Besos con sabor a Frambuesa.

Wakatoshi Ushijima contemplaba la caja blanca que había en su mesa de noche, sin saber si debía abrirla o no. Bien, por supuesto que tenía que abrirla; una chispa de curiosidad parpadeaba en su interior, él de verdad deseaba saber qué había dentro. Estiró la mano, agarró la caja y la destapó. Dentro había un chocolate grande, en forma de corazón, que a todas luces parecía ser casero; no era que a él le gustaran mucho los dulces, pero la golosina se veía apetitosa y no resistió la tentación de probarla. No le sorprendió que el chocolate estuviera delicioso, si lo había hecho la persona que se lo dio, era obvio que iba a saber rico ya que ella era muy buena cocinera.

El joven iba a tomar otro trozo cuando vio la tarjeta que estaba pegada en la tapa de cartón, la cual no había visto de primera intención; dejó con cuidado la caja en la mesa de noche, no sin antes tomar otro pedazo de chocolate, para mirar la tapa con más atención. La tarjeta era de un suave color lavanda y llevaba escrito, en una pulcra letra que Wakatoshi reconoció, la frase 'Anata no koto ga suki', es decir, "Me gustas". Al contrario de lo que cabría esperar, él no se sorprendió, pues la persona que le había dado ese chocolate le acababa de decir lo mismo hacía apenas una hora antes.

"¿Y qué se supone que debo hacer?", se preguntó.

La chica que le había hecho esa declaración en forma de chocolate no era otra que Suzume Kobayashi, una de las pocas personas que podían darse el lujo de decir que habían conseguido mantener una conversación con Wakatoshi Ushijima que durara más de tres frases seguidas. Suzume era una estudiante de su mismo curso (aunque iba en otro grupo por tener notas altas) y formaba parte del club de porristas de la Academia Shiratorizawa, una pelirroja delicada pero tan alegre que, a pesar de su corta estatura, sabía hacerse notar durante los partidos. A Wakatoshi le gustaba hablar con ella porque era directa y nunca abría la boca para decir tonterías, como solía pasar con otras tantas estudiantes que intentaron abordarlo alguna vez. Suzume y Ushiwaka se conocían desde primer grado (al menos él sí sabía quién era ella desde entonces) y habían establecido una sutil relación entre ambos que podría catalogarse como de amistad, aunque ninguno de los dos lo hubiera establecido como tal. Sin embargo, una hora antes, en pleno San Valentín, Suzume le había dado esa caja y le había confesado, sin más preámbulos, que él le gustaba.

– Ushijima, tengo algo que decirte –había susurrado Suzume, con la cara tan roja como su cabello–. Tú… tú me gustas mucho…

Suzume había aprovechado un momento en el que Wakatoshi se quedó a solas para hacer su jugada: le entregó la caja de manera casual, argumentando que se la daba por San Valentín. De primera instancia, Ushiwaka no se tomó el regalo como algo especial, es sabido que en esa fecha también pueden regalarse chocolates a los amigos o a las personas a quienes se admira, pero entonces Suzume se atrevió a ir más allá y le confesó a Wakatoshi sus sentimientos. Por fortuna, ella supo elegir un instante en el que no había estudiantes cerca, de manera que Ushijima no tendría que darle explicaciones a nadie. La declaración lo tomó por sorpresa, tanto, que Wakatoshi siguió caminando sin darle una respuesta. Demasiado tarde, cuando ya estaba por llegar al sitio en donde Satori Tendo y Reon Ohira lo estaban esperando, Ushijima cayó en la cuenta de que debió de haberle contestado algo a la muchacha, aunque fuese un "gracias", pero aun en ese momento no estaba seguro de qué podría haberle dicho a Suzume. Como no deseaba que ni Tendo ni Ohira lo cuestionaran por esa caja, Wakatoshi la escondió en el bolsillo del saco de su uniforme escolar y esperó hasta llegar a su habitación para analizarla con más detalle. Ahora que lo había hecho y que había visto su mensaje oculto, Ushijima se preguntó una vez más qué debía hacer con esa cuestión.

Sin embargo, él no pudo seguir pensando en eso porque alguien tocó a la puerta de su habitación. Sin saber muy bien por qué, Wakatoshi se apresuró a tapar la caja y a guardarla en un cajón. Era una fortuna que él siempre fuese tan ecuánime y que no mostrara sus emociones, así quien quiera que lo estuviese buscando no se daría cuenta de que él estaba ciertamente perturbado por lo que acababa de descubrir.

– Ey, Wakatoshi, ¿vamos a cenar? –era Satori Tendo quien tocaba a su puerta–. Dicen que hoy habrá menú especial por San Valentín, que seguramente será la misma comida de siempre, pero en color rojo.

– Vamos –respondió Ushijima, sin más, mientras salía de la habitación y se aseguraba de cerrarla con seguro.

Mientras tomaban una mesa y se les unían Ohira y otros miembros más del club de volibol, Wakatoshi buscó a Suzume con la mirada, más no la encontró. Él no tenía forma de saber que ella no iría a cenar porque su falta de réplica a su confesión la había empujado a encerrarse en su habitación, presa de las lágrimas al creer que Ushijima no sentía lo mismo por ella. Éste se pasó toda la cena preguntándose si Suzume llegaría en algún momento, por lo que sintió una ligera decepción cuando sus amigos y él acabaron de comer y la chica no se presentó. Daba lo mismo, quizás hasta resultaba mejor pues así Wakatoshi no se vería presionado a hablar con Suzume en ese momento ya que todavía no sabía qué debía decirle. Esa noche, Ushijima se fue a dormir con la confesión de la pelirroja dándole vueltas en la cabeza, aunque como era lo habitual en él, no habló de ello con nadie, no consideraba que ése fuese un suceso del que debía enterarse cualquiera.

