Capítulo 17
Demasiada evidencia
Tras la celebración del Sol de Verano, la vida de Twilight volvió a retomarse en la tranquila y calmada Ponyville, al menos en parte; aunque su papel en la celebración fue su primera aparición pública y deber real, Celestia la indicó tras eso que se lo tomara con calma. Las clases de protocolo y etiqueta se seguirían dando, pero salvo eso, Celestia no la volvió a dar ningún otro deber real más. En parte ella lo comprendió, ya que apenas estaba empezando, pero por otro lado sintió que estaba desaprovechando su nuevo título nada más empezar. Ahora que era princesa quería sentirse útil, hacer algo como tal y practicar todo lo que estaba aprendiendo, pero de momento, la princesa del día no la pidió nada más.
La vida en el pueblo seguía siendo la misma, o al menos casi la misma; al contrario de lo que ella misma llegó a pensar, todo el mundo comenzó a tratarla como si fuera lo único que importaba en todo momento y lugar. Cada vez que salía a hacer algún recado, todos los tenderos o dependientes se dirigían a ella exclusivamente como princesa o alteza, pero casi nunca como Twilight. En parte lo entendía, pero por otro lado no quería que sólo fuera reconocida por su título real. Era en esos momentos cuando más se arrepentía de haber rechazado una pequeña guardia personal que Celestia la llegó a ofrecer antes de volver al pueblo.
-Buenos días, princesa, como siempre es un honor tenerla en mi establecimiento…
-Oh, Davenport, ya te he dicho que no hace falta que seas tan formal… llevo viniendo aquí desde que me mudé…
-Lo sé, pero sería desconsiderado por mi parte no tratarte como te mereces…
-Pero sigo siendo la misma Twilight, no he cambiado…
-Bueno, supongo que eso lo dices en sentido figurado…
En ese tipo de conversaciones, casi siempre se solía olvidar que ahora era una alicornio con un par de alas además de un cuerno; técnicamente sí que había cambiado, pero por mucho que ella trataba de hacer ver a los demás que no lo veía así, estos seguían recordándoselo constantemente. Y, algunas veces, llegaba a ser hasta estresante.
-Ah, es igual, dejémoslo así… vengo a reponer mis plumas, ponme lo de siempre.
-Ahora mismo, alteza.
Hacía ya casi tres años desde que se mudó al pueblo, y conocía a Davenport desde entonces; el poni destacaba por vender única y exclusivamente plumas y sofás, y nada más. Más de una vez le habían dicho que diversificara, hasta la propia Twilight se lo sugirió, pero él siempre argumentaba lo mismo. No sabía comercializar con otra cosa. Su marca de belleza así lo atestiguaba. Podía sonar estúpido o demasiado absurdo, pero era así.
-Aquí tiene princesa, su lote de treinta plumas y tinta negra.
-Gracias, Davenport…
La cobró treinta bits, una por cada pluma, y la tinta se la regaló. Esa era otra. Odiaba obtener cosas gratis sólo porque ahora era una princesa. Más de una vez se lo habían hecho, y no sólo Davenport, sino cualquier otro poni que medianamente bien conocía; los Cake llegaron a regalarla una tarta así de repente, cuando sólo había ido a coger un surtido de pastas para el té. En una quedada con sus amigas en el Spa, Aloe y Lotus no la llegaron a cobrar su servicio, diciendo que era regalo de la casa. Daisy, Lily y Roseluck llegaron a regalarla todo un ramo de rosas tan solo estando de visita en su floristería.
-No, Davenport, de eso nada, cóbrame la tinta también.
-Oh, de ninguna manera, la tinta corre por cuenta de la casa-insistió él.
-No, nada corre por cuenta de nada, te lo pago todo y punto.
-Insisto, alteza.
-Y yo también insisto, señor mío.
-Oh, vamos, no sea tan modesta y acéptela…
-¡No! ¡No tengo por qué obtener cosas gratis sólo porque soy una princesa! ¡O pago por las plumas y la tinta o directamente no pago por nada!-exclamó entonces ella, clavando un casco en el suelo con furia.
Ante esa tesitura, Davenport se vio obligado a cobrárselo todo.
-Está bien, lo que usted me pida, princesa…
Twilight contuvo un ahogado suspiro y pagó por todo, saliendo de la tienda con un cabreo aberrante.
