Capítulo 6
Tribulaciones
Había pasado ya una semana desde el aniversario de Hollow Shades y todo parecía diluirse como si nunca hubiera ocurrido; era una sensación extraña que dejaba a Luna más cansada de lo que ya estaba. Y no era ni de lejos por aquella noche en vela junto con los bat ponis, sino en general. Desde que regresó, ella y Celestia habían estado trabajando duro para paliar el daño que esas leyes abusivas les habían infringido, y esa semana se la había hecho eterna. Luna mandó varias cartas a ciertas personalidades y mandatarios que ella conocía y confiaba que la fueran a ayudar para este acuciante problema. Por su parte, Celestia se había estado deslomando redactando prácticamente un nuevo reglamento nobiliario, con la intención de presentárselo a la Cámara Alta el lunes que viene; pero antes de eso, necesitaban tener el apoyo de, por lo menos, el veinte o treinta por ciento de los nobles que conformaban el entramado social más alto de Ecuestria. Por ello, Luna también la tuvo que ayudar con eso, para que el trabajo no se la hiciera tan pesado.
Se sentía tan cansada que optó por darse un leve descanso en compañía de su hijo, al cual apenas había visto en toda esa semana; por un lado sabía que le venía bien un poco de autonomía por su parte, pero por otro, sentía que últimamente no pasaba el tiempo suficiente con él. Frank ya se había acostumbrado a no ver siempre a su madre, pero era en ese momento cuando más se daba cuenta de la poca atención que le había brindado de un tiempo a esa parte.
Por eso y más, un buen descanso en su habitación, en compañía de su hijo y con una buena canción de Frank Sinatra, la ayudaba a desconectar y disfrutar de su maternidad. Y era precisamente esa canción la que más la ayudaba a darse cuenta de lo importante que se había vuelto Frank para ella.
Parecía mentira, pero en casi todas las situaciones en las que ella se encontraba, Frank Sinatra sabía cómo resumirlas en cinco estrofas o menos. Casi parecía que la propia canción les observara y cantara para ellos.
Esa canción en concreto, Under my skin, resumía muy bien lo que habían sido todas esas semanas para Luna, casi como un sueño, ahora hecho realidad; a pesar de que no sabía lo que era, ahora no había ninguna sola duda: era su hijo. Aunque fueran diferentes, ese detalle no quitaba esa realidad que ahora la golpeaba con fuerza y la hacía sentirse más feliz que nunca. Frank era su hijo. Desde que apareció en su vida, ella le había dado todo el cariño y amor que sólo una madre le puede dar a su hijo. Y eso la hacía sentirse la yegua más feliz del mundo.
Como todas las canciones de Frank Sinatra, ésta era suave y relajada, con ritmos constantes y nunca entrecortados; tras la última estrofa vino un potente y melodioso interludio musical, en el cual la orquesta volvió a lucirse una vez más. Una vez que éste acabó, se volvieron a repetir todas las demás estrofas desde la cuarta, poniendo Sinatra mucho más énfasis en la letra y en el ritmo de la canción, la cual acabó con un suave tintineo.
Frank dejó escapar un suave gritito, indicando su gusto por la canción.
-¿Te ha gustado, cariño?-inquirió Luna, sosteniéndole entre sus patas.
El aludido miró a su madre sonriendo tontamente y la acarició el hocico; ella sonrió y le devolvió el gesto frotándole el hocico en la cabeza.
En ese momento llamaron a la puerta y Luna indicó.
-Adelante.
La puerta se abrió y un guardia lunar entró en la habitación.
-Correo para usted, alteza, acaba de llegar.
-Ah, gracias, déjemelo en la cómoda.
El bat poni dejó las cartas donde ella le indicó y se retiró tan pronto como apareció; usando su magia, las atrajo hasta donde estaba ella y las leyó con detenimiento. Una grata sonrisa se dibujó en la cara de Luna, levantándose de seguido y llevándose a Frank consigo.
-Vamos a ver a tu tía, Frank-anunció ella, poniéndole en su lomo.
El despacho de su hermana estaba al otro lado del pasillo, por lo que no tardó nada en presentarse.
-Hola Tia ¿cómo lo llevas?
-Ahí va, me faltan un par de cláusulas más y el compendio… ¿querías algo?-inquirió ella, mojando la pluma y escribiendo.
-Sí, me acaban de llegar ahora mismo las cartas que esperaba, ya sabes, de la Asociación de Amigos del Pueblo…
-Ah, sí, esa institución compuesta por aristócratas de medio rango… ¿han dicho que sí?-inquirió Celestia, sorprendida.
-¡Sí! Y no solo eso, tienen intención de apoyarnos para que tengamos representación en el resto de Ecuestria, ya que tienen su sede en Fillydelphia…
-Vaya, esa es sin duda una gran noticia…
-¿A que sí? Ya sólo falta conseguir apoyos aquí en Canterlot ¿cómo lo llevas?-inquirió Luna.
-Mandé unas cuantas cartas a varias eminencias que yo conozco dentro de los estratos más arraigados de aquí, pero hasta ahora no me han contestado… prefiero seguir esperando, pero…
-En ese caso no creo que podamos contar con ellos… olvídalos, buscaremos otros apoyos ¿a quién más conoces?-quiso saber Luna.
-¿Te acuerdas del duque Lucky, de Trottingham?
-Sí, era el mismo de aquella vez ¿no?
-El mismo. Hablé con él la semana pasada explicándole lo que queríamos hacer y nos ha dado su apoyo incondicional.
-Oh, qué bien… ¿qué más?
-Pues a ver… confiaba en que mis contactos de aquí no me fallaran, pero dado que no ha sido así… creo que eso es todo…-murmuró Celestia.
Luna se quedó un tanto chocada, casi sin creérselo.
-¿Qué? ¿Hablas en serio? creía que tenías más recursos, Tia…
-Pues sí, aunque sea la princesa, no conozco a todos los ponis del reino… al menos no a los más influyentes.
-¡Pues vaya! ¿Y ahora qué hacemos? Necesitamos el apoyo de una parte de Canterlot si queremos que la Cámara Alta apruebe nuestra propuesta…-recordó Luna, sosteniendo a un nervioso Frank con su magia.
-Lo sé, lo sé… no sé cómo lo haremos, ya se me ocurrirá algo…
En ese momento llamaron a la puerta y Celestia dio paso.
-Adelante.
Esta vez, un guardia solar se presentó, acompañado de un guardia lunar.
-Alteza, estamos buscando a… ah, princesa Luna, ahí está…-murmuró el guardia solar.
-Alteza, la esperan en el salón del té de la tercera planta, una poni modista viene a verla…-anunció el guardia lunar.
-¿Poni modista? Ah, esa debe ser Rarity… veré a ver que quiere, te dejo, Tia.
-Hasta luego, Luna-murmuró Celestia, volviendo al trabajo.
Siendo acompañada por su guardia lunar, Luna se dirigió directamente al salón del té, ya que era el mismo en el que estuvieron la última vez que se vieron; Rarity la esperaba sentada en uno de los sofás, en cuanto la vio, la saludó.
-¡Oh, princesa Luna, me alegro de verla! Espero no interrumpirla nada importante…
-Para nada, de hecho nos pillas descansando… ¿a que sí, cariño?-murmuró la princesa, alzando a su hijo con su magia.
Frank se rio tontamente mientras volaba por los aires hasta acabar entre las patas de su madre, la cual se tumbó en el otro sofá.
-Oh, me alegro… ¿y cómo está el pequeño Frank?-inquirió Rarity, curiosa.
-Pues como siempre, no para, está lleno de energía… y dime ¿a qué habías venido?
-Oh, sí, venía a entregarla personalmente un nuevo lote de ropita para él, la he confeccionado hace poco-anunció Rarity, sacando algunos modelos nuevos de sus bolsas.
Ésta vez, Rarity había preferido experimentar un poco más y había desechado los camisones de una sola pieza; en su lugar, había hecho una serie de pequeñas camisetitas a medida, con colores fríos y de niño, como el azul claro, el blanco o el dorado, sobre todo en los encajes. Además, había confeccionado una serie de fundas de seda para sus garras posteriores.
-Pensé que, para que no cogiera frio, le vendría bien tener abrigadas las garras posteriores, por lo que le diseñé estas fundas sedosas…
-Oh, qué práctico… déjame que te las pruebe, cariño…
El resultado fue un adorable y mullidito Frank, el cual no se quejó en ningún momento y se dejó hacer, riéndose de vez en cuando con alguna que otra cara tonta que Rarity le ponía. Además, sus nuevas ropas le quedaban muy bien, viéndose aún más adorable de lo que ya se veía.
-Oh, muchas gracias, Rarity, en serio, si no fuera por ti, mi armario estaría muy limitado…
-Oh, ya sabe que a mí no me importa, princesa… ahora que ya se acerca la primavera, haré algo más suave y cómodo para que no pase calor-añadió la unicornio blanca, guiñándola un ojo.
-Qué bien… dile gracias a Rarity, Frank…-murmuró Luna.
El aludido miró a Rarity con los ojos muy abiertos y esbozó una grata sonrisa, lanzándola un beso incluso. La unicornio modista se quedó encantada.
-Oh, es un amor, y qué galante es… ya verá princesa, cuando sea mayor le veo conquistando a cada yegua que pase a su lado.
-¿Mi Frank un conquistador? No sé por qué, pero esa idea me asusta un poco…
-Oh ¿y por qué no? de por sí ya es bastante mono, seguro que cuando crezca se vuelve un muchacho apuesto y guapo-sugirió Rarity.
