Capítulo 16

Armonía que agoniza

La celebración del Sol de Verano era un acontecimiento que se realizaba todos los años, en el cual se conmemoraba la derrota de Nightmare Moon y se daba la bienvenida al verano en sí; Celestia siempre había vivido con gran pesar el solsticio de verano por esto mismo, pero ahora, su hermana estaba con ella, y pretendía cambiar todo eso.

Por su parte, Twilight estaría presente en el momento en el que tanto ella como su hermana levantarían y bajarían tanto el sol como la luna respectivamente. El día previo a la celebración, todo el mundo se encontraba ocupado preparándolo todo, el palacio bullía de actividad, y tanto Twilight como sus amigas estaban allí asistiendo con los preparativos. Rainbow Dash había estado dando lecciones de vuelo a Twilight, y estuvieron practicando todo el día; la alicornio lavanda quería impresionar y dar una sorpresa a los ponis presentes con una acrobacia aérea que había estado preparando con Rainbow, sin decir nada más a nadie, ni siquiera a Celestia. Sin embargo, ella se tenía que quedar, mientras que sus amigas debían de volver al pueblo para preparar allí también una fiesta especial.

Esa misma noche, Celestia se pasó por su habitación para saludar y ver que todo estaba en orden; aún sentía que debía a Twilight una explicación, pero hizo un gran esfuerzo para hablar con ella y no notarse demasiado preocupada o azorada. Al final, no fue tan duro como ella pensó, y tuvieron una conversación de lo más normal. Como aún no habían terminado del todo con los preparativos, la alicornio blanca decidió dejarlos solos mientras volvía a su habitación.

Andando por el pasillo, Celestia iba pensando en sus propias cosas, con un leve deje de preocupación grabado en su rostro; desde que su confesor personal la negó el perdón, las pesadillas con el Primer Alicornio se siguieron sucediendo, aunque ésta vez cambiaron. Ya no se daban en la capilla del palacio, sino en la catedral, y en ésta, la vidriera que lo representaba mostraba en mayor detalle su penetrante mirada. Sus ojos negros y pupilas blancas se clavaban en ella como flechas envenenadas, recordarlo la hacía que un largo y agudo escalofrío la recorriera todo el lomo.

La alicornio blanca cerró los ojos y sacudió la cabeza, tratando de olvidar esa horrible visión; mañana por la mañana sería un gran día y debía de estar preparada para el gran evento.

Pero, en ese momento, algo se enredó en una de sus patas traseras y cayó al suelo de morros, casi sin darse cuenta siquiera; se dio la vuelta para ver lo que la había agarrado, y entonces vio una serie de raíces negras surgiendo del suelo e inmovilizándola de las patas. Celestia trató de zafarse pateándolas, pero éstas la agarraron con más fuerza. Sus alas se agitaron, tratando de levantar el vuelo, pero otro par de gruesas raíces surgieron de improviso y la sujetaron del lomo, impidiéndola volar. Celestia abrió la boca para gritar.

-¡Soco…!

Pero antes de lo esperado, otras dos raíces algo más delgadas la acallaron de golpe, sujetándola el hocico e impidiéndola hablar. Su cuerno se encendió, dispuesta a usar un hechizo de fuego para quemarlas, pero una última raíz surgió de improviso y la sujetó por el cuerno, el cual se apagó ante la sorpresiva presión ejercida sobre él. Sujeta de esa manera, y totalmente inmovilizada, Celestia sintió como las raíces la arrastraban, sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo. Notó entonces como su vista empezaba a nublarse, hasta que al final cayó inconsciente.


Desde que regresó, Luna disfrutaba bastante por las noches, subiendo su astro y completando su obra; ya no era como antes, hace miles de años, cuando levantaba la luna con pesar, sintiendo como la oscuridad y los celos se iban adueñando de ella poco a poco. Ahora tenía un motivo más para hacerlo, y ese motivo dormitaba tranquilamente en su cuna. Una vez que terminó con sus deberes reales, se acercó de nuevo hasta esta, para ver cómo estaba su hijo; éste se encontraba profundamente dormido, su pequeño pecho se movía suavemente ante su acompasada respiración. Luna esbozó una alegre sonrisa y le dio un suave beso en la frente para no despertarlo.

Mañana sería un gran día, eso desde luego; la celebración del Sol de Verano esperaba, los ponis también, y ella se sentía más animada que nunca. Todo había cambiado para mejor ahora, y podía notarlo enseguida. Salió al balcón una vez más para admirar su noche antes de meterse en la cama; desde donde estaba, localizó la osa mayor, la menor y la estrella polar rápidamente. Luna esbozó una sonrisa, satisfecha por su noche. Pero apenas pudo pensar mucho más, puesto que repentinamente, notó como algo se enredaba en su pata trasera izquierda y tiraba de ella.

-¿¡Pero qué demonios?!

