Capítulo 33

Treinta

-¡Papá, mamá, contadnos un cuento, contadnos un cuento!

-¿Otro más? Ya deberíais estar dormidos, si no os dormís pronto vendrá el coco y se os llevará…

-¡No tenemos miedo del coco!

-¡Eso, además, siempre hay tiempo para un cuento más!

-Bueno… ¿tú qué dices, cielo?

-Venga, va, uno más.

-¡Bieeeeen!

Cuando se trataba de ir a dormir, Radiant Hope y Stellar Eclipse eran un potrillo y un potrilla de lo más revoltosos, llenos de energía y vitalidad. Pero para Frank y Sweet nada les hacía más felices que verlos felices a ellos, por lo que finalmente le entraron al ambiente y empezaron a relatar entre los dos uno de los tantos cuentos clásicos ecuestrianos.

Al contrario que otros padres, que normalmente lees suelen leer directamente a sus hijos y poco más, Frank y Sweet se esmeraban en ese aspecto y hacían toda una señora representación para ellos, incluyendo efectos especiales con la magia de Sweet y sonoros por parte de Frank. Debido a esto, los potrillos se lo pasaban genial escuchando a sus padres, y éstos también disfrutaban contándoles las más alocadas historias. Esta vez, las aventuras de Flash Magnus ocuparon los siguientes minutos, y en cuanto terminaron de contarlas, ambos potrillos ya estaban completamente dormidos.

-Vaya, por fin…

-Sí, lo que les cuesta dormirse…

Les estuvieron observando dormir un rato, esbozando sendas miradas orgullosas; la unicornio apoyó su cabeza en el pecho de Frank, susurrando en ese momento.

-Son tan adorables… se merecían que les diéramos una oportunidad.

-Sí… después de todo nada merecía más la pena-asintió Frank.

Los dos compartieron una confidente sonrisa, llegando a besarse en el proceso.

Y es que, después de todo ese tiempo tratando de tener hijos, ese preciso momento era lo que más habían anhelado. Al principio lo intentaron todo, esperando a la temporada de celo primero, pero tras todo un mes intentándolo y aprovechando el mejor momento para Sweet, no hubo manera, lo que los dejó algo preocupados.

Por su parte fue especialmente preocupante, puesto que durante esa temporada para cualquier yegua era inusitadamente sencillo concebir, pero tras varias pruebas y análisis no sólo no se quedó embarazada, sino que los chequeos indicaban que no había nada malo con ella en ese aspecto, lo que les dejó aún más perplejos si cabía.

Por otra parte Frank también se hizo unas cuantas pruebas, teniendo el mismo resultado que el de Sweet, sin problemas en ambas partes, pero por alguna extraña razón, les era imposible concebir.

Tras los resultados aparentemente satisfactorios para ambas partes, lo volvieron a intentar en la siguiente temporada, tan solo para darse con un canto en los dientes. Esta vez el hecho en sí frustró sobremanera a Sweet, la cual estaba especialmente ilusionada por ser madre, pero por alguna razón algo les llevaba constantemente la contraria. Para Frank también fue duro, puesto que veía que no era capaz de darle un hijo a su esposa. Hasta que finalmente decidieron consultarlo con Zécora.

La cebra escuchó atentamente su problema, decidiendo ayudarles en ese aspecto con unas cuantas pociones de fertilidad originarias de su tierra y algunos ungüentos especiales también. Aun así, y tras la siguiente temporada, fue totalmente imposible. Aunque para entonces, Zécora había formulado una teoría al respecto.

-Creo haber encontrado la razón por la que no podáis concebir, sin embargo me temo que no va a ser fácil de digerir…

-Por favor, Zécora, necesito saberlo… ¿por qué no podemos concebir? ¿Soy yo? Mis últimos chequeos indican que todo está bien, pero no lo está, nada está bien, no me quedo embarazada…-masculló Sweet, angustiada.

-No temas, querida, puesto que nada malo tenéis, los dos, sin trampa ni cartón. Sin embargo existe algo que hace imposible vuestra unión.

-¿Qué es, Zécora? Sé honesta, por favor…-pidió Frank, tratando de consolar a su mujer.

Ante eso la cebra se quedó callada por un momento, sopesando sus palabras, hasta que finalmente habló.

-Me temo que es más simple de lo que parece. Sweet es un poni, concretamente una unicornio, es evidente. Sin embargo, Frank, por tu parte ya es otro cantar ¿entendéis a dónde quiero llegar?

Frank y Sweet se miraron por un momento, sopesando las palabras de la cebra. Tal y como ella bien decía la diferencia era más que apreciable, un mundo de disparidad les separaba como especie, sin embargo eso no les había impedido casarse y amarse. En ese momento Zécora continuó.