-Bueno, todo es posible…
Estuvieron hablando un rato más, de todo un poco, y aun a pesar de esa distracción, Luna no podía quitarse de en medio del problema que les atañía a ella y a su hermana; Rarity advirtió esto de alguna manera y sacó el tema.
-¿Qué la ocurre, princesa? La noto un poco… distante.
-Oh, no es nada, Rarity, cosas de princesas…
-Bueno, quizás pueda ayudarla si me lo explica…
Por un momento Luna dudó, pero luego se lo pensó mejor y decidió contárselo.
-Verás, mi hermana y yo estamos redactando un nuevo proyecto de ley que reescribe por completo las normas nobiliarias de toda Ecuestria, ya que descubrimos que las actuales rozan la legalidad y se aprovechan del poder de la corona para beneficiarse de ésta.
-¿Qué me está contando? Eso es horrible…
-Sí, es por culpa de estas normas por lo que el poder de la corona está tan mermado frente a la nobleza de un tiempo a esta parte. Para que estas nuevas leyes sean aprobadas por la Cámara Alta, necesitamos que una parte de la nobleza de Canterlot nos apoye para con este proyecto, pero hasta ahora no hemos conseguido nada.
Rarity se quedó pensativa, rumiando las palabras de la princesa.
-En el caso de que ninguno de los nobles del sector nos apoye, el proyecto de ley no seguirá adelante y esos aprovechados nos seguirán chupando la sangre… ya no sé lo que es peor…
La unicornio blanca siguió pensando en sus cosas hasta que, finalmente, anunció.
-Conozco a alguien que quizás pueda ayudaros…
Luna levantó la mirada, sorprendida.
-¿De veras? ¿De quién se trata?
-Es uno de los nobles más influyentes de la ciudad, puede que os suene, se llama Fancypants…
-¿Fancypants? El caso es que no me suena… al menos a mí, igual a mi hermana le dice algo… ¿y dices que quizás nos pueda apoyar en nuestro proyecto de ley?
-Hombre, la verdad es que no sé bien si lo haría… he de admitir que no tenía ni idea de que la nobleza se estuviera aprovechando de ustedes, él no parece de ese tipo de ponis, de hecho es muy amigable y abierto, puede que les escuche… y por probar, no pierden nada-murmuró Rarity.
-Bueno, primero tendríamos que hablarlo, claro…
-Sí, definitivamente tienen que intentarlo, ya le digo que Fancy es un poni muy amable y campechano, estoy segura de que les escucharán, vayan a verle, dígales que van de mi parte-indicó la poni modista, muy segura de sus palabras.
-Vaya, muchas gracias, Rarity…
-Ah, no ha sido nada… estoy segura de que conseguirán poner en su sitio a esos nobles interesados.
Estuvieron hablando un rato más hasta que al final la unicornio blanca se despidió de la princesa, la cual estuvo pensando detenidamente acerca de ese noble tan influyente sobre el que Rarity la habló.
-¿Realmente nos ayudaría?
Como no perdían nada por probar a hablar con él, regresó con su hermana y le estuvo explicando la situación.
-Ya veo… ¿y Rarity te lo recomendó así sin más?-inquirió Celestia.
-Sí, le expliqué un poco por encima la situación y me contó sobre él… ¿te suena de algo?
-Fancypants… pues ahora que lo comentas, sí, algo he oído hablar. Tengo entendido que es muy influyente, y suele marcar tendencia entre los suyos. Si realmente nos puede ayudar, creo que valdrá la pena intentar hablar con él-murmuró Celestia, más animada.
-Estupendo… entonces ¿nos ponemos en contacto con él?-inquirió Luna, sosteniendo a Frank con su magia.
-Claro, déjamelo a mí…
Usando su poder e influencia como princesa, mandó que buscaran en el registro de la ciudad el domicilio particular de Fancypants, sacando además algunos datos complementarios; Fancypants se encontraba en uno de los estratos más sobresalientes de la ciudad, por lo que era el candidato perfecto. Vivía en el centro y se encontraba casado con una supermodelo llamada Fleur Dis Lee.
Celestia fue la que se encargó de escribirle la pertinente carta pidiéndole hablar con él, ya fuera citándole en el palacio o en su propia casa; la contestación tardó menos de un día en aparecer, indicando que estaban encantados de recibirlos en su casa. Tanto a Luna como a Celestia les daba igual con tal de hablar con él y explicarle su propuesta, por lo que aceptaron mismamente y quedaron con ellos al día siguiente por la mañana.
Ese mismo día, tanto Luna como Celestia se prepararon a conciencia antes de salir hacia el centro de la ciudadela. Luna terminó de darle el desayuno a su hijo y luego se lo dejó a Cadance para que lo cuidara por ella. Tras eso se dio un rápido baño, acicalándose apropiadamente, e incluso dándose algo de brillantina en su estrellada crin. Incluso cogió su capa de viaje, para causarles una buena impresión.
Se reunió con su hermana en el recibidor, llegando justo a tiempo; Celestia también se había preparado bien, incluso había imitado a su hermana y llevaba su propia capa de viaje, una de color dorado y con bordes plateados bordados. Una escolta de un total de seis guardias reales, tres solares y otros tres lunares, completaban el conjunto.
-¿Lista para irnos?-inquirió Celestia.
-Sí…
La princesa Cadance había salido un momento de su habitación para despedirse, llevando a Frank consigo; Luna lo vio y fue a despedirse de él.
-Mamá se va a atender asuntos de estado, pórtate bien y no des mucha guerra a tu prima…
-Tranquila, de hecho no me da nada de guerra… ¿a que no, Frank?-inquirió Cadance, divertida.
El aludido sonrió tontamente y agitó sus garras con fuerza; Luna sonrió y le dio un rápido beso en la frente.
Cadance también se despidió y observó a sus tías retirarse antes de hacer lo propio ella también; subió las escaleras hacia su habitación, pero antes de llegar al primer piso, se encontró con su primo.
-¿A dónde van las tías?-inquirió, frunciendo el ceño.
-A hablar con un noble…
-¿Y de qué?
-Pues de cosas de princesas… no me concierne ni a ti ni a mí, en realidad, así que…
-Pero los dos somos príncipes… por lo tanto sí que nos concierne-la corrigió Blueblood, molesto.
-Pero no al mismo nivel, querido primo ¿o acaso ya lo has olvidado?-le espetó ella, igual de molesta.
-Aun así eso no las da derecho a que no nos expliquen… ¿no se supone que somos una familia?
-¡Ja! Me hace gracia que seas precisamente tú el que diga eso…-murmuró Cadance, echando a andar.
-Fuiste tú la que se puso nostálgica recordando los viejos tiempos, no yo…
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Ah, no, es que como te las das de sabida y entendida, pues…
-¿Pues qué, Blueblood?-inquirió ella, realmente enfadada.
Los dos se miraron fijamente por un momento, sin decir nada; los quejidos de Frank mediaron repentinamente, haciendo reaccionar a Cadance.
-En cualquier caso, y por mucho que te quejes, es algo que solo atañe a las tías… así que olvídalo y busca algo productivo que hacer con tu vida.
Y tras ese último apunte, Cadance se fue escaleras arribas, cargando a Frank en su grupa. Blueblood se quedó en el sitio, algo enfadado y pensando en lo que le dijo su prima.
-Con que no nos concierne ¿eh? Ya verás tú lo que nos concierne…-murmuró entonces, poniéndose en movimiento.
Se dirigió entonces hasta el último piso, donde estaba el despacho de su tía Celestia; se aseguró de que no había moros en la costa y se acercó hasta la puerta del mismo, para comprobar si estaba abierto o no. Para su sorpresa, se encontró con que estaba abierta, por lo que entró sin dudarlo.
-Qué fe, querida tía…-pensó él, esbozando una graciosa sonrisa.
Aun a pesar de que era el único en el sitio, se acercó con cautela hasta el escritorio y estuvo echando un vistazo a lo que había en éste; la mayoría eran pergaminos y papeles llenos de apuntes suyos que apenas leyó, pero hubo uno en concreto que le llamó la atención, sobre todo por su título.
-Borrador del proyecto de ley para la nueva reforma nobiliaria… ¿cómo?
Cogió ese un momento con su magia, leyendo detenidamente el prefacio.
Tras una exhaustiva investigación de la normativa nobiliaria vigente, se ha llegado a un punto crítico en el cual la nobleza ecuestriana ha alcanzado una situación insostenible para con la corona real; leyes que fueron aprobadas en su día por la Cámara Alta, cortan la influencia directa de la corona, favoreciendo sólo a las clases más altas de la sociedad, en un retorcido ambiente que no hace más que separar aún más a la nobleza de la realeza ecuestriana. Por ello, y para evitar que esta situación empeore, nace esta reforma de la normativa nobiliaria, la cual ayudará a mejorar el clima y asentar las bases para unas nuevas y renovadas relaciones entre la realeza y la nobleza.
Para en cuanto acabó de leerlo, Blueblood se quedó pensativo, rumiando posibilidades.
-Vaya, vaya… interesante.
Dejó el pergamino donde estaba y salió rápidamente de allí. Afuera, el sol brillaba sobre Canterlot.
El trayecto desde el palacio hasta la residencia de Fancypants no era muy largo, por lo que llegaron enseguida; ésta se encontraba situada en uno de los barrios de más clase alta de toda la ciudad, donde se agolpaban las casas más señoriales y lujosas de todo Canterlot. La de Fancypants en concreto era más como un palacete, aunque no de los más grandes. Aun así aprovechaba muy bien el espacio, tenía dos plantas junto con una pequeña torrecilla en el lado izquierdo, y un generoso jardín con piscina y palmeras remataban el conjunto. La verja estaba ya abierta, por lo que pasaron directamente hasta el portón principal; uno de los guardias solares de Celestia se adelantó y llamó con uno de los aldabones. Al poco rato, abrió una criada.
