Capítulo 32

Veinticinco

-¡Buenas tardes! ¿Qué es lo que desea?

-Hola, póngame una docena de donuts de caramelo glaseados y dos tazones de chocolate caliente.

-¡Marchando! ¡Una docena de caramelo glaseado y dos chocolates!

-¡Oído, cocina!

-¡Bien! ¡Siguiente!

-¡Hola, media docena de fresa y virutas de chocolate, para llevar!

-Frank, el pedido para la mesa seis.

-¡Ahora mismo, Soft! Proper, toma nota a este poni, por favor.

-Claro, déjamelo a mí.

Las tardes siempre eran bastante ajetreadas, y no era para menos, puesto que la hora de la merienda era sagrada, sobre todo para los niños, y en ese sentido el ir y venir de ponis por la tienda era un no parar. Desde que Sweet cogiera el testigo de Donut Joe después de que éste se jubilara, la tienda había sido todo un referente gracias a sus deliciosos donuts, permaneciendo abierta gracias a ella y haciendo las delicias de muchos ponis.

Por su parte, y tras terminar el colegio, Frank no se lo pensó demasiado en cuanto a su futuro se refería, haciendo un rápido curso de organización y gestión empresarial y ayudando a Sweet con el negocio, tanto con la parte económica y financiera como en la laboral, ayudando en la barra mientras ella permanecía en la cocina preparando sus magníficos donuts, que incluso eran más jugosos y sabrosos que los del propio Donut Joe. Debido a esto el éxito había sido constante, recibiendo grandes elogios y multitud de clientes día tras día.

Por ello habían tenido que contratar varios ponis para que les ayudaran debido al aumento de producción, siendo un total de cinco en el negocio. Ayudando a Sweet en la cocina se encontraba Soft Dough, una joven poni de tierra repostera, amiga de Sweet, que conocía bien los entresijos del negocio; junto a Frank en la barra se encontraba Proper Service, un trabajador y constante unicornio que tenía mucha maña atendiendo a los clientes, y entre las mesas se encontraba Swift Daze, un energético y lleno de energía pegaso que utilizaba su velocidad para servir rápidamente los pedidos. Entre los cinco formaban un buen equipo que se compenetraba a la perfección, haciendo funcionar al negocio bastante bien.

Con la bandeja en sus garras, Frank llamó la atención de Swift, el cual captó la señal enseguida y acercándose a la barra rápidamente.

-Mesa seis.

-Vale, lo tengo.

El pegaso, cargando con dos bandejas más, dos en sus patas y una en la cabeza, voló rápidamente entre las mesas mostrando una agilidad y un equilibrio impresionantes y tuvo atendido a todo el mundo rápidamente, uniéndose posteriormente a la barra para ayudar con los pedidos.

La mayor carga de trabajo se encontraba de cinco a siete, ya que a las cinco todos los potrillos salían de los colegios acompañados de sus padres, aunque para entonces ya tenían bastantes donuts hechos desde esa misma mañana, cubriendo de esa forma la demanda. Durante el resto del día estaba algo más tranquilo, las mañanas eran los momentos más relajados del día, y ya para la tarde noche se pegaban los últimos coletazos hasta echar el cierre. En ese sentido se organizaban bastante bien, por lo que el negocio marchaba estupendamente, reportándoles muy buenos beneficios.

Esa misma tarde, y en cuanto dieron las siete, los últimos ponis de la jornada se marcharon de allí, dejando el local vacío, aunque aún faltaba una hora para cerrar, aprovechando ese momento para hacer cuentas de la caja del día y relajarse un poco. Normalmente por día podían llegar a hacer entre unos doscientos o trescientos bits, algo más durante los fines de semana, y dado que el local ya estaba pagado desde hacía tiempo, entre gastos, impuestos y salarios todos salían ganando bastante bien.

-Hoy también hemos hecho una buena caja…-comentó en ese momento Proper Service.

-Sí, no hay nada más satisfactorio que ver como el negocio prospera-asintió Frank, contando las monedas.

-Desde luego…

Por un momento Frank se quedó callado, siguiendo con sus cuentas, aunque debido a esto no oyó abrirse la puerta, no obstante Proper sí.

-Frank, me parece que tenemos visita.

El aludido alzó la cabeza y, en cuanto vio quien entraba, exclamó.

-¡Mamá! ¡Tía Celestia!

Ambas princesas se encontraban junto a la puerta acompañadas por un par de guardias solares y lunares, Frank salió a recibirlas, dándola un fuerte abrazo a su madre y luego a su tía.

-¿Cómo vosotras por aquí?-inquirió el chico entonces.

-Bueno, hace nada ha acabado un pleno en la Cámara Alta, por lo que pensamos en pasarnos a tomar algo, y ya de paso para verte… seguís abiertos ¿no?-inquirió Luna.

-Sí, claro, pasad ¿qué os apetece?

Ambas princesas se sentaron en una mesa cercana a la barra y Frank las estuvo atendiendo, pidiéndose media docena de donuts para compartir junto con dos tazas de chocolate. Frank estuvo todo el rato con ellas y Sweet salió a saludar antes de volverse a la cocina para preparar la remesa de mañana.

-¿Y qué tal todo por la Cámara Alta?

-Bien, tranquilo, ya sabes que no nos entrometemos en sus procesos, pero de vez en cuando vamos a escuchar un poco las peticiones de algunos representantes, para tener algo más de presencia-explicó Luna.

-Oh, pues bien…

-Por cierto, Frank ¿pensaste en lo que te comenté? Ya sabes que, como príncipe heredero, puedes ejercer algunas funciones-comentó en ese momento Celestia.

Frente a eso el chico esbozó un gesto algo disgustado, comentando rápidamente.

-Nah, ya sabéis que no me van mucho esas cosas, prefiero ayudar a Sweet aquí en la tienda…

-Bueno, es tu decisión, ya sabes que no te vamos a obligar.

-Sí, lo sé.

