Disclaimer: los personajes de How to train your dragón no me pertenecen. Yo solo los utilizo para mi historia.
Si encuentras algo meramente parecido, por favor comunícamelo.
Muchas gracias, que lo disfrutes tanto como yo al escribirlo.
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Verla era como correr una maratón, taquicardia, dificultad para respirar, sudor, calambres abdominales, sumado a náuseas y migrañas. En resumen estaba sufriendo un ataque de pánico, porque justo en ese momento tenía que suceder, cuando la chica más bonita y popular del instituto se acercaba a su mesa. Astrid Hofferson caminaba en su dirección, sonreía, ella siempre le sonreía, no sabía si por lastima o porque realmente le agradaba.
Desde el accidente de auto, todos lo trataban diferente, se ofrecían a llevarlo, llevaban su libros, lo dejaban pasar antes a la cola del almuerzo, incluso Patán Mocoso se había disculpado cuando chocó con él en el pasillo, cuando antes lo habría empujado de nuevo. Todo era diferente, Hipo era diferente, excepto tu amor no correspondido por Astrid Hofferson.
Le saludo, él solo pudo asentir, su garganta estaba cerrada, no podía emitir un sonido coherente. Escuche que necesitas un compañero en clase de gimnasia- dijo la chica. ¿Él? ¿gimnasia? se preguntó, desde el accidente el maestro lo dejaba ausentarse, además no era mucho lo que podría correr en muletas o con la prótesis que aún un estaba aprendiendo a manejar. - Por el momento no estoy asistiendo a gimnasia- respondió, ella rio, oirla reir era como escuchar el sonido de los pájaros en una mañana de otoño, cálido y tranquilo. -Creo que por eso mismo necesitas un compañero- él no sabía exactamente a qué se refería, no entendía de qué estaba hablando, pero si Astrid Hofferson le sonreía de esa manera recorrería toda la costa oeste.
Soy la capitana del equipo de natación - le dijo la rubia al muchacho, él lo sabía, por supuesto que lo sabía, toda la escuela lo sabía, incluso sabía de la beca que le ofrecieron para nadar en Stanford. -Mi madre me dijo que te invitara a nadar en nuestra piscina, y que te ayudara- era de esperarse, Augusta Hofferson, la única profesional sanitaria de la isla, sin contar a Gohi y sus seudo-rituales de curación, le había pedido a su hija que hiciera su buena acción del día, ayudar al minusbalido. Hipo sintió sus mejillas enrojecer, y no solo por vergüenza, la ira y la humillación lo dominaban, la chica de la que estaba enamorado desde secundaria le invitaba a su casa porque su madre se lo había pedido, porque era su médica tratante, porque él era su paciente, por que él era su acto de caridad. -Tengo una piscina en perfectas condiciones en mi casa, gracias por tu ofrecimiento- respondió Hipo de forma cortante, y con el poco orgullo que le quedaba se levantó de su asiento y salió del salón de clases.
Camino lo más rápido que su prótesis le permitió a la oficina del consejero estudiantil, se tambaleo, no te caigas, no ahora, suplico. Bocón, el mejor amigo de su padre, se encontraría ahí, ese no era realmente su trabajo, era el herrero, electricista, plomero, carpintero y todo lo que a una persona se le pueda ocurrir del pueblo, incluyendo consejero (encargado) estudiantil. Abrió de forma estrepitosa la puerta, Bocón recostado en su asiento, miró al muchacho, este se sentó en el viejo y desgastado sofá que había en la pequeña oficina, se le veía alterado, enojado, incluso frustrado.
Bócon, lo conocía desde que estaba en el vientre de su madre, lo consideraba el hijo que nunca tuvo, cuando Valka se perdio 6 años en el Amazonas, dios sabrá qué habrá hecho esa mujer en medio de la selva tantos años, él había hecho de su segunda figura paterna, había ido a tantas reuniones de padres como Estoico e incluso más, lo había visto participar en cientos de ferias de ciencias, e incluso le había echado una mano o dos en alguno de sus proyectos. Pero nunca lo había visto así de alterado, supuso que se trataba de una chica, las chicas siempre desajustan a los muchachos a cierta edad, e Hipo no era la excepción.
