Capítulo 11
Una promesa de cristal
El tiempo pasa volando, y eso era algo que Celestia y Luna sabían mejor que nadie; con más de mil años sobre sus hombros, habían vivido varias generaciones seguidas, y los que aún las faltaban además. Quizás fuera por eso por lo que, tras la boda, el tiempo decidió ir un poco más deprisa, llegando a notarlo incluso ellas.
Cadance y Shining se fueron de luna de miel en un tour por toda Ecuestria que duró casi dos semanas, regresando ya con su matrimonio recién iniciado y feliz. Al pasar a ser príncipe consorte, Shining dejó de parar en la zona para la Guardia Real y se instaló con su mujer en su habitación, conservando además su título de Capitán de la Guardia Real Solar. Fue además integrado de forma oficial en la familia real, junto con sus demás familiares, como sus padres o su propia hermana,
Ese verano resultó ser uno de los más calurosos que la Ecuestria moderna conoció y se llegaron a alcanzar casi los cuarenta grados en las zonas más calurosas del reino como Las Pegasus, Appleloosa o Dodge Junction; en el resto del país, las temperaturas fueron algo más suaves, pero llegaron a ser bastante altas. Por suerte, Rarity había terminado de confeccionar la línea de verano para Frank y se la mandó enseguida, para que el pequeñín no pasara calor.
Al estar la Cadance real de vuelta, Luna no volvió a requerir de la criada que llegó a cuidar de Frank, pero igualmente la dio las gracias por su ayuda y se la remuneró como bien la prometió; incluso la poni, quien respondía por el nombre de Helpful Maid, se llegó a ofrecer de nuevo por si la volviera a necesitar en otro momento. Luna lo tuvo en cuenta igualmente.
Twilight aprovechó las vacaciones para tratar de retomar su investigación acerca del origen de Frank, pero la resultó mucho más duro de lo que pensó; había informado de sus últimos descubrimientos a la princesa, añadiendo el estado actual de la misma, y Celestia ya la había dicho que se lo tomara con calma, puesto que comprendía que sería mucho más complicado de lo que parecía a simple vista. Mantuvo el contacto con Over Seeker, el cual siempre tenía al día a la unicornio sobre todo lo que iba descubriendo, pero hasta el momento no había encontrada nada que la ayudara a volverla a poner sobre la pista. Incluso Zécora tampoco la pudo decir gran cosa tras peinar varias veces el bosque Everfree en busca de alguna evidencia que respaldara los detalles del cuento. El punto muerto de la investigación se mantuvo sin ni siquiera ceder, lo que era un tanto frustrante para Twilight, ya que tenía intención de averiguar qué tipo de criatura es Frank; pero aun así, eso no la desanimó. Sabía, y de sobra, que cuando no hay pistas suficientes, las investigaciones tienden a estancarse. Era una fase más, y en cuanto ella o cualquier otro de los que la ayudaban obtuviera algo fiable, podría retomarla fácilmente. Era cuestión de esperar.
Desde su reorganización, la Cámara Alta funcionaba con toda normalidad, trayendo más estabilidad que nunca al reino; todo el mundo estaba contento y satisfecho con ella, las princesas también y, además, su presidente iba a ser pronto padre, como bien le confirmó su esposa poco después de la boda real.
Tras un verano cálido, el otoño vino algo más fresco y cargado con abundantes precipitaciones que los pegasos programaron durante casi todo el tiempo que duró la estación, llegando a haber tres por semana; después del calor, a la tierra le venía bien recuperar nutrientes, por lo que la lluvia era necesaria. A eso, también ayudaba la caída de las hojas y la Gran Carrera Anual, en la que se esparcían las hojas por todos los rincones con ese mismo propósito. Los últimos coletazos de la estación trajeron consigo una de las festividades más queridas e icónicas de Ecuestria, la Nightmare Night, en la cual, la princesa Luna volvió a honrar con su presencia a Ponyville, asustando a los más pequeños y animando la fiesta. Fue, además, un buen momento para reencontrarse con Twilight después de la última vez, en la celebración de la festividad de Hollow Shades.
-¡Princesa Luna, me alegro de volver a verla!
-Hola, Twilight… ya me contó mi hermana que la investigación está parada…
-Así es, se me acabaron las pistas y ahora la tengo pausada, pero no se preocupe, en cuanto vuelva a tener algo volveré a investigar.
-Quería darte las gracias aun a pesar de todo, pero ya sabes que no tienes por qué hacer esto…
-¡Para nada! Me comprometí en su día con usted a que llegaría a averiguar lo que es Frank, y pienso hacerlo, aunque me lleve la vida entera.
-Eres muy amable, Twilight…
-¿Y qué tal está el pequeño Frank?
-Oh, pues muy bien, crece fuerte y sano, empieza a balbucear cosas, está aprendiendo mucho, es un niño feliz.
-Me alegro… parece que fue ayer cuando apareció y todo el mundo se echó los cascos a la cabeza…
-Ya ves que sí, cómo pasa el tiempo…
Y así, hablando de todo un poco, las dos se integraron en la fiesta, disfrutando de la noche.
El templado otoño dio paso al frío invierno, y en pocas semanas, casi toda Ecuestria se vio envuelta en un frío manto de nieve blanca; los lagos se helaron, los ríos más pequeños también, y el suave y cálido pelaje de los ponis les protegía bien del frío. Pero Frank, al no tener pelaje, estaba más expuesto al frío, por lo que Rarity lo solucionó enseguida tejiendo ropas más gruesas, mullidas y cálidas. El invierno era también una estación especial, ya que a finales de año se daba otra de las festividades más famosas del reino, la Fiesta del Hogar, en la cual se conmemora cada año la fundación del reino de Ecuestria. Los hogares se adornaron, las calles también, y el ambiente fue más alegre y festivo que nunca. En el palacio también decoraron los pasillos con motivos invernales y vegetales, con muérdago en los dinteles de las puertas, dando a Shining y Cadance una excusa para besarse entre sala y sala. Como todos los años, la familia real se hizo la pertinente foto hogareña para decorar tarjetas, postales y como felicitación para todo el reino; en ésta aparecían sus miembros más directos y destacados, ese año se decidió hacer la foto en uno de los salones de estar, frente a la chimenea más grande de todo el palacio. Celestia aparecía centrada, a su diestra Luna hacía lo propio sentada y sosteniendo sobre su pecho al pequeño Frank, mientras que a la izquierda se colocó Cadance, junto con Shining. Aunque, para Celestia, faltaba alguien en la foto, y para ella, ésta se veía vacía y solitaria. Luna lo sabía y trató de consolar a su hermana.
-Ha pasado ya… ¿Cuánto tiempo exactamente?
-Siete meses…
-Siete… ¿ya? Oh, se me han hecho eternos. ¿Ves esto, Luna? Todos sonreímos en la foto, pero yo tuve que forzar una sonrisa para que se viera bien. No hubiera podido sonreír por mucho que lo hubiera intentado…
-Comprendo tu dolor, Tia, pero fue decisión suya irse…
-Lo sé, y aun así… no he vuelto a saber nada de él, nada, absolutamente nada. Sé que estará ahí afuera, en algún lugar, pero eso no me ayuda para nada. Puede que esté bien, o puede que esté peor… es ahora cuando más me doy cuenta de lo cruel que llegué a ser con él al negarle la verdad. Y eso no voy a poder olvidarlo jamás.