Siempre era igual, o al menos casi siempre; de gente que no conocía lo podía entender, e incluso darle un pase, pero por parte de ponis que conocía medianamente bien no la parecía justo. Incluso al pasar por la calle muchos ponis se inclinaban ante ella, lo que la ponía más nerviosa de lo normal. Trató de ignorarlos, pero el simple hecho en sí ya la molestaba.
-Levantaos, por favor, no tenéis por qué hacer esto cada vez que paso por la calle…
-¿Y faltarla al respeto así? No podemos hacer eso, princesa…-murmuró una poni de colores fríos.
-Claro, sería muy desconsiderado y maleducado por nuestra parte…-asintió un semental.
-No, nada de eso, ya basta por favor, me ponéis de los nervios cada vez que lo hacéis…
-Pero princesa…
No era la primera vez que lo hablaba con ellos, pero aun así lo volvían a hacer constantemente; y, llegada a ese punto, empezaba a notar como su paciencia comenzaba a acabarse. Por lo que, antes de que cometiera ninguna tontería, decidió teletransportarse de golpe a su biblioteca, dejando a los ponis con la miel en los labios.
Una vez de vuelta a su hogar, el cual se había convertido en el lugar más tranquilo de todo el pueblo desde que regresó, soltó la bolsa con sus cosas y dejó escapar un grito de frustración. Spike vino como una centella al oírla.
-¡Twilight! ¿¡Qué pasa, donde está el fuego!?
-¡En todas partes, Spike, en todas partes!-masculló ella antes de dejarse caer en su cama, soltando un suspiro hastiado.
El pequeño dragón esbozó una triste mirada por ella y se acercó a la alicornio lavanda, para tratar de animarla.
-¿Otra vez te han vuelto a agasajar?
-¡Es constante, como un martillo pilón, por más que les digo que no lo hagan, lo siguen haciendo! ¡Me tienen harta, harta te digo!
Twilight trató de descargar su frustración golpeando su almohada, pero no era tan liberador como supuso que sería. Spike sabía que lo necesitaba, por lo que la dejó hacer. Finalmente la alicornio lavanda se echó en la cama, esbozando una triste mirada.
-Ya ni sé lo que hacer para que me dejen en paz… no debí haber salido.
-Oh, vamos, no digas eso, quizás sólo es una fase. Dales tiempo, puede que así acaben por acostumbrarse.
-¡Ya han pasado casi dos semanas, Spike, tiempo más que suficiente como para acostumbrarse! ¡Empiezo a pensar que padecen de estupidez congénita o algo por el estilo!
-¿Eso no es un poco durillo?-inquirió Spike, algo cortado.
Twilight suspiró, pensando por un momento. Desde que vivía en Ponyville todos los ponis la habían acogido con las patas abiertas, y enseguida se convirtió en una más de la comunidad, al menos cuando sólo era una unicornio. Los ponis del pueblo eran amables, afables y cordiales, Twilight les tenía cariño, pero ahora parecían ser una panda de imbéciles. Aun así, hasta ella sabía que ese era un comentario totalmente subjetivo y hasta fuera de lugar.
-Tienes razón, Spike, pero es que por más que les digo que no me traten como a una diva, ellos lo siguen haciendo… no era mi intención insultarles, es que…
-No pasa nada, te entiendo. Tranquila, esto quedará entre nosotros-añadió Spike, guiñándola un ojo de manera confidente.
Twilight sonrió, sintiéndose un poco mejor.
-Gracias, Spike… qué haría yo sin ti…-murmuró ella, abrazándole.
-No mucho, la verdad…
-¡Oye!
El dragón rio tontamente y ella se unió, liberándose del estrés casi sin proponérselo.
En ese momento alguien llamó a la puerta y Spike fue a abrir, pero ella le paró.
-Deja, por esta vez abriré yo.
Bajó rápidamente hasta el recibidor y abrió la puerta de seguido.
-¡Sorpresa!-exclamaron entonces dos voces familiares para ella.
Al principio Twilight pensó que era una broma o algo por el estilo; pero realmente estaban allí, frente al umbral.
-¡Papá, mamá!
-¡Hola cariño!-la saludó su madre, sonriente.
-¿Cómo está mi princesa?-inquirió su padre, con tono meloso.
Al principio la costó un poco asimilarlo, pero en cuanto pudo hablar, habló.
-Pero… esto… ¿Qué hacéis aquí?
-¡Pues de visita, por supuesto!-anunció ella.
