Capítulo 27

Conversaciones armoniosas

Normalmente uno no implanta un nuevo principado dentro de un reino y luego se queda tan ancho como si tal cosa; y eso lo supo muy bien Twilight desde el primer momento en el que empezó a redactar sus leyes.

A las pocas horas de hacer efectiva su creación por parte de Celestia, el resto del reino no tardó casi nada en opinar; por parte del pueblo, la mayoría de los ponis se mostraron anonadados por la decisión de Celestia, mientras que la nobleza alta y demás capas altas de la sociedad se mostraron particularmente molestas. Muchos ponis calificaron el principado de Armonía como ilegal, y tacharon a Celestia de insensata por haber aprobado semejante atropello, como lo definían ellos. Otros argumentaban que debía de haberlo consultado primero con el pueblo a través de la Cámara Alta, ya que Celestia había aplicado ella misma su decisión directamente sin tener en cuenta este detalle en concreto, cosa que aprovecharon también los nobles para criticar duramente la decisión de la princesa.

También le llovieron las críticas a Twilight, a la que muchos empezaron a llamar la princesa sublevada; la nobleza arremetió contra ella tachándola de oportunista, mientras que el pueblo la observaba sin comprender del todo sus acciones. Ella apenas se había pronunciado desde entonces, ya que estaba ocupada asentando las bases de su nuevo principado y apenas tenía tiempo.

Dado que el pueblo de Ponyville entraba ahora dentro de la jurisprudencia del principado, hubo un desbarajuste colosal de los precios del mercado, y en el ayuntamiento reinó el caos durante unas buenas horas. La alcaldesa fue a hablar directamente con Twilight, para que esta la diera explicaciones de a qué venía todo esto.

-¿Y con qué derecho se cree usted tener para incluir a mi pueblo dentro de un principado que no debería tener validez legal? Explíquemelo porque no lo entiendo…

-No se trata de ninguna cuestión legal, alcaldesa… en ningún momento he dicho que Ponyville sea ahora la única población perteneciente al principado de Armonía, ni la he obligado a unirse a él ni nada parecido. Si usted quiere seguir rindiendo cuentas a Ecuestria, eso ya es cosa suya.

-¿¡Cómo dice?!

-Es muy simple… en su momento dije que el territorio comprendía Ponyville y sus zonas colindantes, pero no dije que el pueblo entraba a formar parte de Armonía de facto. De hecho, me ha venido de perlas que se pasase por aquí, iba a hacerla una visita...

-¿Ah, sí? ¿Y para qué?

-Para ofrecerla entrar de forma oficial en Armonía.

Ambas yeguas se miraron por un momento, la alcaldesa tenía un deje de incredulidad grabado en su rostro.

-No entiendo qué la lleva a hacer todo esto, que quiere que la diga…

-Mis razones tengo… ahora, déjeme que la explique lo que gana si entra a formar parte del principado…

Twilight supo venderla bien sus condiciones; si Ponyville entraba a formar parte del principado, su sistema económico se vería reforzado a largo plazo mediante aranceles retributarios, turismo y comercio al por menor. En Ponyville había muchos artesanos, y todos ellos producían productos de primera calidad, por lo que la exportación e importación sería un punto vital; se preveía también darle un fuerte impulso a Sweet Apple Acres, ya que sus cosechas podrían garantizar una gran estabilidad económica a largo plazo. También se tenía planeada la construcción de una escuela estatal de magia en la que ella sería la directora y parte del profesorado, con el objetivo de llegar a ser un gran exponente en la educación mágica y asegurar otro punto vital para la economía del principado. Se contemplaba la posibilidad de ayudas a las pequeñas y medianas empresas para potenciar su actividad y garantizar así su contribución al mercado.

La alcaldesa se quedó bastante sorprendida al ver que Twilight lo tenía todo meticulosamente pensado; y, además, la idea de convertirse en una localidad económicamente fuerte la atraía bastante.

-La verdad es que todo esto está muy bien, pero… según usted, es todo a largo plazo, por lo que las posibilidades de éxito podrían reducirse…

-Requeriremos de tiempo para ir completando todos los objetivos, eso desde luego, pero por mi parte se refiere no cejaré en ningún momento, eso téngalo por seguro. La verdad es que todo esto no sería posible sin Ponyville, alcaldesa. La estoy ofreciendo una oportunidad única. Comprendo que tenga sus dudas, pero por mi parte se refiere tengo intención de cumplir todos y cada uno de los objetivos que me he propuesto. Y si no quiere decidirlo ahora, puedo darla un tiempo para que se lo piense.

-Sí, creo que será lo mejor… ¿puedo tener una copia de todos estos planes?

-Sí, claro, ya las tengo hechas.

La alcaldesa se fue del palacio al poco rato, mientras que Twilight la observaba marcharse desde el palco presidencial; Spike comentó en ese justo momento.

-¿Crees que aceptará?

-Sí… conozco a la alcaldesa, y sé que la tira el dinero. No es tonta, no dejará escapar la oportunidad de un buen negocio.

-Te das cuenta de que suenas cual empresario politizado sin escrúpulos ¿verdad?

-Hala, no seas exagerado… sólo miro por el bien de mi nuevo gobierno. Además, necesitaré un tesorero para llevar las cuentas…-murmuró ella, como quien no quiere la cosa.

Los ojos de Spike se abrieron como platos, casi sin creérselo.

-¿En serio? Pero ¿eso no es un poco arriesgado? Lo digo porque soy un dragón y todo eso…

-Oh, vamos, sé que podrás hacerlo si te lo propones. Además, yo creo en ti, sé que no dejarías que tu avaricia se apoderara de ti de nuevo…-añadió ella, guiñándole un ojo.

-En ese caso, lo haré. Pero no tengo mucha idea de finanzas…

-Bueno, nunca es tarde para aprender ¿no?

-¿Me enseñarás tú?

-Por supuesto.

Los dos se sonrieron mutuamente, Spike abrazó con cariño a Twilight, al tiempo que la alicornio lavanda le envolvía entre sus patas.

Aunque la alcaldesa se hizo de rogar durante una semana entera, finalmente acabó aceptando las condiciones de Twilight y Ponyville pasó a ser parte del principado de Armonía tras previo consenso con el pueblo. Una vez que se hizo efectivo, Twilight lo proclamó como la capital del principado y se retiró la bandera de Ecuestria para alzar en su lugar la de Armonía, la cual consistía en la silueta del árbol de la armonía con los elementos en él encuadrado en un óvalo con los colores de Twilight y sus amigas. Fue diseñada expresamente por Rarity con la ayuda y consejo de Twilight.

Las primeras semanas fueron muy duras para todos, ya que los precios se dispararon y la inflación subió una barbaridad, pero Twilight invirtió todos sus esfuerzos en potenciar la economía empezando a exportar hacia el exterior y promocionando el principado de cara a otros reinos para fomentar el turismo. Así, poco a poco, y con altas expectativas de futuro, Armonía echó a andar hacia el futuro, con Twilight y sus amigas de guías.


En Canterlot las cosas estaban revueltas desde entonces; las cartas no dejaban de llegar al correo del palacio, pidiendo de todo, desde la ilegalización del principado hasta la abdicación de Celestia, la cual apenas respondía a casi ninguna de esas exigencias.

-No sé yo, Tia, pero no creo que haya sido una buena idea que firmaras esos papeles…-la comentó Luna, en uno de sus descansos en el salón del té principal.

Tenía a Frank consigo, el cual jugueteaba entre sus patas con sus peluches. Poco después de la derrota de Tirek, y sin que Luna le dijera nada a su madre, lo tuvo de vuelta en menos de cinco minutos, en la misma cesta en la que le envió y con una carta de respuesta.

Querida Luna

Dado que siento que ahora todo está bien por Ecuestria, te mando de vuelta a mi querido nieto. Lo cierto es que al principio me pillaste desprevenida con todo este asunto, y además, estas cosas se avisan… ¿más de mil años siendo madre a secas y ahora me entero de que soy abuela también? Muy mal, Luna… Pero bueno, me lo he pasado como nunca en décadas, por lo que te lo perdono. Cuidar de él ha sido toda una delicia, al principio se asustó al ver que no estabas y se encontraba con una desconocida, pero luego le enseñé unas fotos de cuando eras joven y se calmó enseguida. Frank es todo un amor, se acostumbró enseguida a mí y me empezó a llamar abuela al poco rato de decírselo. Le di de comer lo que me mandaste, sólo tuve que cambiarlo una vez, y además estuvimos jugando, cantando, pintando y leyendo cuentos. Cuidar de él ha hecho sentirme joven de nuevo, y ahora tengo algo más que atesorar en mi longeva vida. Gracias, cariño, ya sabes que siempre quise tener un nieto, y en todo momento mantuve la esperanza de que fueras tú la que me lo daría; Celestia es una causa perdida, de aquí a otros mil años se quedará para vestir santos, pero bueno, ya sabes como es. Una vez más gracias por todo, cielo, espero volver a verle otra vez.

Con cariño,

Tu madre

Luna se quedó contenta al ver que su madre había cuidado sin problemas de su hijo; de hecho, nada más llegar, y al poco de despertar, lo primero que preguntó fue que dónde estaba la abuela. Con algo de pena, Luna le explicó que la abuela estaba ocupada y que no la volvería a ver en un largo periodo de tiempo. Frank se quedó algo triste al comprenderlo, pero Luna lo animó enseguida pasando tiempo con él.

Ahora estaba más animado, pero seguía recordando a su querida abuela casi constantemente.

-Lo sé, Luna, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Nada me dolió más que ver cómo me decía que la era imposible perdonarme…-masculló la alicornio blanca.

-Sé que es difícil para ti, pero es que te saltaste un montón de normas haciéndolo… ignoraste a la Cámara, a las normas coloniales, a los tratados de no anexión… y creo que también ignoraste una de las normas del Concilio-hizo memoria Luna.

