Capítulo 13

Fe, ciencia y tecnología

El Primer Alicornio es justo y sabio, benévolo y sensato, respetuoso y provisor; Él, en su infinita bondad, colma de bendiciones al justo, recompensa a los generosos y castiga la maldad. Ay de aquellos que se atrevan a contradecirle, contrariarle o negarle hasta el más nimio rezo. Porque Él los precipitará a las llamas del Abismo, condenándolos al castigo eterno.

Siempre se ha de complacer al Primer Alicornio; porque Él fue quien nos creó, a su imagen y semejanza. Dio a los pegasos sus alas para que volaran libres por el cielo y controlaran el clima; dio a los unicornios sus cuernos para que pudieran manejar con destreza la magia, y dio a los ponis de tierra su fuerza para que fueran capaces de cultivar la tierra y crear sustento para todos; y a los alicornios, les dio el mayor tesoro que les pudiera haber dado. Les dio su espíritu, les dio su ser, les dio la fuerza necesaria para que cuidaran de los ponis y les guiaran en su día a día. Son embajadores de la fe, portadores del mañana y guías de la vida. Pero, a pesar de haberles regalado su grandeza, no hay nadie más grande que el mismo Primer Alicornio. Porque Él es vida. Y ni siquiera el más poderoso alicornio puede cambiar eso.

Es palabra del Señor.

Cada vez que Celestia leía esos versos de las Sagradas Escrituras, se estremecía y notaba como un escalofrío la recorría todo el lomo hasta acabar en su nuca; había leído tantas veces esos versículos que ya se los sabía de memoria, y aun así, ella los volvía a leer, para asegurar que nunca los olvidaría.

Las Sagradas Escrituras contenían todo lo que un buen poni primalicorniano debía saber sobre el Primer Alicornio; destacan por ser breves y concisas, ya que apenas hay casi nada escrito sobre Él, con poco menos de cincuenta páginas. A lo largo de la historia, se ha ido recopilando todas las escrituras hasta obtenerlas todas. Religiosos, monjes, teólogos y hasta literatos las conocen bien, hasta el poni más ateo sabe algo acerca de ellas.

Ecuestria es un estado eminentemente primalicorniano, aunque también existen grupos reducidos que reclaman un estado laico, aconfesional e incluso totalmente ateísta. El ateísmo, aunque escaso en un principio, ha estado arraigándose bastante últimamente, lo que era todo un varapalo para la iglesia primalicorniana. Las antiguas enseñanzas ya no perduraban como antes y ya no se le daba tanta importancia a la religión como antiguamente, por lo que el ateísmo comenzaba a hacerse cada vez más presente en el reino. Para Celestia era una pena, pero ella sabía que no podía obligar a sus súbditos a creer o no creer en el Primer Alicornio, por lo que no se pronunciaba al respecto.

Pero para una creyente como ella, las Sagradas Escrituras y el Primer Alicornio eran muy importantes; siempre procuraba hacer lo correcto, como bien enseñan éstas, y en todo momento buscaba agradar al Primer Alicornio, para disfrutar a su lado en las Planicies Eternas cuando muriera.

Pero aun a pesar de todo esto, su mente científica y técnica chocaba abiertamente con la realidad de sus proyectos; y era ese proyecto en concreto el que más dudas la suscitaba.

-Resulta francamente extraño que quieras hacer esto, querida… aunque ahora entiendo un poco mejor por qué querrías reformarme…

-No te lo pediría si no fuera porque ahora estás de nuestro lado. Sé que puede sonar un poco extraño por mi parte, pero confío en ti para con este proyecto, Discord.

-Oh, por supuesto que sí… aunque ya te digo que me cuesta entender tus motivaciones, Celestia…

-No tienes por qué entenderlo si no quieres… después de todo, no te voy a preguntar ni nada parecido.

-Me lo suponía… ¿lo volvemos a intentar?

-Sí, espera un momento… intento número treinta con mamífero de tamaño medio-murmuró Celestia, escribiéndolo en un pergamino con una pluma.

Una vez lista, el cuerno de Celestia brilló y un aura dorada hizo levitar a un mapache en el aire; Discord chascó sus garras y el animal se quedó inmóvil, moviendo su cabeza frenéticamente.

-Sssh, ya está, no pasa nada…-susurró Celestia, intentando calmarlo.

