Capítulo 2
El nombre es lo importante
Celestia se quedó mirando atentamente al bebé, con una expresión entre sorpresa y extrañeza; guardó silencio por unos breves segundos y se acercó hasta su hermana para verlo mejor. El bebé no la quitó la vista de encima en ningún momento, y cuando la alicornio blanca se acercó un poco más, dirigió una de sus garras hacia ella.
-Vaya, parece que le has gustado…-murmuró Luna.
Celestia levantó una ceja, algo chocada, y él la imitó, riéndose por lo bajo.
-Luna…
-¿Sí?
Celestia abrió la boca para hablar, pero no dijo nada; por un momento Luna se preocupó, pensando que igual no había sido una buena idea mostrarle el bebé a su hermana tan pronto. Las dos se miraron por un momento y Celestia relajó su semblante. Justo después, habló.
-¿Cuándo y dónde lo has encontrado?
-Ayer por la noche, después de hablar contigo, en el extremo superior izquierdo de los jardines.
-¿Junto a la esquina?
-Sí.
Celestia se quedó en silencio durante unos breves segundos, Luna hizo un inciso.
-¿Sabes lo que puede ser?
-No he visto nada parecido en toda mi vida…
-Ya, bueno, yo tampoco… entonces ¿qué me dices?
La alicornio blanca suspiró, algo indecisa, y murmuró.
-No sé, Luna… no sabemos lo que es, ni si es peligroso ni nada de nada…
-Pero Tia, ¿cómo va a ser peligroso? Míralo, sólo es un bebé ¿qué daño puede hacer?
-Ya, pero ¿y si cuando crezca se vuelve peligroso?
-En ese caso yo lo educaré apropiadamente para que eso no pase… por favor, hermana, el destino me ha dado una oportunidad que no puedo dejar escapar… y yo ya me siento atada a él.
Celestia frunció el ceño, todavía con las dudas persistiéndola; aunque tenía que admitir que la criatura era bastante adorable, y nunca antes había visto a su hermana tan segura de sí misma. Observarles juntos se la hacía raro y extraño, pero a la vez sabía que sin Luna, no podría sobrevivir de ninguna otra forma. Y tampoco podía dejarle así sin más.
-Está bien… pero me gustaría saber qué tipo de criatura es, mandaré una patrulla a investigar el sitio donde lo encontraste.
-Por mí vale…
-Y… bueno, llamaré a Twilight, estoy segura de que estará encantada de realizar un trabajo de investigación.
Celestia no dijo nada más y se retiró enseguida, dejando a Luna y a Midnight allí junto con el bebé; las dos se miraron por un momento y la bat poni decidió romper el silencio.
-Me alegro mucho por usted, alteza…
-Gracias Midnight, significa mucho para mí.
-Y ¿ya ha pensado en un nombre para él?
En ese momento Luna abrió mucho los ojos, dándose cuenta de lo evidente.
-Pues no… de hecho, no me he acordado de eso hasta ahora…
-Bueno, no se preocupe, tiene todo el tiempo del mundo para pensar en uno.
Luna arrulló a su hijo en su pecho, el cual se encontraba tranquilo y calmado, jugueteando con su pelaje con sus pequeñas garras; la princesa sonrió, sintiéndose más feliz que nunca. Afuera, una patrulla de guardias solares se encaminaba en dirección hacia los jardines bajo un cielo despejado.
El trabajo en una biblioteca era casi constante aunque no lo pareciera; y Twilight Sparkle lo sabía mejor que nadie. Desde el primer minuto en que se levantaba y desayunaba, era un no parar; catalogar los nuevos ejemplares adquiridos, integrarlos en la colección, archivarlos, conservarlos apropiadamente, restaurar los más viejos y usados, tener a punto el servicio de préstamo, llevar la contabilidad… a veces llegaba a preguntarse cómo lograba compaginar todo eso con el quedar con sus amigas y aprovechar su tiempo libre, aunque para ella, el tiempo libre se sacaba de donde sea, incluso de los momentos menos esperados e inusuales. Y luego estaba todo lo demás. Si no fuera por Spike, ella sola no podría con toda la presión. Más de una vez había llegado a considerar el contratar a alguien más como ayuda complementaria extra, pero el estrecho margen de beneficios nunca se lo había llegado a permitir. Los ponis del pueblo no eran grandes lectores. Y las subvenciones del ayuntamiento tampoco daban para mucho, y menos aún para gastar alegremente.
-Vamos Spike, toca catalogar los nuevos ejemplares de Daring Do…
-Oh, qué bien, mi parte favorita…-masculló el bebé dragón.
-Sé que no te gusta, pero con la práctica se aprende… tan solo recuerda las reglas de catalogación, o échalas un vistazo si lo necesitas.
-Está bien…
Los nuevos ejemplares llegaban cada tres días, y solían ser compras adquiridas por ellos, o bien restos de expurgos de otras bibliotecas de Ecuestria; en la caja de ese día venían las cuatro copias del nuevo libro de Daring Do, mas varios ejemplares de magia avanzada de nivel cinco.
-Oh, mira, Magia Avanzada para unicornios avanzados de Victorius Spell… nos los mandan de la biblioteca de Trottingham, mira a ver si lo tenemos, Spike.
-Estoy en ello…-murmuró Spike, acercándose a los casilleros.
Abrió el casillero por la M y fue pasando las fichas, fijándose en los encabezamientos.
-Ma, ma, ma, ma… Magia Intermedia… Magia Básica… eh, no, no lo veo.
-¡Estupendo, un nuevo ejemplar para la colección! Nos lo vamos a pasar genial…
Spike quiso replicar, pero en ese momento notó una arcada sobreviniéndole y lo soltó de golpe, surgiendo un pergamino sorpresivamente.
-Oh, carta de la princesa, a ver…-murmuró Twilight, cogiéndola con su magia.
La desenrolló y comenzó a leer su contenido.
Mi fiel estudiante Twilight Sparkle
Te escribo esta carta porque necesito que acudas inmediatamente al palacio, puesto que hay un asunto de vital importancia del que necesito que te ocupes tú; ha aparecido una extraña criatura en los jardines del palacio y mi hermana la ha acogido bajo su cuidado y protección. Yo lo he aceptado, pero sigo preocupada porque no sé lo que puede ser, y quiero tener la conciencia tranquila, y asegurarme de que no vamos a criar a un peligro en potencia. Te contaré los detalles cuando llegues.
Atentamente, la princesa Celestia
En cuanto terminó de leerla, los ojos de Twilight brillaron como chiribitas; ¿una criatura extraña había aparecido en los jardines? ¿Y la princesa Celestia quería que se ocupara de estudiarla?
-¡Esto es aún más estupendo!-exclamó la unicornio lavanda, encantada.
-¿Qué pasa?-inquirió Spike, algo mareado.
-¡La princesa Celestia quiere que investigue a una nueva criatura que ha aparecido en Canterlot! Pero espera, no podemos dejar la biblioteca desatendida…
-¿Y qué sugieres?