-Lo sé, lo sé, estoy en un grave aprieto… pero no puedo retractarme así sin más, Twilight se enfadaría aún más conmigo, y el resto de Ecuestria se me echaría encima si me quedo sin hacer nada… ¿qué puedo hacer?-masculló Celestia, sintiéndose perdida.

-Hombre, bien puedes tratar de hacerlo por la vía diplomática e intentar convencer a la gente de que el principado de Armonía no va a ser ninguna amenaza para el futuro de Ecuestria. A juzgar por todas las cartas que nos han llegado, la mayoría de los nobles tienen miedo a que su administración pueda interferir de manera negativa en la ecuestriana, eso se podría solucionar si lo habláramos con Twilight y acordáramos un pacto económico que beneficiara a ambas partes. Aunque claro, teniendo en cuenta los precedentes…-murmuró Luna, observando algunas de las cartas.

-Sí, eso sólo sería posible si Twilight estuviera dispuesta a escucharme… y dudo mucho que eso pase…

Ambas se quedaron calladas, cada una pensando en sus propias cosas y buscando una alternativa; en ese momento Frank alzó el peluche de un león hacia ella y exclamó.

-¡Un león! ¡Rawr!

-¡Oh, no, me va a comer, auxilio, que alguien lo detenga!-exclamó Luna, siguiéndole el juego.

-¡Yo salvo a mami! ¡Rawr, rawr!-hizo lo propio el pequeñín, abrazando al peluche.

Luna se rio con su hijo y frotó su hocico en su cabeza en un gesto de infinito cariño, al tiempo que él se abrazaba a su cuello. Celestia les observó esbozando una alegre sonrisa, pero por otro lado no podía evitar estar preocupada por lo del principado en sí; aunque no lo pareciera, el asunto había trascendido bastante, y si no hacía algo pronto su imagen se vería seriamente perjudicada. Aunque ella trataba por todos los medios de no verlo como una mera herramienta política, no podía evitar pensar que ese tipo de enfoque también estaría presente a lo largo de todo el tiempo que durara esa situación. Tanto la prensa como la nobleza alta lo usarían sin dudarlo, y ella apenas tendría argumentos que la ayudaran a defender su posición. Por mucho que lo pensaba, Celestia no quería declarar ilegal al principado. Por primera vez desde que obtuvo sus alas, ésa había sido la primera decisión de Twilight concerniente a su estatus, sin mediación alguna suya. Y ahora que había aceptado de motu proprio su responsabilidad como princesa y ante un reino (o lo más parecido) que gobernar, la alicornio blanca sentía que no podía arrebatárselo así sin más. Podría parecer improcedente, quizás lo fuera, pero no podía hacerla eso. Aun así, los gritos y las risas de Luna y su hijo la hacían sentirse un poco mejor.

-Al menos volvemos a ser una familia…

Frank y Luna siguieron jugando a salva a la princesa. Afuera, comenzaba a atardecer.


Esa misma mañana Twilight fue ella misma a comprobar el correo mientras que Spike iba preparando el desayuno; aparte de las típicas cartas protesta que apenas leía exigiéndola detener toda esa locura y siempre recibía de parte de la nobleza y estratos altos, Twilight observó que la había llegado una de parte de su amiga cebra Zécora.

-¿Una carta de Zécora? Qué raro, si vive aquí al lado…-pensó ella, extrañada.

La abrió para poder leer su contenido, el cual estaba escrito en verso.

Mi querida amiga

Puede resultarte extraño recibir una carta mía, teniendo en cuenta de que vivimos al lado. Sé que es algo inusitado, pero bien lo comprenderás cuando te explique lo que ha pasado. Debo de partir sin más demora, puesto que en mi tierra me necesitan ahora. Un familiar cercano precisa de ayuda, y necesita a alguien que acuda. Por lo que he decidido ir yo misma, para así asistirle en lo que precisa. Aunque el motivo de esta carta es diferente, pues te la mando para informarte de algo reciente. Como bien me pediste en su día, estuve vigilando el árbol de la armonía. Algo se mueve entre los árboles del bosque desde la derrota de aquel centauro, y su figura se recorta en la noche cual misterio infundado. No sé lo que puede ser, más algo me dice que no es nada de lo que podamos temer. Aun así nos deberíamos asegurar, siempre es mejor prevenir que curar. Estaré un tiempo ausente hasta volver, mientras tanto, hasta más ver.

Tu amiga,

Zécora

Twilight se quedó particularmente extrañada ante ese aviso; ¿un figura en el bosque Everfree? ¿Qué era lo que podía ser? Tirek fue derrotado hace ya varias semanas, por lo que desechó enseguida que fuera otra amenaza. Aun así, no podía evitar pensar si esa figura era un simple animal, o bien podría ser algo más. Y teniendo en cuenta que el bosque Everfree era un sitio peligroso, lo mejor que podía hacer era pasarse y asegurar que todo estaba bien.

Antes de ponerse en movimiento, decidió desayunar primero con Spike, el cual le estuvo recordando la agenda de ese día.

-A mediodía tienes una reunión con el sindicato de empresarios y artesanos del pueblo para hablar sobre la situación del mercado hasta el momento, no están muy contentos con los resultados obtenidos hasta ahora, dicen que los precios no se sostienen de ninguna manera y que nos precipitamos al abismo…

-Los comienzos siempre son difíciles y lo saben, además, no quisieron adoptar el nuevo plan de inversión que les propuse-recordó ella, ligeramente molesta.

-Eh… sí, bueno, si eso háblalo con ellos. Luego, por la tarde, tenemos que empezar con la campaña de reclutamiento de ponis para nuestra Guardia Real que está pendiente de creación, justo ayer me mandó un mensaje Shining diciendo que nos manda a uno de sus hombres para ayudarnos.

-Ah, sí, eso en concreto nos urge bastante… genial, cuanta más ayuda tengamos mejor será el resultado. Ahora, si me disculpas, tengo que pasarme un momento por el bosque Everfree-comento Twilight, en cuanto terminó de desayunar.

-¿Qué? ¿Para qué?

-Zécora me ha mandado una carta esta mañana, parece ser que hay una extraña figura rondando por el bosque, iré a ver de qué se trata.

-¿¡Cómo?! Pero… ¡podría ser peligroso! ¡En ese caso debería acompañarte alguien!-exclamó Spike, alarmado.

-Zécora no cree que sea nada peligroso… aunque será mejor asegurarse, tranquilo, yo tampoco creo que sea nada importante.

-Aun así sigo pensando que no deberías ir sola…

-Tranquilo, Spike, estaré bien, te lo prometo-aseguró ella, dándole un rápido abrazo.

Sin decirse nada más, Twilight salió del palacio para encontrarse de lleno con otro grupo de ciudadanos descontentos; aunque en su día llegaron a aceptar la nueva incorporación al principado de Armonía, los resultados financieros más recientes dejaban mucho que desear, por lo que se lo hacían saber casi constantemente. Entre ellos vio a Bon Bon, la cual la espetó.

-¿¡Cómo quieres que venda mis caramelos a diez bits el kilo?! ¡El azúcar está por las nubes y tengo que igualar la inversión, pero así es imposible!

Twilight quiso decir algo, pero Davenport la cortó al tiempo que la decía.

-¡Yo repongo stock cada semana de un mayorista de Canterlot, pero ahora se niega a enviarme género por los aranceles! ¿¡Y ahora yo que vendo?!

Apenas después de decir la frase, Cherry Berry fue la siguiente en opinar.

-¡Mis cerezos necesitan cuidados constantes, pero no tengo todos los materiales conmigo, me los traen de Baltimare, pero ahora con los permisos fronterizos no me los pueden mandar!

Antes de que nadie más pudiera opinar, Twilight impuso orden.

-Tranquilidad todo el mundo, comprendo que estén teniendo dificultades a la hora de reajustar el mercado, de hecho a mediodía tendremos reunión con el sindicato para tratar la situación, tan solo tienen que asistir e intentaremos solucionar los problemas de la mejor forma posible.

Algunos ponis la estuvieron presionando un poco más, pero ella se despidió rápidamente y echó a volar aprovechando que la mayoría eran ponis de tierra y unicornios. Una vez en el aire, Twilight dejó escapar un cansado suspiro. Todo había sido muy difícil desde que instauró el principado, y aunque hacia todo lo posible por estabilizar el mercado interno, estaba resultando ser aún más complicado de lo que ella misma pensó. Aun a pesar de sus intentos por fomentar la exportación y el turismo, y ayudar a las pequeñas y medianas empresas, sus medidas apenas surtían efecto; la creciente negatividad del resto de Ecuestria hacia Armonía no ayudaba a fomentar el turismo, y muchas otras localidades desviaban sus fondos y recursos hacia otras ciudades. A no ser que recibieran una inyección monetaria proveniente de Canterlot, lo veía muy complicado; además, si no conseguía estabilizar la situación enseguida, las opciones se reducirían significativamente hasta el punto de tener que disolver el principado para que la gente pudiera sobrevivir. Y eso era lo último que ella quería.

-No. Tengo que seguir intentándolo, no puedo rendirme así sin más…-pensó ella, sacudiendo la cabeza con fuerza.

Aparcó sus pensamientos y, en menos de cinco minutos, llegó hasta el viejo y ruinoso castillo de Everfree, aterrizando justo al lado de la entrada de la cueva donde estaba el árbol de la armonía.

-Espero que todo esté bien…

Confiando en ello, entró en la cueva para asegurarse; pero no estaba preparada para ver lo que vio. El árbol no estaba. El ligero promontorio en el que se situaba en lo más hondo de la cueva lucia vacío y oscuro, ya que la única fuente de luz que tenía era el mismo árbol. Con la cara desencajada, y alarmándose enseguida, echó a correr hacia el interior mientras musitaba.