-Aunque eso sí, dentro de un par de semanas se va a celebrar la Cumbre de Naciones en el imperio de Cristal por primera vez, ahí sí que vas a tener que venir-anunció en ese momento Celestia.

-¿Qué? ¿Es absolutamente necesario?-inquirió el chico, algo contrariado.

-Me temo que sí, toda la familia vamos a ir, es una Cumbre de Naciones, y como tal asisten todos los miembros de la realeza a este lado de Equus, así que…

-Bof, qué rollo, me hablasteis de la última ¿en serio tengo que ir?

-Sí, hijo, sabemos que no es lo más divertido del mundo, te lo digo hasta yo, pero hay que asistir, vendrán muchos miembros destacados de otras familias reales: los grifos, los yaks, los minotauros, los dragones, las cebras, los sultanes de Saddle Arabia, los duques de Maretonia… Twilight también, que me olvido de ella…

-Además de otros miembros de la nobleza cercanos a todas las coronas, más invitados, prensa…

Para entonces las ganas de Frank de asistir a tan distinguido evento eran cada vez menores, ya que no era precisamente lo más divertido y edificante del mundo. La Cumbre de Naciones es una reunión de dirigentes y mandamases de los muchos y variados reinos que componen toda Equus en la que se discuten asuntos de estado y se toman decisiones de orden mundial con respecto a determinados asuntos. Se celebra una vez cada diez años, en una localización que siempre varía y se elige por los propios asistentes, los cuales también podían ofrecer sus propios reinos, aunque ninguno hasta la fecha había llegado a prestarse voluntario para albergar las anteriores ediciones, ya que a nadie le apetecía molestarse y preparar todo su reino para recibir y albergar durante unos pocos días a casi medio mundo por sí solo. Y ya no sólo por todo el trabajo titánico que ello conllevaba, sino por el gasto que generaba, que luego más o menos se conseguía subsanar con algo de turismo y subvenciones varias, pero el esfuerzo a invertir era bastante considerable.

-Ya, ya… me sorprende que Cadance haya cedido el imperio de Cristal, no es tan grande al fin y al cabo.

-Sí, pero bueno, se han habilitado varias nuevas localizaciones y se van a construir varios hoteles para albergar a todos los que van a venir, Cadance pensó que, ahora que el imperio está restaurado, podría darle más visibilidad de cara al resto del mundo. Yo la voy a ayudar en todo lo que pueda para que no se desespere antes de tiempo, eso sí.

-Pobre, lo que la espera…

-Sí… se va a arrepentir, eso desde luego-murmuró Luna.

-Bueno, bueno, dadla una oportunidad, estaba muy emocionada cuando me lo dijo.

-Sí, bueno, al menos esta vez no nos tendremos que ir muy lejos, la última vez se hizo en el reino de los wapitíes, en plena tundra… madre mía que frío…-masculló Luna, recordando esos momentos.

La conversación siguió por otros derroteros hasta la hora del cierre, Celestia sacó su cartera para ir a pagar, pero Frank la detuvo.

-No, tía, no te molestes, invita la casa.

-¿Seguro? No quiero que nos hagan tantas distinciones sólo por ser princesas, más de una vez nos han llamado la atención por eso, además, esos donuts estaban deliciosos…

-Pero eso es porque eres una zampabollos, Tia-murmuró en ese momento Luna, divertida.

-¡Oye, sabes que no me gusta que me digas eso!-exclamó la aludida.

-Bueno, tía, algo de razón sí que tiene…-murmuró Frank, siguiéndole el hilo a su madre.

-¿Tú también, sobrino mío?

Ante eso los dos se rieron sin malicia alguna, aunque al final Celestia lo dejó estar, consiguiendo además pagar lo que les correspondía, sin darle apenas tiempo a Frank a rebatirla.

Tras eso las dos princesas decidieron retirarse y se despidieron de Frank justo a la hora de cerrar; por su parte el chico ayudó a recogerlo todo y cerrando el local junto a Sweet y despidiéndose de los demás junto a la puerta.

-Bueno, chicos, pues nos vemos mañana.

-Sep, pasad buena noche.

-Hasta mañana.

Tras eso todo el mundo se fue por su lado, Frank y Sweet se fueron calle arriba en dirección hacia su casa, la cual no estaba muy lejos de la tienda. Poco después de que Frank terminara su curso de organización y gestión empresarial, ambos decidieron independizarse y compraron un apartamento que estuviera bien de precio y no muy lejos del negocio, para tenerlo lo más cerca posible. Finalmente encontraron algo que se ajustaba a sus gustos, en un principio tanto Luna como Fleur se ofrecieron para pagarlo como regalo personal, pero aun así ambos desecharon la oferta y optaron por pagarlo entre los dos, con el dinero que habían ahorrado del trabajo.

-Bueno, pues otro día más…-murmuró Sweet, con gesto cansado.

-Sí, es duro, pero merece la pena ver los gestos felices de los ponis ¿no crees?

-Sí, eso sí… ¿qué te apetece para cenar?

-Deja, ya cocino yo, tú relájate ¿vale?

-Está bien… gracias, cielo.

Los dos se sonrieron, compartiendo un breve pero intenso beso entre los dos mientras paseaban por las calles de Canterlot. El sol se iba poniendo por el oeste, bañando Ecuestria y Canterlot de un color rojizo pardo particularmente bello.


-He venido todo lo rápido que he podido ¿dónde está mi madre?

-En su habitación, descansando.

-Quiero verla.

-Por supuesto, por aquí, alteza.

Frank siguió a la nueva ama de llaves, la señora Lock, sin poder evitar sentirse un tanto preocupado. Y no era para menos, puesto que apareciera de repente un guardia lunar en la tienda para avisarle de que su madre había caído enferma no era precisamente lo más reconfortante del mundo. Durante todo el camino la señora Lock le fue explicando lo sucedido.