-La genética es simple y contundente, es más que evidente. Dos genes ponis compatibles entre sí pueden engendrar vida tal que así. Pero si uno difiere del otro, por más que lo intentéis no conseguiréis ningún potro. Lo siento, amigos míos.

La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre los dos, pero especialmente en Sweet, la cual comprendió al instante lo que la cebra quería decir. Por mucho que lo intentaran, genéticamente no estaban relacionados entre sí al ser de especies distintas, por lo que nunca podrían tener hijos. Agradecieron los esfuerzos de la cebra y se marcharon enseguida, más descorazonados que nunca.

-Sweet, yo… lo siento, lo siento tantísimo, no voy a poder darte un hijo…-masculló Frank.

-No, Frank, no es culpa tuya, sólo son… las circunstancias…-murmuró la yegua, abatida.

-Ojalá fuera un poni, si lo fuera te podría dar lo que más deseas, pero…

-No lo pienses más, debemos vivir con ello…

-No, Sweet, lo siento tanto, yo… debo hacer algo por ti…

-Frank, te amo, eres lo mejor que me ha pasado, no pasa nada ¿vale? ya lo superaremos…-insistió ella.

-Yo también te amo, eres mi esposa, pero es por eso, yo quiero cumplir tu deseo, quiero darte un hijo…

-Pero ya has oído a Zécora, somos genéticamente incompatibles, nunca va a pasar…

-Lo… lo siento, de verdad…-musitó él, sintiéndose inútil.

-No es culpa tuya, no es culpa de nadie ¿vale? venga, volvamos a casa…

-Ve… ve yendo tú, luego te alcanzo, necesito estar sólo…

La yegua aceptó su petición y se adelantó, dejando a Frank a solas en ese claro de bosque mientras pensaba en todo lo que había pasado; se sentía tan impotente, tan inútil, que ni siquiera creía que se mereciera a alguien como ella. Era incapaz de darle un hijo, lo que ella más quería, y eso le llegaba a frustrar más de lo que él mismo se esperaba.

En ese momento todo a su alrededor enmudeció, como si el bosque entero se hubiera quedado callado por simple consideración, al tiempo que una sensación familiar le envolvía. Se dio la vuelta y entonces la vio.

-Armonía…

-Hola, Frank, ha pasado un tiempo desde la última vez que te vi, estás hecho todo un semental…

Al oír eso el chuco bajó la cabeza, con gesto apenado; la unicornio lo notó, inquiriendo de seguido.

-¿Qué te pasa, querido, qué te aflige?

-Es… es mi mujer, Sweet. Nos casamos hace ya un tiempo y han sido unos diez años maravillosos, pero desde hace varios meses hemos estado tratando de ser padres, con resultados inexistentes. Pero ahora hemos descubierto que somos genéticamente incompatibles y… me siento tan inútil. No le puedo dar un hijo a mi esposa…

Armonía esbozó un gesto comprensivo, murmurando de seguido.

-Entiendo… es normal siendo de especies distintas.

-Es ahora mismo cuando más desearía ser un poni, así seguramente podría hacer que Sweet concibiera…

Frank alzó la vista, viendo entonces la tiara de la unicornio con los elementos de la armonía en sus formas originales incrustados en ella, y entonces algo cruzó por su atribulada mente, murmurando de seguido.

-Espera… Armonía ¿crees que podrías transformarme en un poni?

La súbita idea hizo reaccionar a la aludida, la cual le miró con gesto sorprendido y sin saber muy bien qué decir al respecto.

-Quiero decir… eres el árbol de la armonía, tienes los elementos contigo, tienes a tu disposición una magia muy poderosa ¿crees que podrías hacerlo?-inquirió Frank, con gesto esperanzado.

Sin embargo Armonía no parecía muy convencida al respecto, llegando a pronunciarse en ese momento.

-Pues… hombre, por poder podría intentarlo, pero…

-¡Eso es estupendo! ¡Por favor, hazlo, conviérteme en un poni!-exclamó él, acercándose a ella.

-Espera, espera, no te precipites, la magia de transformación es muy compleja, incluso yo no estoy del todo segura cuál sería su alcance en el caso de hacerlo…

-¿Y eso qué más da? ¡Es la solución a nuestros problemas! Por favor, Armonía, ayúdame…

Ante eso la aludida cerró los ojos con gesto preocupado y dándose la vuelta, acercándose a una flor que crecía allí cerca. Su cuerno bicéfalo brilló con los colores del arcoíris y sostuvo la flor con su magia, meciéndola en el proceso.