-Oh, no, oh, no, oh no, esto es malo, malo, malo…

Aunque cuando llegó al sitio, se quedó bastante extrañada; el suelo se encontraba intacto, sin remover, por lo que era imposible que alguien se hubiera llevado el árbol. Pero en tal caso ¿cómo había desaparecido así sin más?

-Esto es malo, es muy, muy malo… tengo que alertar a Celestia…-pensó la alicornio lavanda, olvidando por un momento que no se hablaba con ella.

Pero en cuanto se dio la vuelta, se quedó paralizada y sin mover ni un solo musculo; una figura alta, esbelta y muy estilizada se recortaba bajo el umbral de la entrada de la cueva. Tenía forma poni y la luz del exterior se proyectaba tras ella, oscureciendo su figura desde el lado de dentro. Twilight se quedó en el sitio, incapaz de moverse ni de hablar. La figura comenzó a andar hacia el interior, dejando pasar la luz e iluminándola un poco; era una unicornio muy alta, más incluso que Luna o Celestia, su pelaje poseía un tono blanco con destellos violáceos claros y tenía un cuerno de doble punta que nacía de un solo tronco. Su crin, de un color violeta pálido, se encontraba recogida en un abultado moño lleno de engalanes florales de todo tipo, con dos extensiones que la caían a ambos lados de la cara. Sus ojos eran de color azul cielo. Su marca de belleza era muy similar a la suya, pero con motivos arbóreos rodeándola. Aunque lo más característico de ella era la tiara que portaba, la cual tenía los elementos de la armonía incrustados en ella en su forma original. Su cola era mucho más larga de lo usual, y la caía hasta el suelo, era del mismo color que su crin y tenía flores en ella. Sus pezuñas eran hendidas.

Una vez que estuvo frente a ella, bajó la cabeza para ponerse a su altura y la miró esbozando una dulce sonrisa. Twilight la miró con la sorpresa dibujada en la cara y con las alas en alto en señal de alerta. Y, en un momento dado, la poni habló.

-Hola.

Su voz era muy suave, tranquilizadora y confidente. Twilight respondió por simple educación.

-Ho… hola… ¿Quién eres? ¿Por qué te ves idéntica al árbol de la armonía? ¿Esos son los elementos? ¿Y de dónde has…?

Antes de que Twilight pudiera decir nada más, una sola mirada de la poni bastó para tranquilizarla; la alicornio lavanda notó cómo ésta la calmaba, sabiendo enseguida que todas sus preguntas serían contestadas.

-No tengas miedo… Me llamo Armonía… ¿qué tal estás, Twilight?

La aludida tardó un poco en contestar, ya que estaba un pelín ocupada pensando en lo que decir a continuación; que supiera su nombre era un tanto esperado e inesperado al mismo tiempo, aunque la llamaba la atención el hecho en sí.

-Pues… bien. Bueno, un poco estresada… quiero decir…

-Tranquila. Debe ser complicado llevar un recién instaurado principado… ya he visto que compartimos el mismo nombre, me siento halagada…

-Ah, sí, bueno, pensé que sería un buen nombre…

-Desde luego… ¿vamos fuera? Aquí no hay mucha luz…

Sin decir nada más, Armonía echó a andar hacia la salida y Twilight la siguió al poco rato; la luz del día la golpeó en los ojos y se los tuvo que cubrir mientras se iba acostumbrando a ella. En cuanto alzó la vista vio a Armonía en lo más alto de las escaleras, junto al puente.

Twilight se teletransportó justo al lado y las dos echaron a caminar adentrándose en el bosque; normalmente no se solía salir del camino, pero yendo con ella se podía notar totalmente a salvo y segura. Su sola presencia hablaba por sí misma, y parecía abrirse paso entre la oscuridad del bosque, como si las sombras se apartaran al pasar ella, iluminándolo con luz propia. En un momento dado, Armonía volvió a hablar.

-Y dime, Twilight, ¿por qué crees que estoy aquí, hablando contigo?

-Pues… no lo sé, aunque supongo que Zécora se refería a ti en su carta…

-Sí, la vi un par de veces en muchos de mis paseos… pero piensa un poco, seguro que enseguida sacas la respuesta…

La alicornio lavanda se quedó pensativa por un momento, rumiando la situación.

-Pues a ver… hace pocas semanas derrotamos a Tirek, tú nos diste con qué… ¿tiene algo que ver?

-Sí y no… aunque en su momento llegaste a comprender lo que significaba en realidad tu elemento, además de aceptarlo, llegaste a hacer algo más. Pero ahora, aunque lo sigues llevando en ti, no llegas a mostrar del todo su verdadero potencial. Nuestras acciones hablan por nosotros mismos, Twilight.

Las palabras de Armonía, aunque sinceras y puras, escondían mucho más de lo que parecían a simple vista; Twilight supo enseguida a lo que se refería exactamente sin tener que preguntarla ni nada parecido. En ese momento llegaron a un claro por el cual discurría un pequeño arroyo; la luz del sol era brillante y, por un momento, Twilight creyó que estaban en un bosque completamente diferente. Sin decir nada, la alicornio lavanda se inclinó sobre el arroyo y miró su reflejo en el agua, llegando a ver una triste mirada grabada en su rostro.

-Yo… siempre intento hacer lo correcto, pero... ¿qué es ahora lo correcto cuando todo pierde sentido y deja de ser como te lo enseñaron? Estuve años creyendo en un ideal… hasta que, de repente, ves como todos tus sueños y esperanzas se desvanecen de un día para otro, y todo por culpa de una creencia. No es justo. Nada es justo… ¿tampoco es justo que quiera labrarme mi propio camino?

-Sí, sí que lo es. Pero también debes pensar en lo que es justo para los demás, Twilight. No todo el mundo persigue el mismo ideal o los mismos sueños. Cada uno se labra su propio camino…

-Pues como estoy haciendo yo…

-Sí, pero ¿a costa de qué?

Un denso silencio se echó sobre ellas, lo único que se oyó fue el fluir del agua corriendo por el arroyo. Twilight alzó la vista y vio a Armonía mirándola seriamente. La alicornio lavanda no pudo evitar sentirse intimidada y bajó la cabeza, torciendo el gesto.

-No hay nada malo en querer seguir tu propio camino. Pero debes saber los pasos que has de tomar para no entorpecer a nadie más. Cada uno elige una senda, Twilight. Una senda, para un solo poni, y de dirección directa.

La aludida no dijo nada, simplemente clavó la vista en el suelo, sin atreverse a levantarla siquiera. En ese momento notó un casco cogiéndola del mentón y levantándola la vista, la mirada de Armonía se clavó en ella para luego esbozar una dulce sonrisa.

-Hasta el corazón más roto puede sanar con el tiempo. Piensa en lo que es justo para ti y en lo que es justo para los demás también. Sólo así podrás lograr comprender lo que es verdaderamente importante.

Twilight no supo bien que decir, mirando a la unicornio con gesto inquisitivo. Desde donde estaban, pudo llegar a ver a una manada de lobos de madera observándolas desde la linde del claro, dispuestos a atacar.

-Armonía… creo que deberíamos marcharnos…

Sin decir nada, la aludida tan solo giró la cabeza y miró a los lobos con una cara de póker tremenda; inmediatamente después, los lobos achataron sus orejas y se fueron rápidamente por donde habían venido sin mirar atrás. Twilight se mostró asombrada por el efecto casi instantáneo que había tenido en ellos.

-La magia está en todas y cada una de las cosas de este mundo, Twilight. Tú la usas diariamente, mientras que otros la ven como algo secundario. Los ponis de tierra se valen por sí mismos para hacer sus tareas diarias, los pegasos se valen de sus alas para mantener el vuelo… incluso en el más nimio gesto hay magia. También hay magia en la naturaleza y en los objetos que nos rodean. Y, por supuesto, en nuestras acciones. Haz que la magia que te rodea brille con luz propia, Twilight. Tú eres la magia.

Esas palabras dieron que pensar a la alicornio lavanda, la cual bajó la mirada con gesto profundo; de alguna manera sabía a lo que se refería, pero por otro lado no llegaba a comprender del todo su significado real. Ella era el elemento de la magia… podía hacer magia, de hecho a un gran nivel, y era capaz de hacer toda clase de hechizos, de los más sencillos hasta los más complicados. Pero de la forma en lo que le enfocaba Armonía no llegaba a comprenderlo de todo. Levantó la vista para preguntarla, pero entonces descubrió que se encontraba sola en el claro. Miró a su alrededor, buscándola, pero no la volvió a ver por allí cerca.

La alicornio lavanda dejó escapar un suspiro; extendió las alas y echó a volar, de vuelta hacia Ponyville. De camino, muchos pensamientos inundaban su mente. Trató de darle un significado a las palabras de la misteriosa yegua, pero no conseguía sacar nada en claro. Magia… ¿qué significaba en realidad? ¿Qué valor tenía ahora?

-Me gustaría sacar algo en claro… pero tengo cosas más importantes que atender en estos momentos…-penó ella, mientras vislumbraba al pueblo en la distancia.

Aceleró un poco más para llegar cuanto antes; el sonido de las campanas del reloj resonó en la lejanía, marcando las doce de la mañana.


Fluttershy siempre había tenido un horario diario que apenas variaba; se levantaba, desayunaba, hacía las tareas del hogar y cuidaba de sus animales hasta la hora de comer. Por la tarde se repetía el mismo esquema. De vez en cuando solía variar un poco, sobre todo cuando quedaba con sus amigas o tenía otras cosas que hacer.

Normalmente los animales más grandes eran los que más trabajo la daban; aun así, su conejo Ángel era el más revoltoso de todos y tenía que estar prácticamente ojo avizor con él. Otros conejos que también tenía con ella eran mucho más tranquilos y calmados que él, y no la exigían tanto trabajo. Aunque también dependía mucho del humor del conejo; si estaba animado normalmente no la solía dar problemas, pero cuando se ponía quisquilloso o un tanto gallito tendía a subírsela a las barbas. Aunque no era nada que una buena mirada no pudiera hacer. Si todo lo demás fallaba, la mirada era el último recurso. Y siempre, siempre funcionaba.