-Fue idea de tu madre, no te hemos visto desde la coronación, y quisimos darte una sorpresa, así que…
Twilight esbozó una grata sonrisa, llegando a olvidarse de todo. Ciertamente no había vuelto a hablar con ellos desde entonces, y siempre era buena una sorpresa así por parte de sus padres.
-Oh, gracias, de verdad… pasad, no os quedéis ahí.
Spike saludó a los que eran casi como sus padres y estuvieron charlando animadamente en el salón durante todo el resto de la mañana.
-Y cuéntame cariño ¿cómo llevas tu nueva condición?-inquirió su madre, curiosa.
-Oh, pues bien, la verdad, voy una vez a la semana a Canterlot para que la princesa Celestia me dé clases de protocolo y etiqueta, me está enseñando todo lo básico.
-La verdad es que todo esto nos pilló de sorpresa a tu madre y a mí, tendrías que ver nuestras caras cuando la princesa nos comentó que habías ascendido a alicornio… ¿cómo ha sido posible?-inquirió en ese momento su padre, anonadado.
-Cierto, nos tuvo bastante inquietos… ¿cómo fue, por cierto?
-¿A qué te refieres, mamá?
-Pues a la transformación… porque hubo algún tipo de transformación ¿no?
Twilight abrió la boca para hablar, pero fue incapaz de decir algo; evidentemente había sido una transformación… pero lo gracioso era que apenas lo recordaba. De hecho, no recordaba absolutamente nada de todo lo sucedido después de haber completado el hechizo de Star Swirl el Barbudo… y para más inri, tampoco recordaba ningún acontecimiento previo a ese día en concreto.
-¿Cariño? ¿Te encuentras bien?-inquirió su madre, extrañada.
La alicornio lavanda reaccionó en ese justo momento y salió al paso rápidamente.
-Ah, sí, claro… sí, una transformación, por supuesto, no sé mucho de eso, supongo que sólo la princesa conocerá los detalles…
Aun a pesar de ese detalle en concreto, prefirió dejarse llevar por el momento y pasar más tiempo con sus padres, a los que apenas veía, al menos normalmente.
Desde que se mudó a Ponyville, tan solo los veía muy de cuando en cuando, sobre todo cuando volvía a casa por Fiesta del Hogar. Ella siempre había sido la favorita de mamá, de quien adquirió su nombre, ya que incluso su abuela se había llamado igual; el nombre de Twilight había estado muy presente a lo largo de toda su estirpe familiar, al menos por parte de madre, y ya era casi como una tradición el seguir perpetuando el mismo nombre a lo largo de las generaciones. En cambio con Shining Armor quisieron darle un toque distinto, además de que éste había sido el primer semental después de varias generaciones engendrando sólo yeguas; el nombre en sí se le había ocurrido a su padre, el cual había llegado a tener varios familiares militares por parte de su familia. Aun a pesar de esto, Night Light nunca había sido muy belicoso, pero siempre había tenido mucho cariño por su abuelo, el cual llegó a ser teniente en la guardia solar hace ya muchos años atrás; por lo que, en memoria suya, decidió llamar a su hijo Shining Armor. Y, casualmente, éste se había decantado por la militancia, haciendo honor a su tatarabuelo.
Antes de lo esperado, la hora de comer se les echó encima y Spike quiso dirigirse a la cocina, pero Twilight Velvet le paró.
-Espera Spike, no hace falta que te molestes, vayamos a picar algo por ahí…
Ante eso, su hija bajó las orejas, un tanto amedrentada por la propuesta, y habló enseguida.
-No, mejor no, mamá, tenemos comida aquí, podemos hacer algo rápido…
-¿Y por qué no? nunca antes había estado aquí, me gustaría conocer Ponyville…
-Sí, pensaba que nos harías un tour por el pueblo…-añadió Night, extrañado.
-Es que… es complicado, prefiero no salir ahora, de verdad…
-¿Y eso por qué, cariño?-inquirió su madre, igual de extrañada que antes.
-Sabes que puedes contárnoslo, hija…
Twilight les miró por un momento, no muy segura de si contárselo, hasta que al final cedió ante sus inquisitivas miradas.
-Veréis, es que… desde que he vuelto, en el pueblo no hacen más que agasajarme todo el rato y tratarme como a una diva; yo les insisto en que no hace falta que lo hagan, pero aun así lo siguen haciendo, lo que llega a ser frustrante. Por eso no quiero salir.
