.

La escena era horrible, había dos personas gravemente heridas tiradas en un suelo hecho añicos, una de ellas, alguien totalmente desconocido, la otra, Sanosuke. Junto a él se encontraba Megumi revisando sus heridas, principalmente su brazo derecho, parecía que donde debería estar su puño, ahora había una gran masa sanguinolenta.

Noriko estaba en extremo confundida, pero al notar esta circunstancia, decidió avanzar más y llegar hasta donde estaban su amigo y su maestra, sin embargo, con frustración vio cómo los hombres de Takuhiro se le adelantaron.

.

- ¡De prisa! ¡Vayan por ella! – Gritó Takuhiro con furia - ¡No me interesa ya ese desperdicio de humano, tráiganla a ella y vámonos!

Rápidamente los hombres de Takuhiro bajaron a la arena de duelo y la tomaron nuevamente por los brazos, mientras que ella luchaba, tratando de liberarse.

- ¡Basta! ¡Suéltenme! – Gritó desesperada.

- ¡Déjenla! – Gritó a la par Sanosuke, lo más fuerte que le permitía su maltratado cuerpo.

Era tarde, aquellos hombres habían logrado someterla, dieron una fuerte patada al costado malherido del luchador y la llevaron de vuelta con Takuhiro.

- ¡Vámonos! ¡Esos tontos no podrán alcanzarnos! – Giró la vista hacia el cuerpo derrotado de Isao y lo miró con absoluto desprecio. – A ese inútil déjenlo pudrirse aquí. No vale la pena el rescate, que esta sea su tumba.

El pequeño grupo corrió por uno de los pasadizos y desapareció de la vista de todos los que se encontraban allí, perplejos ante lo que había ocurrido, todo había sido tan rápido.

.

- ¡Kenshin!

- ¡Lo sé! ¡Vamos! Kaoru, Yahiko, vayan pronto con Sanosuke.

Kenshin y Kiyomi tomaron rápidamente acción y corrieron tras el grupo de prófugos, saltando a la arena y cruzando velozmente hasta llegar al otro extremo. Por su parte, Kaoru y Yahiko hicieron lo mismo, tratando de llegar lo más pronto posible con Sano, quien para ese momento, se encontraba hecho un ovillo debido al golpe que recibió de aquellos hombres.

- ¡Sanosue! ¡Sanosuke! – gritó Kaoru una vez que pudo llegar con él. Las heridas en su cuerpo eran impresionantes, mucho peor de lo que podía percibir desde donde había estado viendo todo.

- ¡No puede ser! ¡Sanosuke resiste! ¡Kaoru y yo conseguiremos ayuda! – Yahiko estaba tan impresionado como Kaoru, frustrado al ver a su amigo en tan mal estado. No sabía con exactitud qué hacer, si moverlo sería una buena idea, si era mejor correr por ayuda, estaba muy confundido y la desesperación no lo dejaba pensar con claridad. Kaoru por su parte intentaba detener el sangrado de su puño y de la herida en su abdomen, pero no lograba apaciguarlo ni un poco; entonces, alguien se colocó junto a ella y comenzó a recorrer el cuerpo de Sano con sus manos.

.

- ¡N-Noriko! – Exclamó sorprendida.

- Ya sé que me dijeron que no me moviera de las cocinas, pero el tiempo pasaba y no recibía noticias de ustedes, ninguna señal o algo que me indicara que estaban bien. Veo que no me equivoqué al salir y comenzar a buscarlos… Por favor, háganse a un lado y déjenme atenderlo.

Noriko tomó uno de los extremos de la manga de su kimono y dio un tirón con fuerza, arrancando un gran pedazo de tela que rápidamente comenzó a colocar alrededor de la muñeca de Sanosuke, haciendo un torniquete. Al terminar de ajustarlo, se enfocó por completo en la herida del costado, respiró profundamente y pidió una disculpa por lo que estaba a punto de hacer.

Kaoru y Yahiko observaron con terror cómo Noriko tocó la herida de Sano y después, sin titubear, introdujo sus dedos para corroborar la profundidad de ésta. Sanosuke gritó con fuerza ante el dolor que esto le provocó.

- ¿¡Estás loca!? ¡Le duele! ¡Mira! – Yahiko estaba tremendamente asustado - ¿¡Cómo puedes hacer una cosa así!?

