Dos amigas en la noche
—¿Está...muerto?
A Touka no debería importarle. Esas cosas pasan, Rize caza y el Anteiku aún no se encarga de que pare.
Es muy poderosa. Pero Touka también.
—Lo está. La carga lo aplastó. Estúpidamente, esa pude haber sido yo. Si no me hubieras ayudado.
Rize está agitada pero se ríe. Tiene los ojos inyectados. Sangra.
Cuando un ghoul sangra, algunos como Tsukiyama se excitan, se deleitan. Touka no. Aunque no conoce mucho a Rize, apoya la cabeza en su hombro sano.
—Vaya que sí. Todo por tu glotonería. Ahora tendrás que venir al Anteiku para que te curemos.
—Si...No me gusta depender de nadie. Pero algo en todo este accidente me hace pensar que no fue coincidencia.
Touka no quería irse así nada más, dejar el cuerpo. Pero Rize estaba herida. Siquiera un poco. Y pronto llegaría la policía.
—Vamos...—dijo y ayudó a Rize a pararse.
—Siempre tan servicial.
...Volteó solo una vez. De reojo.
—¿Lo conocías? Creo que vino al café un par de veces. Sabes las reglas.
Rize se carcajeó. Lucía confusa.
—Ken Kaneki. Estudiante universitario, no sé de qué. Lee mucho. Bueno, leía. Uno de esos traumados con sus mamás que se buscan tetonas de la edad de ellas cuando murieron. Iba a ser una comida simple.
Nada es simple. Ni gratis, pensó Touka, haciendo una mueca. Decidió luego dejar de mirar atrás, concentrarse en Rize.
No era tampoco como si acabara de perder algo. A alguien. Los humanos morían y eran comida todo el tiempo. El Anteiku cuidaba de sus miembros y de todos los ghouls, cuando era posible. Matar los volvía visibles para el CCG, pero además los enloquecía.
La gente del café usaba máscaras y disfraces para los enfrentamientos obligados. Pero otros ghouls vivían de esa manera, se olvidaban de sí mismos. Del amor. Y el respeto.
Como Ayato.
Tal vez el tal Kaneki estaba mejor muerto. Los ghouls eran pésimas amistades y parejas. Hasta para Touka resultaba difícil y solo tenía una conocida de la escuela.
—Conejita, ¿no vamos a comernos un pedazo del chico?
—Oh, por favor, sigue caminando.
Rize rió y Touka casi se olvidó del cuerpo que dejaban atrás en la oscuridad.
Casi.
Estaba llorando. Pero se secó las lágrimas antes de que transitaran por una zona con más luz.
Solo eran dos amigas afuera en la noche. Solo eso debían ver los transeúntes.
Efectivamente lo eran, además.