-Anoche la princesa se fue a la cama temprano sin apenas cenar, comentando que no tenía mucha hambre, cosa que nos extrañó a todos un poco. No le dimos mucha importancia, ya que pensamos que se encontraba cansada, pero esta misma mañana, y al bajar a desayunar, se desplomó nada más entrar al comedor, alarmando a todos.

-¿Cómo se encuentra ahora?

-Tiene fiebre y se marea cuando se pone de pie, por lo que se encuentra tumbada y con paños de agua. El médico ya ha estado aquí mirándola, dice que no es nada grave, pero que necesita descansar.

El ceño de Frank se frunció, aún algo preocupado por ella, y quedándose callado. Por su parte la señora Lock tampoco dijo nada más, guiándole hasta el lugar.

Nada más entrar en la habitación de Luna, Frank vio a la susodicha tumbada en su cama, envuelta entre las sábanas con un paño en su frente y a su tía Celestia junto a ella.

-¡Mamá! ¿Cómo estás?

-Hola, hijo… he estado mejor, eso desde luego…-masculló la aludida con la voz algo tomada, dejando escapar una seca tos.

-¿Qué tiene?-inquirió él, dirigiéndose a su tía.

-El médico la ha estado mirando y dice que es una simple gripe equina común.

-¿No tuve de eso yo hace tiempo cuando era pequeño?-recordó entonces el chico, haciendo memoria.

-Así es, a ti te dio más fuerte al no ser un poni y no haber caído enfermo antes, pero en el caso de Luna no es tan grave, ya que la ha pasado otras veces antes. Creemos que la ha dado por exceso de trabajo, hemos estado muy liadas durante las últimas semanas.

-Entiendo…

-Por ahora necesita descansar y guardar reposo, ya ha empezado a medicarse, pero cuanto menos se mueva, mejor.

-Ya, no me importaría estar así sin hacer nada si no fuera porque tengo un montón de trabajo pendiente atrasado…-masculló Luna en ese momento.

-Ya has oído al doctor, Luna, tú no te mueves de aquí hasta que te hayas recuperado.

-Pero…

-Ni peros ni peras, no es no ¿entendido?

Ante eso Luna dejó escapar un seco suspiro, que inmediatamente después se convirtió en un fuerte tosido que la impidió decir nada más. Frank observó a su madre, sin poder evitar sentirse un tanto preocupado por ella. Estaba claro que no se trataba de nada malo, pero aun así ver a su madre en ese estado le disgustaba un tanto, comprendiendo por qué lo decía. Además había sido ese mismo trabajo lo que la había dejado así para empezar, por lo que decidió enseguida.

-No te preocupes, mamá, yo me encargaré de tu agenda hasta que te recuperes.

Eso cogió por sorpresa tanto a Luna como a Celestia, que no se esperaban para nada esa situación de buenas a primeras.

-¿Qué? Pero espera, bastante tienes ya con lo tuyo en la tienda, además, sé que no te gusta la vida de príncipe…-murmuró la alicornio oscura.

-Sí, bueno, no es lo más divertido del mundo, pero Sweet lo entenderá, además, esto lo hago por ti, mamá, necesitas descansar, deja que yo me ocupe de todo.

Costó un poco hacerla entrar en razón, pero finalmente aceptó que la sustituyera, aunque un poco a regañadientes. Una vez que estuvo todo hablado tanto Celestia como Frank salieron de la habitación de Luna, dejando a una de las sirvientas del palacio al cuidado de la princesa enferma.

-Gracias por ofrecerte a sustituir a tu madre, Frank.

-No es nada, es lo mínimo que puedo hacer por ella, aunque no sea precisamente lo que más me gusta, pero bueno.

-No te preocupes, lo harás bien, sé que a veces es aburrido, pero luego la satisfacción por el trabajo bien hecho no te la quita nadie.

-Sí, sé lo que es eso… aunque eso sí, voy a tener que avisar en la tienda, les dije que me iba a ver a mi madre y poco más…

-Descuida, haré que uno de mis guardias vaya a avisar por ti. Por ahora no hay nada que coincida en nuestras agendas, pero para esta tarde hay una audiencia popular en el salón del trono, ahí sí que estaremos juntos.

-Vale, por ahora me encargaré del papeleo, te veo luego, tía.

Los dos se despidieron en la esquina del pasillo y Frank se dirigió al despacho de su madre, junto a la puerta se encontró con Kibitz, el cual comentó.

-Buenas, alteza, ya me han dicho que usted se va a ocupar de la agenda de su madre de aquí en adelante…

-Así es ¿hay algo programado para lo que queda de mañana?

-Nada, puede aprovechar para ponerse al día con el trabajo atrasado, luego por la tarde tiene una audiencia popular junto con la princesa Celestia.

-Sí, ya me lo dijo ella misma… manténgame al tanto si hay cambios en mi madre.

-Por supuesto.

Tras eso entró en el despacho de su madre, viendo entonces la pila de sentencias, tratados y demás documentos que faltaban por firmar y ratificar, dejando escapar un dejado suspiro.

-Hazlo por mamá, por mamá…-se recordó a sí mismo, armándose de valor.

Las siguientes horas fueron bastante aburridas, teniendo que leerse detenidamente todo antes de hacer nada, estampando su firma junto a su sello usando cera caliente. Normalmente los sellos reales eran las propias marcas de belleza de ambas princesas, pero en su caso usaba su propio sello, diseñado por él mismo bastante tiempo atrás. Una vez que lo tuvo todo firmado y sentenciado lo envió a administración para que ellos se encargaran de cerrar los pertinentes procesos que daban fin a la vía administrativa.

El resto de la mañana pasó rápidamente, y en cuanto dio la hora de comer, Frank fue a ver a su madre para ayudarla en todo lo que necesitara. La comida se la llevaron a la cama para que no se tuviera que mover, y el chico la estuvo ayudando, algo que de cierta forma incomodaba y avergonzaba a la princesa a partes iguales.