-Todo en este bosque es natural, como la vida misma, y aun a pesar de la oscuridad hasta la más grácil flor crece y prospera. De igual forma lo que somos y lo que hacemos nos va definiendo a lo largo de nuestras vidas, crecemos y prosperamos. Vuestro caso es algo parecido, aun a pesar de las desavenencias. No es que no quiera ayudarte, Frank, pero… tampoco quiero arriesgarme así sin más, sin saber muy bien lo que te podría pasar.

El aludido se quedó de una pieza, sin esperarse para nada esa contestación por parte de la poderosa unicornio.

-Pero… si tú misma has dicho que podrías…

-Sí, sé lo que he dicho, Frank, lo sé muy bien, pero es eso, me preocupa si algo no sale como debería. Las transformaciones son muy complejas incluso para los unicornios de más alto nivel, y aunque tengo conmigo los elementos nada me garantiza que el proceso sea satisfactorio al cien por cien. Entiendo tu anhelo, pero personalmente prefiero no correr ningún riesgo poniéndote en peligro así sin más. ¿Lo comprendes?

Ante eso Frank se quedó callado, sin evitar pensar que no había nada que pudiera hacer por su mujer. Armonía se apresuró a consolarle.

-No te sientas culpable, Frank, piensa que después de todo seguís estando juntos y compartiendo vuestras vidas. Además, si lo piensas éste no es el final del camino, siempre queda una posibilidad…

-¿De veras? ¿Cuál?-inquirió el chico, intrigado.

Como respuesta Armonía le miró con gesto evidente y señaló al mismo Frank, alzando las cejas. Por un momento no supo bien a qué se refería, pero después de mirarse atentamente y después a ella lo comprendió enseguida.

-Oh… ya veo…

-Claro… piensa que, después de todo, tu madre hizo lo mismo por ti. Y tú podrías hacer lo mismo con un potro que realmente lo merezca.

-Sí, tienes razón… gracias, Armonía, me has ayudado después de todo.

Ante eso la aludida sonrió dulcemente, añadiendo de seguido.

-Da igual las circunstancias o la razón, el amor de un padre y una madre hacia sus hijos es el mismo en cualquier caso. Y estoy segura de que seréis unos padres estupendos.

-Sí… gracias, de verdad.

Alzó en ese momento la vista, pero para entonces Armonía ya se había marchado. Frank regresó al encuentro de su mujer, la cual aún seguía algo tristona, pero en ese momento comenzó a hablarla sobre el asunto de forma tranquila y distendida mientras se dirigían de vuelta a la estación de tren.

Unos pocos días más tarde, y tras haberlo hablado también con su madre y su tía, Frank y Sweet se dirigieron al orfanato de Canterlot. Iban muy ilusionados, aunque también algo nerviosos, ya que no sabían muy bien con qué se iban a encontrar, pero en cualquier caso tendrían mucho amor y cariño para dar, por lo que se apoyaron sobre todo en eso. La directora de la institución les recibió servicialmente y, tras una pequeña charla con ella, les acompañó directamente a conocer a los potrillos que allí vivían.

Se reunieron con algunos en el patio, descubriendo que había muchos y de las más variadas edades, desde pequeños de cinco años hasta adolescentes de doce a catorce años. Tanto Frank como Sweet les estuvieron conociendo, hablando con ellos y mostrándose cariñosos y receptivos con todos ellos. Con todos los que estuvieron hablando congeniaron bastante bien, y algún que otro abrazo llegó a haber, aunque hubo un par de potrillos que vieron en el dormitorio con los que no llegaron a hablar en ningún momento a los que Sweet les llamó la atención. Uno era un pequeño unicornio de pelaje amarillo pálido y crin anaranjada, de ojos azules, y la otra era una pequeña unicornio de pelaje blanco y crin azul marino, de ojos castaños. Ninguno de los dos tenía marca de belleza.

-Huy ¿y esos dos potrillos de ahí?-inquirió ella a la directora.

-Ah, sí, Radiant Hope y Stellar Eclipse, de siete años de edad, hermanos mellizos. Tuvieron una infancia dura, ya que sus padres apenas podían mantenerlos y pasaron muchas penurias juntos. Un día sus padres les llevaron a un parque y les dijeron que les esperaran allí hasta que volvieran. Evidentemente no lo hicieron, y pasaron un par de días en el parque totalmente solos hasta que finalmente los servicios sociales los recogieron y los trajeron aquí. Siempre que ha venido alguna pareja a adoptar nunca se han presentado ni hablado con nadie, siguen creyendo que sus padres volverán a por ellos.