-Bienvenidas, princesas, las estábamos esperando.
El interior era casi tan lujoso como el mismo exterior, aunque no era tan ostentoso y recargado como la casa de aquel noble que Luna tuvo la desgracia de conocer. La decoración era más simple y sencilla, aunque conservando ese toque de lujo y exclusividad. Un mayordomo de la misma edad que Kibitz se adelantó y murmuró.
-¿Me permiten sus capas, altezas?
Luna y Celestia se las desabrocharon y se las entregaron al poni, el cual se retiró enseguida; la criada las guió hasta el salón, donde Fancypants y Fleur Dis Lee esperaban. Los dos eran unicornios, él era un poni de mediana edad, de pelaje blanco y crin y colas de color azul cobalto, con un fino y esbelto bigote que le confería un aire bastante imponente; vestía un exquisito esmoquin negro y portaba un monóculo en el ojo izquierdo. Su marca de belleza consistía en tres coronas zigzagueantes.
Ella era una poni bastante alta, casi tan alta como Cadance o Luna, lo que las sorprendió bastante; su pelaje era blanco, con un tono algo más apagado, y su crin y cola eran una mezcla entre ese mismo blanco y un rosa algo más tenue. Tenía un porte muy esbelto, sus ojos eran de color claro y su marca de belleza consistía en tres flores de lis.
-Altezas, es todo un honor para mí darles la bienvenida a mi humilde hogar. Yo soy Fancypants, y ésta es mi querida mujer, Fleur Dis Lee-hizo las presentaciones el noble.
-Encantada, es todo un honor recibirlas, princesas-murmuró ella, esbozando una grata sonrisa.
-El gusto es nuestro, gracias por recibirnos-contestó Celestia, hablando por las dos.
Tras las presentaciones tomaron asiento en unos sofás que había allí cerca, mientras que el servicio se ponía en marcha y traía un té, junto con unas pastitas y otras delicias. Celestia fue la primera en hablar.
-Bueno, supongo que se preguntarán por qué mi hermana y yo les hemos pedido hablar precisamente a ustedes…
-Oh, ciertamente, fue mi mujer quien vio la carta al poco de llegar, y cuando vio el remitente no se lo podía ni creer…-murmuró Fancypants.
-Oh, desde luego, casi me caigo de la impresión… y es que no todos los días nos llegan cartas de ese tipo, vaya…-asintió Fleur, algo turbada.
-Lo entendemos perfectamente… bueno, antes de entrar en materia, me gustaría preguntarles algo…-murmuró Celestia, mirándole fijamente.
-Usted dirá, princesa…
La aludida eligió bien sus palabras antes de hablar, haciéndolo con voz firme y algo autoritaria.
-¿Conocían ustedes las irregularidades existentes en la normativa nobiliaria actual?
Tanto Fancypants como Fleur se quedaron un tanto chocados frente a esa pregunta; el noble cogió su monóculo con su magia y lo limpió nerviosamente, mientras tomaba la palabra.
-¿A qué se refiere exactamente, alteza?
-Me refiero a todas esas leyes ilícitas que se aprobaron por la Cámara Alta sin mi previo consentimiento y están vigentes en la actualidad… ¿conocían esta irregular situación?-inquirió Celestia, clavando su mirada en el noble.
Fancypants miró de reojo a su mujer, la cual esbozó un triste semblante, mirando hacia abajo; finalmente éste suspiró y habló.
-Creo que sería incluso desconsiderado por mi parte mentirla o tratar de decirla otra cosa; porque, sí, conocía esa situación. Pero quiero que sepa algo, alteza; jamás, y recalco esto, jamás estuve de acuerdo con la legalidad vigente. Al contrario que otros nobles que yo mismo conozco, mis orígenes son humildes, princesa; mi estatus no es algo que adquirí de la noche a la mañana, sino con esfuerzo, constancia y superación personal. Sé lo que es el trabajo duro y sé que hay ponis mucho menos afortunados que yo, pero que consiguen salir adelante aun así. Es por eso por lo que yo respeto y comprendo a todos y cada uno de los ponis que me rodean. Y por eso mismo nunca estuve de acuerdo con que el gremio influyera de esa manera en la toma de las decisiones de la Cámara Alta. Si de mí hubiera dependido, no hubiera aceptado ninguna de las ayudas ilícitas. Pero si lo hubiera hecho, los demás me hubieran aislado y dado de lado. En ese sentido fui un cobarde. Espero que puedan perdonarme, altezas.
Tras eso, Fancypants se hincó en el suelo, esperando a que las princesas se pronunciaran. Luna y Celestia se miraron la una a la otra, llegado a esbozar una breve sonrisa. Celestia indicó.
-Levántese, por favor.
Fancypants obedeció, un tanto chocado; Luna se pronunció acto seguido.
-Su sinceridad para con nosotras es admirable, así como su buen hacer y humildad. No lo piense más, mi hermana y yo le perdonamos.
-Oh, muchísimas gracias, altezas, significa mucho para mí…-murmuró Fancypants, emocionado.
-Ahora, sabiendo esto, y estando un poco mejor situados… ¿estaría dispuesto a escuchar nuestra oferta?-inquirió entonces Celestia.
-Por supuesto, ustedes dirán.
Celestia les estuvo explicando detalladamente en qué consistía su proyecto de ley, el cual reformaría por completo toda la normativa nobiliaria y derogaría toda la anterior, poniendo de esta forma fin a todas esas restrictivas y malévolas leyes que mermaban su poder frente a la nobleza. Trajeron consigo el proyecto completo y se lo estuvieron enseñando, mientras iban comentando por encima.
-Muchas de las normas encaminadas a una financiación continua beneficiándose de las arcas públicas quedarían suprimidas y algunos de los estratos más altos saldrían afectados, por lo que la liquidez puede que baje un poco durante las próximas semanas posteriores a su vigencia. Pero eso sería resuelto con una reestructuración de las arcas públicas y un saneamiento de las cuentas para que vuelva a haber dinero directamente de los ciudadanos y los contribuyentes. Salvo eso, todo quedaría como estaba, pero con más transparencia que antes, claro-explicó Celestia.
-Nos ha costado un poco, pero hemos conseguido limitar las acciones de la nobleza y la burguesía mediante una remodelación de algunas normas de protocolo y la inclusión de unas cuantas nuevas, para evitar que esto mismo se vuelva a repetir. Puede que al principio haya un poco de vacío general entre la corona y la nobleza, pero una vez que el resto de leyes y cláusulas estén vigentes, todo volverá a su cauce. Lo hemos estudiado todo detenidamente, por lo que en ese sentido su eficacia está del todo garantizada-añadió Luna, mostrando algunos puntos del proyecto de ley.
Fancypants y Fleur escuchaban detenidamente a las princesas, absorbiendo todo lo que les contaban y viéndolo todo con mucha más perspectiva.
-He de admitir que está todo meticulosamente pensado… me gusta, eso desde luego, pero ¿Qué necesitarían de nosotros exactamente para que todo esto se lleve a cabo?-inquirió el noble, frunciendo el ceño.
-Su apoyo total para que podamos presentarla a la Cámara Alta este lunes y ésta sea tramitada para su aprobación. Sólo con eso estaremos un poco más cerca de cambiarlo todo-explicó Celestia.
-¿Tan solo eso?-murmuró Fleur, extrañada.
-Sí, es como una garantía, con su firma será más que suficiente; y si pudieran convencer a otros nobles que simpaticen con ustedes, las probabilidades de que el proyecto salga adelante aumentarían sistemáticamente-añadió Luna.
-No se trata de imponer el cambio por la fuerza, sino de una forma totalmente diplomática, para que, de este modo, ni la Cámara Alta o el resto de nobles que se opongan a ella puedan rebatirla de ninguna u otra forma.
Por un momento se hizo el silencio entre los nobles y las princesas, haciendo un inciso Celestia rápidamente.
-No tienen por qué contestarnos inmediatamente ahora, si quieren pueden pensarlo y luego remitirnos su respuesta tan pronto como sea posible…
-Lo haremos-murmuró entonces Fancypants, cortando a la princesa.
Tanto Luna como Celestia miraron al noble un tanto sorprendidas por su repentina decisión; Fancypants hizo su propio inciso.
-Al menos a lo que a mí respecta, y por todo lo que he visto, estoy con ustedes al cien por cien… ¿qué me dices, cariño?
-Yo también… cualquier cosa que ponga fin a esta egoísta situación, valdrá. Ya tenemos más que suficiente siendo nobles y poseyendo más de lo que un poni normal podría poseer, es hora de que las cosas cambien. Yo también las apoyo al cien por cien, princesas-anunció Fleur, con voz segura y queda.
Ambas princesas no pudieron evitar su alegría y emoción al oír sus seguras palabras.
-Nos alegra mucho que podamos contar con ustedes, muchas gracias por su apoyo…-agradeció Celestia.
-El placer es nuestro… ¿dónde hay que firmar?
Las princesas tomaron un pergamino en blanco y establecieron un documento real rápidamente, en el cual estamparon sus firmas junto con las de Fancypants y Fleur, quedándose así estipulado su apoyo unánime al proyecto de ley.
