Capítulo 25

Sin salida

1ª parte

Después del descubrimiento de Twilight acerca de la verdad de su transformación en alicornio, ésta repudió a Celestia y su relación se enfrió por completo; no hubo absolutamente nada, tan solo la dejó de hablar, tratándola como si no existiera, para desgracia de Celestia, la cual intentaba por todos los medios volver a hablar con ella. Pero carta que la enviaba, carta que la devolvía al poco rato y sin abrirla siquiera.

Debido a esto, tanto Cadance como sus propios padres se terminaron enterando de lo que había pasado; en un principio, Twilight no quiso decirles nada para no preocuparlos demasiado, y así se lo dijo ella misma en cuanto estuvo hablando con ellos. Pero para ambos no había nada más importante que su hija, por lo que lo comprendieron. En cuanto al asunto en sí, fue toda una sorpresa descubrir que la buena, justa y sabia princesa Celestia la había estado manipulando de esa forma. Debido a esto, Twilight Velvet fue directamente al palacio a hablar con ella, soltándola todo lo que tenía sobre ella; Celestia ni siquiera se defendió, tan solo dejó que Velvet se quedara a gusto, recibiendo de todo. Desagradecida, mala poni, fanática, chovinista… simplemente aceptó todos esos términos y acepciones contra su persona porque, en el fondo, sabía que todos ellos eran ciertos. Esto pilló con la guardia baja a Velvet, la cual la espetó.

-¿¡Y bien?! ¡¿No tienes nada que decir?!

Celestia tan solo la miró, con un profundo deje de pena grabado en su rostro, antes de murmurar.

-No. Tienes razón, Velvet. Soy una poni horrible.

Y, tras esas palabras, Celestia se retiró, dejando a una chocada y desconcertada Velvet mirándola atentamente antes de desaparecer tras la puerta.

Por parte de Cadance, la alicornio rosada no supo ni cómo tomárselo siquiera, ya que la primera revelación fue como un mazazo para ella; conocía bien a su tía, o eso era lo que creía. Desde pequeña había sido su mayor modelo a seguir, una figura que inspiraba confianza, amor y cariño. Pero ahora todo eso había desaparecido de un plumazo, para ser reemplazado en su lugar por confusión, dudas e incertidumbre.

Al contrario que Twilight o Velvet, quiso hacer sus propias averiguaciones y habló ella misma con su tía. Para su sorpresa y consternación, la alicornio blanca se deshizo en lágrimas mientras la confirmaba todo lo que la habían dicho sobre ella.

-¡Lo siento tanto, Cadance! ¡He defraudado a todos, incluida a ti! ¡No merezco que me llames tía, no merezco nada! ¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo!

Aunque al principio no supo cómo tomárselo, ver así de herida a la que había sido como su madre durante más de diez años hizo que se apiadara de ella.

-Tía, yo… me parece muy bien que creas en el Primer Alicornio, pero… hacerle eso a Twilight…

-Lo sé, lo sé, fue horrible… yo…-masculló Celestia, sin poder seguir siquiera.

-Pero ¿por qué creías que debías hacerlo? Intento comprenderte, tía, ayúdame a comprender por qué lo hiciste.

Las suaves palabras de su sobrina la tranquilizaron un poco, pero aun así no estaba del todo segura de si decírselo así sin más.

-Podría decírtelo, pero… no creo que te guste.

-Pero si no me lo dices, no lo sabré.

Ambas alicornios se miraron por un momento, Celestia observó a su sobrina con un deje de pena en su rostro, al tiempo que Cadance la sostenía la mirada con determinación. Finalmente, la alicornio blanca suspiró y habló.

-Lo hice porque debía hacerse… su marca de belleza aparece en el tronco del árbol de la armonía, el origen de los elementos de la armonía, lo que prueba la divinidad del árbol, ya que nosotros los alicornios somos de origen divino. Y, a la vez, el hechizo que usé sobre ella también lo prueba, tanto desde un nivel teológico como científico.

Ante todo eso, Cadance se quedó de una pieza, sin hacer ni decir nada durante unos breves segundos. Justo después, habló.

-Pero tía… todo eso que dices… ¿hasta qué punto es demostrable?

-Puedo volver a hacer el hechizo para que lo veas… aunque habría que sacrificar a un ser vivo, y realmente no quiero volver a hacerlo.

Ante eso, la cara de Cadance se torció en un gesto incrédulo, llegando a musitar.

-¿Cómo?

-Esta no es tu carga, Cadance; he hecho algo imperdonable y deberías odiarme por ello, como todos los demás. Porque lo merezco, realmente lo merezco. Este es mi castigo.

Antes de que pudiera decir algo más, la voz de Cadance se levantó y dijo con fuerza.

-No.

-¿Cómo?-inquirió Celestia, extrañada.

-No, tía, no pienso odiarte. Es verdad que lo que has hecho es grave, pero no podría odiarte, ni por eso ni por ninguna otra cosa. Odiar es una palabra demasiado fuerte para mí. Te quiero, tía, y lo sabes. Y aun a pesar de todo, te sigo queriendo. No voy a pedirte que me sigas explicando nada más si no quieres, pero sí te voy a pedir que hables con Twilight; no podéis seguir así, necesitáis arreglarlo.

-Ya lo he intentado tantas veces que he perdido la cuenta… no quiere hablar conmigo ni escucharme, me odia, y con razón.

-Entonces dala motivos para que te escuche… muéstrala que realmente te arrepientes de lo que has hecho.

-¿Y cómo puedo hacer eso si actúa como si no existiera?

Cadance se quedó callada, sopesando posibilidades; en un momento dado, comentó.

-Quizás pueda ayudarte… dentro de pocas semanas tendremos esa reunión con los duques de Maretonia, trata de invitarla para que nos acompañe, si te vuelve a ignorar dímelo y se lo diré yo, a ver si podemos hacer que te escuche.

Celestia se quedó anonadada, sin poder comprender por qué su sobrina la ayudaba así sin más, llegando a expresárselo ella misma.

-Pero… no lo entiendo ¿por qué me ayudas después de todo lo que he hecho?

Ante eso Cadance no dijo nada, tan solo miró a su tía brevemente antes de abrazarla con fuerza; Celestia lo compendió sin necesidad de que la dijera nada más y la devolvió el abrazo con el doble de fuerza.

Pero aunque tenía el apoyo de Cadance, Luna seguía sin apenas dirigirla la palabra salvo por el trabajo o poco más; las comidas y las cenas transcurrían en un denso silencio, y era como volver a repetir la misma situación de cuando se hicieron daño la última vez. Celestia intentó hablar con ella, pero Luna apenas la escuchó.

-Lo siento, Luna, de veras que lo siento, no era mi intención mentirte…

-¿Ah, sí? ¿Y entonces por qué lo hiciste?

-¡Porque tenía miedo, Luna, miedo de perderos!

-Pues menuda ironía, porque ahora nos has perdido… si hubieras sido honesta desde el principio, nada de esto hubiera pasado. Pero tuviste que pensar sólo en ti, como siempre haces…

-Lo sé, he sido una egoísta, perdóname, por favor…

-¿Te crees que un lo siento lo arregla todo? Ya te perdoné una vez y, aun así, me volviste a mentir. Si quieres que te perdone, vas a tener que trabajártelo mejor. Y ahora, si me disculpas, tengo que cuidar de mi hijo.