Respiró hondamente y su cuerno brilló un poco más, esparciendo una potente luz por todo el sitio. Al punto, una mancha violácea envolvió su cuerpo, y, al segundo siguiente, el animal comenzó a chillar como un poseso, como si le estuvieran ardiendo las entrañas. Su lomo se rasgó como una tela, y de éste comenzaron a surgir un par de apéndices a cada lado, acompañados de dos buenos chorros de sangre que cayeron al suelo. Los apéndices comenzaron a aumentar de tamaño, surgiendo otros nuevos, los cuales empezaron a tomar forma ósea, asemejándose cada vez más a sendas alas. El animal chillaba como un loco, sin dejar de sangrar.

-La hemorragia… hay que detener la hemorragia…-masculló Celestia.

-Estoy en ello, espera, espera…-murmuró Discord, moviendo su garra.

Sin embargo, la hemorragia no cesaba y el animal comenzaba a quejarse cada vez menos, en sus últimos estertores de agonía.

-No… no, aguanta por favor… Discord ¿qué estás haciendo?-inquirió la alicornio blanca, sudando.

-Tratando de controlar la maldita hemorragia, pero contigo en medio me es casi imposible…

-Evítame, pasa por encima, pero haz algo…

-¿Crees que no lo hago? Es mucha magia la que hay ahí ¿sabes?

Celestia quiso responder, pero estaba demasiado ocupada tratando de mantener con vida al mapache, el cual ya apenas se movía; finalmente, tras varios espasmos de su cuerpo, la sangre dejó de fluir y el animal se quedó inmóvil. Muerto. Su cuerpo cayó sobre un enorme charco de sangre.

-Así es imposible, Celestia… o haces una cosa o haces la otra, pero no las dos a la vez-comentó Discord, con voz queda.

La aludida no respondió, tan solo se quedó mirando al mapache muerto con la mirada perdida. Sus ojos brillaron intensamente, mientras recogía su cuerpo con su magia.

-Será mejor que lo dejemos aquí por hoy… limpia esto, por favor-pidió ella al draconequus.

Discord chascó sus garras y el charco de sangre desapareció; antes de irse, inquirió.

-¿Mañana a la misma hora?

Celestia asintió con la cabeza y él abrió su puerta, traspasándola y desapareciendo en cuanto la cerró.

Una vez sola, Celestia llevó el cuerpo a una mesa cercana y lo observó mientras tomaba notas, murmurando para sí misma a media voz.

-Esta vez las alas se han desarrollado un poco más, incluso han salido un par de plumas. Sin embargo, el sistema óseo es débil y parece calcáreo, no serviría en caso de poder llegar a desarrollarlo por completo partiendo de este método. Necesitaría enfocar la magia un poco más en un punto más específico…

Celestia levantó la pluma y miró por un momento el cadáver, como si hubiera algo que la había llamado la atención; dejó de escribir y suspiró, sin poder evitar que sus ojos se anegaran.

-Lo siento tanto… te prometo que tu muerte no habrá sido en vano.

Limpió su cuerpo a conciencia y, en cuanto estuvo listo, lo metió en un tarro de su tamaño lleno de formol. El animal se quedó totalmente sumergido en el opaco líquido, pudiéndose observar perfectamente sus fallidas alas. Cerró el tarro a presión con su magia, para luego llevárselo con ella a otro lado de las mazmorras donde se encontraba. Entró en una pequeña sala en penumbra, donde una serie de estanterías contenían un buen montón de tarros de muchos tamaños, en los cuales se podían ver animales de todo tipo, todos ellos mamíferos, desde pequeños ratones hasta gatos y perros, cada uno con un par de alas deformes y sin apenas crecer. Dejó el tarro del mapache al lado de uno con un zorro, contemplándolos por un momento. Sus ojos volvieron a humedecerse, mirando a su alrededor.

-Lo siento muchísimo, de verdad… espero que todos estéis ahora correteando alegremente por las planicies eternas…

Él los precipitará a las llamas del Abismo…

Cerró los ojos con fuerza y salió de allí, buscando respirar aire fresco; nunca la salida de las mazmorras fue tan gratificante para ella, aun a pesar de su lúgubre aspecto. En cuanto respiró el aire fresco de la tarde, se sintió un poco mejor. Se secó las lágrimas de los ojos y marchó con porte seguro y mirada fija, con una mecánica sonrisa dibujada en su cara.

En el palacio todo era como siempre, parecía otro mundo; cada vez que bajaba a las mazmorras, todo parecía diluirse, como si nunca hubiera existido. Era una sensación extraña a la que no conseguía acostumbrarse por muchas veces que bajara allí. Como si la persiguiera cada vez que lo hacía.