Una vez que terminó la parte formal y todo quedó aclarado, estuvieron charlando un rato con los nobles, conociéndoles un poco más; Celestia simpatizó bastante con Fancypants, hablando sobre todo del significado de sus estatus y las responsabilidades que éstos conllevan.
-Mis orígenes humildes suelen ser rápidamente opacados por mis éxitos y mi actual posición. Por un lado sé que marco tendencia e influyo en la mayoría de las decisiones, pero por otro lado a veces pienso que todo el mundo baila a mi son por simple conveniencia, y eso no me gusta tanto. Muchas veces he llegado a pensar que la fama puede llegar a ser un tanto estresante…
-Le entiendo perfectamente, ser princesa tampoco es tan fácil como puede aparentar…
-No lo pongo en duda, manejar un reino entero tiene que ser harina de otro costal…-asintió Fancypants.
-Dígamelo a mí… aunque me llama la atención algo que comentó antes acerca de una influencia sobre las decisiones de la Cámara Alta… ¿a qué se refería exactamente?
El noble arrugó el entrecejo, un tanto consternado.
-Pues me refiero a eso mismo. Es normal que no lo supiera, pero desde hace mucho tiempo los nobles más influyentes y cercanos a ésta se aprovechan de sus posiciones para influir de forma directa en sus decisiones.
Celestia se quedó de una pieza, como si no estuviera del todo segura de lo que había oído.
-¿Qué? Pero… como… ¿así sin más? No puede ser que toda la Cámara Alta esté corrupta…
-No sé yo si ese el término más exacto, pero… sí, se podría decir que la Cámara Alta está corrompida-asintió Fancypants, con pesar.
La noticia la cayó como un jarro de agua fría, sin saber bien qué pensar acerca de todo eso.
-Pero, pero… en ese caso ¿qué va a pasar con nuestro proyecto? Si todo el mundo en el departamento es un corrupto, nadie, salvo usted y todos los que nos respaldan, nos apoyará…-masculló Celestia.
-Hombre, visto así, pues será complicado… pero no tema, princesa, lucharemos hasta el final si es necesario-la animó Fancypants.
Celestia no se quedó muy convencida, pero aun así conservó ese atisbo de esperanza gracias a todos los apoyos que poseían en ese momento.
Por otro lado, Luna llegó a conectar bastante bien con Fleur, la cual era casi tan abierta como ella.
-En realidad yo nunca estuve enclavada en los estratos más altos hasta que me casé con Fancy. Provengo de una familia aburguesada que se podía permitir gustos caros, pero no demasiado caros. Y como fui hija única, también se podían permitir mis caprichos. Al ser tan alta todo el mundo me tomaba por alguien importante, incluso daban por sentado que estaba emparentada con ustedes, más de una vez han llegado a creer que soy una princesa pero sin las alas. Supongo que era cuestión de tiempo, pero siempre me vi como una especie de símbolo y me gustaba destacar, por lo que ser supermodelo se convirtió en mi sueño. Y ahora que lo soy, pues no puedo pedir nada más para ser feliz. Y a eso, súmale que me he casado con un poni maravilloso…
-Eso es lo importante… me alegro mucho por usted, señorita Dis Lee…
-Gracias, alteza. Llevamos casi dos años casados, aunque a veces siento que me falta por experimentar el otro lado del matrimonio y tener hijos, aunque tengo dudas…
-Bueno, yo no estoy casada, ni mucho menos, pero ya tengo algo de experiencia acerca de maternidad ahora que tengo a Frank conmigo, y la puedo asegurar que vale la pena, todos y cada uno de los momentos, tanto los buenos como los no tan buenos...-argumentó Luna, con mucha seguridad.
-Oh, sí, su hijo adoptado… ¿realmente merece la pena?-inquirió Fleur.
-Desde luego que sí, siempre, no me arrepentiré jamás de mi decisión. Y estoy segura de que cualquier otra madre la dirá lo mismo. Una vez me dijeron que tener hijos es una divina bendición… que razón tenían.
Fleur esbozó una confidente sonrisa, decidiéndolo entre medias.
Pocos minutos después, las princesas decidieron irse y se despidieron de Fancypants y Fleur; Luna salió de su casa con una genuina sonrisa grabada en su rostro, pero Celestia tan solo esbozaba una preocupada e intimidada mirada. Su hermana lo notó y la habló.
-¿Qué te pasa, Tia? ¿No estás contenta por este gran paso? ¡Podemos conseguirlo!
-No sé yo, Luna… lo veo complicado…
-¿Qué? ¿Y eso por qué? Lo tenemos todo a nuestro favor ¿cómo puedes decir eso?
Fue entonces cuando la explicó lo que había estado hablando con Fancypants, quedándose tan anonada como ella.
-¿Qué? ¿Todos corruptos? No, no puede ser… nos han traicionado…
-No, nada de eso, simplemente juegan para ellos mismos… es como una diferente perspectiva, sólo que al revés-murmuró Celestia.
-Entonces… ¿qué hacemos? Si tan corrupta está la Cámara Alta, no habrá manera de que aprueben nuestro proyecto de ley, por muchos apoyos que tengamos…
-No lo sé… sólo podemos confiar en que nuestra única baza tenga algún tipo de efecto. Y, quizás, en la suerte.
Los dos alicornios guardaron silencio, visiblemente preocupados, mientras caminaban calle abajo, siendo escoltados por los guardias; mientras tanto, la muchedumbre caminaba a su lado, fundiéndose con el ambiente.
Al contrario que otros ponis, Luna no necesitaba despertador para madrugar ni nada parecido; guiándose por la ruta lunar y observando la solar desde la distancia, e incluso en los sueños más profundos, podía notar cuando iba amanecer, ya que para ella siempre era la señal. Aunque esa mañana había un motivo más para madrugar, el otro detalle la eludía rápidamente y reemplazaba sus expectativas. Se levantó de la cama pesadamente, sintiéndose más nerviosa que nunca. Sabía que ese día era el día, y en ese justo momento era cuando se daba cuenta de cuáles eran sus posibilidades de victoria. Aunque una pequeña razón la daba fuerzas.
-Buenos días, cariño…
De alguna manera, Frank se había acostumbrado a despertarse a la misma hora que ella. Lo cogió con su magia y lo apoyó en su pecho, arrullándolo un poco.
-Hoy es un día especial… pero ni siquiera sé cómo sentirme. No estoy segura de cómo se van a suceder los acontecimientos… pero si hago esto, es por ti. Nada me importa más ahora.
Frente a eso, Frank miró a la aludida con el ceño fruncido, como si tuviera algo raro en la cara.
-Oh, qué tonta soy a veces… ¿vamos a desayunar?
Frank sonrió, dejando escapar un gemidito alegre.
En el salón-comedor, Celestia ya estaba sentada en la mesa, desayunando; Cadance y Blueblood aún no habían llegado, y un par de sirvientas reponían la mesa de leche y bollería. En cuanto Luna se sentó, una de ellas se puso en movimiento y se dirigió a las cocinas en busca del biberón de Frank.
-Buenos días, Luna.
-Buenos días… -respondió la aludida, con pocas ganas.
Al poco rato trajeron el biberón y Luna se lo dio a Frank, el cual lo aceptó con ganas y se puso a chupar con avidez; justo después, se presentaron en el lugar sus sobrinos.
-Buenos días… ¿te ayudo, tía?-inquirió Cadance, acercándose a ella.
-Sí, por favor, que tenemos que irnos pronto…-asintió Luna, pasándole su hijo a Cadance.
Ésta lo cogió con su magia y lo acomodó en su pecho mientras que Frank seguía comiendo pausadamente. Luna comenzó a desayunar a ritmo ligero, mientras que Blueblood se sentaba frente a ella sin decir nada en ningún momento.
-Entonces… ¿os vais a pasar por la Cámara Alta?-inquirió en ese momento Cadance.
-Así es, tenemos algo que presentar que requiere de su previa aprobación… algo especial que cambiará las relaciones entre la nobleza y nosotros de forma sustancial-asintió Luna.
-Como ya sabéis, nosotros tenemos nula participación en sus procesos, pero podéis asistir para ver cómo se desarrollan los acontecimientos-recordó Celestia.
-Lo sé, pero alguien tiene que encargarse de Frank. Además, tengo cosas que hacer para después…-murmuró Cadance.
-¿Ah, sí? ¿Como cuáles?-inquirió en ese momento Blueblood, hablando por primera vez y mirando ceñudo a su prima.
-Pues cosas que ni te van ni te vienen, querido primo… ¿y tú? ¿Tienes cosas que hacer?
-En realidad no, hice mis deberes en su momento… y quizás sí que me pase por la Cámara Alta… para ver cómo se desarrollan los acontecimientos…
Las palabras de Blueblood sonaron flojas y arrastradas; el ceño de Celestia se arrugó, mirando de reojo a su sobrino, el cual no volvió a hablar. Cadance lo ignoró y Luna se centró en su desayuno, por lo que apenas se fijó en nada más.
Celestia y Luna terminaron enseguida, siendo las primeras en retirarse para prepararse antes de irse; repitiendo las mismas formalidades de la última vez, se asearon, acicalaron y portaron sus respectivas capas de viaje una vez más. Celestia se ausentó por un momento para ir a recoger el proyecto de ley de su despacho, regresando con un abultado y grueso archivador sujeto mediante cadenetas doradas. Luna la esperaba en el vestíbulo con la misma escolta del otro día.
-Ya estoy, vámonos.
El mismo pelotón de guardias reales de la última vez les escoltarían hasta el hemiciclo, sólo que ésta vez la parte de la guardia solar y la de la guardia lunar eran lideradas por Cloud Skipper y Midnight Blossom respectivamente. Luna quiso llamar a su capitán, pero éste no se encontraba disponible, por lo que optó por su amiga. Celestia eligió a Skipper puesto que Shining Armor había pedido un receso temporal para ese día en concreto.