Aunque sabía que toda la culpa era suya, por otro lado el causante de toda esa situación era su bueno para nada confesor personal y obispo de la ciudad, Order Faith. Seguramente quiso castigarla aún más diciendo todo eso para que Twilight atara cabos y enemistarla con ella. Y, evidentemente, Celestia no se quedó de patas cruzada ni mucho menos.

-¿¡Cómo te has atrevido a usar mis pecados en mi contra?! ¡Eres un monstruo! ¡Ella no tenía nada que ver!

-Sabes, y muy bien, que ella tiene mucho que ver en todos tus pecados… que estés así tan solo demuestra que realmente te apoyabas en ellos para excusarte de todas tus acciones.

-¡Pero mis pecados son mis pecados, no los de Twilight! ¡Lo has hecho a propósito y lo sabes!

-Tales acusaciones… debería mostrar a todo el mundo lo que eres en realidad, Celestia… una despreciable e imperdonable pecadora que juega a ser el Primer Alicornio sin ningún otro criterio que el tuyo mismo… es una pena…

Ante esa amenaza, Celestia decidió atacarle con la misma moneda y murmuró.

-Muy bien, hazlo, y de paso escribiré una carta en la que revelaré a todo el mundo la teoría, más que demostrable, de Star Swirl sobre el origen de los alicornios.

La mirada de Order Faith se volvió como una cuchilla, llegando a esbozar una tonta sonrisita.

-Je… no serás capaz… te conozco, Celestia, no serás capaz…

-Oh, ¿quieres probarme? Porque yo sí… y en el caso de que alguien quisiera comprobarlo, podría hacerlo perfectamente. Twilight es la prueba viviente de que el hechizo funciona y que el origen de los alicornios es perfectamente demostrable tanto por hechos científicos como teológicos.

Ambos se sostuvieron la mirada duramente, Order Faith parecía no sólo especialmente molesto, sino intimidado por las duras y aparentemente seguras palabras de la alicornio blanca; por parte de Celestia, el obispo tan solo recibió una fría y penetrante mirada. Al cabo de unos pocos segundos, el unicornio rio tontamente, como si le hubieran contado un chiste malo.

-Buen intento, Celestia, pero eso no hará que te perdone tus pecados ni por asomo. Y los dos sabemos muy bien que por mucho que quieras hacer eso, no lo harás.

-¿Ah, no? ¿Y qué te lo dice?

-Tu fe.

Ante eso, Celestia no supo qué responder, lo que sirvió al obispo como evidencia.

-¿Lo ves? Te conozco demasiado bien, Celestia… y ese es un punto a mi favor. Sólo lo harías si estuvieras lo suficientemente loca o fueras una insensata. Y ambos sabemos que no eres ninguna de esas cosas.

Celestia siempre pensó que la mayoría de las veces la gente tenía una figura muy equivocada sobre su persona; y era en un momento como ese cuando más se lo parecía. No fue capaz ni de rebatir a Order Faith, el cual se fue de allí con aire triunfal, satisfecho por haber ganado en esa contienda verbal.

El resto de semanas pasaron lentamente, haciendo un poco más de daño a Celestia; Twilight siguió ignorando a la que fue su maestra, dejando de ir a Canterlot para hacer las prácticas y abandonando sus estudios de protocolo y etiqueta. Incluso dejó bien claro de forma oficial y abierta frente al pueblo que se declaraba completamente independiente de la familia real de Canterlot; decidió mantener sus derechos y obligaciones como princesa, pero sin tener nada que ver con el reino de Ecuestria, del cual se escindía de manera total y no rebatible.

Esto pilló por sorpresa a todo el reino, que no se esperaba un movimiento así por parte suya; tanto la prensa convencional como la rosa comenzaron a hacer divagaciones y teorías sobre las verdaderas razones de Twilight, la cual no quiso hacer declaraciones de ningún tipo.

Debido a esto, se desvinculó oficialmente tanto de los organismos públicos como del gobierno del reino en sí, por lo que sus antiguas responsabilidades para con éste ya no eran aplicables a ella, dejando solas a Luna y Celestia en ese aspecto y desbarajustando la agenda de varios meses seguidos. La Feria de Intercambio de Rainbow Falls de ese año se quedó sin princesa que la llevara, lo que obligó a Celestia a improvisar, mandando en su lugar a Blueblood; hubiera mandado a Cadance, pero entre que ella ya estuvo en la del año pasado y que seguía tan ocupada como siempre, la era imposible ir.

Tampoco se pasó por los juegos de Ecuestria en el imperio de Cristal, los cuales se dieron normalmente; Rainbow Dash y Fluttershy sí que tuvieron que ir ya que estaban inscritas en el equipo de relevos y dispuestas a competir, pero Twilight no quiso ir, ni siquiera para animar a sus amigas. Allí donde Celestia estuviera, no quería formar parte de ninguna manera, así de claro lo dejó en su día; por su parte, sus amigas no se lo tuvieron en cuenta dado que la entendían perfectamente, incluso la apoyaban en ese aspecto. De hecho no llegaron a cruzar ni una sola palabra con Celestia incluso cuando tuvieron la ocasión de hacerlo, apenando un poco más a ésta, la cual veía cómo incluso las amigas de Twilight la hacían el vacío.

Teniendo en cuenta los acontecimientos precedentes, no era de extrañar que, por mucho que se lo pidiera, Twilight se negara a asistir a la reunión con los duques de Maretonia; aun así lo intentó, esperando algún tipo de respuesta, pero una vez más, Twilight la devolvió el pergamino sin abrirlo siquiera. Celestia se lo comentó a su sobrina, y Cadance lo volvió a intentar ella misma, dirigiéndose a su cuñada y pidiéndole por favor que al menos estuviera allí para saludarla. Por su parte, Twilight la contestó para solo decirla que no la interesaba lo que la tuviera que decir la princesa Celestia, y que se negaba a compartir la mesa con ella de ninguna manera. La alicornio blanca supo que así sería, por lo que no tuvieron más remedio que recibir a los duques ellas tres solas.

-¡El duque y la duquesa de Maretonia!

Ese llamado la sacó de su ensimismamiento y saludó a los presentes inclinando levemente la cabeza ante ellos. Desde que Twilight la dejó de hablar, el tiempo pasaba mucho más rápido que de costumbre, y apenas se acostumbraba a esa sensación de vacío y desilusión que la acompañaba desde entonces.

-Tía, baja de las nubes, que te están hablando…-oyó en ese momento la voz de su sobrina a su oído.

Celestia bajó la vista y vio que el duque de Maretonia le había dicho algo y ella no le había escuchado; tratando de ocultar una incipiente vergüenza por su repentina mala educación, trató de salir del paso rápidamente.

-Mil perdones, duque, pero ¿podría repetírmelo, por favor?

-La preguntaba, alteza, que dónde está esa cuarta princesa que ha sido recientemente coronada, Twilight Sparkle…-murmuró el duque, un tanto molesto.

-Ah, no ha podido venir, está ocupada...

Ambos duques se miraron por un momento, sin decir nada más, mientras que se dirigían hacia el salón del trono para hablar.

Maretonia era una antigua colonia poni afincada al sur de Ecuestria, mucho más allá de las tierras baldías, que llegó a crecer y prosperar bastante en torno a las últimas décadas antes del destierro de Nightmare Moon; tras este mismo, la colonia decidió ir por su cuenta y proclamó su independencia pocas semanas después. En su día, Celestia aceptó las condiciones que la colonia la pedía y ésta pasó a ser un ducado independiente, pero que seguiría manteniendo relaciones comerciales con Ecuestria y el resto de reinos occidentales.

