Capítulo 7
Se pronuncia puch
Desde siempre, la asignatura favorita de Twilight había sido historia; todo el conocimiento que ella aprendió, se fue forjando a través de la historia. La historia es vital para comprender el presente, e incluso para intentar "predecir" lo que pasaría en un futuro no muy lejano. La historia la escriben los que contribuyen a la causa. Por eso, y más cosas, Twilight sabía que se había hecho historia ese lunes.
-¿Os habéis enterado ya?
-Hombre, como para no enterarse, Applejack ¡a estas alturas lo sabe toda Ecuestria!
-Y que tú lo sepas incluso le da más crédito, Rainbow…
-Muy graciosa…
La unicornio lavanda parpadeó y alzó la vista por un momento; la tertulia de esa tarde pasaba entre pastelitos para el té y la exquisita porcelana del juego de té de Rarity, la cual las había invitado a pasar esa tarde en su casa. No se hablaba de otra cosa, salvo algún que otro comentario puntual. Rainbow Dash quiso aportar su granito de arena.
-No es por cuestionar mis ideas, pero creo que la princesa Celestia podría haber hecho mucho más para evitar todo este desastre…
-En realidad no, Rainbow, en ese sentido Blueblood jugó sus cartas muy bien… sabía lo que hacía en todo momento-negó Twilight.
-Aún me sigo preguntando cómo pudo ese haragán traicionar a su propia tía de ese modo tan espantoso… sabía que era un completo idiota, pero no hasta ese punto…-masculló Rarity, todavía chocada.
-Blueblood es de ese tipo de ponis del que te podrías esperar de todo hasta que al final te viene con algo distinto cada vez. En esta en concreto, se ha superado.
-Hablas como si supieras algo de más, Twilight… cuenta, cuenta, no te lo guardes…
-Me gustaría saber más de lo que os puedo contar, Rarity, pero me temo que nunca llegué a conocer un poco mejor a Blueblood salvo lo que ya se sabía…
-Aun así, ha sido todo un maloso traicionando a las princesas y apoderándose así sin más de la Cámara Alta… y yo a los malosos nunca los tengo en consideración, así que…-murmuró Pinkie, sin darle mayor importancia.
-Pinkie, dulzura, desde luego sabes cómo resumirlo todo en una sola frase…
-Claro que sí, tontita… a ver ¿Quién quiere jugar a cambiar de tema?
-¡Yo misma! ¡Puerros!-exclamó Rainbow entonces.
-¿Puerros?
-Claro, cambio de tema ¿qué más querías?
-Al menos di algo con más sentido… ¡lo tengo, Neighara Falls! ¿Habéis estado alguna vez allí?-inquirió en ese momento Applejack.
Al escuchar el nombre del lugar, la mente de Twilight se sobresaltó al instante.
-Ah, yo tengo que ir, mi próxima pista apunta hacia allí…
-¿De veras? ¡Oh, oh, ya sé, vayamos todas juntas, será como una gran excursión de una semana! ¡Tengo entendido que las vistas son impresionantes!-sugirió Pinkie.
-¿Una semana?-repitió Applejack, alarmada.
-¡Pues claro que sí, desde aquí hasta allí hay un buen trecho, y si lo queremos hacer bien andando hay, por lo menos, una semana!
-¡No seas exagerada, Pinkie! Podemos acercarnos en tren y luego paliar el resto de metros andando… al menos así nos ensuciaremos menos…
-¡Oh, venga ya, eso no es divertido!
-A ver, a ver, esperad un segundo, no tan rápido… no hace falta que vayamos todas juntas, después de todo es ir y volver, no vamos a hacer turismo…-murmuró Twilight, poniendo un poco de orden.
-¡Oh, pero nosotros queremos ayudarte! ¿Verdad que sí, chicas?-inquirió Pinkie, sonriente.
-Bueno, no veo por qué no…
-No sé yo…no puedo dejar la granja así sin más…
-Y yo tengo varios encargos de Canterlot, voy a estar ocupada durante al menos una semana…
-Oh… y yo no puedo dejar a mis pobres animalitos desatendidos un día entero…
-Exacto, a eso mismo me refería, todas vosotras tenéis asuntos que atender, Spike me puede acompañar esta vez, será ir y volver, nada más…
-¡Oh, pero yo puedo pedirle a los señores Cake un día libre! ¡Imagínate, todo un día para nosotras solas, mientras vamos de viaje hacia las Neighara Falls! ¡Es todo un planazo! ¿No crees?
Twilight no sabía muy bien qué decirla; conocía muy bien a Pinkie y sabía que era una poni alegre y de buen corazón, pero hablaba demasiado, al menos para su gusto. En el caso de que fuera con ella, la iba dar el viaje, eso por descontado.
-Bueno, en la fábrica no hay mucho trabajo últimamente, me puedo pedir una excedencia… aunque para excusas me sobro y me basto, eso sí…-asintió Rainbow Dash, sonriendo cínicamente.
-¿¡De veras, Dashie?! ¡Oh, esto es incluso aún más perfecto! ¡Decidido, iremos las tres juntas, será un viaje genial!-exclamó entonces Pinkie, abrazando a sus dos amigas.
-Eh… espera ¿qué?-soltó Twilight.
-¡Y si se viene Spike pues mejor, más diversión! ¿Para cuándo sería?
-La semana que viene podría tener tiempo de sobra para pedirme la excedencia, así que…
-¡Perfecto, entonces para la semana que viene! ¡Lo apuntaré en el calendario!
Antes de que Twilight pudiera opinar o decir algo más, Pinkie ya se había convencido ella solita, y apenas pudo hacer gran cosa para convencerla de lo contrario, a sabiendas de que podría intentarlo con vanos resultados.
-¿Qué demonios acaba de pasar?-musitó la unicornio lavanda, anonadada.
-Pinkie Pie siendo Pinkie Pie, dulzura…
-No lo podría haber expresado mejor…-asintió Rarity, divertida.
La unicornio lavanda se resignó, dejando que las cosas se sucedieran así sin más; siempre la había llamado la atención lo impredecible que podía llegar a ser la vida, y en situaciones como esas era cuando más se daba cuenta. Después de todo, algo la decía que el viaje no iba a ser tan malo como a ella le aparentaba.
Aunque por otro lado, estaba preocupada por todo lo que había pasado; que la Cámara Alta estaba corrupta no la había sorprendido demasiado, pero el hecho de que alguien peor se había apoderado de ella, la daba más motivos para preocuparse. Por un lado comprendía que la princesa hubiera tenido dificultades durante los acontecimientos, pero la extrañaba que no hiciera nada por arreglarlo ahora que se habían calmado las aguas un poco más. Tan solo podía esperar a que, a la larga, se la ocurriera algo para superar esta crisis. Eso por descontado.
El resto de esa semana pasó de manera extraña, lenta y muy monótona; Celestia superó lo sucedido y volvió al trabajo enseguida, para tratar de corregir como fuese todo lo acaecido. De Blueblood no habían vuelto a saber nada desde entonces, no había vuelto al palacio y, por lo que habían conseguido averiguar, ahora se hospedaba en un hotel cerca de la Cámara Alta. Por parte tanto del servicio como de la Guardia agradecían el gesto, ya que no les apetecía volver a verle la jeta después de lo que había hecho. Aunque Celestia y Cadance aún notaban su ausencia, sobre todo Celestia.
Pero el único que no opinaba, principalmente porque no podía, era Frank, el cual era cuidado por su madre con más asiduidad que antes. Aunque el día después de la toma del poder por parte de Blueblood, nada más levantarse comenzó a llorar intensamente. Su madre lo achacó al hambre, de hecho estuvo tranquilo durante el desayuno; pero poco después de haber terminado, retomó sus lloros, demostrando tener unos fuertes pulmones. Luna hizo todo lo posible por calmarle, al igual que Cadance y Celestia, pero nada daba resultado. La princesa de la noche comenzó a preocuparse enseguida por él, al no saber lo que le podía pasar.
-Oh, ya, ya está, tranquilo… no llores más… agh ¿qué te pasa, cariño, qué te duele?
-¿Sigue igual?-inquirió Cadance, entrando en ese momento en su habitación.
-Sí, me está desesperando, no sé lo que le pasa…
-¿Quieres que lo vuelva a intentar?
-Está bien, tómalo…
Luna se lo pasó con su magia y Cadance lo apoyó en su pecho, meciéndolo suavemente y empezando a canturrear por lo bajo una vieja nana ecuestriana. Por un momento pareció funcionar y Frank se calmó de golpe; su prima continuó cantando y Luna esbozó una gran sonrisa, aliviada. Pero el momento fue efímero, y el pequeño volvió a retomar su propia cantinela.
-Lo siento tía, lo he intentado…
-Gracias Cadance, has hecho lo que has podido… pero estoy muy angustiada, lleva así desde esta mañana, y ya va a ser la hora de comer…
En ese momento, una poni del servicio se asomó por la puerta abierta y dio unos toques en ésta antes de hablar.
-Altezas, la comida ya está servida.
-Ya vamos… ¿Qué hacemos, tía? ¿Quieres que llame a un pediatra?
-Será lo mejor, pero antes vayamos a comer… Frank también lo necesita.
Las dos bajaron al comedor con un lloroso Frank, Celestia ya estaba allí, esperándolas.
-¿Sigue igual?
-Sí, no sabemos lo que le puede pasar…
-En ese caso será mejor que llamemos a un pediatra…
-Sí, será lo mejor, pero antes quiero que coma un poco, el pobrecito mío debe de estar hambriento…
El biberón esperaba en la mesa listo para calentar, Luna lo preparó rápidamente y se lo dio a su hijo, el cual se calmó de golpe en cuanto se puso a chupar con avidez; Luna y Cadance no pudieron evitar soltar un suspiro de puro alivio.