La Cámara Alta era el órgano de gobierno con más años en toda Ecuestria; fue creado como una especie de órgano representativo y consultivo, previo al poder de las princesas, para que éste no se aplicara de forma directa sobre todo el reino y se repartiera equitativamente. Está compuesto por una serie de miembros representativos de la nobleza y al pueblo, pero debido a las actuales leyes restrictivas vigentes, la nobleza había desplazado al pueblo desde hacía tiempo y ya no tenían representación desde entonces. Tramita y toma decisiones antes de que éstas sean confirmadas por las princesas, así como media de vez en cuando en algún que otro conflicto que implique a todo el reino. Era presidido por un unicornio semental entrado en años, al que precisamente Celestia conocía bien; para ella, High Commander era un viejo amigo en el que podía confiar, al menos hasta que fue informada de la actual situación. Ahora ya no sabía lo que pensar ni de él ni de todos con los que se iba a ver en ese momento.
Como el edificio que alojaba el hemiciclo no quedaba muy lejos del palacio, llegaron enseguida; las princesas entraron las primeras y estuvieron esperando en la sala previa al hemiciclo. En ningún momento se dijeron nada, lanzándose nerviosas miradas de vez en cuando, sin ni siquiera poder ocultar su preocupación. Midnight se acercó a Luna para hablar con ella.
-¿Se encuentra bien, princesa?
-Sí, es sólo que… estoy nerviosa, eso es todo.
-¿Por entrar a la Cámara Alta? Ha venido aquí más veces, eso no tiene mucho sentido…-murmuró la bat poni, frunciendo el ceño.
-No es nada, de verdad… cosas de princesas, no lo entenderías.
Midnight lo dejó estar y se apartó un poco, un tanto preocupada por ella.
Pocos minutos después, comenzaron a venir los representantes de la nobleza, prácticamente la totalidad de la cámara, los cuales pasaron al lado de las princesas sin ni siquiera mirarlas; entre ellos vieron a sus apoyos, entre ellos a Fancypants o al duque Lucky, los cuales sí que las saludaron. También vieron llegar a Blueblood, el cual apenas las saludó, llevando un libro consigo. Justo después apareció el presidente, el cual se acercó a Celestia.
-Hola querida ¿Qué te trae por aquí?-inquirió con voz cascada.
-Vengo a presentar un nuevo proyecto de ley para que le des el visto bueno…-murmuró Celestia, sin muchas ganas de hablar con él.
-Vaya, hacía tiempo desde la última vez… me alegro mucho de verte, por cierto.
A eso, la princesa levantó la vista y le miró con una muy larga e intimidante cara de póker; ninguno de los dos dijo nada más durante unos pocos segundos que se sintieron como horas. High Commander fue el siguiente en hablar, haciéndolo nerviosamente.
-Eh… bueno, voy entrando, sí…
Celestia le siguió con la mirada, notando sus turbados pasos y su expresión en la cara. En cuanto se fue, Luna se dirigió a su hermana.
-No es muy discreto, que digamos…
-No...
Acto seguido suspiró y continuó hablando.
-Confié en él, Luna, durante todos estos años… ¿cómo pude estar tan ciega? ¿O ser tan tonta?
-No es culpa tuya. Son ellos los corruptos, no tú.
-Y aun así… lo he hecho todo mal, Luna. Lo siento tanto…
-Eh, te lo acabo de decir, no me hagas repetirme.
Las dos se miraron por un momento y esbozaron una pequeña sonrisa.
-Gracias, Luna.
Esperaron un poco más hasta que el ujier las llamó; entraron en el hemiciclo bajo la atenta mirada de todos los nobles allí presentes. High Commander volvió a hablar.
-Y ahora, las princesas han venido para mostrar un nuevo proyecto de ley pendiente de aprobación… princesa.
Celestia alzó el proyecto con su magia y se dirigió a Luna.
-Déjame hablar a mí.
-Claro, adelante.
Luna se quedó al lado de la tribuna, junto con Midnight y Skipper, los cuales entraron con ellas para escoltarlas; Celestia se subió al primer nivel del estrado, dejando el proyecto en la mesa y alzando por un momento la mirada. Los nobles se la devolvieron duramente, entre todas estas enaltecidas miradas consiguió distinguir a sus apoyos, los cuales eran los únicos que no la miraban mal. Distinguió por un momento a Fancypants, llegando a ver que la asentía fugazmente.
-Miembros de la Cámara Alta, me encuentro aquí y hoy ante ustedes para presentar mi nuevo proyecto de ley, el cual está ideado tanto por mí como por mi hermana Luna. Hasta ahora, las relaciones entre la nobleza y la casa real han sido muy distantes y dispares, motivadas sobre todo por la actual coyuntura en la que se encuentra la normativa nobiliaria. Por ello, tanto mi hermana y como yo creíamos que necesitábamos un cambio, y este nuevo proyecto de ley trae consigo ese cambio.
Hizo una pausa por un momento y miró de reojo hacia los escaños; los nobles la miraban un tanto extrañados, algunos incluso alarmados, intercambiando fugaces y asustadas miradas.
-Tras una intensa revisión de toda la normativa, las dos llegamos a un consenso y hemos creado una nueva normativa equitativa e igualitaria, que no restringe, ni separa, ni distingue clases sociales. Para que quede más claro y sea todo más transparente, voy a leer el prefacio.
Celestia aflojó la cadeneta dorada que guardaba la carpeta con su magia y comenzó a leer el prefacio, para luego pasar a algunas de las nuevas leyes y cláusulas; el prefacio fue recibido sobriamente, pero en cuanto comenzó a leer las primeras cláusulas que hablaban sobre la supresión directa de los aranceles retributarios relativos a las arcas públicas, el ambiente comenzó a caldearse. Celestia no pudo continuar, puesto que alguien comenzó a protestar.
-¡Imposible, todo eso es imposible, jamás aprobaremos algo semejante!
-¿¡Y por qué no!? ¡La situación es cada vez más y más insostenible, es la hora de que las cosas cambien, y no me diga que no sabe de lo que le estoy hablando, señor mío!-le espetó en ese momento el duque Lucky, levantándose de su escaño.
-¿¡Acaso está apoyando todas esas barbaridades!?
-¡Pues sí, las apoyo aquí y ahora, ya estoy cansado de seguir negando lo evidente! ¡Aquí hay más mierda que en el palo de un gallinero!
Tras esa jura, el gallinero se revolucionó y todos hablaron a la vez; Celestia les observó chillándose entre todos, llegando a ver a Fancypants guiñándola un ojo. La princesa tan solo sonrió levemente.
-¡Orden, orden en la sala! ¡Dejemos terminar a la princesa, un poquito de respeto, por favor!-exclamó High Commander, mediando en la situación.
-¡Me hace mucha gracia que usted, duque Lucky, diga eso! ¡Porque, si mal no recuerdo, en la última sesión del pleno estaba tan de acuerdo como el resto!
Por un momento Lucky pareció quedarse sin argumentos, pero volvió a hablar con fuerza enseguida.
-¡Sí, es verdad, lo admito, pero no porque quisiera, sino porque las circunstancias me ataban! ¡Ahora no tengo ni un solo reparo en explayarme a gusto!
-¡Vaya, qué conveniente!
La algarabía volvió a extenderse por todo el hemiciclo, Commander volvió a llamar a la calma.
-¡Orden, orden maldita sea, ya basta, al siguiente que hable le expulso de la cámara!
-¿¡Realmente quieres hacer eso, Commander?! ¡Yo de ti me lo pensaría dos veces!-le encaró uno de los nobles en uno de los escaños más cercanos a la tribuna.
-¡El desacato no está permitido, y menos a mi persona, cállese Eyebrow o le pongo de patitas en la calle!
-¡Adelante, hágalo, me gustaría verlo, hágalo y sufrirá las consecuencias!-le chilló Eyebrow, desafiante.
Por un momento, Commander levantó su mazo con su magia, pero el aura que lo envolvía tembló por un momento y ni siquiera lo movió; Celestia frunció el ceño, poniendo su mejor cara, y se giró hacia él.
-Ese poni te ha faltado al respeto, Commander… ¿no piensas hacer nada al respecto?
El aludido apenas respondió salvo unos entrecortados gruñidos y farfulles apenas entendibles; en ningún otro momento Commander bajó el mazo. El resto de nobles en sus escaños reaccionaron, muertos de miedo.
-¡Patético! ¡Qué cobarde eres, Commander!
-¡Di algo, maldita sea, di lo que sea!
-¡Pero si será imbécil!
Celestia sostuvo la mirada a Commander, el cual dejó caer el mazo al suelo; la princesa cerró los ojos, esbozando un triste suspiro.
-¿Por qué, Commander? ¿En qué momento?
El viejo unicornio miró a Celestia con los ojos entornados, dejando escapar un triste gemido.
-Lo siento tanto, alteza… soy un traidor miserable… dimito.
La noticia dejó de piedra al resto del hemiciclo excepto a Luna y Celestia. La princesa del sol se sentía mal por toda la humillación que estaba pasando su viejo amigo, pero por el otro sabía que las cosas no podían ir mejor; toda la Cámara Alta al completo se estaba destapando ella solita y sin tener que mover ni una sola pezuña, bastando sólo con leer un poco de su proyecto de ley. Y, además, la nueva situación abría un buen montón de posibilidades, todas favorables a la causa.