Sweet se mostró apenada por esa historia, decidiendo entonces acercarse a ellos en compañía de Frank; la yegua fue la primera en presentarse.

-Hola, soy Sweet Cream… ¿cómo os llamáis?

Aun a pesar del acercamiento ninguno de los dos potrillos respondieron, apartando sus miradas con pesar. Sin embargo esto no amilanó a Sweet, la cual volvió a intentarlo.

-¿Sabéis? Soy repostera y me dedico a elaborar los más deliciosos donuts de todo Canterlot…

-… y yo la ayudo, por supuesto. Yo soy Frank, y como habréis visto, no soy un poni, pero aun así eso no nos detuvo de conocernos y enamorarnos. Nos queremos mucho y nos apoyamos el uno al otro ¿verdad, cariño?

-Verdad… conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado, y aunque no seas un poni eso me da igual, yo te quiero por quien eres, no por lo que eres.

Los dos compartieron un gesto cariñoso entre ellos, Sweet frotó su hocico contra su cara y él la imitó; esto hizo que tanto el potrillo como la potrilla les miraran curiosos. Finalmente el primero en soltarse fue el potrillo, el cual murmuró.

-Soy Radiant Hope… ¿haces donuts?

-Sí, y siempre dicen que me salen muy buenos… ¿quieres probarlos?

El potrillo asintió, atraído por la idea, acompañando a Sweet hasta la cocina para hacerlos; por su parte Frank se quedó a solas con la potrilla, la cual aún se mostraba un tanto reticente a abrirse, dándose la vuelta y sacando un libro de astronomía de un baúl cercano con su magia. Frank lo vio e inquirió.

-Oh ¿te gustan las estrellas?

-Sí…-murmuró ella, tímidamente.

-Vaya, es una afición interesante… ¿sabes quién sabe mucho de estrellas y astros?

Ella negó con la cabeza, a lo que él respondió.

-Pues nada más y nada menos que mi madre y mi tía ¿sabes quiénes son?

La pequeña potrilla volvió a negar con la cabeza, a lo que Frank murmuró sin ningún atisbo de engreimiento.

-Pues son las princesas Luna y Celestia.

Esta vez la potrilla abrió mucho los ojos, incrédula, al tiempo que murmuró.

-¿En serio? ¿Las princesas?

-Sí…

-¿No me estarás engañando?-inquirió entonces ella, ceñuda.

-No, para nada… de hecho, mira, aquí tengo una foto con ellas-anunció él, sacando una en la que salía él junto a su madre y su tía Celestia al lado de ellos, sonrientes y felices.

La potrilla se quedó de una pieza, a lo que Frank aprovechó para seguir hablando.

-Todo lo que sé del espacio y el firmamento es gracias a ellas, mi madre sabe un montón de la luna, las estrellas y las constelaciones, mientras que mi tía es una experta en el sol, las nebulosas y los fenómenos interestelares. Las dos dan clase en la escuela de astronomía de Canterlot.

-Vaya…-murmuró ella, encantada.

Frank la dedicó una sincera sonrisa, a lo que ella respondió de la misma forma, comentando al poco rato.

-Soy Stellar Eclipse…

-Encantado, señorita-murmuró él, cogiéndola del casco y simulando un beso cortés.

Ella se rió, divertida, sonriendo ampliamente y dejándose llevar, sintiéndose mucho mejor. Aunque en ese momento un agradable olorcillo que Frank conocía muy bien empezó a invadir la habitación, cosa que no pasó inadvertida a la potrilla.

-Ooooh, qué bien huele…

-Ah, esos son los donuts de Sweet… ¿quieres que vayamos a probarlos?

Stellar Eclipse asintió con vehemencia y se reunieron con Sweet y su hermano en la cocina, donde la unicornio había terminado de preparar sus famosos donuts, coronándolos con sirope al gusto. Tanto Stellar como Radiant los probaron y se quedaron encantados, pidiendo más en el proceso.

-Menos mal que siempre hago en cantidad, es la costumbre… comed los que queráis.

-¡Gracias, están muy buenos!-exclamó la potrilla.

-¡Es usted genial, señorita Cream!-añadió el potrillo.

-Oh, puedes llamarme Sweet, cariño…

Por un momento ambos potrillos se quedaron callados, como si el apelativo les hubiera dolido un poco; Sweet quiso disculparse, pero en ese momento ambos potrillos la abrazaron con fuerza, siendo la potrilla la primera en hablar.

-¿Podemos… podemos llamarte mamá?

Sus palabras emocionaron hasta las lágrimas a Sweet, la cual masculló con felicidad.

