Capítulo 4
Intereses
Los días siguientes al incidente en el palacio transcurrieron con Luna recluida en los terrenos del mismo, cuidando de su hijo y sin siquiera salir en ningún momento; no había mucha diferencia a cuando lo hacía, ya que rara vez solía salir antes de que adoptara a Frank, pero sus apariciones esporádicas aquí y allá por las calles de Canterlot se redujeron por completo. Esto comenzó a provocar comentarios de todo tipo, alimentando tertulias en las cafeterías y columnas de cotilleos en los periódicos locales. Las creencias más extendidas aseguraban que Luna se avergonzaba de salir a la calle con su hijo y prefería permanecer en soledad en el palacio, fuera de la vista de todos. Celestia estaba preocupada por todos esos chismorreos, puesto que no hacían más que dañar la figura real de Luna.
-Luna, tienes que hacer alguna que otra aparición pública, la gente en la ciudad está comentando mucho de un tiempo a esta parte…
-¿Para qué, para que señalen con la pezuña a mi hijo remarcando lo raro que es? Paso, prefiero quedarme aquí y cuidarlo yo misma.
-Pero tu figura real está saliendo muy perjudicada ¿no has leído los periódicos?-inquirió su hermana.
-Desde ese artículo sensacionalista, no, no hacen más que cabrearme cada vez que los leo…
-Pues deberías hacerlo, muchos dicen que te recluyes porque te avergüenzas de Frank-anunció ella.
-¿¡Qué?!-soltó Luna, alterada de golpe.
-Y no sólo eso, la nobleza te está empezando a tachar de irresponsable para con tus deberes reales… que no haces más que cuidar de Frank y no cuidas de tus propios intereses como princesa.
-Pero, pero… ¡esto es inconcebible, una afrenta, eso es lo que es!-chilló la princesa de la noche.
-No es que quiera darle la razón a la nobleza, pero creo que llevan algo de razón ¿Cuándo ha sido la última vez que te has encargado de sellar alguna acta o disposición real?
-¡Apenas tengo tiempo, Tia, tengo que cuidar de Frank!
-No has respondido a mi pregunta, Luna…
La aludida dejó escapar un respingo y finalmente murmuró.
-Desde que encontré a Frank hasta ahora, ninguna.
-¿Lo ves? Me parece estupendo que quieras cuidar tu misma de Frank, pero también tienes que atender tus responsabilidades, hermana. ¿Por qué no dejas que Cadance le cuide por ti? No tiene tantas responsabilidades a su cargo como tú, podría hacerlo perfectamente… ¿y Midnight? Últimamente vas mucho con ella, también te podría ayudar…
Luna se mostró un poco reacia al principio; la idea de separarse de su hijo durante un largo tiempo la hacía preocuparse en demasía, pensando en si estaría bien con ella lejos. Aunque pensándolo mejor, tampoco era muy recomendable hacer que Frank se volviera tan dependiente de ella; seria duro, pero tendría que dejar a su hijo con otro poni.
-Está bien… me pondré ahora, pero necesito a alguien que cuide de Frank.
-Ahora mismo Cadance está libre, puedes dejarlo con ella-comentó Celestia.
Luna aceptó y llevó a Frank con Cadance, la cual se encontraba en su habitación leyendo; su sobrina aceptó encantada cuidar de él.
-Gracias Cadance, si tienes algún problema, el que sea, llámame-murmuró Luna.
-No te preocupes tía, ya sabes que tengo experiencia de sobra, fui la canguro de Twilight después de todo…
-Lo sé, lo sé, es solo que…
Luna no continuó, pero Cadance la miró comprensivamente antes de hablar.
-Sé lo que me vas a decir, tía… no lo pienses más, estaremos bien.
-Vale… pásalo bien con tu prima, cariño, te veo luego-le dijo Luna a Frank, dándole un beso en la frente.
El bebé, al ver que su madre se iba sin él, comenzó a revolverse en el regazo de Cadance y a llamarla con quejidos guturales; Luna reprimió las ganas de pararse y salió al pasillo, pensando en el bien común. La dolía horrores separarse de él así, pero sabía que tenía que hacerlo. Antes de bajar las escaleras, oyó a Cadance calmando a Frank, el cual comenzaba a llorar.
En su estudio, al lado de su habitación, la esperaba una montaña de papeles, actas, disposiciones reales y otros documentos legales pendientes de firmar, sellar y clasificar; al verlos, Luna no pudo evitar soltar un respingo.
-La mañana va a ser muy larga…-masculló por lo bajo.
Rápidamente, Luna se perdió entre órdenes notariales, peticiones populares denegadas y actas a tramitar; firmó tantas veces y tan de seguido que la grafía de su firma se quedó grabada en la superficie de su escritorio, se quedó sin cera enseguida, teniendo que pedir más, y la tuvieron que realizar otro cuño con su sello grabado en la punta, puesto que el otro se desgastó de tanto usarlo. Desplumó, afiló y biseló un total de cinco plumas, y rellenó el tintero unas cuatro veces.
Cuando terminó con todo el papeleo atrasado, Luna se desesperezó y dejó escapar un suspiro.
-Por fin se ha acabado…
En ese momento llamaron a su puerta y ella contestó de seguido.
-Adelante.
Una de las ponis del servicio abrió la puerta, al tiempo que el secretario del palacio entraba a llevarse los documentos.
-Alteza, la comida ya está servida-anunció la poni del servicio.
-Ah ¿ya? ¿Qué hora es?
-Las dos y media, alteza…
-Vaya, qué rápido ha pasado el tiempo… vale, voy para allá.
En el comedor, tanto la comida como el resto de su familia ya estaban allí, esperándola; Cadance llevaba consigo a Frank, el cual, al ver a su madre, se puso como loco de contento y alzó sus garras hacia ella. La cara de Luna se iluminó nada más verlo, cogiéndolo con su magia y llevándolo a su pecho.
-Oh, cariño, te he echado tanto en falta…
-Nos lo hemos pasado muy bien, al principio estuvo un tanto nervioso después de que te fueras, pero luego se repuso y nos lo pasamos genial ¿a que sí, primito?-inquirió Cadance.
Frank dejó escapar un pequeño gritito y se abrazó al cuello de su madre, la cual se encargó de darle de comer; la conversación siguió dándose entre Celestia, Luna y Cadance, pero Blueblood se mantuvo tan en silencio como la última vez, sin ni siquiera prestar atención a nada o a nadie.
Una vez que Frank comió, se lo estuvieron turnando entre Luna y Cadance para que las dos pudieran comer tranquilas; Celestia también lo sostuvo un rato, haciéndole reír de vez en cuando y sacando a la soberana de Ecuestria una grata sonrisa. Después del postre, Celestia comentó.