Por un momento ella dirigió la mirada al joven dragón, el cual se quedó en el sitio, sin creérselo.
-Espera, espera… ¿pretendes que siga yo solo con la catalogación? ¡Sabes que odio catalogar, es muy aburrido!
-Oh, entiéndelo Spike, tengo que ir para allá, y esto se tiene que hacer… volveré en cuanto pueda y lo terminaré todo yo ¿vale?
Spike gruñó, no muy convencido; Twilight se acercó a él y le susurró al oído.
-Si haces esto por mí, te traeré un buen surtido de gemas en cuanto vuelva.
El semblante del pequeño dragón cambió de golpe y asintió con la cabeza, emocionado.
-Sabía que podía confiar en ti…-murmuró ella, acariciándole la mejilla con su hocico.
-Pues claro, después de todo soy tu asistente número uno-añadió él, sonriente.
-Siempre.
Twilight preparó sus cosas para llevar, entre ellos algunos libros de criaturas fantásticas, material complementario básico y algunas obras de referencia; una vez que tuvo sus alforjas listas, se las puso en el lomo y estuvo lista para partir.
-Muy bien, no sé cuánto tiempo me va a tomar, pero procuraré volver antes de cenar; tienes sobras de ayer en la despensa.
-Vale, yo seguiré catalogando, pero no te prometo que lo haga inmaculado…
-Tranquilo, ya corregiré yo los errores que tengas… valor y al toro, Spike-le animó ella, antes de irse.
Se despidió de él desde la distancia mientras se dirigía hacia la estación, donde compró un billete de ida hacia Canterlot; el siguiente tren no tardó mucho en llegar y lo abordó con alegría, pensando en lo que la iba a esperar en el palacio. Durante todo el viaje estuvo fantaseando sobre cómo podía ser esa criatura y el simple hecho de imaginarse investigándola la hacía ponerse aún más emocionada. Aunque por otro lado, la sorprendía gratamente que la princesa Luna hubiese decidido cuidarla así sin más; como alicornio regente de la noche que era, no la veía cuidando de una criatura foránea y extraña, pero supuso que sus razones tendría, por lo que dejó de cuestionarse eso y fijó su vista en los paisajes que la ofrecía el viaje hacia Canterlot.
En poco menos de media hora, el tren entró en la estación de la capital de Ecuestria y Twilight desembarcó del vagón en el que iba entre nubes de vapor sobrantes de la locomotora; siempre que llegaba a Canterlot, notaba como si volviese a respirar tranquila después de un largo tiempo estresada. Siendo éste su hogar natal, una parte de ella residía entre las paredes de mármol y las calles abarrotadas de ponis, mientras que su otra parte residía en las anchas calles de Ponyville y sus caminos de tierra. Para ella, ambos lugares eran igual de importantes.
Paseando por la calle principal que llevaba directamente hasta la verja del palacio, de una tienda de telas vio a salir a Rarity cargada de bolsas, la cual fue en la misma dirección a la que iba ella. Twilight esbozó una sonrisita divertida y se acercó a ella sin alertarla. En cuanto estuvo justo detrás, se adelantó de golpe y exclamó.
-¡Bu!
La unicornio blanca pegó un vistoso bote, dejando escapar un fuerte chillido; las bolsas que llevaba consigo cayeron al suelo, desparramando los rollos de tela. Se dio la vuelta y vio a Twilight riéndose con ganas.
-¡Twilight, querida, no tiene ninguna gracia! ¡Me has dado un susto de muerte!-la espetó ella.
-Perdona, pero es que no he podido resistirlo… tendrías que haber visto la carita que se te ha puesto…-murmuró la unicornio lavanda entre risas, levantando algunas bolsas con su magia.
-Sí, muy graciosa… ¿te has estado juntando con Pinkie Pie de un tiempo a esta parte, acaso?-inquirió Rarity, recogiendo algunas telas.
-Que va, aunque lo cierto es que no hace ninguna falta… perdona si te he asustado mucho, sólo quería darte un sorpresa…
-No pasa nada, querida, sé que no lo has hecho a mala manera… gracias-agradeció ella, cuando la pasó el resto de bolsas.
-¿Y a dónde ibas exactamente?-inquirió Twilight, mientras retomaban el paso.
-Oh, había venido a reponer un poco los materiales para la tienda y ahora me dirigía a hacer una visita a mi amigo Fancy Pants… ¿y tú? Me sorprende verte aquí…
-Recibí una carta de la princesa Celestia comentándome que habían encontrado una criatura extraña en los jardines del palacio, y quiere que la investigue.
-¿De veras? Vaya, eso suena del todo misterioso e interesante…
-¿Verdad? Me dirijo para allá ahora…
-Vaya, pues me has despertado la curiosidad… ¿puedo ir contigo? Así de paso saludo a la princesa…
-Claro.
Las dos se dirigieron todo recto por la calle hasta llegar a la verja que separaba los jardines delanteros del palacio de la calle; un par de guardias reales la custodiaban. Nada más ver a Twilight la saludaron gentilmente, y la dejaron pasar junto con Rarity.
-Caramba, menuda celeridad ¿no? ha sido verte y te han abierto sin preguntar ni nada… -comentó la poni modista, asombrada.
-Hombre, te diré, llevo viniendo aquí de cuando en cuando desde hace tiempo, ya me conocen bien-explicó Twilight, sin regodearse siquiera.
Cruzaron el camino de piedra que atravesaba toda la parte anterior a la entrada principal; el portón principal estaba compuesto por dos piezas labradas en madera de nogal, ricamente detallada y de casi cinco metros de alto, Twilight llamó con uno de los aldabones y estuvieron esperando.
-Madre mía qué puertas, nunca dejan de sorprenderme…
-Casi nunca se han abierto de par en par salvo en contadas ocasiones… cuando tienen que meter el árbol de decoración para la víspera de la Fiesta del Hogar, abren las dos-explicó Twilight.
En ese momento oyeron la cerradura girar desde el otro lado, y la puerta del lado de la izquierda se entornó, dejando a la vista al ama de llaves del palacio.
-Hola señora Key, vengo a ver a la princesa, me ha mandado una carta hace poco…
-Ah, sí, pasa Twilight.
El interior del palacio se veía como siempre, aunque Twilight notó menos afluencia de ponis del servicio que de costumbre.
-¿Dónde está todo el mundo, señora Key?
-Pues ocupando la tercera planta, claro… todo ese asunto de la criatura que la princesa ha adoptado está levantando un revuelo espectacular, ni siquiera puedo poner a mis chicas en orden, todo el mundo quiere verla.
-¿A la princesa?-inquirió Rarity, confusa.
-No, a la criatura…
-¿Ya la ha visto? ¿Cómo es?-quiso saber Twilight.
-Pues es… será mejor que la veas por ti misma.
Subieron las escaleras hasta la tercera planta, la cual estaba abarrotada tanto de ponis del servicio como de guardias; un poni de la guardia solar y otro de la guardia lunar guardaban la entrada a uno de los salones del té de esa planta, tuvieron que abrirse paso casi a empujones, la señora Key se puso autoritaria.
