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- ¡No puede ser! No pude ver en cuál habitación se metió y no tenemos tiempo para buscar la manera de abrir esta trampa del piso – Se quejó Kaoru

- Entonces simplemente tendremos que usar la fuerza bruta… - Comentó Kiyomi

- Te refieres a… ¿Quebrar esta trampa? – Preguntó Kaoru confundida.

- ¡De acuerdo! ¡Hagámoslo! – Dijo Yahiko con entusiasmo. Estaba a punto de soltar un fuerte golpe con su espada cuando Kenshin lo interrumpió.

- ¡Espera Yahiko! – Yahiko lo miró confundido – Takuhiro comentó que el espectáculo estaba por comenzar… Estoy seguro de que se dirigió al mismo sitio a donde envió a Sano… - Hizo una pausa para pensar más detenidamente – Sanosuke es fuerte, y estoy seguro de que buscará la forma de salir del problema, pero nosotros no estamos seguros de lo que pueda ocurrir si destruimos esta trampa, será mejor que entremos a las habitaciones continuas, seguramente con la prisa que tenían dejaron la puerta y el sitio por donde escaparon al descubierto, no me parece que hayan tenido más precaución.

Todos asintieron y se dirigieron a la habitación que estaba a escasos metros de la trampa, entraron con cuidado y rápidamente comenzaron a recorrerla buscando algún pasadizo oculto. Nada. Salieron nuevamente y de inmediato entraron en la habitación siguiente, donde tuvieron muchísimo más éxito.

- ¡Bien! ¡Ahí está la entrada! ¿O es salida? – Exclamó Yahiko confundido.

- Vamos a averiguarlo – Puntualizó Kenshin.

Los cuatro se adentraron en un oscuro túnel en descenso, esperando dar con el lugar a donde su amigo había caído.

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Sanosuke tocaba su abdomen con dolor a la vez que giraba en busca de su atacante. Era un hombre casi tan alto como él, usaba ropa similar a la de un karateka, pero era toda de color negro. Sus ojos eran pequeños y fríos y su cabello lacio y corto.

- Maldito… ¿Quién eres tú? – Preguntó jadeando.

- Qué importa… Tu eres Sansa ¿cierto? Un vil mercenario… como yo.

Sano se sorprendió al escuchar esas palabras. No creía que pudiera toparse con alguien que conociera su antiguo nombre a estas alturas, pero ahora que su vida era diferente, detestaba y repudiaba que lo llamaran así.

- Hace mucho tiempo que dejé de usar ese nombre.

- ¡Ja! Sigues siendo un asesino. Tus manos cargan con la vida de cientos de hombres.

- He tomado un camino diferente, me he redimido – Dijo mientras se enderezaba nuevamente, recuperado del golpe – Pero si tengo que acabar contigo para salvar a Megumi, no me importará cargar con una vida más en mis manos.

Después de eso, Sanosuke corrió rápidamente para atacar a aquel hombre misterioso. Trataba de conectar golpes en su cara, en su estómago, pero las habilidades de su oponente eran increíbles, lograba esquivar cada uno de ellos.

- ¡Jajajaja! Creo que estás fuera de forma, esperaba un combate más interesante – Exclamó el tipo.

- ¡Cállate! ¡Ahora verás!

Sanosuke dio un salto para apartarse y al momento de aterrizar, utilizó de nuevo su técnica del Futae no kiwami para romper el piso y desestabilizar al hombre, sin embargo, esto no resultó; el suelo en efecto, sufrió una enorme cuarteadura, pero su oponente logró saltar en el momento justo para evitar la sacudida y al aterrizar, dio un fuerte golpe en el rostro de Sanosuke, que lo derribó.

- ¿De verdad esa es tu gran técnica? Esto es demasiado aburrido…

- ¡Deja de parlotear y acaba con el tipo de una vez! – Gritó Takuhiro desde arriba.

Megumi contemplaba con horror la escena. Sanosuke estaba siendo golpeado terriblemente por aquel tipo, y si bien lograba esquivar muchos de esos golpes, otros tantos ya habían dejado en él varias marcas en su rostro, estómago, y lo que le preocupaba más, su puño derecho.

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Si Sanosuke continúa así… su mano derecha no tendrá remedio…

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El hombre de ropa negra estaba encantado con la pelea, parecía un sádico, disfrutaba tanto ver cómo pequeñas gotas de sangre salpicaban su cara cada vez que sus puños golpeaban la cara de Sano. Reía sin control a la vez que tiraba puñetazos y patadas hacia su abdomen, hacia sus piernas.