Twilight Velvet y Night Light se miraron por un momento, un tanto extrañados por las razones de su hija; Velvet se quedó pensativa por un breve momento hasta que se la ocurrió algo.
-Espera, dices que no hacen más que tratarte como a una diva aun a pesar de tu insistencia a que no lo hagan…
-Sí, y no sabes bien lo cansinos que pueden llegar a ser…
-Bueno, en ese caso, dales lo que te piden-sugirió entonces ella.
Twilight la miró extrañada, sin comprender del todo sus palabras.
La calle de la biblioteca era una de las más transitadas del pueblo, ya que se entrecruzaba de forma transversal con una de las avenidas que desembocaban en la plaza central; casi todas las calles se encontraban aquí, y ésta era el centro neurálgico del pueblo. Aun a pesar de que ya era la hora de comer, todavía quedaba gente que iba de aquí para allá, haciendo sus tareas diarias.
En ese momento, la puerta de la biblioteca se abrió y de ésta salió un pelotón de unicornios de la guardia solar, con un total de seis efectivos; portaban consigo una serie de estandartes morados decorados con la marca de belleza de Twilight. Formaron un pasillito junto a la puerta, y justo después, la princesa salió de la biblioteca esgrimiendo todo su porte y profesionalidad, viéndose más real que nunca; llevaba su nueva corona puesta, además de un collarín muy similar a los que suelen llevar Celestia y Luna, aunque éste estaba personalizado con su marca de belleza. Y no era lo único, puesto que también llevaba puestos sus engalanes reales en los cascos. Junto a ella iban sus padres y, detrás de ellos, marchaba Spike vestido cual mayordomo de más alta alcurnia.
Un vez fuera, los guardias cerraron la puerta y escoltaron a la princesa y sus acompañantes en una vistosa comitiva a lo largo y ancho de las calles del pueblo; los ponis que aún seguían por las calles se quedaron bastante sorprendidos al ver esto, extrañándose incluso. Muchos contemplaron pasar al séquito real, mientras que otros comenzaron a cuchichear y hablar entre ellos por lo bajo.
-¿Has visto eso?
-¿Desde cuándo la princesa es tan refinada?
-Nunca antes la había visto así…
-Y luego ella nos pedía humildad…
Aun a pesar de que algunos de estos comentarios llegaban a hacerse un tanto audibles, Twilight los ignoró por completo y siguió marchando con la cabeza bien alta y desprendiendo un aura real imponente y hasta intimidante.
La marcha continuó por las calles del pueblo hasta llegar a la puerta del Sugarcube Corner; antes de entrar, los guardias reales inspeccionaron el perímetro rápidamente y, inmediatamente después, entraron en el establecimiento. Su irrupción en éste tomó por sorpresa a todos los presentes, los cuales se quedaron en el sitio contemplando cómo los guardias formaban un pasillito en torno a la puerta. Spike se adelantó, se aclaró la garganta, y habló.
-Damas y caballeros, por favor, den la bienvenida a su alteza real, la princesa Twilight Sparkle.
Justo después, la aludida entró haciendo gala de su realeza, acompañada de sus padres, los cuales tenían una cara de póker envidiable.
Tras esa presentación los señores Cake, un tanto confusos por esa entrada, decidieron adelantarse y la señora Cake fue la primera en hablar.
-Alteza, nos honra con su presencia en nuestro humilde establecimiento…
-Por favor, llámeme princesa Twilight Sparkle-pidió ella con voz firme.
-Por supuesto, princesa Twilight Sparkle…-murmuró la señora Cake, un tanto descolocada.
-Bien, he venido a comer con mis padres ¿está mi mesa preparada?
-Ah, eh… por supuesto que sí, denos tan solo unos segunditos de nada…-asintió la señora Cake nerviosamente, mirando a su marido con una expresión apremiante.
Éste pilló el gesto enseguida y se movió deprisa, buscando un hueco libre de debajo de las piedras, ya que el local se encontraba casi lleno en ese momento. En un tiempo récord tuvieron una mesa lista, e incluso engalanada y todo.
-Siéntense, por favor…-indicó el señor Cake.
Spike se movió deprisa y movió la silla para que Twilight se pudiera sentar rápidamente. Una vez que estuvieron todos sentados, los guardias se movieron y se colocaron en sitos estratégicos a lo largo de todo el establecimiento y montaron guardia allí, quedándose estáticos y sin apenas pestañear.