Pero allí arriba había cosas que conseguían hacerla olvidarlo todo; y una de esas cosas, era ver a su hermana pasando tiempo con su sobrino. Los encontró en una de las salas de estar, Luna se encontraba tumbada en un sofá, mientras que Frank gateaba hacia su madre hasta acabar entre sus patas. Ella, al verla, la saludó.

-Ah, hola Tia… ¿has visto? Avanza como nosotros, es posible que no sea tan diferente después de todo…

-Hola, Luna. Sí, me he fijado, aunque algo extraño en ese caso…

-¿Ah, sí? ¿El qué?-inquirió Luna, curiosa.

-Si realmente fuera así como camina ¿para qué tiene entonces esas garras posteriores tan planas?

La alicornio oscura se fijó mejor y vio a lo que se refería a su hermana.

-Tienes razón… qué raro entonces ¿no? si esta no es su forma habitual de moverse ¿para qué lo hace?

Celestia se lo pensó bien antes de contestarla.

-Quizás sea una fase… dale tiempo, puede que pronto lo sepamos.

Luna se quedó callada, sosteniendo a su hijo entre sus patas; en un momento dado, vio que su hermana se quedaba muy callada, mirando a las musarañas, y la preguntó.

-Ey ¿qué te pasa? Pareces como… ausente.

-Ah… no es nada, tan solo pensaba en mis cosas…

Las dos se cruzaron la mirada por un momento y Luna la miró ceñuda.

-¿Segura?

-Sí, no es nada, en serio, ya sabes que yo me abstraigo enseguida…

-No suenas muy convencida.

-No insistas, Luna…

-¿Es por lo del libro de Star Swirl? Creía que ya se te había pasado todo ese rollo de los elementos y la posibilidad de la alicornificación…

-No, nada de eso…

Luna sabía, y de sobra, que algo la ocultaba, a Celestia nunca se le había dado muy bien mentir, por lo que era sencillo leerla en ese sentido. Pero prefirió no insistirla más y lo dejó ahí. Bajo presión Celestia tendía a ofuscarse y apenas la diría lo que ella quería. Conocía bien a su hermana, y sabía que era mejor esperar.

-Bueno, me retiro a mi despacho, tengo trabajo pendiente-comentó ella, antes de irse.

Luna la observó irse y, una vez sola, comentó en voz baja.

-Algo andas tramando, Tia… y pienso descubrirlo.

Durante las siguientes semanas, Celestia estaba cada vez más y más absorta, como si estuviera en otro lugar y otro momento completamente diferentes; ella lo justificaba pobremente con su trabajo, pero hasta ella sabía que esa excusa era débil, puesto que no andaban tan ocupadas de un tiempo a esa parte. Aun así, sus excusas no satisfacían a Luna lo más mínimo, la cual esperaba una oportunidad para descubrir lo que su hermana la estaba ocultando. Había pensado en varias posibilidades, la más fácil e inmediata era seguirla a donde fuera que iba todas las tardes, por lo que decidió hacerlo un jueves, el cual era el día en el que el servicio libraba antes para que nadie más la viera.

Antes de ponerse tras su pista, dejó a Frank con su niñera y salió al pasillo por si la veía; con un rápido hechizo pudo descubrir que aún seguía en su despacho, por lo que esperó un poco más hasta que saliera. No tardó mucho más y la alicornio blanca hizo acto de presencia en el pasillo. Luna se ocultó entre las sombras para que no la viera y la dio un poco de margen mientras bajaba las escaleras. Se asomó por el hueco para ver por dónde iba y vio que ya estaba por el segundo piso, por lo que adelantó terreno volando por el hueco sin hacer siquiera ruido; una vez en la planta baja, vio que tomaba dirección hacia las cocinas, por lo que optó por dar un rodeo por el otro lado en dirección hacia la lavandería, ya que era el mismo pasillo que daba la vuelta. Pero al llegar a las cocinas, las encontró vacías.

-Qué raro… ¿dónde se ha metido?

Miró a su alrededor y vio entonces el acceso a las mazmorras un poco más adelante, junto a una esquina en penumbra; Luna frunció el ceño, cada vez más extrañada. Rara vez usaban ellos las mazmorras, de hecho, ni sabía por qué decidió construirlas siquiera; pero dejó las peguntas retoricas para otro momento y abrió lentamente la puerta, asomándose tras ella. Las escaleras de bajada lucían oscuras y tenebrosas, pero Luna estaba dispuesta a descubrir qué atormentaba tanto a su hermana, por lo que se internó en las mazmorras.

