Nota: Estoy triste, es todo.


Hay noches en las que Aru, tiene sueños. Sueños de una vida pasada que no recordará a detalle.

Pero que están ahí, en un baúl sin abrir en una esquina de su mente. De su subconsciente.

Que al despertar y abrir los ojos, le provocan una sonrisa nostálgica.

Aunque estos sueños no suelen ser recurrentes y suelen mostrarse en ocasiones cuando se encuentra con sus nuevos amigos, que pese a lo familiar que le resulta sus presencias, Aru no recuerda haberlos conocido o visto antes.

Pero lo que últimamente ronda en su mente, son otro tipo de sueños que la hacen sentir feliz, triste, ansiosa, emocionada y sobre todo, melancólica. Son sueños en los que hay un chico, un chico muy lindo de cabellos de un suave azul y de preciosos ojos zafiro que le sonríe tan dulcemente que–

Aru siente que se enamora (un poco más), aunque nunca ha visto un chico como él en su vida. Y–

Nunca se ha sentido tan amada pues, en sueños donde logra darle alcance y no sólo lo mira a la distancia sonriéndole, él acaricia su mejilla con ternura mientras pronuncia como un susurro su nombre.

Aru.

Y se siente tan natural, se siente acogida a pesar de que ella no sepa quién es él; y aunque desee preguntarle quién es, las palabras no le salen y así, termina por despertar.

Con los latidos desbocados, las mejillas arreboladas y con una mirada de decepción.

Porque sus sueños se sienten tan reales, tan vívidos y tan familiares. Que…

Encuentra tan injusto que sólo se trate de un sueño y no sea nada más que eso.

Y lo único que puede hacer es suspirar y sumirse en tristeza, que pronto se ve reemplazada por el sueño que le provoca levantarse temprano por la mañana.

– ¿Podré algún día saber quién eres…?

Es una pregunta que hace y se pierde en el aire y en el silencio de la habitación. Antes de que la alarma finalmente suene interrumpiendo sus pensamientos.