-Oh, por supuesto que sí, cielo…

Se fundieron entonces en un gran abrazo grupal entre los cuatro, durando sus buenos segundos, aunque en cuanto se separaron vieron que la directora les observaba desde la puerta, la cual comentó de seguido.

-Bueno, veo que ya han elegido…

-Sí…-asintió Sweet, secándose las lágrimas.

-Estupendo entonces, vamos a mi despacho a formalizar los papeles. Niños, id recogiendo vuestras cosas-indicó la directora.

Por suerte los papeles no tardaron mucho, firmando una vez que estuvo todo en regla y formalizando de esta forma la adopción, pasando de esta forma a ser hijos de Frank y Sweet.

-Enhorabuena, han hecho algo muy bonito por ellos, háganles muy felices, se lo merecen-murmuró la directora.

-Gracias, así lo haremos-asintió Sweet, encantada.

-Qué menos, después de todo mi madre hizo lo mismo conmigo-asintió Frank, igual de feliz que su esposa.

Finalmente Radiant y Stellar se despidieron de sus amigos del orfanato y se fueron con sus nuevos padres a su nuevo hogar.

Dado que ya tenían una habitación preparada y acondicionada para ellos desde hacía un tiempo no tardaron mucho en acomodarse, dejando allí sus pocas pertenencias y, tras eso, yendo a conocer al resto de su familia. Los primeros en conocerlos fueron Celestia y Luna, yendo directamente al palacio para verlas y presentándolas oficialmente.

-Mamá, tía Celestia, os presento a vuestros nietos y sobrinos nietos; Stellar, Radiant, estas son Luna y Celestia, vuestra abuela y tía abuela respectivamente.

-Hola, encantada de conoceros-murmuró Luna, más feliz incluso que cuando adoptó a Frank.

-Vaya, nunca pensé que llegaría ser tía abuela… aunque eso me hace ver incluso más mayor…-murmuró Celestia por su parte, pensando en voz alta.

-No te rayes tanto, Tia, ya eres vieja de por sí…-murmuró Luna, divertida.

-¡Oye, te recuerdo que tú también tienes tus buenos años, que no se te olvide!-exclamó Celestia, un poco ofendida.

-Ya, pero yo al menos me conservo mejor…

Celestia quiso decir algo, pero en ese momento tanto sus sobrinos nietos como Frank y Sweet se rieron al respecto, contagiándose ella también y dejándolo pasar.

Blueblood y Trixie fueron los siguientes en conocer a sus primos segundos, dejando además en Trixie una profunda buena impresión que la ayudó a aclararse del todo las ideas, pasando entre todos una agradable tarde.

Luego fueron a ver a sus abuelos por parte de madre, Fancypants y Fleur Dis Lee, que también se mostraron encantados de conocer a sus nietos, siendo en ese sentido un día lleno de emociones para ambos hermanos, que se sintieron importantes y queridos tras mucho tiempo solos.

Y, ahora, tras todo ese tiempo, tanto ellos como Sweet y Frank eran realmente felices.


La Fiesta del Hogar de ese año era, cuanto menos, la más especial y multitudinaria de todas las Fiestas del Hogar que la familia real ecuestriana recordaba. Y no era para menos, puesto que en la foto de ese año había nada más y nada menos que nueve de sus doce miembros totales, incluyendo a sus más recientes y destacados integrantes: Stellar Eclipse y Radiant Hope, hijos de Frank y Sweet, y Colorful Burst, hija de Blueblood y Trixie Lulamoon. Ésta última había nacido recientemente, unos meses después tras la boda de sus padres.

En cuanto a Cadance, Shining Armor y Skyla no aparecían puesto que ellos celebraban el día de la Fiesta del Hogar en el imperio de Cristal, pero estarían todos juntos, incluyendo a Twilight y sus padres, para la cena de año nuevo.

Aunque Stellar y Radiant eran la gran novedad en la familia, la incorporación más reciente era la de Colorful Burst, una pequeña potrilla unicornio de apenas unos tres meses de tiempo, de pelaje plateado y crin y cola de color azul con destellos dorados. Trixie la sostenía con su magia durante la mayor parte del tiempo, más feliz y completa que nunca. Desde que conoció a sus primos políticos un sentimiento maternal la atrapó irremediablemente, de forma muy similar a Luna hace ya tantos años atrás y un poco antes de encontrar y adoptar a Frank.

-Es maravilloso, es algo único, sostener a mi propia hija… soy la yegua más feliz del mundo-murmuró Trixie, emocionada.

-Sí, sé lo que es eso, disfrútalo, es la mejor experiencia del mundo-asintió Luna, feliz por ella.

