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Los ecos de los gritos de sus víctimas sonaban intensamente entre los muros del túnel que conectaba su habitación a los calabozos, cada vez más intensos conforme bajaban. Takuhiro descendía con prisa, ansioso por traer de vuelta a Megumi y llevársela lejos antes de que aquellos entrometidos pudieran hacer algo.

Llegaron al final del camino, y Megumi al notar la tenue luz que se acercaba, no pudo evitar sentir un gran vuelco en el estómago y una tristeza inmensa apoderarse de ella.

- ¡Rápido! ¡Sal! ¡Sal! ¡Tenemos que irnos de inmediato!

- ¿Qué? Pero… ¿Qué ocurre? – Preguntó confundida.

- ¡No hay tiempo para explicaciones, tenemos que irnos!

Los hombres de Takuhiro rápidamente la tomaron por los brazos y la sacaron de su celda, provocando que los gritos y lamentos de los demás prisioneros se volvieran más intensos, como si anhelaran salir de ahí también y pidieran clemencia.

Comenzaron a subir nuevamente por el túnel por el que habían llegado, hasta la habitación de Takuhiro, y Megumi seguía sin entender nada de lo que ocurría.

- ¿Tienes…? ¿Tienes un túnel que conecta directamente a los calabozos? – Preguntó Megumi con terror.

- Mi preciosa señorita, este lugar está lleno de pasadizos. Algo que aprendí de Kanryu es que los accesos y pasadizos ocultos funcionan de manera excelente para evitar que personas desagradables puedan localizarte, y también para que puedas escapar de manera eficiente… Creo que es obvio que eso resulta muy bien. ¡Vámonos!

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- ¡Maldita sea Kenshin! ¡Este sujeto tiene casi todo un ejército aquí! – Exclamó Sano con furia mientras conectaba fuertes golpes en el estómago de cada guardia que se acercaba.

- Lo sé. La cantidad de guardias es impresionante… - Afirmó mientras se abría camino con su espada – Sanosuke, yo me encargaré del resto, tú sólo avanza hasta la habitación de Takuhiro y busca a la señorita Megumi.

- Pero… Kenshin…

- Hazlo, la señorita Kaoru y Yahiko no deben tardar en subir y entonces tendré su apoyo, pero la señorita Megumi se encuentra sola – Respondió firmemente, continuando con los ataques y desarmando a los guardias.

Sanosuke lo miró preocupado, pero finalmente asintió y comenzó a avanzar entre la multitud de hombres que no perdían oportunidad de atacarlo.

Sus habilidades marciales eran impresionantes y la fuerza de sus puños prácticamente incomparables. Cada vez que un guardia se acercaba para atacar, Sanosuke lo derrotaba con tanta facilidad que comenzaba a resultarle aburrido, la única parte que de verdad lo frustraba era ver cómo iban apareciendo uno tras otro, como ratas saliendo de una alcantarilla; faltaba poco para llegar a las escaleras y subir a donde se encontraba el cuarto de Takuiro, así que no quiso perder más tiempo, gritó con furia a la vez que daba un gran salto, y al aterrizar, el golpe que conectó con el suelo hizo que éste retumbara con fuerza y se quebrara, desestabilizando a los soldados que estaban ahí y permitiendo que Sanosuke pudiera avanzar sin más contratiempos.

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Takuhiro, sus hombres y Megumi salieron apresuradamente de la habitación, y comenzaron a correr por el pasillo, encaminándose hacia una salida oculta de la cual sólo él tenía conocimiento; estaba seguro de que lograría escapar con éxito y evitar que los entrometidos amigos de Megumi pudieran hacer algo al respecto, pero entonces un estrépito lo sacó de sus pensamientos y giró para poder ver qué lo había ocasionado. Fue entonces que los ojos de Megumi se encontraron con los de Sanosuke, quien ya estaba a la mitad de la escalera y con al menos diez hombres tirados en el piso a su alrededor.

Megumi inmediatamente sintió cómo el alma le regresaba al cuerpo, Sanosuke estaba ahí, a sólo un piso de distancia, mirándola a ella y a Takuhiro con esos ojos determinados que conocía tan bien.

- ¡Maldito entrometido! ¡Tú y tus tontos amigos no tienen ni idea de con quién se han metido! ¡Soy invencible! ¡Jamás podrán salir de aquí con vida! – Takuhiro se dirigió a Megumi y susurró – Jamás podrán salvarte.

- ¡Eso está por verse, desgraciado! – Gritó Sanosuke con fuerza.

Takuhiro soltó una carcajada retadora y echó a correr nuevamente, seguido de sus dos hombres, quienes arrastraban a Megumi.

- ¡Suéltenme! ¡No! ¡Sanosukeeee!

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El grito de Megumi fue desgarrador, y tan fuerte que también Kaoru, Yahiko y Kiyomi pudieron escucharlo.

- ¡Kaoru! – Gritó Yahiko

- Sí, también lo escuché, ¡Vamos!

