Capítulo 15

Sin pecado concebida

Esa mañana se despertó más descansada que nunca; no lo parecía, pero la coronación había repercutido muchísimo, y los días posteriores fueron un no parar para Celestia. Pero justamente hoy se sentía con energía suficiente incluso para parar un tren si se lo proponía. Se peinó en el baño, se colocó tanto su tiara como el resto de sus engalanes reales, y salió de su habitación para encarar el nuevo día con marcado dinamismo.

Pero nada más salir de su habitación, notó que había algo extraño en el ambiente; aun a pesar de que era de mañana, no se oía nada en todo el palacio, como si este estuviera desierto. Celestia frunció el ceño, un tanto extrañada.

-¿Hola, señora Key? ¿Está el servicio listo?

Sin embargo, nadie la contestó; se dirigió hacia las habitaciones del lado izquierdo, y llamó a la puerta de su organizador.

-¿Kibitz? ¿Estás ahí?

Sin embargo, el poni no la respondió y la alicornio se quedó aún más extrañada; se dirigió esta vez a la habitación de Luna y la llamó, con los mismos resultados. Ésta vez se permitió abrir la puerta para ver si su hermana estaba allí, pero en cuanto se asomó comprobó por si misma que su cama lucía vacía. Incluso la cuna de Frank se encontraba desocupada.

Fue entonces cuando comenzó a preocuparse y se alertó, sabiendo que algo andaba mal; Celestia echó a correr, comprobando el resto de plantas, estando todas tan vacías como el resto del palacio. En la sala del trono no había ni siquiera guardias, y Canterlot se veía tan deshabitado como el propio palacio.

-Algo raro está pasando… ¿dónde está todo el mundo? ¿Luna? ¡Luna! ¿Dónde estás, Luna?

Sin embargo, el silencio parecía echarse sobre ella y opacar incluso el sonido de su angustiada voz; salió de nuevo al pasillo y entonces vio la puerta que daba a la capilla al fondo a la derecha desde donde estaba. Con un extraño presentimiento, se dirigió hacia ella y abrió la puerta; el ambiente dentro se encontraba enrarecido, como si no lo hubieran ventilado, y una única vela se encontraba encendida, la roja que indicaba presencia sagrada en la capilla, al lado de la vidriera en la que se encontraba representado el Primer Alicornio. Celestia se acercó hasta ella y la observó atentamente. No había nadie allí, todo estaba tremendamente silencioso, y ni siquiera la llama de la vela hacia ningún ruido al arder.

-Estoy perdiendo el tiempo aquí… he de encontrar a Luna-pensó Celestia, cada vez más y más extrañada.

Fue a darse la vuelta, pero una extraña sensación recorrió su cuerpo en ese momento y se quedó paralizada; giró la cabeza en dirección hacia la vidriera, mirando fijamente al Primer Alicornio y su cara sin rasgos faciales definidos. Y entonces, en un momento dado, abrió los ojos.

Eran negros como el carbón, penetrantes e intimidantes, Celestia notó un escalofrío al verlo, sintiéndose completamente espeluznada; como la silueta lo representaba de perfil, sólo podía ver uno, pero el ojo negro contrastaba enormemente con su cuerpo blanco. Justo después, un punto blanco apareció en medio de esa negrura, representando entonces una pupila; ésta se movió hacia abajo, clavando entonces su mirada en ella. Celestia sintió ésta vez una sensación de terror apoderándose de todo su cuerpo, abrió la boca, pero ningún tipo de sonido salió de ella. El Primer Alicornio siguió mirándola fijamente, sin hacer nada más.

En ese momento, notó como sus cuerdas vocales parecían desentumecerse y consiguió hablar.

-Yo… he hecho lo que me pediste, he cumplido con tu voluntad… ¿qué más quieres que haga?

Sin embargo, el Primer Alicornio no dijo nada, tan solo siguió mirándola fijamente sin apartar la vista de ella. Aun así, su silencio era tan denso que incluso hablaba por sí mismo. Además, su fija mirada también la intimidaba. No era una mirada que inspirara confianza, satisfacción o alegría, sino decepción, desilusión e incluso algo de rencor. Celestia comenzó a temblar de cascos a cabeza, sintiendo un profundo miedo apoderándose de ella.

-No… por favor, no me mires así… ¿por qué? Yo sólo he hecho lo que dicen las Escrituras… el árbol es la prueba…

Otro denso silencio volvió a echarse sobre ella, pero esta vez, algo cambió; la pupila blanca se encogió hasta convertirse en un punto enano en medio de la negrura, aumentando cada vez más esa sensación de miedo y acongoje. Celestia se sintió pequeña y minúscula ante él, y no pudo evitar que las lágrimas se asomaran a sus ojos.