Commander se retiró enseguida, mientras que una ola de expresiones enfurecidas arremetía sobre él; fue en ese momento cuando Celestia abrió sus alas, se aclaró la garganta, y habló con la voz de Canterlot.
-¡Silencio!
Al punto, el hemiciclo enmudeció, reinando la calma más absoluta durante unos breves segundos que Celestia aprovechó.
-Dados los recientes acontecimientos acaecidos, la Cámara Alta se encuentra en este momento sin presidente, por lo que yo y mi hermana, como princesas regentes, asumiremos ese papel para…
-¡Un momento!
La sorpresiva voz pilló a Celestia con la guardia baja, quedándose aún más sorprendida al ver de quien se trataba; su sobrino Blueblood estaba en el palco VIP, levantado, y sosteniendo un libro en el aire con su magia.
-¡Me temo, querida tía, que no puedes hacer eso!
-Blueblood… ¿pero qué demonios crees que haces?-le espetó ella.
-Pues tratar de aplicar la ley, querida tía… ley que, por cierto, tú misma creaste. Según este informe oficial de la Cámara Alta, redactado por ti misma hace mucho tiempo atrás, en el caso de que la cámara se quede sin presidente debido a circunstancias externas, se deberá asignar uno temporal mediante un sistema de votación entre todos los representantes de la cámara aquí presentes... resulta de lo más curioso que tú quieras saltarte a la torera tus propias reglas…
Sus argumentos fueron recibidos por los nobles como si fueran agua de mayo, dejando pasmada e indignada a la princesa, la cual trató de responder inmediatamente.
-Esa normativa fue redactada por mí, sí, pero dadas las evidentes circunstancias, considero oportuno mediar en esta situación…-masculló entonces, recalcando con fuerza la palabra "evidentes".
-Pero resulta también evidente lo que estás haciendo tú también, querida tía…
-Sí, y resulta más que evidente lo que tú también estás haciendo, querido sobrino-le espetó, furiosa.
-Entonces, en ese caso, lo evidente es que se cumpla la ley… siempre hay que hacer valer la ley, querida tía, me lo enseñaste desde que era pequeño.
Para Celestia eso fue demasiado y se quedó en blanco, incapaz de creerse lo que estaba sucediendo. Blueblood aprovechó esto para marcarse otro tanto.
-En este caso, que comience la votación ¿no? dado que mi intención en todo momento es hacer valer la ley, yo haré de mediador.
Al punto, los nobles comenzaron a escribir sus votos frenéticamente; tanto Fancypants, como el duque Lucky y los demás apoyos miraron a Celestia, la cual seguía en blanco. Luna subió a la tribuna para hacerla reaccionar.
-¡Tia, despierta, Blueblood se saldrá con la suya si no dices nada!
-Cómo… pero ¿por qué?-masculló ella, con un tono dolido en su voz.
-¡Eso no importa ahora, o haces algo ya o tendrá a toda la cámara en su bolsillo!
Celestia parpadeó por un momento y en ese momento dio un golpe en el suelo con su casco antes de gritar.
-¡Alto! ¡Esta votación es nula de pleno derecho, la decisión de votar o no atañe sólo a los miembros de la cámara, y no a la realeza!
-¡Buen intento, querida tía, pero sigues errando! ¡La realeza no tiene permitido interceder en los procesos de la cámara, pero ese veto sólo está reservado a los miembros reales de más alto nivel! ¡Yo sólo soy un simple príncipe heredero con un mínimo poder y nada que perder! ¡Y además, por esa misma regla de tres, tu anterior intervención fallida sería nula de pleno derecho, como tú bien dices!
Tanto Luna como Celestia se quedaron heladas en el sitio, incapaces de creer lo que estaba pasando; Celestia trató de interceder, hacer algo, parar toda esa demencia, pero por mucho que la doliera, sabía que Blueblood tenía razón. Sintiéndose impotentes, y con los cascos atados, no pudieron hacer más que contemplar cómo los demás nobles votaban. Las princesas lanzaron una triste mirada a sus apoyos, los cuales se la devolvieron con un comprensivo gesto. El ceño fruncido de Fancypants le dijo a Celestia que él no se daría por vencido tan fácilmente.
Blueblood se pasó por todos los escaños para recoger los votos y luego se dirigió a la mesa central, donde las yeguas taquígrafas tomaban nota de todo lo que se hablaba en el hemiciclo.
-Señoritas, las agradecería que una de ustedes pudiera ir anotando todos los votos…-murmuró el príncipe, con voz amable.
-Por supuesto, alteza, ahora mismo…-asintió una de ellas.
Blueblood comenzó a contabilizar los votos, anunciando en voz alta los candidatos que iban saliendo; los seis primeros comenzaron a repartirse entre algunos de los nobles que allí había, destacando algunos nombres como el de Eyebrow. Pero el siguiente dejó a todos anonadados.
-¡Príncipe Blueblood!
Celestia reaccionó en cuanto lo oyó y volvió a chocar su casco contra el suelo, con más fuerza que antes.
-¡Protesto, un príncipe no puede salir como candidato para esta votación, ya tiene un título previo que no es transferible ni anulable!
-¡Pero el título es lo de menos, querida tía, y vuelves a errar en lo mismo otra vez! ¡Ni siquiera yo tengo plena potestad como príncipe en sí, al igual que Cadance! ¡Sólo somos simples herederos! ¡Puedo llamarla si lo que quieres es que te refresque la memoria!
Celestia quiso contestar, pero Luna la paró antes de que dijera nada; tuvo que morderse la lengua y siguió mirando a su sobrino con furia reprimida. Tras ese último añadido, el príncipe Blueblood siguió saliendo voto tras voto, desesperando cada vez más tanto a Celestia como a Luna. Enseguida llegó a contar más de diez votos seguidos. Pero hubo uno que dejó chocado a Blueblood.
-¿Un voto en blanco? ¿Quién demonios ha votado en blanco?
-He sido yo-anunció una voz familiar.
Todos se volvieron para mirar a Fancypants, el cual miraba furioso a Blueblood.
-Tendría que darle vergüenza… poner en esta situación a su pobre tía... ¿y usted es un príncipe? Usted no es nada, usted no está actuando en nombre de la ley, está actuando para sí mismo. He votado en blanco para castigarle, y haremos lo mismo todos aquellos que creamos en la princesa Celestia. Puede que tenga a la cámara, pero no tiene a los que de verdad creen en la cámara.
Las duras palabras del reconocido noble resonaron con fuerza, imponiendo incluso silencio en un ambiente tan tenso como el actual; Blueblood entornó los ojos, pensando en posibilidades.
-Muy bien… veamos a dónde llega todo esto ¿le parece? Que me castigue quien lo crea pertinente, los votos serán los que tengan la última palabra.
Fancypants puso su mejor cara, sin decir nada más; como bien era de esperar, y para desesperación mayor de Celestia y Luna, los siguientes votos se iban todos hacia Blueblood, el cual no hacía más que acentuar su sonrisa con cada voto que contabilizaba.
Por la mente de Celestia pasaban innumerables pensamientos y recuerdos, en todos ellos aparecía un joven Blueblood siendo cuidado por ella, dándole todo su cariño y amor; ahora, todo ese cariño y amor eran devueltos por él de la forma más rastrera y miserable posible. Por un lado Celestia ardía de rabia e impotencia, pero por otro sólo se podía preguntar una sola cosa.
-¿Por qué? ¿Por qué me haces esto, sobrino? ¿Por qué?
Por un momento hubo una buena tanda de votos en blanco provenientes de los apoyos de Celestia y Luna, pero el consuelo fue tan efímero que ni siquiera pudo animar a las princesas. En cuanto la tanda de votos en blanco pasó, Blueblood volvió a retomar su primer puesto en la votación, aumentando un poco más sus votos hasta llegar a los cuarenta representantes en total que había en la cámara. Una vez que el recuento terminó, se compararon las resultados.
-Vamos a ver; votos a favor de Eyebrow… uno. Votos a favor de Jumphigh, dos. Votos a favor de Highborn, tres. Votos en blanco… quince. Votos a favor de Blueblood… diecinueve. Creo que aquí hay una victoria clara…
El hemiciclo prorrumpió en aplausos, excepto Fanypants y todos los demás que apoyaban a la princesa. Blueblood se dirigió hacia los escaños, mientras saludaba y les daba las gracias muy formalmente.
En ese punto, Celestia se estaba reprimiendo sobremanera el gritarle a su sobrino con todas sus fuerzas; Luna vio el semblante de su hermana y, por un momento, temió por ella.
-Tia, tranquila…
-¿Tranquila? ¿Cómo que tranquila, Luna? Mi propio sobrino me está traicionando, nos está traicionando… no puedo estar tranquila…-musitó Celestia, encendida.
-Pero si le gritas o le increpas será peor… ya apenas hay nada que podamos hacer…
Celestia cerró los ojos con fuerza, con sentimientos encontrados en lo más hondo de su corazón; las ganas de desheredar a Blueblood y expulsarle de la familia real luchaban contra una tristeza infinita, recordando los viejos tiempos. Realmente quería a su sobrino, le había criado ella, la era imposible no quererle; pero después de todo lo que había pasado, no sabía ni siquiera qué hacer o cómo responder. Finalmente no pudo más y soltó un grito en dirección hacia su sobrino.
-¿¡Por qué?!
Todo el mundo se quedó en silencio al escuchar ese espontáneo grito; Blueblood se giró para ver a su tía, la cual estaba deshecha en un mar de lágrimas.