El sitio parecía mucho más grande de lo que parecía a simple vista, o quizás sólo era ella; era la primera vez que bajaba allí, no sabía cómo era el lugar, por lo que estuvo más ojo avizor que de costumbre por si llegaba a ver a su hermana. Apenas había luz por los pasillos, pero un resplandor tras una puerta al otro lado del corredor la llamó la atención; entornó la puerta y vio entonces una especie de bodega, ya que llegó a distinguir las figuras de grandes barriles a su alrededor. Pasó el umbral y oyó entonces un par de voces familiares.

-¿Estás listo?

-Cuando tú quieras, querida.

-¿¡Discord?!-pensó Luna, extrañada.

Ocultándose tras los barriles, se acercó un poco más y vio la escena que se sucedía ante sus ojos; Celestia se encontraba sosteniendo en el aire con su magia una mofeta, al tiempo que Discord la inmovilizaba por completo chascando sus garras. Una vez que estuvo totalmente impedido, el cuerno de su hermana brilló con más fuerza y una luz violeta envolvió el cuerpo del animal. Nada la preparó para ver lo que vio a continuación. El lomo de la mofeta se rasgó en dos y un buen montón de sangre salió a presión de las heridas, encharcando el suelo; Luna contuvo un grito de horror, tapándose la boca con un casco, con los ojos abiertos como platos. Los chillidos del animal sonaban lastimeros y llenos de un dolor indescriptible. Luna quiso intervenir, parar toda esa locura, pero el miedo y el horror que sentía por lo que veía la dejaron completamente paralizada. Un par de apéndices comenzaron a surgir de las heridas, como si sus huesos hubieran crecido desde dentro y ahora surgieran hacia fuera, rasgando la carne en el proceso; la mofeta no dejaba de sangrar copiosamente, chillando como si estuviera poseída. Los apéndices comenzaron a crecer, formando lo que parecían dos alas.

-Vale, encárgate de la hemorragia a partir de aquí, ya-indicó Celestia en ese momento.

-Estoy en ello-asintió Discord, girando su garra.

La voz de su hermana surgió tan de repente en medio de ese horror, que Luna creyó oírla distorsionada y algo tomada.

El animal pronto comenzó a dejar de luchar, siendo sus chillidos cada vez menos fieros.

-No, no, no te vayas, por favor… Discord ¿qué pasa con esa hemorragia?

-Estoy en ello, pero la herida es muy grande, y ha perdido mucha sangre…

-Pues ve más rápido…

-Voy todo lo rápido que puedo… si me ayudaras un poco, quizás podría hacerlo antes.

-Sabes que no puedo interrumpir el proceso en este punto.

Ante eso, Discord no dijo nada y siguió girando su garra, con algo más de rapidez. La herida comenzó a sangrar un poco menos, pero poco quedaba que derramar a esas alturas. La mofeta apenas se movía.

-¡No, quédate conmigo!-exclamó Celestia, haciendo brillar su cuerno un poco más.

El animal se revolvió y dejó escapar un débil chillido; las alas crecieron un poco más y comenzaron a cubrirse de plumas, pero antes de que pudiera darse cuenta, estas colgaron inertes hacia abajo y la mofeta inclinó su cabeza, para no volverla a levantar.

Celestia dejó escapar un apesadumbrado suspiro; el cadáver del animal cayó sobre el charco de sangre, empapando un poco más su pelaje y sus fallidas alas.

Luna recordó entonces que ella seguía viva y recuperó la movilidad de su cuerpo, echándose hacia atrás; pero al hacerlo, golpeó con sus patas una botella de vidrio vacía, tumbándola y haciendo ruido. La alicornio oscura se congeló y vio que Celestia y Discord la habían visto y oído, y no precisamente en ese orden.

-Luna…

Los ojos de ambas alicornios se encontraron y Luna no se lo pensó dos veces, dándose la vuelta y echando a correr.

-Luna… ¡espera Luna! ¡Luna!

La aludida no la escuchó y siguió corriendo, pero sin apenas fijarse por dónde iba; giró a la izquierda nada más salir y siguió el pasillo hasta otra esquina, donde giró por el único camino hacia la izquierda. Una solitaria puerta al fondo parecía la única salida, por lo que entró en ella, para encontrarse en medio de una densa oscuridad. Encendió su cuerno para alumbrarse y dejó escapar el primer grito desde que bajó allí; encerrados en tarros de formol, estaban un montón de mamíferos con alas deformadas en sus lomos, en un oscuro y retorcido ambiente típico del sótano de los horrores más genuino. En ese justo momento, vio a Celestia en el umbral de la puerta y se apartó instintivamente.