Poco antes de la cena sacaron varios álbumes de fotos y estuvieron recordando viejos tiempos todos juntos, los que más emocionados estaban eran Stellar y Radiant, los cuales pudieron comprobar por sí mismos y de primera mano cómo fue la vida de su nueva familia antes de que ellos llegaran.

-Oh, mira, cariño, de nuestra boda-murmuró Sweet al ver una foto de recién casados en los que aparecían los dos, ella vestida de blanco y Frank ataviado en un vistoso esmoquin,

-¡Hala, mamá, qué guapa!-exclamó Stellar.

-¡Ja, ja, pareces un pingüino, papá!-se rió Radiant.

-Pues oye, bien elegante que iba. El esmoquin me lo hizo Rarity, como casi todo lo que suelo vestir, qué haría yo sin ella…-murmuró Frank.

-Y sin mí…-añadió Sweet, fingiendo molestia.

-Por supuesto, cariño, por supuesto.

Todos los demás se rieron con ganas ante la ocurrencia, aunque la siguiente foto llamó la atención de todos, trayendo sobre todo muy buenos recuerdos tanto a Trixie como a Blueblood, ya que en ella aparecían estos dos en el día de su boda.

-Oh, sí, no parece que haya sido hace pocos meses…-murmuró Trixie, con una sonrisa.

-¿Verdad que sí? se siente como si hubiera pasado una eternidad…-asintió Blueblood, igual de feliz.

-Ya, es lo que tiene casarse, que resta años de vida…-murmuró Frank, divertido.

Los dos primos soltaron una sonora carcajada, chocando el casco y la garra en el proceso, aunque las yeguas les reprendieron, medio molestas.

-¡Oye!-exclamó Trixie.

-Qué graciosos…-murmuró Sweet, con gesto inexpresivo.

-Oh, vamos, cielo ¿qué sería de la vida sin humor, eh?-inquirió Frank, dándola un toque en el hocico con uno de sus apéndices y un rápido beso.

-Ay, mira que eres tonto… pero eres mi tonto-murmuró ella.

-Exacto.

La siguiente foto fue la del último cumpleaños de Celestia y Luna, ya que desde que retomaron la tradición de volver a celebrarlos, al menos en petit comité, todos los años la volvían a organizar.

-Ah, sí, mira Tia, nuestro último cumpleaños…-murmuró Luna.

-Oh, sí…-asintió ella, sin muchas ganas de hablar al respecto.

-Tía abuela Celestia ¿Cuántos años tienes?-inquirió en ese momento Radiant, curioso.

Antes de que la aludida respondiera tratando de cambiar de tema, Luna se adelantó.

-Muchos, cariño, muchos, tu tía abuela ya es muy vieja…

-Luna…-masculló la tía abuela, mirando mal a su hermana.

-¿Qué? Es un hecho, Tia, es una tontería negarlo…

-¿Tan mayor eres, tía abuela Celestia? Si te ves muy bien…-murmuró en ese momento Stellar, en su infinita inocencia.

-Gracias, Stellar, cariño, pero no hagas mucho caso a tu abuela Luna, ella también chochea mucho…-remarcó Celestia, mirando de reojo a su hermana, la cual sonreía socarronamente.

-Vamos, mamá, no seas mala, dala algo de cancha…-la comentó su hijo en ese momento.

-Que va, si ella sabe que yo lo hago con todo el cariño del mundo ¿verdad que sí, Tia?

-Que haría yo sin ti, Luna, mi amada hermana…-murmuró Celestia, inexpresiva.

Aun a pesar de este pique mutuo, los demás sabían muy bien que no había que tomarlas muy en serio, ya que después de todo, y sobre todo por parte de Luna, chincharse entre ellas era lo normal, al menos en ese tipo de situaciones. Después de todo ese tiempo, y tras todo por lo que habían pasado, el vínculo entre ellas era más estrecho y fuerte que nunca, lo que se traducía en una gran confianza que las permitía chincharse mutuamente sin mayores repercusiones. Y para Stellar y Radiant era un entretenimiento de lo más divertido, ya que les hacía especial gracia verlas en esa rutina tan particular.

Finalmente les llamaron para la cena y ocuparon la alargada mesa del comedor principal mientras les iban sirviendo. Como toda cena de Fiesta del Hogar, tenía que haber de todo, y en ese sentido tanto los ponis como Frank estaban bien servidos, con un surtido de comida de lo más variado desde empanadas de verduras, pasta, ensaladas, turrones, tartas… Para Frank sus cocineros le habían preparado algo más acorde a sus gustos, incluyendo algo de carne aunque no demasiada para no abusar, aun a pesar de que a su familia ese detalle no le importaba tanto.