Se dio la vuelta para ver lo que era eso, y entonces vio un montón de raíces negras recorriendo las paredes del palacio hasta llegar hacia ella, a una velocidad endiablada. Luna encendió su cuerno para defenderse, pero antes de que pudiera darse cuenta siquiera, un par de raíces la sujetaron por el cuerno, imposibilitándola hacer magia.

-¡Agh!

Trató de zafarse de la que la sujetaba la pata, pero conforme más luchaba, con más fuerza la ataba; abrió sus alas y las agitó, pero otro par de raíces se deslizaron por la barandilla y las aseguraron. Sintiéndose acorralada, Luna trató de pedir ayuda.

-¡A mí la guar…!

Pero su grito se quedó en nada, puesto que otro par de raíces la silenciaron de golpe, sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo; ni siquiera lo vio venir, apenas pudo reaccionar, y ahora esas extrañas raíces comenzaban a reducirla poco a poco. Una serie de flores se abrieron y soltaron un polvillo azulado que Luna llegó a inhalar sin proponérselo, sintiéndose cada vez más y más adormecida. Su mirada se posó en la cuna en el interior de su habitación antes de caer inconsciente.

-Frank…


Twilight tenía motivos para estar muy preocupada; y no era para nada, ya que no todos los días uno se despierta, descubriendo que es mitad de día y mitad de noche, y luego la informan de que tanto Luna como Celestia habían desaparecido.

Casi sin comerlo ni beberlo, la responsabilidad de todo el reino caía sobre sus hombros en ese momento, y la alicornio lavanda no podía evitar estar nerviosa. Apenas había empezado como princesa, no tenía ni idea de cómo manejar un reino, y menos aún de llevar las riendas de una situación así. Hasta ahora había logrado dar órdenes a la guardia real para que siguieran buscando pistas que les pudieran ayudar a encontrar a las princesas, pero ni ella sabía cuánto tiempo podría durar en esa situación. Se sentía desbordada, perdida y muy confusa, y no precisamente en ese orden.

-Veamos, estamos en un grave aprieto, las princesas no están, el cielo está partido en dos y yo no sé ni qué hacer… ¡fantástico, es simplemente fantástico!-exclamó Spike, dando vueltas todo nervioso.

-No me estás ayudando, Spike…-masculló Twilight, sentada en el trono y cavilando sobre qué hacer.

-¡Pero es que esto es un desastre! ¡Sin princesas, no hay celebración del Sol de Verano, sin celebración del Sol de Verano, no hay verano, y si no hay verano…! ¡Agh, ni yo sé lo que no habría si no hubiera verano!

Twilight trató de no pensar en nada en esos delicados momentos y dejó la mente en blanco; por un momento consideró el pedir ayuda a Cadance mandándola una carta, pero enseguida lo desechó. Bastante tenía ella ahora llevando su propio imperio, además, no quería preocuparla si la decía que sus tías habían desaparecido. Tenía que pensar en otra cosa.

-Debe de haber algo por lo que las princesas hayan desaparecido… me sabe mal por ellas, pero registraremos sus habitaciones para dar con alguna pista que nos lleve hasta su paradero-anunció en ese momento ella.

-¡Oh, está bien, buena idea, vamos!-la apremió Spike.

Subido a su lomo, se dirigieron rápidamente hasta el último piso y empezaron por la habitación de Celestia; nada más entrar, hubo un detalle que llamó gratamente la atención a Twilight.

-Su cama no está deshecha… es más, no parece ni que haya dormido en ella esta noche…

-Entonces no estaba aquí en el momento de su desaparición…-obvió Spike.

-Exacto, pero… ¿dónde estaba en ese caso?

Aun así, estuvieron registrando por encima el sitio por si había algo que les pudiera ayudar a encontrarla; pero estaba todo muy recogido, apenas había nada destacable, y no encontraron nada.

-Quizás haya algo en la habitación de la princesa Luna…-sugirió en ese momento Spike.

Nada más decirlo, oyeron un gemido proveniente de esta, alertando enseguida tanto al dragón como a la poni, la cual supo enseguida de quien se trataba.

-¡Oh, Frank!

Twilight echó a correr y abrió la puerta nada más llegar; una serie de gemidos y lloriqueos salían de la cuna, la alicornio lavanda se acercó a ella y levitó al pequeño con su magia hasta ponerlo a su altura.

-Oh, Frank… ya, ya está, no llores, ya pasó…

Lo apoyó en su pecho y lo meció un poco para calmarlo, Frank llamaba a su madre continuamente, lo que rompía el corazón a Twilight. ¿Y ahora cómo le decía que su madre había desaparecido?

-¡Mamá, mamá!

-No, cariño, no soy mamá, soy Twilight…

-Tuala…

La aludida llegó a sonreír ante la dulzura e inocencia del niño, el cual la miraba inquisitivamente, llegando incluso a decir.

-¿Mamá?

Ante eso, el ceño de la alicornio lavanda se entristeció, la cual habló dulcemente.

