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Parecía que la hemorragia se había detenido, pero el dolor que sentía Sano era bastante agudo. Sus amigos miraban con impotencia como, siendo el mismo hombre terco de siempre, estaba dispuesto a seguir peleando a pesar de la herida.
Kenshin era quien comprendía mejor ese sentido de lucha, y al ser quien había podido conversar con él sobre sus sentimientos respecto a Megumi, entendía aún más el por qué esa determinación. Estaba en lo cierto, era su lucha, no la de ellos, sin embargo, si las cosas se ponían más complicadas aún, no habría más remedio que intervenir.
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- ¡Sanosuke! – Gritó Megumi preocupada.
Él volteó a mirarla, su rostro estaba lleno de angustia, una angustia y preocupación que jamás había visto antes. Encontrarla en ese estado, siendo sujetada por aquel hombre enorme y parada a un lado de Takuhiro avivaba más su deseo de terminar rápido con Isao y encargarse de ese otro hombre tan detestable. Debía ser rápido, pero también, tener cuidado, la herida le molestaba mucho.
- Descuida, en un momento acabaré con este sujeto y podré encargarme de ese otro tipo. Pronto estaré contigo y podremos irnos – Le dijo a Megumi a la vez que guiñaba y sonreía.
Megumi estaba acostumbrada a la terquedad de Sanosuke, después de todo, eran muy frecuentes sus visitas para que atendiera sus heridas y su puño derecho en especial, pero, esta vez era diferente, sentía el enorme deseo de que la pelea terminara lo antes posible y pudiera reunirse con él de nuevo. Toda esta situación y los días que estuvo cautiva la hicieron reflexionar sobre sus sentimientos también, y cuando armó el plan de escape, cuando tuvo que probarse el vestido de novia, lo único que estaba en su mente era su rescate, era ella atendiendo las heridas de Sano, como siempre; regañándolo por ponerse en peligro, por llevar su cuerpo al límite, pero también, agradecida por haberla salvado.
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Seré más amable, seré más agradable cuando volvamos a estar juntos… Lo prometo.
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Inevitablemente, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, sorprendiéndola. Takuhiro notó esto y, molesto, se sorprendió también.
- ¡Por favor! ¿De verdad te preocupa este pobre diablo? – Le espetó – Sólo míralo, es un don nadie, un miserable ex mercenario. Conmigo lo tienes todo, nada va a faltarte nunca, siempre serás atendida por las mejores cocineras, te conseguiré una dama de compañía que de verdad sea eficiente…
- ¡Cállate maldito! – Gritó Sanosuke con fuerza – El amor no se demuestra dando sólo cosas materiales, sirvientes y una mansión en medio del bosque, y tú lo que sientes no es amor ¡Lo que tú tienes es una obsesión enfermiza por Megumi!
Takuhiro estalló en ira, no permitiría que alguien de tan bajo nivel le hablara de esa forma.
- Maldito… ¡Rápido! ¿¡Qué estás esperando!? ¡Acaba de una vez con este tipo! ¡No te pago para que te quedes mirando! ¡Deja de ser un inútil y termina tu trabajo de una maldita vez! – Gritó enfadado hacia Isao.
Otro rápido destello cruzó la arena de duelo y pasó cerca, muy cerca de la mejilla de Takuhiro. Pequeños cabellos cayeron a su lado, y el kunai que Isao había lanzado, quedó clavado en la pared a su espalda, dejándolo perplejo.
- Cállate de una vez y déjame divertirme – Le replicó con una seriedad aterradora – Bien, en efecto, ha sido mucha charla, continuemos con esto.
Isao corrió con tres kunais más entre sus dedos, listo y dispuesto a provocarle más heridas a Sanosuke, quien rápidamente esquivó el ataque y devolvió un golpe en la espalda del onmitsu. Isao sintió el golpe y por reflejo giró, aun empuñando los tres kunais, y, con su brazo extendido, logró hacer tres cortes en la mejilla izquierda de Sano.
Sanosuke se hiso hacia atrás, por lo que los cortes fueron sólo superficiales, pero comenzaba a molestarle el hecho de tener tanto daño y que Isao permaneciera casi intacto. El corte en su abdomen comenzaba a sangrar de nuevo y sentía que el tiempo se le acababa.
- ¿Cuántos cortes más necesito para que te derrumbes y seas sólo tejido sangrante? Jajajaja
Sanosuke resopló y sonrió sarcásticamente – Ja… Lo que necesitas es suerte.