-No… por favor, basta… se supone que eres sabio y benévolo… por favor…

Aun así, la pupila siguió en su sitio, lanzándola una horrorosa mirada; fue entonces cuando a Celestia le dio un ataque de pánico casi sin darse cuenta, comenzando a hiperventilar, sentirse mareada y temblar más que antes. Un frío sudor comenzó a perlar su pelaje, sus propias pupilas se dilataron de puro miedo, y ella tan solo podía quedarse clavada en el sitio, dejándose llevar por el pánico y sin saber qué hacer. Miró una vez más a los ojos al Primer Alicornio, devolviéndole la mirada, y finalmente no pudo más. Gritó y gritó, presa del pánico, y sin ni siquiera echar a correr.

Justo después, despertó, reincorporándose de golpe en su cama, con la frente perlada de sudor, jadeando como una loca y con las sábanas de la cama echas jirones.

-Otra vez… maldito sueño recurrente…

Y es que no era la primera vez que tenía ese sueño espantoso; en todas las demás veces se repetía esa misma escena, con el Primer Alicornio mirándola fijamente, induciéndola un miedo atroz. Y, cada vez que despertaba, dejaba la cama hecha un desastre, el servicio comenzaba a mosquearse al encontrarse todas las mañanas la cama en ese estado.

Trató de no pensar más en eso, pero apenas podía quitarse de la cabeza el sueño en sí; no sabía lo que podría significar, o igual sí, no estaba del todo segura. Pero lo que no entendía era por qué se hacía tan recurrente, y por qué en éste el Primer Alicornio la miraba de esa manera. Cada vez que lo recordaba, un intenso escalofrió la recorría el lomo. Cerró los ojos, sacudiendo levemente la cabeza, confiando en que igual así esos pensamientos se irían, y se dirigió al baño para acicalarse un poco antes de bajar a desayunar.

En el comedor se encontraban Luna y Frank, su hermana había aprovechado y ya estaba dando de desayunar a su hijo.

-Buenos días…

-Buenos días, Tia… saluda a tu tía Celestia, Frank…-indicó ella, divertida.

Éste agitó su garra hacia ella, mientras llegaba a decir.

-Hola…

Ambas alicornios se rieron divertidas, encantadas por la dulzura del pequeño.

-Hola a ti también, cariño…-añadió Celestia, sonriéndole.

Celestia comenzó a servirse su desayuno tranquilamente, mientras que Luna terminaba con Frank; al poco rato, Kibitz se presentó para repasar la agenda de ese día con ella.

-De aquí hasta medio día tiene la mañana libre, luego tiene reunión con el sindicato del libro para discutir sobre esa festividad aún no oficialmente implantada a las doce y media; después hay un breve descanso para ir a comer, luego retomamos la agenda con una sesión conjunta con los asesores financieros para discutir sobre la situación de las cuentas públicas a las tres menos cuarto y terminamos la agenda a las siete, con una reunión con la señorita Sparkle, la había citado justo ayer.

-Gracias, Kibitz… ¿dices que tengo la mañana libre?

-Así es, alteza…

-Bien, en ese caso no me pases mensajes, me gustaría ir a un sitio…

-Como usted desee, alteza.

Luna miró de reojo a su hermana, un tanto curiosa por el misterio que desprendían sus palabras; en cuanto Kibitz se retiró, la preguntó.

-¿A dónde vas a ir?

-A visitar a Order Faith, hace tiempo que no le he vuelto a ver…

-Oh…

Order Faith presumía por ser, no sólo el obispo de Canterlot, sino el confesor personal de Celestia y el guía espiritual de la ciudad; sobre todo en esa ciudad, donde más ponis primalicornianos había. En los últimos años, el porcentaje de ateísmo en Canterlot siempre había sido mínimo, aun a pesar de que al menos un 2% de la población canterlotiense era ahora atea.

-¿Piensas decirle…?-inquirió Luna, algo cortada.

Celestia levantó la mirada y miró a su hermana con cara de circunstancia.

-Sólo quiero hablar con él, eso es todo…

-Ah, vale, está bien…

Luna prefirió dejarlo ahí y, justo después, su hermana se levantó.

-Será mejor que vaya ya… ya sabes que no se le da muy bien esperar…

-Ah, está bien, salúdale de mi parte.

Sin esperar mucho más, Celestia se llevó consigo un pelotón de no más de cuatro guardias para que la escoltaran, mientras hacían camino hacia la catedral de Canterlot; ésta era una gran estructura situada en el centro de la ciudadela, a medio camino entre la plaza central y el parque. Con un par de campanarios rematados con pináculos, contrafuertes en las paredes y bordes ornamentados con estatuas de ponis alados de todo tipo, era una de las edificaciones con más caché de todo Canterlot, y una de las más famosas. Celestia se acercó a las dobles puertas, pero antes de entrar, dio órdenes a sus guardias de que se quedaran allí custodiando la entrada.

