Sueño de infancia


—¿Qué te enseñan?

Rize era diferente. Curiosa. Tenía ojos más vivos que las demás.

Por eso, Furuta...

—De todo. Nada. Ya sabes cómo es. No les importamos nosotros. Pero nos exigen. Porque les servimos y ese es nuestro destino.

—Oh.

Se acostaron juntos en la hierba. Tenían la esperanza de que los cuidadores no notaran la ausencia de ambos en seguida.

—Aprendo más contigo aquí.

Rize se rió, puso los ojos en blanco.

—¿Qué aprendes? Es muy aburrido. Siempre tengo hambre...

—Aprendo de mis sueños. Lo que yo quiero. Qué haría, si tuviera el poder. Qué haré cuando lo tenga...

—...A veces yo también hago eso.

—¿Planear?

—Soñar...Pero sueño tanto, con banquetes interminables y cacerías maravillosas...que es como si me perdiera. Y mi mente acaba en cualquier parte. A veces...

...Sus manos se tocaron. Pero Rize no lo notaba. O no le importaba.

Furuta nunca sabía. Era como si dentro suyo solo hubiera hambre.

Aunque...aquello en sí mismo era hermoso.

No había un ser más sincero que Rize.

—¿A veces? ¿Qué?

—Creo que me pierdo dentro de tus sueños. O de tu deseo. Como en un bosque oscuro, caliente, donde el sol es rojo y siempre hay atardeceres sangrientos. Es hermoso y triste. Tengo miedo, todo me duele. Pero no hay a dónde correr, solo...

Furuta rió. Rize lo miró de reojo, sacudiendo la cabeza. Nunca se enojaba con él pero...

—¿Quieres ver mi mente? ¿Ahora? ¿Adivinar qué pienso? Ya que eres como una síbila de la carne.

—¿Un juego? ¿Seguro? ¿No nos castigarán?

Si, probablemente lo harían. Pero Furuta hubiera aceptado lo que fuera por Rize. Tomaría la culpa.

—Vamos. ¿Cómo lo haces?

Rize parpadeó, sus ojos se pusieron oscuros. Clavó las uñas en la palma de la mano de Furuta.

(Años más tarde, él pensó que entonces tuvo su primera erección).

...Se aprovechó de eso. Para pensar en su secreto con intensidad, hasta que casi se le partió la mente.

¿No era verdad que los úteros con patas resultaban perceptivos? Rize seguramente lo era.

Así que...

Rize, mía.

Rize, mírame.

Rize, muere.

Rize, matarte.

Rize, masticarte.

Rize, follarte.

Rize, cortarte.

Rize, comerte.

Rize, lamerte.

Rize, poseerte.

Rize, mía.

Rize, me gustas.

Rize, nadie más.

Rize, solo yo.

Rize, SOLO YO.

Rize, huye.

Rize, conmigo.

Rize, hacia mí.

Rize, mi semen.

Rize, mis hijos.

Rize, tu vida.

Rize...

—¿Y bien? ¿Viste algo? Cuéntame...

Ella lo soltó con cierta brusquedad. Porque Rize siempre era elegante con sus movimientos. Se puso de pie, temblando.

Se alejó de él.

Furuta rió, solo, entre la hierba.

Nada más le quedaba liberarla, para que entendiera. Y le perteneciera. O...

Rize, mía.

Rize, mírame.

Rize, muere...