-Ay, hijo, en serio, no hace falta que te molestes, no estoy tan mal…

-Ya, pero el doctor ha dicho que sea reposo absoluto, y tengo que cuidar de ti…

-En serio, puedo cuidarme por mi misma, no hace falta que hagas esto…

-No seas cabezona y abre la boca.

-Oh, por todos los ponis, qué vergüenza…

-¿Por qué? ¿No era esto lo que hacías conmigo cuando era pequeño? Míralo como si fuera un retorno de favor.

Ante eso Luna se quedó callada, pensando en lo que su hijo la había dicho y esbozando una alegre sonrisita.

-Oh, a veces me olvido de que has crecido. Mírate, ahora eres un semental hecho y derecho que está dando de comer a su vieja y achacosa madre…

-No seas exagerada, mamá…

-¿Exagerada? Sabes cuantos años tengo ¿verdad?

-Sí, pero te conservas estupendamente.

Ante eso la princesa no pudo evitar reírse abiertamente, aunque al poco rato la risa se transformó en tos, cortando de esta forma el momento. Su hijo la dio un poco de agua, y en cuanto se aclaró la garganta masculló.

-Pero qué tonto eres…

-Sólo un poquito-murmuró él, guiñándola un ojo.

Luna esbozó una feliz sonrisa, agradecida por sus cuidados.

-Gracias, hijo…

-No es nada, mamá. Te quiero.

-Yo también te quiero.

Los dos se dieron un fuerte y efusivo abrazo, dejando pasar el tiempo. En cuanto Luna terminó de comer y se tomó la medicina se volvió a acostar, murmurando de seguido.

-Ahora ve tú a comer, no te vayas a quedar con hambre.

-Na, tranquila, ahora voy y pico algo. Descansa, mamá.

Tras eso se dirigió al comedor, donde se reencontró con su tía Celestia y comiendo en compañía suya.

-¿Cómo está Luna?-inquirió Celestia en un momento dado.

-Bien, la he estado ayudando un poco.

-Luego me pasaré a echarla un vistazo.

-Vale. Por cierto ¿avisaste en la tienda?

-Ah, sí, ya les han explicado tu situación, han dicho que está bien, que no pasa nada, Sweet se pasará luego a ver a Luna.

-Oh, bien… por cierto ¿dónde están Blueblood y Trixie?-inquirió Frank en ese momento.

-Se encuentran en Fillydelphia cubriendo varios eventos a los que ni yo ni Luna podíamos asistir, lo cierto es que se están tomando muy en serio su papel.

-Oh, bien. Esta tarde tenemos audiencia popular ¿no?

-Sí, no creo que se alargue mucho, después de todo es recibir a quienes quieran consultarnos algo y poco más, en cuanto terminemos con eso podremos dar por concluida la jornada

Aunque el uso de las audiencias populares había decrecido con el paso de los años, dichas audiencias seguían dándose esporádicamente, sirviendo principalmente como un medio directo de comunicación entre el pueblo y las propias princesas. Distintos ponis podían venir, consultar sus dudas y preguntar cualquier otra cosa que les preocupara directamente a las princesas, así como realizar peticiones formales, quejas o sugerencias.

Por suerte, y tal y como dijo Celestia, la audiencia de esta tarde no llevó demasiado tiempo, ya que tampoco vino mucha gente; salvo una pareja de unicornios pidiendo más ayudas sociales, un poni de tierra que tenía algunas dudas sobre ciertos procesos administrativos, una pegaso que reclamaba un incremento de salario en la división de ponis del clima en Canterlot y poco más, no fue una audiencia muy transitada. Aunque sí que se sorprendieron los ponis al ver a Frank en lugar de Luna, incluso uno de ellos llegó a preguntar al respecto llevado por la curiosidad.

-¿Algo más, mi pequeño poni?-inquirió Celestia.

-Eh, no… bueno, aunque hay una cosa, si ustedes me lo permiten, por supuesto, no es mi intención entrometerme…

-Cuéntanos-le animó el propio Frank.

-Ah, sí, el caso es que me ha sorprendido verle hoy, príncipe Frank ¿ha ocurrido algo con la princesa Luna?

Celestia fue a contestar, pero Frank se adelantó y comentó rápidamente.

-Sí, bueno, no es nada grave realmente, mi madre ha caído enferma de gripe y no puede moverse de la cama, por lo que la estoy llevando la agenda hasta que se recupere.

-Oh, ya veo, en ese caso espero que se recupere enseguida. Gracias por escucharme, altezas.

-El placer es nuestro, gracias por venir.

Finalmente la audiencia popular llegó a su fin y la jornada real se dio por finalizada, cerrando el palacio al público, aunque al poco rato se presentó Sweet para saludar a Luna. Ya allí el mismo Frank le estuvo explicando el porqué de su decisión, comprendiéndolo perfectamente.

-No te preocupes, cariño, tú quédate con tu madre y ayúdala en todo lo que puedas.

-¿Segura? Tampoco quiero dejaros solos en la tienda con todo el trabajo.

-No pasa nada, nos las apañaremos como podamos, podremos con ello.

-Está bien…

La yegua se despidió de ellos y Frank la acompañó hasta la puerta, observándola marcharse desde la verja. Aunque se había comprometido con su madre, esperaba que esa situación no se alargara mucho, ya que no le gustaba estar lejos de Sweet. Además dentro de poco iba a ser la Cumbre de Naciones, y eso le iba a quitar tiempo de estar con ella sí o sí, aunque para entonces seguramente Luna ya estaría bien.

Sin mayor dilación se metió de nuevo en el palacio, cerrando tras de sí la verja y la puerta, al tiempo que una bonita luna llena iluminaba todo Canterlot.


-Por favor, den una cordial bienvenida a la familia real ecuestriana.

-¡Tías, ya estáis aquí!

-Hola, Cadance, sobrina… ¡Skyla, cuanto tiempo, qué grande que estás!

-¡Hola tía Celestia, hola tía Luna! ¡Frank!