La señora Cake fue la siguiente en moverse, acercándose a la mesa para tomar nota.
-Muy bien ¿qué desean?
-Yo quiero probar este confit de manzana y caramelo…-pidió Night Light, mirando la carta.
-Para mí unas brochetas de frutas con chocolate-hizo lo propio Twilight Velvet
-Yo quiero una tarta de manzana con nata y caramelo por encima; y para Spike, un surtido de gemas-añadió Twilight.
-Por supuesto, ahora mismo.
La señora Cake desapareció tras la puerta de la cocina y no se la volvió a ver; el silencio posterior fue densísimo, y no sólo entre Twilight y sus padres, sino en casi todo el Sugarcube Corner. Debido a esto, se podía llegar a escuchar hasta el zumbido de una mosca, por lo que algún que otro comentario dispar también se llegó a oír aun a pesar de decirlo en voz muy baja.
-¿A qué viene todo esto?
-Mira ahora a la señora modestias…
-Pues vaya…
Aun a pesar de esto, ni Twilight ni sus padres reaccionaron a estos comentarios y guardaron el más incómodo y denso de los silencios. Al cabo de unos pocos minutos de espera, apareció Pinkie llevando consigo todos los pedidos y acercándose a la mesa.
-Princesa Twilight Sparkle… su pedido-anunció ella, con una voz extremadamente formal y pomposa.
-Gracias, Pinkie.
El sorpresivo y poco común comportamiento de la hiperactiva poni extrañó aún más a la clientela, la cual trató de ignorar la situación y volver a sus propias conversaciones.
Por su parte, Twilight y sus padres mantuvieron el mismo sempiterno silencio como si nada hubiera pasado; Pinkie les sirvió y se retiró enseguida, dejándoles comer tranquilos.
El resto de la comida pasó rápidamente, hubo algún que otro comentario dispar acerca de ésta, y apenas llegaron a decirse gran cosa. Una vez que terminaron y la cuenta estuvo pagada, los guardias se movieron inmediatamente después y formaron otro pasillito desde el lado de fuera del establecimiento.
Esta vez se dirigieron por las calles de la ciudad haciendo un recorrido, para que los padres de Twilight fueran conociendo el pueblo mientras que su hija les iba explicando un poco; se pasaron también por la floristería, donde los guardias repitieron el mismo procedimiento de la última vez, incluyendo a Spike haciendo de bautista e introduciendo a Twilight. Tanto Daisy, Lily y como Roseluck se mostraron desconcentradas ante semejante cambio, quedándose un tanto descolocadas; Rose decidió adelantarse y hablar.
-Bienvenida, alteza, es todo un honor…
-Por favor, llámeme princesa Twilight Sparkle-pidió la aludida, con tonito remolón.
Si ya de por sí Rose se encontraba desconcertada, esa petición la remató por completo, quedándose incluso en blanco.
Twilight la miró de hito en hito y finalmente habló.
-He venido con mis padres para enseñarles el pueblo… ¿qué tienes para ofrecernos?
-Ah, eh… acabamos de recoger del invernadero un lote de siemprevivas precioso… y los claveles están en oferta…
Night Light y Twilight Velvet estuvieron curioseando un poco mientras que Rose les iba aconsejando; Daisy y Lily, por su parte, se quedaron un tanto rezagadas, comentando entre ellas.
-¿Has visto? ¿A qué viene eso de restregarnos por la cara su título?
-Ya ves, qué poco gusto, y luego ella nos pedía humildad…
Aun a pesar de que lo cuchichearon, Twilight llegó a oírlas, pero no reaccionó ante esos comentarios y siguió esbozando una cara de póker perfecta.
Finalmente, tras varios minutos atendiéndoles, Night Light le regaló a su mujer un buqué de rosas de distintos colores.
La siguiente parada fue en el Spa, donde Twilight les pagó a sus padres un tratamiento especial; la forma de proceder fue la misma que en el resto de establecimientos, dejando a Aloe y Lotus completamente anonadadas. Allí se encontraron con Rarity y Fluttershy, llegando a compartir unas palabras con ellos.
-Princesa Twilight Sparkle, me alegro de volver a verla-murmuró Fluttershy, cual señorita.
-Yo también celebro su estancia aquí, no hay otra forma de honrar este sitio como se merece que con la presencia de su alteza real-añadió Rarity, estando en su salsa.