- ¡Vamos! ¡Estás hecho un harapo! No deseo acabar contigo de una manera tan sencilla ¡Pelea! Creo que ya no queda nada de el gran Sansa…

Sanosuke sitió un enojo incontenible al ser llamado nuevamente por aquel nombre, en verdad detestaba recordar las cosas atroces que había hecho en el pasado.

- ¡Deja de llamarme así! – Gritó con furia, y entonces logró tomar la muñeca del tipo para desviar el golpe que estaba a punto de recibir, levantó la pierna y con su rodilla atinó un fuerte golpe en la barbilla del sujeto, haciendo que cayera de espaldas.

El tipo se incorporó, sorprendido y le dedicó una torcida y burlona sonrisa.

- Ja… al fin se pone interesante…

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Kenshin y compañía bajaban apresuradamente por las escaleras oscuras hasta llegar a donde la luz de las antorchas iluminaba una especie de arena de duelo. Estaban confundidos, definitivamente la mansión había sido planeada y construida por un demente.

Al llegar al final, pudieron ver a Takuhiro y sus hombres junto con Megumi en el extremo contrario, y entonces, Kiyomi se dio cuenta de algo que le dejó helada. De un lado se encontraba Sanosuke mal herido, y del otro lado, su oponente…

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Isao…

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- ¡Sanosuke! – Gritó con fuerza y todos los que se encontraban ahí voltearon a verla.

Takuhiro miró molesto al grupo, no creyó que lo encontrarían tan rápido, pero rápidamente recordó que había tenido el descuido de no cerrar el pasadizo a la arena, así que no había más remedio, también tendría que acabar con ellos ahí mismo.

- Oh, veo que tu tonto equipo de amigos logró llegar hasta aquí – Comentó – Bueno, continúen, no queremos que se pierdan de este agradable espectáculo, después de todo, tan pronto acabes con este sujeto, te ordeno que acabes con ellos también.

Sanosuke estaba verdaderamente molesto al escuchar esto, pero también sorprendido de ver ahí a Kiyomi, e intrigado al ver su cara llena de terror.

- ¡Escúchame bien Sanosuke! – Gritó con fuerza la chica – ¡Ese hombre con el que te enfrentas no es de tomarse a la ligera, tienes que pelear con todas tus fuerzas y sobrevivir! ¡No dudará en asesinarte!

El hombre que lo enfrentaba la reconoció de inmediato.

- Pero si eres tú, Kiyomi… - Dijo con un ligero tono sorprendido – Nunca creí que nuestros caminos volverían a cruzarse…

El equipo de Kenshin y compañía se extrañaron bastante al escuchar al sujeto decir el nombre de Kiyomi, y considerando las circunstancias, inmediatamente se pusieron en guardia. Todo era demasiado extraño y sospechoso.

- Muy bien, dinos inmediatamente cómo es que el sujeto que está peleando con Sanosuke te conoce – Exclamó Yahiko, quien se encontraba listo para tomar su espada y pelear.

- Kiyomi… ¿Hay algo que nos estás ocultando? – Pregunto con seriedad Kaoru.

Kenshin sólo esperó a recibir una respuesta, tan serio como Kaoru.

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- ¡Basta ya! ¡Este no es el lugar ni el momento para estar platicando! ¡Tú, idiota! ¡Acaba de una vez tu trabajo! – Explotó en cólera Takuhiro.

- ¡Cierra la boca! – Interrumpió el oponente de Sano – Claro que me encargaré rápidamente de todos… Pero Kiyomi y yo no nos hemos visto en tanto tiempo…

Takuhiro, Megumi y sus secuaces estaban sorprendidos ante las palabras de este hombre, no podían creer el modo en el que le había hablado, pero Takuhiro sabía que no era momento de hacer nada; él mismo le temía, después de todo, él mismo lo había buscado y contratado.

A la vez, Kenshin y compañía esperaban por una respuesta de Kiyomi, quien, frustrada, no tuvo más remedio que contar la historia.

- Por favor… No quiero que su perspectiva hacia mí cambie… Todo lo que les he contado es cierto, pero… hay una parte que preferí callar.

- Aún después de tanto tiempo… ¡Jajajaja! ¡Sabía que eras un eslabón débil! ¡Patética! – Le espetó aquel tipo, interrumpiéndola.

- ¡No te refieras así a ella! – Gritó Sanosuke, que rápidamente corrió a atacarlo.

- Oh por favor, no me digas que has caído bajo su hechizo ¡Jajajaja! ¡Eres igual de patético!

La pelea se retomó, Sanosuke estaba molesto, no permitiría que nadie insultara a sus amigos, y si bien Kiyomi tenía cosas que explicar, había sido de mucha ayuda anteriormente y había sido sincera con él. Como ex mercenario, entendía que hubiera cosas que ella prefiriera mantener en secreto, pero no parecía alguien capaz de traicionar.