-¡Primita, cuánto tiempo! ¡Ven aquí, pequeñaja!

-¡Oye, te recuerdo que ya tengo veintidós años, vale que soy más pequeña que tú, pero córtate un poco!

-Ya, pero qué le vamos a hacer, siempre serás mi pequeña primita…

La primera jornada de la Cumbre de Naciones no podía empezar mejor, al menos para Frank; y no era para menos, puesto que hacía ya un tiempo desde la última vez que vio a su prima segunda, Skyla, por lo que la ocasión no podía ser mejor. Además eran los primeros en llegar a la ceremonia de recepción, por lo que eso les daba cierto margen mientras esperaban al resto de asistentes.

-¿Y la tía Twilight?-inquirió en ese momento Skyla.

-Debe de estar al caer…

Al poco rato, fue dicho y hecho, puesto que oyeron los toques del bastón del bautista, al tiempo que éste anunciaba.

-Por favor, den una cordial bienvenida a la regente del principado de Armonía, Twilight Sparkle y su séquito.

Al punto la aludida se presentó junto con un par de guardias reales propios, y acompañada por Sunset Shimmer y Spike. Nada más verla Skyla se lanzó a abrazar a su tía preferida, recibiendo un efusivo abrazo por su parte.

-¡Tita Twilight!

-¡Skyla, cariño, mi sobrina preferida! ¿Qué tal estás?

El paso del tiempo había repercutido en todos de manera significativa, y Twilight no era ninguna excepción; ahora era casi tan alta como Celestia y ligeramente más alta que Luna, su cuerpo se había estilizado mucho más y tanto su crin como su cola habían crecido un poco más, adquiriendo un aspecto más etéreo, de forma muy parecida a las crines de Luna y Celestia. Además brillaban como si estuvieran hechas de estrellas.

-Hola, Twilight, veo que estás deslumbrante…-la saludó Celestia.

-Ah, no tanto como tú realmente.

Ante eso las dos se rieron con confidencia, compartiendo entre ellas un sentido abrazo. Frank fue el siguiente.

-Hombre, pero si es mi tía loca preferida…

-Yo también me alegro de verte, Frank…

Tras el pertinente abrazo Twilight inquirió.

-¿Cómo está Sweet?

-Bien, se ha tenido que quedar en Canterlot para llevar la tienda, hubiera preferido quedarme allí con ella, si te soy sincero…

-Ya, normal, pero como bien sabrás tenemos que estar aquí, así que…

-Sí, lo sé, lo sé…

La recepción se fue extendiendo durante toda la mañana mientras iban llegando los distintos reyes, nobles, príncipes y demás mandatarios de otras partes del globo.

Los duques de Maretonia fueron los siguientes en llegar, llevando el mismo séquito de la última vez que se vieron. Esta vez se alegraron de conocer en persona a Twilight, ya que no tuvieron la ocasión de hacerlo anteriormente.

Tras ellos les siguieron los yaks en compañía del príncipe Rutheford y su séquito, saludando a voz en grito, como bien acostumbraban a hacer.

Tras ellos vinieron los grifos, acompañados de su rey, Guto II, de la recientemente restaurada monarquía grifo, en la cual había participado la propia Ecuestria mandando a varios colaboradores y nombrando a un nuevo rey, través de la mediación de la propia Twilight.

Inmediatamente después llegó la princesa Ember, del reino de los dragones, la cual había sido nombrada la sucesora del antiguo Señor Dragón Torch tras superar una antigua prueba milenaria propia de la cultura draconiana. Iba ataviada en una armadura dorada y portaba consigo el cetro de fuego que la identificaba como Señora Dragona.

Al poco rato los siguientes en venir fueron las cebras, siendo recibidas por la reina Mwanajuma, una imponente y majestuosa cebra, algo más grande que la típica cebra promedio y engalanada con ropajes y joyas tribales. Y, para su sorpresa, vieron a Zécora entre su séquito, por lo que no sólo vieron caras desconocidas.

Los siguientes en llegar fueron el sultán Azzâm y la sultana Aasiyah de Saddle Arabia, acompañados de sus delegados Haakim y Amira, su visir real y un bastante amplio y destacadísimo séquito que incluía pajes, sirvientes, doncellas, bailarinas, faquires, cocineros y hasta loros que afinaban en mi.

Los minotauros llegaron después, su rey vino acompañado de un séquito algo más pequeño y modesto, puesto que no eran un reino muy grande, pero igualmente tenían su lugar en la Cumbre.

El resto de asistentes fueron llegando conforme fue pasando la mañana, para mediodía ya estaban casi todos, llenando casi por completo esa sala de recepciones dentro del palacio de cristal. Una vez que estuvieron todos, Cadance aprovechó para presidir el estrado que habían montado para dar la bienvenida oficial, abriendo de esta forma la Cumbre de Naciones.

-Bienvenidos a todos y muchas gracias por venir. El Imperio de Cristal se congratula de albergar la Cumbre de Naciones de este año, siendo para mí todo un honor, espero que su estancia sea de su agrado. Durante estos días construiremos puentes, reforzaremos nuestras relaciones y estrecharemos los lazos que hacen grande no sólo a esta nación, sino a todos los reinos y lugares de esta hermosa tierra que es Equus, nuestro hogar. Todos y cada uno de nosotros tenemos un papel que desempeñar, y estoy segura de que juntos y unidos, haremos de este mundo un lugar mejor. Y sin más preámbulos ¡que comience la Cumbre!

Tras sus palabras el evento dio comienzo y, tras la ceremonia de recepción, los primeros actos del día se comenzaron a dar. Previa a la comida, había programada una reunión entre Ecuestria y Maretonia, por lo que tanto Luna como Celestia, Frank, Blueblood y Trixie estuvieron reunidos con los duques de Maretonia para hablar de aranceles, revisar tratados, colaboraciones y aportar nuevas ideas para futuros proyectos que les pudieran beneficiar a largo plazo. Las que más hablaron fueron Luna y Celestia, dejando a los demás algo más al margen, pero hablando de vez en cuando para complementar un poco a ambas soberanas.