El interior de la catedral era tan exquisito como el propio exterior; nada más entrar, un ambiente frio y ligeramente húmedo la recorrió el pelaje, accediendo a la nave directamente. Una serie de columnas aristadas sostenían un alto y amplio techo abovedado, el cual se extendía hacia delante, creando una larga estructura de túnel; encima de la entrada se levantaba el coro, al cual se podía acceder a través de un par de estrechas escaleras de caracol. En éste, un gran y austero órgano se elevaba casi hasta el techo, dominando el lugar, pero sin llegar a tapar el vitral delantero, por el cual se colaba un ancho haz de luz.

La planta de la catedral estaba diseñada de acuerdo a las alas y el cuerno del primer alicornio; dos galerías subdivididas se extendían a ambos lados de la nave principal de forma oblicua y, en el ábside, por el lado exterior, se remataba su tejado con una extensión hacia arriba que se asemejaba un cuerno.

Nada más entrar, Celestia se acercó hasta una pila llena de agua, se mojó un casco en ella y se santiguó; justo después, cruzó todo el pasillo a través de la nave principal hasta el altar. Tras éste se podía contemplar otra vidriera que representaba al Primer Alicornio, aunque en ésta aparecía de frente, con las alas extendidas, y era mucho más grande que la de la capilla del palacio; por un momento, Celestia temió que fuera a abrir los ojos como en su sueño, pero enseguida desechó la idea. Estaba despierta en ese momento, y no soñando.

En ese momento oyó unos cascos resonando en la piedra del suelo, y una voz calmada y serena decir.

-Ya era hora de que te pasaras por aquí, querida…

Celestia se dio la vuelta y observó a un unicornio de mediana edad, el cual vestía con una sobria sotana negra con destellos blancos que le cubría todo el lomo y parte de las patas; un alzacuello blanco se podía distinguir a la altura de su cuello, y portaba en su cabeza un solideo de igual color.

-Tienes que explicarme muchas cosas…-añadió él, con cara de póker.

-Sí… aunque antes me gustaría pasar por el confesionario, si no te importa…-murmuró Celestia.

-Claro querida, después de ti.

El confesionario se encontraba en una de las naves laterales, concretamente la de la izquierda, y era una estructura de madera de caoba, con multitud de ornamentaciones florales en su superficie, y rematada con pequeños pináculos; Order Faith entró en él y Celestia escogió un lado, arrodillándose ante una rejilla.

-Ante el Altísimo te encuentras…-murmuró Faith.

-Sin pecado concebido… perdóneme padre, porque he pecado-añadió Celestia.

-Cuéntame, querida.

Antes de ponerse a relatar nada, Celestia dejó escapar un breve suspiro y se explayó a gusto.

-Sé que me comprometí a cuidar más de mi hermana desde que volvió, pero aun así… nos volvimos a pelear, la repudié y no la hablé. Ella lo pasó mal, y yo… también. No fui justa con ella en ningún momento y aun así, me perdonó. Siento que, en realidad, no me merezco su perdón. Sólo espero que Él sí que me perdone…

-Sabes que Él siempre perdona… ¿qué más?

-Yo… he hecho muchas cosas a lo largo de toda mi vida, unas mejores que otras. Pero… oh, lo siento tanto, padre…-masculló Celestia, con los ojos llorosos.

-Tranquila hija, dilo, sabes que yo no te voy a juzgar.

La alicornio blanca contuvo las lágrimas como pudo, respirando entrecortadamente, y finalmente confesó.

-Yo… he matado. He matado a animales inocentes que nada tenían que ver con lo que yo quería hacer. Y aun así, lo hice. Yo… lo hice. Oh, padre, lo siento muchísimo, lo siento, lo siento…

Faith no dijo nada, tan solo mantuvo su cara de póker en todo momento, aunque llegó a mirar de reojo a Celestia.

-Continúa-indicó justo después, con voz neutra.

-Yo… he mentido también. A muchos ponis. Incluso a mi hermana. Y hasta a Twilight, que es como una hija para mí. Lo hice para evitar perderlos, pero aun así… sé que he hecho mal, yo… oh, padre, por favor, perdóneme…-musitó Celestia, al borde de las lágrimas.

Faith no dijo nada, tan solo miró a Celestia fijamente a través de la rejilla; ésta le sostuvo la mirada, dos lágrimas llegaron a resbalar por sus mejillas. Finalmente, el obispo y confesor personal de la princesa se pronunció.

-Ya veo… ahora lo entiendo todo. Incluyendo esa pantomima de coronación.

Celestia tan solo cerró los ojos con fuerza, llegando a dejar escapar un agudo sollozo. Faith frunció los labios, visiblemente molesto, antes de volver a hablar.

-Celestia… no sería deshonesto ni descabellado afirmar que estás en pecado mortal.

La aludida no dijo nada, tan solo apretó los dientes con fuerza, llorando en silencio.

-Porque claro, veámoslo de este modo; has atentado contra las escrituras, eso por descontado, oponiéndote a Él y creyéndote incluso superior. Has negado su divinidad probando que cualquier poni de este mundo podría llegar a alcanzar tal grado de perfección, y no sólo eso, sino que has desafiado a tu propia fe haciéndolo. Estoy muy decepcionado contigo, Celestia.