- Eres tan inocente – Continuó el tipo – Permítanme ponerlos en contexto…

- ¡Calla Isao! – Gritó Kiyomi. Él se detuvo, alejándose de Sanosuke – Sí, si conozco a este hombre. Su nombre es Isao, ambos pertenecíamos al mismo clan de ninjas…

Repentinamente empezaron a brotar lágrimas de los ojos de Kiyomi, e Isao, no perdió tiempo en burlarse de ella, lo que hizo que Sanosuke le soltara un fuerte puñetazo en la cara. Isao comenzó a reír, miró a Sano y rápidamente devolvió el golpe.

- De verdad, no sabes lo que haces ni a quién defiendes – Continuó, a la vez que soltaba golpes y patadas contra Sano – En efecto, ambos pertenecíamos al mismo clan, acabamos con mucha gente y clanes enemigos, y bueno, teníamos tanto potencial… Yo deseaba más desde luego, deseaba el liderazgo, nuestro jefe y líder era un pobre diablo, un inútil.

Sanosuke no bajaba la guardia, continuaba esquivando, bloqueando, intentando conectar golpes, su defensa era casi inútil contra los golpes de Isao, pero estaba logrando mantenerse en un buen nivel a pesar de todo, y a la vez, escuchaba atento, igual que todos los testigos en ese lugar.

- Finalmente terminamos nuestro plan, era bastante sencillo. Todos estaban dispuestos a seguirnos… Kiyomi es muy buena persuadiendo a la gente, ¿Verdad? – Miró sarcásticamente a Kiyomi, quién lo miraba a su vez, furiosa, aún con lágrimas en los ojos – Así que la noche de nuestra rebelión finalmente llegó, y deshacernos de nuestro jefe fue una tarea de lo más simple.

- ¡Basta! ¡Calla de una vez! – Gritó de nuevo Kiyomi, llorando – Isao es un monstruo, no importa cuántas veces le supliqué que se detuviera… Acabó con la vida de nuestro líder de una manera tan cruel, tan brutal… Yo en verdad creí que al volverse nuestro nuevo líder las cosas serían diferentes, pero él sólo deseaba poder, saquear aldeas, ir más allá… No pude… No pude más con eso y decidí apartarme, me volví una nukenin, una ninja desterrada de su clan por traición… Irónico.

Todos miraban llenos de sorpresa a Kiyomi, aquella parte de su pasado los había dejado perplejos, no creían que pudiese haber estado involucrada en un asunto como aquel.

Isao inmediatamente notó esta situación y aprovechó la sorpresa y distracción de todos para atacar a Sanosuke. Megumi, quien estaba totalmente fuera de contexto, sin entender quién era aquella chica, por qué todos la conocían y porqué Sanosuke estaba defendiéndola, devolvió su vista a la arena de duelo, para saber qué cara tenía Sano ante la confesión de esa historia; y entonces, quedó helada, algo brillante cruzó con una velocidad impresionante la distancia entre ese tipo Isao y Sanosuke, un brillo metálico.

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- ¡Sanosukeee!

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Sano volteó rápidamente al escuchar a Megumi, y de inmediato sintió algo filoso y puntiagudo clavarse en su estómago, a la vez que algo tibio mojar sus vendajes. Isao sonrió sádicamente y sacó el kunai que había clavado, mirando directamente a los ojos abiertos y sorprendidos de Sanosuke.

Takuhiro sonreía con malicia, miraba con deleite la escena y estaba fascinado con la cara de los amigos de Sano. Megumi por su parte, estaba aterrada, como médico sabía que el sitio donde había atacado no era del todo letal, suponía que ese sujeto, Isao, sólo quería causar dolor, pero también había una gran posibilidad de que la herida fuera profunda y por lo tanto, peligrosa.

Todos los demás estaban asustados y perplejos, preocupados al ver esa mancha en el abdomen de Sano. Kaoru cubría su boca con las manos, angustiada, a la vez que Yahiko y Kenshin miraban furiosos cómo Isao sonreía tras ese ataque sorpresa.

- ¡Kenshin! – Gritó Yahiko indignado.

- ¡Lo sé!

Ambos estaban dispuestos a ir a ayudar y verificar que Sanosuke estuviera bien, pero él rápidamente los detuvo.

- ¡Alto! No se acerquen – Dijo mientras observaba la sangre en su mano – Esta es mi pelea… Vine aquí por Megumi… Voy a salvar a Megumi, y me encargaré de que tú pagues caro lo que le han hecho.

Su mirada furiosa y retadora borró de inmediato la sonrisa de Takuhiro, mientras Megumi lo miraba sorprendida, con un ligero sonrojo en sus mejillas.

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