Corrieron nuevamente decididos a derribar el uno al otro, chocaron sus brazos bloqueando los golpes, Sano tenía especial cuidado en proteger la parte del corte, sabía que era su punto débil en ese momento, y después de escuchar el relato y la advertencia de Kiyomi, sabía también que Isao no perdería oportunidad en atacar ese sitio tan vulnerable.
Lanzaba patadas, saltaba y bloqueaba, Kenshin y el resto miraban con atención, mientras que Kaoru y Kiyomi estaban preocupadas al ver como las gotas de sangre dibujaban sus movimientos conforme atacaba. Kaoru lo había descifrado, Sanosuke estaba enfocándose en esquivar y hacer ataques a distancia; sus piernas le permitían atacar sin tener que acercarse tanto y arriesgarse a ser tocado en la herida, sin embargo, Isao era muy bueno y ágil, y lograba esquivar cada una de las patadas, mantenía los kunais entre sus dedos y Sanosuke hacía lo posible por evitarlos.
- Deja de evitar lo que todos sabemos que sucederá. Sólo es cuestión de tiempo para que tu cuerpo alcance su límite – Comentó Isao mientras atacaba – La herida en tu abdomen podrá no parecer cosa seria pero, pierdes sangre, Sansa…
- ¡Te dije que no me llamaras así! – Gritó con rabia Sanosuke al momento de lanzar una fuerte patada contra la cara de Isao.
La patada logró conectar y derribarlo, y tuvo tanta fuerza que lo hizo deslizarse algunos metros lejos de Sanosuke, quien no perdió tiempo y corrió para continuar atacando. Isao estaba sorprendido, incluso había comenzado a brotar sangre de su labio, lo que lo molestó bastante, así que se levantó dispuesto a atacar, esta vez, sin contenerse.
Sanosuke llegó en cuestión de un segundo a su lado y velozmente soltó un puñetazo en el estómago de Isao, quien apenas se incorporaba nuevamente.
- ¿¡Te parece mejor si peleo de esta forma!? – Le espetó con furia mientras Isao de nuevo se doblaba al recibir el golpe.
Esta vez Sanosuke tampoco sería suave, quería medir la fuerza de su oponente y ahora que estaba completamente seguro de que las palabras de Kiyomi eran en serio, y que Isao no se contendría para acabar con su vida, las cosas tomaban un tono más oscuro. Si quería salvar a Megumi, debía pelear con todas sus fuerzas.
La pelea se había retomado, Isao había perdido los kunais que llevaba anteriormente, pero eso no significaba que se había quedado sin armas, en el momento en que Sano estaba a punto de conectar otra patada, rápidamente lazó dos shuriken hacia su pecho y hacia su herida. Sanosuke sintió el impacto y no pudo evitar llevarse las manos hacia su abdomen, dejándolo desprotegido sólo por unos segundos, pero segundos que Isao aprovechó para darle un fuerte golpe en la mejilla y uno más en el lado opuesto al de la herida.
Todos observaban con desesperación, Kenshin de verdad deseaba mantenerse al margen, pero sabía que aquel nuevo ataque en el abdomen de Sano lo dejaría aún más vulnerable. Kaoru, Kiyomi y Yahiko estaban aterrados y se sentían totalmente impotentes ante la situación.
Takuhiro por su parte, se regocijaba al ver cómo Sanosuke sangraba y perdía sus fuerzas, mientras que Isao no se contenía en absoluto con sus golpes. Megumi era quien ya no soportaba más esa situación, sabía mejor que nadie que Sanosuke no lograría acabar con su oponente, al menos no con un doble ataque en la herida que ya sangraba bastante de nuevo. Estaba desesperada, sujetada por aquel hombre enorme y sin poder acudir a atender las heridas, a revisarlo; si seguía así él no lo lograría, él finalmente…
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- ¡Sanosuke!
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El grito de Megumi retumbó en todo el lugar con tanta fuerza, y fue tan desgarrador, que todos voltearon a mirarla, creyendo que algo malo había sucedido.
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- ¡Aléjate! ¡Retírate! ¡Detente por favor! – La lagrimas se deslizaban por sus mejillas sin contenerse – ¡Ya basta! ¡Si continúas así tu cuerpo no lo resistirá más! No quiero que nadie más se exponga por mi causa, no quiero seguir causando más problemas para ustedes…
- ¡Sólo calla y escúchame bien! – Le gritó Sanosuke – Si aquel pasado te sigue atormentado aún ahora, yo voy a encargarme de que nunca tengas que pasar por esa angustia tu sola. ¡No me importa si te parece una buena idea o no, estoy decidido a protegerte!