-¡Muy bien, suficiente hemos tenido, que los que ya la hayan visto vuelvan al trabajo inmediatamente si no quieren verse suspendidos de empleo y sueldo!
Al instante, casi todo el mundo desalojó la planta a velocidad record, salvo un par de yeguas del servicio de limpieza que sí estaban trabajando puliendo el suelo. Los guardias les dejaron pasar y la señora Key las presentó.
-Altezas, Twilight Sparkle ya está aquí.
Celestia se encontraba sentada en uno de los sofás frente a su hermana, la cual se encontraba tumbada y acompañada por una guardia lunar de ojos amarillos.
-Twilight Sparkle, mi fiel estudiante, me alegro de verte…-la saludó Celestia.
-Yo también, princesa… Rarity ha venido a saludar-añadió ella.
-Es un placer tenerte aquí, Rarity…
-Oh, el placer es mío, alteza…-murmuró la unicornio blanca.
En ese momento ambas vieron a la criatura en el regazo de la princesa Luna y se acercaron para verla mejor. Twilight fue la primera en hablar.
-Vaya, nunca había visto nada parecido…
-Oh, se ve simplemente adorable… ¿no es la cosita más mona, redondita y achuchable que hayas visto nunca? Hola, pequeñín…-le saludó Rarity.
El bebé se la quedó mirando por un momento con cara de desconcierto y los ojos muy abiertos, pero luego suavizó el rostro y se rio levemente.
-Parece que le has gustado, Rarity…-murmuró Luna, divertida.
-Gracias, princesa…
Tomaron asiento enseguida y Celestia le estuvo explicando por encima a Twilight la situación mientras tomaban algo.
-He enviado una patrulla a registrar el lugar donde Luna lo encontró, deben de estar al caer…
En ese momento la puerta se abrió de par en par y el pelotón de guardias entró en la sala; un pegaso de pelaje blanco y crin rubia de ojos azules se adelantó y se cuadró ante la princesa.
-Descanse, sub capitán Skipper… ¿qué ha encontrado?
-Hemos registrado el lugar de arriba abajo y sólo hemos encontrado algo que debería de ver, alteza.
-¿De qué se trata?
El sub capitán Skipper hizo un gesto a sus subordinados, y uno de ellos trajo consigo una especie de funda de cartón; en cuanto la puso en la mesa, pudieron ver una carátula con la foto de una especie de mono sin pelo, vestido muy elegantemente y con un sombrero en la cabeza, esbozando una gran sonrisa. La foto era en blanco y negro, y en letras grandes se podía leer un título, junto con un subtítulo.
-Frank Sinatra, edición exclusiva… ¿Frank Sinatra?-repitió Twilight, extrañada.
-Jamás había oído hablar de ningún Frank Sinatra… pero tengo que admitir que tiene estilo…-murmuró Rarity, admirando la carátula.
Celestia miró la funda atentamente y la hizo levitar con su magia; vio entonces una fina abertura en el lado derecho, la inclinó un poco, y un gran disco de vinilo se deslizó fuera de ésta, junto con un trozo de papel que voló hasta posarse en la mesa. Luna cogió el trozo de papel y lo levitó hasta ponerlo enfrente de ella; resultó ser una foto en blanco y negro en la cual aparecían otros dos monos sin pelo, uno parecía ser masculino y el otro femenino. El femenino llevaba un vestido blanco con lentejuelas y bastante recargado, mientras que el masculino llevaba un traje de rayas muy vistoso, junto con un sombrero también a rayas. Luna dio la vuelta a la foto y vio una notita que ponía: 1985, el mejor año de mi vida. Te quiero, Sophie.
-Sophie… vaya ¿será posible…?-masculló Luna.
-Se ven exactamente iguales que el bebé, ¿cree que podrían ser sus padres, alteza?-inquirió Midnight en ese momento, rompiendo su silencio.
-Es muy probable…
-Bueno, también es probable que este tal Frank Sinatra también lo sea ¿no?-comentó Twilight.
-Lo dudo mucho, Twilight… en el reverso de la caratula hay como una especie de dedicatoria, pone: Para mi amigo Phil, sigue soñando y cantando. Frank Sinatra-leyó Celestia en voz alta.
-En ese caso, puede que ese tal Phil sea el padre… el hombre del traje de rayas…-supuso Luna, mirando atentamente la foto.
Fue entonces cuando se le ocurrió algo y bajó la foto hasta ponerla a la altura del bebé, el cual se quedó mirando a la foto fijamente, sin apenas pestañear.
-¿Los reconoces, pequeñín? ¿Son estos tus padres?
El bebé siguió mirando la foto, con mirada perdida, pero al final se giró hacia Luna y la acarició el pelaje, emitiendo un gemido gutural.
-Le pides demasiado a un recién nacido, Luna… es imposible que se acuerde de algo así-murmuró Celestia.
-¿Cuánto tiempo tiene?-inquirió Twilight en ese momento.
-No lo sé con certeza, pero le echo unos tres o cuatro meses, así a ojo…
Celestia siguió pensando en sus cosas, acordándose de que tenía a su sub capitán esperando.
-¿Dónde encontraron la funda del disco?
-Justo al lado del seto en el que nos dijo la princesa Luna que encontró a la criatura, alteza.
-¿Y no había nada más aparte de eso?
-Nada más, registramos el interior del seto y tampoco encontramos nada.
La princesa del día se quedó rumiando la información un poco más y finalmente despidió a su pelotón.
-Muy bien, gracias sub capitán, puede retirarse.
-Alteza-murmuró éste, cuadrándose de nuevo antes de retirarse.
Sus hombres salieron ordenadamente de allí, y antes de salir del sitio, Skipper dirigió una rápida mirada a Midnight, la cual miró hacia otro lado, algo cohibida.
-Bueno, llegados a este punto creo que todos nos debemos de estar haciendo la misma pregunta… y es por eso que recurro a ti, Twilight. ¿Crees que podrás desentrañar el misterio y descubrir qué puede ser exactamente?
-No va a ser fácil, pero haré todo lo posible por averiguarlo… -murmuró la unicornio lavanda, decidida.
-Bien… te permitiré el acceso a las alas más apartadas de la biblioteca y también a la sección restringida del archivo general-anunció la princesa.
-¿La sección restringida? ¿Está segura, princesa? Tengo entendido que esa sección es un laberinto y que hace años que nadie ha bajado…
-Tienes entendido bien… y es por eso que te doy permiso para que bajes allí, si la colección de la biblioteca te falla, puedes partir del archivo, ahí hay documentos originarios de incluso antes de la época preclásica que puede que te den las respuestas que buscamos.
-Está bien…
Rarity no quitaba ojo de la simple manta blanca que cubría al bebé, se notaba desde lejos que se estaba reprimiendo las ganas de comentar algo, ya que no quería ser grosera ni maleducada; Luna miró a la unicornio blanco de reojo y murmuró.
-Te veo apurada, Rarity… ¿quieres decirme algo?