- ¡Silencio! – Le espetó Noriko con firmeza – Tengo que corroborar que la herida no sea demasiado profunda, de ser así, ustedes tendrán que correr y traerme ciertas cosas para poder curarlo.

Recorrió la herida con cuidado y, para su alivio, no era profunda. Tomó la parte del dobladillo de su kimono y rasgó nuevamente la tela, cortando un trozo lo suficientemente grande como para poder envolver toda el área del abdomen; sacó unas hojas de entre su ropa y las aplicó sobre la herida.

- Yahiko, ayúdame por favor, necesito envolver todo y ajustar para que las hojas no se muevan. Kaoru, presiona sobre la herida, con cuidado.

Ambos atendieron las indicaciones velozmente, siguiendo al pie de la letra lo que la pequeña enfermera les indicaba, tratando de hacer el menor daño a su amigo, quien se quejaba con cada vuelta que daba Noriko para cubrir su abdomen.

- Listo. De verdad lamento las molestias, pero era necesario aplicar los torniquetes y cesar el sangrado. Ahora, por favor, abre la boca, si tomas esto te aseguro que el dolor disminuirá.

- Wow, espera ¿Qué es lo que piensas darle? – Cuestionó Yahiko.

- Es una infusión de amapola. Tiene propiedades sedantes, pero hay que tener precaución con ella, si abusas en su consumo puede ser fatal.

- Y… ¿estás segura de esto? – Preguntó Kaoru con notable angustia.

- Por favor confíen en mí, después de todo, Megumi fue mi maestra – respondió con una tímida sonrisa.

En ese momento Sanosuke se movió ligeramente, tratando de incorporarse.

- … Adelante… Por favor. – Suplicó.

.

.

.

El pasillo por el que habían huido era más estrecho a comparación de los que habían visto anteriormente, lo que dificultaba un poco correr a través de él, así que Kenshin y Kiyomi no se explicaban cómo habían hecho para escabullirse tan rápidamente. La frustración aumentaba, Kenshin sentía un profundo enojo hacia esos sujetos y todo lo que le habían causado a su amigo y a Megumi, se sentía también molesto al pensar que no pudiesen alcanzarlos y que su promesa a Sano no pudiera cumplirse. Kiyomi por su parte, anhelaba encontrarlos y hacer justicia. Por Sanosuke, y por la gente del pueblo que había adoptado como su hogar.

- No lo entiendo, ¿Cómo pudieron desaparecer así? – Preguntó Kiyomi al aire.

- Es algo que tampoco puedo explicarme, el terreno es desigual y todo está demasiado oscuro, correr de forma tan rápida y con seguridad no es fácil. – Respondió Kenshin con seriedad.

Continuaron corriendo y comenzaron a notar la luz al final de ese estrecho túnel, una vez afuera, podrían deducir con mayor facilidad a dónde se habían dirigido Takuhiro con Megumi, o al menos, eso era lo que esperaban.

.

.

.

- ¿Sa… Sanosuke?... ¿Cómo te sientes? – Preguntó Kaoru preocupada.

Después de haber tomado un par de gotas de la infusión, Sanosuke había entrado en una especie de letargo, sus músculos se relajaron y su rostro cambió del dolor, a la serenidad.

- Creo que está bien. La infusión está comenzando a dar efecto. – Respondió Noriko.

- De acuerdo entonces… - Comenzó a decir Yahiko.

- Debemos mantenerlo en reposo para evitar que su cuerpo vuelva a fatigarse y sufra de algún colapso por el cansancio. – Se apresuró Noriko.

- N- no. – Respondió Sanosuke tajantemente. – Megumi sigue en peligro.

- ¡Pero tú no puedes hacer nada más! ¡¿No eres consciente de tu condición?! ¡Estoy seguro de que de no ser por Noriko ahora mismo estarías…!

- Yahiko – Interrumpió Sano. – Sé que no estoy en la mejor forma en este momento, pero confíen en mí, puedo mantenerme en pie, quizás no pueda pelear, pero necesito encontrarla.

Las miradas llenas de interrogantes de Kaoru y Yahiko se dirigieron de inmediato hacia Noriko, quien evidentemente se encontraba en una encrucijada. Sabía que si Sanosuke se esforzaba de más, tendría un severo colapso, pero también, como le había contado Megumi, y como ella misma había comprobado, sabía que él no aceptaría un "no" por respuesta, se empeñaría en levantarse y buscarla. Dio un largo suspiro y prosiguió.

