kiyomi, que había sacado del camino a tres hombres con ayuda de sus shurikens – No fue sencillo, pero logré dar con una red de tráfico de opio y siguiendo el rastro, supe de la mansión en medio del bosque – Concluyó, a la vez que soltaba una fuerte patada en la cara de otro guardia.

- ¡Excelente! ¡Llegaste justo a tiempo! – Exclamó Kaoru satisfecha, golpeando a otros dos soldados.

- Kaoru tiene razón, gracias, Kiyomi – Volvió a agradecer Yahiko, quien ya había enmendado su error, ocupándose de al menos unos siete soldados y atacando a uno más con su bokken, que aterrizó de forma magistral en las costillas de aquel hombre.

- No agradezcas, sólo lucha, ¡Estamos a punto de terminar!

El número de combatientes había quedado parejo al fin. Tres contra tres, y aunque cualquiera de ellos podría haber acabado con los hombres por su cuenta, no perderían la oportunidad de demostrar sus habilidades una vez más.

Kaoru aguardó, serena, a recibir el ataque, y cuando su espada chocó contra la de su oponente, de forma armoniosa hizo que ambas parecieran enredarse una con otra, y de esta forma, creando una especie de espiral, Kaoru desarmó a su oponente, quedándose con su espada y finalizando el ataque con seriados golpes en las costillas, hombro y cabeza.

Yahiko por su parte, en el último momento antes de recibir el golpe, colocó su bokken bajo el brazo, se agachó y con ambas palmas, detuvo la hoja de la espada de su oponente, desviando completamente el ataque para después, aprovechando la misma fuerza y la sorpresa de aquel guardia, golpeó su espalda mientras éste caía de bruces frente a él, derrotado.

El último guardia se aproximó con violencia hacia Kiyomi, pero ella sabía perfectamente qué hacer. Esquivó la espada con facilidad casi como una coreografía; se colocó en una posición agachada como compás, siendo su pie izquierdo el eje para que, en un movimiento circular, su pierna derecha estirada golpeara los pies del soldado para hacerlo caer.

Los tres respiraban agitados, pero satisfechos con su hazaña. Estaban en la misma formación, ni siquiera tuvieron que moverse demasiado para poder derrotar a los guardias restantes. Kaoru y Yahiko se dejaron caer un momento para recuperarse, sonriendo.

- ¡Qué excelente equipo somos! – Comentó Kiyomi con entusiasmo.

- Sí que lo somos jajaja… - Afirmó Kaoru – Yahiko, estuviste impresionante, pero por favor, ten más cuidado.

- Lo sé, no volverá a suceder… Pero debes admitir que mi recuperación fue increíble – Respondió con vanidad.

- Si, si, no lo discuto. Ahora levántate, debemos encontrar a Kenshin y a Sanosuke.

- Es verdad, ¿dónde están ellos?

- Fueron en búsqueda de nuestra amiga, les dijimos que se adelantaran, que nosotros nos ocuparíamos de los guardias de aquí – Respondió Yahiko

- ¿De Megumi?

Ambos se sorprendieron al escuchar a Kiyomi decir su nombre, jamás se lo habían dicho, a menos que…

.

- Hablé con ella por la mañana. Las cosas están claras, conmigo, con ella.

.

Recordaron que Sanosuke les había comentado esto cuando iban camino a la mansión de Kanryu, así que supusieron que le había contado todo a Kiyomi.

- Así es, conozco su nombre, Sanosuke me habló de ella. Cuando confesé mis sentimientos él se comportó de un modo muy extraño, fue a la mañana siguiente tras la noche del intento de secuestro que me dijo que no podía corresponderme, que su corazón le indicaba que la persona a la que él quería era a esa mujer, a Megumi.

Las bocas de Kaoru y Yahiko llegaban casi hasta el suelo por la sorpresa. Sabían que entre ellos ocurría algo, pero jamás habían podido confirmarlo. A Yahiko le encantaba molestarlo con eso, y Kaoru creía que eran una pareja peculiar, pero hasta ahí llegaban sus ideas. Ahora comprendían mejor la determinación y frustración de Sanosuke para encontrarla.

- Pues… Bueno, ahora ya lo sabes… A decir verdad, eres la primera persona a la que Sanosuke le confiesa eso – Comentó Kaoru aún sorprendida.

- ¡Sabía que entre esos dos ocurría algo! ¡Lo sabía! – Exclamaba Yahiko con alegría y satisfacción al confirmar sus sospechas.

La mirada de Kiyomi se ensombreció un poco, y fue entonces que Yahiko se calló, avergonzado por su actitud.

- No te preocupes, lo entiendo, y en este momento, la prioridad es encontrarlos y ayudarlos a rescatarla. Andando.

Pasaron por encima de varios hombres noqueados hasta llegar a las escaleras para subir al siguiente piso, sin imaginar que se toparían con sus amigos y Megumi más pronto de lo que pensaban.

.