-¿¡Por qué, Blueblood, por qué?! ¡Después de todo lo que he hecho por ti, después de criarte y quererte como a un hijo! ¿¡Por qué?! ¿¡Por qué me haces esto?! ¿¡Qué te he hecho para que me pagues así todo mi amor por ti?!
Aun a pesar de las palabras de su tía, Blueblood mantuvo su semblante serio, mirándola fríamente.
-Pensaba que todo eso ya estaba hablado, querida tía…-masculló entonces, casi escupiéndoselo a la cara.
Fue entonces cuando Celestia abrió mucho los ojos, como si se hubiera acordado de algo importante y claramente olvidado; su expresión se torció y no pudo más, echando a correr sollozando y saliendo de allí, dejándose el proyecto de ley en la tribuna. Luna lo recogió en su lugar y salió de allí rápidamente, en busca de su hermana.
-Vámonos, venga-indicó a Midnight y Skipper, los cuales se encontraban del todo anonadados por todo lo que habían sido testigos.
Atrás se podían oír los gritos de júbilo y de victoria por parte de los representantes de la cámara, mientras que Blueblood se subía a la tribuna superior para dar un discurso.
El resto del día pasó lentamente, como si le diera reparo hacerlo; Celestia se encerró en su habitación y no salió en ningún momento, negándose a llevar el reino y obligando a Luna a hacerlo todo por ella, la cual no pudo pasar tiempo con su hijo en casi todo el día. Varias veces trató de entrar en su habitación para hablar con ella y reconfortarla, pero los gritos al otro lado de la puerta insistían fuertemente en que se marchara y la dejara en paz.
Luna no podía opinar acerca de la relación entre Blueblood y su hermana puesto que ella estaba fuera cuando ésta comenzó a forjarse; de hecho, no sabía que era tía hasta que volvió, conociéndole tanto a él como a Cadance. Ella sabía que los dos no eran sus sobrinos de sangre, siendo los dos adoptados, pero eso no quitaba que fueran su familia al fin y al cabo. De la misma forma, Frank también lo era, por lo que en ese sentido no podía negar lo evidente. Pero por otro lado, Luna sentía que debió de haber algo raro en la relación entre Blueblood y su hermana, por lo que decidió consultarlo con Cadance, explicándola todo lo que había pasado. Ésta se mostró totalmente indignada.
-¿¡Que Blueblood ha hecho qué?!
-Lo que oyes, sobrina, ahora es el presidente de la Cámara Alta. Nos ha traicionado.
Cadance tardó un poco en asimilar la noticia, cayéndola como un jarro de agua fría.
-Pero, pero… ¿por qué? No tiene sentido…
-Eso mismo me estaba preguntando yo… no le conozco mucho, pero tú sí, por lo que me gustaría preguntarte algo…
-Sí, claro, dime.
Luna dejó escapar un suspiro antes de formar su pregunta.
-¿Sabes si pasó algo entre él y mi hermana en algún momento?
Cadance miró por un momento a su tía, pensando en la respuesta, y luego comenzó a relatar.
-Yo le conocí al poco tiempo de comenzar a vivir con la tía Celestia… él ya vivía con ella desde entonces, y era un potrillo de lo más dulce y bueno, por lo que hicimos migas enseguida. En ninguno de esos momentos se mostró maleducado con ella, sino todo lo contrario. Se querían mucho, y él la demostraba su amor casi constantemente. Acababa sus frases siempre con un "te quiero, tía Celestia". No conocí nunca a un potrillo tan cariñoso y bueno como él.
Cadance hizo una pausa por un momento, para luego continuar.
-Conmigo también era muy cariñoso. El resto de mi infancia y parte de la adolescencia fueron los años más felices de mi vida, y estoy segura de que fueron los suyos también. Pero… después del campamento de verano en Tall Tale, hace ya años, todo cambió. Por alguna razón que nunca llegué a conocer, Blueblood comenzó a comportarse como el capullo que es ahora. La relación entre ella y Blueblood también se vio perjudicada, dejó de incluir su coletilla cariñosa y se fue distanciando de ella más y más. Nunca conseguí saber por qué. Supongo que sólo ella lo sabrá, pero no creo que te lo cuente después de lo que ha pasado…
-Sí, lo sé… intentaré hablar con ella, pero no ahora, tengo asuntos que atender y un reino que llevar-murmuró Luna, levantándose.
-¿Quieres que te ayude, tía?-inquirió Cadance.
-No, tranquila, podré sola… además, necesito a alguien que cuide a Frank por mí.
La alicornio rosada asintió, comprensiva, y la observó irse, sosteniendo a Frank en su pecho, el cual vio a su madre yéndose, sin apenas inmutarse.
La prensa no tardó nada en hacerse eco de la noticia y ésta se extendió enseguida por toda Ecuestria; cual efecto rebote, tampoco tardó nada en llegar al palacio una oleada de cartas provenientes de todos los estratos del reino, mostrando su enfado y descontento por la ineficacia de Celestia y lo evidente de la situación. Para evitar que su hermana estuviera aún más deprimida, decidió quemar todas las cartas tirándolas a su chimenea. El proyecto de ley descansaba en su mesa, ahora inútil. Luna suspiró y fue a volver a intentarlo. Llamó a la puerta y dijo con voz calmada.
-Tia, por favor, déjame entrar… sólo quiero hablar…
El silencio la contestó en su lugar.
-Por favor… yo también estoy dolida, pero has de enfrentar la situación, el pueblo nos necesita. Estoy preocupada por ti. Por favor… déjame entrar.
Por un momento no hubo más que silencio. Luna suspiró y fue a irse, pero entonces oyó como el cerrojo se retiraba desde el otro lado; asió el pomo con su magia y la abrió. Su hermana se encontraba tumbada en la cama, contemplando lo que parecía ser un viejo álbum de fotos. Su cara estaba marcada por las lágrimas. Se acercó a ella y se tumbó a su lado, tratando de hacer que se sintiera mejor frotando su hocico contra su cuello.
-¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que es culpa mía…-murmuró Celestia, con voz apagada.
Luna la dejó hablar, mirándola con gesto triste.
-Le di todo mi cariño y amor… él también. Pero luego no se lo devolví como era debido.
-¿Qué pasó, Tia?-inquirió Luna en ese momento.
Las dos se miraron por un momento y Celestia comenzó a hablar.
-Fue hace ya muchos años atrás… tú estabas fuera, y había veces que me sentía muy sola. Un día oí que una familia de nobles de la más alta alcurnia, y cercana a la corona, había tenido un accidente y se había matado al despeñarse su carroza por un barranco. Sabía que esa familia tenía un hijo, el cual no estaba presente cuando tuvo lugar el accidente; yo conocía tanto a los padres fallecidos como al chico, el cual no sabía nada de lo que había pasado, puesto que se quedó en su casa en Tall Tale. Como princesa y como amiga, fui a darle la noticia al resto de la familia para que supieran lo que había pasado. Pero resultó que el resto de la familia se había desentendido del muchacho sin razón aparente, el cual se quedó sólo en su casa, esperando a sus padres; fue entonces cuando me di cuenta que no podía decírselo así sin más, le destrozaría. Por lo que decidí tomarlo bajo mi protección, adoptándolo como mi sobrino. Pero entonces, cometí un error irreparable… le dije que sus padres se habían tenido que ir y que no volverían por un largo tiempo. Sé lo que me vas a decir, fue estúpido, y es eso lo que más me duele. Debí ser sincera con él, pero aun así, no lo fui. Sólo por querer protegerle. El tiempo pasó, pero él era feliz, y si él lo era, yo también. Eventualmente me olvidé del asunto. Pero volví a cometer otro error al enviarle a él y a Cadance a ese campamento de verano en Tall Tale. De alguna manera, debió de enterarse de lo que realmente pasó, y al volver, tuvimos una acalorada discusión. Traté de disculparme, pero él no quiso atender a razones y fue entonces cuando me lo dijo…
Celestia pausó por un momento su relato, notando como las lágrimas regresaban. Luna no dijo nada, dejándola explayarse a gusto.
-Me dijo que me odiaba, por ocultarle la verdad. En parte le comprendía, pero por otro lado me dolía. Traté de hablar con él, de disculparme, pero no me quiso escuchar. Decidí darle tiempo, pero fue otro error. Para entonces, ya me había apartado de su vida. Fueron todos errores, malas decisiones, engaños y mentiras… soy una poni horrible…
Tras eso se echó a llorar amargamente, siendo sostenida por Luna, la cual la abrazó con todas sus fuerzas; no la dijo nada, tan solo la sostuvo entre sus patas, tratando de mitigar su dolor y hacerlo más llevadero. El álbum se resbaló de entre las sábanas y cayó al suelo, mostrando fotos de Celestia y Blueblood cuando éste era sólo un pequeño potrillo.
El dolor que ataba a Celestia era tan grande que incluso Luna pudo sentirlo, llorando y compartiéndolo con ella. Tardó bastante en calmarse, y cuando lo hizo, Luna tomó la palabra.
-No tenía ni idea…
-Hay tantas cosas que no te he contado… ni siquiera sabes de dónde salió Cadance… te lo puedo contar, si quieres.
-No tienes por qué…
-No es nada de lo que me avergüence, aunque… no se lo digas ¿vale? Aún no está preparada, y necesita ser fuerte hasta que llegue su momento ¿Te acuerdas de cuando desterramos a Sombra?
Luna asintió, sin decir nada más.
-Como ya sabes, echó una maldición sobre el imperio, haciendo que éste desapareciera, siendo su estado actual un misterio. Pero Sombra no contó con que la antigua princesa de cristal, Bright Crystalum, al notar el peligro, envió a su hija heredera a un lugar seguro con tal de protegerla de él.