-Mamá no está… no sé dónde… pero te prometo que la encontraré, Frank, daré con ella y te la devolveré. Encontraré a mamá…

Frank miró fijamente a Twilight, con el ceño fruncido, pero finalmente se tranquilizó y se apoyó en su pecho, abrazándola con fuerza. La alicornio lavanda sintió cómo su corazón se derretía ante el cariño del pequeño y lo asió con un poco más de fuerza.

En ese momento, una poni del servicio entró abruptamente en la habitación, asustando tanto a Twilight como a Spike.

-¿Dónde está, dónde…? Oh, alteza…

-¿Quién es usted, a quien busca?-inquirió Twilight, extrañada.

-Me llamo Helpful Maid, soy la niñera de Frank… ¿es cierto que la princesa ha desaparecido?

-Me temo que sí… me gustaría encargarme de investigarlo ¿podría ocuparse de él, por favor?-pidió la alicornio lavanda.

-Por supuesto, es mi trabajo…

Twilight le pasó a Frank, el cual se agarró a su niñera con fuerza; no podía dejar al pobrecillo sin poder cumplir su promesa, debía de encontrar a su madre, y cuanto antes mejor. Pero ni en la habitación de Luna ni en la de Celestia había nada que les pudiera ayudar a descubrir dónde estaban, por lo que volvían igual que al principio.

-¿Y ahora qué, Twilight?

-No lo sé, Spike… no tengo ni idea…-masculló Twilight, mordiéndose el labio inferior.

Regresaron a la sala del trono y, ya allí, la alicornio lavanda se sentó de nuevo en éste, sin apenas opciones. Hasta que, en un momento dado, las puertas se abrieron abruptamente, dejando paso a un nervioso guardia real de pelaje marrón claro.

-¡Alteza, noticias de Ponyville!

-¿Qué ocurre?-inquirió Twilight, preocupándose de seguido.

-Parece ser que el bosque Everfree lo está… invadiendo.


Parecía que había pasado una eternidad, incluso todo parecía diluirse, como en un mal sueño. Pero el recuerdo de esas raíces aprisionándola todavía seguía presente en su subconsciente, y Celestia se despertó de golpe, poniéndose en guardia enseguida. Pero la situación en la que se encontró era otra bien distinta. Se encontraba en una especie de espacio vacío, de color grisáceo, alumbrado por una luz un tanto opaca que conseguía iluminar de alguna forma los alrededores; no parecía haber paredes o techo, tan solo un húmedo, duro y frío suelo.

-¿Dónde estoy?-se preguntó Celestia, mirando a su alrededor.

Vio entonces un bulto cerca de ella que le era familiar, se acercó un poco y confirmó lo que ella pensaba.

-¡Luna! ¡Luna! ¡Despierta, Luna!

La zarandeó levemente para ver si así reaccionaba, y la alicornio oscura acabó despertándose; al principio se mostró algo desorientada y confusa, pero justo después reaccionó y exclamó.

-¡Frank!

-¡Luna, Luna, tranquila!

La costó un poco situarse, pero finalmente consiguió calmarse y abrazó a su hermana con pesar.

-¡Oh, Tia, no pude hacer nada, me pillaron por sorpresa, tardé en reaccionar, yo…!

-Tranquila Luna, a mí también me pasó, fue tan sorpresivo que ni lo vi venir…

Ambas alicornios suspiraron, abatidas, y algo avergonzadas por no haber podido reaccionar a tiempo o apropiadamente.

-¿Dónde estamos?-preguntó en ese momento Luna, mirando a su alrededor.

-No sé… pero no podemos quedarnos paradas, busquemos una forma de salir de aquí-sugirió Celestia.

Sin perder más tiempo, las dos comenzaron a caminar hacia algún lado, pero debido al extraño aspecto que presentaba el lugar las fue imposible orientarse de ningún modo, por lo que fueron a ciegas. Tras varios minutos andando sin parar, Luna se pronunció.

-Agh, parece que andamos en círculos, no vamos a ninguna parte…

-Sí, es verdad… pero no hay forma de saber hacia dónde nos dirigimos, no hay ningún punto de referencia. Parezca que estemos atravesando un infinito banco de niebla…

Aun a pesar de esto, siguieron adelante, por si por algún casual conseguían salir de allí. Un par de minutos más tarde, creyeron ver momentáneamente una especie de figura ensombrecida a pocos metros delante de ellas; ambas alicornios se detuvieron en seco, escudriñando fijamente entre la niebla que parecía extenderse ante ellas.

-¿Has visto eso? dime que lo has visto…

-Sí, claro que sí…

Por un momento no dijeron nada más, permaneciendo en silencio; al poco rato, la volvieron a ver. Una alta figura de lo que parecía ser un unicornio con la crin recogida y un extraño doble cuerno se alzaba delante de ellas.

-¿¡Quién eres?! ¡Muéstrate!-exclamó Luna, iluminando su cuerno.