-Vamos, pequeñines, todos a comer…

Su poder de llamada y persuasión calaba hondo en casi todos los animales, y no había ninguno que la desobedeciera ni nada por el estilo; en menos de cinco minutos, casi todos los animales acudieron a la llamada y comenzaron a comer pausadamente.

Su cabaña se situaba a las afueras de Ponyville y junto a las lindes de ese lado del bosque Everfree; normalmente la daba un poco de miedo saber que vivía al lado del bosque más peligroso de toda Ecuestria, pero el tener a su lado a sus animales la animaba a seguir adelante en el sitio. Después de todo, ya se había acostumbrado, y no se estaba tan mal allí. Alzó la vista para vigilar las lindes del bosque, algo que solía hacer bastante a menudo, y cuando lo hizo, le pareció ver una sombra moviéndose entre los árboles. Su primera reacción fue estar en alerta y algo asustada; normalmente casi ninguna de las criaturas del bosque solía salir de él así sin más, si eso alguna que otra manada de lobos de madera. Pero por alguna extraña razón, esta sombra no le dio más miedo de lo necesario, sino que la despertó cierta curiosidad. No tardó demasiado en decidirse adentrarse un poco en el bosque, para ver qué había sido eso.

Incluso cerca de las lindes, Everfree siempre se veía oscuro y deprimente, aunque esa parte en concreto estaba más iluminada que de costumbre, ya que la costaba mucho menos ver lo que había delante de ella. Giró la cabeza hacia los lados por si volvía a ver esa sombra. Por el rabillo del ojo llegó a percibirla y se dio la vuelta abruptamente. Nada más hacerlo, llegó a oír una serie de gemiditos ahogados no muy lejos de allí y fue a ver lo que era. En un pequeño claro se encontró con una ardilla herida.

-Oh, cielos, pobrecita mía… espera, déjame que te ayude…

Tenía una herida leve que sangraba un poco en uno de sus costados; entre estertores de dolor la explicó que se había caído al no calcular bien las distancias y se había hecho un rasguño con una corteza de árbol. La estuvo tratando con lo poco que tenía consigo, rompió en tiras un pequeño pañuelo que luego usó como venda, y con unas pocas asclepias que allí había, hizo un ungüento para coagular la herida. En menos de cinco minutos, la ardilla ya estaba curada.

-Listo, procura no moverte mucho para que cicatrice bien…

La ardilla le dio las gracias en su idioma, al tiempo que la abrazaba.

-Oh, no ha sido nada, pequeñín, he hecho lo que tenía que hacer…

Tras eso, el animal se fue y ella le observó perderse entre los árboles; satisfecha por el deber cumplido, se dio la vuelta para volver a casa, pero entonces se encontró con alguien a quien no se esperaba encontrar ni en todos los días de su vida. Era muy alta y esbelta, su figura inspiraba confianza y Fluttershy supo de alguna manera que no había nada que temer. La desconocida se acercó a ella y, en un momento dado, habló.

-Hola, Fluttershy.

La aludida no dijo nada mientras la miraba con un deje de sorpresa y curiosidad.

-Ya he visto cómo tratabas a esa ardilla… no me esperaba menos de ti.

-Oh, gracias…

-No tienes por qué dármelas a mí… me llamo Armonía-reveló la poni.

-¿Armonía?-repitió Fluttershy, extrañada.

-Así es… de todas las demás tú eres, y con diferencia, la que mejor refleja la bondad. No hay muchos ponis como tú, Fluttershy, estoy segura de que eres consciente de esto.

-Sí, bueno, no hay demasiados…-murmuró la aludida, ocultando un incipiente sonrojo.

Armonía tan solo esbozó una dulce sonrisa antes de volver a hablar.

-Aun así, todos tenemos un poco de bondad en nuestros corazones… a veces es más pronunciada en unos que en otros, pero hasta el ser más cruel puede llegar a albergar una pizca de bondad en lo más hondo de su corazón. Puede resultar contradictorio o absurdo, pero estoy segura que tú eso lo sabes mejor que nadie…

-Sí… Discord…-asintió la pegaso, esbozando una genuina sonrisa.

-Exacto. Que alguien como él haya conseguido ver la armonía sólo porque tú le hayas mostrado tu propia bondad, ya dice mucho de ti.

Fluttershy se quedó callada, pensando en todo lo que la había dicho la misteriosa yegua; aunque hubo algo que la llamó la atención.

-Bueno, en el caso de Discord se da, pero… no todo el mundo llega a albergar algo de bondad en ellos. Tirek no demostró nada de ella en su día.

Armonía esbozó una satisfactoria sonrisa, como si le alegrara que la hubiera propuesto esa situación.

-Es posible, pero… ¿qué te dice que no haya tenido algo de bondad en su corazón alguna vez?

-Eso no puedo saberlo…

-Pero sí puedes suponerlo… piensa un poco…

Fluttershy se quedó callada, rumiando sus palabras y repasando lo que sabía de él por lo que Twilight la había contado; no veía por dónde podía ver algo de bondad en él… a no ser que…

-Ah, su hermano Scorpan…

-Exacto… es una posibilidad muy remota, pero ahí tienes un potencial rastro de bondad. Hasta que lo traicionó, Scorpan estuvo con él. ¿Qué te dice que, en algún momento de su vida, pudo haber llegado a ser bueno con él?

-Pues… no puedo saberlo, pero, quizás, sólo quizás…

-Exacto… quizás. La sola posibilidad de ello ya da pie a pensarlo y considerarlo. Hasta en algo tan insignificante y poco consistente como eso, ya hay algo de bondad.

La pegaso amarilla se quedó en silencio, mirando a nada y pensando en todo lo que la había dicho.

-Siempre hay que buscar la bondad, Fluttershy. Nunca dejes de buscarla. Porque, hasta en la más densa oscuridad, puede llegar a brillar como un faro.

Fluttershy sonrió, comprendiendo un poco mejor sus palabras; levantó la vista para agradecérselo, pero se encontró sola en medio del pequeño claro. Aún quedaban unos pocos retazos de luz iluminando el ambiente.


A Applejack la gustaba su trabajo; siempre se había considerado una yegua trabajadora, dispuesta y eficaz. En la granja apenas había un momento de respiro y el ritmo de trabajo era casi constante, lo cual era bueno para ella puesto que la distraía bastante. Cuando tenía cosas en las que pensar, trabajaba. Cuando se aburría, trabajaba. A no ser que las chicas la dijeran que había quedada, en tal caso el trabajo podía esperar.

Normalmente se dedicaba a recolectar cuando tocaba, vender por las mañanas el género en el mercado y cuidar de los manzanos; y, de vez en cuando, sacaba a pasear el poco ganado que tenían junto con su perra Winona, que la ayudaba a meterlo en el redil. Fácil, rápido y sencillo, siempre acababan enseguida.

-¡Bien hecho, Winona, buena chica!-exclamó ella, rascándola la barriga.

La border collie se regodeó con los mimos de su dueña, pero en un momento dado se reincorporó de golpe y comenzó a ladrar hacia las lindes de ese lado del bosque Everfree; desde donde estaban no se veía nada, y Applejack se extrañó ante su inusitado comportamiento. Normalmente no era muy ladradora.

-Ey ¿qué pasa, chica, a qué viene tanto ladrido?

Winona siguió ladrando ininterrumpidamente, gruñendo por lo bajo y sin llegar a calmarse; de golpe y porrazo, la perra echó a correr hacia el bosque sin dejar de ladrar.

-¡Winona! ¡No, Winona, regresa, es muy peligroso!-exclamó Applejack, yendo tras ella.

Sin otra alternativa, la poni de tierra se adentró en el bosque en busca de su amiga, la cual corría que se las pelaba mientras que sus ladridos comenzaban a apagarse en la distancia.

-¡Winona! ¡Vuelve, Winona! ¡Winona!

Antes de lo esperado, la perdió y se encontró en medio de ninguna parte; no oía los ladridos de su perra por ninguna parte, su voz se perdía entre los densos árboles y el ambiente era oscuro y aterrador. Applejack dio la vuelta sobre si misma varias veces, observando sus alrededores.

-Maldita sea, Winona… en buena hora se te ocurre escaparte…-masculló ella, jadeando debido a la carrera que se había pegado.

Sin apenas pensarlo, escogió una dirección y echó a andar hasta llegar a un claro donde encontró una serie de rocas y monolitos con formas rectas y aristadas. Por un momento se quedó quieta, mirándolos, pero un ruido tras su espalda la alertó y la hizo voltearse de golpe. La poni de tierra se quedó en el sitio, demasiado impresionada como para moverse. Ante ella se encontraba una muy alta poni, casi tan alta como la princesa Celestia o incluso más. Lo que más destacaba de ella era la tiara de su cabeza, la cual mostraba unas gemas incrustadas que la eran familiares.

-¿Quién eres tú?-inquirió ella, desconfiada.

-Tranquila, Applejack, no voy a hacerte daño…

La aludida se quedó callada, preguntándose que cómo era que conocía su nombre. No tardó nada en opinar.

-Me vas a perdonar, pero no puedo fiarme de ti…

-Es normal que lo hagas… y me esperaba tal contundencia por tu parte, por supuesto… me llamo Armonía.

-¿Qué es lo que quieres?

Frente a eso, Armonía no contestó, simplemente echó a andar hacia ella; por su parte, Applejack se hizo a un lado, guardando las distancias. La misteriosa yegua se acercó a uno de los monolitos y pasó un casco por la superficie de la piedra. En un momento dado, habló.

-Este bosque es casi tan antiguo como yo… lo he visto nacer y crecer, así como a los ponis que alguna vez llegaron a habitarlo. Este es un viejo vestigio de aquellos tiempos pasados. De cuando la hierba verdeaba y el sol brillaba entre los árboles.