-Luna…

La aludida miró a su hermana con el miedo reflejado en sus ojos, echándose hacia atrás.

-Luna, no… por favor, no me mires así, no voy a hacerte daño…-musitó ella.

La aludida no dijo nada, sin apartar la vista de su hermana; Celestia se acercó un poco más a ella, ésta vez Luna no reculó. Las dos se miraron a los ojos fijamente, sin decir nada. En un momento dado, Luna susurró.

-¿Por qué?

-Te lo explicaré todo, de verdad, pero confía en mi… no voy a hacerte daño… ¿cómo iba a hacerte daño? Eres mi hermana…

La alicornio blanca se acercó del todo a Luna, la cual apartó la mirada.

-Venga, salgamos de aquí…

Luna asintió y las dos echaron a andar, dejando atrás esa habitación.

Ambas alicornios abandonaron las mazmorras y fueron a la habitación de Celestia para poder hablar a gusto sin que nadie las interrumpiera; ya allí, echaron el pestillo e insonorizaron el sitio para que nadie las escuchara.

-Ponte cómoda-la indicó justo después Celestia.

Luna se tumbó en la cama, a una distancia prudencial de su hermana, la cual no la dijo nada por esto; al principio las dos se quedaron calladas, como si no se atrevieran a romper el hielo. Finalmente, Luna decidió hablar.

-Entonces… realmente lo estabas haciendo…

-Sí… pensaba que ya lo sabías…

-¿¡Cómo voy a saberlo?! ¡Pensaba que bromeabas! No me puedo creer que hayas estado haciendo todo eso…desde… desde… ¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo?-inquirió Luna, con tono temeroso.

Celestia suspiró amargamente antes de contestar.

-Desde el año pasado… al principio lo hacía sola y las primeras semanas fueron muy difíciles, pero aun y con todo se me hacía cada vez más y más complicado. Por eso reformé a Discord, para que me ayudara con esto.

-Pero… ¿por qué? ¿Para qué sacrificar tantos animales inocentes?

-Es la única forma que tengo de comprobar los resultados… y hacerlo con ponis sería impensable.

-Pero ¿por qué? No lo entiendo Tia ¿para qué todo esto?-insistió Luna, aún asustada.

-Lo sabes, Luna…

-¡No, no lo sé! ¡Explícate ahora mismo!

Celestia suspiró de nuevo, sintiéndose cada vez peor; tomó aire y comenzó a explicarse.

-¿Recuerdas las teorías y los estudios que Star Swirl llegó a hacer en su día sobre nosotras?

-Sí, trataba de explicar mediante el método científico el origen de los alicornios… rechazaba nuestro origen divino porque era ateo al extremo. No llegué a hacerle mucho caso, la verdad.

-Nunca me llegaron a convencer sus investigaciones por eso mismo, para mí sólo era un viejo cascarrabias blasfemo. Hasta que llegó a un punto donde consiguió llegar a explicar algo plausible; según sus investigaciones, los alicornios provenimos de una raza superior de gran poder mágico que llegó a alcanzar un paso más en la escala de la evolución biológica. Él sostenía que, debido a nuestro origen incierto, la raza llegó a evolucionar de un poni común al exponerse éste a una radiación mágica de gran fuerza y poder, una magia tan antigua y arcana que ni siquiera existe ahora. Para demostrarlo, creó un antiguo hechizo que lograba concentrar en un poni la magia necesaria para hacerle evolucionar hasta convertirlo en alicornio, pero ese hechizo jamás llegó a ver la luz. Para mí todo eso eran patrañas herejes que iban en contra de las escrituras, pero mi curiosidad científica llegó a vencerme y, mirando en sus notas años después de su muerte, encontré ese hechizo. No podía creerlo, simplemente me era imposible aceptarlo, pero una vez más, mi curiosidad científica podía más que yo; sé que suena un tanto contradictorio por mi parte, pero ya sabes que siempre he sido muy aplicada en mis estudios, siempre quería saber más. Y esta, no fue ninguna excepción. Pero no quería comprobarlo para ver si realmente era verdad, quería comprobarlo para asegurarme de que no era verdad. Por lo que, confiada en la inutilidad del hechizo, lo lancé sobre un pequeño ratón.

Celestia hizo una pausa, cerrando los ojos y recordando ese momento, lejano en el tiempo.

-Pero mayor fue mi horror cuando comprobé con mis propios ojos que el hechizo era funcional; desafiando toda lógica y fe, el ratón obtuvo un par de alas, en un proceso mágico doloroso y devastador. No podía creerlo, me negaba a aceptarlo, ese hechizo probaba la teoría de Star Swirl, y nuestro origen divino quedaba en entredicho. Por lo que escondí ese hechizo para que nadie más lo encontrara y no lo volví a tocar.