Luna sostuvo a su hermana entre sus patas, al tiempo que ésta se apoyaba en ella y lloraba desconsoladamente. Aun a pesar de todo lo que había pasado y lo que había hecho, ella lo seguía queriendo. Y Luna la comprendía perfectamente. Para Celestia, fue la Fiesta del Hogar más triste de todas.
El año nuevo trajo consigo vida nueva, esperanza nueva, promesas de cambio y, con toda seguridad, aventuras nuevas. El frío siguió acompañando a los ponis hasta finales de febrero y principios de marzo, cuando se comenzó a recoger el invierno en toda Ecuestria. Sin embargo, más al norte, el frío se quedó estancado más allá de las montañas de Cristal sin razón aparente; los pegasos no pudieron desalojar las densas nubes de tormenta llenas de nieve, y las ventiscas asolaban el lugar, el cual acabó retrasándose en la recogida del invierno. Se enviaron grupos de ponis escoltados por guardias reales para intentar recogerlo allí, pero no pudieron hacer nada, puesto que no dejaba de nevar incontrolablemente. El asunto llegó a oídos de las princesas, las cuales barajaron posibilidades.
-Qué raro que en el norte todavía no se haya recogido el invierno…-comentó Luna en un momento dado.
-Estoy enterado, los últimos grupos de voluntarios no han podido hacer nada y los pegasos no son capaces de apartar las nubes. Es extraño, la verdad…-asintió Shining.
Ante eso, Celestia frunció el ceño, pensativa.
-¿Sabemos por qué se está dando esta irregular situación?-quiso saber Cadance.
-Yo por mi parte no lo sé… ¿tienes alguna idea, Tia?-inquirió Luna, mirando a su hermana.
La aludida miró por un momento a Cadance, perdiéndose en sus propios pensamientos.
-Puede…
Su sobrina se mostró un poco extrañada en cuanto se percató de cómo la miraba su tía, pero antes de que pudiera decirla nada, ésta habló.
-Quizás sea un incidente aislado, puede que la presión mágica acumulada en las nubes no las permita disolverse. En cualquier caso, no es bueno forzar a la magia, le daremos un poco de tiempo para ver si así la presión baja; si vemos que la cosa persiste, actuaremos.
Para Shining fue suficiente, aunque Cadance se quedó con las ganas de preguntar a su tía por qué la había mirado de esa forma; una vez solas, Luna murmuró.
-Sabes de lo que se puede tratar ¿verdad?
Ante eso, Celestia suspiró y murmuró.
-A ti no te lo voy a negar, Luna. Es posible que el imperio regrese en cualquier momento. La magia no se concentra en un solo punto así sin más. Tiene que haber alguna fuerza poderosa que la esté manteniendo anclada ahí. Y no se me ocurre otra cosa más que el imperio resurgiendo.
-Claro, tiene sentido. Aunque eso significa que Cadance recuperará su trono dentro de nada ¿para qué seguir ocultándoselo?-quiso saber Luna, ceñuda.
-No quiero precipitarme. Que el imperio vuelva es bueno, sí, pero antes quiero asegurarme de que lo hace sin problemas. Una vez que todo esté en orden y el imperio reaparezca, se lo diré. Pero mientras tanto, no la digas nada.
-Está bien, confiaré en tu criterio.
-Es cuestión de esperar…
Tras esa rápida deliberación, cada uno volvió a su trabajo, dejando el asunto en el aire. La situación se mantuvo durante un par de días más, sin apenas noticias, hasta que finalmente ocurrió. Era de mañana, Celestia estaba en la sala del trono ocupándose de papeleo pendiente, Luna en su despacho haciendo lo propio y Cadance con Shining, cuidando de Frank; los dos se veían más paternales que nunca y Frank se lo pasaba como el enano que era con ellos. Le gustaba especialmente que Cadance le hiciera volar con su magia por el aire, mondándose de la risa. Shining les observaba divertirse, sin apenas apartar la mirada de su mujer.
-Realmente tienes madera de madre, cariño, te lo dije en su día, y te lo vuelvo a decir ahora-comentó de seguido entonces.
A eso, Cadance sostuvo a Frank en su pecho y le miró atentamente, sonriendo levemente.
-Bueno, te mentiría si te dijera que yo no me siento igual… y nada me haría más feliz que ser madre contigo…
-Entonces… ¿quieres que lo intentemos?-sugirió Shining, visiblemente emocionado.
Cadance tan solo esbozó una gran sonrisa, asintiendo con la cabeza y con las mejillas levemente encendidas.
En ese momento llamaron a la puerta y Shining indicó.
-Adelante.
Un guardia real apareció en el umbral y murmuró.
-Capitán, señor, la princesa Celestia les reclama en la sala del trono, es urgente.
Tanto Shining como Cadance se miraron un tanto extrañados, dirigiéndose para allá inmediatamente; una vez allí, Celestia se levantó del trono y se dirigió exclusivamente hacia ella.
-Os he llamado por un asunto de gran importancia.
-Tú nos dirás, tía-murmuró Cadance, sosteniendo a Frank en su pecho.
Celestia se quedó un silencio durante unos breves segundos antes de anunciar.
-El Imperio de Cristal ha regresado.
Por un momento, hubo un denso silencio en toda la sala que pareció durar una eternidad; en la mente de Cadance, las palabras de su tía resonaban constantemente, como si, por alguna razón, esas palabras la hicieran recuperar recuerdos muy perdidos en los recovecos más alejados de su mente.
-¿El Imperio de Cristal?-repitió la alicornio rosada, extrañada.
-Con todos mis respetos, alteza, pero no me suena de nada ningún imperio con ese nombre…-murmuró Shining, perdido.
-Es normal que lo haga, capitán. El Imperio de Cristal fue un antiguo aliado de Ecuestria que llegó a desaparecer hace mil años por efecto de una maldición. Una vez llegó a ser un importante enclave económico y comercial, así como el centro de paso de muchos estudiosos unicornios magos; hasta que cayó en los cascos de un malvado unicornio tirano llamado Sombra que dominó y esclavizó el imperio durante un periodo de tiempo que no duró demasiado. Mi hermana y yo conseguimos desterrarle en el hielo del ártico, pero él se las apañó para echar una maldición al imperio que hizo que se desvaneciera en el aire. Ahora, el efecto de la maldición se ha disipado y el imperio ha reaparecido.
Tras las explicaciones de Celestia, otro denso silencio se instaló entre ellos, mientras iban asimilando todo lo que había dicho. Cadance miró a su tía, la cual la devolvió una austera mirada.
-¿Y qué necesita de nosotros exactamente, alteza?-inquirió Shining.
-Ahora mismo los ponis de cristal deben de estar confusos y desorientados, necesitan que les expliquen lo que ha pasado y ayudarlos a restablecerse de nuevo, por lo que quiero que vayáis allí en calidad de representantes de Ecuestria y les ayudéis en todo lo que podáis.
-Pero… ¿y tú, tía? ¿Eso no es un trabajo más enfocado hacia ti? eres la princesa regente, lo normal es que vayas tú…-comentó entonces Cadance, extrañada.
Antes de responder, Celestia esbozó una ligera sonrisa.
-Es cierto, aunque he pensado que, en calidad de embajadores, sería interesante que vosotros tomarais ese papel. Creo que te vendría muy bien como práctica, sobre todo.