La aludida tan solo siguió llorando sin consuelo, llegando a musitar por lo bajo.

-No merezco su perdón…

Ante eso, Faith no dijo nada, pero sí que habló después.

-Aunque déjame que te pregunte algo, Celestia. ¿Por qué lo hiciste?

Antes de contestar, ella trató de serenarse y limpiarse las lágrimas para poder hacerlo apropiadamente. En cuanto estuvo lista, habló.

-Porque debía cumplir Su voluntad, padre.

-¿Su voluntad? ¿De qué demonios me estás hablando?-inquirió Faith, molesto.

-Era su destino, padre… su marca de belleza aparecía en el árbol de la armonía, el hechizo era la clave, Star Swirl tenía razón, se pueden combinar ciencia y religión…

-¿¡Qué disparates estás diciendo?!

-Es la verdad, padre… por eso lo hice, porque tenía que hacerse.

-¡Basta!-exclamó entonces Order Faith, resonando su grito por toda la catedral.

Celestia se quedó callada, sin poder dejar de llorar. Por su parte, su confesor personal se mostraba más enfadado que nunca, taladrándola con una mirada que despedía puro fuego.

-¿¡Tú eres consciente de lo que estás diciendo acaso?! ¡Ciencia y religión jamás irán unidas, Celestia, jamás!

-Pero así lo llegó a probar en su día Star Swirl… el hechizo funciona, Twilight es la prueba…

-¡Esa princesucha no es nada, ni siquiera eso, jamás en mi vida pienso reconocerla como tal, y olvídate de darla mi bendición!

Ante eso, el ceño de Celestia se frunció, aun a pesar de su frustración.

-No hable así de Twilight…

-¡No me contestes, Celestia, no estás en la mejor posición para decirme nada!

Su grito fue tan potente, que calló de golpe a la alicornio blanca, la cual no dijo nada más; Faith estaba cada vez más y más alterado, mostrando su indignación para con ella.

-¡Debería de excomulgarte ahora mismo, debería… agh, no sé ni lo que debería hacer contigo!

Celestia esbozó otro gesto arrepentido y masculló.

-Lo siento tanto… por favor, padre, perdóneme…

Faith la miró de arriba abajo, como si sopesara sus palabras, hasta que al final anunció.

-No.

-¿Qué? Pero, padre, usted no puede negarse a…

-Sí que puedo, perfectamente… no te pienso perdonar, lo que has hecho no tiene perdón, me has traicionado, Celestia, le has traicionado a Él, nos has traicionado a todos. No te voy a perdonar, pero tampoco te voy a castigar. Sufrirás tus penas tú sola, hasta el día en el que mueras, precipitándote al Abismo por tus pecados.

Ante eso, los ojos de la alicornio blanca se abrieron de par en par, mostrando terror.

-¡No! ¡No, padre, por favor, se lo suplico, sé que he hecho mal, por favor, perdóneme mis pecados!

-No-dijo Faith, con voz contundente.

-¡Eso no es justo! ¡El Primer Alicornio lo perdona todo, usted también debe hacerlo!-exclamó Celestia.

-Sí, es cierto, el Señor todo lo perdona. Pero yo sólo soy un pastor. Y no tengo por qué hacerlo.

Sus palabras amedrentaron a Celestia, la cual miró a su confesor como si fuera un completo extraño; sin previo aviso, la alicornio blanca se levantó y se fue de allí a grandes zancadas.

Salir de la catedral fue como salir de la más horrenda pesadilla, Celestia reprimía todo el rato sus emociones para no alertar a sus guardias, los cuales se cuadraron ante ella en cuanto la vieron salir.

-Nos vamos, ya-indicó ella, con voz queda.

Los guardias volvieron a ponerse en formación y la escoltaron de vuelta al palacio; Celestia les despidió una vez allí, quedándose sola rápidamente. Sin pensárselo siquiera, se teletransportó a su habitación y, una vez allí, se explayó a gusto, echándose sobre su cama y llorando desconsoladamente. De algún modo, sabía que se merecía tal desprecio, pero el saber que tenía que cargar con sus pecados y que su confesor personal incluso la había negado el perdón, la asustaba sobremanera. Desde muy pequeña, temía al Abismo. Las Sagradas Escrituras lo describían como un lugar de tormento y dolor sin fin, donde iban a parar todos los pecadores, los cuales sufrían y sufrían por sus pecados hasta el final de los tiempos. Y, como buena primalicorniana que era, temía a ese sito más que a nada.

-Por favor… lo siento, lo siento tanto… perdóneme Señor, se lo suplico, perdóneme… por favor…-musitaba Celestia entre sollozos, sintiéndose más desgraciada que nunca.