El resto de la cena transcurrió en un ambiente tranquilo y bastante animado, los adultos brindaron con champán y los niños con sorbete de limón, mientras disfrutaban de la compañía familiar en una de las noches más especiales del año. Afuera la nieve seguía cayendo, pintando a Ecuestria de un color blanco precioso.


Tras la temporada de la Fiesta del Hogar un nuevo año se asomó por el horizonte, siendo especialmente nuevo tanto para Stellar como Radiant, ya que era su primer año con su nueva familia. Dado que su adopción se realizó a la mitad del primer trimestre del curso, Frank y Sweet decidieron esperar al siguiente trimestre para matricular a ambos potrillos, yendo a la misma escuela que fueron ellos.

Dado que en su momento no llegaron a educarse del todo debido a las dificultades que tuvieron con su familia biológica, a ambos potrillos les costó un poco adaptarse al nivel del resto de sus compañeros, especialmente a Radiant, que nunca se le había dado especialmente bien el aprender cosas nuevas. Sin embargo no pasó lo mismo con Stellar, demostrando en ese sentido ser una potrilla de lo más inteligente y aplicada, adaptándose enseguida al nivel y alcanzando al resto de sus compañeros. Este detalle dejó a su hermano un tanto desanimado, pero ella estuvo en todo momento ahí para él, ayudándole en todo lo posible para que no se quedara muy atrás, lo cual llenaba especialmente de orgullo a sus padres.

-Estoy orgullosa de ti, cariño, tu hermano necesita todo el apoyo posible y tú sabes dárselo-la alabó Sweet.

-Sí, siempre lo he hecho, por eso siempre hemos estado juntos ¿sabes?

-Sí, y se nota especialmente… cuida siempre de él ¿vale?

-¡Vale!

Aunque al final conseguía sacarlo todo si se ponía y hacía las cosas, desde un primer momento se notaba que Radiant era un potrillo más de práctica que de teoría, y en ese sentido era bastante aplicado, tanto a la hora de hacer sus propias cosas como a la hora de ayudar a los demás. Este detalle en concreto se complementaba sobre todo con su madre, a la cual siempre ayudaba a hacer sus donuts después de salir de clase, aprendiendo así el oficio a través de ella.

Por otro lado Stellar se centraba más en sus estudios, especialmente en lo que ella más la gustaba, la astronomía, de la cual aprendía sobre todo directamente de sus dos mejores maestras: su abuela Luna y su tía abuela Celestia, a las cuales iba a visitar durante sus clases en la universidad de Canterlot, demostrando en ese sentido lo avanzada que era para su edad.

-Vale, entonces ¿qué sabes decirme sobre la nebulosa de las Perplejidades?

-¡Es una nebulosa de emisión que está creando constantemente nuevas estrellas, mientras que muchas otras mueren a su alrededor, compuesta principalmente por hidrógeno, helio y polvo cósmico!

-Ajá ¿y qué hay de la corona solar?

-¡Es la capa más externa del sol, formada por plasma, y se puede ver a simple vista durante los eclipses solares!

-¿Y qué es una enana blanca?

-¡Es la etapa final de todas las estrellas cuando consumen todo el combustible de sus núcleos, se van apagando lentamente hasta convertirse en enanas negras que vagan por el espacio, indetectables!

Ante todas esas respuestas Celestia sonrió satisfecha, murmurando de seguido.

-Excelente, Stellar, aprendes rápido, estoy especialmente orgullosa.

-¡Gracias tía abuela Celestia por enseñarme!

Por parte de Luna también la preguntaba cosas varias para complementar lo que Celestia la enseñaba.

-Vale, examen sorpresa ¿qué puedes decirme sobre las constelaciones?

-¡Es una agrupación de estrellas que permanecen en posición invariable aparente durante todo el año!

-Ajá, nómbrame algunas.

-Está la constelación del Caballo, la del Gato, la del Primer Alicornio…

-Vale ¿qué hay de las supernovas?

-¡Es una explosión estelar que se puede observar a simple vista, sucede cuando las estrellas más densas mueren, liberando todo el gas sobrante y dando lugar a nuevas estrellas!

-Eso es. Antiguamente, cuando sucedían, los ponis antiguos identificaban este fenómeno como el nacimiento de una nueva vida, mientras que la aparición de estrellas nuevas lo interpretaban al contrario, como la muerte de alguien en la tierra que pasaba a formar parte del espacio, dando como resultado el nacimiento de una nueva estrella. Debido a esto, las estrellas eran concebidas como las almas de antiguos ponis que ya no estaban con los vivos, pero que a partir de entonces los observaban y velaban por ellos desde los confines del firmamento. Se piensa que esta creencia es de los tiempos más antiguos, incluso antes de que las enseñanzas del Primer Alicornio empezaran a surgir.