La niebla pareció disiparse en cuanto lo hizo y, justo después, la figura se tambaleó y cayó al suelo delante de ellas; Luna y Celestia se acercaron a ella y la pudieron ver mejor. Era una poni muy alta, más alta que ellas mismas incluso, y bastante delgada también; su pelaje era de un color blanquecino, aunque poseía un tono grisáceo mortecino que no parecía ser su color original. Tenía la crin recogida en un gran moño, era de un color violáceo claro, y poseía una serie de extensiones que le caían a ambos lados de la cara, con una serie de florecillas adosadas a estas. Su cola era de igual color, y había más florecillas atadas a esta. Su cuerno poseía una doble punta que nacía de un solo tronco, el cual se subdividía en dos en cierta altura, siendo una punta más alta que la otra. Tenía además unas pezuñas dobles. Su marca de belleza era muy similar a la de Twilight, pero lo más curioso era que portaba una tiara de oro en su cabeza, en la cual se podían ver una serie de huecos en ella, seis, los cuales se encontraban vacíos, y eran considerablemente idénticos a los elementos de la armonía cuando sólo tenían forma de gemas aristadas. Además, la tiara se encontraba rematada por un sexto hueco con forma estrellada, similar al del elemento de la magia.

-¿Quién es?-inquirió Luna, extrañadísima.

-No tengo ni idea, jamás la había visto antes… pero mira su tiara, los elementos…

-No puede ser… entonces es…

Pero antes de que Luna pudiera decir nada más, las mismas raíces que llegaron a aprisionarlas surgieron del suelo y atraparon a la misteriosa unicornio, la cual despertó de golpe y dejó escapar una fuerte boqueada.

-¡No!-exclamaron tanto Celestia como Luna.

Entre las dos trataron de ayudarla, pero las raíces no se vieron afectadas por su magia y constriñeron aún más el delgado cuerpo de la poni, la cual emitió un débil gemido. Comenzó a respirar entrecortadamente, y soltando fuertes bocanadas, signo evidente de que le faltaba aire.

-¡La están asfixiando, tenemos que hacer algo, no podemos dejar que muera!-masculló Celestia.

-¿¡Pero el qué?! ¡Nuestra magia no funciona!

Sin apenas pensarlo, la alicornio blanca mordió una de las raíces y tiró de ella con toda la fuerza que la permitía su mandíbula; su hermana la imitó y comenzaron a aflojar poco a poco las raíces que la aprisionaban. La extraña poni miró fijamente a Celestia mientras ésta se afanaba por salvarla, la alicornio blanca le devolvió el gesto y, por un momento, sus miradas de encontraron.

-¡Celestia, no es el mejor momento para encantarse!-exclamó Luna en ese momento, escupiendo un trozo de raíz.

La aludida reaccionó y volvió a tirar de la raíz, la cual se movió un poco; al cabo de un par de minutos, las raíces empezaron a revolverse y llegaron a aflojarse un poco, permitiendo a la unicornio respirar mejor, pero siguieron constriñéndola, sin soltarla en ningún momento.

-Agh, mi mandíbula…-masculló Luna, adolorida.

-Así está mejor, al menos no la están asfixiando…

Ambas alicornios se sentaron a su lado, descansando sus mandíbulas; la extraña poni suspiró y apoyó su cabeza en el suelo, cerrando los ojos. Celestia se preocupó por ella, pero comprobó que tan solo se había quedado dormida. Tanto Luna como Celestia la miraron atentamente, tratando de entender lo que estaba pasando.

-Entonces… ¿es el árbol de la armonía?-inquirió la alicornio oscura, ceñuda.

-Eso parece… jamás hubiera pensado llegar a verlo así, aunque es curioso, es una yegua…

-Sí… y no sólo eso, mira su cuerno, jamás había visto uno igual…

Las dos se quedaron en silencio, sin decir nada más. Las respiraciones entrecortadas de la unicornio era lo único que se oía, las raíces permanecieron inmóviles y sin volver a constreñirla.

-¿Por qué ha pasado esto? Primero nosotras, ahora ella… y este extraño lugar… ¿significa que el árbol de la armonía está en peligro?-inquirió Luna, extrañada.

-Es posible, puede que se le haya acabado la magia después de todo este tiempo sin los elementos… aunque hay algo que no entiendo ¿de dónde han salido estas raíces? Nunca las había visto antes…

-Yo tampoco… aunque hay algo raro en ellas, me dan una extraña sensación de familiaridad…

-Sí, lo sé, a mí también…

El tiempo fue pasando lentamente sin ninguna sola variación, la misteriosa poni permaneció dormida durante todo el tiempo en el que estuvieron esperando a algo incierto; intentaron despertarla ellas mismas suavemente, pero parecía estar profundamente dormida. El tedio pronto comenzó a hacer mella en ellas, trataron de distraerse hablando de todo un poco.

-Y pensar que ahora mismo deberíamos estar subiendo y bajando el sol y la luna… aunque espera, ahora que lo pienso ¿Cuál será la situación en este momento?