-Qué pulmones…
-Desde luego…
Cadance comenzó a comer enseguida para luego relevar a su tía, la cual iba picando un poco entre medias; Celestia también ayudó para que pudieran comer a gusto y tranquilas. Por su parte, Frank demostró un apetito voraz, y en menos de cinco minutos se terminó el biberón.
-Caramba, qué rapidez, las otras veces se lo tomaba con más calma…-observó Cadance.
-Sí, es verdad…
Pero en cuanto acabó y soltó los gases, retomó sus continuados lloros de forma repentina, clavándose en las orejas de los tres alicornios.
-Agh, no es por amargarte, Luna, pero esto pasa de lo meramente soportable…-masculló Celestia, arrugando el gesto y bajando sus orejas.
-Lo sé… que alguien llame ya a un pediatra, por favor…-pidió Luna, dirigiéndose a una poni del servicio.
-Ahora mismo, alteza.
Por orden de la princesa no repararon en gastos de ningún tipo y contactaron con el mejor pediatra de toda la ciudadela; se trataba de un unicornio de mediana edad, de pelaje amarronado y crin y colas de color cobalto, llamado Good Care. Su marca de belleza consistía en un estetoscopio junto a un osito de peluche.
-He venido todo lo rápido que me ha sido posible… me halaga que se haya fijado en mí, alteza.
-En estos momento sólo busco lo mejor para mi hijo ¿cree que podrá averiguar qué es lo que le pasa?-inquirió Luna.
-Bueno, aun a pesar de que no es un poni, haré todo lo posible… veamos al enfermito.
El doctor entró en la habitación de la princesa acompañado por ésta, donde Cadance se encontraba con Frank, el cual seguía llorando con fuerza; nada más oírlo, el doctor comentó.
-Vaya, vaya, menudo par de pulmones tenemos aquí…
-Y que lo diga, doctor… ayúdele, por favor…-pidió Cadance, preocupada por su primito.
-Claro, déjelo sobre la mesa.
Cadance apoyó a Frank sobre una manta acolchada extendida en la mesa y el doctor hizo mano de su estetoscopio para auscultarle, realizando un rápido chequeo.
-Problemas respiratorios no tiene, eso desde luego… es curioso, en ese sentido es idéntico a un poni…
-¿A qué se refiere?-inquirió Luna.
-El ritmo es igual de acompasado que el de un poni de su edad… veamos su temperatura…
Mediante un termómetro comprobó su temperatura corporal y luego midió su presión arterial, comprobando que todo estaba bien.
-Qué raro, no veo nada fuera de lo normal… ¿ha estado tranquilo alguna vez antes de ponerse así?
-Sólo durante el desayuno y la comida…-murmuró Luna.
-Curioso… espera…
El doctor se inclinó sobre Frank con un palito de madera para auscultarle la garganta y. en cuanto le echó un vistazo, sonrió confidentemente.
-Ajá, lo sabía…
-¿Lo sabe ya?-inquirió Cadance, asombrada.
-¿De veras? ¿Qué tiene mi hijo?-quiso saber Luna, algo angustiada.
-Nada serio de lo que preocuparse, pero va a estar algo alterado durante los siguientes días… el proceso de crecimiento de los dientes siempre es algo doloroso para ellos.
La revelación se presentó ante ellas como un gran mazazo, comprendiéndolo al instante.
-Oh, pues claro… por eso salivaba y se mordía tanto cuando lo encontré…-recordó la princesa de la noche.
-Exacto, esa es la primera fase, las encías comienzan a asentarse y salivan mucho, no les duele, pero de esta forma mantienen la boca en buen estado. Luego los dientes les empiezan a crecer desde la raíz de la encía, eso sí que ya duele… aunque espere ¿Cuándo lo encontró? ¿Cuánto tiempo tiene?-preguntó el doctor, curioso.
-No lo sabemos con certeza, así a ojo yo le eché tres o cuatro meses cuando lo vi…
-No, no puede ser, en este caso tendría que tener más si los dientes ya le han comenzado a crecer… el proceso suele variar mucho de un potrillo a otro, pero normalmente alrededor de los seis y siete meses es cuando los dientes ya están completamente fuera. Teniendo en cuenta eso, debe de estar entre los cinco y los seis meses, puede que para cumplir seis.
-Ya veo… parece que no calculé muy bien…
-No se apure, suele pasar, el aspecto suele influenciar mucho…
-¿Y qué podemos hacer para que se calme y deje de llorar?-quiso saber Cadance.
-Oh, tengo la medicina perfecta para eso…-anunció entonces el doctor.
Rebuscó en ese momento en su bolsa con su magia y un chupete salió volando hasta acabar en la boca de Frank, el cual se calmó de golpe y comenzó a morderlo frenéticamente.
-Recién esterilizados, nunca se tienen los suficientes. Eso le aliviará el dolor.
-Oh, muchísimas gracias, doctor…
-No ha sido nada, alteza, es mi trabajo. Eso sí, procure limpiarlo bien cada vez que lo use, y esterilícelo cada cierto tiempo con agua hirviendo para evitar riesgos, con cinco minutos será suficiente.
El doctor les estuvo dando unas cuantas indicaciones más antes de irse, Luna y Cadance le acompañaron hasta la puerta.
-Si hay algún problema, el que sea, no duden en volver a contactar conmigo… es un muchacho bastante sano, por cierto, y muy interesante también.
-Gracias doctor, no sabe bien lo tranquila que me quedo… y yo creo que me quedaría aún más tranquila si usted fuera nuestro pediatra personal ¿le interesa?-anunció entonces Luna.
-¿Su pediatra personal? sería todo un honor, alteza-masculló el doctor, visiblemente sorprendido.
-No se hable más, queda dicho.
Una vez que el problema estuvo resuelto, el resto del día fue mucho más calmado y tranquilo; Frank cayó dormido poco después, exhausto de estar llorando casi medio día, dando un merecido respiro a todos.
Durante los siguientes días, tanto Luna como Celestia trataron de averiguar lo que estaba haciendo Blueblood para tratar de anticiparse a sus movimientos, y poder interferir para que abandonara la Cámara Alta, pero desde fuera era mucho más complicado obtener información. Por suerte, sus apoyos se llegaron a reunir con ellas para hablar sobre la situación en la cámara con Blueblood al frente.
-¡Desde que ese desharrapado se ha puesto al frente todo ha ido de mal en peor! Sin ofender, princesa…-murmuró uno de los aristócratas de Fillydelphia, miembro de la Asociación de Amigos del Pueblo.
-No se preocupe, entiendo su frustración… ¿cómo están las cosas desde entonces?
-Fatal, su sobrino se está aprovechando de su nuevo cargo para incorporar sin el previo consentimiento de los demás leyes que sólo le benefician a él en vez de a nosotros en conjunto.
-¿No era eso mismo lo que se hacía antes de que mi sobrino se hiciera con la cámara?-inquirió Celestia, ceñuda.
-Bueno, sí, pero antes llegábamos a un consenso entre todos y lo votábamos… aunque no estamos aquí para hablar de eso…
-Lo cierto es que las acciones de Blueblood están perjudicando hasta a los nobles que, de por sí, ya se beneficiaban antes de toda esta irregular situación. Sabemos que usted está limitada en ese aspecto, pero creo que necesitamos un plan de acción que nos ayude a salir de ésta lo más pronto posible…
-¿Y qué sugiere exactamente, duque Lucky?
-Si me lo permite, princesa, me gustaría hacer un inciso…-comentó en ese momento Fancy Pants.
-Proceda, por favor…
El noble pausó por un momento antes de ponerse a hablar.
-Dado que Blueblood ha decidido delegar todo su poder en el organismo en sí, podría atacar a éste en concreto.
-¿Qué quiere decir?
-Que juegue con ese aspecto… por ejemplo, la Cámara Alta en sí ¿qué me sugeriste aquella vez, Diametric?-inquirió en ese momento Fancy Pants, dirigiéndose hacia otro noble sentado unos pocos asientos detrás.
-Oh, sí, puede que no sea gran cosa, pero podría recalificar los terrenos sobre los que se asienta la Cámara como ilegales, por ejemplo.
-O bien podría declarar el inmueble en ruinas o en condiciones inhabitables, eso le haría salir sí o sí-sugirió otro de ellos.
-Señores, les recuerdo que todas esas ideas traspasan la legalidad vigente…-murmuró Celestia, algo cortada.
-¿Más de lo que ya la ha traspasado Blueblood? Venga ya, Tia, si quieres ganar, dale con la misma moneda…-opinó Luna en ese momento.
-Personalmente creo que su hermana tiene razón, la legalidad vigente ya ha quedado en entredicho, y dudo mucho que se ponga aun peor. Si queremos resultados, vamos a tener que movernos ya usando las mismas tácticas…-asintió Fancy Pants.
El resto de nobles asintieron con la cabeza, mostrando de esta forma su conformidad con ese detalle en concreto; sin embargo, Celestia tenía sus serias dudas.
-Comprendo sus argumentos, pero lo que no comprendo es que quieran ampararse en la ilegalidad sólo porque ésta se encuentra por encima de la ley en estos momentos. Este es un estado de derecho, debemos respetar eso.
-Ya, hermana, pero en ese caso no tendrías nada que hacer. No puedes ampararte ahora en algo que ha perdido valor institucional…
-¿Y traicionar el estado que yo misma establecí? ¡No puedo hacer eso!