-Pero ¿por qué a nosotros? ¿No podría ir un embajador en sí, que está más cualificado?-insistió Cadance.
-Cadance, te lo estoy pidiendo expresamente a ti porque sé que estás más que preparada para cualquier tipo de situación. Estoy segura de que lo harás estupendamente, ya lo verás.
La alicornio rosada quiso replicar de nuevo, pero Celestia la cortó enseguida.
-He dado órdenes de que reabran la línea ferroviaria que lleva hacia el norte, un tren privado os acercará hasta allí, recoged lo que necesitéis y partid de inmediato. Si os veis en problemas o hay algún contratiempo, no dudéis en contactar conmigo. Ah, y llevaos algo de abrigo, el invierno sigue presente por allí.
Aun a pesar de esa interrupción, Cadance quiso seguir insistiendo, pero Shining la instó a dejarlo y se marcharon de la sala del trono, dejando a Celestia sumida en sus propios pensamientos; la alicornio blanca dejó escapar un hondo suspiro y susurró por lo bajo.
-Te lo debía, Bright. Tendrías que verla ahora, es toda una yegua hecha y derecha.
Para no hacer esperar de más al tren, recogieron todo lo que pudieron deprisa y corriendo, Cadance fue a devolver a Frank a su madre, y se dirigieron hacia la estación, escoltados por un pelotón de la guardia solar comandado por el sub capitán, Cloud Skipper.
-Mientras esté fuera, usted está al mando, sub capitán, por lo que ya sabe cómo actuar-le indicó Shining.
-Sí, mi señor.
Los dos se despidieron haciendo el saludo militar y Cadance y Shining abordaron el tren privado, el cual no llevaba más que dos vagones, aparte del ténder. Una vez que todo estuvo listo, el silbato del tren aulló y éste se puso en marcha, en dirección norte.
Durante todo el trayecto, Cadance permaneció callada y mirando por la ventana con aire distraído; su marido trató de hablar con ella.
-Oye, cariño ¿por qué le insistías tanto a tu tía esta mañana?
Ante esa pregunta, la aludida suspiró y murmuró.
-Es que… es extraño. Durante toda su explicación, me miraba todo el rato como si yo fuera algo trascendental. Y cada vez que la pedía explicaciones, me daba la sensación de que me estaba ocultando algo…
-¿Qué? ¿Y para qué iba a ocultarte nada? Eres su sobrina, después de todo…-obvió el semental.
-Por eso mismo, Shining… hasta ahora nuestra relación ha sido muy buena y transparente, pero ahora, de golpe y porrazo, parece distanciarse de mí. Podría haber ido cualquier otro ¿por qué yo? ¿Por qué estaba tan empeñada que fuera allí?
-Hombre, ella confía en ti, sabe que puedes hacerlo, sino, no te lo habría pedido. Después de todo, eres la princesa heredera, querrá prepararte para cuando subas al trono-supuso el capitán, con aire pensativo.
-Supongo que sí… me ha estado enseñando desde entonces, así que…
-En ese caso, no tienes por qué preocuparte más. Si hubiera habido algo que decirte, te lo hubiera dicho, eso seguro.
A eso, Cadance sonrió y le regaló a su marido un suave beso en los labios.
-Gracias, cariño.
-Para eso estoy ¿no?
El viaje se prolongó durante un buen par de horas, el tren corría raudo hacia el norte, pasando al lado de la cordillera del Unicornio y luego desviándose hacia el norte, atravesando todo el cañón del Galope y encarando las planicies que precedían a las montañas de Cristal. La temperatura bajó de golpe en cuanto comenzaron a acercarse, y en cuanto el tren entró en el acceso al puerto de montaña, la nieve comenzó a hacerse presente, soplando el viento con fuerza. Un buen montón de nieve cubría la vía, pero la pala delantera del tren se encargaba de apartarla conforme avanzaban. Por suerte no se había acumulado demasiada nieve y pudieron avanzar sin mucho esfuerzo, pero en cuanto atravesaron el puerto y entraron de lleno en la estepa norteña, la tormenta se convirtió en ventisca e incidió con fuerza sobre el tren, el cual soplaba con más fuerza que nunca, alumbrando el camino con su luz delantera y tocando la campana a modo de aviso. El paisaje se convirtió en una mancha blanca y la nieve azotaba las ventanillas, imposibilitando ver nada.
Al cabo de varios minutos más de marcha continua, el tren comenzó a aminorar la marcha hasta que se detuvo completamente; el revisor entró en el vagón y anunció.
-Altezas, hemos llegado, pero antes de salir prepárense bien, la ventisca es muy fuerte.
Haciéndole caso, se abrigaron bien para combatir el frío, cogieron sus cosas y se acercaron a la puerta; en cuanto la abrieron, un viento huracanado les azotó las crines y un buen montón de nieve entró en el vagón. Shining salió primero.
-¡Vamos cariño, no te alejes!
Cadance se pegó a su marido y le siguió de cerca, mientras se cubría la cabeza con una gruesa manta; la estación se convirtió en una mancha borrosa en el blanco imperante, la luz del sol apenas se reflejaba y tan sólo se veía nieve y más nieve cayendo sobre ellos como pequeñas cuchillas afiladas. El viento aullaba constantemente, aunque la alicornio rosada consiguió oír unas voces elevándose por encima de la ventisca.
-¡Vámonos ya de aquí antes de que la nieve nos deje clavados!
Poco después oyó la caldera del tren bufar y los ejes de las ruedas moverse como si estuvieran aletargados, y nada más. Cadance apretó el paso y se puso al lado de Shining, andando a largas zancadas sobre unos buenos centímetros de nieve.
-¿¡Está muy lejos?!-gritó Cadance para hacerse oír.
-¡Un poco más adelante! ¡¿Vas bien?!-quiso saber Shining.
-¡Sí, sigue, no te pares!
Las difíciles condiciones en las que se encontraban ralentizaban su ritmo conforme más se adentraban en la tormenta, pero ellos continuaron sin cejar en ningún momento; al cabo de unos pocos minutos más, llegaron a oír una especie de aullido agudo que se extendió por toda la estepa y llegó a alzarse por encima del viento huracanado.
-¿¡Has oído eso?!-inquirió Cadance, asustada.
-¡Sí, no ha sonado muy bien, que digamos!-asintió Shining, más alerta que nunca.
Pararon un momento para mirar a su alrededor, sin ver nada más aparte del blanco imperante. Fueron a retomar su camino cuando lo vieron. Una especie de sombra negra comenzó a revolverse unos pocos metros detrás de ellos, con ojos rojos y verdes, envueltos en un halo morado. Tanto Shining como Cadance reaccionaron de seguido.
-No puede ser… Sombra…-masculló ella.
-¡Tenemos que correr! ¡Ya!-gritó Shining, tomando a su esposa y echando a correr.
No miraron hacia atrás, pero pudieron notar a la sombra deslizarse por el suelo cual serpiente, acercándose hacia ellos peligrosamente; no pararon en ningún momento, forzando a sus patas a correr todo lo deprisa que podían. Cadance pensó en alzar el vuelo para ir más rápido, pero con la ventisca sería imposible incluso despegar, por lo que optó por seguir corriendo. Un poco más adelante vieron entonces un resplandor brillante, llegando a distinguir unos prados verdes donde la ventisca no se adentraba.