-Alzaste la luna anoche, y no has podido bajarla ahora, lo más probable es que el sol haya intentado alzarse él solo y ahora mismo estén los dos en conjunción o algo por el estilo… hacía mucho tiempo que sus órbitas eran muy irregulares, me preocupa que esto pueda afectar de alguna manera a la atmósfera…

-Sí, es arriesgado, espero que podamos salir de aquí cuanto antes para arreglar el desastre…

Celestia suspiró, sin poder evitar mostrarse un tanto preocupada.

-Las consecuencias pueden ser muy serias… mareas inestables, calentamiento del aire y del agua, alteración de la fotosíntesis de las plantas… al Concilio no le va a hacer ninguna gracia…

En ese momento oyeron un débil gemido proveniente de la atrapada unicornio y se acercaron a ella; aun así no volvió a reaccionar, y siguió dormitando profundamente.

-¿Cuánto tiempo tendrá que pasar hasta que podamos salir de aquí?-inquirió Luna, algo hastiada.

-No lo sé, seguramente Twilight debe de estar haciendo todo lo posible por encontrarnos… no creo que se demore mucho, no es de esa clase de ponis…

La alicornio oscura suspiró resignada, tumbándose en el suelo con gesto cansado.

-Descansa un poco si quieres, yo me quedaré vigilando-la sugirió su hermana.

Luna aceptó, y en menos de cinco minutos, se durmió, dejando a Celesta sumida en sus propios pensamientos; en esos momentos los acontecimientos más inmediatos todavía seguían pasando por su mente, y aún estaba tratando de asimilar la extraña yegua que yacía a su lado atada y dormida. Su solo aspecto no solo recordaba al árbol de la armonía, sino que hasta lo atestiguaba, y la tiara dorada remataba el conjunto. ¿Cómo era posible? Se supone que es un árbol mágico de origen divino ¿cómo es que había tomado forma poni? Pero eso no era lo que más la fascinaba. Su sola existencia en esa forma la daba aún más razones para creer en su origen divino. ¿Y si, por un casual, podía hablar con ella? ¿Qué la diría? ¿Podría confirmarla la existencia del Primer Alicornio? Si eso fuera así, sería un acontecimiento de suma importancia para toda la comunidad primalicorniana. Pero por otro lado ¿y si no era así? ¿Y si había una explicación lógica y racional para esa inusitada transformación? La sola posibilidad la hacía arder de impaciencia, y su único deseo era que se despertara para poder preguntarla. Pero no sabía si lo iba a hacer. Podría perder su oportunidad de hablar con ella fácilmente. O igual no. Quizás, si conectaba sus cuernos, podría llegar a ver lo que ella tanto deseaba saber. Al principio dudó un poco, pero al final decidió; un rápido vistazo, sin mirar demasiado, y dejaría de cotillearla la mente. Sabía que meterse en sus pensamientos así sin más sería muy rudo y desconsiderado, pero tenía que saberlo, necesitaba saberlo.

Sin pensárselo más, iluminó su cuerno y lo juntó con el suyo, apoyándolo sobre la punta más alta. Inmediatamente después, la visión de Celestia se oscureció y, por un momento, no vio nada. Al segundo siguiente, pudo verlo. Miles de estrellas; un enorme manto de estrellas arropaba el firmamento y se extendía muchísimo más allá, como si no hubiera nada más a su alrededor. Enanas, enanas blancas, gigantes luminosas, supergigantes, hipergigantes… y no sólo eso, también vio cometas, masas estelares, nebulosas, galaxias y supernovas. La enormidad del universo se extendía ante ella sin ningún fin, abrumándola y fascinándola al mismo tiempo.

Entonces parpadeó y se apartó de ella, mirándola fijamente y sin apenas entender lo que había visto. ¿Por qué la mostraba el universo? ¿Qué quería decir? ¿El universo es la clave? Eran tantas preguntas sin respuesta, una tras otra, que enseguida se notó cansada, como si hubiera arrastrado consigo una carga de varias toneladas de peso. Decidió entonces descansar un poco ella también y se tumbó al lado de su hermana; antes de cerrar los ojos miró en dirección hacia la yegua, la cual seguía dormitando. Sin apenas darse cuenta, y dejándose llevar, se sumió en el mundo de los sueños.


Unos constantes tosidos y un extraño ruido como de succión llegaron a despertarla abruptamente, junto con unos insistentes gritos.

-¡Tia, despierta ya, necesito tu ayuda, se está ahogando de nuevo!

En cuanto comprendió esas palabras, Celestia espabiló de seguido y se acercó hasta la misteriosa yegua, la cual volvía a ser constreñida por las inquietantes raíces. Sin dudarlo en ningún instante, le pegó un buen bocado a la raíz más delgada y tiró de ella con todas sus fuerzas. En esta ocasión, las raíces apretaban con más fuerza que antes, asfixiando cada vez más a la pobre poni, la cual comenzaba a palidecer.