En esa misma reunión trataron, sobre todo, de seguir manteniendo esas relaciones revisando las antiguas leyes que las regulaban, y también con la intención de crear unas nuevas con el imperio de Cristal, las cuales fortalecerían un poco más al recién restaurado imperio, cuya potencia económica se reforzaría un poco más. Cadance se mostró dispuesta en todo momento a firmar convenios y tratados con ellos, por lo que durante el resto de la reunión los duques estuvieron hablando con ella mientras iban redactándolos sobre la marcha.

La reunión siguió su curso hasta acabar a las ocho y media de la tarde; los duques se fueron poco después y Luna se retiró enseguida para estar con su hijo, ya que se lo había traído consigo junto con su niñera, la cual lo estuvo cuidando durante todo el día. Celestia y Cadance salieron al balcón presidencial, hacía tiempo que había anochecido y un cielo estrellado y sin luna era coronado por una aurora boreal proveniente de la punta del palacio.

-Lo haces bien, Cadance, contigo al frente el imperio saldrá adelante en menos tiempo de lo previsto.

-Gracias, tía, aunque la verdad es que no es fácil…

Ambas se quedaron en silencio por un momento, Celestia contempló la aurora boreal al tiempo que Cadance observaba a su imperio.

-Entonces… no quiso venir.

-No. Por ti, mayoritariamente. Se niega a verte de ninguna manera.

Frente a eso, Celestia dejó escapar una triste mirada junto a un hondo suspiro.

-Sé que me lo merezco, sobre todo después de lo que la hice. Este es mi castigo y he de cargar con él por mucho que me pese. Pero… no es tan sencillo…

-Sé que será difícil para Twilight volver a confiar en ti después de todo esto, pero dala tiempo, puede que así se lo piense mejor.

-¿Has hablado con ella?-inquirió Celestia, inquieta.

-Lo he intentado, pero no quiere ver a nadie, contestó a todas mis cartas diciendo lo mismo… y tampoco ha querido hablar con sus padres, según me ha contado Shining. Comprendo su enfado, pero estoy preocupada por ella…

-¿Y crees que yo no? todos los días me pregunto si estará bien o si alguna vez volverá a hablar conmigo… y Luna apenas me dirige la palabra…

Celestia bajó la cabeza, sintiéndose peor que nunca y con unas ganas tremendas de llorar; su sobrina se acercó a ella y la consoló lo mejor que pudo, abrazándola con todas sus fuerzas. La alicornio blanca aceptó el gesto, sintiéndose un poco mejor, aunque no demasiado.

-Gracias Cadance… podrías haber hecho lo mismo que el resto, pero tú sigues ahí…

-Ya hablamos de eso, tía…

Ambas se sonrieron, sin decir nada más y entrando de nuevo en el palacio para ir a cenar.

La cena transcurrió en un denso silencio que de vez en cuando era roto por las risas de Frank y Cadance, la cual se mostraba más cariñosa con el pequeño que nunca; desde que se mudaron al imperio no se habían vuelto a ver, incluso Frank se puso como loco de contento al volver a verla. Cenaron algo ligero, una ensalada de pasta para los ponis y un poco de lomo adobado para Frank que Gastón hizo para el viaje y que se podía comer bien en frío.

El resto de la noche la pasaron en uno de los salones, Cadance estuvo jugando con su primo hasta que éste cayó dormido debido al cansancio. Luna se lo llevó para acostarlo y, al poco rato, Celestia fue la siguiente en retirarse a su habitación. Últimamente se notaba más cansada que de costumbre, y apenas conseguía descansar bien, por lo que prefirió no irse muy tarde a la cama; normalmente tenía la costumbre de leer un poco antes de acostarse, pero esa vez prefirió hacerlo directamente. Se arropó sólo con la sabana y cerró los ojos, llegando a conciliar el sueño mucho antes de lo esperado.


Rabia, podía sentir mucha rabia, mucho odio recorriéndole el cuerpo y dándole la sensación de vacío, de hambre. Ansiaba aunque fuera solo un poco de ese grato poder que tan injustamente se le fue negado; sabía que era grande, sabía que era fuerte, y el resto de mortales no eran sino simples títeres y marionetas a las que poder controlar a su antojo. Y ahora, en ese mismo instante, se sentía un poco más poderoso que antes; sabía lo que tenía que hacer. Y lo haría, por supuesto que lo haría. Reclamaría lo que era suyo por derecho y nadie, absolutamente nadie, sería capaz de detenerle. Empezando por ese pequeño e insignificante poni que había un poco más adelante, llevando una cesta de naranjas. Se escondió para que no lo viera y, en cuanto tuvo la oportunidad, se adelantó y le sorprendió de golpe; no huyó, tampoco pidió ayuda, tan solo se quedó ahí mirándole como si tal cosa. Aprovechando su tonta ignorancia, cogió él mismo lo que le pertenecía, sintiéndose un pelín más poderoso. Y, entonces, sonrió, dejando a la vista unos pequeños y diminutos ojos amarillos.

-Voy a por ti, Celestia…


La alicornio blanca se despertó de golpe, reincorporándose en la cama y esbozando una mirada de puro terror; antes de que pudiera decir nada más, las puertas de su habitación se abrieron de golpe y apareció su hermana en el umbral, con el mismo gesto asustado y mirando a su hermana gravemente.

-Dime que lo has visto…

-Sí, pero… sólo fue un sueño… o eso creo…

-Sabes tan bien como yo que eso no ha sido un sueño, Celestia…

Ambas se miraron por un momento, sin decir nada más. Luna miró hacia un lado, recordando entonces que estaban peleadas.

-¿Y qué sugieres? Si es verdad que está suelto, no podemos quedarnos paradas, tenemos que actuar ya, estamos todos en peligro…

-¿Crees que no lo sé? Pero eso no es lo que más me preocupa…-masculló Luna, con un deje apremiante dibujado en su cara.

-¿Ah, no? ¿Y qué es entonces?

Sin tener que decirla nada, Luna se retiró y Celestia la siguió hasta su habitación; las dos se acercaron hasta la cuna de Frank, donde éste dormitaba profundamente.

-Mi hijo… me preocupa mi hijo, Celestia, más que nada…

-Pero sabes que no es ninguna amenaza para él, ni siquiera tiene magia que pueda darle…

-Lo sé, pero aun así… ¿y si, por lo que sea, quiere hacerle daño o algo peor? No puedo dejar que mi hijo caiga en manos de ese monstruo… tengo que protegerlo…

-Comprendo tu preocupación, Luna, pero no se me ocurre nada que pueda ayudarle… a no ser…-murmuró Celestia, pensativa.

-¿A no ser que qué? ¿En qué has pensado?

Ambas alicornios se miraron por un momento antes de que Celestia hablara de nuevo.

-Si lo que quieres es protegerlo, no estará seguro de ninguna forma si se queda en Ecuestria. Lo único que veo viable es… enviárselo a mamá.

-¿Enviárselo a mamá? ¿Así sin más?

-¿Se te ocurre algo mejor? Podrías dejarlo aquí con Cadance, pero ¿y si se las apaña y cruza las montañas hacia aquí? En el caso de que fracasemos y no podamos detenerle, se volverá imparable, y ni la más alta montaña podrá frenarlo. A no ser que se quede con mamá mientras arreglamos esto.

Luna se quedó callada, sopesando las posibilidades, mientras miraba a su hijo.