Tras esa reunión vino la primera comida conjunta, ocupando todo el salón comedor inferior, uno de los tantos que había; por parte de las cocinas se tuvieron que esmerar lo indecible, ya que debían de cocinar para más de mil comensales, entre los que se encontraban ponis, cebras, dragones, grifos y yaks, entre otros, por lo que la variedad debía de ser crucial. Los distintos reinos fueron organizados en mesas para no mezclar demasiado las comidas y así evitar encuentros desagradables, como en el caso de los grifos, que comían principalmente carne. Para los dragones hubo un generoso surtido de gemas, y para los ponis de Saddle Arabia un popurrí de productos de su propia tierra traídos por sus propios cocineros, que ocuparon parte de la cocina junto con el resto de chefs.

Durante el resto del día hubo más reuniones entre los distintos reinos, Ecuestria asistió a dos más: una con el reino de las cebras y otra con Saddle Arabia. La reunión con la reina cebra Mwanajuma, la cual iba acompañada de Zécora, fue bastante distendida, centrándose sobre todo en formas de integrar a las cebras en el reino poni de forma eficaz y no prejuiciosa.

-Binti mfalme Celestia, gracias por recibirnos, hacía tiempo desde la última vez que nos vimos.

-Así es, me alegro de volver a verte, Mwanajuma.

-Hablemos, pues, de nuestro pueblo. Mi súbdita, Zécora, ha estado viviendo en su reino durante los últimos años y me ha contado muchas de sus vivencias. Al principio no parecía ser muy aceptada…

-Sí, estuve al tanto de ello, mi por aquel entonces estudiante personal Twilight Sparkle me habló de ella y me contó lo que ocurría, pero al final se fue asentando… ¿no es así, Zécora?

Ante eso la aludida asintió, murmurando de seguido.

-Así es, alteza, mas no era ningún impedimento para mí, puesto que estoy acostumbrada a vivir así. Desde el incidente de la broma venenosa ahora soy aceptada, y me honra la hospitalidad dada.

-Además, usted misma ayudó a mi hijo en un momento de gran necesidad, y sólo por eso le estaré eternamente agradecida-añadió Luna, para más señas.

-¿Ah, sí? ¿Fue ella quien me curó?-inquirió en ese momento Frank, que permanecía en silencio.

-Así es, con un remedio casero de su tierra logró que te recuperaras de la gripe común equina-asintió Luna.

-Vaya, pues muchas gracias, Zécora, te debo la vida.

Ante eso la aludida le quitó importancia, comentando de seguido.

-Ayudar es lo que en su día me llegaron a enseñar, y mi reina aquí presente bien lo puede confirmar.

-Así es, nuestro pueblo convive gracias al altruismo y la generosidad, y en ese sentido es un ideal que todos compartimos por igual-asintió Mwanajuma.

-Gran ideal, eso desde luego, incluso coinciden con los nuestros, y es por eso por lo que creo que debemos estrechar más lazos. Y se me ha ocurrido algo que podría servir para una mayor integración-anunció Celestia.

-Cuéntame más, binti mfalme Celestia.

-Vuestra raza destaca por tener gran abundancia de recursos materiales y gran conocimiento médico y mágico, muy distintos a los nuestros, por lo que te propongo un intercambio cultural, por así decirlo. Podemos hacer un programa especial de intercambio en universidades y escuelas, que las cebras vengan a Ecuestria a enseñar sus técnicas y los ponis vayan a Zebraica a hacer lo mismo. De esta forma compartimos nuestras culturas y nos enseñamos los unos a los otros. ¿Qué me dices?

Ante eso Mwanajuma se quedó pensativa, rumiando la proposición y consultándolo con la propia Zécora en su idioma natal. Tras una rápida deliberación anunció.

-Nos parece una idea interesante, la llevaremos a buen puerto cuanto antes.

Toda la familia ecuestriana sonrió, satisfecha, y cerraron el pacto redactándolo entre todos y firmándolo para hacerlo efectivo.

Tras la reunión con las cebras vino la reunión con los sultanes de Saddle Arabia, los cuales iban acompañados por sus representantes internacionales, Haakim y Amira, y su visir real. Se saludaron en su lengua con las pocas palabras que Luna y Celestia sabían.

-Salam aleikum.

-Aleikum salam, al'amirat Celestia wa Luna.

La reunión estuvo marcada por la presencia de multitud de productos de su tierra, ya que las relaciones entre ambos países eran sobre todo comerciales, adquiriendo mercancías de todo tipo, desde seda, alfarería, dátiles, leche de dromedario, té, azafrán y otras especias, entre muchas otras cosas.

-Tengo que admitir que su cultura es muy interesante, y hay algunas comidas que me gustan especialmente…

-Prueben los dátiles, por favor, están recién recogidos.

-Hemos traído también unos cuantos litros de leche de dromedario que seguro les gustarán.

Fue una reunión bastante diferente, pareciendo más un catering privado que otra cosa, para que probaran sus productos y se los siguieran comprando como hasta ahora. También hablaron un poco acerca de la cultura de cada país, ahí los sultanes tuvieron algo que decir al respecto.

-Como bien saben, nuestro país es respetuoso con las creencias de otros países y culturas, pero hemos estado recibiendo quejas de ciertos imanes en determinadas medinas acerca de sacerdotes primalicornianos que tratan de impedir o dificultar el trabajo de nuestros imanes. Como ustedes podrán comprender eso es algo que no podemos dejar pasar así sin más, nos parece muy bien que esos sarcedotes tengan sus propias creencias con su Primer Alicornio, pero en nuestro caso tenemos a Hisan, y debemos hacerle valer.

-Lo comprendemos perfectamente, sin duda alguna se trata de una muy mala praxis por parte de esos sacerdotes, tomaremos medidas al respecto, no se preocupe.