Un silencio breve que se traducía como la sorpresa de todos, se apoderó del lugar, pero fue rápidamente interrumpido por una serie de aplausos fuertes y pausados. Takuhiro sonreía y aplaudía con sarcasmo mientras miraba a Sanosuke.
- Bien, muy bien… Debo decir que ese fue un momento bastante conmovedor… Pero dime, ¿Acaso no lo entiendes? ¡Deberías rendirte de una buena vez! Jajajajaja ¡Tú no tienes ninguna oportunidad! ¡Van a acabar contigo y yo me quedaré con esta preciosa señorita! – Isao rio con malicia al tiempo que sujetaba el rostro de Megumi y la giraba hacia el suyo.
- ¡Eso jamás! – Exclamo Sanosuke con la mirada gacha mientras observaba sus puños sangrantes – El amor no puede forzarse, no puedes forzar a nadie a quedarse contigo sólo porque vives en un eterno capricho… - Sanosuke se irguió por completo y clavó sus ojos en los de Takuhiro – Perdí a mi clan hace tiempo, que era como mi familia; conocí el amor una vez, puedo diferenciar entre un sentimiento puro y una obsesión enfermiza, pero aquella persona importante murió en mis manos, asesinada por un traidor y ahora… ¡Definitivamente no voy a perderla a ella tampoco!
Megumi se encontraba perpleja ante las palabras de Sanosuke ¿En verdad era él la misma persona fría y despreocupada a la que tantas veces llamó "cabeza de chorlito"? Estaba completamente sorprendida, pero rápidamente, el grito de lucha de Sano la sacó de sus pensamientos y la regresó de vuelta a la arena de duelo.
Sanosuke había dado otro salto impresionante y aterrizó utilizando de nuevo su Futae no kiwami, haciendo una nueva fractura en el suelo, sin embargo, Isao había logrado esquivar el ataque y el momento en que el suelo se abrió, aterrizando lejos.
- ¿Acaso no puedes entender que ese absurdo ataque no funcionará? Jajajaja…
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Mi ataque no está enfocado en causarte daño… Si logro dejar el terreno lo suficientemente inestable como para que no puedas continuar corriendo y esquivando con tanta facilidad, tendré ese punto a mi favor…
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Sano continuada utilizando su ataque en diferentes puntos de la arena, mientras que todos los demás no comprendían qué sucedía. Megumi sabía que ese ataque sería el fin de su puño derecho si continuaba de ese modo; Kenshin se encontraba intrigado, analizando, al igual que Kaoru, quien no perdía de vista los movimientos de Sanosuke.
- Kenshin ¿qué…? – Cuestionó Yahiko sin comprender nada.
- Sanosuke está preparando el terreno de la arena – Puntualizó Kaoru.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres?
- La señorita Kaoru tiene razón, los ataques de Sanosuke no están dirigidos hacia Isao, él lo que hace es dejar la superficie del terreno inestable para que su velocidad se vea afectada.
- ¿Pero eso no perjudicará también a Sano?
- Es un arma de doble filo, sin embargo no olvides que Sanosuke está acostumbrado a luchar en terrenos difíciles… - Comentó Kaoru pensativa.
- Y nosotros como ninjas, si bien estamos entrenados para cumplir misiones difíciles, nuestro combate se apoya demasiado en las cosas que tenemos a nuestro alcance para darnos una ventaja, como muros, árboles… Un terreno inestable, en efecto, nos hace perder velocidad, nuestro equilibrio se ve afectado, y por eso mismo, nuestra efectividad al atacar – Finalizó Kiyomi.
- Ya veo… ¡Sanosuke, podrás ser un cabeza hueca a veces, pero tus habilidades e ingenio me sorprenden! – Exclamó Yahiko sorprendido.
Por su parte, Isao comenzaba a tener problemas al esquivar las fisuras en el suelo, los pedazos de roca que quedaban hacían que sus aterrizajes fueran más complicados de lograr e iba perdiendo terreno firme para apoyarse.
- Maldito… ¡Eres un maldito! – Gritó furioso
- Oh vamos, ¿Acaso no eres el mejor de los ninjas? ¡Esto no debería ser un problema para ti! – Respondió Sano con su característica sonrisa burlona.
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Mi puño… En verdad me está molestando… ¡Resiste! ¡Sólo un poco más!
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Con un salto más, Sanosuke depositó su fuerza en ese último golpe y finalmente logró destruir todo el terreno en donde se encontraban luchando, sin embargo, la sensación y el sonido de algo rompiéndose llamó de inmediato su atención, su puño estaba destrozado.
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