-Sabes que no se puede acceder allí a no ser que sepas cómo ir… es el lugar más seguro del mundo, Luna, ni siquiera él podría poner una pata allí por mucho que quisiera. Es lo mejor que puedes hacer por Frank.

Finalmente, sin apenas opciones, Luna aceptó la sugerencia de su hermana.

-Está bien… ayúdame a prepararlo mientras la escribo algo.

Sin despertarle en ningún momento, Celestia la cogió y lo arropó bien, para luego ponerle en una cesta grande de viaje; Luna buscó pergamino y tinta y estuvo escribiendo algo rápidamente, dejando el pergamino enrollado al lado de su hijo. Metieron también en la cesta un par de biberones, uno con agua y otro con leche, además de un par de pañales y un poco de carne junto con una notita aparte. Una vez que estuvo listo lo dejaron en la mesa, y, antes de enviarlo, Luna le dio un suave beso en la frente a modo de despedida.

-Volveré muy pronto, cariño. Pórtate bien con la abuela-le susurró en voz muy baja para no despertarle.

En cuanto estuvo todo listo, ambos alicornios encendieron sus cuernos y proyectaron su magia sobre la cesta, la cual acabó envuelta en un aura de color verdoso al combinarse ambas tonalidades de su magia; mantuvieron ese efecto durante unos breves segundos antes de aumentar la potencia del brillo. La cesta refulgió y, antes de lo esperado, se oyó una ligera detonación, desapareciendo justo después.


Esa mañana era clara y brillante, no se veía a nadie por las empedradas calles y tan solo se oía el piar de los pájaros en la distancia; la figura de una alicornio de pelaje blanco y crin y cola pelirrojas se recortó en la lejanía y su sombra se proyectó en la calzada, al tiempo que el sonido de sus cascos rebotaba en las piedras del suelo. Una serie de casas asimétricas, perfectamente alineadas, de diseños rectos, muy opulentos y de techos muy empinados decoraban la larga calle, en la cual la alicornio era el único peatón.

Tarareando por lo bajo una canción, ésta se acercó hasta una de las casas, subiendo unas cortas escaleras hasta la puerta principal; pero antes de llegar hasta esta, se encontró entonces con una cesta de viaje grande puesta encima del felpudo de bienvenida.

-Vaya, vaya ¿qué tenemos aquí?-se preguntó entonces la alicornio en voz alta, mirando al objeto delante de su puerta.

Se percató entonces de que las sábanas que la cubrían se movían ligeramente, por lo que las apartó con su magia para descubrir entonces a una criatura dormida que al principio no le dijo absolutamente nada, pero cuya forma la resultaba extrañamente familiar. Vio entonces que a su lado había un trozo de pergamino doblado con un sello que ella conocía bien, por lo que lo cogió, lo desdobló y leyó su contenido.

Querida mamá

Ya sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos y estuvimos hablando, pero antes de que digas nada, no te asustes por el contenido de la cesta; la criatura que ves dormida en ella se llama Frank, y es mi hijo, tu nieto. Lo encontré hace ya un año y medio en los jardines del palacio y decidí adoptarlo como mi hijo legítimo. Ha crecido mucho desde entonces y es capaz de hablar más o menos fluidamente, repitiendo palabras y conceptos. Es muy precoz para su edad, y muy inteligente también. La razón por la que te lo envío es para protegerlo. El antiguo centauro demoníaco Lord Tirek ha escapado de su confinamiento en el Tártaro y temo por su seguridad. Sé que estando contigo no le ocurrirá nada malo y estará a salvo del peligro hasta que consigamos detenerlo. También sé que te estoy pidiendo mucho, pero sólo será por unos pocos días. En cuanto hayamos conseguido detener a Tirek, te avisaré para que puedas devolvérmelo. Te he dejado algo de comida para él y unos pañales por si tuvieras que cambiarlo. Le gusta mucho que le lean cuentos, se duerme enseguida con ellos. Gracias por todo, mamá.

Tu hija,

Luna

Una vez que terminó de leer la carta, la alicornio suspiró, resignada, mientras cogía la cesta con su magia y sacaba una llave de sus alforjas.

-Pues nada, a hacer de abuela… estas cosas se avisan, Luna…

La alicornio abrió la puerta y se internó tras esta, cerrando al pasar. Afuera, la calle siguió vacía.


En Ponyville se dormía desde hacía ya buen rato; pero las luces de la biblioteca seguían estando dadas, al menos las de la parte superior. Twilight había estado ocupada desde que empezó la tarde. Sin decir absolutamente nada, cogió varios kilos de pergamino, una serie de pastillas de tinta y muchas plumas recién cortadas y biseladas, listas para escribir, a las que estuvo dando buen uso durante toda la tarde. Apenas había parado a descansar, salvo para cenar, para luego retomar su escritura hasta altas horas de la madrugada.

Normalmente Spike no la diría nada si no fuera porque Twilight no había cruzado con él ni una sola palabra desde que empezó, a eso de las siete y media; empezaba a preocuparse, por lo que decidió decirla algo.

-Twilight, es casi la una de la mañana ¿no deberías irte ya a la cama?

-Ahora mismo no puedo, Spike, estoy en mitad de algo importante…-murmuró ella, sin dejar de escribir.

-¿Y qué es eso tan importante? ¿Qué estás escribiendo?

-Algo que nos puede beneficiar a largo plazo…

La contestación de la alicornio lavanda dejó más extrañado al dragón si cabe, pero por lo visto tenía intención de trasnochar, por lo que prefirió dejarlo así. Se dio la vuelta para irse a la cama cuando, de buenas a primeras, sintió una arcada sobreviniéndole; al principio no soltó nada, pero luego lo dejó escapar, surgiendo una carta con el sello de Celestia.

-Ya sabes lo que hay que hacer con ella-murmuró en ese momento Twilight, mientras mojaba la pluma en el tintero.

-¿Estás segura, Twilight? ¿Y si es algo importante?

-Me da igual, tan solo devuélvela-insistió Twilight con contundencia.

Spike quiso decir algo, pero prefirió dejarlo así; aunque antes de soplar quiso saber por un momento el contenido de esa carta y decidió echar un rápido vistazo, sólo para asegurarse. El contenido de la carta lo dejó perplejo, por lo que se lo comentó a la poni.

-Twilight, creo que deberías ver esto…

-Y yo creo que deberías haberlo devuelto ya.

-Pero es que es importante, parece que sucede algo malo…

-Me da igual, Spike, devuélvelo, no te lo repito más veces…

-Pero es que, según esto, toda Ecuestria está en peligro…

Ante ese detalle, Twilight dejó de escribir por un momento y se giró hacia Spike, mirándole ceñuda.

-¿Cómo?

-Sí, dice que un viejo enemigo suyo ha escapado… parece algo serio…

La alicornio lavanda se levantó por primera vez de su mesa y cogió la carta con su magia, leyéndola atentamente.

Querida Twilight

Sé que puede que ignores esta carta como hiciste con el resto, pero esta vez necesito que la leas, ya que es importante. Ha sucedido algo terrible y puede que estemos ante las puertas del desastre. Un viejo enemigo mío ha escapado de su confinamiento y ahora se dirige hacia aquí, con intenciones no muy buenas y amenazando, no sólo a toda Ecuestria, sino al resto del mundo. Te detallaría los detalles, pero es mucho lo que hay que contar y hay poco espacio en un pergamino como este. Necesito que vengas al imperio de Cristal tan pronto como puedas y ya allí te lo explicaré todo. Sé que estás enfada conmigo, y con razón, pero necesito que esta vez me escuches, Twilight, por favor, probablemente necesitaremos tu ayuda y la de tus amigas si las cosas se tuercen. Ven cuanto puedas hacia aquí.