-Alteza, con todos mis respetos, entiendo perfectamente que, como princesa que es, quiera dar valor al sistema en sí, pero en este caso el sistema ya no funciona como debería, es imperativo tomar otros caminos para poder llegar a una solución a corto plazo-insistió Fancy Pants.
El resto de nobles asintieron en voz alta y comenzaron a opinar a la vez, montándose una buena algarabía; la mente de Celestia era una jaula de grillos en esos momentos, sus valores y principios se encontraban en plena discusión con las circunstancias del momento. Sabía que había que actuar y comprendía el punto de vista de los demás, pero su deber y honor chocaba abiertamente con todos estos detalles, siendo un varapalo muy grande para ella.
-¡Silencio!-exclamó en ese momento, poniendo orden.
Todo el mundo enmudeció, mirándola directamente.
-¡Señores, por favor, aténganse a las circunstancias! Comprendo perfectamente sus argumentos, pero no podemos atenernos a la ilegalidad así sin más, ignorando el estado de derecho en el que vivimos. Debemos encontrar una solución que se enclave en esto, seguro que podremos hacer algo partiendo desde la legalidad de la situación; imponerse sin más sobre esto amparándonos en los hechos está mal…
Frente a eso, Luna soltó un respingo, contestándola de seguido.
-Está bien, supongamos que lo hacemos por la vía diplomática que a ti tanto te gusta ¿qué recursos, englobados en este caso en concreto, podremos utilizar? ¿Cómo los aplicamos? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar hasta que todas nuestras acciones surtan efecto? ¿Es que no lo ves, Tia? ¡No tenemos tiempo para acciones burocráticas y papeleo administrativo, tenemos que actuar ya!-insistió ella, recalcando netamente el "ya".
-¿Y tirar por la borda todo por lo que nosotras mismas luchamos en su día? ¿Ignorar así sin más todos esos valores que alguna vez llegaron a significar algo? ¿Sugieres que sacrifiquemos nuestra identidad?-inquirió Celestia, enfadada.
-¡Pues claro que sí, Celestia! ¡Me parece muy bien que tú seas la de los valores altruistas y profundos, pero piensa por un momento en Ecuestria, y no en ti!
-¿¡Insinúas que no me preocupo por Ecuestria?!
-¡Pues ahora mismo no demasiado, mira!
-¿¡Cómo te atreves?! ¡Amo a mi país, amo a mis ponis, jamás dejaría tirado a mi reino!
-¡En ese caso actúa, Celestia, actúa por tus ponis, actúa por todos nosotros!
-¿¡Y traicionarnos a nosotros mismos en el proceso?! ¡No puedo hacer eso, Luna!
-¡Entonces es que eres una cobarde!
La discusión se cortó de golpe en cuanto el casco de Celestia zumbó en el aire, dando una cachetada a Luna, la cual se quedó en el sitio, con los ojos muy abiertos; ambas alicornios se miraron fijamente con una mueca de furia dibujada en sus caras. Por un momento Celestia fue a decir algo, pero al final se quedó callada; hubo entonces un blanco destello que cegó a todos brevemente. En cuanto volvieron a enfocar, pudieron comprobar que Celestia ya no estaba. Luna seguía en su sitio, con la mejilla enrojecida y una mueca de furia grabada en su rostro.
-Se levanta la sesión…-masculló en ese momento.
Nada más oírlo, los nobles salieron casi en estampida, dejando allí sola a Luna.
Durante el resto del día, ninguna de las dos se dirigieron la palabra en ningún momento; Cadance se llegó a enterar de lo ocurrido gracias al servicio y trató de mediar entre las dos, pero ninguna atendió a razones.
-Oh, vamos tía Celestia, sabes de sobra que la tía Luna no lo dijo en serio…
-Por supuesto que lo dijo en serio, esa desagradecida… antepone sus propios intereses a los de los demás… habrase visto…
-Quiero ser neutral en todo esto, por lo que no opinaré. Pero por favor, nunca antes desde que volvió habéis peleado ¿en serio vais a ignoraros así sin más sólo por una opinión?
-No se trata sólo de eso, Cadance… además, no estoy de humor, así que si me disculpas…
-Pero tía…
-Cadance, por favor te lo pido.
La alicornio rosada prefirió dejarla estar para no empeorarlo y lo fue a intentar con su otra tía, con similares resultados.
-Pero tía ¿de verdad vas a dejar que una simple opinión te separe así de la tía Celestia?
-Se niega a escucharme, y encima se impone a base de tortas… no soy ninguna potrilla…
-Pero habéis estado muy unidas desde que volviste… piénsalo, tía, yo no dejaría que algo así se interpusiera entre vosotras…
-Cadance, aprecio tu compañía, pero ahora mismo de lo último que quiero hablar es de mi hermana. Además, quiero pasar más tiempo con Frank.
Cadance optó por no alterar aún más las ya de por si turbadas aguas y las dejó estar; conocía bien a Celestia, no tanto a Luna, pero sabía que no podrían estar enfadadas tanto tiempo por un asunto tan puntual como ese. Eventualmente acabarían por olvidar el asunto y se reconciliarían. O al menos eso esperaba ella.
Esa misma noche, después de cenar, Luna fue a acostar a su hijo, el cual se caía de sueño; la cena había transcurrido en un densísimo silencio que sólo era roto por algún que otro gemido entrecortado de Frank y el tintineo de los cubiertos al chocar contra la porcelana de la vajilla. Ninguna de las dos alicornios se llegó a cruzar la mirada, ni siquiera alguna que otra miradita por el rabillo del ojo. La situación fue un tanto incomoda, sobre todo para Cadance, incluso el propio Frank llegó a notar el enrarecido ambiente. Éste miró atentamente a su madre mientras ésta le dejaba en su cuna, al tiempo que chupaba frenéticamente su chupete.
-Y ahora a dormir… mañana será otro día…-suspiró Luna en voz alta.
Frank arrugó el ceño, mirando inquisitivamente a su madre; incluso la alicornio pareció notar cierto deje triste en su mirada.
-No me mires así… tu tía es una tonta, yo no tengo la culpa…
El pequeñín entrecerró los ojos, llegando a emitir un ahogado gemidito que sonó casi como una protesta.
-No puede argumentar que mira por el pueblo si luego le da la espalda de esa forma… es estúpido.
Fue entonces cuando Frank dejó escapar un gran bostezo, dejando caer su chupete; Luna se lo volvió a recolocar con su magia mientras comentaba.
-Lo sé, soy muy aburrida… además, estas cosas ni te van ni te vienen.
Tras ese apunte, comenzó a cantar una vieja nana ecuestriana que, poco a poco, comenzó a surtir efecto; una vez que Frank cayó dormido le dio un último beso de buenas noches en la frente y salió a la terraza, apagando la luz antes. La luz de la luna menguante iluminaba Canterlot débilmente, la princesa de la noche la contempló sin poder evitar esbozar una mirada llena de incertidumbre. En ese momento una sombra zumbó tras ella, pero ni siquiera se inmutó.
-Sal ya, Midnight…
-Je, je, está claro que no me puedo esconder de usted, alteza…-murmuró la aludida, saliendo de detrás del tejado.
-Pues no… aunque ya sabes que no hace falta que seas tan formal, puedes llamarme Luna…
-Lo sé, es que no me acostumbro…
Las dos se miraron por un momento y Luna esbozó una confidente sonrisa; la bat poni la devolvió el gesto y murmuró, un tanto cortada.
-Esto… ¿puedo comentarla algo, alte… digo, Luna?
-Claro, dime…
-He estado pensando mucho en lo que pasó aquella vez en la Cámara Alta… aún me cuesta creer que ese principejo la traicionara de esa forma…
-Lo sé, no es algo fácil de digerir… aun así no podemos hacer nada, al menos por ahora; tiene todas las cartas a su favor…
-Pero aun así… lo que ha hecho no tiene perdón. No sólo la ha traicionado a usted, sino a toda Ecuestria. Y cuanto más lo pienso, más me hierve la sangre. No tenía ni idea de lo que estaba pasando entre ustedes y la nobleza, y eso me enfurece aún más. Simplemente no puedo permitirlo…-masculló Midnight, cada vez más alterada.
-Tranquila, no solucionarás nada enfadándote así sin más…
-Se trata de eso mismo, solucionarlo… si ustedes no pueden por las circunstancias que sean, quizás yo pueda hacer algo…
-¿Y qué sugieres?-inquirió Luna, mirándola curiosa.
Midnight suspiró, miró a la diosa de la noche a los ojos y habló.
-Un golpe de estado.
Los ojos de Luna se abrieron como platos, yendo a hablar, pero la bat poni se adelantó.
-Antes de que diga nada, déjeme decir algo. Amo a mi país, princesa. Amo todo lo que representa y la amo a usted, como princesa y como diosa de la noche que es. Usted lo es todo para una bat poni como yo, nos trae la hermosa noche y vela por todos nosotros. Es por eso que estoy dispuesta a hacer esto. Por mis raíces, por usted y por Ecuestria.
Ambas ponis se miraron a los ojos, diciéndoselo todo en nada; Luna suavizó el gesto y miró hacia Canterlot, con gesto dubitativo.
-Pero… un golpe de estado… es muy arriesgado…
-Piénselo de esta forma, usted y su hermana no pueden hacer gran cosa ¿no? al igual que dentro de la Cámara tampoco se puede hacer gran cosa. Yo sólo soy una simple guardia lunar, miembro de las fuerzas militares del reino. Puedo entrar ahí perfectamente y sitiar el hemiciclo por unas horas, para amedrentar un poco. Además, no estaré sola, Cloud también me ayudará.