-¡Está justo delante! ¡Un poco más, cariño!-la animó Shining.
Los últimos metros fueron los más duros, hasta que finalmente llegaron a pisar césped, cesando la ventisca de golpe y notando cómo el sol les calentaba el pelaje; alzaron la vista y vieron entonces el imperio de Cristal, un enorme y amplio territorio se extendía ante ellos, y la visión de lo que parecía una ciudad de cristal dominada por una alta torre brillante remataba el conjunto. Pero lejos de encantarse, miraron hacia atrás y vieron a la sombra oscura acercándose, con esos inquietantes ojos verdes puestos sobre ellos.
-¡No podemos dejar que vuelva a dominar el imperio!-exclamó en ese momento Shining.
La mente de Cadance bulló en esos momentos, pensando en posibilidades; si ese tal Sombra era tan malvado como bien les dijo su tía, un buen despliegue de magia blanca le mantendría a raya. Por lo que no se lo pensó más, se concentró y su cuerno resplandeció, al tiempo que una barrera de luz brillante comenzaba a alzarse, resguardando al imperio en ella. Una cúpula se extendió hacia lo más alto del cielo y se encontró en un solo punto, sellándose y mostrando un cielo azul y despejado, junto con un bonito e idealizado paisaje. No volvieron a ver los ojos de Sombra.
El cuerno de Cadance siguió brillando permanentemente y dejó escapar un leve quejido; Shining se acercó a ella.
-Vaya, menuda barrera has levantado… has aprendido bien…
-Y no he podido tener mejor maestro, la verdad…
Los dos se rieron confidentemente y se dieron un fugaz beso, antes de ponerse en marcha hacia el imperio; desde donde estaban parecía mucho más pequeño, pero en cuanto pasaron por el arco de entrada y se acercaron un poco pudieron ver que era mucho más grande y amplio. Todas las calles principales estaban dispuestas de forma perpendicular, con callejones cruzándose entre avenida y avenida, y se encontraban en un solo punto, una pequeña plazoleta abovedada debajo de lo que parecía ser el palacio, el cual poseía forma de torre picuda dispuesta sobre cuatro pilares. En cada pilar había una puerta de acceso al interior. Aunque lo que más les llamó la atención fue que las calles lucían desiertas y no había ningún alma a la vista.
-Qué raro, aquí no hay nadie…-murmuró Cadance, extrañada.
-Deben de estar metidos en sus casas…-supuso Shining, mirando a su alrededor.
Fue entonces cuando el semental llegó a ver un grupo rezagado de ponis de cristal desde el otro lado de la calle más cercana, mirándoles atentamente; en cuanto estos vieron que les habían descubierto, salieron corriendo asustados.
-Pobre gente, están aterrados…-observó Cadance, sintiendo pena por ellos.
-Por ahora están a salvo. Instalémonos en el palacio mientras tanto, luego daremos una vuelta e intentaremos hablar con ellos-sugirió Shining.
El interior del palacio era muchísimo más amplio de lo que parecía por fuera; unas estrechas escaleras subían por los pilares de sustentación hasta lo que parecía un amplio recibidor; una gran escalinata doble subía por todos los pisos, habiendo más de cinco. Los pasillos principales recorrían toda la estructura del palacio de forma concéntrica y se encontraban todos en un solo punto. Explorándolo vieron un montón de salas de estar, salas de juntas, el comedor, salas de ocio, las cocinas… El salón del trono estaba situado en el primer piso, nada más entrar por el recibidor, y todas las habitaciones se encontraban reunidas en el último piso, habiendo más de veinte. Trataron de acceder a la parte más alta y picuda de la torre, pero no vieron ningún acceso que les llevara hasta allí por ninguna parte.
Una vez situados, los dos salieron de nuevo a la calle para tratar de hablar con los ponis de cristal. Al principio éstos se mostraron esquivos y se escondieron de ellos, temerosos de que les pudieran hacer algo; con Shining se mostraron algo más receptivos, aunque el porte y la presencia de Cadance les intimidaba bastante y apenas se dirigían a ella. Shining pudo descubrir que era porque hacía mucho tiempo que no veían a un alicornio, al parecer no eran conscientes de que habían estado mil años desaparecidos, y desde entonces no habían vuelto a tener ningún tipo de líder después de que el rey Sombra fuera desterrado.
Según lo que les había contado Celestia, los ponis de cristal destacaban por su pelaje, el cual brillaba como el cristal, de ahí a que se les conociera por ese apelativo; pero por lo que pudieron ver, ahora su pelaje estaba opacado y ceniciento, sin ningún tipo de brillo. Y no sólo eso, el ánimo de todos los ponis estaba totalmente decaído, y además, parecían padecer algún tipo de amnesia colectiva que no les permitía recordar nada previo al reinado de Sombra. Cadance supuso que se trataba de un efecto de la maldición, pero no podía estar del todo segura. Escribió a su tía contándola todo lo que había descubierto hasta ahora.
Querida tía Celestia
Hace pocas horas que hemos llegado al imperio y todo parece estar muy calmado; por desgracia, el imperio no es el único que ha regresado. Hemos visto a Sombra, aunque ahora es una especie de nube oscura que se desplaza por el suelo. Le pudimos burlar a tiempo, he alzado una barrera mágica de luz que le impide entrar, Shining me estuvo dando algunas clases de magia defensiva y he aprendido bastante; lo malo es que me consume mucha energía mágica y cada vez me siento más cansada, Shining me ha estado ayudando un poco, pero siento como si mi cuerno pesara un quintal.
Los ponis de cristal están bien, aunque su pelaje está opacado, no brilla como tú bien nos dijiste. Y no sólo eso, parece que ninguno se acuerda de nada previo a cuando Sombra les estuvo oprimiendo, lo recuerdan con mucho miedo, y a veces les suelen dar ataques de pánico cuando rememoran ese tiempo. Aunque Sombra no es el único que los intimida. Mi sola presencia parece incomodarles o algo por el estilo, algunos se me quedan mirando como si mi aspecto les sonara de algo, pero cada vez que intento acercarme a ellos, se alejan como cachorrillos asustados. Me dan mucha pena, están muertos de miedo, y como se enteren de que Sombra sigue ahí fuera, no sé si serán capaces de soportarlo.
Hemos llegado a un punto muerto en el que no sabemos bien qué hacer; por favor, tía, ayúdanos, necesitamos un plan de acción.
Con amor, tu sobrina
Princesa Cadance
La releyó para comprobar si estaba todo bien y la envió con su magia, esperando una rápida contestación.
-¿La has enviado ya?-preguntó Shining.
-Sí, ya… está…
En ese momento sintió cómo se mareaba y su cuerno parpadeó, al tiempo que la barrera hacia lo mismo; Shining la sujetó a tiempo y la sostuvo en pie.
-¿Estás bien, cariño?
-Sí… creo que sí…-masculló ella, recuperando el equilibrio.
-Espera, déjame que te ayude.
Shining apoyó su cuerno sobre el de Cadance y los conectó mágicamente, transmitiéndola más fuerza mágica para que pudiera mantener en pie la barrera; entre medias, los dos se dieron un apasionado beso, el cuerno de Cadance brilló con un poco más de fuerza y se sintió un poco mejor.
-Gracias, cariño… que haría yo sin ti…
Ambos se sonrieron dulcemente y se frotaron sus mejillas en un gesto de cariño.