Princesa Celestia

Una vez que terminó de leerla, Twilight tan solo dejó escapar un leve bufido y murmuró mientras la tiraba al suelo.

-No es mi problema.

-Pe… pero Twilight, Celestia dice que estamos todos en peligro…

-En tal caso es su problema, no el mío… y no quiero saber nada de sus problemas-argumentó ella, recalcando los posesivos.

-Bueno, eso lo entiendo, pero resulta que estos también podrían ser tus problemas… ¿y si ese enemigo suyo nos amenaza a nosotros?

-En tal caso, nos defenderemos.

-Pero no sabes nada de él…

-Bueno, pero bien lo puedo averiguar sobre la marcha…

-¡Eso no nos da ninguna oportunidad de victoria si nos amenaza!

-Eso si nos amenaza…

-¡Pero eso tampoco lo sabemos! ¡Por favor, Twilight, no seas tan cabezona y ve al menos para ver contra quien nos enfrentamos!

-¡No, Spike! ¡No pienso ir allí a que esa desgraciada me pase la pelota así sin más, como seguramente hará! ¡No pienso ser su títere nunca más, y me da igual si viene aquí la madre de las amenazas, no pienso ir!-exclamó ella, con un deje de ira en su voz.

-¿¡Entonces dejas a la suerte nuestro destino, eso es lo que quieres decir?! ¡¿No te importa nada lo que me pase a mí o a tus amigas sólo porque odias a Celestia?! ¡Comprendo que lo hagas, pero eso no justifica que te desentiendas de nosotros así sin más! ¡No es propio de ti!

Poni y dragón se miraron fijamente, sin decirse nada más; la expresión de Twilight se mostró fría e impasible, pero al cabo de unos pocos segundos ésta comenzó a flaquear hasta que, finalmente, no pudo más.

-Lo siento, yo… no quería decir eso, es que…

Spike no dijo nada, tan solo abrazó a una llorosa Twilight, la cual le devolvió el gesto con una mueca arrepentida.

-Sé que lo estás pasando mal desde que lo supiste todo, realmente Celestia no se ha portado bien contigo… pero tus amigas sí que confían en ti, Twilight. Y yo también.

-Lo sé, Spike. Y casi lo olvido. Lo siento, de verdad… iré a ver qué quiere, pero sólo por ti por mis amigas.

Para no perder más tiempo, y dado lo apremiante del mensaje, Twilight decidió llevarse a Spike consigo; fueron volando durante la primera parte del trayecto hasta Canterlot, para luego coger un tren expreso hacia el imperio de Cristal.

Cuando llegó ya no había trenes, puesto que la línea ya se había cerrado, pero Twilight se impuso para que sacaran un convoy de las cocheras de la estación que la pudiera llevar al imperio; al principio no quisieron atenderla por el asunto de que se había escindido de la corona real, pero ella le recordó al encargado de la estación que seguía siendo princesa, por lo que era obligación suya obedecerla. Costó un poco, pero al final consiguió que sacaran un convoy reducido que la llevara rápidamente para allá.

-Tengo que pulir bien el detalle de derechos y obligaciones para evitar cosas como estas en el futuro-pensó ella, recordando los escritos que había dejado pausados.

El viaje fue bastante rápido puesto que así lo pidió expresamente, la locomotora llevó a sus bielas a la máxima velocidad y el tren atravesó raudo la estepa norteña y el puerto de montaña, llegando a ver el imperio de Cristal en la distancia en poco menos de hora y media. En la estación no salió nadie a recibirla, pero no la importó.

-Bueno, iré al palacio. Quédate aquí guardando el tren, no dejes que se vaya sin nosotros.

-¿Seguro que no quieres que te acompañe?-inquirió Spike, algo preocupado.

-No, prefiero que te quedes aquí, por si tenemos que irnos deprisa.

-Está bien…

Se despidió de Spike y voló hacia el palacio, entrando directamente en él por el palco presidencial para ganar tiempo.

Encontró a las tres en una de las salas de juntas de los pisos inferiores, saludó tanto a Luna como a Cadance, pero ni siquiera dijo nada a Celestia, a la que simplemente la dedicó una reprobatoria mirada por el rabillo del ojo.

-Vale, ya estoy aquí ¿cuál es la situación?

-No lo sabemos con exactitud, estamos al corriente de que el prófugo aún anda suelto, pero no dónde está exactamente ni cómo localizarlo-comentó Luna, con gesto preocupado.

-Aunque antes de avanzar más en el asunto, déjame que te explique un poco quien es exactamente-añadió Celestia justo después.

Por un momento ambas alicornios se cruzaron la mirada, Celestia miró a Twilight con un profundo gesto de pesar grabado en su cara, al tiempo que en los ojos de Twilight sólo se podía leer rencor y desengaño. Tratando de reprimir las ganas de pedirla perdón por enésima vez, Celestia se centró y comenzó a explicarse.

La amenaza tenía nombre y forma; se llamaba Tirek y era un muy antiguo centauro demoníaco muy versado en las artes oscuras y con la habilidad de robar y quedarse para sí la magia de cualquier criatura mágica que se preciara. Su poder era una fuerza a considerar, y aunque fue encarcelado en su día por sus crímenes, consiguió escapar cuando cerbero abandonó su puesto en las puertas del Tártaro. Twilight recordaba muy bien aquel día, hace ya un par de años, y no vio nada raro estando allí cuando fue acompañando a la criatura para que regresara a su lugar correspondiente. La resultaba extraño ese detalle en sí, aunque prefirió no hacer comentarios al respecto. Por lo visto, el tal Tirek iba tras la magia ecuestriana, y no tenía intención de parar hasta que obtuviera lo que quería.

-¿Y por qué quiere tanto la magia ecuestriana?-inquirió Twilight en un momento dado.

La pregunta pilló por sorpresa tanto a Luna como a Celestia, la cual trató de responder enseguida.

-Supongo que por pura megalomanía… lo cierto es que nunca nos lo habíamos planteado, aunque por aquel entonces nuestra preocupación más inmediata era defendernos.

-Si no hubiera sido por su hermano Scorpan, quien nos dio el soplo, no hubiéramos tenido tiempo de reaccionar. Star Swirl llegó a conocerlo en una de sus incursiones para reconocer el terreno, y pudo convencerle para que no atacaran Ecuestria. No sé de qué hablaron, pero algo le dijo para que Scorpan encarara a su hermano-detalló Luna un poco más.

-¿Cuánto hace ya de eso?

-Miles de años… nosotras éramos bastante jóvenes y llevábamos poco tiempo en el trono, la ayuda de Star Swirl fue vital para detener a Tirek.

Ese detalle en concreto dejó bastante pensativa a Twilight, cuya mente comenzaba a divagar en sus propias mareas; aunque había algo que no terminaba de cuadrarla del todo.

-¿De dónde vinieron Tirek y Scorpan?

-De tierras lejanas de más allá de los Mares Lánguidos, aunque entraron por las tierras baldías… no sabemos exactamente de donde son, Star Swirl tampoco consiguió sacarle mucho a Scorpan sobre ese detalle en concreto.

-Y si Star Swirl llegó a congeniar con Scorpan ¿por qué no aparece ese encuentro en ninguna de sus memorias y biografías?-volvió a preguntar Twilight, con el ceño fruncido.