El resto del día pasó muy lentamente y sin apenas variar; Celestia notaba como si arrastrara unas cadenas pesadísimas tras ella. Era un peso que parecía atarse a lo más hondo de su alma, aferrándose a ella como una sanguijuela, y quitándole las ganas de todo. Incluso se preguntaba cómo fue capaz Order de darla semejante castigo, aunque ni fuera eso mismo, ya que él mismo dijo claramente que no iba a castigarla. Pero lo había hecho, realmente lo había hecho negándola el perdón. Eso ya era suficiente castigo para ella, y ahora tenía que cargar con el peso de sus pecados, que no eran pocos. Incluso ella lo sabía, y era eso lo que más la dolía.

Luna notó enseguida el decaído ánimo de su hermana y trató de hablar con ella, pero cada vez que intentaba acercarse a ella, Celestia esbozaba una tristísima mirada y se alejaba de su hermana, como si no quisiera hablarla. Pero Luna no era tonta, y de alguna manera supuso lo que había pasado; aprovechando que su hermana tenía esas reuniones a mediodía, dejó a su hijo con su niñera y marchó a la catedral con paso firme y acompañada solamente por Midnight, su sub capitana. Por el camino, estuvieron hablando.

-Por cierto, Midnight, quería disculparme por tratarte tan mal el otro día… creía que todo estaba perdido y apenas te escuché. Lo siento, de verdad.

Ante eso, la bat poni sonrió y habló.

-No pasa nada, alteza… de alguna manera sabía que había algo que la molestaba, por lo que decidí no meterme más. La perdono.

-Oh, muchas gracias, amiga…

Ambas ponis se sonrieron de forma confidente, diciéndoselo todo en casi nada; justo después, Luna volvió a hablar.

-¿Qué tal con Cloud? ¿Volviste a hablar con él?

Ante eso, Midnight bajó las orejas, un tanto apenada.

-No… la verdad es que no, después de lo que pasó no me he vuelto a acercar a él por miedo…

-Oh, vamos, ya hablamos de eso aquella vez. Si realmente le quieres, no tienes nada que temer…

-Lo sé, pero aun así… ¿y si me rechaza por haberle atacado? Puede que ni siquiera llegue a perdonarme…

-No digas tonterías, si él te quiere, no hará nada de eso. Pero no puedes quedarte parada sin hacer nada, tienes que hablar con él, si no lo haces, pensará que ya no le importas. Y tú le quieres ¿verdad?

-Claro que sí, con toda mi alma…-asintió la bat poni.

-Pues razón de más para hablarle… vamos, eres una poni fuerte. Y ya sabes, que tu amor por él se convierta en tu fortaleza, y no en tu debilidad-añadió Luna, guiñándola un ojo.

Midnight no pudo evitar sonrojarse, halagada, hasta que finalmente asintió.

-Está bien, lo haré… gracias, princesa…

No volvieron a hablar hasta llegar a la catedral, Luna miró a la fachada sin pena ni gloria y, antes de entrar, se dirigió a Midnight.

-Quédate aquí guardando la entrada, no tardaré mucho.

-¿La catedral? Tenía entendido que no era usted muy religiosa, princesa…

-He venido a hablar con alguien, eso es todo. Ahora vuelvo.

La bat poni no dijo nada más y se quedó junto al parteluz de la puerta, vigilando la calle y viendo a los ponis pasar.

Por su parte, Luna entró en la catedral sin ni siquiera santiguarse, dirigiéndose directamente hasta la sacristía, entrando en ella sin ningún reparo; buscó a Order por todos los lados hasta encontrarlo en un pequeño salón del té, leyendo las escrituras. El obispo miró ceñudo a la princesa antes de hablar.

-Princesa Luna ¿a qué debo esta sorpresiva visita? Hacía tiempo que no se pasaba por aquí…

-Es cierto, no había tenido ningún motivo para venir aquí… hasta ahora.

-Tan renegada como siempre…

-Y usted tan prepotente como siempre…-le atacó Luna, sin dudar.

Ambos ponis se miraron fijamente, sin ni siquiera pestañear. En cambio, en vez de enfadarse, Order tan solo esbozó una graciosa sonrisita.

-Espere, déjeme adivinar… está aquí por su hermana.

-Caramba, que receptivo de repente…

-Oh, de alguna forma lo supe. Después de todo, la cabra siempre tira para el monte…

Luna notó como la sangre empezaba a hervirla, pero se contuvo como pudo; no quería entrar en su juego, por lo que permaneció serena en todo momento.

-Sé cuándo mi hermana se encuentra mal, algo la incomoda o la atormenta. Y hoy la he notado muy alterada y esquiva, ni siquiera ha querido hablar conmigo. No pienso dejar que usted o ningún otro la haga daño de ninguna manera. No sé qué habrá tenido con usted, pero quiero que, haya pasado lo que haya pasado entre los dos, se disculpe ante ella-le pidió ella, con voz queda.

Order no dijo nada, pero sin embargo se contuvo unas ganas terribles de soltar una risotada.