- De acuerdo. Pero no vas a excederte.

Sanosuke resopló resignado y aceptó, mientras el resto del equipo se acomodó para poder ayudarlo a levantarse. Kaoru y Noriko al tener estaturas similares, se colocaron bajo sus brazos como apoyo, Yahiko por su parte iría al frente, cuidando el camino y tanteando el terreno. Estaban dispuestos a salir de ese sitio cuando cayeron a la cuenta de algo… O alguien, que ya no se encontraba ahí.

- No… ¿¡Dónde está!? – Preguntó Yahiko con alarma.

El resto miró hacia todas direcciones tratando de dar con el omnitsu fugitivo, sin éxito.

- Maldición… - Dijo Sanosuke para sus adentros.

.

.

.

Kenshin y Kiyomi se encontraban al fin fuera de la mansión, sus ojos ya se habían acostumbrado a la tenue luz de las antorchas y a la oscuridad de los pasillos, que el exterior les resultó terriblemente brillante, así que inmediatamente se hicieron sombra con sus manos para poder ver mejor y localizar al grupo fugitivo. No les tomó demasiado tiempo, grandes goterones de sangre formaban una línea en el piso, y, repentinamente, escucharon un fuerte grito. Preocupados, corrieron siguiendo el camino de sangre hasta que pudieron divisar a los tres hombres a unos metros de la salida, entre los árboles, pero no lograban ver a Megumi, lo que los puso aún más en alerta. Estaban ya dispuestos a atacar, cuando la localizaron, estaba en el suelo con un golpe en su pómulo. Takuhiro sangraba de un lado de su rostro, y un kunai se encontraba tirado al lado.

- ¡Eres una zorra malagradecida! ¡Después de todo lo que hice por ti! – Takuhiro gritaba con el rostro torcido en una repugnante mueca llena de odio.

Megumi estaba a punto de recibir otro golpe cuando un veloz destello cruzó frente a ella, cortando ahora la mano de Takuhiro, quien dio un alarido y rápidamente volteó en busca de la fuente del ataque.

Kiyomi y Kenshin corrieron de inmediato hacia ellos, Kenshin se colocó en posición y comenzó a luchar contra los dos guardaespaldas, mientras Kiyomi aterrizó frente a Megumi, protegiéndola. Takuhiro estaba perplejo, e iracundo, su plan había sido arruinado, ya no tenía más escapatorias, ni pasadizos u hombres que lo ayudaran a llevarse a Megumi con él, estaba acorralado.

- No… ¡No! ¡Me reúso a perder! ¡Yo soy Takuhiro Koizumi! ¡Creé un emporio desde cero! ¡Nadie, absolutamente nadie va a vencerme! Yo, siempre consigo lo que quiero…

Kenshin había logrado derribar a los dos hombres fácilmente, pero Kiyomi y Megumi miraban hacia Takuhiro con horror, la escena transcurrió como si fuera todo en cámara lenta, aquel traficante horrible giró para tenerlos a todos a la vista, buscó entre los bolsillos interiores de su traje y sacó una pistola, la cual apuntó sin titubear hacia las dos chicas. Kiyomi era rápida, pero no podría competir jamás contra un arma de fuego, los papeles se invertían, ahora ellas estaban acorraladas y Kenshin, angustiado, analizaba velozmente sus posibilidades.

- Se los dije… Yo siempre consigo lo que quiero. Perder jamás fue una opción para mí.

La cara de Takuhiro tenía estampada una torcida y macabra sonrisa, sus ojos brillaban con satisfacción, un disparo y se acababa, se llevaría a Megumi y el resto del equipo estaría acabado. Dirigió una veloz mirada a los tres, quería recordar sus expresiones por siempre, el rostro de alguien que está a punto de morir. Su sonrisa se amplificó, pasó su lengua por los labios, saboreando el momento.

- Aquí termina todo.

.

.

.

El grito parecía haber ahogado el sonido del disparo. Kiyomi y Megumi sentían las tibias gotas de sangre que habían salpicado sutilmente sus rostros, rostros llenos de terror, miedo e incertidumbre. Kenshin por su parte, había quedado petrificado en posición de ataque, perplejo.