-Ah, esto… bueno, si no le importa, alteza…-balbuceó ella, algo colorada.
-No, dime…
-Bueno, me he fijado que el pobrecito está poco abrigado… he pensado que podría confeccionarle algo bonito para que no pase frio…
-Por supuesto, será todo un honor…
-¡Oh, muchas gracias princesa! Aunque voy a necesitar tomar algunas medidas…
-Adelante, no te cortes-la animó Luna.
Por su parte, Twilight no perdió más tiempo y se retiró, dirigiéndose primero a la biblioteca; como había estado muchas más veces y ya se la sabía de arriba abajo, desechó el resto de alas y optó por ir directamente a la que, quizás, le podría dar algún que otro resultado: la de Starswirl el Barbudo.
Esa ala en concreto tenía una extensión total de doce metros de largo, llena de filas y filas de estanterías temáticas, todas ellas ocupadas por obras escritas enteramente por el mismo Starswirl; la mayoría eran copias de copias, puesto que se conservaban muy pocos originales, y esos pocos se encontraban custodiados en cámaras especiales donde eran especialmente tratados y conservados. Twilight danzó entre las estanterías, sabiendo hacia donde tenía que ir; sus ojos corrían imparables a través de los tejuelos de los libros, reconociendo al instante cada letra y número que componían las signaturas que identificaban todos y cada uno de los documentos que allí había. Todos esos números y letras se ordenaban en su cabeza y se transformaban en encabezamientos, materias y títulos.
-Magia, jurisprudencia, Legislación Mágica Nacional… Magia, practicum, Aplicaciones prácticas de magia avanzada… ah… Magia, criaturas… aquí…
Dio la vuelta en la siguiente esquina y fijó la vista en la primera balda a mano izquierda; podía notar cada vez más cerca lo que estaba buscando.
-Ma… cri… Tratado de criaturas mágicas… no, demasiado genérico… bípedos… espera…
Su cuerno se encendió y una escalera apareció rodando desde el otro lado de la estantería; subió hasta la última balda y buscó entre los tres últimos tomos, encontrando lo que buscaba.
-Ajá… Clasificación listada y tematizada de criaturas de Ecuestria, aquí está.
Satisfecha, bajó las escaleras de un salto y se dirigió a una de las mesas de lectura situadas en el medio de la gran estancia; un total de diez mesas se encontraban rodeando una estatua de Starswirl, el cual llevaba puestos su sempiterno sombrero y capa con cascabeles bordados. Twilight dirigió una rápida mirada a la estatua antes de centrarse en el libro, el cual abrió con su magia y comenzó a pasar sus páginas a gran velocidad, realizando un hechizo de lectura rápida. La larga lista de todas las criaturas mágicas y no mágicas en Ecuestria, animales incluidos, pasó ante sus ojos de forma fugaz y completa, sin dejar ni un solo detalle. Tras un par de minutos justos, el libro se cerró de golpe y no vio nada que se asemejase a lo que había visto en el salón del té entre las patas de Luna.
-Me lo esperaba… a ver, qué más…
No quería bajar al archivo real si no era estrictamente necesario, y prefería asegurar bien aunque fuera el ala de Starswirl el barbudo antes de hacer nada más; miró de reojo a la estatua del famoso mago y por un momento llegó a pensar.
-¿Habría sabido alguien como Starswirl lo que podría ser esa criatura?
Se imaginó entonces una posible respuesta a esa pregunta, pero hasta ella supo que cualquier cosa valdría; dejó las preguntas retóricas a un lado y pensó en otra cosa rápidamente. Había consultado la lista de criaturas en toda Ecuestria y no había dado resultado. Quizás fuera porque se había limitado a Ecuestria. Fue entonces cuando recordó que había una lista clasificada de criaturas de todo el mundo conocido.
-Pues claro, tiene sentido, quizás sea de más allá de los Mares Lánguidos…-murmuró en voz baja, corriendo hacia el otro lado de la extensa ala.
Ecuestria se encontraba rodeada de costa a costa por dos extensos mares; en la costa oeste se extendía más allá de donde alcanzaba la vista los llamados Mares Lánguidos, la frontera entre la tierra de los ponis y la de los minotauros, además de muchas otras aparte de esa. En la costa este, el Océano Imperecedero marcaba la extensa separación entre ellos y los pueblos occidentales, como el de los grifos o el de los dragones.
No había mucha literatura externa a la ecuestriana en el reino, y la poca que había era exclusiva de una biblioteca como era la del palacio de Canterlot, concretamente de la misma ala donde ella estaba. Por ello, la fue fácil localizar los pocos tomos que tenían, sin necesidad de buscar mucho. Encontró rápidamente la clasificación que buscaba y realizó el mismo hechizo de lectura rápida que antes usó. Para su completo desconcierto, no encontró nada.
-¿Nada? No puede ser, entonces… no es de este mundo…-pensó ella, un tanto chocada.
¿Acaso era de origen extraterrestre? Twilight se consideraba una yegua de ciencias, todo se podía explicar racionalmente y cada causa tiene un efecto, así como un efecto tiene su causa. Aun así, esa posibilidad la seguía rondando por la cabeza, aun a pesar de sus estándares. Pero aún tenía algo a lo que atenerse, la sección restringida del archivo, por lo que abandonó el ala de Starswirl y se encaminó hacia allí.
Como bien indicaba su nombre, la sección restringida del archivo real de Canterlot había visto mejores días; usada en sus inicios como el punto de partida para lo que ahora era el archivo, tanto en dependencias como institución, la sección restringida se encontraba cerrada desde los años previos al destierro de Nightmare Moon. La última vez que se había bajado incluso se documentó, un par de historiadores quisieron comprobar algunos datos faltantes para completar unos libros de historia; al cabo de unos cuantos minutos, dichos historiadores salieron del archivo corriendo despavoridos y blancos como la leche. Jamás hablaron de lo que les pasó ahí abajo, y tras el incidente, el archivero real decidió cerrar la sección restringida por decisión propia. Desde entonces, un gordo y fuerte candado custodiaba la cerradura, junto con una larga cadena que incluso aseguraba los goznes de la puerta. Twilight sólo la había visto una vez, y su sola presencia ya intimidaba. Muchos ponis especularon sobre lo que pudieron ver dichos historiadores ahí abajo, y casi todos coincidían en apariciones súbitas de antiguas almas de ponis errantes y demás paparruchas esotéricas que a Twilight la encantaba poner en duda. Y, evidentemente, no iba a pasar nada por ser la primera en entrar después de más de mil años con la sección cerrada a cal y canto.
El archivo se encontraba situado en un edificio aledaño al palacio y fuera de sus dependencias, pero inmediatamente situado al lado de éste; se dirigió directamente a hablar con el archivero real, un semental unicornio de mediana edad, de pelaje semi oscuro y crin y colas más claras.
-Vengo de parte de la princesa Celestia, me ha dado permiso para acceder a la sección restringida-anunció ella con voz queda.