-No… no, no, vamos, soltadla malditas bestias…-masculló Celestia, poniendo todas sus fuerzas y ganas en liberarla.

Finalmente, los esfuerzos de ambos alicornios fueron bien avenidos, puesto que las raíces llegaron a aflojarse tras un par de minutos que parecieron horas; en cuanto se vio un poco más liberada, la misteriosa yegua cogió aire en sus pulmones, llegando a toser en el proceso. Dejó escapar un seco gemido y, por un momento, les pareció oír que decía algo.

-¿Has oído eso?-inquirió Luna, sorprendida.

-Sí, ha hablado, creo que ha hablado… ey ¿estás bien?-la preguntó Celestia.

-¿Qué tipo de pregunta es esa?-la espetó su hermana, ceñuda.

La aludida quiso responder, pero en ese momento la delgada poni cogió aire y llegó a musitar con una tomada pero entendible voz.

-Agua…

Luna y Celestia se miraron por un momento, sin saber bien de donde conseguirla.

-Agua… necesitamos agua… ¿dónde hay agua aquí?

-¿Hay algo así aquí acaso?-inquirió Luna, con sorna.

Celestia ignoró ese comentario y miró a su alrededor, con la esperanza de encontrase con algún río o lago, pero como bien ya había dicho su hermana, realmente no había nada. Al menos no cerca de donde ellos estaban.

-Quédate aquí con ella, iré a ver si puedo encontrar agua-indicó ella en ese momento.

-¿Qué? Pero podría no ser seguro alejarnos, déjame que te acompañe…

-No podemos dejarla sola, Luna ¿y si las raíces la vuelven a constreñir? Mejor quédate aquí con ella, volveré enseguida, si no veo nada, daré la vuelta.

-Está bien… ten cuidado, por favor.

-Lo tendré.

Celestia se levantó y echó a volar para ir más rápido, sin perder de vista del todo a Luna y a la misteriosa yegua; escudriñó con la mirada los alrededores, esperando, o más bien deseando encontrarse con una fuente de agua tan pronto como fuera posible. Pero en una especie de espacio vacío en el cual nada más parecía existir salvo ellas tres, estaba difícil. Tras un minuto justo buscando sin encontrar nada, decidió darse la vuelta y volver con ellas, pero en ese momento, un ruido de agua fluyendo la hizo parar; miró hacia delante y vio entonces una fuente natural hecha de piedras, con un pequeño manantial llenando una balsa de agua de tamaño medio. Un cuenco de madera descansaba justo al lado, Celestia se llegó a preguntar de dónde había salido todo eso, pero en ese momento tan delicado tan solo quería el agua, por lo que llenó el cuenco sosteniéndolo con su magia y regresó con Luna y la yegua.

Al verla llegar, Luna miró desconcertada al cuenco mojado, como si no estuviera ahí.

-¿En serio?

-Pues sí, no me preguntes cómo, pero sí. Tengo el agua…-murmuró Celestia, dirigiéndose a la poni.

Ésta trató de reincorporarse, Luna la ayudó un poco y Celestia acercó el cuenco a sus labios, bebiendo de él con gran ansia. Una vez que terminó, la yegua dejó escapar un suspiro de alivio, e incluso llegó a susurrar.

-Gracias…

-No ha sido nada…-murmuró Celestia, sonriéndola.

Ella la devolvió el gesto sonriendo débilmente; justo después, apoyó su cabeza en el suelo y, en menos de un minuto siquiera, se volvió a dormir.

-Se ha vuelto a dormir…

Celestia frunció el ceño, sin poder evitar preocuparse no sólo por ella, sino por ellas mismas también. ¿Cuánto tiempo más tendrían que pasar en esa especie de limbo? ¿Estaban despiertas, dormidas o en trance? ¿Por qué estaban allí? ¿Por qué Twilight estaba tardando tanto?

-Quizás el tiempo no pasa de igual forma aquí que en la realidad… quizás sólo es una fase, y podremos salir enseguida…-sugirió Luna, pensando en voz alta.

-Quizás… tan sólo podemos esperar…-asintió Celestia, resignada.

Pero la espera era demasiado tediosa incluso para ella; siempre había sido una poni muy paciente y tranquila, pero la situación era tan surrealista y extraña que llegaba a hastiarla hasta extremos insospechados. Ni siquiera conversar con su hermana la ayudaba a sobrellevarlo mejor.

-Igual es una prueba del Primer Alicornio…

-Tia, no tengo muchas ganas de discutir teología contigo ahora mismo…

-Lo sé, no es el mejor momento, perdona… es sólo que esta espera se me está haciendo eterna.

-Ya, a mí también. Aunque lo cierto es que he estado pensando… ¿qué es exactamente este lugar? ¿Por qué estamos aquí y ahora con ella?

-No lo sé, parece ser como una especie de limbo o una dimensión paralela…-murmuró Celestia, observando las cercanías.

-Ya, pero ¿para qué nos encerrarían las raíces aquí? ¿Y por qué sólo han atrapado a ella aquí y no a nosotras también?