-Vale, supongamos que sitias el hemiciclo ¿y luego qué?
-Luego dejo salir a algunos de los periodistas que allí hayan para que informen, mientras que pido las pertinentes exigencias, la destitución de Blueblood y la disolución de la Cámara Alta para luego entregársela a usted y su hermana.
-Pero para eso necesitas que te apoyemos el golpe…
-Es por eso que, en este punto, la participación suya y de su hermana es vital… una vez que apoyen en golpe, el resto saldrá solo y podrán tener la Cámara Alta para ustedes solas y reestructurarla como las venga en gana. Es una oportunidad única, podríamos acabar con todo este problema de raíz.
Luna dejó escapar un suspiro preocupado, rumiando todo lo que Midnight la había dicho; cierto era que, desde ese punto de vista, era un plan factible. La Guardia Real era la única fuerza militar en toda Ecuestria, y como guardianes de la paz, eran capaces de acceder a todos los organismos públicos y privados del reino. Además, partiendo de este hecho, un golpe de estado militar argumentado de la misma manera que Midnight antes la comentó, era incluso entendible.
-La idea es dar el golpe el próximo lunes, durante el siguiente pleno, y alargarlo todo lo que podamos para crear expectación; cuando los periodistas salgan de allí, difundirán la palabra rápidamente y toda Ecuestria se enterará. Si realmente la gente quiere lo mejor para sí mismos, apoyarán el golpe de manera unánime. Y el apoyo real al final, le pondrá la puntilla. Todo lo demás saldrá solo y se resolverá enseguida.
Luna, aun a pesar que veía probabilidades de éxito, aún no estaba del todo segura de la viabilidad del plan.
-Bueno, por cómo lo veo yo, te apoyaría claramente… pero mi hermana… eso es otro cantar.
-¿Por qué? ¿Ocurre algo?-preguntó Midnight, extrañada.
La princesa suspiró abiertamente antes de explicarse.
-Nos hemos peleado… y precisamente por esto mismo, ella quiere recuperar la cámara por la vía diplomática, mientras que los demás insisten en devolverle la jugada a Blueblood con su propia moneda. Y yo soy de los que piensan más como la segunda opción, teniendo en cuenta los precedentes.
-Pero necesitamos el apoyo conjunto de ambas para que el golpe salga bien… ¿cree que podrá convencerla?
-No lo sé, no nos hemos hablado en todo el día… podría intentarlo, pero… lo veo difícil.
Midnight se quedó callada, pensando en esto último; sin el apoyo de Celestia, el golpe quedaría en entredicho y podrían fracasar.
-Aun así, tienes todo mi apoyo para realizar el golpe. Aún quedan unos cuantos días hasta el lunes, trataré de hablar con mi hermana…
-Gracias princesa, no la defraudaré, el golpe servirá de algo.
Tras eso, Midnight se despidió de ella y la bat poni echó a volar, perdiéndose más allá de los tejados del palacio; Luna se quedó allí, pensando en todo lo que habían hablado.
Un golpe de estado sería lo suficientemente convincente como para cambiar las cosas de la noche a la mañana; quizás se viera poco ortodoxo, por no decir casi nada, pero era la opción más inmediata. Aunque el problema era hablar con su hermana para convencerla de algo semejante. Sabía que el mismo nombramiento de la idea produciría una ira en ella de la que no estaba segura de cuáles serían las consecuencias más inmediatas. Pero de lo que sí sabía era que se negaría sin más, y estando como estaban las cosas entre ellas, la dejaría de hablar durante el resto de su longeva vida. Por lo que optó por esperar.
-No tengo por qué convencerla ahora… después de todo, si la pondría sobre aviso ahora, podría echar al traste los planes para impedir el golpe como fuera. Será mejor esperar hasta que el golpe se haya sucedido, entonces podré hablar con ella de forma más directa.
Tras esos últimos pensamientos, decidió meterse en la cama; había sido un día largo y se sentía bastante cansada. Antes de acostarse, echó un rápido vistazo para ver a su hijo, el cual dormía plácidamente. Luna sonrió y le dio un último beso en la frente.
-Buenas noches, cariño.
Al poco rato, ella se unió al mundo onírico. Afuera, la noche velaba Canterlot.
Esa mañana Midnight se despertó más despejada que nunca; ese era el día, un día importante, un día que marcaría un antes y un después en la historia de Ecuestria. La noche anterior se había reunido con varios de los integrantes de su pelotón y les había dado un discurso motivacional acerca del honor y la identidad, aderezado con un poquito de patriotismo, aunque no demasiado para no sonar muy fanática. Tuvo el efecto deseado y consiguió convencerlos para que la ayudaran a realizar el golpe. Por otra parte, sabía que Skipper también había hecho lo mismo, puesto que así lo acordaron. Y al alba, nada más levantarse el sol, se puso en movimiento.
Desayunó rápidamente para no quedarse en ayunas, puesto que algo le decía que iba a ser un día muy largo, e iba a necesitar mucha energía. Se pasó también por su habitación para recoger algunas cosas, entre ellas su lanza de media luna de tamaño reducido, que se equipó en la parte inferior derecha de su armadura. Una vez que estuvo lista, se dirigió a la zona posterior de las dependencias de la Guardia Real al oeste del palacio y salió por una puerta de servicio situada cerca de la lavandería. Un pelotón de la guardia lunar de casi treinta individuos la esperaba, todos ellos impacientes. Ella tan solo les dirigió un rápido asentimiento con la cabeza y echaron a andar hacia la parte posterior más alejada del palacio, cerca de la esquina superior del muro que separaba esa sección de los terrenos reales con los de la calle. Allí había una antigua puerta que hacía tiempo que no se usaba, por lo que era perfecta para salir del palacio sin ser vistos. Nada más llegar, se encontraron con otro pelotón igual de numeroso de la guardia solar, liderado por Skipper; en éste había desde ponis de tierra, pegasos y hasta unicornios, que eran los más numerosos. Sin decirse nada, los dos se dirigieron a sus respectivos pelotones para hablarlos.
-Hoy va a ser un día de gloria si lo hacemos bien; nada más entrar cerraremos las puertas, la guardia lunar se encargará de eso, asegurarán también cualquier vía de escape como ventanas o puertas de servicio. El resto tomaremos el hemiciclo, para entonces quiero concentración total. Lo más seguro es que cuando irrumpamos algunos se exaltarán, cuando eso pase quiero que los unicornios disparen al aire con sus cuernos, como medida disuasoria ¿Entendido?-inquirió Skipper.
-¡Señor, sí, señor!
-Nosotros somos la fuerza escondida, somos silenciosos y sigilosos, así que podemos aprovechar eso para dominar la situación; si ésta se complica, y nos encontramos con alguna que otra hostilidad, nosotros somos los únicos que podremos neutralizarla de forma rápida, eficaz y no letal, por lo que cuento con todos vosotros-indicó Midnight.
-¡Sí, señora!
-Entonces en marcha.
Justo después abrieron las puertas y comenzaron a desfilar por las calles, aprovechando que era primera hora y todavía no había mucho movimiento en estas, beneficiándose de vez en cuando de los callejones para no llamar demasiado la atención. Llegaron enseguida a la Cámara Alta, se encontraron con la puerta abierta, por lo que la infiltración fue rápida y muy sencilla; en cuanto el último bat poni entró en el sitio, cerró la puerta tras de sí, atrancándola rápidamente. Un pequeño pelotón de cinco bat ponis echó a volar rápidamente, para ir a cerrar el resto de puertas y ventanas, mientras que el resto acompañaban a la guardia solar. Skipper y Midnight lideraban la comitiva, por lo que fueron los primeros en encontrarse con el ujier que custodiaba la puerta que daba al hemiciclo.
-Eh, alto ahí ¿a dónde van ustedes?
-A entrar ahí, apártese por favor-ordenó Skipper, con voz imperante.
-Me temo que no va a ser posible, la Cámara se encuentra en este momento reunida en un pleno…
-Lo sabemos, por eso mismo vamos a pasar, quítese del medio o le quito yo…
-Pero señor, ya le digo que…
-Quítese del medio… ahora-masculló Skipper, poniendo su mejor cara.
El ujier se amedrentó y les dejó pasar, sin decirles nada más; Midnight se adelantó por un momento y se puso justo en el centro de la estancia con su lanza en alto, gritando a pleno pulmón.
-¡Quieto todo el mundo!
Por un momento se hizo el silencio en el hemiciclo y todos los representantes y Blueblood, el cual se encontraba sentado en el nivel superior de la tribuna presidiendo el sitio, la miraron como si fuera una aparición.
-¿¡Pero qué demonios es todo esto!? ¡Estamos en un pleno!-masculló Blueblood, furioso.
-¡Pues se acabó el pleno! ¡¿Me han oído?! ¡A partir de ya mandamos nosotros, así que estense quietos y no armen jaleo!
Sus palabras fueron suficientes para dar a entender lo que estaba sucediendo, lo que hizo que muchos nobles se levantaron indignados.
-¡Esto es un escándalo, un ultraje!
-¡Traidores a la patria!
-¡¿Traidores nosotros?! ¡No! ¡Traidores todos ustedes! ¡Y traidor usted también!-chilló Midnight, señalando primero a los escaños y luego a Blueblood.
Ante esa provocación, muchos nobles se levantaron indignados, reprendiéndoles verbalmente.
-¿¡Cómo se atreve, plebeya!?