-Se me ha ocurrido algo para limpiar un poco tu figura de cara al pueblo, Luna.
-¿Ah, sí? ¿En qué has pensado?-inquirió ésta, jugando con Frank.
-Esta tarde nos vamos de merendola al parque-anunció entonces la princesa.
La noticia pilló por sorpresa a todos, incluso Blueblood levantó la vista, extrañado.
-¿Merendola?-repitió Cadance, extrañada.
-Sí, nos llevamos unos cuantos dulces para picar, algo de beber, algunos juegos de mesa y pasamos la tarde allí. La idea es estar todos juntos en familia, para así mostrar al pueblo que Luna no se recluye, y de paso, que Frank no es ninguna criatura extraña, sino uno más de la familia-explicó Celestia más detalladamente.
-¡Oh, me gusta la idea! Vale, hagámoslo-asintió Cadance, emocionada.
-Bueno, no suena mal…-murmuró Luna.
-Ah, paso…-soltó entonces Blueblood, como quien no quiere la cosa.
De alguna u otra manera, las demás se lo esperaban, pero Celestia se dirigió a él con mirada severa.
-Todos tenemos que participar, Blueblood, se supone que es una merendola en familia… además, ya tuvimos aquella conversación, creí que estaba todo bien claro…
Frente a eso, Blueblood no dijo nada, mirando al suelo y sin mirar a su tía.
-Blueblood… mírame…
El aludido alzó la vista y se encontró con la autoritaria mirada de su tía; pero para su sorpresa, ésta suavizó el gesto y su rostro mostró preocupación e incluso un poco de melancolía. Luna no dijo nada, pero Cadance se mostró gratamente sorprendida.
-Está bien…-murmuró entonces él, accediendo.
Para Cadance, el detalle no hizo más que confundirla y extrañarla aún más; ¿Qué había sido eso? ¿Cómo es que Blueblood había accedido así sin más?
-Estupendo… saldremos a eso de las cinco y media-añadió Celestia.
El resto de la tarde antes de la salida pasó rápidamente entre juegos varios, además de una rápida siesta entre medias; en las cocinas realizaron unos cuantos bollos para llevar, chocolate, galletas y un poco de pan dulce, junto con zumos, leche y agua. Cadance rescató algunos de los juegos de mesa que ella tenía de cuando era pequeña, entre ellos el Monopony, un tablero de ajedrez, otro de parchís y el de palabras cruzadas.
Antes de irse, se encontraron todos en el recibidor, junto a la puerta; Celestia apareció con algunas de las cosas en sus alforjas, acompañada del sub capitán Skipper; Luna vino después con Frank en su lomo, trayendo consigo a Midnight, la cual llevaba el gramófono de la princesa consigo.
-Hola, Luna… ¿y el gramófono?-inquirió Celestia, curiosa.
-Oh, por si nos aburrimos, tiene el disco de Sinatra puesto.
Cadance apareció después con los juegos y finalmente vino Blueblood, el cual iba con lo puesto.
Una vez todos juntos, salieron por la puerta y tomaron dirección hacia el parque de la ciudad por la avenida principal; los ponis de la calle se quedaron gratamente sorprendidos al ver a la familia real al completo caminando entre ellos como varios viandantes más, muchos se pararon para verlos mejor incluso. Desde la grupa de su madre, Frank miraba a su alrededor con mucho interés y con los ojos muy abiertos, muchos de los ponis que se quedaban quietos lo llegaban a señalar, comentando por el camino.
-¿Ese no es el hijo extraño de la princesa Luna?
-Es la primera vez que lo veo en persona…
-Qué raro es, ni siquiera es un poni…
-¿Qué será?
Luna requería de todo su autocontrol para no responder, ignorando a todos y cada uno de los comentarios que iba oyendo de pasada; el paseo hasta el parque se prolongó unos cuantos minutos más hasta que, finalmente, llegaron.
El parque de Canterlot estaba situado en la otra punta de la ciudadela, era una gran extensión de terreno que colindaba al norte de la misma y bordeaba parte de la montaña que lo albergaba hasta el mismo borde del lado izquierdo del emplazamiento de toda la ciudad. Debido a que, de por sí, toda Canterlot colgaba de la loma de la montaña, el parque se aclimataba a esta situación, y algunas ramas y plantas también colgaban del borde, haciendo su emplazamiento del todo peculiar. Un lago de tamaño medio se situaba justo en el centro del enorme espacio verde, y todo el parque estaba salpicado por todo tipo de árboles, entre ellos pinos, robles, castaños, encinas e incluso chopos al lado del lago.
Para su merendola, escogieron un frondoso castaño no muy lejos del camino principal y situado cerca del centro del parque, a pocos metros de una vistosa fuente; extendieron una larga manta a cuadros blancos y rojos y comenzaron a sacar la comida. En menos de cinco minutos ya estaba todo listo y la merendola comenzó.
Mientras la familia real comía y se relajaba, Midnight y Skipper montaron guardia cerca del castaño; aunque al poco rato de estar de guardia, ambas princesas les llamaron para que se sumaran, ellos trataron de negarse, pero éstas no quisieron un no por respuesta.
-En las cocinas han hecho comida de sobra, no queremos que nada se desperdicie…-comentó Celestia, con una cálida sonrisa.
Acompañando entonces a la familia real, los dos guardias se sentaron junto a ellos y se unieron a la fiesta. Los ponis que iban y venían alrededor del parque se acercaban curiosos al ver a la familia real en una situación tan distendida y diferente a la que ellos estaban acostumbrados a verla. Muchos se quedaban a medio camino, cuchicheando entre sí y comentando por lo bajo. Los potrillos más curiosos se atrevían a acercarse un poco más, sobre todo para ver al famoso hijo extraño de la princesa Luna entre sus patas. Los más osados incluso se acercaban hasta el lado de la princesa, para verlo mejor.
-¿Podemos ver a su hijo, princesa Luna?-inquirió uno de ellos, con gesto curioso.
-Por supuesto, pequeñín, aquí está, se llama Frank… saluda, Frank-indicó Luna, girándolo con su magia para que lo vieran mejor.
Frank se quedó mirando a los potrillos muy atentamente, sin ni siquiera pestañear; éstos le devolvieron el gesto, un tanto amedrentados por su aspecto, pero enseguida perdieron el miedo y se acercaron un poco más a él. Frank levantó una de sus garras cerrada y uno de los potrillos hizo lo propio con su casco, dándose un leve toque. La cosa fue que a Frank le hizo mucha gracia y se rio con ganas, a lo que el potrillo respondió con una risita cómplice. Pero en ese momento, apareció de improviso la madre de los potrillos, la cual exclamó.