-Demasiadas preguntas sin respuesta, Luna. Me temo que no se van a responder así sin más…-comentó la alicornio blanca, mirando de reojo a la misteriosa unicornio.

-Lo sé, es sólo que… oh, estoy tan preocupada por mi hijo, desaparecí delante de él y ni siquiera tuve tiempo de nada. Sólo espero que esté bien…-masculló Luna, entristecida.

-Tranquila, tiene a Twilight, y a Helpful Maid también… seguro que le están atendiendo ahora mismo.

La alicornio oscura se quedó callada por un momento, sin poder evitar esbozar una mirada llena de preocupación aun a pesar de todo. Celestia entrecerró los ojos, con gesto compungido, antes de volver a hablar.

-Resulta bastante tonto que llegara a pensar que no serías una buena madre, Luna… Frank tiene mucha suerte de tenerte.

A eso, su hermana sonrió, mejorando la expresión de su cara.

-Sé que es una gran responsabilidad, y es por eso por lo que me esfuerzo tanto. Ahora él es mi motor para seguir adelante, si no fuera por él, no sería la que soy ahora. Es mi hijo, aunque sea diferente, y le voy a querer con todo mi corazón.

Ambas hermanas se sonrieron mutuamente, diciéndose todo en nada; Luna arropó a Celestia con su ala y apoyó la cabeza en su cuello.

-Bueno, mira esta situación por un lado positivo… al menos estamos pasando más tiempo juntas.

-Sí, eso es verdad…

Las dos se quedaron en silencio, contemplando la inmensidad de la nada que las rodeaba. La irregular respiración de la misteriosa poni tras ellas era lo único que se oía.


La espera comenzaba a hacerse desesperante, hasta el punto de perder los nervios en más de una ocasión por parte de Luna; las raíces no habían vuelto a constreñir a la extraña poni, y parecía que respiraba mejor incluso, pero para Luna la situación comenzaba a traspasar los límites de lo meramente soportable.

-¡No aguanto ni un minuto más aquí metida, Celestia, quiero salir, ya!

-¡Yo también, Luna, pero no sabemos si podremos salir siquiera! ¡Tranquilízate, lo peor que podemos hacer ahora es ponernos nerviosas!

-¡No me pidas que me tranquilice, no puedo tranquilizarme, no así! ¡Estamos encerradas aquí, en medio de la nada, con una especie de árbol ponificado y lejos de casa! ¡No sé ni siquiera cómo está mi hijo!

-Luna…

-¡No! ¿Por qué no se lo preguntamos a ella? ¡Venga, probemos!

La alicornio oscura se acercó a la atrapada poni, la cual seguía dormida; se puso a su altura y comenzó a zarandearla, intentando despertarla.

-¡Eh, tú, quien seas, quiero salir de aquí! ¿Me oyes? ¡Despierta de una vez!

-¡Luna, para, la vas a hacer daño!-exclamó Celestia.

-¡Dime quien eres, sácanos de aquí, haz algo, lo que sea! ¡Quiero volver a ver a mi hijo!-gritó Luna, desesperada.

Entonces, cual respuesta sorpresiva, el cuerpo de la misteriosa poni comenzó a brillar con intensidad y Luna se apartó asustada, poniéndose al lado de su hermana; las raíces que la constreñían desaparecieron por efecto de la potente luz y el cuerpo de la poni se elevó en el aire, llegando a abrir los ojos y mirando fijamente a ambas alicornios. Vieron entonces que, en su tiara, los elementos de la armonía habían regresado a sus correspondientes lugares, y ésta refulgía con una fuerza cegadora. Celestia quiso adelantarse y hablarla, pero la luz se intensificó aún más y ambas alicornios se cubrieron los rostros con sus alas. La luz las envolvió y, en ese momento, sintieron como si una fuerza considerable tirara de ellas hacia arriba, mientras iban abandonando ese extraño y etéreo lugar.

Por un momento, se sintieron atadas por miles de raíces y echas un ovillo; pero al segundo siguiente, pudieron notar como sus ataduras comenzaban a desaparecer, dejándolas libres. Luna abrió los ojos y vio que estaban justo al lado del árbol de la armonía; justo delante, Twilight y sus amigas las miraban con gran alegría, contentas por verlas de nuevo. Tanto la corona como los collares de los elementos se encontraban vacíos, un rápido vistazo a las ramas del árbol confirmaron que se los habían dado a éste para salvarlo. La alicornio lavanda se adelantó como un rayo y abrazó con fuerza a las dos; Celestia habló enseguida.

-Debió de ser muy duro para ti tener que dejar ir a los elementos. Le echaste mucho valor.

Twilight no dijo nada, tan solo las abrazó con un poco más de fuerza; en ese momento el árbol brilló y vieron entonces como éste liberaba una extraña flor que contenía un extraño cofre hexagonal, con seis cerraduras a cada lado.