Luna abrió entonces sus ojos sobremanera, incapaz de creérselo.
-¿Me estás diciendo que…?
-Sí, Cadance es la hija de Bright Crystalum, la heredera del imperio de Cristal. Los hombres de Crystalum decidieron alejarla del imperio, llevándola hacia el este, instalándola en un poblado de ponis del este más allá de las montañas de Cristal, fuera de Ecuestria. Para protegerla, decidieron encubrir su estatus real y ocultaron mediante magia su cuerno, haciéndola pasar por una pegaso. Estuvo viviendo con una familia del poblado, la cual la acogió durante todo ese tiempo. Cuando supe que ella no estaba en el imperio en el momento en el que éste se desvaneció, me puse a buscarla inmediatamente para protegerla yo misma; envié a varios hombres para que buscaran por todas partes hasta que, al final, dieron con ella. Por aquel entonces, Cadance era una potrilla entrando en la adolescencia, y en un bosque cercano a la aldea donde ella vivía, se había instalado una malvada hechicera unicornio llanada Prismia que portaba consigo un extraño amuleto que amplificaba sus poderes y corrompía su ser; harta de que ésta bruja atacara de cuando en cuando su poblado en busca de suministros, Cadance decidió enfrentarla ella misma. Desde siempre había sido una potrilla muy cariñosa y llena de amor y bondad, heredada de su madre, que era igual de buena y compasiva cuando regia el imperio. Fue ese amor y su magia escondida lo que la permitió derrotar a Prismia. Debido al uso de su magia oculta, y al haber conseguido usar el amor como potenciador de su magia, esto la hizo que ganara su marca de belleza, que fue lo que permitió a mis hombres identificarla al instante.
-¿La marca de belleza? ¿Por qué?
-Porque su marca de belleza refleja su estatus e incluso su destino: el corazón de cristal, la reliquia que mantiene viva y refleja la magia el propio imperio-reveló entonces Celestia.
Los ojos de Luna se abrieron incluso aún más, recordando al corazón poco antes de que el imperio despareciera delante de sus ojos.
-Es cierto… es idéntico…
-Exacto, veo que has visto la conexión… mis hombres la llevaron ante mí y la ofrecí quedarse conmigo, adoptándola como mi sobrina para prepararla en cuanto llegara el momento de reclamar lo que es suyo por derecho. El resto, ya es historia.
Luna se quedó pensativa, rumiando la nueva información que se abría ante ella.
-Ya veo, si ella es la heredera al trono del imperio… eso significa que el imperio regresará.
-Eventualmente, sí, no sé cuándo exactamente, pero lo hará, de eso estoy convencida. Tengo guardias en lo más alto de las montañas de Cristal que vigilan el páramo helado donde antes estaba situado el imperio. Tienen órdenes de avisar de inmediato en cuanto éste reaparezca.
Contar la historia de Cadance relajó un poco más a Celestia, la cual se sintió un poco mejor; aun así Luna se quedó con ella durante el resto del día, para apoyarla y estar con ella, ya que sabía que lo necesitaba. Aprovechó también para poner el disco de Frank Sinatra, escuchando una nueva canción, Night and Day.
Como siempre, y como bien ya las tenía acostumbradas, la letra y la música se fundían en un solo elemento y llegaba a calar hondo, incluso reflejándose sobre los acontecimientos más inmediatos y presentes.
Por un momento todo pareció diluirse, incluidas las penas y los lamentos, dando paso a un muy buen ambiente.
Un corto y rapidísimo interludio musical hizo de puente entre estrofa y estrofa, predominando la letra y la potente voz de Sinatra sobre el ritmo, volviendo a repetir los mismos versos hasta el final de la canción, la cual acabó con un apoteósico final gracias a la orquesta. Los últimos versos resonaron incluso por los pasillos, mientras que afuera comenzaba a atardecer.
Esa misma noche, todos se habían ido ya a la cama; la luna brillaba en lo alto del cielo, y la guardia lunar estaba más activa que de costumbre. Midnight patrullaba por las almenas superiores, cerca de las habitaciones del último piso y al lado de la torre de vigilancia donde ella y Skipper comenzaron su extraña y cambiante relación. Fue una noche idéntica, especialmente fría, y bastante solitaria. Hasta que apareció él. Primero empezando siendo unas secas y espaciosas miradas, que luego dieron paso a algún que otro comentario dispar. No lo recordaban del todo bien, pero sí recordaban discutir, para luego acabar por los suelos dándose mucho amor. Midnight suspiró, lanzando su mirada más allá de los ventanucos de vigilancia.
-Te noto aburrida-anunció entonces una voz conocida detrás de ella.
Midnight no se molestó en girarse, pero sí que contestó.
-No es eso, es sólo que… he estado pensando en lo que ha pasado hoy.
-¿No te deja estar despierta?-inquirió Skipper.
-Y a ti te quita el sueño-le respondió ella.
El subcapitán de la guardia solar rio tontamente antes de contestar.
-Sí, es verdad… es todo tan escatológico. Incluso me hace preguntarme si ha pasado de verdad.
-Por desgracia, sí. Y eso es lo que más me quema. ¿Cómo ha podido ese principejo aprovecharse de esa manera de la diosa de la noche? Es imperdonable… inadmisible…-masculló ella, con sus ojos brillando de pura rabia.
-Yo también estoy enfadado, pero apenas podemos hacer nada…
-¡No, eso no es verdad, podemos cambiarlo si queremos!
-¿Qué insinúas?
-¡Que lo cambiemos! El próximo lunes se dará el siguiente pleno, tan solo tenemos que ir allí y enseñarle a ese desgraciado lo que significa ser un príncipe…
-¿¡Estás loca?! ¡No podemos hacer eso, no sólo estaremos atentando contra la cámara, sino contra las princesas en sí mismas!
-¿¡Pero es que no te das cuenta?! ¡Si alguna vez la Cámara Alta fue una representación del poder de las princesas, ni ese poder ni esa representación siguen vigentes ahora! ¡Si lo hacemos, será contra esos condenados nobles ególatras y ese intento de príncipe!
-¡Aun así es arriesgado, nos podrían echar, Midnight! ¿¡Es que no lo ves?!
-¡Yo lo único que veo es el honor de la diosa de la noche mancillado, y eso no lo puedo permitir! ¡Y si realmente quisieras lo mejor para la princesa Celestia, lo harías!
-¡Yo he siempre he sido, soy y seré leal a la princesa!
-¡Entonces demuéstralo, demuestra que amas a la princesa, amas a tu país y amas a todo lo que este representa! ¡Demuéstralo!
Por un momento los dos se miraron a los ojos, un tanto alterados y respirando entrecortadamente; al segundo siguiente, el uno de abalanzó sobre el otro y se besaron con una pasión endiablada. En un momento dado, Midnight se separó.
-Lo siento, lo siento tanto… quiero estar contigo, pero tampoco quiero hacerte daño…
-Midnight, eso da igual… lo que realmente importa es lo que hay entre nosotros. Te quiero… ¿me quieres?
-Sí…
-Es suficiente…
Tras eso, se volvieron a besar, llegando a dejarse caer al suelo, donde se siguieron dando amor; entre beso y beso, siguieron hablando.
-Entonces ¿estás dentro?
-Bueno, quizás… pero no es seguro hacerlo así sin más…
-Déjame que hable con la diosa, la convenceré, estoy segura de que la interesa tanto como a nosotros… y de esta forma, no será ilícito de ninguna manera.
-Es gracioso ¿no crees? Dos guardias reales hablando sobre legalidad, y rozándola…
-¿Y no te pone? Porque a mí sí…
-¿Quieres saber lo que me pone? Verte a ti enfadada…
Midnight soltó una risotada antes de tirarse a sus labios otra vez.
-Oh, Midnight…
-Ven aquí, tigre…
Los dos se dejaron llevar en una espiral descendente de deseo y pasión, dejando pasar el tiempo, siendo la luna testigo de su amor. Un viento frío hizo bailar a las llamas de las almenaras más cercanas.
N. del A. Versión sin letras para evitar la eliminación de la historia
Bueno, bueno, bueno, estoy on fire en todos los sentidos XD tengo que admitir que jamás se me hubiera ocurrido algo así, pero la idea comenzó a asentarse en mi cabeza hasta que al final me convenció. No estaba seguro de si meter tanto detalle en un solo capítulo, pero algo me dice que a la larga, agilizará la trama posterior. Pues a ver, detalles... siempre tuve en mente el meter a Fancypants y Fleur en esta historia, tenia intención de hacerlo mucho antes, pero me los reservé, e hice bien, la verdad. Últimamente me está costando un poco sacar nombres nuevos, no sé por qué, antes me salían como churros, ahora tengo que hacer mano del traductor de google. El hemiciclo de la Cámara Alta, para los que estén dudando, es idéntico al del congreso de los diputados, al menos en mi cabeza. Para el próximo capítulo habrán referencias estúpidas, a la par que delirantes, eso por descontado. La historia de Blueblood es original mía, pero la de Cadance es casi idéntica a la que se muestra en el libro Twilight Sparkle and the Crystal Heart Spell, aunque he cambiado algunos detalles para adaptarla a mi headcanon; personalmente me gustó, pero la teoría de que los alicornios se hacen y no nacen me parece simplemente un absurdo muy grande, al menos a mí. En cuanto a las canciones, metí dos, como bien ya dije, ya que os debía una. Y eso es todo, comentad, dejad revies y todo eso. ¡Nos leemos!