-Pero de lo que hablemos ella y yo no es de su incumbencia, princesa.

-Oh, pero resulta que sí, puesto que no quiero que sufra por culpa de nadie, y menos aún por usted.

-No está en condiciones de exigirme nada, princesa, eso de primeras. Esta es la casa del Señor, si ha venido aquí sólo para calumniarme a mí y a mi buen nombre, ya puede marcharse por donde ha venido.

-No me iré de aquí hasta que me dé la garantía de que no volverá a incomodar a mi hermana.

Por un momento, se hizo el silencio entre los dos, sin llegarse a decir nada más durante unos breves segundos que parecieron horas. Finalmente, el obispo se levantó y se dirigió hacia ella.

-Dejemos las cosas claras. Usted no es quien para entrometerse entre su hermana y yo, como bien sabrá, soy su confesor personal, y de todo lo que hablemos no es cosa suya, puesto que es secreto de confesión. No pienso decirla nada más sobre este asunto, y yo no tengo nada más que decirla, por lo que ya puede irse, princesa Luna. Buenos días.

Luna quiso contestarle, decirle algo, pero no salió nada de su boca; jamás le había caído bien el obispo, pero en parte tenía razón, no tenía nada que hacer ante el voto de silencio que había entre él y su hermana. Quería ayudarla, hacer que se sintiera mejor, pero no podía hacer nada ante esa situación. Por lo que optó por dejarlo ahí, se dio la vuelta y se encaminó hacia la salida. Pero antes de salir por la puerta, el obispo habló.

-Por cierto ¿qué tal está su hijo? Hace ya un año y pico desde que lo adoptó…

Luna se quedó clavada en el sitio, reprimiendo un gesto de puro asco hacia él. Por un momento giró la cabeza, fulminó con la mirada al obispo y masculló.

-Perfectamente.

Y, tras eso, se fue de allí dando un sonoro portazo que resonó por toda la catedral.


Esa misma tarde, Celestia había quedado con Twilight para enseñarla un poco de protocolo y etiqueta, para que fuera acostumbrándose a los hábitos propios de una princesa. Como siempre, la ahora alicornio lavanda se comportaba como una esponja, aprendiendo y reteniendo todo lo que la princesa la iba explicando; cómo comportarse ante dignatarios, a guardar la palabra en conversaciones, a dirigirse apropiadamente tanto al servicio como a los ciudadanos, guardando las formas en todo momento, a tomar decisiones en momentos claves… Para ello, Celestia se puso una careta de alegría fingida para que Twilight no sospechara nada. Pero ella la conocía bien, y enseguida notó que algo estaba mal con ella.

-Princesa ¿qué la ocurre?-inquirió Twilight, en un momento dado.

-Twilight, ya te he dicho que no hace falta que te dirijas a mí así, estás a mi mismo nivel ahora, llámame Celestia…

-Lo siento, es que… no termino de acostumbrarme…

-Bueno, no pasa nada, tómatelo con calma. Pero en reuniones, ruedas de prensa o encuentros con la nobleza intenta evitarlo ¿vale?

-Está bien… ¿te encuentras bien, Celestia?-se corrigió Twilight rápidamente.

-Sí, por supuesto, estoy bien…

-¿Segura? La noto… te noto un poco tensa.

Ante eso, Celestia se quedó callada por un momento, mirando fijamente a Twilight; una genuina preocupación se podía ver dibujada en su cara, inquietada por ella y queriendo ayudarla en todo lo posible. Esto conmovió a la experimentada princesa, la cual trató por todos los medios de evitar mostrarse intranquila y azorada ante ella. Pero aun así, los acontecimientos más recientes apenas podían dejarla tranquila, y por un momento, su fachada flaqueó, llegando a lanzarla una apenada mirada.

-Oh, Twilight… lo siento…

-¿Lo siente? ¿Por qué dice eso, qué la ocurre prince… Celestia?

Por un momento quiso contarla todo, sincerarse con ella, disculparse mil veces, y aun así, sabía que no sería suficiente. Nada ni nadie conseguiría hacerla sentirse mejor consigo misma, la había mentido a ella, había mentido a Luna… había mentido a todo el mundo. Y no se merecía su perdón. Ni siquiera el de Twilight.

-¿Celestia? ¿Qué te pasa, a qué viene esa cara?-inquirió la alicornio lavanda, haciendo que ésta volviera al mundo de los vivos.

-Lo siento, Twilight, pero me temo que lo vamos a tener que dejar aquí… me ha salido algo importante y he de irme…

-¿Qué? Pero si ni siquiera hemos llegado a la hora de clase…

-Lo sé, es que no puedo dejarlo pasar, lo siento Twilight, de verdad… si quieres venir mañana también, vente, así discutiremos tu papel en la celebración del Sol de Verano…

-Pero si aún quedan varias semanas…

-Ya, pero toda preparación previa siempre viene bien…

Celestia sabía que su excusa no tenía mucho fundamento, pero no se la ocurrió otra cosa en esos momentos; se sentía incapaz de mirarla fijamente a la cara después de todo lo que la había hecho. Aun algo extrañada, la alicornio lavanda se fue de allí, despidiéndose antes de ella.