-¿Y me cuentas todo eso a cuento de qué?

Armonía se dio la vuelta y miró a Applejack con una media sonrisa dibujada en su rostro.

-¿Cuán importante es para ti la honestidad, Applejack?

-Es vital. Necesitamos ser honestos, sobre todo con nuestra familia. Para mí mi familia es lo más importante, y siempre cuento con ellos, tanto para lo bueno como para lo malo. Y para ello, ser honesto es lo más importante.

-Ajá… ¿crees que el resto de ponis son honestos también?

-No siempre… hay buenos ponis de los que puedes fiarte, pero a algunos no les importa nada cuál es tu verdad, sólo la suya propia. Son detestables…-masculló ella, haciendo memoria.

-Y dime ¿cuál es la verdad?

-¿Cómo?-inquirió la poni, sin comprender la pregunta.

-Te lo plantearé de tora forma ¿cuál es tu verdad?

-¿Mi verdad?

-Sí… piensa un poco y lo sacarás…

¿A qué se podría referir exactamente Armonía? Aunque la situación de por sí ya era rara, Applejack se sentía cada vez más a gusto con ella, y notó cómo sus músculos comenzaban a relajarse; y entonces, cual haz de luz relampagueante, murmuró.

-Mi verdad es… estar con los que quiero. Mi familia, mis amigas… cada minuto que paso con ellos me doy cuenta de lo importantes que son para mí.

Armonía tan solo sonrió afectuosamente, llegando a comentar.

-La honestidad es un don del que muy pocos ponis llegan a hacer uso. Es un bien muy preciado, un tesoro que debemos mantener a salvo y con el que podemos forjar grandes lazos. Conserva tu honestidad siempre, Applejack. No permitas que te la arrebaten.

La aludida esbozó una grata sonrisa, llegando a comprender sus palabras un poco mejor; se dio la vuelta para agradecérselo, pero entonces se encontró sola en medio de los monolitos. Un ladrido se oyó justo a su lado y su perra reapareció junto a ella.

-¡Winona! Oh, menos mal, estaba preocupada… venga, volvamos a casa…

La border collie ladró alegremente y echó a andar junto a Applejack, la cual no pudo evitar que sus tripas la rugieran; ya era la hora de comer pasadas y la abuela Smith debía de haber terminado de hacer la comida. Un leve viento azotó las copas de los árboles, arrastrando el dulce olor de una tarta de manzana.


Esa tarde se veía excepcionalmente clara, perfecta para recolectar gemas; normalmente le pediría a Spike acompañarla, pero esta vez prefería ir ella misma usando su propia magia. Rarity era muy metódica en ese aspecto, y a veces ir ella sola también tenía sus ventajas. Su magia no era tan precisa como el fino instinto de un dragón, pero al menos sabía dónde buscar.

-Ah, sí, ya puedo ver algo…

Las afueras de Ponyville yendo hacia el sur siempre era el lugar perfecto; una explanada cerca del puente que cruzaba el río era como una mina para ella. Usando su magia, pudo detectar unas buenas cantidades de gemas enterradas cerca de donde ella estaba. Las gemas eran buenas para el negocio. Sobre todo ahora, que empezaban a urgirla bastante. Twilight la había pedido que aumentara su producción para llevar su firma más allá del pueblo, y así poder aumentar la liquidez del mercado. Pero ella misma se había topado con más problemas por el camino. Los precios eran tan altos que no la quedaba más remedio que aumentar los suyos también, reduciendo sus ventas drásticamente. Había intentado vender fuera, pero no hacían más que ponerla pegas en Canterlot. Todo era mucho más complicado ahora. Y ella quería ayudar a su amiga, por lo que encontrar esas gemas era su prioridad.

-Ah, aquí hay más… vaya, menudo filón…

El hechizo la permitía localizar las gemas bajo tierra, como si el suelo se volviera transparente; un poco más adelante vio una veta bastante grande, la cual se iba agrandando conforme se acercaba al bosque Everfree.

-¡Uauh, esa es enorme! Pero espera, se adentra en el bosque…

Llevaba consigo una pala para sacar las gemas, pero teniendo en cuenta la cantidad de gemas que había allí, una pala no sería suficiente. Aun así, la oportunidad era única. Quizás hubiera muchas más en el bosque. Y la necesidad agudiza al ingenio, como se solía decir.

-Vale, intentaré sacarlas poco a poco… la veta se estrecha en el bosque, empezaré por ahí-decidió ella.

Normalmente no entraría en el bosque así sin más, pero en ese momento lo necesitaba, y tampoco se alejaba mucho haciéndolo, por lo que decidió enseguida. Entró en él hasta parar al lado de un árbol. Sin esperar más, cogió la pala con su magia y comenzó a cavar con sumo cuidado.

-No soy muy de excavaciones, pero no quiero mancharme el pelaje…-pensó ella, apartando la tierra lejos de ella.

No tuvo que cavar mucho para encontrarse con lo que buscaba; un buen montón de gemas de todos los colores brillaron delante de ella. Los ojos de Rarity hicieron chiribitas al tiempo que contemplaba su belleza.

-Oh, son preciosas… con unos cuantos kilos de estas será suficiente.

Acercó el carro que se había traído consigo y comenzó a llenarlo poco a poco, mientras seguía excavando; en un momento dado oyó un ruido de ramas agitándose detrás de ella y se dio la vuelta, ligeramente asustada. Lo que vio la quitó en hipo, como quien dice. Ante ella se encontraba una muy alta poni, con una figura encantadora y un estilo único. Aunque lo que más resaltaba, sobre todo para ella, era una preciosa tiara de oro con una serie de gemas incrustadas en ella. Rarity quiso decir algo, pero no llegó a salir nada de sus labios. En cambio, la yegua misteriosa habló.

-Hola, Rarity…

Por un momento se preguntó que cómo sabia su nombre, pero prefirió dejar las preguntas técnicas para otro momento.

-Bonitas gemas… ¿qué vas a hacer con ellas?

-Ah, pues… voy a comercializarlas, para aportar algo de liquidez al pueblo…

-Ya veo… me llamo Armonía, por cierto…

Rarity no dijo nada, tan solo contempló su fabuloso aspecto; Armonía se acercó a ella e hizo levitar una gema con su magia. Un aura multicolor envolvió una grande de color verde y la acercó hasta ella, observándola atentamente. En un momento dado, habló.

-Es buena… sin duda harás un buen precio con ellas.

-Sí… sólo espero poder ayudar a todos con esto…

La alta yegua miró de reojo a Rarity, la cual volvió a hundir la pala en el suelo. En cuanto sacó otro montón de gemas, murmuró.

-Y dime, en otras circunstancias… ¿qué harías con ellas?

-Oh, pues las usaría para mis diseños… normalmente no cojo muchas, pero dado que las necesitamos ahora mismo, me viene bien llevarme tantas como pueda.

-Ajá…

-No suelo comercializar con ellas así sin más, normalmente las doy un uso concreto… y de vez en cuando las uso como propina en bares, tiendas y restaurantes…

-¿Y no has pensado nunca en usarlas para ti?

-Cielos, no, no soy ninguna avariciosa… sólo las uso cuando las necesito, nada más…

Ante eso, Armonía tan solo llegó a esbozar una ligera sonrisa de satisfacción; aunque no tardó casi nada en volver a hablar.

-Que estés dispuesta a usarlas para propósitos no personales ya dice mucho de ti, Rarity… no siempre la gente llega a ser del todo generosa. Muchas veces prima el yo antes que los demás, y es por eso por lo que es importante saber cuándo y cómo ser generoso. Dar sin recibir nada a cambio es algo que puede llegar a sacar lo mejor de todos nosotros. Trata siempre de dar lo mejor de ti misma, Rarity.

La aludida no pudo evitar sonrojarse más de la cuenta, mirando hacia otro lado, como si la diera reparo.

-Siempre procuro hacerlo, la verdad…-murmuró ella.

En cuanto se volvió, Armonía ya no estaba. Rarity giró la cabeza por si volvía a verla, pero el bosque se veía tan solitario como siempre.


El trabajo era matador… o al menos eso era lo que siempre decía Rainbow Dash cada vez que alguien la preguntaba. En realidad siempre se lo tomaba con mucha calma. Después de todo, no había nada que no pudiera hacer, siempre y cuando estuviera en el aire. Podía despejar todo el cielo de Ponyville en diez segundos justos si se lo proponía y descansar durante el resto de la jornada. Y sí, ese era su momento favorito del día. Una buena siesta en una cómoda y confortante nubecilla siempre estaba a la orden del día. Porque se lo merecía, claro que sí. Ahora que era ella la que estaba al cargo del clima de Armonía desde que a Twilight le dio por escindirse de Ecuestria, tenía menos trabajo; podría ser al revés, pero con ella al frente, el trabajo se terminaba enseguida. Era hasta mejor, incluso.

-Oh, sí, esto es vida…

Lo único malo era que ya no la pagaban como antes, pero por ahora la iba bien de dinero, por lo que no se preocupaba. Se estiró con fuerza, desperezándose, y dejando ir la tensión acumulada.

-Bof, hasta hacer nada cansa…-pensó ella, esbozando una sonrisita graciosa.

Se asomó por el borde de la nube y contempló esa parte del bosque Everfree desde donde estaba; desde arriba siempre se veía tranquilo, y rara vez ningún tipo de ave solía sobrevolarlo, salvo los que vivían en él. No se solía acercar a él si no era estrictamente necesario, y le daba reparo tocar sus nubes, ya que estas se sentían extrañas al tacto e iban a su libre albedrio; descargaban agua solas, se movían solas, bajaban y subían solas… Era muy raro.