-¿Qué hay dentro? ¿Cómo voy a abrirlo?-inquirió Twilight, extrañada.

-Seis cerraduras, seis llaves…-observó Luna, interesada.

-No sé dónde pueden estar… pero lo que sí sé es que es un misterio que no resolverás sola-añadió Celestia, con una sonrisita.

Una vez que estuvo todo resuelto, el grupo decidió volver a la civilización, puesto que había una celebración del Sol de Verano que oficiar; aunque antes de salir de la cueva, Celestia lanzó una última mirada hacia el árbol de la armonía, el cual pareció devolvérsela fijamente. La alicornio blanca suspiró y se unió al grupo, mientras tomaban dirección hacia Ponyville.


Una vez resuelto el problema, tanto Luna como Celestia volvieron a recolocar los astros en posición para poder realizar la celebración del Sol de Verano, la cual fue un éxito; por suerte, las consecuencias no habían sido tan catastróficas y salvo algunas mareas irregulares en la costa este y la descompensación horaria, no hubo ninguna consecuencia fatal.

Luna se reencontró con su hijo dándole el abrazo más fuerte de todos los que ya le había dado, hasta el propio Frank se agarró a ella con más fuerza que de costumbre, repitiendo todo el rato la palabra mamá.

Debido a que tuvieron que renunciar a los elementos, Twilight se quedó sin corona, por lo que la forjaron una nueva rápidamente, algo más pequeña y manejable que la original, con un diseño simplista y picos rematados con joyas violetas. Y ese no fue el único cambio, puesto que durante la celebración consiguió realizar su acrobacia aérea con hechizo incluido, enmarcando la subida del sol con una proyección de su marca de belleza a modo de Sonic Rainboom.

Tras la celebración, la vida volvió a la normalidad y Twilight siguió viéndose con Celestia, aprendiendo a cómo ser princesa. En la última reunión con ella, estuvieron hablando de todo un poco también.

-¿Cómo llevas la investigación del cofre?

-Bueno, ahí va, estoy consultando los libros de la biblioteca, pero hasta ahora no he encontrado nada…

-Ya sabes que la biblioteca del palacio también está a tu disposición… y el archivo también.

-Sí, claro, pero por ahora prefiero ir poco a poco…

Celestia se quedó en silencio por un momento, mientras pensaba en lo que iba a decir a continuación.

-Ah, por cierto, quiero que me hagas un favor…

-Claro, dime.

-Si puedes, echa un ojo al árbol de la armonía de vez en cuando. Si ves que pasa algo raro, lo que sea, avísame de inmediato ¿vale?

-Claro, pero… ¿por qué exactamente? ¿Acaso va a pasarle algo malo?-inquirió Twilight extrañada

-Oh, no tiene por qué, pero creo que toda precaución es poca, sobre todo ahora que vuelve a tener los elementos consigo. Creo que estaríamos más tranquilos si nos aseguramos que el árbol está bien-argumentó Celestia.

-Supongo que tiene sentido… está bien, le pediré también a mi amiga Zécora que vigile de vez en cuando, ella está más tiempo en el bosque que fuera de él.

-Siempre viene bien tener a alguien en quien confiar, sobre todo con este tipo de cosas. Mantenme informada.

Poco después, Celestia se despidió de Twilight y la acompañó hasta la salida; antes de que esta se fuera, la alicornio blanca la miró por un momento, recordando que aún no se había disculpado con ella.

-Twilight…

-¿Sí, Celestia?

La aludida abrió la boca para hablar, pero apenas la salió nada; antes de que la alicornio lavanda se pronunciara, consiguió articular algunas palabras.

-Espero volver a verte por aquí pronto…

-Ah, claro, cuando quieras…-murmuró Twilight, extrañada.

Celestia la observó irse por el camino de entrada, desapareciendo tras la verja; una vez sola, la alicornio blanca dejó escapar un desalentado suspiro, esbozando una triste mirada. Había veces que no conseguía reunir el valor suficiente. Y esa, era una de esas veces.


Misterio, misterio para todos XD vale, antes que nada, quiero aclarar que la ponificación del árbol de la armonía no es mía, sino del usuario de Deviantart Heilos, el cual es el diseñador original de este curioso personaje. Lo vi hace ya una semana y me gustó tanto que decidí integrarlo en mi historia, pensé que podría ser interesante y un elemento más con el que poder jugar para imprimir un poco más de variación a la trama. Además, me gustó mucho los detalles que el propio artista explicó acerca de ella. Echadla un vistazo cuando podáis, es bastante chula. En cuanto al capítulo en sí, ya habéis visto que no había mucho por donde tirar, aunque Armonía (que es así como se llama ella) me dio un buen motivo para darle un poco más de fondo al personaje del árbol en sí, ya que apenas sabemos nada de él; ahora sabemos el origen de los elementos, pero no sabemos el origen el árbol. Puede que este detalle lo usen un futuras temporadas, por por ahora, el fandom se encarga de ello. Y esto es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!