-¡Strong, Brave, venid aquí inmediatamente, alejaos de él!
-Pero mamá…
-¡No hay peros que valgan, venid aquí inmediatamente, vamos!
Viéndose obligados, los potrillos se retiraron sin decir nada más; Frank les vio irse, llegando a agitar su garra en el proceso. Luna lo cogió con su magia y lo puso entre sus patas, sin poder evitar esbozar una triste mirada. Celestia la vio y trató de animarla poniendo el disco de Sinatra, y así amenizar un poco el ambiente; las dos primeras canciones que ya bien conocían sonaron por todo el parque, y la siguiente canción comenzó sin más demora.
La ya conocida orquesta comenzó con las primeras notas de la nueva canción, antes de que Sinatra comenzara a cantar.
De forma parecida a la última canción, y apoyándose mucho más en la orquesta, la canción era suave y tranquila, con unos tonos alargados y bastante calmados.
A pesar de tener un ritmo muy similar, la letra cambiaba ese detalle y cada verso parecía ser uno totalmente distinto.
Lo que parecía un semi estribillo corto, hacía las veces de puente entre tonada y tonada.
La reiteración de ese verso en concreto vino perfecta para un interludio musical por parte de la orquesta, la cual sonó incluso con más fuerza que al principio de la canción. Tras ese interludio, Sinatra volvió a repetir los anteriores versos, acabando de nuevo con la reiteración del verso Make it mine por última vez, antes de un suave decrescendo por parte de la orquesta.
Durante toda la canción, muchos otros ponis se habían acercado para escuchar la canción, quedándose gratamente sorprendidos y siendo un éxito, ya que muchos aplaudieron sus cascos contra el suelo en cuanto ésta terminó.
-¡Bravo, sólo bravo! ¡Qué voz, qué poderío, jamás había escuchado nada semejante!-exclamó uno de los ponis que allí había, acercándose a las princesas.
Luna miró ceñuda al poni, un unicornio de pelaje amarronado y crin negra, el cual se dirigió a ella; llevaba puesto un traje negro, y su marca de belleza era un disco de vinilo.
-No he podido evitar escuchar la canción, y me he preguntado ¿Quién es el que canta, alteza?
-Frank Sinatra-respondió ella.
-¿Sinatra? No me suena de nada…
-Bueno, normal que no le suene de nada… este disco apareció en el mismo lugar donde apareció mi hijo al día siguiente, parece ser que tanto él como mi hijo son la misma criatura, pero no sabemos lo que pueden ser, lo seguimos investigando-explicó Luna.
-Ya veo… aunque perdone mi súbita intromisión, alteza, me llamo Light Sound y soy un productor musical, tengo mi propia discográfica en el centro de la ciudadela-explicó el unicornio, entregándola su tarjeta.
-¿Y qué es lo que quiere exactamente, señor Sound?-inquirió la princesa, con voz queda.
-Verá, está claro que ese tal Sinatra tiene una voz excepcional, jamás había oído algo semejante, y me preguntaba si podría realizar unas cuantas copias de ese disco… sólo si usted me lo permite, por supuesto, y además, dado que el señor Sinatra no está aquí, he pensado que podría realizar algo especial con él, algo a lo que yo llamo música abierta-explicó Light Sound.
-¿Música abierta?-repitió Cadance, extrañada.
-Se trata de un término acuñado por un servidor, el cual se refiere a toda aquella música que puede ser usada por cualquier tipo de artista, en resumen, toda aquella música que no esté atada a leyes regulares restrictivas…
-Oh, ya veo por dónde va, es como una forma de facilitar el acceso a la música a los músicos más inexpertos ¿no?-murmuró Luna.
-Algo parecido, y después de haberlo escuchado, estoy seguro de que una voz como la del señor Sinatra haría furor en toda Ecuestria… ¿qué me dice, alteza? ¿Me daría permiso para realizar unas cuantas copias del disco?-inquirió Light Sound, con un deje de esperanza en su mirada.
Luna no veía por qué no iba a darle permiso, después de todo, el disco tampoco era suyo técnicamente, tan solo se lo había encontrado.
-De acuerdo, pero tiene que prometer que nos lo devolverá-añadió ella.
-Por supuesto, para mañana lo tendrán de nuevo en el palacio; después de todo, se pueden tirar unas pocas copias enseguida, y luego puedo seguir trabajando sobre las otras copias…
-Muy bien, pues todo suyo entonces-murmuró Luna, entregándole el disco junto con su funda.
-Oh, viene con funda y todo… muchas gracias, alteza.
-De nada.
El productor musical se despidió de ellos y se fue de allí tan rápido como apareció.
Las siguientes horas fueron más agradables y distendidas, la canción de Sinatra había dejado un buen ambiente y los ponis de alrededor ya no se paraban tanto como antes, dejando a la familia real más espacio. Midnight y Skipper estuvieron dando una vuelta por los alrededores, sin alejarse mucho de ellos.
-¿Por qué nos habrá largado de esa forma la princesa? Es que no lo entiendo…-murmuró ella, algo molesta.
-¿Lo dices por ella o porque estás conmigo?-inquirió él, mirándola divertido.
-Sigues siendo un imbécil para mí, Skipper…
-Lo sé, yo también te quiero…
La bat poni se quedó muda, sin poder evitar enrojecer de golpe.
-Si lo que quieres es molestarme, prefiero irme por donde he venido y perderte de vista…
-Oh, vamos, no seas así… los dos sabemos que no va con segundas…
Ambos guardias se miraron por un momento, Skipper la sonrió, pero ella miró hacia el otro lado.
-Las cosas pueden ser muy distintas, pero sólo si tú quieres… es una tontería seguir negándonos lo evidente. Todo cambió para nosotros después de esa guardia en la torre norte… Midnight…
La aludida levantó la vista, sorprendida al ver que Skipper la llamó por su nombre; los dos se sostuvieron la mirada por un momento, parándose enfrente de la fuente.
La bat poni bajó la vista, sin poder evitar esbozar una triste mirada.
-No… no podemos estar juntos, Cloud…-susurró ella.
-¿Por qué no? si lo dices porque eres una bat poni, eso me trae sin cuidado… Midnight, mírame…
Un casco blanco la tomó de la barbilla y la levantó la cabeza hacia arriba.
-Sabes que es más que eso… no puedo… de verdad que no puedo, no es que no quiera, pero no puedo…
-¿Por qué no? dame una razón, Midnight… la que sea.