En ese momento hubo un resplandor delante de Cadance y apareció un pergamino que cayó al suelo; la princesa lo recogió y lo leyó rápidamente.
Querida sobrina
Parece que mis sospechas eran ciertas, hay veces que odio tener razón, la verdad. Sombra no puede volver a conquistar el imperio, posee una magia poderosa que no debe caer en los cascos equivocados otra vez. Pero no te preocupes, voy a mandar a Twilight y sus amigas para que os ayuden en todo lo posible. Mantén esa barrera en pie todo lo que puedas, sé que podrás hacerlo, Cadance, confío plenamente en ti.
Con amor, tu tía
Princesa Celestia
En cuanto terminó de leer la escueta carta, masculló en voz alta.
-¿¡Qué?! ¿¡Pero por qué no me ayudas, tía?!
-¿Qué pasa?-preguntó Shining, extrañado.
-¡Mira, esto es lo que pasa!-exclamó ella, enseñándole la carta.
El semental la leyó rápidamente y ella volvió a quejarse.
-¡Que confía en mí, pues menos mal que confía en mí, me manda a Twilight y sus amigas por ella! ¿¡Por qué no viene ella misma a ayudarme?!
-No lo sé, cariño, sus razones tendrá…
-¿¡Y qué razones son esas que la hacen ignorar a su propia sobrina?! ¡Muchas gracias, querida tía!-gritó Cadance molesta, tirando la carta al suelo.
La princesa se acercó a una ventana y miró el paisaje, soltando un suspiro apenado; su marido se acercó a ella para confortarla.
-Vamos, no seas así, puede que en este momento esté ocupada con algo importante…
-¿Y en tal caso no podría dejar a la tía Luna que se haga cargo de ese algo importante y ayudarme a mí?
-Pero tu tía Luna podría estar cuidando a Frank…
Los dos se miraron por un momento y ella apartó la vista, admirando la inmensidad del imperio.
-Es que me apena tanto… nunca antes me había ignorado así. ¿Y si ya no confía en mí?
-Eh, sabes que eso no es verdad, en la carta te lo dice bien claro…
-Pero eso seguro que sólo lo dice para animarme…
Ante eso, Shining decidió poner los puntos sobre las íes.
-Mira cariño, te quiero y siempre voy a estar contigo, comprendo tu desazón, pero tampoco puedes echar pestes sobre ella de esa forma sólo porque, por una vez, no puede ayudarte. Sus razones tendrá, sean cuales sean, y sabes tan bien como yo que en ningún momento te ha ignorado o dado de lado. Twilight y sus amigas van a venir a ayudarnos, por lo que algo podremos hacer. Anímate, anda, no me gusta verte triste…
Cadance miró de hito en hito a su marido, sin apenas pestañear, hasta que al final suspiró, derrotada.
-Tienes razón, en todo. Lo siento cariño, no era mi intención…
-No pasa nada. Estamos en esto juntos, Cadance, y no te voy a abandonar.
Los dos se dieron un efusivo abrazo, junto con un rápido beso en los labios. En ese momento, Shining vio algo parpadeando al otro lado de la barrera, poniéndole en alerta.
-Será mejor que vaya a echar un vistazo…-anunció.
-¿Qué? Pero… podría ser peligroso…-masculló ella, preocupada.
-Más peligroso será si no nos aseguramos… tranquila, será ir y volver, una pasada rápida, volveré enseguida-aseguró él, confiado.
-Shining, por favor, ten muchísimo cuidado-le pidió ella, muerta de miedo.
-Tranquila, volveré, te lo prometo.
A eso, Cadance se lanzó sobre él, plantándole un fiero y apasionado beso en los labios.
-Es una promesa…-masculló ella, mirándole a los ojos.
Él tan solo asintió, tomándola de los cascos, y se fue de allí, cogiendo su capa y unas gafas protectoras; Cadance le observó irse, temiendo por él, pero prefirió no pensar más en eso.
Para distraerse, estuvo dando otra vuelta por el palacio, admirando la suntuosidad y el lujo que rezumaba por todos y cada uno de sus recovecos; se sintió tentada por echarse una cabezadita en la habitación de matrimonio que encontraron arriba, ya que cada vez se sentía más y más cansada, pero no podía bajo riesgo de desactivar la barrera, por lo que no era una opción. Prefirió entonces sentarse a descansar un rato y se fue hasta la sala del trono, sentándose en éste y cerrando los ojos por un momento.
-¿Quién se ha sentado en mí trono?
La voz resonó por todo el lugar, dándola un susto de muerte; era grave y cadavérica, Cadance miró hacia todos los lados en busca de quien había dicho eso.
-¿¡Quien está ahí?! ¡Muéstrate!
-Oh, qué infortunado revés, esperar mil años para esto. Te lo vuelvo a repetir ¿quién eres y qué haces en mí trono?
Por un momento, ella meditó las palabras y entonces se dio cuenta de quién era.
-Sombra…
-Vaya, vaya ¿me conoces? ¿Y quién eres tú, si se puede saber?
Cadance no estaba muy segura de si responderle o no, pero finalmente lo hizo.
-Soy la princesa Cadance, la sobrina de la princesa Celestia, estoy aquí como embajadora ecuestriana para ayudar al imperio de Cristal a restablecerse de nuevo.
Por un momento, la voz de Sombra balbuceó algo incoherente, como si estuviera pensando en sus palabras.
-¿Cadance? Espera ¿Cadance? ¿De qué me…?
Entonces se quedó callado por unos segundos, para luego reírse tontamente.
-Vaya, vaya, ésta es buena, entonces sí que tuvo descendencia… esa débil e insignificante poni…
-¿De qué me hablas?-inquirió Cadance, extrañada.
-Oh, pues de tu madre, por supuesto…
-¿¡Qué?! ¿¡Mi madre?! Pero yo no… ¿¡qué sabes de mi madre?!-masculló entonces ella, dándose cuenta de lo que decía.
-Oh, espera, pero ¿no sabes de…?
Sombra dejó escapar una boqueada y rio esta vez con más fuerza, incluso burlonamente.
-¡Deja de reírte y dime qué sabes de mi madre!-gritó Cadance, poniéndose en pie.
-Oh, no, me lo he pensado mejor y creo que será más divertido que te deje con el misterio. Aunque, por lo que puedo ver, eres tan débil como lo era ella…
-¡Yo no soy débil!
-¿Ah, no? ¿Y entonces esto que es?
En ese momento notó como una fuerza poderosa incidía sobre su barrera y dejó escapar un gemido, sin evitar que su cuerno parpadeara, y la barrera con él.
-Simple, y efectivo, pero no durará para siempre. En cuanto te quedes sin fuerzas, la barrera caerá, yo entraré, y volveré a reinar en mí imperio-resumió Sombra con tonito remolón.
-No es tuyo, nunca fue tuyo, jamás volverás a oprimir a esta pobre gente…-musitó ella, notando un intenso dolor de cabeza.
-Je, tan ingenua y confiada como su madre… nunca podréis rechazar a las sombras por mucho que lo intentéis, siempre estarán ahí, nunca habéis entendido ni entenderéis el poder de la oscuridad. Y no sólo de eso… porque cuando regrese, será entonces cuando conoceréis el auténtico miedo.