-Gracias chicas, desde luego sabéis apreciar el valor de una compañía como la mía…
-Por supuestísimo que si…
Rarity y Fluttershy fueron las siguientes en entrar a la sauna, pero ella tan solo se quedó en el recibidor, esperando a sus padres.
Una vez que el tratamiento finalizó el resto de la tarde la pasaron en el parque, dando unos largos paseos y comprándose un helado aprovechando que el poni del carrito andaba por allí. Aquí fue donde Twilight más se explayó a gusto en cuanto a su estatus se refiere, comportándose con gran altanería y aplicando las maneras y formas que Celestia la había estado enseñando hasta ese momento. Para el resto de ponis del pueblo comenzaba a volverse bastante irritante e insoportable, ya que no hacía más que recalcar y recalcar que era una princesa y que debían de tratarla como tal. Muchos se lo llegaron a espetar.
-Oye, ya está bien ¿no? me parece muy bien que seas una princesa y todo eso, pero esas no son maneras…
-¿Perdón? ¿Qué forma es esa de dirigirse a mi persona? Soy la princesa Twilight Sparkle, y si lo que quiere es entablar una conversación conmigo, lo menos que puede hacer es referirse a mí por mi título.
-¿¡Cómo?!
En ese momento Twilight hico un inciso y se dirigió a todos los ponis presentes; entre la multitud llegó a ver a Rainbow Dash y Applejack.
-Escúchenme todos, a partir de este momento quiero que todos ustedes se dirijan a mí como princesa Twilight Sparkle, eso de entrada. Se acabaron las conversaciones casuales, a partir de ya, si quieren hablar conmigo, deben solicitar una audiencia a mi asistente Spike con al menos tres días de antelación. Ah, y por supuesto, todos ustedes deben venir bien ataviados para recibir a la realeza apropiadamente. Y nada de informalismos ni confianzas.
Todas esas indicaciones molestaron aún más a los vecinos, los cuales se alborotaron cada vez más.
-¡Ya claro! ¿Y qué más? ¡No nos venga con esas, princesa, no tiene derecho a recriminarnos de ese modo!
-¡Sí! ¿Qué se ha creído?
-¡No son formas de tratarnos así!
Twilight no dijo nada, tan solo miró a la multitud con cara de circunstancia y ligeramente molesta; en ese momento, Rainbow y Applejack opinaron.
-¡Pero tiene razón! ¡Hay una princesa entre nosotros, lo mínimo que podemos hacer es tratarla con un mínimo de respeto!-apuntó Applejack.
-¡Ja! ¿El mismo respeto con el que ella nos trata imponiéndonos todo eso? ¡Por favor, cuánta hipocresía!
-¡Desde luego, ni siquiera la princesa Celestia o Luna se comportan así!
-¡No hay derecho!
En ese momento Rainbow alzó el vuelo y les espetó.
-¿¡Cómo se atreven a mancillar de ese modo el buen nombre de la princesa Twilight Sparkle?! ¡Deberían arrestarles por desacato! ¡Nadie insulta a la princesa estando yo delante!
-Mira, ahí tienes razón, Rainbow… guardias, me han faltado al respeto, arresten a los artífices de tales injurias-ordenó entonces Twilight con voz queda.
Ante eso, la muchedumbre terminó de enfurecerse y empezó a lanzar gritos y abucheos en contra de la princesa, la cual apenas se movió ni reaccionó; los guardias, al ver el riesgo que había, formaron una barrera entre ella y el resto de ponis, para protegerla.
-Alteza, creo que esto se le está yendo de los cascos…-le murmuró uno de ellos.
-Tranquilo, apartaos, dejad que se acerquen.
-¿Qué? Pero alteza, es arriesgado, son capaces de agredirla…
-No, los ponis de aquí nunca llegarían a eso, pero los tengo donde los quiero, dejadles que vengan.
Algo indecisos, finalmente cumplieron con sus órdenes y se apartaron; la muchedumbre enaltecida avanzó hasta ella y la rodearon con caras de pocos amigos.
-¿¡Qué te has creído que eres?!
-¿¡Piensas que tienes derecho a espetarnos así sin más como si no fuéramos nada?!
-¿¡Qué clase de princesa eres tú?!
-¡No eres ninguna diva!
Al oír ese comentario, Twilight alzó una pata de forma autoritaria y, por un momento, todo el mundo calló. La alicornio lavanda dejó escapar un hondo suspiro, dejando a los vecinos un tanto extrañados. Justo después, comenzó a hablar.