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Los tres pisos de la mansión estaban casi cubiertos por integrantes del equipo. Sanosuke a la mitad de las escaleras para llegar al tercer nivel, Kenshin en el segundo y Kaoru, Yahiko y Kiyomi subían por otras escaleras para reunirse con él, que ya se había encargado de todos los soldados en ese piso.

- ¡Kenshin!

- Señorita Kaoru, también la escuché. Sanosuke ya se encuentra en camino, debemos darnos prisa y alcanzarlo.

Corrieron apresuradamente para darle alcance a Sano y a Takuhiro, estaban ya tan cerca que no podían permitirse cometer ningún error. Entonces Kenshin se percató de la presencia de Kiyomi, lo cual lo dejó desconcertado.

- Señorita Kiyomi, ¿Qué hace aquí? ¿Cómo nos encontró?

Kiyomi suspiró – No fue sencillo, pero fue gracias a los comerciantes del pueblo. Rescatemos a Megumi y les contaré la historia.

- Entendido.

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- ¡Detente! ¡Detente infeliz! ¡Suéltenla!

Takuhiro y sus hombres continuaban corriendo por el largo pasillo, pero entonces, se detuvieron repentinamente a escasos metros de Sano, y en ese momento, aquel hombre detestable esbozó una sonrisa burlona.

- Bien, si es lo que deseas, aquí estamos… Es hora de comenzar el show.

Si bien la mansión aparentaba tener una arquitectura simple, como un cuadrado o rectángulo enorme con un tragaluz y jardín justo en el centro de todo, la distribución en el interior era muy peculiar. La cantidad de corredores, puertas, habitaciones y la ubicación de las escaleras era verdaderamente confusa ya que éstas siempre estaban a los extremos de los pasillos y debajo de estos pasillos, a veces había alguna habitación, o un salón, otro corredor o un simple muro.

Desde su perspectiva al correr por ahí, Sanosuke sólo había visto un muro debajo del corredor por donde llevaban a Megumi, lo cual le parecía raro, pero estando ya en el mismo nivel que ellos y a sólo unos metros de distancia, eso le parecía una preocupación menor, su enojo era enorme y sólo quería llegar a ella lo más pronto posible y darle una lección a ese miserable.

Estaba tan concentrado, con la mirada fija en su enemigo, que cuando el suelo se abrió bajo sus pies, ya era demasiado tarde, cayó en un gran abismo, escuchando únicamente a Megumi gritar con desesperación mientras él, con grandes ojos abiertos, comenzó a ver la luz alejarse cada vez más hasta sumirse en una gran oscuridad.

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- Kiyomi escucha, sobre lo de anoche yo… quería hablar contigo.

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- Sé qué quieres decirme, y lo entiendo. No debí hacerlo, por favor perdona mi atrevimiento.

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¿Qué?

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- ¿L- lo sabes?

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- Seguro. Sanosuke, soy una kunoichi, pero eso no significa que mi corazón sea frío y despiadado. Tu… Amas a otra persona… Y mi interés por ti era tanto que no pude percatarme de eso antes.

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- Escucha Kiyomi, yo… me he dado cuenta de muchas cosas durante este viaje… Mis sentimientos habían sido bastante complicados, pero… finalmente he podido ponerlos en orden, finalmente he podido aceptarlos y en verdad lamento no poder corresponder a los tuyos.

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- Por favor, no te disculpes. Sólo… asegúrate de ser feliz.

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- Lo haré, Kiyomi…

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- Salva a Megumi.

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- ¡Agh! ¡Megumi! – Gritó Sanosuke al despertar abruptamente.

La caída había sido grande, y al tomarlo por sorpresa, ni siquiera tuvo oportunidad de actuar, por lo que se había golpeado la cabeza y quedó noqueado por unos minutos.

Se encontraba ahora en una especie de trampa, una especie de explanada rectangular con altos muros de roca. Parecía una arena de duelo rudimentaria, ya que hasta arriba de los muros se podían vislumbrar varias antorchas que iluminaban el lugar y le recordaba mucho al sitio donde tuvo su última pelea con Anji mucho tiempo atrás. Recorría los muros en busca de alguna salida o resquicio que le permitiera trepar por ellos y salir, pero no lograba encontrar nada.

Su sorpresa fue enorme cuando mirando hacia arriba, las grandes siluetas de 4 personas comenzaron a volverse más pequeñas hasta que, justo en el borde del muro, Takuhiro junto con Megumi y los dos hombres que la sostenían se asomaron.

- ¿¡Qué es este lugar!? – Preguntó Sanosuke con furia.

- Oh es… podría decirse que tu tumba jajajajaja.

- ¡Eres un maldito! ¡En cuanto suba vas a desear no haber nacido ni haberte metido con Megumi!

- Oh por favor, no me hagas reír ¿Qué clase de anfitrión sería yo si no ofrezco un buen show de despedida? Tu vida acaba de terminar aquí, mis onmitsu se encargarán de ti ¡Jajajaja!

Los ojos de Takuhiro brillaron con malicia, y entonces Sanosuke pudo ver por el rabillo del ojo una sombra cruzar velozmente de una de las orillas de la arena hasta donde se encontraba él y un fuerte golpe en su estómago lo hiso perder el aliento.

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