-Por aquel entonces Star Swirl era joven y, por lo que tenía entendido, no empezó a llevar un diario hasta poco después de conocernos a nosotras. Lo cierto es que fue un consejo mío, aunque no sé si al final lo siguió-murmuró Celestia.

-¿Y cómo conseguisteis detener a Tirek y encerrarlo en el Tártaro?

-Star Swirl fue el que se encargó de la mayor parte de la operación… no le fue sencillo, puesto que se tenía que defender de los intentos de Tirek por robarle su magia, pero al final consiguió llevarlo a su terreno, cansarlo y dejarlo encerrado en el Tártaro. Su estancia en él lo dejó muy débil, pero suponemos que ahora ha recuperado el suficiente poder como para empezar a actuar por su cuenta-explicó Luna.

Twilight se quedó callada, pensando en sus propias cosas; la llamaba la atención que fuera Star Swirl, y no ellas, el que se encargara de la mayor parte de la operación.

-¿Y que hicisteis vosotras mientras tanto?

-Defender la retaguardia por si las cosas se torcían. Cierto es que puede parecer un poco cobarde por nuestra parte, pero por aquel entonces habíamos empezado y no teníamos mucha experiencia manejando este tipo de conflictos-reveló Celestia, algo azorada.

-Ya veo… pero me sigue extrañando que Star Swirl no dejara ningún tipo de referencia…

-Star Swirl era un poni duro, aunque retraído, y no le gustaba alardear de sus logros ni nada por el estilo. Además, nos tenía en alta estima, supongo que prefirió darnos todo el mérito a nosotras para no acaparar toda la atención. Odiaba tener que lidiar con la prensa-recordó Luna.

-Eso es verdad, recuerdo que una vez llegó a ponerse nervioso y chamuscó el bloc de notas a un periodista…

-¡Ah, sí, lo recuerdo! Y tampoco le gustaba que le tocaran el sombrero ¿te acuerdas de aquella vez cuando…?

Antes de que Luna pudiera seguir, Twilight la cortó aclarándose la garganta y murmurando.

-Creo que nos estamos desviando…

-Ay, es verdad, perdona.

-Vale, entonces… ¿Cuál es el plan? ¿Qué hacemos para detenerle?-inquirió la alicornio lavanda, reencauzando la conversación.

Celestia tomó la palabra enseguida, hablando rápidamente.

-En su día, Star Swirl llegó a hacerle frente de forma exitosa, pero ahora no tenemos a ningún mago estatal lo suficientemente poderoso como para desafiarle en condiciones. Tampoco sería prudente enfrentarle directamente, ya que corremos el riesgo de que robe la magia de los ponis que lo intentaran; y tampoco podríamos arriesgarnos nosotras mismas por la misma razón.

-Pero si no lo intentamos, no haremos nada. ¿Qué pasa, princesa, teme chamuscarse su hermosa crin en el proceso?-la espetó Twilight, molesta por su actitud.

Celestia se quedó un tanto chocada ante esa respuesta; Luna y Cadance se miraron por un momento, preocupadas por la situación.

-No se trata de no defendernos, Twilight, se trata de ser prudentes, tú no sabes cómo es Tirek, roba magia indiscriminadamente y es muy rápido haciéndolo, es más poderoso de lo que parece-argumentó Celestia.

-Ya, claro, y por eso mismo es preferible escondernos y no hacer nada mientras él avanza y gana terreno… qué genialidad…-murmuró Twilight, cargando de sarcasmo cada silaba.

-No, Twilight, se trata de enfrentarlo con las mismas cartas…

-¿Ah, sí? ¿Y en qué ha pensado?

Antes de contestar, Celestia dejó escapar un ligero suspiro.

-En Discord.

Todos los presentes abrieron mucho los ojos, mirando a Celestia como si no hubieran oído bien. Twilight fue la primera en opinar.

-¿Discord? ¿Discord? ¿Está de broma?

-No, la magia de Discord es muy poderosa y podría enfrentar a Tirek en igualdad de condiciones; además, es capaz de detectar cambios en el flujo de la magia, por lo que le será fácil localizarlo. Es el aliado perfecto, con él quizás podamos detenerle antes de que se haga más fuerte-explicó la alicornio blanca.

-Es una opción, aunque… ¿es lo más sensato?-inquirió en ese momento Cadance.

-Exacto, Discord está reformado, pero no tan reformado, eso lo sabemos bien tanto Cadance como yo, sigue haciendo lo que le da la gana, no podemos confiar plenamente en él-asintió Twilight.

-Puede, pero no tenemos nada mejor en estos momentos. Confío en Discord, y sé que será capaz de hacer esto si se lo pido.

Hubo un silencio incómodo por unos cuantos segundos, antes de que Twilight saltara bastante molesta.

-Vale, genial, para esto me molesto en venir aquí y perder el tiempo con usted… si no me necesita ¿para qué me ha llamado entonces? Podría haberme ahorrado todo un viaje y varias horas de sueño, pero no, tenía que hacerme venir aquí. Haga lo que le dé la gana, use a Discord si quiere, no me importa, pararé yo misma a Tirek.

-¿¡Qué?! ¡No, espera Twilight, es demasiado peligroso!

-¡Me da igual! ¡Usted no hace nada más que quedarse sentada y delegar sus obligaciones en otros para que le hagan el trabajo sucio y no tenga que mancharse los cascos en el proceso! ¡Justo como hizo conmigo durante todo este tiempo! ¡Pues eso se acabó, no pienso seguir jugando más a su juego, Celestia, estoy harta, búsquese a otra princesa porque yo no pienso ayudarla!-chilló ella, cada vez más y más enfadada.

La aludida quiso decir algo, pero no salió nada de sus labios; tan solo miró a Twilight con un deje de infinita tristeza en su rostro, casi dándole la razón a la alicornio lavanda, la cual no dijo nada más y se marchó de allí pisando fuerte. Cadance trató de ir tras ella, pero se teletransportó una vez en el pasillo y no la pudo alcanzar. La princesa de cristal miró a su tía, la cual tenía los ojos llorosos y miraba al suelo sin decir nada. Luna miraba hacia otro lado, con la consternación grabada en su rostro.


Twilight reapareció en el andén de la estación, dirigiéndose directamente al único vagón.

-¡Spike, nos vamos!-exclamó ella, con voz queda.

En ese momento, el aludido apareció tras la puerta de éste y, al verla, musitó.

-¡Lo siento, Twilight, lo siento!

-¿Qué? ¿Por qué, qué pasa?

-¡Sé que me dijiste que no dejara que el tren se marchase, pero el maquinista y el fogonero se han ido! ¡Decían que estaban cansados y que se negaban a trabajar para una desertora! ¡Intenté detenerlos, pero no pude hacer nada!

Twilight miró a la locomotora con gesto molesto, la cual aún seguía encendida; la chimenea soltaba un fino hilo de humo blanco y se podía ver un brillo rojizo saliendo del hogar.

-En ese caso tendremos que irnos nosotros mismos…-masculló ella, dirigiéndose hacia la máquina.

-¿Qué? Pero ¿ya sabes cómo se maneja una locomotora?-inquirió él, siguiéndola.

-Algo he leído… creo que podré hacerlo yo misma, aunque necesitaré tu ayuda.