-¡Se arrepentirán de esto, malditos golpistas!
Muchos de ellos comenzaron a acercarse saliendo de sus escaños, Skipper se adelantó.
-¡Quietos ahora mismo, siéntense, no hagan ninguna estupidez!
-¡Usted es el que está haciendo una estupidez, se arrepentirá de esto, haré que le destierren!
-¡No se saldrán con la suya, nos encargaremos de que no triunfen!
A una señal de Skipper, los unicornios se adelantaron y comenzaron a disparar rayos plateados de sus cuernos, apuntando hacia el techo y hacia delante; todo el mundo se asustó y se agachó, escondiéndose tras sus escaños. Algunos de los rayos impactaron contra la pared superior, y uno desviado acabó impactando contra la cúpula central, resquebrajándola.
-¡Se sienten, coño! ¡Quietos!-vociferó Skipper, rojo de la rabia.
El único que no se había movido ni inmutado fue Fancy Pants, el cual se encontraba sentado en la esquina inferior derecha del hemiciclo, al contrario que otras veces; el noble miró por un momento a Midnight y se levantó, acercándose a ella. Skipper se interpuso por un momento, a lo que Fancy Pants paró de golpe y se dirigió a la bat poni.
-¡Explique qué locura es esta!
-¡Por Ecuestria! ¡Todo esto es por Ecuestria!
-¡Qué vergüenza para Ecuestria! ¿Quién hay detrás de todo esto, con quien tengo que hablar?
-¡No hay nada de qué hablar, tan sólo obedezca!
-Pero ¿Quién es el responsable?
-¡Todos, estamos todos en esto!
-¡Como representante lícito de esta cámara, le ordeno que deponga su actitud!
-¡Usted no es nadie para ordenarme eso!
-¡Le ordeno…!
-¡Yo sólo recibo órdenes de mi misma! ¡Cállese, no me provoque!
-¡Pare esto antes de que ocurra alguna desgracia, se lo ordeno!
-¡Usted se calla! ¡Todo es por Ecuestria!
-Le ordeno…
Pero en ese momento Skipper decidió interceder y le puso las cosas bien claras a Fancy Pants.
-¡Cállese y siéntese, no me haga tener que repetírselo!
Fancy Pants vio que no iba a ningún lado, por lo que optó por obedecer y sentarse en su escaño, sin decir ni hacer nada más. Tras ese breve incidente, Midnight continuó.
-¡Escúchenme bien, nadie se irá de aquí hasta que se hagan efectivas todas nuestras exigencias!
-¿¡Y qué exigencias son esas?!-inquirió uno de los nobles que allí había.
-¡Nuestras exigencias son la destitución del presidente de la cámara y la disolución inmediata de toda la Cámara Alta!
Frente a esa última exigencia, se levantaron muchas más voces protestantes, a cada cual más alterada que las demás.
-¡Se han vuelto locos!
-¡Jamás haremos tal cosa!
-¡Presidente, diga algo!
Ante ese llamado, Blueblood reaccionó y se dirigió tanto a Midnight como a Skipper.
-¡Son unos necios si creen que con este golpe lograrán sus objetivos! ¡Mis tías jamás apoyarán algo semejante!
-¿¡Quiere comprobarlo, Blueblood?! ¿¡Quiere apostarse algo?!-le espetó entonces la bat poni.
Frente a esa amenaza, el aludido se quedó blanco, incapaz de creerse ni una sola palabra de lo que Midnight le decía. Al punto, ésta se dirigió hacia el palco de invitados, donde había una serie de ponis tomando notas a velocidad record, junto con alguna que otra foto.
-¡Ustedes! ¿¡Cuantos periodistas son en total?!
-Ah… se… seis, señora…
-¡En ese caso que tres salgan de aquí para anunciar la noticia y llevarla por toda Ecuestria, mis hombres les escoltarán hacia la salida! ¡Y les sugiero que no cometan ninguna estupidez!
Una serie de bat ponis se pasaron por el palco para recoger a los tres periodistas, acompañándolos hasta la salida y cerrando la puerta de nuevo en cuanto éstos salieron; el resto se quedaron allí por orden de Midnight para que siguieran cubriendo todo lo que ocurría.
Una vez que el hemiciclo estuvo asegurado y todos los presentes vigilados por los guardias, Midnight y Skipper se retiraron un momento hasta el despacho del presidente para poner un poco de orden para las siguientes horas.
-Vale, ya tenemos la cámara, ahora sólo tenemos que esperar a que las princesas se pronuncien…-murmuró Midnight, pensando casi en voz alta.
-¿Y como cuánto tiempo tendremos que esperar?-inquirió Skipper.
-El tiempo que haga falta, si tenemos que estar aquí todo el día, estaremos todo el día, pero el apoyo de las princesas será vital.
-¿Y nos apoyarán?
-La princesa Luna sí, pero la princesa Celestia está más complicada. Aun así no te preocupes, estoy segura de que Luna podrá convencerla.
Los dos se quedaron en silencio por un momento, pensando en sus cosas; Midnight estuvo rebuscando por el escritorio por si encontraba algo interesante, Skipper la habló justo después.
-Midnight… si fallamos por lo que sea…
-No fallaremos-le cortó ella, tajante.
-Pero en el caso contrario… lo más probable es que nos destituyan a los dos… o algo peor.
-Pero ya te digo que no fallaremos.
Los dos se miraron fijamente a los ojos, Midnight con una expresión contundente y Skipper con una cara de póker tremenda.
-Si la cosa se pone fea, tú tan solo sal de aquí…-indicó él.
-¿Y dejarte así sin más? No, no lo haré…
-Midnight…
-¡Estamos juntos en esto, Skipper! ¡Así que no me digas qué es lo que tengo que hacer, y ni se te ocurra hacerte el héroe porque sí!
Antes de que la bat poni dijera nada más, el pegaso se inclinó sobre ella y le dio un suave beso en los labios; en cuanto se separaron, ella le espetó.
-Eres un imbécil.
-Lo sé… no te quiero perder.
-Y no lo harás… así como tampoco fallaremos en esto.
Ambos se acariciaron cariñosamente con sus hocicos, recobrando la compostura rápidamente. En ese momento llamaron a la puerta.
-Adelante-indicó Midnight.
Un guardia solar entró en la estancia y se dirigió a Skipper.
-Señor, hay unos cuantos exaltados que no dejan de caldear el ambiente, los guardias lunares han intentado contenerlos, pero son muy duros de mollera ¿cómo procedemos?
-Si están así será por la presión del grupo y del resto de nobles, será mejor que los aislemos en una habitación aparte, juntadlos y encerradlos en una de las salas del primer piso-indicó el sub capitán.
-Y llevaos también a ese noble estirado que se puso chulo conmigo, estaba muy tranquilo como para encararme así sin más, ese debe de saber algo más que nosotros no, dejadlo en una habitación aparte, me gustaría hablar con él-añadió Midnight justo después.
-Sí, señora.
El guardia se retiró enseguida acompañado de Skipper, para asegurar la operación; Midnight se quedó allí, pensando en sus propias cosas. Mientras tanto, la mañana en Canterlot pasaba lentamente.
Al contrario que otras veces, Luna se encontraba algo más nerviosa que de costumbre; se esperaba que, de un momento a otro, la noticia del golpe llegara hasta el palacio, y el momento de lidiar con ello con su hermana estaba cada vez más cerca. Por un lado, estaba lista para tratar de razonar con ella, pero por otro lado tenía miedo de que no pudiera convencerla y decidiera recuperar la Cámara Alta por la fuerza.
-¿Te pasa algo, tía? Te noto un poco distante…-murmuró en ese momento Cadance, algo extrañada.
-Oh, no, no es nada…-negó ella, arrullando a su hijo en su pecho.
Las dos se encontraban en uno de los salones del palacio, pasando la mañana tranquilamente; Cadance leía un libro, y Luna pasaba más tiempo con su hijo, el cual estaba mucho más tranquilo y llevaba mejor el asunto de los dientes gracias a su nuevo chupete.
En ese momento, oyeron un grito angustiado desde el otro lado del pasillo y vieron pasar al ama de llaves toda azorada y sosteniendo un periódico con su magia.
-¡Alteza, alteza, ha sucedido algo terrible!
La señora Key pasó zumbando al lado de la puerta abierta sin ni siquiera dirigirse a ellas, buscaba a Celestia.
-¿Qué habrá pasado?-se preguntó Cadance en voz alta.
-No sé… vamos a ver…-murmuró Luna, haciéndose la ignorante.
Siguieron de cerca a la señora Key, la cual subió las escaleras hasta el despacho de Celestia, entrando apresuradamente en él.
-Señora Key ¿Qué formas son esas de entrar en mi despacho?-inquirió Celestia, molesta.
-¡Oh, lo siento muchísimo alteza, pero es que esto es importante! ¡Ha ocurrido algo terrible!-exclamó ella, agitando el periódico.
-¿El qué, qué ha ocurrido?
La señora Key la tendió el periódico y Celestia lo cogió con su magia; era una tirada extremadamente pequeña, pero en cuanto leyó el titular, se quedó de piedra. En éste se podía leer en letras bien grandes Golpe de estado militar en la Cámara Alta.
-¿¡Qué?!-chilló Celestia, anonadada.
-Ha salido hace nada, lo están repartiendo por todas partes, la gente se está echando a la calle…
Celestia abrió el periódico y comenzó a leer la escueta noticia, acompañada de unas pocas fotos.