-¿Lo veis? Así es como me he sentido últimamente desde que volví al pueblo. Sé que ahora que soy princesa las cosas han cambiado, y nada volverá a ser como antes. Aún me estoy acostumbrando a todo esto, y quiero hacerlo lo mejor posible. Pero no puedo hacerlo si vosotros estáis ahí recordándomelo y machacándome constantemente de forma tan incisiva; sé que sólo queréis ser amables conmigo y tratarme por lo que soy, pero no se trata sólo de mi título, sino de mí también. Desde que llegué a aquí, todos vosotros me habéis tratado tan bien que muchas veces me he sentido como en casa. Y, ahora que considero a este pueblo como mi casa, quiero que eso siga siendo igual y como siempre ha sido. Es verdad que ahora soy una princesa, pero por favor, que eso no sea ningún obstáculo. Sólo quiero que me tratéis como siempre me habéis tratado. Con cariño y respeto.
Ante eso, los vecinos relajaron sus expresiones de golpe y se miraron entre sí, algo avergonzados; ninguno parecía tener el valor suficiente como para hablar o disculparse, pero en ese momento, la alcaldesa apareció de entre el público y se dirigió a ella.
-Twilight, creo hablar en nombre de todos cuando digo esto; lo sentimos, de verdad, debí prever que esto pasaría, pero aun así no hice nada al respecto. Podría haber dictado un bando en tu nombre para pedir expresamente que no te importunaran tanto, pero aun así no lo hice. Di por sentado que todo sería como antes, pero tu título también tiene un nuevo peso ineludible.
-No diga eso, alcaldesa, no es culpa suya ni de nadie, tan solo han sido las circunstancias, que se han torcido un poco, eso es todo-murmuró ella, quitándole importancia.
Finalmente, todos los vecinos se disculparon con ella y todo quedó resuelto. Twilight despidió a los guardias, los cuales regresaron a Canterlot, y tanto ella como sus padres fueron a cenar a un restaurante cercano, acompañados de todas sus amigas.
-Muchas gracias por todo, chicas, sin vosotras no hubiera salido bien-agradeció Twilight.
-Ah, no ha sido nada, dulzura…
-Sí, ha estado bien, ha sido incluso gracioso…-añadió Rainbow.
-Lo cierto es que si no hubiera sido por Rarity, no me hubiera salido ese tonito tan fino… me costó un poco sacarlo-admitió Fluttershy.
-Oh, para mí ha sido como un día más… encantada de ayudarte, querida-murmuró Rarity, guiñándola un ojo.
-¡Oh, oh! ¿Y qué tal he estado en mi papel de seria? ¿Ha sido convincente?-inquirió Pinkie, esbozando una gran sonrisa.
-Je, je, sí, has estado muy auténtica.
-¡Genial! ¡Al principio estaba un poco nerviosa, ya que rara vez me pongo seria, pero luego he conseguido meterme en el papel y ha sido como estar en el teatro! ¡Ah, y no ha sido nada fácil, ya que me estaba aguantando la risa durante casi todo el rato y me era muy complicado no echarme a reír! ¡Ha sido divertido!
-Aunque no hubiera sido posible si a mi madre no se le hubiera ocurrido. Gracias mamá, si no hubiera sido por tu idea las cosas seguirían igual-agradeció Twilight, muy contenta.
-Ah, he hecho lo que tenía que hacer, una madre siempre ayuda a sus hijos.
-Lo que sea por mi princesa-añadió Night Light.
La velada transcurrió en un ambiente calmado y tranquilo, Twilight nunca había presentado antes a sus padres a sus amigas, por lo que fue la ocasión perfecta; las seis dieron una muy buena impresión tanto a Twilight Velvet como a Night Light, los cuales se sintieron cómodos en todo momento estando todos juntos.
Hablaron de todo un poco, de la vida en el pueblo, de la ciudad, de gustos y preferencias… casi siempre había un tema de conversación y rara vez había silencios apurados. Twilight aprovechó para preguntarles acerca de su hermano.
-En la última carta nos comentó que el trabajo en el imperio es un no parar, todavía siguen con lo de la actualización de las leyes, ayuda en todo lo que puede a Cadance, pero a veces no dan abasto los dos juntos-explicó Velvet.