La cara del archivero se alargó cual chicle mascado, no muy seguro de lo que acababa de oír.
-A la sección… ¿está usted segura, señorita Sparkle?
-Claro ¿hay algún problema?
-No, técnicamente no, pero…
-¿Entonces?
El archivero la miró de arriba abajo y finalmente murmuró.
-Bueno… no sé si habrá oído las historias, señorita Sparkle…
-¿Cuál? ¿La de los historiadores que salieron corriendo despavoridos?
-Hay más a parte de esa… aunque se encuentre cerrada casi desde el destierro de Nightmare Moon, se realiza una inspección al año para comprobar que todo está en orden…
-No me lo diga, y todos los que han bajado han acabado huyendo despavoridos…
-Pues sí, mismamente… hay testimonios de lo más vívidos que aseguran que la sección está encantada, señorita Sparkle.
Frente a eso, la unicornio lavanda soltó una risita ahogada antes de contestarle.
-¿Y usted se los cree?
-Pues resulta que sí, porque yo nunca digo nada sin conocimiento de causa. He estado hace cosa de un año y la puedo asegurar de que hay algo ahí abajo-afirmó el archivero, con un convencimiento aplastante.
-No sé si lo sabrá, pero hay una cosa llamada sugestión que puede hacernos creer cosas que no son…
-Sí, y también sé que hay otra cosa llamada instinto que me puso en alerta en cuanto posé un casco en las escaleras de bajada. Si va a bajar o no ya es cosa suya, señorita Sparkle, pero si quiere mi consejo, tenga mucho cuidado.
Twilight no quiso seguir discutiendo acerca de eventos paranormales con él, tenía cosas mejores que hacer en ese momento, y el tiempo apremiaba; por lo que el archivero la acompañó junto con uno de los celadores, el cual abrió el candado y retiró las cadenas que atrancaban la puerta. En cuanto la abrieron, una ráfaga de aire helador se echó sobre ellos, provocándoles un buen escalofrío que les recorrió toda la espina.
-Señorita, admiro su valentía…-musitó el celador, muerto de miedo.
-Hay túneles de aireación que conectan las galerías con el exterior, de ahí las corrientes de aire. La sección tiene un total de tres niveles inferiores, los documentos están guardados en las cámaras, aunque en el último nivel hay algunas estanterías y armarios en los pasillos puesto que todas las cámaras se encuentran hasta arriba. Aquí tiene un mapa para orientarse, perderse es más fácil de lo que parece-murmuró el archivero, entregándola un mapa.
-Gracias…
-Las antorchas están apagadas, pero se pueden encender de nuevo, tome un farolillo-indicó el celador, pasándola uno con su magia.
Twilight lo tomó con su magia y alumbró el descansillo de las escaleras; más allá de los primeros peldaños, se extendía una negrura tan densa que parecía no haber nada. Antes de adentrarse en la sección restringida, el archivero la habló.
-Ah, señorita Sparkle…
-¿Sí?
-Tenga cuidado.
-¿De qué? ¿De los monstruos?-inquirió ella esbozando una sonrisita mordaz antes de internarse en la oscuridad.
El aire se volvía más denso y húmedo conforme iba bajando las escaleras en forma de caracol; si bien era cierto que la atmósfera era extraña, Twilight no notó nada raro durante todo el tiempo que estuvo bajando, lo cual la reconfortaba sobremanera. No era que se creyera todas las paparruchas supersticiosas de cuatro ponis miedosos, pero ese tipo de historias siempre conseguían calar hondo en el imaginario popular. Por lo que la unicornio lavanda, con la susceptibilidad y la ciencia por bandera, se adentró en las entrañas de la sección restringida del archivo, sin miedo alguno.
-Fantasmas, ya, y yo soy el Primer Alicornio… tonterías…
Como bien la había enseñado su buena amiga rosada y saltarina, había que reírse de los miedos para hacerlos desaparecer; por lo que no esperó y comenzó a canturrear en voz alta.
-Ríete de los miedos, no siendo muy grosero, rompe con lo absurdo, pasa de los sustos…
En ese momento llegó al descansillo del primer nivel, delante de ella se extendía un largo pasillo con varias esquinas a mano izquierda, llevando a más pasillos; a mano izquierda desde donde estaba había otro pasillo igual de largo que el de delante, con más cruces a mano derecha. Pudo verlo gracias a la luz del farolillo, pero más allá se extendía una negrura densa y sin fin. Alumbró por un momento el mapa y vio unas notas al margen que decían.
-Sistema de alumbrado con carbón conectado a las antorchas… anda, mira, menos mal…
Abrió entonces una de las portezuelas del farolillo con su magia y cogió un trocito de la llama con su magia; acto seguido la hizo una bolita, dándola consistencia, y luego la lanzó en dirección hacia una de las antorchas. Ésta se encendió con un chasquido, y, acto seguido, el resto de antorchas hicieron lo mismo al prender el carbón seco que se encontraba conectado a todas estas a través de un sistema de canalillos que discurrían por el techo, alumbrando todo el nivel instantáneamente.
-Mola, está bien construido este sitio…-pensó Twilight, satisfecha.
En ese nivel había un total de veinte salas, todas ellas llenas de libros y documentos casi tan antiguos como la ciudad misma. Todos ellos estaban perfectamente archivados, por lo que no fue difícil guiarse por temas, lo que más le interesaba a ella. Buscó por criaturas, propias o foráneas de Ecuestria, encontrando varios tratados; los estuvo revisando todos, sin encontrar nada. Repitiendo la misma estrategia que usó en el ala de Starswirl el Barbudo, buscó por criaturas del mundo conocido. Aun a pesar de que encontró muchísimo material, no vio nada que hablara de una criatura semejante a la que antes vio.
Mucho antes de lo que se esperaba, revisó a fondo toda la primera planta y decidió bajar a la segunda para hacer lo mismo en ésta; el sistema de alumbrado funcionó a la perfección y los pasillos se iluminaron por la luz de las antorchas.
La búsqueda fue un poco más ardua ésta vez, y al contrario que en el piso superior, encontraba menos resultados y no tan precisos; aun así eso no la desanimó y siguió buscando, viéndolo como un reto en vez de como un inconveniente. Y, mientras estuvieran relacionados con la investigación y el conocimiento, a ella la encantaban los retos. Además, los temas comenzaban a ser más genéricos, lo que dificultaba la búsqueda sustancialmente. Y no sólo eso, los documentos del piso superior eran los más recientes relativamente hablando, mientras que los de ese piso eran mucho más anticuados, por lo que la cantidad de información se reducía significativamente.
Se notaba que la fecha de los documentos era cercana al periodo postclásico y al destierro de Nightmare Moon, estando los documentos llenos de modismos, expresiones formales anticuadas y un lenguaje significativamente más añejo y recargado.
Aun a pesar de sus esfuerzos, no encontró nada que se acercara a lo que ella buscaba, por lo que se vio obligada a bajar al último piso, internándose, literalmente, en la oscuridad de la Ecuestria preclásica. En este nivel la humedad alcanzó cuotas desmesuradas y notó como su pelaje se mojaba, además de tener un ambiente mucho más cargado y pesado.