Estaba siendo una mañana de pleno como otra cualquiera, los representantes se echaban pestes entre sí, probando una vez más lo podrida que estaba la situación, y el presidente apenas hacia nada por mediar en ella. Un servidor se estaba durmiendo (perdonen por mi contundente honestidad, pero no puedo hacer otra cosa en estos sensibles momentos), cuando de repente, y sin previo aviso, una serie de guardias reales, tanto solares como lunares, irrumpieron en el hemiciclo, parando de golpe el pleno. Todo el mundo se congeló, yo incluido, y la que parecía ser la cabecilla de los bat ponis, se adelantó y puso orden. Su grito fue contundente y eficaz, nos dejó a todos perplejos, sin ni siquiera dándonos cuenta de lo que estaba pasando. No fue hasta poco después cuando nos dimos cuenta de lo que habían venido a hacer. Tanto ella como su compañero, un guardia solar pegaso con el distinto de sub capitán en su armadura, se impusieron por la fuerza sobre los presentes, llegando a disparar al aire una serie de unicornios que iban con ellos; todos nos echamos al suelo mientras que los proyectiles mágicos rebotaban sobre las paredes y el techo, incluso por un momento me pareció oír cómo se resquebrajaba la cúpula central de vidrio. Tras eso, los golpistas impusieron sus condiciones, las cuales eran destituir al actual presidente y disolver al completo toda la Cámara Alta. Las condiciones fueron recibidas muy negativamente por los representantes en sus escaños, pero uno de los nobles allí presentes, un unicornio con monóculo, encaró valientemente a la bat poni líder, la cual le ordenó volver a su escaño. El presidente trató de amedrentar a los golpistas argumentando que las princesas nunca apoyarían un golpe de estado, pero la bat poni líder le retó, muy segura de sí misma. Tras ese inciso, se nos indicaron a mí y dos compañeros más que saliésemos de allí para difundir la palabra, siendo escoltados hasta la salida.
No sé qué podrán pensar todos ustedes, los lectores, pero todo esto me parece demasiado deliberado como para ser algo imprevisto, eso desde luego, las palabras de esa bat poni sonaron demasiado seguras para mí. Esto es lo que hay ahora mismo, Ecuestria ¿qué vamos a hacer entonces?
En cuanto Celestia terminó de leerlo, levantó la vista y fulminó con la mirada a su hermana, la cual se la devolvió fijamente.
-Explícame que es todo esto…
-Pues un golpe de estado…
-Sí, eso ya lo veo… la cuestión es ¿por qué Midnight Blossom y mi sub capitán Cloud Skipper son los principales causantes?
Ambas princesas se quedaron calladas, sin decir nada más y taladrándose con la mirada. En un momento dado, Celestia indicó.
-Dejadnos solas.
-Pero tía…-murmuró Cadance.
-He dicho… dejadnos solas-repitió entonces, cargando de furia cada sílaba.
Luna le dio a Cadance su hijo, la cual se fue de allí junto con la ama de llaves; una vez solas, Celestia se explayó a gusto.
-¡¿Cómo has podido?! ¿¡Te creías que no me iba a dar cuenta?! ¿¡Creías que sería lo suficientemente tonta?!
-En tal caso, no sé para qué me he tomado la molestia de esperar…
-¡Mira, ahí tienes razón! ¡¿Por qué, Luna?! ¿¡Por qué me has traicionado?!
-Yo no te he traicionado, Tia, los únicos que nos han traicionado aquí han sido Blueblood y todos esos nobles…
-¡Pero yo digo ahora, en este mismo momento! ¡Y no solo me han traicionado a mí, te han traicionado a ti también!
-Ellos no han hecho tal cosa, yo misma le di autorización a Midnight para que lo hiciera. Era necesario, Celestia.
-¿¡Necesario?! ¿¡Es que te has vuelto loca?!
-No, era necesario para que tengamos vía libre para poder reorganizar la cámara ¿es que no lo ves, Tia? Es la oportunidad perfecta para echar a todos esos desgraciados de allí y encarcelar a Blueblood por lo que nos ha hecho…
-¿¡Y después de una traición como esa?! ¡Habrase visto, jamás pensé que podrías llegar a hacer algo semejante! ¡¿Qué diría mamá si se enterara?!
-Mamá no tiene nada que ver, no la metas en esto…
-¡Pero fue mamá quien nos enseñó a ser quienes somos en este momento! ¡¿Y de qué sirve todo eso ahora!? ¡De nada! ¡Pobre mamá, qué forma más vil de despreciarla, no se merecía nada de esto!
-¡Esto no es por mamá, no es por mí y no es por ti, es por todo, Celestia, es por Ecuestria, es por el pueblo! ¡Era imposible seguir como estábamos, necesitábamos un cambio, Midnight nos ha ayudado a alcanzar ese cambio, sólo falta que nosotras terminemos lo que ella ha empezado!
-¿¡Qué?! ¿¡No estarás insinuando…?!
-¡Sí, Celestia, tenemos que apoyar el golpe para que se haga efectivo, sólo así se acabará todo!
Por un momento hubo un pequeño silencio entre las dos, Celestia miró a su hermana como si ésta la hubiera hecho la mayor perrería posible; finalmente se pronunció.
-Tú… no… jamás apoyaré este golpe. Jamás.
-¡Pero Tia! ¿¡Por qué te empecinas tanto en ver lo contrario?! ¡No seas ciega, es la oportunidad perfecta, hagámoslo juntas, por favor, cambiemos Ecuestria para bien juntas!
-¡No! ¡No, no, no, jamás, nunca, fuera de aquí, no quiero volver a verte, no vuelvas a hablarme!
-¡Pe…pero Tia!
-¡No vuelvas a llamarme así, tú no eres mi hermana, fuera de aquí, fuera!
Antes de que Luna pudiera volver a hablar, se vio envuelta en un aura dorada y una fuerza descomunal la echó de allí, cayendo al suelo del pasillo duramente. Cadance se acercó a ella.
-¡Tía! ¿Estás bien?
Luna se levantó, mientras que un par de lágrimas se asomaban a sus ojos; sin decir nada más, se apartó y echó a andar pisando fuertemente, alejándose de allí. Desde donde estaba, Cadance podía oír perfectamente los sollozos de su tía Celestia al otro lado de la puerta.
Afuera, un coro incesante de voces al unísono comenzaba a oírse por todo Canterlot, llegando a extenderse incluso más allá.
La noticia del golpe se extendió como la pólvora hasta que toda Ecuestria estuvo al tanto de lo que estaba pasando; ningún solo pueblo y asentamiento se quedó sin saber nada de lo que estaba ocurriendo, la prensa se encargó especialmente de ello. Nada más saberlo, todos los ponis se echaron a la calle, presa de un espíritu colectivo que ardía de furia y deseoso de cambio. En Ponyville se organizó enseguida una enorme batida, la cual marcharía enseguida hacia Canterlot, enarbolando pancartas y banderas ecuestrianas; todos pedían lo mismo, un cambio inmediato, el fin de la corrupción, una Ecuestria realmente armoniosa.
Twilight jamás había visto nada semejante, todos los ponis estaban allí, dispuestos a marchar hacia un objetivo común. La acompañaba subido a su grupa Spike, el cual se mostraba igual de asombrado.
-Caramba, el golpe ha unido a los ponis…-murmuró el dragón.
-Ya lo creo, menuda respuesta, jamás lo hubiera imaginado…-asintió la unicornio lavanda, sin salir de su asombro.
Un poco más adelante se encontró con todas sus amigas, las cuales la vieron venir.
-Ah, aquí estás, Twilight… marchamos a Canterlot en pos de la libertad popular ¿quieres venir?-inquirió Rarity.
-¿Os habéis enterado?
-¡Por supuesto que nos hemos enterado! ¡Es un escándalo lo de la Cámara Alta, se están aprovechando de todos nosotros! ¡Apoyaremos el golpe con todas nuestras fuerzas!-aseguró Applejack.
-¡Sí, eso es, fuera los malosos políticos, arriba la clase obrera!-exclamaba Pinkie, saltando constantemente con una pancarta en su lomo.
-Pinkie ¿desde cuando estás metida tú en política?-quiso saber Twilight, ceñuda.
-¿Yo? Desde nunca, es sólo por apoyar a la causa… ¡ánimo, compañeros, no nos callarán!
La unicornio lavanda rodó los ojos, prefiriendo no decir nada más. En ese momento, Rainbow Dash dio su opinión.
-¡No sé muy bien qué ha pasado exactamente, pero estoy con los demás, los de la Cámara Alta han ido demasiado lejos, es hora de enseñarles lo que pasa cuando se aprovechan de Ecuestria!
-¿Y tú, Fluttershy, qué opinas de todo esto?-la preguntó Spike, curioso.
-Oh, pues que… bueno, no soy muy de política, pero… que se aprovechen así de nosotros, pues… como que no está bien…-murmuró Fluttershy, a media voz.
En ese momento Rainbow la levantó del suelo repentinamente y exclamó.
-¡Así se habla, Fluttershy, ése es el espíritu! ¡Vamos todos, pongámonos en marcha hacia Canterlot!
La señal de Dash se tomó como la señal para partir y la muchedumbre se puso en movimiento, dirigiéndose hacia Canterlot entre cantos y consignas, levantando en alto tanto sus pancartas como sus banderas. Twilight decidió ir con sus amigas, dispuesta a apoyar el golpe. Ella sabía, y de sobra, que la Cámara Alta se había estado aprovechando vilmente del sistema y ahora ese era el momento en el que todo eso iba a cambiar. El golpe había entrado a ser parte de la historia, pero ellos también se dirigían a su encuentro. A hacer historia.