-Podríamos hacerles una visita sorpresa la próxima vez, como hoy-la sugirió su marido.
-Ah, pues sí, mira, es una buena idea…
Una vez que la cena terminó, les acompañaron hasta la estación para despedirles en su vuelta a Canterlot; el último tren del día llegó enseguida y Twilight se despidió de ellos.
-Muchas gracias por vuestra visita, y por ayudarme también.
-Ah, no lo pienses más, cariño, lo hecho, hecho está-le quitó importancia su madre.
-Sí, por nuestra hija pequeña, lo que sea-añadió su padre, guiñándola un ojo.
La alicornio lavanda les sonrió ampliamente y les dio un gran abrazo que apenas se prolongó puesto que tenían que irse; Spike y las demás se despidieron de ellos también poco antes de que el tren se pusiera en marcha. Twilight les observó desde el andén, agitando su pata, hasta que éste desapareció tras la primera curva, en dirección hacia Canterlot. Una vez que se fueron, las demás fueron comentando mientras volvían a sus casas.
-Unos ponis de lo más simpáticos tus padres, dulzura…
-Desde luego, se nota que son de Canterlot, que buen porte el de tu madre, querida…
-¡Y muy divertidos también! ¡Tu padre tenía mucho sentido del humor, me ha gustado mucho!
-Se nota que son buena gente…
-Muy ingeniosa tu madre, Twi, su idea fue genial.
-Gracias chicas, con las prisas y las preparaciones apenas pude presentároslos ni en la boda de mi hermano ni en la coronación, me alegra haberlo podido hacer ahora.
Cada una fue retirándose poco a poco mientras cruzaban todo el pueblo; la primera fue Rarity, llegaron a su boutique enseguida y, antes de seguir, se despidieron de ella previamente. La siguiente fue Fluttershy, la cual tenía que apartarse a mitad de camino para tomar dirección hacia su cabaña en las afueras del pueblo. Pinkie le vino poco después, teniendo el Sugarcube Corner de camino. Applejack fue la siguiente en irse, teniendo que coger dirección este para llegar a su granja al otro extremo del pueblo. Rainbow fue la última, la cual acompañó a Twilight hasta la biblioteca antes de marcharse.
Una vez de vuelta en casa, Twilight pudo notar que estaba agotada.
-Bof, menudo día más movidito ¿verdad, Spike?
Como no recibía contestación, giró la cabeza y vio que el pequeño dragón había caído rendido en su lomo desde hacía un buen rato; la alicornio lavanda sonrió y le llevó hasta su canasto, arropándolo de seguido y dándole un beso de buenas noches en la frente. Le estaba dando envidia por momentos, por lo que decidió irse a la cama ella también. Antes de hacer nada más se dirigió hacia un busto de madera blanco junto a su cama y colocó en ella tanto su corona como su collarín, además de dejar sus engalanes reales de los cascos en el suelo. Nunca los llevaba salvo en ocasiones especiales, lo de esa tarde había sido una excepción, pero normalmente prefería no usarlos constantemente.
Tras eso se dirigió al baño para acicalare un poco antes de acostarse; cuando estuvo lista y a punto de meterse en la cama, llamaron sorpresivamente a la puerta.
-Pero bueno ¿Quién puede llamar a estas horas?-se preguntó ella, un tanto molesta.
Por un momento consideró no contestar, pero se había dejado las luces del salón encendidas, por lo que supuso que ya las habían visto; resignada, se dirigió hacia la puerta y la abrió. Nada más hacerlo, un trozo de pergamino levitó en el aire y se puso delante de su cara. En éste se podía ver dibujada una figura que la era extrañamente familiar, puesto que poseía la misma fisionomía que Frank. Inmediatamente después, una voz también conocida por ella exclamó.
-¿¡Lo ves, lo ves?! ¡Poni de poca fe que tiene poca fe!
Bof, por fin he terminado; no sabéis bien el calor que está haciendo por aquí últimamente, me ha tenido super amodorrado y apenas me dejaba escribir en condiciones. He podido terminarlo en el pueblo, y doy gracias a ello, porque empezaba a hacerse desesperante. Como veis, vuelvo a mis historias paralelas en torno a la cuarta temporada, la sosez y la endeblez del anterior capítulo fue debido a la poca consistencia de los dos capítulos en los que esta inspirado en cuanto a detalles y argumento se refiere; lo siento si alguien lo encontró aburrido, realmente ese capítulo no daba para más. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