Los dos volvieron a sostenerse la mirada y el pegaso blanco se acercó poco a poco a ella, la cual apenas se movió; antes de que sus labios se llegaran a rozar, Midnight se apartó. Skipper levantó la vista, visiblemente dolido.
-Lo siento, Cloud… no podemos…
Y tras esas palabras, la bat poni desplegó sus alas y se fue volando de allí, dejando al guardia con la miel en los labios. Dejó escapar un lánguido suspiro, mirando al suelo con gesto triste. Vio entonces que una pareja se acercaba a la fuente, tanto el semental como la yegua sostenían una moneda con su magia; los dos cerraron los ojos y luego lanzaron la moneda al agua, la cual se hundió. Tras eso se fueron de allí, acariciándose el cuello mutuamente y enredando sus colas. Skipper se asomó a la fuente y vio que el fondo estaba lleno de bits.
-Vaya, parece que la canción ha pegado fuerte, no recuerdo que la fuente estuviera llena de monedas…-pensó él.
Por un momento quiso irse, pero antes, rebuscó en sus pequeñas alforjas adosadas a su armadura, sacando un bit de éstas; lo miró por un momento, cerró los ojos y lo lanzó en la fuente. Tras eso, se fue de allí, sin volver a mirar atrás.
Por otro lado, la familia real se entretenía jugando al parchís; Frank había caído dormido hace poco después de que su madre le cantara una rápida nana, y ahora los cuatro jugaban a una partida de parchís; incluso Blueblood participó, dejando aún más chocada a Cadance, la cual creía que habían cambiado a su primo.
-Seis… bien, tiro otra vez-murmuró éste, volviendo a lanzar el dado.
Un cuatro le dejó un poco más cerca del pasillo hasta la meta roja, su color.
-Estás que lo tiras, sobrino…-murmuró Celestia, sonriendo levemente.
-Sí, a mí el parchís siempre se me ha dado bien-asintió Bluebood.
Cadance fue la siguiente en tirar el dado, sacando solo un dos, lo que la aseguró un lugar en la casilla de seguridad; Luna no pudo alcanzarla aún a pesar de que sacó otro dos, formando una barrera entre las dos.
-Ha sido una buena idea, Celestia… hace muy buena tarde-comentó Luna.
-¿A que sí? Podemos hacerlo más a menudo-sugirió Celestia, lanzando el dado.
Un cinco la permitió sacar otra de sus fichas azules de su casa, poniéndola en movimiento sobre la casilla de salida. Blueblood volvió a tirar en su turno y avanzó unas cuantas casillas más hacia el pasillo, Cadance fue la siguiente, y en ese momento comentó.
-No te hacia tan receptivo en esto de los juegos de mesa, primo…
-Bueno, cuando éramos pequeños sí que jugábamos… ¿es que ya no te acuerdas?
-Sí, aunque…
Cadance quiso hablar, pero al final se lo dijo para ella misma.
-Lo que no recuerdo es la última vez que estuvimos así de… bien.
Y era cierto, puesto que no siempre las cosas habían estado tan tensas entre los demás y él; la mente de Cadance comenzó a bucear en sus recuerdos, rememorando las tardes de juegos y risas entre ella y su primo. Siempre habían estado muy unidos, jugando y haciendo cosas los dos juntos. Y había sido así durante toda su infancia. Las cosas comenzaron a cambiar cuando empezaron a hacerse mayores. Aun a pesar de la buena educación que recibieron por parte de su tía Celestia, conforme fueron creciendo, Blueblood empezó a volverse más y más huraño, descarado y maleducado. Comenzó a tomarse su título más en serio, subiéndosele a la cabeza, lo que siempre Celestia les decía que no debían de hacer; un príncipe o princesa debía de ser bueno, educado, considerado y de porte real, pero sin creerse más que los demás sólo por eso. Aun así, todas esas enseñanzas no parecieron surtir efecto en Blueblood, el cual se volvió arisco y elitista. Los días de juegos y diversión terminaron, convirtiéndose en un pozo insondable entre Cadance y él. Desde entonces, apenas se hablaban. Hasta esa misma tarde, cuando todo parecía cambiar repentinamente gracias a una partida de parchís.
-Cadance, te toca…
-Prima, despierta… tierra llamando a Cadance, aterriza.
La voz de su primo la hizo reaccionar y miró al tablero, volviendo a la realidad.
-Ah, que… que…
-Te toca, tira ya-indicó él, pasándole el cubilete con el dado.
Ella lo cogió con su magia y lo agitó, para luego lanzar el dado.
Para las siete y media, el sol comenzó a bajar, ocultándose por el otro lado de la montaña y proyectando una densa sombra sobre el parque; para ellos fue la señal inequívoca y comenzaron a recoger las cosas para volver al palacio. Midnight y Skipper reaparecieron justo antes y les ayudaron a recoger las cosas, la bat poni recogió el gramófono sin ni siquiera mirar a Skipper en ningún momento. El paseo de vuelta fue más lento y pausado que el de ida, notándose el cansancio sobre ellos.
El resto del día pasó rápidamente, volviendo cada uno a sus tareas cotidianas de siempre en el palacio; Luna siguió cuidando de su hijo aprovechando que no tenía nada más de lo que ocuparse durante el resto del día, mientras que Celestia volvía a ocuparse de sus tareas reales. Por su parte, Cadance se sentía más nostálgica que de costumbre, acordándose de su pasado con más frecuencia de la habitual. Los álbumes de fotos los guardaban en una de las salas de estar en el tercer piso, Cadance se perdió entre las fotos antiguas, recordando los viejos tiempos. Vio fotos de cuando era potrilla, jugando con Blueblood, el cual era un potrillo muy guapo y adorable. Incluso llegó a esbozar una ligera sonrisa divertida.
-¿Qué te hace tanta gracia?-inquirió en ese momento una voz familiar.
Cadance alzó al vista y vio a su primo apoyado en el dintel de la puerta, mirándola ceñudo.
-Oh… nada en especial, recordando los viejos tiempos… mira esta foto, eras adorable, Blue…
Los dos reaccionaron de golpe, sin ni siquiera darse cuenta.
-Hacía mucho tiempo que no me llamabas así…-comentó él.
-Sí…
Los dos se miraron por un momento y el príncipe se acercó al sofá, sentándose a su lado y viendo las fotos con ella. En una de ellas aparecían los dos en la playa, construyendo un castillo de arena.
-Mira ¿te acuerdas de esta? Fuimos de campamento aquella vez en Tall Tale…-comentó Cadance.
-Ah, sí, durante las vacaciones de verano… la tía Celestia nos mandó a los dos solos cuando cumplimos los diez años, para que nos compenetrásemos mejor…-asintió Blueblood.