¿Te apetece ir a comer un helado?- preguntó el adulto - No tengo diez años- contestó el muchacho. - ¿Y acaso solo los niños pueden comer helado? yo quiero uno de fresa, tú puedes tomarte un café sin azúcar, joven de 17 años. Hipo lo miró, sabía que tratar los problemas de forma directa no era su especialidad, pero Bocón siempre lo había escuchado. -¿Crees que me castiguen? - preguntó el muchacho, Bocón como el adulto responsable que no era, sonrió y en un susurro respondió, "metámonos en problemas".
La pierna metálica de Hipo era un impedimento en su teatral fuga, Bocón hacia movimientos de espía, como tratando de esconderse, pero siendo sinceros, a nadie le importará que hicieran, Hipo tenía una beca en el MIT, al otro lado del país, y para estas alturas del año que lo castigaran no iba a ser un impedimento para ir. La camioneta de Bocón estaba estacionada en el único lugar para discapacitados de la escuela, el lugar VIP de Hipo, como en broma le decían. Algo que su terapeuta le había aconsejado era que buscara las ventajas en su nueva vida, esa era una de las pocas que Hipo había reconocido en voz alta.
Hipo comió helado, de menta, Bocón se comió una doble copa de fresa y caramelo. Patapez, el mejor amigo de Hipo, los encontró a la salida de la escuela. También comió helado, por algo Biscuits & Ice era de su familia, la mejor pastelería/heladería de la zona, en realidad la única, pero eso no quitaba que fuera excelente. Hipo había comido helado en Nueva York con sus padres, hacía tres años durante las fiestas de fin de año, decidió que el mejor helado era el sabor menta marca registrada de la mamá de Patapez.
Y que te paso, pregunto Patapez, Hipo suspiro, era estupido cómo se sintió y cómo había actuado, había sido grosero, Astrid solo estaba intentando ser amable, él lo sabía, pero eso no disminuía su vergüenza, detestaba que las personas lo trataran diferente solo porque ahora era discapacitado, aunque en retrospectiva era mejor que cuando lo ignoraban o cuando su primo Patán lo molestaba.
Astrid Hofferson me invitó a nadar a su casa- dijo directamente, Hipo no era de los que se iban por las ramas, miro a Patapez, sus ojos abiertos y su expresión de desconcierto decían más que mil palabras, la pregunta estaba implícita en su cara, ¿Y, qué pasó después?. Hipo abrió los labios y los volvió a cerrar al instante, sonrió, era irónico, la única oportunidad de su vida de nadar con Astrid Hofferson, de hablar con ella, de realmente hablar con ella, no esos esporádicos saludos que ella le hacía y que el solo contestaba chorreando baba. -Lo arruine, le dije que tenía una piscina en perfectas condiciones en mi casa - Nunca utilizas la piscina, probablemente yo me he bañado más en esa piscina que tu - dijo Bocón - tú vives en mi casa, eso no cuenta, su mamá le dijo que me invitara - concluyó mirando a su amigo.
Patapez comentó que corría el rumor que Hipo la había invitado a salir y que al verse rechazado había salido huyendo. Ninguno dijo nada después de eso, era increíble como una corta y muy breve conservación, o una simple pregunta, se podría convertir en el chisme del año. Hipo Haddock, lisiado, cojo, genio de las máquinas y los números rechazado por la ardiente capitana del equipo de natación Su vida escolar, ahora si se había acabado, pero que podría ser peor que las miradas de lástima de sus compañeros, se preguntó tal vez la lástima mezclada con risas a su espalda.
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Gracias por leer.