-Bof, qué frío…-masculló Twilight.
Levantó el farolillo y repitió el mismo procedimiento que antes, lanzando la llama a la primera antorcha que vio; pero en vez de encenderse el resto a la vez, muchas no llegaron a hacerlo, las más cercanas se encendieron a medias, y el resto ni se inmutaron. Fue entonces cuando lo comprendió.
-Oh, no, el carbón debe de haberse mojado…
Era hasta obvio, y ni siquiera lo había llegado a pensar; algo molesta, decidió encender su cuerno, el cual alumbró un poco más el resto de pasillos en penumbra. Los pocos corredores que sí habían conseguido obtener luz de las antorchas eran los más cercanos a la salida, mientras que el resto quedaron envueltos en una densa oscuridad.
-Repasaré las salas más cercanas a éstos y, si no encuentro nada, me vuelvo-pesó ella, con ganas de zanjar el asunto.
Hasta ahora nada raro había pasado, el silencio era su único acompañante, y sólo se oía su respiración agitada y el sonido de sus cascos rebotando en la piedra. Comenzó a registrar las primeras salas, pero en cuanto abrió los primeros archivadores, se llevó una buena sorpresa.
-¡Oh, venga ya, tiene que ser una broma!
Todos los documentos, pergaminos, trozos de papel y demás soportes escritorios se encontraban totalmente desgastados por la humedad; sacó una buena pila de papeles mojados, toda la tinta se había corrido y ahora eran manchurrones negros. Twilight montó en cólera de seguido, sintiendo como unas ganas terribles de cometer una tontería se apoderaban de ella.
-¡Maldita sea, esto es un desastre de proporciones colosales! ¡Esto no se hace, joder, no se hace, todo el conocimiento de hace miles de años perdido! ¡Alguien va a responder por esto, ya lo creo que lo va a hacer!
Los gritos y juras de la unicornio lavanda resonaban por toda la sección restringida, siendo tragados por la negrura que envolvía el resto de ese nivel. Confiando en que ese archivador había sido un incidente aislado, comenzó a registrar el resto, albergando una esperanza de que no todo estuviera perdido. Algunos documentos previamente tratados habían conseguido librarse del efecto corruptor de la humedad, pero muchos otros también habían sido víctimas de ésta. Twilight no pudo evitar sentirse mal por todo ese conocimiento perdido y llegó a llorar un poco.
-No voy a poder sacar nada de esta sección podrida… será mejor que lo deje aquí y reporte este desastre enseguida, no me puedo creer que no se hayan fijado en esto hasta ahora-pensó, bastante abatida.
Decidió llevarse consigo algunos de los documentos que habían conseguido sobrevivir para protegerlos, pero antes de torcer a la derecha hacia la salida, oyó un ruido de algo chocando contra el suelo desde el otro lado del nivel. Twilight se paró en seco, notando como un escalofrío la recorría el lomo. Se dio la vuelta y vio que el pasillo en el que se encontraba se sumía en la oscuridad un poco más adelante. Por alguna razón que no alcanzó a entender, la unicornio lavanda murmuró en voz alta.
-¿Hola?
Su llamado hizo eco por la espaciosa estancia hasta desaparecer de nuevo. La mente de Twilight trabajó a toda velocidad para sacar una explicación racional a ese ruido que había oído.
-Este lugar está lleno de una humedad muy penetrante, seguro que el techo se ha desconchado y se ha caído, de ahí el ruido.
Alumbró con el farolillo y su cuerno el techo y confirmó su sospecha; el techo se encontraba lleno de humedades enormes que amenazaban con hacer caer la pintura del techo, la cual colgaba del mismo por finos hilillos blancos.
-Misterio resuelto, elemental, querido Trotson…-murmuró ella, sonriendo con confianza.
Fue a irse, cuando otro ruido se llegó a oír desde el otro lado; ésta vez fue el claro ruido de un casco chocando contra el suelo. Fue sólo uno, y sonó muy claramente. Las pupilas de Twilight se contrajeron de golpe. Su cerebro comenzó a trabajar de nuevo, tratando de sacar más explicaciones racionales.
-Quizás solo fuera un eco de mi casco… no, espera, no llegué a dar ningún paso, estaba por girarme cuando lo oí… entonces…
Se volvió de golpe e iluminó la oscuridad con todo lo que tenía; su cuerno brilló con el doble de fuerza y un haz de luz potente llegó a alumbrar un poco más allá del pasillo. Fue entonces cuando lo vio. Un solitario y austero armario se encontraba de pie unos pocos metros más adelante. Su sola presencia intimidaba, y las luces y sombras que producían su cuerno, le hacían ver aún más oscuro y aterrador de lo que ya era. Aunque por alguna razón que no alcanzaba a comprender, su instinto le decía que se acercara a él, como si en su interior estuviera la respuesta que ella buscaba. Las sombras a su alrededor la hacían dudar, pero finalmente, tras un arrebato de valor, echó a andar con paso firme hacia el armario.
En cuanto llegó hasta donde estaba, se puso delante de él y lo alumbró para verlo mejor; su madera estaba carcomida y abombada por la humedad, y apenas tenía la suficiente presencia, al menos de cerca. Un aura mágica violeta envolvió uno de sus boliches y Twilight lo abrió de par en par, para encontrarse con un buen montón de, antes papeles, ahora hechos pulpa. El ceño de la unicornio lavanda se torció un poco más, sintiendo como la furia reprimida regresaba con fuerza.
-Alguien desayunará pulpa en su tinta mañana…-musitó entonces por lo bajo, cerrando las puertas con fuerza.
El golpe hizo que algo encima del armario se balanceaba y cayó encima de ella pesadamente
-¡Auh!-exclamó ella, notando como ese algo la golpeaba la cabeza.
Se reincorporó y alumbró entonces una caja envuelta en plástico y atada con cordel del bueno; algo extrañada por encontrarse algo así en un lugar como ese, desató el cordel, retiró el plástico y abrió la caja, encontrándose entonces con una buena colección de pergaminos y papeles con escritos de todo tipo y perfectamente conservados gracias al plástico. Cogió varios a la vez y estuvo leyendo unos cuantos a la vez. Algunos eran disposiciones reales antiguas, borradores de cartas, cartas, fragmentos de poesías y escritos, juras, legislaciones milenarias… aunque hubo uno en concreto que le llamó la atención, sobre todo por cómo estaba escrito, ya que parecía ser un viejo cuento; a pesar de que era ecuestriano antiguo, pudo leerlo bien y lo fue adaptando al ecuestriano moderno sobre la marcha, mientras lo leía en voz baja.
Un día, un par de potrillos salieron a hacer el camino hacia la escuela; su madre, que buscaba su bienestar y protección, les dio un sabio consejo.
-Hijos míos, no crucéis el bosque, puesto que allí vive una horrible criatura sin pelo de dos patas, largas garras y cabeza abultada que os daría caza sin que cuenta os dierais.