-No te tengo miedo…
-Sigues siendo una ingenua… ¿y tú eres una princesa? Sólo es cuestión de tiempo… inténtalo todo lo que quieras, al final caeréis todos ante mí.
Tras esa jura, Sombra volvió a reírse malvadamente, y no se le volvió a oír. Cadance se dejó caer en el trono, sintiéndose cada vez más y más cansada.
-Oh, tía, espero que la ayuda venga enseguida…-pensó ella, cerrando los ojos.
Y lo esperaba. Realmente lo esperaba.
Luna apenas podía concentrarse, sobre todo debido a la falta de información de la situación en el norte; hace apenas unos pocos minutos, Celestia había llamado a Twilight para encomendarla la misión de ayudar a Cadance, y los minutos pasaban cada vez más y más lentos.
Había tenido que recurrir de nuevo a Helpful Maid para que cuidara a Frank ahora que Cadance estaba fuera, ella había aceptado encantada, y Frank ya se sentía tan a gusto con ella como con Cadance, por lo que no había ningún problema. Aun así, los nervios seguían ahí, por lo que se levantó y se dirigió hacia el despacho de su hermana para hablar con ella. Pero al llegar, descubrió que éste se encontraba vacío. Por un momento se puso a pensar en dónde podría estar, y una especie de corazonada la hizo dirigirse a cierto lugar del palacio.
Existía una pequeña capilla en el palacio, estaba situada en el primer piso, en la zona más apartada del pasillo, y era más frecuentada de lo que podía parecer, sobre todo por los ponis del servicio más devotos. Tanto ella como su hermana fueron educadas en la fe primalicorniana, a Luna no la llegó a calar tanto, pero a Celestia sí. Y no se equivocó, puesto que al entrar, pudo verla arrodillada ante una vidriera en la cual estaba representada la figura blanca de un alicornio puesta de perfil y sin rasgos faciales definidos. Luna fue a acercarse, pero su hermana habló antes.
-¿Te has santiguado?
Luna rodó los ojos y se acercó a una pequeña pila con agua en ella; mojó un casco, lo posó en su cuerno y luego en la frente, haciéndose la señal del cuerno y las alas.
Una vez santiguada, se acercó hasta su hermana y se puso a su lado.
-¿Preocupada?
-¿Y quién no lo estaría? Seguro que recuerdas bien a alguien como Sombra…
-Claro… pero no va a ser el primer alicornio el que baje y arregle las cosas por mucho que le recemos…
-Rezo para que Cadance y Twilight tengan éxito en su misión. Él proveerá-murmuró Celestia, con voz solemne.
-Oh, claro, porque igualmente proveyó en todas las otras veces…
Celestia frunció el ceño, algo molesta, antes de dirigirse a su hermana.
-Luna, me parece muy bien que apenas creas en Él, pero al menos muestra un poquito de respeto…
La aludida suspiró y comentó.
-No voy a entrar en otra discusión teológico-existencialista contigo, Celestia, vamos a dejarlo ahí.
Ambas se quedaron en silencio, Celestia volvió a sus rezos y Luna miró a la vidriera con ojos escépticos y poco convincentes. De pequeña era tan devota como su hermana, incluso iban juntas a misa y se levantaban pronto para unirse a los rezos matinales. Pero en cuanto creció, le costaba más y más creer en algo tan complejo e inalcanzable como el primer alicornio. A esas alturas la era imposible no creer en él, pero al contrario que su hermana, no se quería atar tanto a él ni consagrar su vida de una manera tan fanática y poco personal. Quiso seguir siendo ella misma, seguir sus propias reglas y vivir su propia vida, por lo que se alejó de todo aquello que alguna vez su madre o sus maestros la llegaron a enseñar.
Apartó la vista de la vidriera y se fijó entonces en un viejo libro que ella conocía bien; en su portada tenía grabados los dibujos de varios círculos y estrellas. Lo cogió con su magia y murmuró en voz baja.
-Vaya… ¿aún sigues pensando en eso?
-Sabes que quiero intentarlo… y si lo hace bien, estará un poco más cerca de estar lista-comentó Celestia, sin ni siquiera abrir los ojos.
-Pues me hace gracia que aún sigas pensándolo… si mal no recuerdo, el simple hecho de intentarlo iba en contra de una de las enseñanzas sobre Él…
Celestia permaneció en silencio, por lo que ella continuó.
-Creo que decía algo así como… no hay nadie más como Él, omnipotente y omnipresente, inimitable e irrepetible. Nosotros somos sus descendientes y, por toda la eternidad, lo reconoceremos como tal, pues él nos reconoció a nosotros como tales de igual manera.
-Ya lo sé-la cortó ella, con voz queda.
-¿Entonces? ¿Por qué sigues con eso? ¿Acaso quieres unirte a los renegados como yo? ¡En ese caso, bienvenida al club, hermana!
-¡No es nada de eso! ¡Soy fiel a Él como la que más!
-¿Ah, sí? Pues me parece que no estará muy feliz por lo que tienes pensado hacer ¿no crees?
Celestia miró fijamente a su hermana, la cual la devolvió la mirada de la misma forma que ella.
-Esto no tiene nada que ver con Él, Luna, que quede claro. Y si lo hago es porque así debe ser.
-Anda, esta es buena, ahora resulta que ha reescrito las escrituras…
-¡No! ¡No metas las escrituras en esto, Luna, no tienen nada que ver!-exclamó Celestia.
-¿Y por qué, entonces? ¿Es por lo que te llegó a decir Star Swirl aquella vez? Es aún más curioso, puesto que él era ateo… y no fue precisamente él quien encontró los elementos de la armonía…
-¡Suficiente!-exclamó entonces Celestia, dando un golpe al suelo con un casco.
-¡Este es un lugar de rezo y recogimiento, si piensas rezar conmigo, de acuerdo, pero si tan solo vas a molestarme y a faltar al respeto a este lugar sagrado, en ese caso ya puedes irte!
Ambas alicornios se miraron fijamente, sin ni siquiera pestañear, hasta que finalmente Luna se dirigió hacia la salida sin despedirse de ella; Celestia volvió a sus rezos y su hermana encaró la salida, pero antes de irse, miró hacia atrás. Iluminó su cuerno y una serie de velas ante una talla de madera del primer alicornio se encendieron. Justo después, Luna ya se había ido.
Las siguientes horas fueron un suplicio, al menos para Celestia; la tarde pasó lentamente y ninguna de las dos princesas se volvió a dirigir la palabra durante el resto del día. Esa noche, Celestia observaba el norte desde la sala del trono, sin poder ocultar su preocupación; no había vuelto a recibir ninguna carta por parte de su sobrina, Twilight tampoco se había pronunciado, y no sabía cuál era la situación allí. Trató de relajarse volviendo a rezar algo rápido, a media voz.
-Rey de la eterna campiña, no me desampares ni de noche ni de día. Ahora y siempre te doy toda mi fe y mi gratitud, santo padre, no dejes que decaiga mi actitud…
En ese momento oyó unos pasos acercándose hacia ella, se giró y vio a su hermana acercándose hacia ella; las dos se sostuvieron la mirada, parecía que ninguna se atrevía a romper el hielo. Sin embargo, Luna murmuró.
-Ahora y siempre seré buena de corazón, oh santo padre, acércame un poco más a tu bendición…
Celestia sonrió y, tras ese salmo, las dos comenzaron a rezar.