Desde pequeña a Twilight la habían fascinado los trenes y había leído cosas al respecto; no sabía bien para qué servían todos y cada uno de los mandos de la cabina, pero podía distinguir el freno, el regulador, el volante de cambio de marchas, los inyectores y poco más. En el hogar la temperatura había disminuido y apenas había presión en la caldera. Quiso hacer un chequeo antes de salir, pero no había tiempo, por lo que asumió que la máquina ya estaba chequeada desde que salieron de Canterlot y decidió saltarse esa parte.

-Vale, tenemos que aumentar la presión, coge la pala y empieza a palear carbón al hogar-indicó Twilight.

Sin perder más tiempo, Spike echó tres paleadas y el carbón se encendió enseguida, avivado por las brasas que aún había en el interior del hogar; Twilight cerró la puerta y, al cabo de unos pocos minutos, la presión comenzó a subir. Usando los inyectores envió agua a la caldera para empezar a crear vapor y, después, comenzó a accionar el regulador para que el vapor fuera moviéndose hacia los cilindros. El tren comenzó a moverse lentamente, abandonando la estación.

-Ey, nos movemos… -murmuró Spike.

-Sí… menos mal que me leí todos esos libros ferroviarios…

Para acelerar, Twilight movió un poco el volante de cambio de marchas y siguió manipulando el regulador; pronto, la maquina comenzó a coger ritmo dirigiéndose de vuelta hacia Ecuestria. Spike vio entonces un cordel colgando de la parte superior de la cabina e inquirió.

-¿Eso es lo que yo creo que es?

-Sep… ¿quieres tocarlo?

-Oh, sí, por favor…

Sonriente, Twilight le indicó que se subiera a su lomo para que pudiera alcanzarlo y Spike lo accionó un par de veces; el silbato bufó al tiempo que la locomotora avanzaba cada vez a más velocidad.

Aunque no fueron tan rápido como en la ida para evitar accidentes, ya que Twilight no era ninguna experta, llegaron a Canterlot a las cuatro y media de la madrugada. Hasta ahora Twilight no había dormido y comenzaba a notarlo, pero la situación era delicada, y si para ello tenía que trasnochar, pues trasnochaba. El tren se paró por completo en una estación de Canterlot vacía y silenciosa, ambos se bajaron de un salto de la cabina.

-¿Y el tren?-inquirió Spike.

-¿No nos dejaron tirados el maquinista y el fogonero? Pues ahí se queda, que lo retiren por la mañana-murmuró Twilight secamente.

Sin perder tiempo, se dirigieron al palacio y entraron en el ala de Star Swirl el Barbudo de la biblioteca.

-¿Qué buscamos exactamente?-inquirió Spike, ceñudo.

-Algo que hable sobre un tal Tirek o bien Scorpan, o algo relacionado con las memorias de Star Swirl.

-Vale, me pongo a ello.

Twilight se había pasado tantas veces por esa ala que había perdido la cuenta hace tiempo; también conocía bien su contenido y sabía dónde buscar lo que estaba buscando, pero eso mismo también la hacía dudar. Todas las biografías que ella había consultado sobre la vida y obras de Star Swirl no decían nada sobre lo poco que sabía de Tirek y Scorpan. Aunque quizás, y sólo quizás, podría llegar a encontrar algo en el depósito de allí.

-Espero poder encontrar algo, lo que sea…-pensó ella, bajando las escaleras.

Todas las bibliotecas, o al menos la mayoría de ellas, tenían un depósito en el cual se guardaba el resto de la colección que no se podía exhibir en las salas de consulta; el ala de Star Swirl el Barbudo no era ninguna excepción, aunque su depósito correspondiente era uno más bien pequeño y bastante revuelto, puesto que apenas se usaba públicamente. Twilight había bajado sólo una vez para consultar algo, pero al final prefirió tirar de lo que había expuesto arriba. Hasta ahora.

Abrió la puerta y encendió la luz con su cuerno, encontrándose con una pequeña y austera cámara subterránea de no más de veinte metros cuadrados; los papeles, rollos y pergaminos se amontonaban casi sin orden en unas inclinadas y muy usadas baldas. No la apetecía montar más caos del que ya había de por sí, por lo que optó por algo más práctico. Usando su magia, hizo flotar a los documentos más cercanos y los fue consultando uno por uno rápidamente, leyéndolos y dejándolos donde estaban. En poco menos de diez minutos ya tenía comprobada media sala, pero aún quedaba un buen trecho, por lo que siguió buscando. Pero aun a pesar de sus ganas por saber más, el cansancio comenzaba a hacer mella en ella y, por un momento, cabeceó, haciendo que su magia se detuviera y tirando los documentos al suelo.

-Oh, maldita sea…

Enfurruñada, y sacudiendo la cabeza para despejarse, comenzó a recoger todo lo que se había caído; pero de entre varias hojas y pergaminos sueltos, llegó a ver algo que la llamó la atención. Era una página arrancada de lo que parecía haber sido un cuaderno o un bloc de notas de tamaño grande, aún con los cordeles de la encuadernación enrollados en su pliego. La página estaba emborronada en la parte inferior, pero lo interesante se encontraba en las líneas superiores, en las cuales se podía leer.

trataba todo el rato de arrebatarme mi magia por todos los medios, pero esto mismo era su punto débil. Aprovechando que no hacía más que atacarme, usé mi propia magia como escudo para repeler sus ataques. Esto puede parecer contraproducente, pero en realidad no lo es. Se trata de mantenerle lo suficientemente ocupado como para que no se diera cuenta de que malgastaba energías de forma indiscriminada. Y así, para cuando quiso darse cuenta, era demasiado tarde. Hice acopio de fuerzas y…

Pero para su desgracia, la parte legible terminaba ahí. Twilight dejó escapar un ligero gruñido, pensando en lo que había leído. Tenía sentido lo que el supuesto Star Swirl había escrito ahí ya que, si tan obsesionado estaba por poseer magia ecuestriana, era sencillo hacer que sólo se fijase en un punto en concreto sin atender a nada más, ni siquiera a sí mismo. Podría ser una buena estrategia que, tal vez, pudiera funcionar. Pero la resolución final era desconocida para ella.

-Bueno, quizás pueda improvisar sobre la marcha… ahora hay que volver al pueblo cuanto antes-pensó ella.

Salió de allí rápidamente y buscó a Spike para luego salir a la calle y echar a volar en dirección hacia Ponyville; la noche era cerrada y aún quedaban varias horas más por delante, por lo que confiaba poder descansar un poco antes de ponerse en movimiento y alertar tanto a sus amigas como a todo el pueblo. Si Celestia no iba a moverse de ninguna manera, entonces lo haría ella. Quizás así pudiera limpiar su figura de cara al pueblo ahora que era una princesa independiente.

-Sé que esto no va a ser fácil, Spike, pero ya he tomado una decisión, y esa decisión implica proteger a todo el mundo. Celestia me da igual, pero vosotros no.

Al notar que el dragón no contestaba, giró la cabeza hacia atrás y vio que se había dormido encima de su lomo. Twilight esbozó una dulce sonrisa y voló un poco más rápido, en dirección hacia Ponyville. Las estrellas brillaban con más fuerza que nunca.


A Discord se le daban bien los recados, o al menos esa era la sensación que le daba de un tiempo a esa parte; aunque la propia Celestia le hubiera pedido expresamente que detuviera a Tirek, él tenía sus dudas. No era que no quisiera hacerlo, aunque notó a Celestia muy desanimada y alicaída. Trató de acercarse a ella, pero la alicornio blanca no le dijo nada más salvo el típico limítate a hacer lo que te he pedido. Como si le importara… ¿o realmente le importaba?