-Adiós, Celestia.

-Adiós, Twilight…-murmuró ella, sin ni siquiera mirarla directamente.

En cuanto la puerta se cerró, los ojos de la alicornio blanca se humedecieron, sin poder evitar llorar por lo bajo. Ese día se hacía cada vez más cuesta arriba por momentos, y ni siquiera se sentía capaz de enfrentarlo.

En ese momento, oyó entonces una música que la era familiar, junto con una voz potente y armoniosa; estaba cerca de allí, en uno de los salones de estar, por lo que decidió seguirla hasta encontrar la fuente del mismo. Su hermana se encontraba con Frank entre sus patas, mientras escuchaban el disco de Frank Sinatra; el pequeño tenía pinta de estar dormido, Luna miró a Celestia sin ningún atisbo de nada y ésta bajó la cabeza, aún dolida.

-¿Vas a seguir evitándome?-inquirió en ese momento la alicornio oscura.

Ante eso, Celestia suspiró con gesto cansado y se tumbó a su lado, sin ni siquiera mirarla directamente a los ojos; la canción Come fly with me estaba a punto de terminar.

-Tia, te conozco bien… ¿qué pasa? Pensaba que volvíamos a estar bien…-murmuró Luna, algo apenada.

-No es tan sencillo, Luna…

Las dos se quedaron en silencio, esperando una respuesta que parecía no llegar; el disco se siguió reproduciendo y la siguiente canción. Un ritmo suave y acompasado comenzó a sonar antes de que Sinatra empezara a cantar.

Fly me to the moon

And let me play among the stars

Let me see what spring is like

On a Jupiter and Mars

Como otras canciones que ya habían escuchado, ésta seguía la línea de otras parecidas como Strangers in the Night o My way. En esta, el ritmo sonaba algo más lento que en otras ocasiones, diferenciándose del resto rápidamente.

-Vamos, Tia, siempre he estado ahí para ti… al igual que tú has estado ahí para mí también…

-Eso no es verdad, y lo sabes.

-Claro que sí.

-No, no lo es…

In other words, hold my hand

In other words, baby, kiss me

-¿Por qué dices todo eso? ¿Qué te molesta tanto, Tia?

-Es… todo. No he sido una buena hermana, ni antes ni ahora…

-Pero Tia, de eso ya lo hemos hablado otras veces…

-No es solo por Nightmare Moon, es por todo. Yo… no te merezco como hermana, ni a ti, ni a Twilight, ni a ningún otro que haya merecido antes…

Fill my heart with song

And let me sing forever more

You are all I long for

All I worship and adore

-Oh, venga ya, todos cometemos errores, Tia, pero se pueden enmendar…

-No en mi caso, Luna… te he mentido, no sólo a ti, sino a todos los demás, a Twilight, a mis súbditos, a todo el mundo…

-No te tortures así…

-¡Pero es lo que obtengo! He pecado, Luna, y ni siquiera Él me puede ni quiere perdonar… soy un monstruo…

In other words, please be true

In other words, I love you

Celestia no pudo más y empezó a llorar sin consuelo; Luna se puso a su lado y la abrazó entre sus patas, tratando de consolarla.

-Oh, Tia… pensaba que ya lo tenías todo decidido…

-¡Ese el problema, Luna, que ahora ya ni sé si alguna vez lo tuve decidido! ¡Siempre quise contentarle, siempre quise hacer Su voluntad! ¿Y ahora qué me queda? ¡Tan solo culpa y dolor! ¡Y ni siquiera Él me quiere perdonar!

-Pero eso no lo sabes…

-¡Sí lo sé, lo sé! ¡Order me negó su perdón!

-¿¡Qué?!-masculló Luna, alterada de golpe.

-¡No quiso perdonarme cuando comprendió lo que había hecho! ¡Por un lado lo entiendo, pero por otro, me duele tanto! ¡Ahora tengo que cargar con mis pecados, pero esa carga es demasiado grande! ¡Siento como si todo el mundo se echase sobre mí! ¡Oh, Luna, por favor, perdóname Luna!-lloró Celestia, desconsolada.

Fue entonces cuando la alicornio oscura lo comprendió todo un poco mejor; no dijo nada, tan solo sostuvo a su hermana entre sus patas, mientras esta se desfogaba a gusto. Sinatra volvió a repetir el último verso tras un preludio musical por parte de la orquesta, acompañado después con unos últimos versos reiterativos.

In other words, please be true

In other words, In other words, I love you

Frank se había dormido poco antes de que ella llegara, y aun a pesar del lamento de Celestia, no se llegó a despertar.

-Tia, no te pienso dejar sola. Comprendo tu dolor, pero no dejes que te domine así. No lo pienses más, sé que has hecho mal, pero te perdono, hermana, de verdad.