De esta forma, los potrillos salieron confiados al amanecer, y sin nada que temer. Pero el mayor, de lejos el más cabezón, decidió ir por el camino más rápido, atajando por el bosque que su madre antes les advirtió. El pequeño, lleno de recelo, trató de hacerle entrar en razón, pero en su dura mollera nada más entró ni salió. Al amparo de las sombras del bosque, los dos potrillos se internaron sin temor, el mayor convencido de su razón. Mas el camino rápidamente se torció, llevando a los infantes por sendas desconocidas y tortuosas. El más pequeño y marginado, sin poder convencer a su hermano se vio arrastrado, sin ni siquiera opinar o hablar. Antes de lo esperado, los dos se vieron perdidos y desesperados, en medio del sinuoso y tenebroso bosque, dando vueltas y sin poder orientarse siquiera. Confusos y abatidos, por un momento pararon a descansar; mas mayor fue su sorpresa, cuando apareció de improviso el monstruo advertido. Sin pelo alguno sobre su blanca piel salvo en la cabeza, sosteniéndose sobre dos patas, agitando dos largas y grandes garras y con una mirada que helaba la sangre, la criatura se abalanzó sobre ellos y…
Quiso leer más, pero el cuento acababa justo ahí, ya que el resto del pergamino se encontraba roto; Twilight buscó el otro pedazo entre el resto de papeles, pero no encontró ningún otro que hubiera sido arrancado.
-Maldición, es mi única pista… ¿dónde está el resto?-pensó ella, descorazonada.
Siguió revolviendo la caja, esperando encontrar ese trozo faltante en el fondo; durante toda la lectura del pergamino sintió un extraño presentimiento, como si alguien al otro lado de la oscuridad la hubiera estado observando casi desde que entró en el nivel por primera vez. Por un momento sintió que el frío imperante aumentaba por momentos y su pelaje se erizó. El viento silbó desde el otro lado del nivel, emitiendo una sola nota y sonando como un gemido lastimero. La sensación de estar siendo observada se clavó en su nuca como una daga envenenada.
Twilight se dio la vuelta y alumbró el pasillo con su cuerno, sin ver nada.
-¿Quién está ahí?-inquirió en voz alta.
No supo con certeza por qué lo había dicho, quizás fuera por instinto, pero no estaba del todo segura. Sus palabras resonaron por las paredes hasta disolverse en la negrura. Twilight tragó saliva, tratando de mantener la compostura, pero el solo ambiente del lugar no la ayudaba para nada.
-Oh, venga ya, ¿acaso le vas a dar la razón al archivero? No existen los fantasmas…-murmuró entonces para sí misma, a media voz.
Se sacudió la cabeza, tratando de olvidarse del asunto, y recogió la caja, así como todos los demás documentos que estaban en buen estado; una vez que lo tuvo todo listo, lo cargó con su magia y se fue rápidamente de allí, apagando las antorchas antes de subir las escaleras. Las sombras al otro lado se retorcieron como lagartijas reptando por una pared en cuanto la unicornio lavanda abandonó la estancia.
-Unos últimos toques en los bajos y estará terminado…
-Muchas gracias, Rarity, con esto podré apañarme…
Se había entretenido más tiempo de lo esperado, pero tras ver las fotos de los supuestos padres del bebé, a Rarity le sobrevino la inspiración y no pudo evitarlo; basándose netamente en las únicas referencias que tenía, confeccionó algo cómodo y sencillo para que abrigara a la criatura y le sirviera como ropa para estar por casa. El resultado se sintetizó en una especie de camisón de una sola pieza de color blanco, de suave seda y que cubría todas las partes de su cuerpecito. El bebé estaba encantado con su nuevo atuendo, y se reía constantemente ante las gracias y caras raras que la poni modista le ponía. Incluso le llegó a hacer alguna que otra pedorreta en la barriga que le hizo reírse a carcajada limpia.
-Es un amor… puede verse un poco extraño, pero es una criatura del todo adorable…-murmuró Rarity, mientras recogía sus materiales.
-Un poco, pero eso no me va parar… le miro a los ojos y sé de alguna forma que los dos ya estamos atados. Voy a darle todo el cariño y amor que una madre le puede dar a su hijo…-aseguró Luna, cogiéndolo con su magia y sosteniéndolo contra su pecho.
-Está haciendo algo muy bonito por él, princesa…
-Gracias, Rarity… dime cuando te debo…
-Oh, ni lo piense, princesa, considérelo como un regalo personal… y, por supuesto, puede contar conmigo para futuros diseños…-añadió ella, guiñándola un ojo.
-No hombre, no quiero aprovecharme así de tus habilidades…
-No diga tonterías, princesa… después de todo, nadie más conoce este tipo de diseños, y quien mejor que yo para especializarme aún más. Por cierto ¿ya ha pensado en algún nombre?
-No, tengo que pensar en uno… aunque no sé ni por dónde empezar…
La mañana se había pasado en un suspiro y ya era la era de comer pasadas, por lo que la princesa invitó a comer a Rarity; sus planes de visitar a su amigo Fancypants cambiaron y tuvo que pasar la visita a la tarde, avisándole previamente por carta. Luna estuvo dando de comer al niño previamente, el cual cayó dormido enseguida, dando un momento de respiro a la princesa y pudiendo comer tranquila junto con su hermana y Rarity. Twilight se presentó poco después, trayendo pruebas de que alguna vez los ponis llegaron a conocer a una criatura muy similar en un cuento escrito hace miles de años.
-Lo malo es que el pergamino está roto y el cuento está inacabado, por lo que apenas hay más detalles… averiguaré dónde y cuándo fue escrito este cuento y trataré de dar con el resto, si es un cuento folclórico tradicional alguien más debe conocerlo.
-Has hecho un buen trabajo, Twilight, aunque tómatelo con calma, estoy segura de que será una investigación lenta y ardua-murmuró Celestia, sirviéndose la comida en su plato.
-Gracias, princesa… aunque me temo que la colección del nivel inferior del archivo se encuentra perdida, he encontrado este cuento por pura chiripa.
-¿Cómo perdida?-inquirió entonces la princesa, con un deje incrédulo en su voz.
-Sí, la humedad se lo ha comido todo, nadie bajaba al tercer nivel durante las inspecciones ya que todos pensaban que el archivo estaba encantado, ya ve usted…
-¡Pero bueno! ¡Esto es intolerable, Conservative me va oír!-masculló Celestia, alterándose.
-Sí, a mí ya me ha oído…-asintió la unicornio lavanda, frunciendo los labios.
Rarity y Twilight se retiraron poco después de la comida, la unicornio lavanda regresó al pueblo y la modista fue a visitar a su amigo noble. El resto de la tarde pasó entre juegos, algún que otro lloro, varios cambios de pañales, y mucho, mucho amor; Luna encontró en el bebé un nuevo asidero, una nueva razón para mejorar como poni y seguir adelante. En ningún momento previo a su destierro se le hubiera pasado por la cabeza ser la madre de una criatura desconocida, pero allí estaba ahora, volando por los pasillos del palacio con el bebé en su regazo, mimándole, poniéndole caras raras, haciéndole pedorretas en la barriga y cantándole viejas canciones ecuestrianas para dormir.