Las siguientes horas pasaron lenta y pesadamente para toda Ecuestria; el golpe siguió su curso y la Cámara Alta siguió estando sitiada por Cloud y Midnight, los cuales vigilaban de cerca a todos los representantes y a Blueblood. Los que más armaban bulla fueron encerrados en un salón del primer piso, mientras que Fancy Pants acabó en una habitación contigua del mismo piso. Midnight fue a hablar con él para averiguar qué podía saber de más; la bat poni entró en el sitio sin apenas hacer ruido, pero el noble advirtió su presencia enseguida.
-Es usted una yegua muy atenta y perspicaz…-murmuró Fancy Pants, mientras miraba por la ventana.
-Usted no me conoce de nada… y apártese ahora mismo de la ventana.
Fancy Pants obedeció rápidamente y se dirigió hacia ella, sosteniéndola una muy buena cara de póker.
-En parte entiendo que hayan realizado este golpe… pero hay otras formas menos ilícitas para indicar lo descontento que está uno…
-No me venga con esas, noblucho estirado… usted sabía perfectamente cuál era la situación, y aun así se aprovechaba de ella…-le espetó la bat poni.
-Me parece que está usted deduciendo de más, señorita….
-Blossom… Midnight Blossom.
-Señorita Blossom… comprendo su desconfianza para con mi persona, pero como ya la he dicho, no debería juzgar un libro por su portada…-comentó el noble, limpiándose su monóculo.
-¿Y todo eso me lo dice para qué, exactamente?
-Yo no soy su enemigo, señorita Blossom… es cierto que formo parte de la cámara, pero digamos que… no comparto sus métodos.
-Ya, claro, supongo que todo eso se lo dirá a todo aquel que le pregunte lo mismo…
-Una vez más, comprendo su desconfianza… pero ya la digo que no tiene por qué considerarme su enemigo. Sólo quiero que las cosas salgan bien, eso es todo.
-En ese caso no tendrá ningún problema en contarme qué sabe usted… porque está claro que algo de más sabe, no es muy sutil, que digamos…
-No la dije que era una yegua perspicaz por nada… -repitió Fancy Pants, divertido.
-¿Y bien?-inquirió ella, levantando una ceja.
Fancy Pants la miró por un momento, esbozando una media sonrisa confiada.
Mientras tanto, las protestas se iban sucediendo alrededor de toda la ciudadela; a eso de después de comer se presentaron los vecinos de Ponyville y se sumaron a los vecinos de Canterlot, en una multitudinaria manifestación que, en ese justo momento, estaba de receso en la plaza de la ciudad. El portavoz de esta se dirigía a todos los demás hablando en voz alta, se trataba de un semental unicornio joven, de pelaje claro y crines oscuras, con una marca de belleza consistente en un pergamino enrollado.
-¡Y es ahora cuando el pueblo tiene más fuerza que nunca, es ahora cuando hemos de levantarnos y decir que no a la Cámara Alta! ¡Es la hora del cambio, el cambio ya está aquí, está entre nosotros, nosotros somos el cambio, demostremos nuestro apoyo al golpe y demostremos que Ecuestria no se vende!
Un griterío se levantó de entre la muchedumbre enaltecida, esparciendo así la palabra por toda la ciudadela; en ese momento, alguien de la multitud hizo un apunte.
-¡Pero las princesas no se han pronunciado hasta ahora! ¿Por qué?
-¡No lo sabemos, suponemos que están deliberando, pero es cierto que hasta ahora no han dicho nada!
-¿Y si no quieren apoyar el golpe?-inquirió en ese momento una voz.
-¡Pero eso es absurdo, a ellas también las interesa un cambio, fueron las primeras en proponerlo!
El portavoz llamó la atención por un momento.
-¡Lo sé, lo sé, yo también estoy un poco preocupado, me acercaría yo mismo a preguntar, pero no dejan pasar más allá de la verja, si tuviera algún tipo de representante o portavoz relacionado con las princesas, podríamos acercarnos a ellas!
En ese momento, Twilight notó como alguien la daba un toque en el lomo, se giró y vio a Applejack.
-¿Has oído eso, dulzura? Te necesitan a ti, tú puedes llevarnos a hablar con las princesas…
-Eh… sí, ya, aunque no estoy muy segura de sí…
-Ah, tonterías, eres nuestra llave al palacio… ¡eh, aquí, aquí hay alguien que nos puede ayudar!-exclamó Applejack a grito pelado.
-¡Espera Applejack, no!
Pero para entonces mucha gente la había oído, incluido el portavoz.
-¿En serio? Que venga un momento, acércate querida…
Por un momento miles de miradas se posaron en ella y Twilight se vio presionada, teniendo que acercarse hasta el centro de la plaza.
-¿Es cierto que puedes ayudarnos a hablar con las princesas?-inquirió el portavoz, mirándola atentamente.
-Sí, de hecho soy la estudiante personal de la princesa Celestia, por lo que será sencillo…
-¿De veras? ¡Vaya, eso es aún mejor! ¡Perfecto, ahora que podemos reunirnos con las princesas dirijámonos directamente al palacio!-indicó el portavoz al resto de la población.
Nada más decirlo, la multitud se puso en marcha, alzando sus pancartas, y empezando a cantar consignas por doquier, enfilando la avenida principal directa hacia la verja del palacio.
En ese mismo momento, en el palacio se vivían momentos de tensión; Celestia se había encerrado en su despacho y no quería ver a nadie, echando de mala manera a cualquiera que se acercaba. Una abatida Luna era consolada por su sobrina, mientras se amparaba en su hijo, el cual estaba un poco nervioso.
-Puedo entender que esté enfadada, puedo entender que su orgullo la ciegue, pero lo que no puedo entender es que me diga eso y me aparte de su lado… yo la quiero, es mi hermana, pero esto se me está haciendo muy difícil…
-Vamos tía, sabes tan bien como yo que no lo ha dicho en serio…
-No sé yo, por un momento parecía tan… convencida. Tengo miedo de que no me hable nunca más…
-No pienses más en eso, ahora tenemos que tratar de apoyar el golpe… ¿y si yo también lo apoyo? Aunque mi poder sea limitado, quizás pueda hacer algo…-sugirió Cadance.
-Por poder podrías, pero no tendría una repercusión tan directa y eficaz como el mío o el de mi hermana… las decisiones más importantes sólo son competencia de las princesas regentes.
Por un momento Luna miró a su hijo, el cual la devolvió la mirada de forma inquisitiva, como si se preocupara por su madre. Ésta le arrulló en su pecho y le dio un beso en la frente. En ese justo momento comenzaron a oír unos cánticos provenientes de la calle y salieron un momento al balcón para ver qué era eso; fue entonces cuando pudieron ver la enorme marabunta de ponis que se acercaban hasta la verja del palacio, enarbolando banderas ecuestrianas y alzando pancartas que demostraban su apoyo al golpe. Por un momento escucharon atentamente sus cantinelas, las cuales mostraban un fiero apoyo tanto al golpe como a ellas mismas.
Las princesas de Ecuestria, todo o nada, no sin ellas
Golpe al noble, golpe al ladrón, golpe arriba y con razón
Casi estamos, sigue así, sol y luna, sí o sí
Las dos princesas contemplaron maravilladas lo que había ante sus ojos, casi sin creérselo.
-Uauh, mira eso… están todos unidos contra la Cámara y de nuestro lado…-murmuró Cadance.
-Jamás había visto nada semejante en toda mi vida… bajemos, hablaremos con ellos-indicó Luna.
Antes de bajar, Luna dejó a Frank con una de las ponis del servicio, para que le cuidara por ella mientras atendía a la plebe; bajaron las escaleras rápidamente y salieron en dirección hacia la verja, la cual era custodiada por un par de guardias reales desde el lado de fuera. Nada más verlas venir, éstos abrieron la verja, haciendo enmudecer a la multitud; Twilight estaba con ellos, se adelantó en cuanto pudo.
-¡Princesa Luna, Cadance, menos mal que habéis salido!
-Me alegro de volver a verte, Twilight Sparkle… os hemos visto llegar desde arriba-explicó Luna.
-¡Princesa, el pueblo está con ustedes! ¿Apoya el golpe?-inquirió el portavoz, yendo al grano.
-Por supuesto que lo apoyo…
Nada más oírlo, la multitud prorrumpió en vítores y aplausos, tronando sus cascos contra el suelo.
-… aunque hay un problema.
En cuanto acabó la frase, los ponis enmudecieron, extrañados.
-¿Qué ocurre, alteza?-inquirió una voz anónima.
-Se trata de mi hermana, la muy cabezona no quiere apoyar el golpe al considerarlo ilícito. He tratado de hablar con ella, pero no me escucha… aunque quizás sí que os escuche a vosotros.
-¿Qué sugiere, princesa?-quiso saber Twilight, curiosa.
Luna se quedó pensativa por un momento y luego esbozó una sonrisa llena de confidencia.
Celestia seguía en su despacho, pensando en sus propias cosas y sin querer saber nada del mundo exterior; en ese momento se sentía absolutamente traicionada, traicionada por su sub capitán, traicionada por su guardia… e incluso traicionada por su propia hermana. Un golpe de estado era algo inconcebible para ella, pero aún más inconcebible era cuando había sido previamente preparado. Todos los ideales que su madre las había enseñado, todo esos valores que tan hondo calaron en ella cuando era pequeña… habían sido pisoteados, ultrajados, dilapidados. Y ahora no había nada.
En ese momento oyó que alguien llamaba a su puerta y soltó de golpe.
-¡Fuera, no quiero ver a nadie!