-Sí, lo recuerdo bien… era una competición de castillos de arena ¿no?
-Creo que sí, me parece que acabamos en segundo lugar.
-Sí, conservo el trofeo en mi habitación…
Las siguientes fotos siguieron haciéndoles recordar más cosas, perdiéndose entre sus recuerdos y llegando a compenetrarse perfectamente después de todo ese tiempo, sin ni siquiera gritarse entre sí; por un momento los dos se dieron cuenta de esto y se sostuvieron la vista por unos breves segundos. Cadance cerró el álbum de golpe y suspiró.
-¿En qué momento perdimos ese vínculo tan especial, Blue? Recuerdo con alegría esos días pasados, nos llevábamos tan bien… ¿Cuándo cambió todo eso?
Blueblood no contestó, tan solo fijó su vista en algún punto no específico al otro lado de la habitación. En un momento dado, él habló.
-Hace tiempo que dejamos de ser unos potrillos, Cadance. Ahora somos dos príncipes, y hemos de comportarnos como tales.
-Pero que seamos dos príncipes no nos da derecho a que nos aprovechemos de ello… y no me lo niegues, pero eso ha sido lo único que has hecho desde que tomamos conciencia de ello. ¿Por qué, Blue? Mira lo bien que estamos ahora ¿no podemos hacer que los viejos tiempos vuelvan?-inquirió ella.
-¿Y para que querrías que volvieran? Eso no cambiaría nada…
-¡Cambiaria todo! ¡Y tú también podrías cambiar si te lo propusieras! Por favor, Blue, vuelve a ser ese primo bueno y cariñoso que tan bien recuerdo… podríamos recuperar el tiempo perdido juntos… y a la tía Celestia le alegraría saber que todo vuelve a ser como antes entre nosotros…
-La tía Celestia… como si a ella la importase… no la importó en su día, menos aún la va a importar ahora…
-¡Eso no es verdad y lo sabes! ¿Por qué te empecinas en ponerte a ti en primer lugar?
-¿Y por qué te empecinas tú en hacer que todo vuelva a ser como antes? ¿Para qué quieres que todo vuelva a ser como antes? ¿Para que vuelva a ser tan débil como tú o la tía Luna? No, me niego…
Cadance se llevó una pata al pecho, dolida por lo que la dijo.
-¿Cómo puedes decirme eso? Yo no soy débil, y la tía Luna tampoco lo es, desde que volvió no ha hecho más que demostrar lo fuerte que se ha vuelto, y ahora adoptando a Frank ha probado tener una fortaleza que nunca antes había mostrado…
-Además de eso, que va y adopta a una criatura extraña y desconocida… es el colmo.
Cadance quiso responderle, pero no quería echar a perder el buen rollo que ahora no hacía más que tambalearse; se pensó mejor sus palabras y luego habló.
-Por favor, Blue, haz un esfuerzo y recapacita, nadie está en tu contra, eres tú el que se ha puesto en contra de todos…
-Yo no tengo nada de lo que pensar, y esta conversación se ha acabado… y te agradecería que no me volvieses a llamar así…-añadió él, levantándose en ese momento.
-Pero… Blue…
-¡Que no me llames así!-exclamó entonces, sobresaltando a su prima.
Los dos se miraron una vez más y Blueblood se fue de allí a grandes zancadas; Cadance se quedó en el sofá, mirando hacia la puerta y esbozando una triste mirada. Suspiró y miró el álbum con gesto taciturno. Lo dejó donde estaba y se retiró a su habitación, dejando sus recuerdos en el estante.
Tras esa merendola, la figura de toda la familia real cambió un poco; los diarios de la ciudad llegaron a cubrir la noticia con una foto de los cuatro en el parque, con alguna que otro reseña positiva, incluso para con Frank. Aunque los grupos nobiliarios más elitistas seguían en contra de éste, sobre todo las familias a las que Luna insultó aquella vez en la sala del trono. Las cinco familias afectadas se habían unido entre ellas y se habían propuesto desprestigiar a la princesa por todos los medios mediante la crítica en la prensa y en las altas esferas de la sociedad canterlotiense. Celestia trataba de defender a su hermana con todas sus cartas, pero aun así no era suficiente. Luna era consciente del daño hecho a la corona, pero todos sus intentos de disculpa caían en saco roto.
Esa mañana, Luna había acordado una pequeña reunión con una de las familias para presentar sus debidas disculpas, una idea suya que confiaba que funcionase.
-¿Estás segura de que podrás tu sola con esto, Luna? ¿Quieres que te acompañe?-inquirió Celestia a su hermana, mientras ésta terminaba de arreglarse antes de salir.
-No, esto es algo que debo de arreglar yo sola; yo provoqué esto, por lo que lo arreglaré yo-insistió ella, mientras se peinaba su estrellada crin.
-Bueno, está bien, confío en que conseguirás llegar a un consenso con ellos.
-Yo también, Tia, yo también…-asintió Luna, dejando escapar un suspiro.
Las dos se miraron por un momento y Celestia la sonrió, llegando a compartir un rápido abrazo entre ellas.
-Por cierto, tienes que quedarte con Frank-anunció en ese momento Luna.
-¿Qué? Pero espera, yo estoy ocupada ¿no puede encargarse Cadance?
-Ya se lo pedí, pero no puede, ha quedado con el capitán de tu guardia-anunció ella para su sorpresa.
-¿Ah, sí? ¿Con Shining Armor?-inquirió Celestia, visiblemente sorprendida.
-Sí, me parece que le ha caído en gracia, tú ya me entiendes…-asintió Luna, divertida.
Celestia se quedó pensativa por un momento, tratando de recordar cuando vio a Cadance haciéndole ojitos a su capitán; pero enseguida se repuso e insistió en que no podía quedarse con su sobrino.
-Pero ya te digo que yo no puedo quedarme con él, estoy ocupada redactando las nuevas clausulas para el nuevo proyecto de ley para la propiedad pública.
-No tengo a nadie más, Tia, Midnight tampoco puede, últimamente la noto un tanto lejana… y, evidentemente, tampoco le voy a pedir a Blueblood que me lo cuide…
Viéndose acorralada, Celestia finalmente aceptó, resignada.
-Está bien… aunque aún no sé cómo lo voy a hacer…
-Gracias Tia, luego te cuento que tal me ha ido-añadió Luna, dándola un beso en la mejilla antes de irse.
Luego se despidió de su hijo dándole un beso en la frente y se fue de allí acompañada por un pequeño pelotón de la guardia lunar.
Celestia se acercó hasta la cuna, donde Frank se encontraba.
-Hola Frank… mamá no está, por lo que yo voy a cuidarte ¿vale?