-Vaya… ¿y tú crees en esta teoría, abuela Luna?

Antes de responder la aludida pensó bien sus palabras, contestando al poco rato.

-Bueno, siempre he creído que algo de razón debe de haber si los ponis de antaño creían en esto. Por mi parte se refiere prefiero no pensar de forma tan pragmática, aunque mi instinto científico tiende a imponerse. Todo lo que sabemos hasta el momento ha sido fruto de siglos de investigación y de querer saber más cosas acerca de lo desconocido. Y eso, al final, es lo que alimenta a las mentes más inquietas y ávidas de conocimiento. Como la tuya.

Ante ese cumplido Stellar sonrió y abrazó con fuerza a Luna, murmurando de seguido.

-¡Eres la mejor, abuela Luna!

Sin embargo si en algo fallaba la potrilla era sobre todo en lo físico, siendo las clases de gimnasia en ese sentido un auténtico suplicio para la pequeña, que ni siquiera lograba subir la cuerda de forma satisfactoria, cosa que no pasaba con su hermano, que se le daba especialmente bien. En ese sentido ambos potrillos se complementaban entre sí, dejando más que claro que eran hermanos.

-¡Vamos, Stellar, sólo un poco más, un último esfuerzo!

-¡No… puedo… más!-masculló ella, al límite de su capacidad.

-¡Sí que puedes, vamos, hermanita, creo en ti!

Las palabras de su hermano terminaron por motivar a la potrilla, la cual finalmente logró alcanzar el tope, lo que la permitió sacar al menos el aprobado en esa prueba.

-Suficiente, Stellar, aunque de por sí es todo un logro. Bien-murmuró Hard Muscle, el profesor, anotando su marca.

Aun así la potrilla no la importó, al menos lo había conseguido, y todo fue gracias a su hermano, al cual abrazó con fuerza.

-Gracias Radiant…

-No es nada, Stellar, es lo menos que puedo hacer por ti…

-Muy bien, Radiant, es tu turno-le anunció en ese momento Hard Muscle.

Sin despeinarse en ningún momento, el potrillo se asió con fuerza a la cuerda y comenzó a trepar a una velocidad pasmosa que dejó a todos alucinados; se mantuvo en lo más alto durante unos breves segundos y tras eso bajó de una sola tacada.

-¡Bravo, Radiant, has batido un nuevo record, así se hace!-le alabó el profesor.

-¡Genial, Radiant!-exclamó su hermana.

-¡Está tirado!

-¡Vaya, Radiant, eres casi tan fuerte como un soldado de la Guardia Real!-le alabó en ese momento uno de sus compañeros.

-¿Ah, sí?

-¡Sí, desde luego, podrías ser como ellos!

Eso dejó ciertamente intrigado al potrillo, el cual estuvo pensando largo y tendido acerca de ese detalle a lo largo del resto del día. Ni él ni su hermana sabían muy bien qué les depararía el futuro, pero al menos tendrían a su lado tanto a sus padres como al resto de su familia. Y eso nunca iba a cambiar.


¡Y aquí está un nuevo capítulo de Amor de madre! ¡Regocijaos, regocijaos! XD aunque puede que os estéis preguntando ¿¡sólo cinco mil y pico palabras?! ¿¡qué brujería es esta?! pero sí, teniendo en cuenta que es un capítulo de transición y todo lo que quería contar en él ya estaba contado, no veía razón para añadir más cosas. Sé que es algo atípico en mí, ya que tiendo a explayarme a gusto, pero también puedo llegar a ser breve en ocasiones. Puede que de la sensación de que la historia acabe estancada, ya que por lo general la vida de Frank se vislumbra tranquila, pero no es preocupeis, que tengo un par de giros futuros guardados en el tintero, y se irán viendo en siguientes capítulos.

El tema de la adopción era, de por si, algo inevitable, ya que después de todo esta historia comienza con una, así que tiene sentido que Frank y Sweet adopten también, ya que no había otra opción para ellos después de todo. Cuando dos especies son incompatibles genéticamente hablando, no hay unión que valga por mucho que se intente, así que la única salida en este caso es la adopción. En cuanto a Stellar y Radiant los seguiré trabajando en posteriores capítulos, por ahora tan solo quería hacer una introducción breve de cada uno para presentarlos como nuevos personajes y poco más.

Ahora que ya he terminado con los dos crossovers me centraré en esta historia y Sombras de Mordor, a ver si la termino de una santa vez, porque no tengo ganas de alargarla mucho más.

Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!

PD. Feliz año a todos.