Esa noche, después de darle de cenar, lo subió a su habitación para arrullarle un poco antes de que se durmiera; una antigua cuna se encontraba justo al lado de su cama, había sido traída del sótano del palacio, y fue la suya propia cuando era una potrilla recién nacida en las patas de su madre. Lo asió con su magia y le acostó en la cuna con suavidad, el bebé miró a su madre fijamente a los ojos mientras se mordisqueaba una de sus garras. El disco de vinilo de Frank Sinatra estaba apoyado en la cómoda, al lado de su gramófono.
-Aún no lo he puesto… vamos a ver cómo suena este Frank Sinatra…
Cogió el disco con su magia y lo colocó en el plato giratorio; tras eso, asió la palanca con su magia y comenzó a darle cuerda al mecanismo para que hiciese girar el plato. En cuanto éste comenzó a moverse, cogió el brazo fonocaptor y posó su aguja sobre el extremo del disco. De la trompa comenzaron oírse sonidos de estática antes de empezar a reproducirse la primera canción; Luna escuchó atentamente mientras se acercaba a la cuna. Una orquesta comenzó a sonar, antes de que una preciosa voz comenzara a cantar.
El ritmo era suave y acompasado, la voz de Frank Sinatra se le antojó perfecta y la letra de la canción calaba hondo.
El último verso de la canción se alargó en una tonada musicalmente perfecta, antes de volver a cantar el siguiente.
Otro puente entre estrofa y estrofa volvió a darse con fuerza, añadiéndole una gran fuerza interpretativa tanto a la letra como a la canción en sí.
La orquesta volvió a lucirse antes de que Sinatra volviese a repetir los últimos compases y versos. La canción terminó con un leve tarareo del ritmo por parte de Sinatra, antes de que el sonido fuera desapareciendo de forma paulatina hasta desaparecer.
-Vaya…
Luna se giró y vio a su hermana en el umbral de la puerta, junto con varios ponis más del servicio; Midnight también estaba allí, la cual masculló.
-Qué voz…
-Desde luego, la he podido oír desde el piso de abajo…-asintió una de las criadas del servicio.
-¿Sólo desde el piso de abajo? Yo estaba en el recibidor y se podía oír con fuerza desde allí-apuntó otra, detrás del resto.
Luna miró un momento al bebé y vio que se había dormido; Celestia indicó con su cabeza a las demás que se retiraran y la orden se cumplió al instante.
-Espera Midnight, puedes quedarte-la llamó Luna.
La bat poni se quedó un tanto cortada, pero aceptó y se quedó junto a la puerta, guardándola; Celestia se acercó a su hermana, el disco siguió sonando, extendiéndose la música a través de los pasillos del palacio.
-Impresionante voz, debo decir…
-Desde luego… jamás había escuchado nada parecido…
Celestia levantó el brazo fonocaptor del disco y el sonido enmudeció.
-No queremos que se despierte ¿no?-inquirió ella.
-Ah, no, claro…-asintió Luna.
La princesa del día sostuvo con su magia la funda del disco, dándola la vuelta y viendo la dedicatoria, junto con la lista de canciones que contenía el disco; había un total de diez, y todas ellas estaban numeradas.
-¿Querías hablarme de algo, Tia?-inquirió Luna en ese momento.
-De hecho sí… he pensado que, dado que vas a cuidar de él, podemos hacer una presentación formal ante el reino, para que nadie se extrañe y que todos los ponis sepan que su princesa de la noche ha decidido ser madre.
-¿Estás segura? ¿No crees que es un poco pronto?
-Yo creo que cuanto antes mejor, sobre todo para el bebé; si lo postergáramos más, los ponis podrían tardar más en acostumbrarse a él. Puede que algunos lo rechacen…
Luna suspiró, mirando hacia otro lado; había sopesado esa posibilidad, de hecho era muy probable que sucediera, sobre todo por parte de la nobleza más endogámica de Canterlot. Aun así, ella quería seguir adelante, dispuesta a sortear cualquier tipo de problema que se la presentase.
-Está bien… lo haré por él…-asintió Luna.
-Bien, mañana convocaré a la prensa… por cierto ¿has pensado ya en un nombre para él? Lo necesitaremos para la presentación…
En ese momento, Luna cabeceó, recordando esa tarea pendiente; dirigió su mirada hacia el bebé, el cual yacía en la cuna profundamente dormido y respirando rítmicamente. Sus ojos se posaron justo después en su gramófono, el disco seguía en el plato giratorio.
-Frank… me gusta Frank…-anunció entonces.
Celestia miró a su hermana, un tanto sorprendida por su súbita elección de nombre.
-Frank… bueno, no suena mal… te ha gustado ¿eh?
-Me ha encantado… y a ti también-añadió ella, divertida.
-Sí, la verdad es que sí, menuda voz…
Las dos alicornios estuvieron hablando un rato más hasta que Celestia se retiró a su habitación, deseando a su hermana las buenas noches; Luna se asomó un momento al pasillo para despedir a su amiga.
-Puedes marcharte ya, Midnight…
-Vale, buenas noches, princesa…
-Buenas noches.
Luna cerró la puerta tras de sí y se quitó sus engalanes reales, dejándolos en la cómoda; recogió el disco y lo guardó en la funda, antes de acercarse a la cuna y observar a su hijo.
-Buenas noches a ti también… mi pequeño Frank.
Le dio un suave beso en la frente y Frank se revolvió un poco, antes de seguir durmiendo plácidamente; Luna fue la siguiente en caer dormida, entrando en el plano astral para hacer su trabajo. Afuera, la luna y las estrellas acompañaban a Ecuestria en una noche despejada y fresca.
N. del A. Versión sin letras para evitar eliminación de la historia
Vaya, me ha salido un capítulo más largo de lo que incluso yo me esperaba; a veces llego a preguntarme si no me llego a enfocar demasiado en los detalles... Pero bueno, necesitaba un poco de exposición para ir mostrando varias subtramas, aunque aún me quedan unas cuantas, las iré presentando durante los siguientes capítulos. Espero que os haya gustado la inclusión de la banda sonora, Frank Sinatra me acabó gustando por influencia de mi padre, y la verdad es que una voz como la suya pega con todo. La versión de Giggle at the gostly que canta Twilight es una versión adaptada por mí, quise usar la versión original en castellano, pero estaba tan horriblemente mal adaptada, que tuve que hacerlo yo mismo; la primera temporada en castellano no es, precisamente, la mejor de todas. Algunos me andabais preguntando que cuando iba a actualizar, yo no tengo un tiempo fijado ni nada por el estilo, escribo si me encuentro inspirado, y cuando lo tengo, lo subo, así que no quiero estar dando fechas si luego, por lo que sea, no las acabado cumpliendo. Y eso es todo, comentad, dejas reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