Éste dejó escapar un agudo gritito, tomándolo ella como un sí; cogió con su magia la cuna y se la llevó consigo hasta su despacho, dejándola al lado de su mesa, contra unos archivadores que ya apenas usaba. Volvió entonces a su mesa y siguió escribiendo esas cláusulas, mojando la pluma en el tintero. Durante unos pocos minutos, Frank no dio ninguna guerra y Celestia se sumergió de lleno en su trabajo; pero al cabo del quinto minuto, el bebé comenzó a quejarse, al borde del llanto. La alicornio blanca se levantó y cogió a su sobrino con su magia, meciéndolo suavemente.
-Ya, ya está… ¿Qué te pasa, cielo?
Luna le había dado otra toma antes de irse, y no parecía estar sucio ni nada por el estilo; Celestia supuso que echaba de menos a su madre, siempre que estaba ella presente se encontraba tranquilo y calmado. O bien estaba cansado de estar tumbado. Volvió a su escritorio y lo dejó sentado en el lado derecho, mientras ella volvía al trabajo; Frank se calmó enseguida y se quedó mirando muy quieto y sin pestañear a la pluma, la cual se movía sola gracias a la magia de su tía. Ésta miró de reojo a su sobrino, el cual siguió mirando fijamente cómo Celestia escribía.
-¿Te gusta mi magia, Frank?-inquirió ella en ese momento, moviendo su pluma otra vez y mojándola en el tintero.
Frank se quedó callado, siguiendo con la mirada a la pluma todo el rato; los trazos de tinta que dejaba en el papel se volvían hipnóticos para él, quedándose del todo obnubilado. Celestia esbozó una graciosa sonrisita y siguió escribiendo. En un momento dado Frank reaccionó y se puso a gatear hacia el papel, con intenciones de coger la pluma. Celestia dejó escapar una boqueada, viendo el destrozo que se avecinaba.
-¡No, Frank, no!
Pero fue tarde, Frank se abalanzó sobre el papel, manchándose las manos en el proceso y haciendo correr la tinta fresca; Celestia lo levantó acto seguido, viendo el manchurrón que ahora era su trabajo.
-Oh, Frank… si es que yo también tengo delito…-masculló ella, un tanto molesta.
Pausó un momento su trabajo para limpiar a Frank con varios paños húmedos, mirando la página entera echada a perder.
-Pues nada, a volver a hacerla… no se anda por las mesas, Frank…-le regañó Celestia.
Pero éste apenas le importó, tan solo le dio un pequeño toque con una de sus garras en el hocico, llegando a reírse en el proceso; Celestia se rio también y murmuró.
-Si es que soy muy blanda contigo…
Lo dejó de nuevo en la cuna para evitar más estropicios y volvió al trabajo, teniendo que reescribir de nuevo todo lo que había hecho hasta ahora. Frank no volvió a dar guerra, incluso por un momento creyó que se había quedado dormido; pero su respiración entrecortada la ayudó a ver que seguía despierto. Al cabo de unos pocos minutos en los que incluso llegó a reescribir esa página entera, llamaron a la puerta.
-Adelante.
Un guardia real unicornio entró en la estancia sosteniendo algo con su magia.
-Alteza, nos ha llegado algo a la garita del conserje, nos lo ha traído un productor musical…
-Ah, el disco de Frank Sinatra… gracias, déjemelo en la mesa.
El guardia dejó la funda del disco en una esquina de su mesa y ella siguió redactando el proyecto de ley que tenía entre cascos; cogió otra hoja de papel y acercó la punta de la pluma hasta la superficie del mismo. Pero la pluma no se movió de donde estaba. El ceño de Celestia se frunció, no muy segura de cómo continuar. Ese proyecto de ley que estaba redactando actualizaría la legalidad vigente acorde a la propiedad pública; por un lado quería dar más facilidades a las clases menos privilegiadas de Ecuestria, para que se pudieran beneficiar a largo plazo, pero por otro temía que la nobleza aprovechara para hacerse con ella ahora que las cosas se habían caldeado entre ellos y la familia real. Dejó la pluma en el tintero y decidió descansar aunque sólo fuera por unos pocos minutos. Vio que Frank seguía despierto y lo cogió con su magia, cargando con él.
-Ay, hacía tiempo que no me sentía tan… maternal… parezca que vuelva a tener veinte años…-murmuró ella, por lo bajo.
Vio entonces que el disco de Sinatra seguía en su mesa y decidió ponerlo un rato para relajarse un poco; dio cuerda a su gramófono y comenzó a reproducirse desde el principio, Celestia se tumbó en un sofá que allí tenía y estuvo haciéndole mimos a Frank, llegando a hacerle alguna que otra pedorreta en la barriga, con lo que el pequeño se partía literalmente de risa. Las canciones que ya conocía fueron pasando rápidamente hasta llegar a una nueva que no había oído antes; la orquesta comenzó como siempre precediendo a Sinatra.
El ritmo era mucho más movido y alegre que las otras canciones, y se notaba casi desde la primera nota.
Por un momento pensó que Sinatra había adivinado cual era la situación y se estuviera divirtiendo a costa de su eventual ataque de nostalgia; aunque en realidad, no podía sentirse más identificada.
El ritmo en esos versos transmitía una alegría y un bienestar considerables; eso, unido a la potente voz de Sinatra, no hacía más que intensificar aún más esa sensación.
El crescendo por parte de Sinatra no hizo más que aumentar la tonalidad de la canción un poco más.
Hubo un rápido y huidizo interludio musical por parte de la orquesta antes de volver a la letra de la canción de forma casi tan rápida como empezó.
El resto de la canción fue una reiteración del resto de versos anteriores, aumentando paulatinamente tanto el tono como el ritmo, poniendo más énfasis en la letra. Como colofón, reiteró una vez más el último verso antes del interludio, repitiendo un poco más la frase you make me feel so young hasta finalizar la canción repentinamente.
Para cuando terminó la canción, Celestia siguió tarareándola, llevando en volandas a Frank; sin ni siquiera darse cuenta de que había salido de su despacho y se encontraba danzando por los pasillos y cantando por lo bajo. Frank le miraba divertido, esbozando una adorable y pillina sonrisita. Por el camino se encontró con Kibitz, el poni que le llevaba su agenda, un semental entrado en años y de porte elegante que se quedó de piedra al ver a la princesa bailando ella sola por el pasillo.
-¿Alteza? ¿No tenía usted que redactar un proyecto de ley para esta tarde?
-Oh, relájate un poco, Kibitz, disfruta de la vida… ¿a que sí, cariño?-inquirió ella a Frank, el cual se rio tontamente.