Ante eso, Luna habló.

-Pero entonces ¿por qué lo volviste a tocar si sabias que probaba que no somos descendientes del primer alicornio?

Celestia suspiró, como si la costara rememorar todos los detalles; tardó un poco, pero finalmente la preguntó.

-¿Te acuerdas de cuando encontramos los elementos?

-Sí, de aquel árbol en el bosque Everfree…

-Entonces recordarás que, en su tronco, estaban grabadas nuestras marcas de belleza…

-Claro…

-¿Por qué crees que eso es así?

Ante esa pregunta, Luna se quedó un tanto extrañada, sin saber bien a qué se refería exactamente su hermana.

-No sé… supuse que sería una mera casualidad…

-Si realmente pensaste eso, es que eres muy ingenua... sin ofender, Luna, pero está más que claro que ese árbol posee un origen divino-anunció Celestia, totalmente convencida.

-¿Qué? No tiene por qué, tan solo es un árbol mágico, nada más…

-No, es el origen de los elementos de la armonía, los artefactos más poderosos que existen. Nosotras somos alicornios desde que nacimos, Luna, descendientes del Primer Alicornio. Nuestras marcas de belleza grabadas en su tronco son la prueba irrefutable de la divinidad del árbol.

-Eso no tiene por qué ser así… podrían ser cualquier cosa, Celestia.

-Ahí es donde te equivocas, Luna. Hay una tercera marca en él que tú conoces bien…

Luna se quedó pensativa, viendo entonces a lo que se refería.

-¿Twilight? Pero es que dices no tiene sentido, ni siquiera es un alicornio, tu teoría no se sostiene…

-Exacto, no es un alicornio… pero con el hechizo…

Ante eso, la alicornio oscura abrió mucho los ojos, sin poder comprender las motivaciones de su hermana.

-¿¡Qué?! ¿¡Por eso quieres utilizarlo?! ¡Pero si va en contra de todas tus creencias, además, no tienes derecho a decidir por Twilight su futuro!

-¡Vuelves a equivocarte! ¡Es su destino! ¿No lo ves? Cuando vi a Twilight por primera vez lo tuve muy claro, es su destino ser una de nosotros, así lo dejó bien claro el Primer Alicornio grabando su marca en el árbol.

-Espera, espera, me está costando mucho trabajo entenderte…

-Eso es porque no puedes entenderme. Comprendo que no quieras seguir el camino primalicornial, y yo respeto tu decisión; sería egoísta de mi parte no hacerlo. Pero debo hacer esto, Luna, he de cumplir Su voluntad…

Frente a eso, la alicornio oscura la contestó.

-No es su voluntad. Es tú voluntad, que es bien distinto. Celestia, no puedes excusarte de esa forma en tu fe, no estarás siendo egoísta conmigo, pero estás siendo egoísta con Twilight. Además, sigues contradiciéndote diciendo todo eso y luego queriendo usar el hechizo…

-Eso es porque llegué a entenderlo-comentó entonces Celestia.

-¿Entenderlo? ¿Entender el qué?-quiso saber Luna, ceñuda.

-Que Star Swirl, de algún modo, llevaba razón; realmente, y por muy loco que esto suene, ciencia y religión sí que se pueden combinar.

En ese punto, Luna apenas podía comprender casi nada de lo que su hermana la decía tan convencida de sí misma; todo ello era una locura, lo mirase por donde lo mirase, y sobre la última afirmación apenas tenía argumentos.

-¿Y cómo se supone que se sostiene eso?-inquirió Luna, con una expresión muy seria grabada en su rostro.

-Piensa en todo lo que te he dicho y lo sacarás enseguida-indicó Celestia, con porte tranquilo y calmado.

Dispuesta a dar una oportunidad a la lógica, Luna obligó a su cerebro a trabajar a toda velocidad para tratar de encontrar algo que hiciese que su hermana despertara; repasó a fondo todo lo que ella la había explicado, buscando algún detalle que mostrase a Celestia lo equivocada que estaba. Pero, por un momento, se dio cuenta de una cosa.

-Espera un momento, según la teoría de Star Swirl somos un nuevo eslabón en la escala de la evolución que prosperó gracias a una magia arcana que ya no existe… ¿y si…? No… no puede ser…-musitó entonces Luna en lo más profundo de su mente.

Celestia, al ver la expresión en su cara, supo que lo había descubierto y esbozó una genuina sonrisita.