-Se lo agradecemos.

Tras esa última reunión Ecuestria no tuvo nada más en su agenda para ese día, aunque el resto de países y reinos se siguieron reuniendo; el Imperio de Cristal se reunió con un buen montón a lo largo de toda la jornada y el Principado de Armonía de Twilight también tuvo un par de reuniones, una con los minotauros y otra con los dragones, en la cual Spike fue una pieza importante durante las negociaciones. Hasta el momento Twilight había ido adquiriendo fama de mediadora en diferentes tratos y reuniones, así de tener una muy buena habilidad negociando diferentes compras y firmando convenios, todo ello sin pasarse de pretenciosa o interesada. Fue además ella la que impulsó la restauración de la monarquía grifo tras varios años en decadencia después de una visita de cortesía a Griffonstone, la capital del reino grifo.

Por la tarde hubo un breve descanso en el cual Frank aprovechó para distraerse un poco, aunque en todo momento no dejó de otear el horizonte, dirigiendo su mirada más allá de las montañas de Cristal.

-¿Cansado, hijo?-inquirió Luna en un momento dado.

-Ah, sí, un poco… esto es un rollo, mamá…-murmuró el chico, algo hastiado.

-Lo sé, cariño, es todo protocolo y buenas formas, pero aguanta un poco, sólo serán unos días…

-Ya, pero aun así… la echo de menos…

Ante eso Luna tan solo sonrió, comprendiendo al instante a quien se refería; se tumbó a su lado, llegando a frotar su hocico en su cabeza en un gesto maternal, y comentó.

-¿Cuántos años hace ya desde que empezasteis a salir?

-Cinco, y parece que fue ayer…

-Es cierto… aunque noto que hay algo más ¿no?

Frank tan solo asintió lacónicamente antes de volver a hablar.

-Aunque no lo parezca son muchos años, estamos bien, pero he pensado que tal vez… podríamos llevarlo un poco más allá.

-Es un paso lógico, y si me lo preguntas creo que es el momento perfecto, así que por mí adelante.

-Sí, aunque primero tendría que pedírselo, y no sé si ella querría…

-¿Por qué no? Ya son cinco años juntos, que se dice pronto, no veo por qué no iba a querer…

Frente a esa declaración el chico se lo pensó un poco mejor, viendo que en parte su madre llevaba razón.

-Bueno, visto así es cierto. Se lo pediré en cuanto volvamos.

-Me alegro mucho por ti, cariño, no voy a poder pedir mejor nuera.

El chico sonrió, contento por su decisión, y comenzando a pensar a toda velocidad. Puede que la Cumbre no fuera lo más divertido del mundo, pero estaban en el Imperio de Cristal, y en sí eso le daba multitud de opciones. Fue entonces cuando su deseo de volver a Ecuestria fue más fuerte que nunca, aunque por ahora tan solo restaba esperar.


-Sweet Cream ¿aceptas a Frank como legitimo esposo, para amarle y respetarle, todos los días de su vida, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

-Sí, quiero.

-Y tú, Frank ¿aceptas a Sweet Cream como legitima esposa, para amarla y respetarla, todos los días de su vida, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

-Sí, quiero.

-Muy bien. Los anillos, por favor.

Al punto los padrinos de Frank, los cuales eran Brave y Strong respectivamente, se adelantaron y entregaron los anillos. El chico los cogió con sus garras y los observó brevemente. Podía decirse que su estancia en el Imperio de Cristal no había sido en vano, puesto que le permitió comprar esos brillantes anillos hechos del resistente cristal de allí y rematados con diamantes en su superficie. Unos anillos perfectos para una novia perfecta, en una boda del todo especial. Y no era para menos, puesto que su tía Celestia presidía la ceremonia, la cual era más íntima que otra cosa, con algunos pocos asistentes, todos ellos amigos cercanos y poco más.

Se encontraban presentes toda la familia real, incluyendo a Cadance, Shining y Skyla, así como Twilight, Spike y sus amigas, Fleur y Fancypants, algunos viejos conocidos de la escuela, Midnight Blossom y Cloud Skipper junto a un buen destacamento de guardias solares y lunares, e incluso algunos ponis del servicio. El despliegue militar no era para menos, puesto que la última boda presidida en ese palacio no fue precisamente la mejor de la historia, por lo que tanto Luna como Celestia decidieron cortar por lo sano, prefiriendo curarse en salud.

Una vez que tuvo los anillos en su poder, Frank fue el primero en usarlos, poniéndole a su inminente mujer el suyo en el cuerno, encajando perfectamente. Acto seguido la alta unicornio cogió el otro con su magia y se lo puso a Frank en uno de los apéndices de sus garras, completando así la unión.

-Y con esto, yo, la princesa Celestia, corregente de este reino, os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.

Finalmente, y para rematar, los ahora recién casados sellaron el acto con un suave pero apasionado beso, al tiempo que todo el mundo prorrumpía en aplausos y el confeti y el arroz comenzaba a caer. Todo el mundo les congratuló y agració, un buen montón de abrazos fueron dados y la felicidad se instaló entre todos los presentes. Frank saludó a sus suegros y estuvo hablando también con Skipper.

-Bienvenido al club.

-Gracias, gracias ¿Cuánto es la cuota?

-Toda la vida ¿estás dispuesto a pagarla?

-Sí, ya que estamos…

Ante eso los dos se rieron con fuerza, al tiempo que Midnight y Sweet les observaban con gesto plano.

-Menudo par…

-Desde luego, y nos hemos casado con ellos, hay que ver…

Esta vez fue el turno de las chicas de reírse con fuerza, dejando a los dos maridos un tanto extrañados.

-¿De qué se ríen tanto?-inquirió el capitán de la guardia solar.

-Yeguas, déjalas, mientras se lo pasen bien…

Blueblood y Trixie fueron los siguientes en felicitarles.

-Felicidades, primo, lo has conseguido.