Pero en ese justo momento, vio algo que también era raro; de alguna forma, logró distinguir una extraña figura desde lo alto, caminando entre los árboles y con forma bastante ponil. Por un momento pensó en Zécora, pero lo desechó enseguida, ya que no era tan alta. Movida por la curiosidad, y temiendo que fuera alguien perdido, decidió bajar y ver quien era. Cruzó el espacio entre ella y el bosque enseguida y aterrizó junto a un frondoso y oscuro árbol. El ambiente estaba en penumbra y la temperatura bajó unos pocos grados, erizándola el pelaje un poco.

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-llamó ella, para hacerse oír.

Miró a su alrededor, escudriñando las cercanías y buscando a esa alta figura; por un momento no hubo nada y el bosque se vio oscuro y amenazante, pero ella se mantuvo firme. En ese momento vio unas ramas sacudiéndose cerca de donde estaba y exclamó.

-¡Te tengo!

Casi sin pensarlo, se lanzó hacia delante dispuesta a placar lo que fuera; pero la sola visión de lo que vio a continuación la hizo parar de golpe. No la asustó, pero su sola presencia hablaba por sí misma. Su alta figura y porte imponente daba respeto, y por mucho que quiso encararse con ella, no fue capaz. Sus ojos claros se clavaban fijamente en ella, sin atreverse a apartar la mirada.

-Hola Rainbow… casi me arrollas…

La aludida se quedó con las ganas de contestarla, pero por alguna extraña razón se lo pensó mejor, recordando lo que muchas veces la decía Twilight a la hora de tratar con desconocidos; aunque poseía una extraña aura que transmitía confianza, no podía fiarse del todo de ella.

-Apareciste de repente… ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí en medio de un lugar tan peligroso? ¿No serás una espía?

-No hay nada de lo que temer, Rainbow… me llamo Armonía…

La pegaso cian la miró de cabo a rabo, fijándose en la corona que llevaba y los familiares objetos que ésta portaba.

-Espera, esos son los elementos… ¿¡qué haces con ellos?! ¿¡Los has robado?! ¡Contéstame!

-Tan impulsiva como siempre… aunque hay veces que no es muy aconsejable, es bueno dejar que los instintos te guíen dependiendo de la situación… supongo que eso lo sabrás bien…

-¡Claro! ¡Cuando vuelo mi instinto me guía y dejo a todo lo demás trabajar por si solo! ¡Y consigo enterarme de todo!-asintió ella, con cierto deje de orgullo.

-Pero no siempre puede llegar a ser así… muchas veces el instinto nos puede llegar a jugar malas pasadas. Una impulsividad controlada es mejor que otra más descuidada… y no siempre puedes saber lo que va a pasar después.

-¡Bah, eso ya es pensarlo demasiado! ¡Si alguna de mis amigas estuviera en peligro, mi instinto es el que mejor llevaría la situación!

-¿Estás segura de eso?-inquirió Armonía, mirándola ceñuda.

-¡Por supuesto! ¡Imagínate que un monstruo terrible las tiene retenidas y solo dispongo de unos pocos segundos para salvarlas! ¡Con una buena velocidad, y dejándome llevar por mi instinto, seguro que conseguiría rescatarlas!

-Bueno, pero en una situación así muchos factores estarían en juego… ¿dejarías tus acciones en manos de tu instinto por tus amigas?

-¡Por supuesto que sí! ¡Ellas lo son todo para mí, no las dejaría tiradas de ninguna forma!

Ante esa respuesta, Armonía tan solo esbozó una satisfecha sonrisa casi imperceptible. Justo después, retomó la palabra.

-Ser leal a tus amigas implica dejar de lado otras cosas como la satisfacción o el orgullo personal; estar dispuesto a hacer lo que sea con tal de que los más cercanos a ti no sufran es una de las cualidades más valoradas a la hora de relacionarse con los demás. Y tú misma demuestras esa cualidad, Rainbow Dash, y con creces.

Ante eso, la aludida sacó pecho arrogantemente y murmuró.

-Por supuesto que sí… ¡soy asombrosa!

Armonía tan solo rio divertida, dejándose llevar por su fanfarronería.

-Eres un caso de lo más singular, Rainbow Dash… pero te mereces a tus amigas, eso desde luego. Nunca dejes atrás lo que más te importa.

-¡Claro que no! ¡Nunca lo haría!

La aludida se dio la vuelta para encararla, pero para su eterna sorpresa se encontró sola entre los árboles del bosque.

-Ja… extraña yegua…-pensó ella, en voz alta.

Aunque la hubiera gustado saber más de ella, no quería perder más tiempo del necesario allí, por lo que alzó el vuelo rápidamente, dejando el bosque tan solitario como ya lo estaba antes de aparecer en él.


-¡Genial, esa era la última invitación, ya me he recorrido todo el pueblo, por lo que todo el mundo está enterado!

Para Pinkie no hacía falta tener una buena razón para montar una fiesta; aunque esta vez la ocasión lo ameritaba, ya que todo el pueblo había estado muy tristón de un tiempo a esa parte. Cierto era que las cosas no estaban yendo tan bien como a todos les hubiera gustado, el negocio había bajado desde entonces y ya no vendían como antes, ya que los Cake no podían hacer otra cosa que subir sus precios dado al encarecimiento de los materiales con los que cocinaban. Pero ella no quería que todo el mundo estuviera triste sólo por eso. Y era su deber y obligación montar una fiesta para animar a todo el pueblo. Todo el mundo estaba invitado, por lo que tendría que ser perfecto.

-¡Es genial, estupendo y fantasbuloso, con esta fiesta todos se podrán olvidar sobre la economía aunque sólo sea por unas horas! ¡Ah, no puedo esperar!

Había realizado un recorrido estratégico por todo el pueblo para no dejar a ningún solo vecino desinformado; partió del Sugarcube Corner, rodeó las calles colindantes a la principal y dejó la periferia para el final, acabando cerca del parque y el puente que cruzaba el rio hacia una de las salidas del pueblo. Desde donde estaba se podía ver las lindes del bosque Everfree y Pinkie las observó desde donde estaba con una gran sonrisa dibujada en su cara. Fue entonces cuando pudo observar a una figura ponil muy alta recortándose entre los árboles; los ojos de Pinkie no apartaron la vista de la aparición, pensando muy rápido.

-Espera, espera ¿Quién es ese poni? No me suena de nada, sólo Zécora vive allí, pero si ahora ese poni también lo hace… ¡oh, estupendo, un nuevo amigo!

Sin pensárselo ni dos veces, echó a correr en dirección hacia el bosque sin ningún tipo de temor; aunque la mayoría de los ponis temían al Everfree, ella apenas sentía miedo cuando se adentraba en él. Y es que, como bien la enseñó su abuela, siempre se reía de los miedos, por lo que estar allí no era tan intimidante como para otros ponis. Incluso se puso a llamar al supuesto poni.

-¡Hola, te he visto desde el otro lado y, definitivamente, tienes que venir a mi fiesta! ¡No tengas miedo, nos lo pasaremos bien, jugaremos a ponle la cola al poni y habrá tarta!

Pero el poni no contestó ni apareció, dejando tras de sí un denso silencio envuelto en un oscuro ambiente. Aun así, Pinkie lo volvió a intentar.

-¿No te aburres estando aquí? ¡Vente, seguro que harás un montón de amigos, y yo la primera, me encanta hacer nuevos amigos!

Aun así, la nada siguió presente; por su parte, Pinkie no se rindió y miró a su alrededor, buscando esa figura y escudriñando en la oscuridad. En un momento dado, una luz iluminó parte del bosque y Pinkie la vio, esbozando una gran sonrisa y acercándose a ella.

-¡Ah, ahí estás! ¡Hola, soy Pinkie Pie, y voy a organizar una fiesta! ¿Quieres venir? ¿Cómo te llamas?

-Hola, Pinkie… soy Armonía.

-¡Armonía, vaya, bonito nombre, te pega, casi tanto como la tiara con los elementos! ¡Eres el árbol! ¿Verdad?-inquirió ella, sin ningún atisbo de duda.

-Exacto…

-¡Yay, genial, lo sabía, no hay más que verte! ¡Oh, qué bien, me encanta hacer nuevos amigos! ¿Vendrás entonces a la fiesta, vendrás, vendrás?

Ante eso, Armonía tan solo lanzó a la poni rosada una rápida mirada, diciéndoselo todo en nada. Pinkie se estuvo quieta, manteniendo la compostura, pero sin evitar esbozar una triste sonrisa.

-Oh, ya veo…

-No es nada personal, es solo que debo permanecer aquí… pero si llegas a volver alguna vez, no me importará que me montes una pequeña fiesta…-añadió Armonía, sonriente.

-¡Genial! Aunque debe de ser aburrido estar aquí… muy aburrido…-comentó Pinkie, algo chocada.

-No creas, para mí es divertido… siempre he conocido a este bosque, pero no a este nivel, no de esta forma. Lo he visto nacer y crecer desde lo más profundo, y para mí es mi hogar. Ahora puedo recorrerlo con total libertad, sentirlo como parte de mí…Siempre descubro algo nuevo de él, y eso me divierte.

La poni rosada miró a la unicornio con interés, esbozando una confidente sonrisa.

-¡Entiendo lo que dices, siempre es bueno saber que puedes divertirte, aunque sea a tu manera! ¡Yo lo hago siempre!

-Divertirse es importante, desde luego, y es por eso por lo que tú, Pinkie, eres tan importante. Saber reírse en el momento adecuado no es tan fácil como puede parecer, y una risa se puede interpretar de muchas maneras. Hay que saber cuándo y cómo reírse, tanto de una manera como de otra.

-¡Hombre, pues claro! ¿Cómo si no crees que lo hago?

Por un momento ambas se miraron fijamente antes de soltar una divertida carcajada; Pinkie se sentía más alegre que nunca, y lo expresaba a su manera.

-¡Ja, ja, eres muy divertida, ojalá pudieras venir a la fiesta, necesitan reírse en el pueblo últimamente!

-Ya sabes que me es imposible… pero es por eso por lo que debes reír siempre, Pinkie. No todos pueden reírse o divertirse de igual manera. Mantén siempre viva tu risa y no dejes que se apague nunca. Es lo que os mantiene unidas a todas.