-Santo padre que cuidas de nosotros, vela por nuestro bienestar y protección; haz que nuestras acciones hablen por nosotros, evitando caer en la tentación. Sin pecado ni faltas, puro es nuestro corazón; no hay rencor ni odio, el perdón es nuestro blasón.
Las estrellas brillaban intensamente en lo alto del cielo, con una luna nueva que no se podía ver. En ese momento hubo un gran resplandor en la lejanía y una preciosa aurora boreal apareció repentinamente, recortándose en el cielo. Luna y Celestia observaron el fenómeno con suma atención y, finalmente, esbozaron sendas sonrisas felices y despreocupadas; las dos juntaron sus cuernos y respiraron tranquilas, sintiéndose incluso mejor consigo mismas.
-Lo siento, Tia, no era mi intención ofenderte…
-No pasa nada, Luna, está bien… entiendo que no veas la religión como algo prioritario ni primordial.
Ambas alicornios siguieron observando el fenómeno celestial, proveniente del imperio de Cristal. Supieron entonces, sin ningún atisbo de duda, que no había nada más de lo que preocuparse.
Un par de días después tras la derrota de Sombra y la restauración del imperio, el trabajo para Cadance y Shining parecía no acabar; aunque la magia del corazón de Cristal contribuyó en gran medida a despejar el invierno en el norte y disolver el efecto corruptor de la magia de Sombra, ésta no actualizaba ni ponía al día las leyes del mismo. Y no sólo eso, puesto que la sociedad del imperio también se encontró bastante desfasada con la actual, incluso los artilugios más actuales como el tren, se volvían extraños para los ponis de cristal.
Aunque lo que sí fue unánime, fue la proclamación popular de Cadance como la princesa de Cristal del imperio; según la contaron algunos ponis, era la viva imagen de su madre, lo que confundió aún más a la alicornio. Recordaba la conversación que tuvo con Sombra, pero éste no quiso decirle nada más acerca de su madre, por lo que tuvo que buscarse la vida y averiguarlo ella misma. Y el sótano del palacio parecía ser la mejor opción para eso.
Éste se encontraba lleno de objetos de todo tipo, todos ellos de épocas pasadas y que pertenecieron a la familia real de allí; vio muebles, vestidos antiguos, objetos antiguos y todo tipo de cosas. Aunque una lona colgada de la pared del fondo la llamó la atención y se dispuso a retirarla; lo que vio entonces la dejó de piedra. Un retrato mostraba la imagen de una alicornio muy parecida a ella, con un pelaje de un color muy similar, aunque un poco más oscuro, y una crin y cola de colores algo más fríos; sus ojos eran claros y su marca de belleza era un corazón rojo laureado, bastante similar a la suya. Miraba al espectador con una genuina sonrisa que irradiaba amor y bondad. Pero lo que más destacaba del retrato era que esta alicornio sostenía entre sus patas a una recién nacida alicornio, idéntica a ella en todos los sentidos.
-Soy… soy yo…-musitó Cadance, anonadada.
-Así es-dijo una voz tras ella.
Cadance se volvió y vio a su tía mirándola, esbozando una grata sonrisa.
-Tía… pero ¿no llegabas esta tarde?
-Decidí adelantar mi agenda y venir antes para ayudarte un poco. Pero esto es más importante…-comentó Celestia, poniéndose a su lado.
Las dos estuvieron contemplando el retrato durante un buen rato; Cadance fue la primera en hablar.
-Entonces… ¿esa es mi madre?
-Sí. Bright Crystalum, la antigua princesa de Cristal.
-En ese caso ¿estás emparentada con los dirigentes el imperio de Cristal?-obvió Cadance.
Ante esa deducción, Celestia tan solo esbozó una triste mirada.
-Lo cierto es… que en realidad, Bright Crystalum no fue mi hermana, sino tan solo una amiga cercana.
Cadance miró a su tía como si no hubiera oído bien, incapaz de creérselo; Celestia miró a su sobrina y comenzó a hablar.
-Lo siento, Cadance, pero te debo una explicación. En realidad yo no soy tu tía biológica. Te he estado cuidando durante todo este tiempo puesto que se lo prometí en su día a Bright.
La princesa del día guardó silencio, esperando una respuesta por parte de Cadance; ésta prefirió guardar silencio y dejarla hablar, mientras notaba su corazón martilleando en su pecho. Viendo esto, Celestia continuó.
-Tú naciste hace ya muchos años atrás… por aquel entonces, yo mantenía el contacto con Bright, y el día de tu nacimiento, ella me invitó a mí para conocerte. También vinieron muchos otros dignatarios de otros reinos y países, por lo que fue una recepción bastante sonada. Todos pasaron a saludarte y hacer los honores, pero conmigo, Bright hizo una excepción; me llevó a una habitación aparte y ya allí te conocí por primera vez. Como puedes ver, eras una potrilla adorable, llena de energía y con toda una vida por delante. Recuerdo bien haberte apoyado en mi pecho y mecerte con mi magia, tú te agarraste a mi pelaje y me miraste fijamente, esbozando una dulce sonrisa. Fue entonces cuando Bright depositó en mí toda su confianza y amistad para conmigo, y me pidió expresamente ser tu madrina, además de hacerla una promesa que me comprometí a cumplir. En caso de que algo, lo que fuera, ocurriera, yo me ocuparía de ti y te cuidaría. Acepté con agrado, puesto que nada me haría más feliz, y sellamos el pacto entre nosotras.
Celestia hizo una pausa, dejando pasar el tiempo para tener un poco de margen; Cadance permaneció callada, sin interrumpirla, por lo que ella continuó.
-El tiempo pasó, la vida seguía y ella era feliz gobernando el imperio; yo, por mi parte, gobernaba Ecuestria junto con Luna, pero por aquel entonces, ya había estado descuidando a mi hermana. Ni siquiera la invitaron a tu recepción, y yo estaba demasiado ocupada conmigo misma para darme cuenta de lo mal que ella estaba. Aun así, no hice nada para arreglarlo, y seguí ignorándola como una tonta.
Cadance vio a Celestia reprimiendo las lágrimas para poder continuar.
-Como bien ya dije, el tiempo pasó, y tú creciste. Cuando tenías poco menos de tres años, Sombra hizo acto de presencia y amenazó al imperio; fue entonces cuando, asustada por lo que podría pasarte, te envió lejos con tal de protegerte.
Fue entonces en ese punto cuando Cadance habló por primera vez.
-Pero espera, no lo entiendo, si ella te pidió que tú me cuidaras y protegieras cuando algo sucediera ¿por qué no me envió contigo entonces?
-Supongo que, con las prisas y los nervios, se debió de olvidar; y no la culpo, puesto que apenas tuvo tiempo de reaccionar. Además, Sombra cercó al imperio para que nada ni nadie entrara o saliera, pero los hombres de Bright se las apañaron para escapar, llevándote con ellos. Supongo que debieron de usar alguna salida secreta o algo por el estilo, seguro que hay alguna por aquí-la explicó Celestia.