-¿Has visto, hermana? Todo está conectado ahora…

-Pero… lo prueba todo…-susurró Luna, sintiéndose tanto aterrada como maravillada.

-Sí… nuestro poder es tan grande que nos garantiza una vida longeva, pudiendo incluso manejar los astros. Así nos enseñó nuestra madre… y así es como los abuelos la enseñaron a ella. Todo ese poder latente en nosotras no es arbitrario… tiene un origen. Sólo nosotras podemos usar ese hechizo porque éste canaliza la magia que nos hace ser alicornios y la concentra en el poni receptor. ¿Y cuál es el origen de todo lo visto y creado?

-El Primer Alicornio…-musitó Luna.

-Eso es. De esta forma, la teoría de Star Swirl se combina con lo que dicen las escrituras…

Luna rememoró esos versos, resonando en lo más profundo de su cabeza y repitiéndolos en voz baja.

-…y a los alicornios, les dio el mayor tesoro que les pudiera haber dado. Les dio su espíritu, les dio su ser, les dio la fuerza necesaria…

-Es palabra del Señor…-añadió Celestia, visiblemente emocionada.

Las dos se miraron fijamente, Luna comprendió entonces lo que movía a Celestia; aun a pesar de que ella seguía siendo escéptica en cuanto al Primer Alicornio se refería, no podía negar que ahora todo cambiaba. Por un momento reconsideró su fe, pero había cosas que aún seguían sin explicación; conocía a su hermana y sabía que no todo estaba bien.

-Aun así hay algo que no termina de gustarte… y creo saber lo que es…

-Las pruebas son muy duras para mí. No puedo dejar de pensar en todos esos pobres animales a los que les he quitado la vida… pero sé que debo hacerlo, he de cumplir Su voluntad, así está escrito, y el árbol ha hablado. Pero para eso, Twilight debe estar lista. Y yo también.

Ante eso, Luna se pronunció.

-Celestia, ahora entiendo mejor tus razones, pero aun así sigo pensando que no tienes por qué decidir el futuro de Twilight así sin más; consúltalo al menos con ella, merece saber lo que la tienes preparado ¿y si ella no quiere este cambio en su vida?

-Eso es absurdo ¿cómo no va a quererlo? Hasta ahora me ha demostrado lo capaz que es, una última prueba y sabré entonces si está totalmente lista; he modificado los elementos para que reaccionen ante un hechizo que Star Swirl no llegó a acabar porque murió antes de poder terminarlo, era una especie de hechizo de transmutación regresiva, si lo hace bien, los elementos harán de conectores y me la traerán-explicó ella, con todo detalle.

-Aun así sigo pensando que deberías al menos hablar con Twilight… y no solo eso, si el proceso es como lo he visto, será muy arriesgado para ella, la estás poniendo en peligro…

-Por eso he de seguir intentándolo haciendo más pruebas… por supuesto que conozco los riesgos, no puedo dejar que Twilight muera en el proceso. Te estaría muy agradecida, e incluso sería aún mejor, si nos ayudaras en las pruebas…

Esa oferta pilló por sorpresa a Luna, la cual no supo bien qué contestar; ahora comprendía mejor a su hermana, pero seguía sin ver el que decidiera así sin más el destino de la pobre chica sin ni siquiera consultarla. Y tampoco la hacía gracia ayudar a sacrificar a un animal inocente por las mismas razones.

-Bueno, yo… no sé si…

-Tranquila, no tienes por qué si no quieres, no te voy a obligar. Esto es algo que debo hacer yo, no tú-murmuró Celestia, exculpándola enseguida.

Luna quiso decir algo, pero no salió nada de su boca. Celestia suspiró y su cuerno brilló, el pestillo de la puerta se movió y el hechizo que cubría la habitación, insonorizándola, desapareció.

-Gracias por escucharme, Luna. Y por entenderme, también. Es ahora cuando veo mis objetivos más claros que nunca. Twilight ocupará su merecido lugar entre nosotras. Y se abrirá una nueva era de paz y armonía, no sólo para Ecuestria, sino para todo el mundo.

El ceño de Luna se frunció, como si no terminara de entenderlo del todo, pero no la dijo nada.

-Aunque te pido que mantengas todo esto en estricto secreto, Luna. Ecuestria aún no está preparada para saber la verdad sobre el Primer Alicornio, y menos aún la iglesia en sí-añadió Celestia.

-Claro, temblarían sus cimientos si se llegase a saber…

-Exacto. Debemos ser muy precavidas con este asunto, Luna. Ahora, si me disculpas, me gustaría descansar un poco.