-Pues ya ves, es lo que tiene… aunque ahora que lo pienso ¿Qué hay de vosotros? ¿No pensáis asentar vuestro nidito de amor?-inquirió entonces Frank.

Ante eso Trixie fue la siguiente en responder.

-Bueno, el caso es que por mi parte se refiere no tengo problema, por el momento estamos bien…

-Sí, es como dice Trixie, llevamos ya unos años de novios y por mí no tengo problema, pero vamos, que si quieres casarte, cielo, por mí no hay problema-murmuró Blueblood.

-Bueno, me pensaré su oferta, señor príncipe…

-Lo que usted diga, mi princesa…

Los dos se rieron tontamente, compartiendo varios gestos cariñosos, lo que Frank aprovechó para bromear un poco.

-Pero bueno, qué descaro, qué descoco, iros a un hotel…

-Anda, hijo, déjales estar, no seas chinche…-murmuró en ese momento Luna.

-Ah, mamá, venga ya ¿tú ves a Blueblood molesto?

-Pues no te diría que no…

-No me vengas con esas ahora, primito, que nos conocemos…

Tras dejar pensativos a Blueblod y Trixie acerca de su futuro, Twilight fue la siguiente en felicitar y hablar con Frank.

-Felicidades, Frank, habéis dado un paso más en vuestra relación, me alegro por vosotros.

-Gracias, tía Twilight… aunque espera ¿Y qué hay de ti?

-¿De mí?-repitió ella, extrañada.

-Sí, ya sabes ¿no hay por ahí ningún semental al que hayas robado el corazón? Seguro que si…

Ante eso Twilight no hizo más que enrojecer profusamente, comentando de seguido.

-Ah, no, no, ya sabes que no, estoy bien soltera…

-¿En serio? no me creo que nadie se haya fijado en una yegua tan inteligente y guapa como tú…

-Agh, para ya…-masculló la alicornio lavanda, enrojeciendo un poco más.

-No quiero.

Ante eso Twilight rodó los ojos y Frank se rió divertido aunque sin malicia.

-Qué malo eres…

-Nah, que va, y lo sabes…

Tras el evento se dirigieron todos a un salón comedor, donde había preparado un catering variado mientras todos iban comiendo y bebiendo. Se puso también música, sonando Frank Sinatra por todo el lugar y aprovechando Frank y Sweet para marcarse un baile ante todos los presentes. Aunque en un momento dado Frank enseguida notó cierta ausencia que no le pasó desapercibido.

-Espera ¿y el tío Discord?

Nada más decirlo, y de un hueco físicamente imposible justo a su lado, apareció el susodicho vestido con un esmoquin azul y mascullando.

-Espera, espera ¿era hoy? ¿No era mañana?

-¿El qué?

-¡La boda, por supuesto! ¡No me digas que me la he perdido!

-Eh… pues sí…

Ante eso el draconequus se dio una fuerte palmada en la cara, al tiempo que exclamaba.

-¡Pero creía que era mañana! ¡No puede ser, si tenía preparada una despedida de soltero legendaria, iba a haber de todo: músicos, comida, yeguas, diversión, farándula, la recoña en bicicleta, y ahora, ahora…! ¡Agh, soy un desastre total!

Tras eso Discord se recogió como una persiana hasta quedar del todo aplanado, literalmente hablando. Sin embargo Frank le subió, comentando de seguido.

-Vamos, vamos, tío Discord, no pasa nada, al menos has llegado a la tarta…

-Oh, sí, la tarta, ese es mi único consuelo azucarado lleno de una dulce pero amarga sensación de fracaso… lo siento, Frank.

-Que no pasa nada, hombre, venga, te dejo que tengas el primer trozo, que no se diga.

-Eres demasiado bueno con este viejo draconequus, Frank.

-Pft, ya ves tú… oh, mira quien está ahí… ¡Fluttershy, mira quien ha venido!

La tímida pegaso al ver a Discord se puso como loca de contenta al verle, acercándose a él para saludarlo.

-¡Discord! No sabía que ibas a venir…

-Ah, eh, esto… hola, Fluttershy, me alegro de volver a verte…-masculló el draconequus, todo azorado.

-Yo también…

Ante la situación presentada Frank aprovechó para zafarse de él, haciéndole gestos de ánimo desde la distancia y regresando con Sweet, la cual murmuró.

-Míralos que tortolitos, y ni se dan ni cuenta…

-Ya ves, déjales, ya se soltarán, en cuanto Discord le entre al ambiente no habrá problema.

En un momento dado la yegua se apoyó en el pecho del chico y éste la devolvió el gesto, compartiendo entre ellos un dulce beso.

-Gracias por hacerme la yegua más feliz del mundo…

-No, gracias a ti por hacerme la criatura más feliz del mundo…

Ante eso los dos se rieron con confidencia, dándose otro beso y disfrutando del momento, dejando pasar el tiempo. Afuera un sol radiante iluminaba Ecuestria.


Agh, por fin, lo que ha costado en salir este capítulo... y sí, si alguien lo ha notado parco en detalles, pues sí, mira, paso ya de detalles, sé que la Cumbre podría haber dado mucho más de sí, pero es que en serio, no quiero más subtramas, no quiero más añadidos, simplemente quiero centrarme en Frank y punto pelota. Dicho esto, paso a explicar algunas cosillas concernientes a esta historia.

Quiero terminar ya esta historia, al principio pensé en meter más cosas, pero después de volver a escribir tras el parón de casi dos años decidí seguir mi plan original y centrarme sola y únicamente en Frank y su entorno. Habrán cuatro capítulos más, la numeración de los mismos cambiará (de cinco en cinco a de diez en diez) y todos irán directos al grano, sin florituras ni nada que entorpezca el ritmo, que será rápido y más fluido a partir de ahora. Lo siento si sueno brusco y tosco, pero es que estoy hasta arriba de esta historia, y lo mínimo que puedo hacer es darla un final decente y resarcirme con todos vosotros.

Y eso es todo por ahora, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!