-¡Descuida, lo haré!-asintió ella, esbozando una gran sonrisa.

Sin decirla nada más, se dio la vuelta al tiempo que Armonía desaparecía de la vista, como si ambas lo supieran de antemano. Pinkie regresó al pueblo esbozando una alegre sonrisa y dando saltitos. Más allá de las copas de los árboles, el sol comenzaba a teñirlas de naranja.


Había sido quizás el día más largo y pesado desde que regresó de su destierro; y es que la presión que ejercía el resto de Ecuestria hacia su hermana era tan grande que hasta Luna podía notarlo. Había intentado por todos los medios ayudarla y descargarla de trabajo para que no acabara tan agobiada, pero las interminables cartas reprochándola su conducta no hacían más que minar sus ganas.

Entre las dos habían estado pensando en varias opciones que pudieran tranquilizar a la población en un corto periodo de tiempo, y lo más importante en esos momentos era pronunciarse, por lo que lo hicieron en una carta escrita por Celestia, y ayudada principalmente por su hermana. En esta tranquilizaban a la población informándola de que estudiarían el caso, disculpándose por sus precipitadas acciones y prometiendo que el principado de Armonía no supondría ningún peligro para el reino de Ecuestria. El resto del día se pasó enseguida entre papeleo, cartas sin responder y picando entre horas, por lo que ni siquiera cenaron.

-Esto no calmará los ánimos del todo, pero al menos nos servirá para ganar tiempo…-murmuró Luna, mirando los resultados de la carta impresa en un periódico de ultimísima hora.

-Sí…-suspiró Celestia, con gesto cansado.

La alicornio oscura miró a su hermana, visiblemente preocupada, y la indicó enseguida.

-Vete ya a la cama si quieres, deberías descansar, ha sido un día muy largo…

-Está bien… gracias Luna, si no fuera por ti…

La aludida no la dijo nada, simplemente la abrazó con fuerza, al tiempo que Celestia la devolvía el gesto con la misma fuerza o un poco más. Finalmente la alicornio blanca se retiró a su habitación y Luna la siguió al poco rato después de ordenar un poco los papeles y guardarlos.

Al entrar en su habitación se encontró con Helpful Maid acostando a su hijo en su cuna.

-Ah, alteza, ya ha llegado…

-Sí… ¿está dormido?

-No, pero le queda poco…

-Está bien, puedes retirarte, ya me encargo yo.

-Gracias, alteza.

La niñera se despidió de ella y los dejó solos, Luna se asomó a la cuna para ver a su hijo, al cual apenas había visto en todo el día; Frank, al ver a su madre, se puso como loco de contento.

-¡Mami!

-Hola, cariño… siento no haber podido estar contigo hoy, mami estaba liada…

Aun así al pequeñín no le importó y abrazó con fuerza a su madre del cuello; Luna le correspondió el gesto arrullándole con su hocico mientras le iba cantando una nana. Poco a poco Frank fue cerrando los ojos, dejándose llevar por la melodiosa voz de su madre, hasta que finalmente cayó dormido en poco menos de dos minutos. Luna sonrió y le dio un beso en la frente al tiempo que susurraba.

-Buenas noches, cariño.

Le arropó con la mantita para que no se destemplara y le siguió al poco rato, tumbándose en su cama y entrando en el mundo onírico como ya era usual para patrullarlo un poco. Nada más entrar, vio un orbe claro y brillante justo al lado de donde ella estaba, identificándolo de seguido; hacía poco que Frank había empezado a soñar, y por suerte tan solo eran recuerdos de los días que se repetían, convirtiéndose en agradables sueños en los que madre e hijo pasaban tiempo juntos.

El resto de sueños de los ponis de Ecuestria flotaban en las inmediaciones, siendo la gran mayoría de ellos sueños normales y corrientes. Aunque desde que empezó todo el lío del principado de Armonía se encontraba con sueños que, aunque no llegaban a ser pesadillas, solían estar un tanto revueltos como resultado de la inquietud reinante. Pero hubo uno que la llamó gratamente la atención. El orbe de este sueño era de color morado claro, envuelto en un aura que brillaba con los colores del arcoíris; extrañada y fascinada al mismo tiempo por esa inusual combinación de colores, decidió meterse en él para ver de quien se trataba ese sueño. Nada más acceder a él, se encontró de lleno en el bosque Everfree, pero su aspecto era muy distinto al actual, la era incluso familiar. La luz del sol se colaba por todos los rincones, la hierba verdeaba y los pajarillos piaban en la distancia. No había penumbra y oscuridad rodeándolo, los árboles crecían sanos y lustrosos y el cielo azul remataba la estampa. Pudo reconocerlo enseguida.

-Este es el bosque Everfree… mucho antes de que acabara corrompido.

Aunque esto mismo la llamó poderosamente la atención; era imposible que ninguno de los ponis de la Ecuestria actual recordara un momento tan lejano en el tiempo. Hacia milenios desde que el bosque acabó bajo el influjo oscuro que ahora lo dominaba, y todos los ponis que ella conocía y podían recordarlo con ese aspecto estaban todos muertos. Pero entonces ¿de quién era ese sueño?

Alzó el vuelo para observarlo mejor desde el aire y comprobó, sorprendida, que ni siquiera su antiguo castillo se encontraba donde se debía encontrar; de hecho no había nada, tan solo hectáreas y hectáreas de un bosque Everfree lleno de vida y color. Vio algunas columnas de humo que evidenciaban la existencia de vida en él, pero estaban muy alejadas las unas de las otras. Volvió al suelo, cada vez más extrañada por lo que estaba viendo.

-Pero… no es posible, estos parecen recuerdos de un tiempo pasado muy, pero que muy lejano… ¿Quién puede recordar algo así?-se preguntó Luna, regresando al suelo.

Alzó la vista y entonces la vio. Los ojos de Luna se agrandaron, sin poder creer lo que veía. Creía que nunca más la volvería a ver. Pero allí estaba, delante de ella, a pocos metros de donde se encontraba. Luna se acercó hasta la extraña poni, mirándola fijamente y sin perder ni un solo detalle.

-Hola, Luna. Nos volvemos a ver…

La aludida no contestó, ya que aún estaba intentando procesarlo. Por su parte, la misteriosa poni volvió a hablar.

-Nunca tuve la oportunidad de agradecerte a ti y a tu hermana vuestra ayuda aquella vez, cuando estaba prisionera. Hicisteis lo que pudisteis y tratasteis de aliviar mi dolor. Gracias.

-Ah, no fue nada, hicimos lo que teníamos que hacer…

La poni asintió, esbozando una dulce sonrisa, al tiempo que miraba a su alrededor. En un momento dado, habló.

-Bonito ¿verdad? así es como recuerdo yo este bosque… tan lleno de vida, luz y color… yo nací entre todas esas cosas, envuelta en hiedra y arropada por los primeros ponis que empezaron a habitarlo. Su unión hizo que yo me arraigara aquí, creciera y madurara. Aquellos ponis me regaron con lo mejor de cada uno de ellos… y, como resultado, yo misma les proveí con lo que ellos más necesitaban.

Luna la escuchó sumamente interesada, a la par que chocada y sorprendida, todo a partes iguales.

-Espera, espera ¿me estás diciendo que entonces no eres de origen divino?-masculló la alicornio oscura, atónita.

La poni la miró con una cara de circunstancia tremenda, al tiempo que la respondió casi de seguido.

-Yo nací de la armonía que había entre ellos, de los lazos que estrecharon y de las relaciones que forjaron. Construyeron una comunidad en torno a mí, me alabaron, y yo les di en usufructo lo que ellos me pedían para subsistir. ¿Qué es la armonía para ti, Luna? ¿Qué significa estar en armonía?

-¿Armonía?

-Sí… ¿qué define algo así para ti?

Luna lo pensó bien antes de contestar; no tardó mucho en sacar la respuesta, casi al mismo tiempo que esbozaba una alegre sonrisa.

-La armonía es para mí… la paz en todo el reino. Ponis que se entienden y hablan entre sí sin problemas ni prejuicios. Todos a los que más quiero cerca de mí… mi hermana, mis sobrinos, mi hijo… sobre todo mi hijo. Lo que más quiero en este mundo…

-En ese caso comprendes bien lo que te quiero decir. Puede que alguna vez hubiera oscuridad en ti, Luna, pero ahora esa oscuridad se ha ido, para dejar pasar a la luz. Déjala pasar tú también y no dejes que los recuerdos te atormenten. Tienes a los que más quieres contigo. Y eso ya es más que suficiente.

Fue entonces cuando Luna pudo comprender sus palabras un poco mejor. Comprendió también lo que significaban en realidad, y también comprendió quién era ella.

-Entonces… tú eres Armonía…

-Me conoces, Luna, y yo a ti también. También conozco bien tanto a tu hermana como a tus amigas. Y si estoy aquí es para guiaros en todo lo que necesitéis. No dudéis en venir a hablar conmigo.

Luna parpadeó y, al segundo siguiente, todo el sueño comenzó a desvanecerse; la figura de Armonía se diluyó enfrente de sus narices y el idílico paisaje de un muy antiguo bosque Everfree lo hizo con ella. Luna voló hacia arriba hasta volverse a ver de vuelta en el mundo onírico. De ese sueño ya no había rastro, como si nunca antes hubiera existido. A su alrededor, el resto de sueños seguían flotando en la inmensidad del espacio.


Celestia no podía dormir. Ya había dado vueltas por la cama como unas seis veces, y por mucho que lo intentaba, no conseguía descansar. Los acontecimientos más recientes seguían rondando por su mente, impidiéndola relajarse. Todo había sido tan repentino, tan estresante… pero ella sabía, y muy bien, que no había hecho más que empezar.