-¿Has visto? Hasta Frank me da la razón… you make me feel so young… you make me feel so spring has sprung…
Kibitz la observó alejarse cantando y bailando, un tanto chocado; pero al final esbozó una pequeña sonrisa, pensando en voz alta.
-Hacía tiempo que no la veía tan animada… el señorito Frank la está haciendo bien…
La mansión de la familia a la que iba a presentar personalmente sus disculpas se encontraba situada en el distrito residencial, no muy lejos del palacio; acompañada por un pequeño pelotón de cuatro soldados de la guardia lunar, Luna atravesó las calles con porte seguro y mirada fija puesta al frente, portando una capa azul oscura de viaje, con bordes dorados bordados. Era una simple formalidad que casi nunca cumplía en circunstancias normales, pero en esos momentos todo valía para ella, y además, la nobleza era muy puntillosa en los detalles. Llegaron a la mansión enseguida y uno de los guardias llamó a la puerta principal por ella; la verja estaba abierta y pasaron sin muchos miramientos. Tras unos breves segundos de espera, abrió la puerta una de las criadas de la casa.
-Bienvenida, princesa Luna, la estábamos esperando.
Antes de realizar la visita había avisado previamente, y la familia había aceptado su propuesta; ella confiaba en que podrían llegar a algún tipo de acuerdo que satisficiera a ambas partes, por lo que se presentaba del todo segura de sí misma. Entró en el vestíbulo, mientras que el mayordomo de la familia, un semental joven, se acercaba a ella.
-¿Me permite su capa, alteza?
Luna se la desbrochó con su magia y se la entregó al mayordomo, el cual la cogió con su magia como si fuera la cosa más frágil del mundo. Un leve asentimiento de su cabeza bastó para que un par de soldados se quedaran fuera guardando la puerta, mientras que los otros dos la acompañaron al interior.
Un ostentoso y recargado vestíbulo precedía a un ancho salón pasado un estrecho pasillo que cortaba la casa horizontalmente; una riquísima lámpara de araña colgaba del techo del mismo, el cual se encontraba decorado por pinturas de estilo barroco. Los muebles eran casi tan vistosos como los demás elementos que los rodeaban, los cuales rezumaban lujo en todos los aspectos. El cabeza de la familia, Golden Crisp, al que había insultado aquella vez, se encontraba acompañado de su mujer e hijo, un potrillo de, por lo menos, seis años de edad.
-Bienvenida a mi hogar, princesa. Permítame presentarla a mi mujer, Belle Light, y a mi hijo, Switch Gold-se presentó Crisp.
-Encantada. Si no le importa, señor Crisp, saltémonos la parte formal y metámonos en el meollo de la cuestión, estoy segura de que tanto usted como yo queremos resolver cuanto antes el asunto que nos atañe-murmuró Luna.
-Ciertamente… Maid, llévate arriba al niño-indicó Crisp a una niñera que allí había.
-Sí, señor.
La niñera se retiró junto con el potrillo y desaparecieron de la vista en cuanto giraron por la esquina del pasillo; tras eso, todo el mundo tomó asiento en dos sofás que había allí cerca, junto a una chimenea apagada. El par de guardias lunares se apartaron a ambos lados de la estancia y se quedaron tan quietos como estatuas. La mujer de Crisp reaccionó ante el silencio y la espetó a la criada de antes.
-¡Lilac, muévete y ve a por un té, que siempre tengo que decírtelo todo!
-Ay, sí, lo siento señora, ahora mismo voy…-murmuró Lilac, algo amedrentada.
-No, no hace falta, gracias, estoy bien… he venido a hablar, no a tomar el té.
La negación de Luna bastó para parar a Lilac, la cual se quedó muy quieta y sin apenas pestañear. Justo después, Luna volvió a hablar.
-Me gustaría comenzar presentando mis más debidas disculpas tras lo acontecido tras ese aciago día. Me envalentoné más de la cuenta en vez de permanecer calmada y serena, como una buena princesa debe comportarse. En ningún momento estuve en mi derecho de recriminarle e insultarle de esa manera, y siempre hay una alternativa. Por eso, le pido expresamente su perdón.
Crisp miró por un momento a su mujer, la cual le miró de reojo con una expresión clara.
-Aceptamos sus disculpas, princesa…
-Muchas gracias, señor Crisp.
-… pero con una condición-añadió entonces justo después.
Luna le miró impertérrita, pensando rápidamente por un momento; de alguna u otra forma se esperaba algún tipo de exigencia, pero no tan pronto.
-¿Sí?
-Tanto mi mujer como yo creemos que el honor de nuestra familia ha sido mancillado severamente; aceptamos sus disculpas si usted nos facilita una serie de privilegios exclusivos a la nobleza más cercana a la corona.
La princesa de la noche se quedó del todo anonadada, con la boca ligeramente entreabierta; la familia de Crisp entraba dentro de los círculos más altos de la sociedad de Canterlot, pero no llegaba a los estratos más cercanos a la corona real, los cuales eran muy pocos y contados. Las familias de estos estratos en concreto suelen ser las de los miembros de la corte y los de la Cámara Alta, y destacaban por poseer una inmunidad diplomática especial que obtuvieron hace mucho tiempo, y que permanecía inalterable casi desde los tiempos del reinado de su madre. Gracias a esta inmunidad, no podían ser juzgados por un juzgado común y las decisiones finales estaban supeditadas incluso a las de su hermana o ella misma. Eran de los privilegios más altos y exclusivos de todo el sistema nobiliario canterlotiense.
-No es por nada, pero como ya bien sabrán, esos privilegios de los que hablan están reservados para las familias de los miembros de la corte real y la Cámara Alta, y no son…
Luna quiso continuar, pero el señor Crisp la cortó.
-Lo sabemos, por eso se lo pedimos. Si lo que quiere es que la dejemos en paz a usted y a esa… criatura que tiene por hijo, simplemente denos esos privilegios.
-No meta a mi hijo en esto, no tiene nada que ver con lo que usted me está intentando pedir.
-Tan solo estamos hablando, no veo por qué esto iba a marcar la diferencia…
Luna requería de todo su autocontrol para no estallar otra vez; sabía que no la convenía hacerlo de nuevo, y tenía que verse profesional en todo momento, no como una poni histérica y violenta.
-¿La diferencia, dice usted? Tiene gracia… primero llega a mi casa, a mi palacio, exigiéndome que no cuide a mi hijo… y ahora que yo vengo aquí, con toda mi buena voluntad, dispuesta a disculparme y hacer un trato con ustedes, ustedes me saltan con esto…
-Pues por eso mismo, estamos haciendo un trato… los privilegios a cambio de sus disculpas, así de fácil. Y podrá pasar todo el tiempo del mundo con su… hijo.