-Alteza… aquí hay alguien que quiere hablar con usted-dijo entonces la voz de Raven, su asistenta.
-¡Pero yo no quiero hablar con nadie, dile que se vaya!
-Pero es que se trata de alguien muy especial…
-¡Me da igual, como si es el Primer Alicornio, fuera!
-Princesa… ¿podría hablar al menos conmigo?-inquirió entonces una voz que ella conocía bien.
-Twilight…
Por un momento se lo pensó rápidamente; Twilight era su más leal estudiante, la poni la quería mucho, y para ella era como la hija que nunca tuvo. Era, quizás, la única que no la había traicionado en ese día. Y eso fue más que suficiente para Celestia. Corrió hacia la puerta y la abrió con una gran sonrisa, pero ésta se cambió por una mueca de sorpresa en cuanto vio lo que vio; un montón de ponis civiles ocupaban todo el pasillo de la última planta del palacio, todos ellos se encontraban callados, mirándola atentamente. Luna estaba allí, junto con Cadance, al lado de todos ellos. Su fiel estudiante se acercó a ella.
-Princesa, aquí hay alguien que quiere hablar con usted, aparte de mí.
-¿Qué? Pero… ¿Quién es?
A eso, Twilight sonrió y anunció.
-Ecuestria.
Después de decir eso, la multitud ahí presente comenzó a entonar la siguiente cantinela.
Todos juntos, todos a una, como Celestia no hay ninguna
La calidez y el cariño de su cantinela llegó a lo más hondo de Celestia, y fue entonces cuando pudo comprenderlo, abriendo mucho los ojos. Luna aprovechó para acercarse a ella y hablarla.
-¿Lo ves, Tia? A esto me refería. El golpe ha unido a toda esta gente, los ha puesto de acuerdo para que todo sea como tiene que ser. Tenemos la grandísima oportunidad de cambiar las cosas todos juntos, literalmente hablando. ¿Qué me dices, Tia? ¿Lo hacemos juntas?
Celestia miró a su hermana para luego mirar a todos esos ponis civiles, los cuales seguían cantando la misma cantinela una y otra vez; finalmente no pudo más y se echó sobre ella, abrazándola entre sus patas.
-Lo siento tanto, Luna, yo… yo…
-No lo pienses más… vamos entonces a cambiar las cosas ¿vale?
-Claro…-asintió Celestia, sonriendo.
-Aunque antes tendremos que desalojar el piso…-comentó entonces Cadance, al ver que la escalera estaba congestionada.
Las últimas horas de la tarde comenzaban a acabarse, mientras que en la Cámara Alta seguían esperando; el hemiciclo estaba calmado y tranquilo, los guardias vigilaban los escaños, y tanto Midnight como Skipper no quitaban ojo de Blueblood desde el pie de la tribuna.
-Habéis cometido un grave error… os arrepentiréis profundamente de lo que habéis hecho…-masculló éste, rabioso.
-Ya es la tercera vez que nos dices eso… ¿no sabes decir otra cosa?-inquirió Midnight.
-Parece un disco rayado…-murmuró Skipper, cansado.
El principejo no volvió a hablar, pero miró con suma rabia a los dos guardias reales, los cuales le devolvían su mirada con una adusta indiferencia.
En ese justo momento oyeron que alguien llamaba a la puerta principal y todo el mundo reaccionó; Midnight se dirigió a dos de sus hombres y les indicó.
-Tú y tú, id a ver quién es.
Los bat ponis asintieron y desaparecieron en dirección hacia la puerta principal; por un momento los minutos se convirtieron en horas y parecía que el tiempo se había detenido. Pero en ese momento oyeron unos pasos acercándose, apareciendo de improviso Celestia y Luna; Midnight y Skipper se cuadraron nada más verlas y las miraron a los ojos, sin ningún atisbo de nada. Las princesas les devolvieron el gesto, sin denotar ningún tipo de emoción en su mirada. Shining Armor se encontraba detrás de Celestia, la cual habló.
-Capitán…
-Alteza…
Antes de hablar, Celestia cogió aire y dio su orden.
-Arreste a Blueblood inmediatamente y llévelo a los calabozos.
-Ahora mismo, alteza.
Dos guardias solares rodearon entonces al infrascrito y lo esposaron de las patas, añadiendo un anillo de bloqueo mágico en su cuerno; Blueblood trató de zafarse y evitarlo, pero no pudo hacer nada. Al pasar al lado de su tía, la fulminó con la mirada, pero ésta tan sólo le ignoró.
Una vez que Blueblood fue arrestado, Celestia se dirigió al resto de nobles que allí estaban.
-Todos ustedes pueden irse ya, no pintan nada aquí.
Éstos comprendieron al instante sus palabras y abandonaron sus escaños, yéndose de allí sin ni siquiera mirar a la princesa.
Una vez solos, Luna y Celestia se dirigieron a sus respectivos guardias, siendo Celestia la primera en hablar.
-Aun siendo una opción un tanto discutible al principio, hicisteis lo correcto en todo momento, y vuestras acciones permitieron al pueblo unirse en pos de un objetivo común.
-No cejasteis en ningún momento, y siempre tuvisteis en mente tanto a Ecuestria como a nosotras cuando lo hicisteis-continuó Luna.
-Como reconocimiento a vuestro valor y lealtad, os concedemos la medalla laureada al mérito ecuestriano-anunció Celestia, levitando éstas con su magia y poniéndoselas a los dos.
-Ah, y el puesto de sub capitana de la guardia lunar sigue vacante, por lo que no me importaría que tú lo ocuparas…-añadió Luna, dirigiéndose a Midnight.
-Muchísimas gracias, princesa, lo acepto encantada.
En ese momento oyeron un carraspeo detrás de ellos y vieron entonces a Fancy Pants, el cual comentó.
-Entonces… ¿nos ponemos a reorganizar?
-Por supuesto que sí, querido amigo; de hecho, había pensado en ti para ocupar un puesto muy especial…
Esa misma noche, todo estaba bien con el mundo; la Cámara Alta había sido disuelta de forma instantánea, lo que había dejado sin ningún poder a todos esos nobles corruptos, los cuales fueron abucheados hasta la saciedad en cuando salieron del edificio. Se esperaba una remodelación en los próximos días, junto con la implantación de las nuevas leyes nobiliarias, las cuales derogarían las anteriores. Los vecinos de Ponyville volvieron al pueblo en tren y Twilight tuvo unas cuantas palabras con la princesa antes de marcharse.
Ahora, Celestia bajaba ella misma a los calabozos del palacio, donde su sobrino se encontraba arrestado; lo encontró en la primera celda a mano derecha, Celestia le miró por un momento, pero él apartó la mirada y la ignoró.
-Sé que soy la última poni a la que querrías ver. Pero me gustaría hablar aunque sólo fuera un poco contigo. Sé que no me lo merezco, pero, una vez más, te pido perdón por haberte mentido durante todo ese tiempo. Te veía tan feliz que no quería que sufrieras, pero fue un grave error. Debí contártelo todo desde el primer momento. Lo siento… lo siento tanto.
Los primeros segundos fueron precedidos por un denso silencio, pero Blueblood se pronunció justo después.
-Ya da igual, tus disculpas no me devolverán a mis padres… nada de lo que digas me hará cambiar de opinión. Eres una embustera, y siempre lo serás para mí. Jamás te lo perdonaré.
Celestia asintió levemente, tratando de asimilarlo a marchas forzadas.
-Eres libre ya, puedes seguir viviendo aquí si quieres, y…
-No pasaría ni un minuto más en este agujero ni aunque me lo suplicaras…-masculló Blueblood, cortándola de golpe.
La princesa aun así siguió con su frase.
-… se te conservaría tu título de príncipe heredero, además de…
-Quédatelo, no lo quiero para nada, no quiero nada de ti. Se acabó. Me largo de aquí.
Celestia se quedó callada, mientras que el guardia abría la puerta de la celda para dejar salir a Blueblood.
Una vez fuera de los calabozos, el ex príncipe se dirigió a su habitación para recoger todas sus cosas y llevárselas consigo; Celestia quiso ayudarle, pero él la cerró la puerta en las narices. En cuanto terminó, le acompañó hasta la puerta para despedirle, pero Blueblood se fue con viento fresco, sin ni siquiera decir adiós a ninguno de los presentes, entre ellos Luna y Cadance. Celestia le observó caminar rápidamente por el sendero hasta llegar a la verja. Para entonces, sus ojos estaban anegados. En cuanto Blueblood se perdió calle abajo, Celestia lo dejó escapar, llorando amargamente. Su hermana la arropó en un suave abrazo y la princesa lloró en su hombro, sintiendo como si su pecho se rasgara en dos. Incluso Cadance llegó a llorar igual que ella.
En el cielo, una luna casi menguada coronaba la noche, con un manto estrellado arropando el firmamento.
¡Juego para los españoles! ¡Encontrad las referencias y paralelismos en todo este capítulo! XD bueno, pues ya está. Me hubiera gustado meterle un poco más de detalle, pero hubiera salido muy largo. Debido a eso mismo no le he puesto canción, ya que tampoco tenía intención de meterle ninguna, así que... Comentar también que voy a pausar esta historia por ahora debido a que el trabajo en la uni empieza a apretar, todavía no estoy de exámenes, pero tengo un par de trabajos que requieren de mayor atención, por lo que lo dejo aquí hasta nuevo aviso. Para que no os preocupéis, en el siguiente capítulo me centraré en el viaje hacia las Neighara Falls. Y eso es todo, comentad, dejas reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