Soltó un cansado suspiro y se levantó de la cama, dirigiéndose a la terraza para tomar un poco de aire fresco; la sueva brisa nocturna la agitó levemente la crin y un cielo plagado de estrellas la hizo compañía. No podía quitarse de la cabeza el hecho de que Twilight seguía sin perdonarla. Comprendía que estuviera enfadada y con toda la razón del mundo, la culpa era toda suya, pero esa misma culpa y el saber que ella misma echó por tierra su relación, la quemaba viva.

-Lo siento, Twilight…-susurró ella con infinita tristeza, observando Ecuestria desde las alturas.

Desde allí también podía ver las grandes hectáreas que componía el bosque Everfree, incluyendo las ruinas de su antiguo castillo; pero de estas mismas, vio con sorpresa que se podía ver una tenue luz saliendo de varias de las tantas ventanas y paredes rotas y desgastadas. Era como si alguien hubiera encendido una hoguera en el interior. Extrañada por esto, y un tanto preocupada, decidió ir a echar un vistazo para comprobar qué era esa luz, por lo que abrió las alas y echó a volar directamente hacia allí.

El viaje hacia el castillo no fue muy largo, y en pocos minutos llegó enseguida, aterrizando frente a la puerta principal. En un momento como ese, esa luz podría ser cualquier cosa, por lo que debía de ir con cuidado y estar preparada para atacar o defenderse si se presentaba la ocasión. Sin pensarlo más entró en el palacio y recorrió las salas y pasillos que ella tan bien conocía y recordaba, ahora vacíos y deteriorados debido al paso del tiempo; nada más poner una pata en el lugar, un buen montón de recuerdos comenzaron a bullir en su mente, acerca de su antigua vida allí viviendo con su madre y su hermana. Tardó un poco en llegar hasta la sala de los tronos puesto que había aligerado el paso por si algo o alguien la abordaba en los pasillos, pero finalmente llegó hasta ese infausto lugar. Sus ojos se posaron en los tronos del fondo, recordando ese justo momento. Y aunque ya estaban bien, Celestia no pudo evitar esbozar una mueca de tristeza. Para ella nunca estaría bien. Nunca.

Se asomó al interior y miró hacia el boquete del techo, no vio ninguna luz allí dentro salvo la de la luna colándose por todos los rincones de la sala. Celestia suspiró desconsoladamente, con intenciones de irse de allí, pero una figura en el marco de la puerta la paró de golpe. Sus ojos color magenta se abrieron de par en par, sin creerse lo que veían. Nunca pensó que volvería a verla, y sin embargo, ahí estaba. La misteriosa yegua con la que estuvo encerrada en aquel especie de limbo se dirigió hacia ella hasta que estuvieron frente a frente. La alicornio blanca pudo comprobar lo alta que era, un poco más que ella incluso, lo cual se la hacía extraño ya que normalmente tenía que bajar la vista cuando hablaba con cualquier otro poni. Pasaron unos pocos segundos hasta que ella habló por primera vez.

-Hola, Celestia.

Su voz sonó un tanto seca y distante, como si la diera algo de reparo hablarla.

-¿Quién eres?-inquirió la aludida, mirándola extrañada.

La misteriosa yegua tan solo la miró de hito en hito, sin decir absolutamente nada; los elementos en su tiara resplandecieron bajo la luz de la luna.

-Sabes bien quién soy yo… y sabes también por qué estoy aquí.

Frente a eso, Celestia no supo bien lo que decir y guardó silencio. La yegua echó a andar de nuevo en dirección hacia los tronos, mirándolos con cara de póker.

-Fue aquí donde la oscuridad se adueñó de este lugar. Donde partieron las sombras y engulleron mi hogar, robándole el color. Ahora no queda nada de esa luz que alguna vez llegó a iluminar este bosque. Y, aun así, sigue siendo mi hogar. Ambas perdimos algo aquella vez. Puedo entender cómo te sientes.

El semblante de Celestia apenas se alteró, mirando atentamente a la yegua y escuchando sus palabras.

-Desde entonces, las sombras viven aquí. Yo me he acostumbrado, pero aun así… añoro esos momentos en los que este bosque estaba lleno de vida. Sin embargo, en mi corazón sigue habiendo luz. No como en el tuyo. Nunca quisiste dejarlas ir. Y es por eso por lo que te duele tanto. Déjalas marchar, Celestia.

Ante eso, la alicornio blanca sintió cómo la escocían los ojos al tiempo que musitaba.

-No puedo…

-¿Por qué?

-Pues porque… quiero que estén ahí. Para que me recuerden lo estúpida que fui. Aunque quisiera que se marcharan, sé que no lo harían. Esta es mi carga, y no puedo librarme de ella por mucho que yo quiera. Habré de vivir con ellas hasta el día en el que muera.

-Eso no tiene por qué ser así, Celestia. Tu hermana hace tiempo que dejó esa carga, es hora de que tú te deshagas de la tuya y marches con ella libre de toda atadura. El pasado, pasado es, y no lo podemos cambiar. Pero sí podemos cambiar el presente, para así cambiar el futuro.

-No es tan sencillo…

-¿Por qué?

-¡Pues porque…!

Celestia se calló de golpe al darse cuenta que había gritado esas palabras, disculpándose de seguido.

-Lo… lo siento, no era mi intención gritarte…

Ante eso, la yegua tan solo cerró los ojos momentáneamente, sin tomárselo en cuenta.

-Sólo si dejas marchar a las sombras de tu corazón, podrás vivir en paz. Es tan sencillo como aceptarlas, asumirlas, para que luego no hagan más estragos en ti. Si realmente quieres a tu hermana y deseas ser feliz, lo harás. Te conozco, Celestia. Después de todo, fui parte de ti hace mucho tiempo.

Sin embargo, Celestia tan solo negó con la cabeza al tiempo que decía.

-No soy ninguna santa… en realidad soy una poni horrible. Ignoré y luego desterré a mi propia hermana. Y ahora he perdido a Twilight por mis creencias. No merezco que las sombras me dejen. Deben permanecer ahí. Para saber que se trata de mí…

-No, Celestia, y lo sabes… también sabes lo que tienes que hacer para recuperar a Twilight. Es tan simple como querer hacerlo.

-Pero es que… tengo miedo…-masculló ella, con lágrimas en los ojos.

-Así no irás a ninguna parte, Celestia. Si realmente deseas ser feliz, recuperar a Twilight y la confianza en ti misma, harás lo que sea necesario. Sin importar qué.

La alicornio blanca cerró los ojos con fuerza, dos lágrimas resbalaron por sus mejillas y cayeron al suelo.

-No debes tener miedo. No cejes nunca. Alguna vez hubo felicidad en tu vida, y sé que añoras esos tiempos pasados. Y pueden volver, Celestia, pero sólo si tú les abres la puerta a tu corazón. Deja que tus acciones hablen por ti misma. Permite que la luz vuelva a ser parte de ti. Así, y solo así, podrás volver a ser feliz.

Las palabras de la misteriosa yegua calaron en ella, comprendiendo entonces quién era.

-Armonía…

La aludida tan solo la sonrió dulcemente; para Celestia ese gesto la hizo sentirse muchísimo mejor, calmando su agitado corazón y sintiendo como sus dudas y temores se disipaban por ese simple gesto.

-Hay armonía en muchas cosas de este mundo. Pero sólo se muestra en su plenitud ante los que realmente son merecedores de poseerla. Haz que cada cosa cuente, Celestia. Que cada acción, que cada palabra, que cada voz sea oída. Muestra a todos lo que hay realmente en tu corazón. De esa forma, podrás verla. Y serás feliz. Más de lo que hayas sido en toda tu vida.

Celestia cerró entonces los ojos, imaginándose el momento; Luna y ella estando totalmente bien, con su corazón libre de dudas y temores, al lado de sus sobrinos y gobernando juntas durante todos los años venideros. Y tanto Twilight como ella volviendo a ser amigas, sin ningún tipo de rencor. No pudo evitar sonreír ante tan bella estampa que la hacía sentirse feliz, incluso aunque no fuera real. Pero ella quería que fuera real. Tenía que ser real. Haría que fuera real.

-Ahora lo comprendo…

Abrió los ojos y vio que Armonía ya no estaba; por un lado se entristeció, ya que la hubiera gustado hablar más tiempo con ella. Tenía tantas preguntas que hacerla… Pero ahora sentía que podría hacer frente al futuro con lo que fuera. Y sólo por eso la conversación con ella había merecido la pena.

La sala de los tronos dejó de ser un lugar de tristeza y desolación para ella y se quedó allí un rato, observando la luna a través del boquete del techo. La noche se veía más clara que nunca.


Vale, por fin he terminado... Como podéis ver, este capítulo ha sido muy especial ya que he le metido una importante carga filosófica, además de dar un repaso general a las personalidades de los personajes más importantes. En un principio quise hacer algo no muy largo y autoconclusivo, pero si quería que cada encuentro fuera único tenia que dejar fluir las situaciones, pero sin forzarlas demasiado, por eso no son muy largas, a excepción de la de Celestia, que era la más importante después de la de Twilight. Con este capítulo he querido redimirme un poco del endeble final de temporada que me ha salido y tratar de compensároslo un poco; mi fallo ha sido que me he centrado demasiado en otras cosas en vez de en Frank, que es el protagonista de esta historia. Por lo que, a partir de aquí, comienza oficialmente su historia y me centro exclusivamente en él, dejando el resto de detalles más en un segundo plano. Y, este capítulo, marca el ecuador de la historia. En cuanto a Armonía se refiere, siempre la quise poner como una especie de ente filósofo que piensa y razona por si mismo, guardiana de un poder concebido hace miles de años atrás. Puede que vuelva a aparecer, aunque siempre estará ahí, vigilando y observando. Para el siguiente capítulo empezaré a saltar ampliamente en el tiempo y a contar la vida de Frank de una forma más rápida pero también detallada. Ah, y comentar también que acabo de empezar las clases, por lo que me lo tomaré con más calma. Espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!