Luna se pensó muy bien sus palabras antes de contestarle; fueron unos breves segundos antes de que empezara a hablar.
-Recuerdo que, durante el reinado de mi madre, la nobleza rendía respeto y pleitesía a la corona, y a cambio, ésta entablaba relaciones sociales con ellos, estrechando lazos y compartiendo su amistad. Todo eso fue antes de que se derogaran las antiguas leyes que mi madre llegó a redactar debido a que se quedaron obsoletas. Recuerdo que mi hermana redactó unas leyes nuevas basadas en las antiguas, en las que se daba mayor libertad a la nobleza más cercana a la corona; pero fue entonces cuando la nobleza, en un arrebato de ego y soberbia, aprovechó esas libertades para rendirse pleitesía a ellos mismos. Y así, sin que mi hermana pudiera hacer nada por derogar o cambiar esas leyes debido a un pacto temporal, la nobleza se ha estado beneficiando egoístamente de ese antiguo voto de confianza.
El silencio posterior tras el monologo de Luna fue tan denso que se podía cortar con un cuchillo. La princesa de la noche fulminó con la mirada a ambos nobles, los cuales se encogieron como larvas.
Sin decir nada más, Luna se levantó de golpe sin apartar su mirada de ellos e indicó.
-Shadow, Slash, nos vamos.
Al instante, los dos guardias lunares se pusieron en movimiento y escoltaron a su señora hasta la salida; el mayordomo la tendió la capa a Luna, quitándosela de golpe y poniéndosela rápidamente, saliendo por la puerta en menos tiempo incluso.
Sin ni siquiera pararse o mirar atrás, Luna volvió por donde había venido pisando fuerte y manteniendo la misma mirada encendida durante casi todo el trayecto; todos los ponis que la vieron al pasar se quedaron bastante amedrentados, incluso alguno que otro salió corriendo asustado.
Entró en el palacio abriendo la puerta abruptamente y despidió a sus guardias, los cuales se retiraron a sus dependencias; Luna subió las escaleras hacia su habitación, aun con el cabreo muy presente y con ganas de romper cosas. Al pasar por el tercer piso, oyó la voz cantarina de su hermana junto con las risas ahogadas de su hijo, pero iba tan enfadada que ni siquiera se paró a saludar; desde donde estaba, Celestia consiguió ver a su hermana pequeña y la llamó.
-¡Ey, Luna! ¿Ya has vuelto?
Pero en vez de recibir una contestación, Luna siguió subiendo las escaleras, con un porte tenso y visiblemente azorada; Celestia se extrañó y fue tras ella, encontrándosela en su habitación echada en la cama y aporreando sus almohadas.
-¡Luna! ¿Qué ha pasado, por qué estás tan alterada?-inquirió ella, preocupada.
Frank dejó escapar un gritito alegre al ver a su madre, la cual reaccionó enseguida; Celestia se acercó a la cama y le devolvió a su hermana su hijo, la cual lo cogió con su magia y lo apoyo en su pecho, dándole un beso en la cabeza.
-¿No ha habido suerte?
Luna negó con la cabeza, dejando escapar un exasperado suspiro.
-¿Qué ha pasado? Cuéntame…
Esbozando una impotente mirada, Luna empezó a relatarla cómo fue la visita y la indecente proposición del señor Crisp; Celestia se quedó igual de indignada que su hermana.
-Pero bueno… la caradura de esos sinvergüenzas está llegando a niveles ridículos…
-Desde luego… y es que encima se aprovechan de su posición para chantajearme... chantajearme a mí, a la princesa… ¿Quién es la princesa aquí, yo o ellos? ¿Por cuánto tiempo más vamos a dejar que la nobleza nos mangonee así, Tia?
-Esto es intolerable, eso desde luego… será mejor que tomemos cartas en el asunto cuanto antes, esta situación es insostenible. El proyecto de ley de la propiedad pública puede esperar, empezaré a redactar una nueva actualización para las leyes nobiliarias, tiene que haber alguna forma para que podamos restringir sus acciones, aunque necesitaré de tu ayuda.
-Cuenta conmigo, entonces. Aunque… ahora que no he conseguido llegar a un acuerdo con ellos, nos presionarán aún más ¿qué podemos hacer, Tia?-inquirió Luna.
-Por ahora esperar y aguantar el tipo como sea, primero tenemos que volver a revisar todas las leyes nobiliarias y ver por dónde podemos coger por banda a esos caraduras… no te preocupes, saldremos de esta, ya lo verás. Y como bien ya sabes, me tienes a mí… y a Frank también-añadió Celestia, sonriendo.
El aludido se encontraba entre las patas de Luna, jugando con el pelaje de su madre, permaneciendo muy tranquilo.
-Lo sé… gracias, Tia. Y gracias a ti también, cariño, por aparecer en mi vida…-murmuró ella, acariciándole con su hocico la cabeza.
Frank se abrazó al cuello de su madre, cerrando los ojos y llegando a dejar escapar un lánguido bostezo; Luna lo meció entre sus patas y canturreó por lo bajo una vieja nana ecuestriana. Celestia se fue de allí para dejarles tranquilos, pero antes de irse les observó desde la distancia, esbozando una grata sonrisa.
-Y pensar que en un momento la cuestioné… eres una gran madre, Luna.
Afuera, el sol comenzaba a ponerse, bañando a Canterlot en una tenue luz anaranjada.
N. del A. Versión sin letras para evitar la eliminación de la historia
Y he aquí el nuevo capítulo; lo he estado pensando detenidamente y finalmente no me voy a atar a mi intención original de hacer algo cortito. Dejaré que la historia siga su curso y que dure lo que tenga que durar. Además, también voy a cambiar mi intención de hacer saltos temporales largos; los haré, pero por ahora prefiero ceñirme a la temporalidad de la serie, ahora mismo, y tras este capítulo, estamos más o menos a mediados de la segunda temporada, por lo que cubriré el resto y hasta este momento mediante saltos temporales no tan largos. Una vez que alcance la cuarta temporada tal vez esperaré un tiempecillo, ya que queda poco para que termine. Y una vez que la cuarta temporada cierre, empiezo a hacer los saltos temporales largos. A partir de ahí tengo toda la libertad del mundo, por lo que jugaré con eso. Además, así a ojo, entre temporada y temporada hay más o menos un año, lo que también puedo aprovechar a mi favor. También tenemos dos canciones en este capítulo, algo inusual, ya que tenia la intención de ir revelando una canción por capitulo, pero esto ha sido algo puntual. He añadido algunos detallitos de mi propio headcanon también. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