-Recuerdo… recuerdo ese momento. Recuerdo brevemente a mi madre, despidiéndose de mí echa un mar de lágrimas… y luego, prisa, mucha prisa…
-Los hombres de Bright debieron de moverse deprisa. Para entonces, tú ya estabas fuera del imperio, y Sombra lo conquistó poco después. Como ya te dije, no tuvieron tiempo de nada, ni siquiera de pedir ayuda, y la magia del imperio se corrompió por culpa de ese monstruo, lo que alertó a todos los reinos por igual. Asustada por ella y por ti, Luna y yo decidimos actuar y adelantarnos para contrarrestar el daño lo antes posible; Sombra no nos lo puso fácil, pero finalmente conseguimos desterrarle en el hielo. Pero fue entonces cuando la maldición surtió efecto y el imperio desapareció. Pasó con tanta rapidez, que no hubo tiempo de nada, y por una larga temporada pensé que ni tú ni tu madre lo habíais conseguido. Pero fue entonces cuando logré enterarme por fuentes externas del pelotón que te había sacado del imperio ese mismo día y puse a mis propios hombres en busca de ti y de ese pelotón, para dar contigo.
Otra pausa se instaló brevemente para dar tiempo a Celestia a reordenar sus pensamientos y así continuar.
-Fue una búsqueda que duró mucho más tiempo de lo esperado, ya que estuvieron buscando incluso por Ecuestria, por si se les había ocurrido pasar por allí. Durante todo ese tiempo, mi relación con Luna se fue enfriando cada vez más, por aquel entonces yo empecé a tratar de arreglarlo, pero ya era demasiado tarde; dejé que mi hermana fuera consumida por sus propios celos y envidia, transformándose en Nightmare Moon. Realmente no hice nada por evitarlo, y ese fue mi mayor fallo. No tuve más remedio que desterrarla a la luna. A mi propia hermana.
Celestia no pudo más y lloró brevemente; Cadance la consoló, tratando de que se sintiera mejor. Una vez que se calmó, continuó con su historia.
-Después de eso, continué reinando yo sola y la búsqueda prosiguió, sin dar apenas resultados. Parecía que te habías desvanecido como el imperio, y yo me sentía peor que nunca, ya que había perdido a mi hermana y había incumplido mi promesa. Pasaron entonces los años, probablemente los más difíciles de toda mi vida; me sentía muy sola y desdichada, el palacio se sentía vacío sin ella y, por mucho que trataba de animarme de alguna u otra forma, no conseguía llenar ese vacío. Describir la dureza de ese tiempo no me es nada sencillo. Hasta que entonces, poco antes de que tú reaparecieras, decidí a adoptar a Blueblood como mi sobrino tras saber que sus padres, unos nobles cercanos a la corona, habían muerto; pero lo hice pensando en su felicidad, y no le dije lo que realmente había pasado. Esto no tiene nada que ver con tu historia, lo sé, pero quiero que lo sepas igualmente. Te mereces saber por qué tu primo hizo lo que hizo aquella vez, y por qué se comportaba de tan mala manera con todo el mundo. Es todo culpa mía, si alguna vez llegaste a pensar que tuviste algo que ver, no te aflijas. Yo soy la verdadera culpable. Otro error más de los muchos que ya cometí.
La alicornio blanca suspiró brevemente y siguió.
-Hasta que, finalmente, tras una búsqueda de más de nueve años, mis hombres obtuvieron una pista; llegaron a encontrar a uno de los hombres de Bright que se había encargado de llevarte lejos, y les estuvo explicando que, para protegerte, decidieron ocultar tu cuerno mediante magia y hacerte pasar por una pegaso, para que nadie sospechara de tu origen real. También les contó que te habían dejado con una familia de ponis que vivían en un poblado al este de aquí, más allá de las tierras de los dragones.
-Sí, recuerdo muy bien mi vida allí…fueron muy buenos conmigo, me cuidaron como si fueran mi familia. Fueron unos años maravillosos, hasta que ese maldita bruja se instaló en un bosque cercano…
-Sí, la historia de Prismia, mis hombres me lo contaron todo. Fue de esta forma como obtuviste tu marca de belleza y ellos pudieron identificarte, trayéndote hasta mí. El resto, ya es historia.
Las dos se quedaron calladas, dejando pasar el tiempo; en un momento dado, Cadance preguntó.
-Pero, entonces… ¿qué fue de mi madre?
A eso, Celestia esbozó otra triste mirada, hablando enseguida.
-Nunca lo supe con certeza, pero sí que supimos que no la dio tiempo a huir o evacuar, por lo que seguía en el imperio cuando Sombra lo invadió.
Cadance recordó entonces las palabras de Sombra cuando habló con él, comprendiéndolas al instante.
-Ese bastardo…-musitó entonces.
-Lo siento tanto, Cadance…
Aun así, la aludida se mostró fuerte, comprendiendo el resto de la historia también.
-Entones… era por eso por lo que algunos ponis de cristal me recordaban. Porque realmente soy su princesa…
-Exacto, siempre fuiste la heredera, y ahora tienes lo que te corresponde por derecho. Yo he cumplido con mi promesa, que era lo único que me faltaba.
Cadance asintió, contemplando la verdad ante ella, y comprendiendo todo lo demás. Celestia tomó la palabra.
-Espero que no me guardes rencor por no habértelo contado, sé que podría haberlo hecho, pero quería que crecieras tranquila y sin presiones, para que pudieras aceptar mejor la verdad cuando llegara el momento. Y, aunque no sea tu tía biológica, espero que…
Sin embargo, no pudo continuar, puesto que Cadance la abrazó de golpe y la contestó.
-Me da igual si no estamos emparentadas biológicamente, tú siempre serás mi tía, y nada va a cambiar eso. Fuiste tú quien me enseñó a ser una princesa, y fue contigo cuando viví los mejores años de mi vida. Te quiero, tía Celestia, y gracias por todo.
Celestia no pudo evitar emocionarse hasta las lágrimas y la devolvió el abrazo con todas sus fuerzas.
-Yo también te quiero, Cadance.
Una vez que todo estuvo aclarado, las dos volvieron arriba y estuvieron hablando sobre cómo actualizar la legislación del imperio a una más actual, aconsejándola por el camino y ayudándola un poco. Para el final de jornada, Celestia se fue y Cadance la despidió. Una vez sola, bajó de nuevo al sótano para contemplar, una vez más, el retrato de su madre. La miró a los ojos, por un momento pareció que ésta la devolvía la mirada, y Cadance no pudo más; lloró con todas sus fuerzas, llamando entre medias a su madre, como una potrilla de cinco años. Los ruidos alertaron a su marido, el cual bajó a ver qué era eso, encontrándose a su mujer echa un mar de lágrimas; ésta se echó sobre él y siguió llorando desconsoladamente. Sus sollozos resonaron por todo el sótano, convirtiéndose en un eco lejano y distante. Afuera, el imperio seguía adelante.
Bueno, y aquí está el capítulo en el que toco la premiere de la tercera temporada; me salió algo más corto que los anteriores, pensé en dividirlo en dos partes pero finalmente preferí dejarlo así, ya que no abarcaba tantas cosas como en los anteriores. A partir de aquí iré saltando más pronunciadamente, puede que haga dos capítulos más antes de volcarme con la finale de esta temporada, de la cual daré mi visión de la alicornificación de Twiligt de una forma distinta. La tercera oración que Luna y Celestia rezan es una adaptación libre y resumida del padre nuestro, y con este detalle en concreto, he decido contar más cosas de mi headcanon principal, aunque no todo. Los detalles completos, más adelante, en ese fic que aún no empezaré. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