Las dos mujeres miraron hacia atrás, siguiendo el sonido de la risa. Isao se encontraba de pie, con sus ojos aún perdidos en la locura, lucía inestable, mental y físicamente y su risa estridente mezclaba toda la escena en un escenario aterrador.

- Jajajajaja… Imbécil… Jajajaja ¡Ahí tienes tu merecido! ¡Jajajaja!

Takuhiro había caído de rodillas frente a las chicas, sus ojos estaban en blanco y la sangre continuaba rodando por su rostro, el kunai había quedado perfectamente clavado entre sus dos ojos, tan profundamente que sería muy difícil sacarlo.

Kenshin no perdió la oportunidad, sabía que Isao era peligroso, corrió de inmediato hacia él, dispuesto a noquearlo, pero se detuvo abruptamente, un considerable chorro de sangre escurría por el pecho del hombre.

- I- Isao… - Exclamó Kenshin con sorpresa.

El omnitsu se desplomó frente a él, riendo aún.

- No…

- Jajaja… Maldito Sansa… Estúpido… Takuhiro…

Kiyomi y Megumi se pusieron de pie, conmocionadas por lo que había ocurrido, a la par, los gritos de Yahiko y Kaoru las devolvieron a la realidad. Se aproximaban con cuidado, pero lo suficientemente rápido como para poder unirse al resto. Al reunirse, los cuatro rápidamente giraron su atención hacia Isao. El hombre no se movía. Megumi se acercó para tocar su yugular y saber si aún habría algo que hacer. Nada.

- Perdió demasiada sangre tras el ataque de Sanosuke, sumado el sobreesfuerzo que tuvo que hacer para llegar hasta aquí y… El disparo… Fue excesivo para su cuerpo.

Todos se miraron con seriedad, ahora sólo quedaba informar a la policía y finalmente todos, podrían volver a casa, aquella pesadilla había terminado.

.

.

.

- Así que… Se llama Kiyomi… - Preguntó Megumi con fingida indiferencia.

El resto del equipo había caminado un poco más a prisa a propósito, dejando a Sanosuke y Megumi más apartados.

- Si, ella es Kiyomi. ¿Podemos cambiar de tema? Ella ya está en su pueblo junto con tu aprendiz Noriko. – Respondió Sanosuke con un ligero fastidio. - … Por otra parte, pareciera que a ti te gusta ser capturada… - Dijo vagamente, tratando de cambiar la conversación.

– No creí que mi pasado pudiera seguir atormentándome hasta estos días… - Levantó la vista y sonrió de esa forma pícara que él ya conocía bien. – Pero saber que te tengo para cuidarme, es algo que me deja tranquila.

Sanosuke abrió los ojos con sorpresa. Megumi rio. Su risa sonaba encantadora y franca.

- ¿Sucede algo? ¿Es por lo que dije?

- N- no pasa nada, solo camina, necesito que revises mis heridas, salvarte siempre me deja golpes terribles. Continuaron un par de pasos más y agregó. – Es sólo que… Bueno, tu y yo siempre estamos peleando… Es extraño que digas algo agradable sobre mí.

- Bueno, en ese caso a mí también me sorprendió lo que dijiste allá.

Sanosuke esta vez estaba rojo hasta las orejas. Esperaba que todo hubiera quedado en palabras al aire, pero sabía que no era así. Rascó debajo de su nariz fingiendo no recordar bien, lo que pareció molestar a Megumi, quien adelantó sus pasos y continuó caminando sola. Sano la miró, y quizás fue la forma en que su mirada se había tornado triste, pero se sintió tremendamente culpable por la forma en que había actuado, caminó hasta alcanzarla y, por alguna fuerza desconocida, lo único que vino a su mente fue abrazarla. Se acercó lo suficiente y la rodeó con sus brazos; Megumi quedó sorprendida ante la repentina muestra de afecto.

- No es verdad – Dijo Sano. – Recuerdo bien lo que dije.

Megumi bajó la mirada y sonrió. El abrazo se sentía bien, era cálido y sincero. Sanosuke la soltó y giró para poder verla de frente, el golpe en su mejilla era bastante grande, lo acarició con suavidad con su pulgar.

- Me… alegra tenerte de vuelta. A salvo.

Megumi sonrió.

- Vamos, necesito curarte.

.