-Bueno, soy Discord, el maestro del caos… porque lo sigo siendo, claro.

Ahora estaba reformado, sí, pero eso no significaba que tuviera que renunciar a su título; durante todo ese tiempo conviviendo con los ponis podía notarse un poco más abierto, sociable y bueno, por así decirlo. Pero él no quería renunciar a la libertad que le confería tener unos poderes como los suyos; podía crear, amoldar y escenificar la realidad a su antojo, y desde siempre se había considerado el mejor en su clase. Pero no a todo el mundo le gustaba su caos. Y de todos los ponis que había conocido hasta ahora, Fluttershy había sido la más comprensiva de todas, llegando a dejarle ser él mismo la mayoría de las ocasiones en las que se veían. No podía negarlo, la poni era adorable, y sería capaz de ablandar hasta al draconequus más intransigente… como él.

Pero en esos momentos se encontraba siguiendo el rastro de Tirek; había notado una serie de flujos mágicos irregulares sucediéndose en una pequeña comuna a las afueras de Las Pegasus, por lo que decidió pasarse para investigar. Decidió hacerse pasar por un poni haciendo magia para atraerle y cogerle desprevenido; la estrategia surtió efecto y notó a alguien acercándose hacia él. En cuanto se dio la vuelta, se reveló.

-¡Bu!

Una figura encapuchada se echó hacia atrás y Discord chascó sus garras; al punto, unas gruesas cadenas aparecieron entre sus brazos, inmovilizándole.

-El cazador cazado… menuda gracia ¿verdad?-inquirió él, sonriente.

-¿Discord? ¿Eres libre?-inquirió Tirek, dejándose ver de entre las sombras de la capucha.

-Cual pajarillo… aunque no se podría decir lo mismo de ti…

-Ah, debí suponer que andarías suelto por ahí… obviamente no se puede controlar una naturaleza como la tuya…

-Oh, pero en realidad no es lo que tú te piensas… has sido un chico malo, Tirek, y escapar del Tártaro no es la mejor forma de que te den la condicional…

-Me harté de esperar… y por lo que veo, tú también…

-Yo ya esperé, y ahora me han dado una prórroga… los beneficios de ser civilizado, supongo…

Tirek miró por un momento al draconequus, comprendiendo enseguida lo que quería decir.

-Agh, ¿en serio, Discord? ¿Tenías que elegir el camino fácil? Que penita que das…

-Bueno, eso es solo tu opinión… después de todo, yo he salido ganando y tú has salido perdiendo…

-¿Estás seguro de eso?-inquirió Tirek, mirándole ceñudo.

Por un momento Discord se quedó un tanto extrañado ante esa pregunta, aunque se apresuró a contestar.

-Sí, claro que sí…

-Ah, bien… y dime ¿has podido explayarte a gusto y como a ti te gusta? ¿Te han dejado ser tú mismo? ¿Has sido realmente… libre?

-Claro que sí… me dieron un espacio en el que jugar…

-Ja, qué gracia, apartándote a una esquina cual perro sarnoso… ¿y qué más? Seguro que te pidieron ayuda…

-Sí, claro, y yo se la di…

-Muy bien ¿y qué te dieron a cambio?

-Pues… su amistad.

Ante eso, Tirek soltó una risotada que resonó por todo el callejón, el cual permanecía vacío exceptuando por ellos dos.

-¿Ves a dónde quiero llegar? Puede que te liberaran de tu cárcel de piedra, pero en realidad sigues siendo prisionero… y todo ese rollo estúpido de la amistad sólo sirve como moneda de cambio para garantizar que te estés quieto… no eres realmente libre, Discord, aunque tú pienses que lo eres. Sólo eres libre cuando tienes poder para serlo. Y yo lo estoy recuperando, por lo que soy mucho más libre que tú en comparación.

Discord se quedó callado, rumiando las palabras del centauro; en cierto modo tenía razón, aunque de alguna forma sabía que lo único que quería era llevarlo a su terreno… ¿o era por algo más? Aun y con todo, decidió seguirle el juego para ver a dónde quería llegar.

-Bueno, puede que tú lo veas así, pero yo hice una promesa en su día y pienso cumplirla…

-Por favor, qué patético suena todo eso… está claro que habrás tenido que abandonar tu propia naturaleza para poder doblegarte a la voluntad de esos endebles ponis… sí, tan débil como él…-masculló Tirek, balanceando un colgante que llevaba puesto.

-Eso solo lo dices tú…

-Sigue excusándote así y acabarás por ver a lo que me refiero. Por favor, tú eres más grande que todo eso, eres Discord, el maestro del caos, toda una leyenda… ¿y qué eres ahora? Un simple chico de los recados de los ponis… ¿si te dicen que hagas esto? Lo haces sin más. Da pena ver lo bajo que has caído, Discord…

-Deja de pelarme la pava, no te va a funcionar…-le espetó el draconequus, algo amilanado.

-Sigues aferrándote pobremente a tus convicciones, pero sabes que tengo razón. ¿De qué sirve tener amigos si luego no puedes ser libre para hacer lo que te plazca? ¿Realmente quieres estar atado a lo que ellos te digan? No dejes que te manipulen de esa forma, Discord…

-¿Qué quieres exactamente de mí, Tirek? Ve al grano…-le cortó él, harto de su menosprecio.

-Únete a mí, Discord, y reclama tu grandeza. A no ser que prefieras seguir como hasta ahora, siendo esclavo de sus propios designios. Tienes la oportunidad de ser libre de verdad…

Llegados a ese punto, era más que evidente lo que pretendía Tirek; Discord no era tonto, ni mucho menos, aunque no podía evitar pensar en todo lo que le decía. ¿Realmente era todo así de simple? ¿Significaba algo para los ponis? ¿Importaba a alguien?

-A Fluttershy, quizás…

Esas palabras sonaron lejanas y distantes, al mismo tiempo que las de Tirek iban calando hondo en su subconsciente. Él tenía una misión, que era detener a Tirek, así se lo pidió Celestia. Pero quizás, y sólo quizás, podría tener una oportunidad de detenerle si se lograba acercar lo suficientemente al susodicho. No podía fiarse de él, pero tampoco podía dejarle ir así sin más. Decidió entonces seguirle el juego. Podría ser arriesgado, pero la oportunidad que se le presentaba era única. Y, justo después, Discord decidió.

-Muy bien… ¿y qué hacemos ahora?

Tirek no contestó, tan solo esbozó una satisfecha sonrisa. A pocos metros de donde estaban, la ciudad de Las Pegasus brillaba en la noche.


Vale, y aquí esta la primera parte de la final reescrita; al principio tenía intención de hacer un solo capítulo, pero como se me alargaba demasiado, decidí dividirlo en dos partes, como los episodios en los que están basados. No ha sido sencillo, pero he enfocado el resto de la temporada de forma distinta y de acuerdo a la actual situación; dos episodios no se suceden de manera idéntica a la original, y me sé de alguien que agradecerá mucho esto. Tampoco sucede de manera original los acontecimientos previos a la final, como habéis podido ver. Sé que la conversación entre Discord y Tirek es esencialmente la misma, aunque está enfocada de manera diferente y desde un punto de vista más personal, de acuerdo a cómo lo vi yo en su día cuando visualicé la final por primera vez en streaming. Esto no quiere decir que el resto de la final vaya a sucederse de forma idéntica, ya tengo planificado algo distinto, lo consulté ayer por la noche con la almohada y me salió algo que podría funcionar. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!