-¿Así sin más? ¿Después de todo lo que te he hecho?-inquirió ella, entre lágrimas.

-Sí… porque te quiero, Celestia. Eres mi hermana, y nada va a cambiar eso, ni siquiera el primer alicornio…

La alicornio blanca llegó a sonreír y se sintió entonces un poco mejor consigo misma; pero aun así, sabía bien que sus pecados seguían ahí, pesándola cada vez más.

Las dos se quedaron allí, dejando pasar el tiempo, la una en el regazo de la otra, sin decir nada más. El silencio parecía ser la mejor opción. Sin decirse nada siquiera, ambas levantaron y bajaron tanto la luna como el sol, dejando paso a la noche.


Midnight ya se había acostumbrado a la vigilancia nocturna, y no era tan duro como podía parecer; pero lo que era duro, era que no encontraba a Cloud por ninguna parte. Había preguntado a varios ponis compañeros suyos, y estos la habían dicho que no se había cogido la guardia nocturna esa noche. La bat poni se quedó bastante apenada, puesto que confiaba en que podría hablar con él esa misma noche. Pero él no estaba allí, y ella no podía saltarse así sin más su propia guardia. Vale que era la sub capitana ahora, pero eso no la daba derecho a desobedecer las guardias así sin más. Tenía que hacer valer el protocolo y dar ejemplo a sus guardias.

-Oh, Cloud… lo siento tanto…-pensó ella, más abatida que nunca.

Desde las almenas y cerca de la torre de vigilancia, se podía ver la luna en todo su esplendor; sin embargo, ella tan solo miró hacia otro lado, recordando esos momentos en concreto. Era curioso cómo ese simple satélite podía influir en ellos de esa forma. Esa noche estaba en cuarto menguante, pero cuando se encontraba en fase llena, sus sentidos estaban más alertas que nunca. Se la erizaba el pelaje y sus ojos se aclimataban a su luz, dejándose atrapar por su hipnótico brillo.

Pero esa noche, la luna no tenía ningún efecto en ella, y podía respirar tranquila, aun a pesar de que, en ese momento, estaba sola.

Entró en ese momento en la torre de vigilancia, y, nada más hacerlo, comenzó a recordar.

-Aquí fue donde nos conocimos por primera vez… coincidimos los dos, puesto que teníamos la misma guardia. Al principio no me gustó demasiado su actitud chulesca para conmigo. Menudo imbécil…

Midnight sonrió, rememorando aquellos lejanos días; esa torre incluso había sido testigo de su primer encuentro pasional. Aunque al principio no le caía bien, no podía evitar encontrarle irresistiblemente encantador. Aun a pesar de su chulería innata, el pegaso tenía un no sé qué que llegaba a seducirla casi sin proponérselo.

-Siempre fuiste todo un galán, aun a pesar de meterte conmigo casi siempre… supongo que fue por eso por lo que me acabaste gustando tanto.

Los recuerdos se agolpaban en su mente, siendo demasiados como para acordarse de todos los detalles; amor, pasión, deseo, algo de lujuria… ese era un lugar especial para ambos, un lugar donde llegaron a construir una relación entre los dos, una muy rara, eso sin duda, pero relación después de todo.

Pero ahora, ya no quedaba nada más, tan solo los recuerdos.

-Cloud… por favor, perdóname…-susurró entonces ella, en voz alta, sin poder evitar soltar un par de lágrimas.

En ese momento oyó algo tras de ella, un par de alas enplumadas agitándose; sin darse la vuelta siquiera, sintió como alguien la abordaba por detrás, dándola un gran abrazo.

-Perdonada-dijo entonces una voz familiar.

Midnight sonrió, se dio la vuelta, y vio a Cloud mirándola con una gran sonrisa dibujada en su cara; no hizo falta decir nada más, ambos ponis se unieron en un suave beso, diciéndoselo todo en nada.

En el cielo, la luna brilló con un poco más de fuerza, acompañada de las estrellas.


Vale, me gustaría hacer un inciso; para este fic, voy a ignorar por completo a Equestria Girls, ya que echaría por tierra todos mis planes hasta el momento en cuanto a la investigación se refiere y el detalle de que no sepan de que se trata de un humano. Si lo añadiría, se enterarían de lo que es Frank, y demasiado pronto además, por lo que no me interesa. Dicho esto, he querido enfocarme ésta vez en los sentimientos y creencias de Celestia, los cuales empiezan a tambalearse un poco; también me ha servido como puente entre la coronación y la premiere de la cuarta temporada, por lo que para el siguiente capítulo, me enfocaré en esta. No hay mucho en lo que meterme de forma ajena a la trama que ya conocemos, aunque puede que se me ocurra algo. Ah, y por fín he visto un hueco donde poner una canción, ya me tocaba, la verdad; sólo me queda una, a ver cuándo la puedo poner. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!