Luna asintió y se dirigió hacia la puerta para salir de allí; antes de irse su hermana la llamó, ella se dio la vuelta y, de golpe y porrazo, Celestia la envolvió entre sus patas, en un cálido abrazo y sin decirla nada. Luna dudó al principio, pero al final la correspondió el gesto, apoyando su cabeza en su hombro. Celestia fue quien rompió el abrazo, cerrando la puerta tras de sí.

El resto del día pasó de manera muy lenta; el ambiente parecía enrarecerse por cada minuto que pasaba, y todo parecía diluirse como si nunca hubiera estado ahí. Frank era lo único que parecía marcar la diferencia. Y en él se apoyó Luna, pensando en todo lo que había visto y oído hoy. El Primer Alicornio, el hechizo de alicornificación, la ciencia, la historia… su fe. ¿Qué era ahora todo eso que alguna vez llegó a significar algo para ella? Ahora nada sería igual. Ni siquiera ella. Trató de pensar en otra cosa, distraerse con su hijo leyéndole cuentos y jugando con él, pero ese sentimiento de opresión, duda e incluso temor seguía ahí, molestándola.

Todavía tenía dudas sobre el plan de su hermana a pesar de que entendía sus motivaciones, pero aun y con todo, ¿realmente merecía la pena tanto sacrificio? ¿Era absolutamente necesario convertir en un alicornio a Twilight? Según su hermana, era voluntad del Primer Alicornio… pero ¿qué era ahora el Primer Alicornio después de saber la verdad? Podía ser cualquier cosa si a ella la distaba. Incluso ahora su fe seguía siendo la de siempre; quería creer que realmente había algo más aparte de una mera existencia, pero ni siquiera eso se lo aseguraba. Porque no sabía ni siquiera lo que había justo después. Existía la magia puesto que ella podía manejarla; existía Frank porque estaba ahí y ahora con ella. Pero nada de eso aseguraba a ciencia cierta que existía todo lo demás, incluyendo al Primer Alicornio.

-¿Qué tengo ahora, cariño? Nada de lo que alguna vez llegué a creer es seguro, ni siquiera mi propia fe. ¿Qué me queda ahora? ¿Qué he de hacer?-se preguntó ella misma, sosteniendo a Frank entre sus patas.

El aludido se la quedó mirando con el ceño fruncido, como si la poni que tuviera delante fuera una completa desconocida; el pequeño acarició el hocico a su madre, mientras musitaba palabras al azar, entre ellas la que más solía repetir últimamente.

-Mamá…

Luna sonrió, sintiendo que, por un momento, todas las dudas se disipaban.

-Es verdad. Tú sigues conmigo. Eso es lo único que importa.

Luna lo sostuvo en su pecho y le dio un beso en la cabeza, meciéndole suavemente. Nada más cabía en ese momento, ni siquiera el Primer Alicornio. Y, por primera vez en toda la tarde, respiró tranquila.


Vale, quiero dejar algo claro una vez llegado a este punto; este capítulo es muy importante porque en él se explican un montón de cosas acerca de mi headcanon principal y cómo afecta este a mi visión de los hechos en sí. Lo primero, y más importante, es que no disfruto con el sufrimiento ajeno ni viendo a los personajes pasándolo mal; no soy muy amigo de este tipo de escenas, pero si éstas cuentan una historia y están justificadas, no tengo problemas con ellas. Con eso aclarado, pasemos a lo siguiente. En este capítulo quería que, sobre todo, vosotros pensarais; he metido muchas cosas y muy jugosas en este capítulo, además de un nuevo tipo de escena que hasta ahora no había escrito en un fic de estas características, que no es muy fuerte que digamos, pero vamos, tampoco era esa mi intención. Puede que para el siguiente se vuelva un poco más, pero bueno, ya sabéis, discreción y todo eso. Puede que ahora estéis pensando muchas cosas acerca de Celestia, pero tampoco la he querido retratar como una antagonista menor ni nada por el estilo, sino como un ente individual que piensa y razona por su propia cuenta, que tiene sus propias creencias y que ve la vida de una forma distinta. Lo he hecho así para que comprendáis por qué hace lo que hace, aun siendo esto discutible en todo momento. Os lo dejo a vuestro criterio, porque de eso se trata; una historia cuenta una serie de acontecimientos, pero si estos acontecimientos consiguen hacer pensar al lector, la historia alcanza un nuevo nivel. Es una visión un tanto particular, adaptada a mi headcanon y que se adapta más o menos bien al contexto en sí. Espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!