Que Wakatoshi no hiciera algo mientras no se le ocurría cuál era la mejor manera de responderle a Suzume era algo de lo más natural para él; no le gustaba hablar por hablar, así que debía pensar con cuidado en lo que deseaba contestar. Nunca se le pasó por la mente que podía simplemente actuar como si nada hubiera ocurrido, como había hecho con las declaraciones de amor previas que había recibido, en las cuales rechazó los sentimientos de las otras chicas porque no le interesaban; sin embargo, en esta ocasión Ushijima no podía fingir demencia, por la simple y sencilla razón de que no quería herir a Suzume.

– Ah, San Valentín vino tranquilo este año, ¿no lo crees? –comentó Satori, a la mañana siguiente–. No tuvimos inesperadas declaraciones alocadas ni apasionadas.

– Supongo –respondió Wakatoshi, imperturbable–. Pero podría ser que eso haya ocurrido en otros grupos.

– Sí, es probable –asintió Tendo–. Estamos por pasar a tercer grado y debemos comportarnos como adultos, ¿no es así?

– Aunque me parece que eso es algo que tú nunca podrás hacer –se burló Reon.

Era una fortuna que Satori no hubiese hecho referencia directa a declaraciones hechas a miembros del club de volibol, porque así Wakatoshi pudo continuar guardando el secreto de la declaración de Suzume. Durante el día, el esfuerzo de mantenerse concentrado en clases hizo que Ushijima no pensara en la pelirroja, pero él se topó con ella en uno de los corredores durante un descanso y lo que la chica hizo lo dejó desconcertado: en cuanto vio que Ushiwaka se dirigía hacia ella, Suzume se dio la media vuelta y se fue sin decirle ni media palabra.

– Se le habrá olvidado algo –murmuró Ohira, a espaldas de Wakatoshi, sin dirigirse a alguien en particular.

No era para darle importancia al suceso, así que Wakatoshi pronto lo olvidó. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que Kobayashi hacía lo posible para no encontrárselo y, cuando por alguna razón inevitable lo hacía, ella se alejaba a toda velocidad. A Ushijima decididamente no le agradaba que Suzume hiciera eso, ¿pero qué podía hacer para impedirlo? Ni siquiera sabía por qué ella estaba actuando de esa manera tan inquietante. Él pensó que quizás la muchacha estaba preocupada por otro asunto diferente y creyó que con el tiempo se le pasaría y que dejaría de huir al verlo, pero sucedió exactamente lo contrario: Suzume empezó a esquivar a cualquier integrante del equipo de volibol varonil, no sólo a Ushiwaka. Éste estaba cada vez más desconcertado por la actitud de la chica, que no hacía más que empeorar con el paso de los días. No fue sino hasta casi una semana después de San Valentín que Wakatoshi comenzó a sospechar que, si Suzume huía de él, seguramente era porque no había recibido una contestación a su confesión.

"Supongo que espera que le dé una respuesta", pensó. "Pero no tengo idea de qué decir".

¿Qué significaba Suzume para él, en primer lugar? Sin duda que debía de empezar por ahí, porque la joven le había confesado que le gustaba y evidentemente querría saber qué sentía Wakatoshi por ella. O al menos eso fue lo que le dijeron las otras chicas que se le declararon en el pasado, querían saber si él sentía lo mismo por ellas así que Suzume no debía ser distinta. Pero si bien a esas otras estudiantes Wakatoshi no tuvo ningún problema en ignorarlas o decirles directamente que no estaba interesado, no era así con Kobayashi, al menos él tenía bien definido que no deseaba lastimarla pues, a su manera, Ushijima la tenía en estima y en cierto modo admiraba su determinación e inteligencia.

– ¿Alguien sabe qué le pasa a Kobayashi? –preguntó Hayato Yamagata, la primera vez que ella le hizo el desplante de darse vuelta y salir corriendo en dirección contraria.

– La habrás hecho enojar –le respondió Satori, por mera burla.

– ¿Qué? ¿De verdad? –se preocupó Hayato–. ¿Pero cómo?

– Seguramente le dijiste algo que no le agradó. –Tendo se encogió de hombros.

– Pero si no he hablado con ella recientemente –insistió Hayato, pensativo.

– Quizás es eso lo que la hizo enojar: que no has hablado con ella recientemente –replicó Satori.

– No le hagas caso –intervino Ohira–. Satori está tomándote el pelo.

Pero Yamagata ya se había puesto a murmurar por lo bajo, con cara de preocupación, seguramente preguntándose qué habría hecho para hacer enojar a la linda pelirroja. Wakatoshi fue el único que no dio su opinión en ese momento, seguramente porque ya sabía que el desplante de Suzume no era culpa de Hayato sino suya.

– Si está enojada, ya se le pasará –afirmó Satori–. Las chicas son raras, ni ellas mismas se entienden.

– Por comentarios como ésos es que no tienes novia –se mofó Reon.

Por alguna razón que ellos no entendieron, esta inocente acotación hizo que Ushijima frunciera más el ceño.

– No es culpa tuya –le aseguró Wakatoshi a Hayato.

Éste tuvo ganas de preguntar cómo era que lo sabía, pero no se animó a hacerlo debido a la expresión de Ushijima. Tendo y Ohira intercambiaron miradas entre sí, pero optaron por reservarse sus opiniones. Wakatoshi tenía una expresión pensativa y nadie quiso averiguar la causa.

La primera vez que Wakatoshi Ushijima vio a Suzume Kobayashi, él se sorprendió mucho de su agilidad; ella estaba haciendo el proceso de selección para el club de porristas, cuando ambos estaban en primer año, y realizó varios saltos y volteretas que le resultarían imposibles, o al menos muy difíciles de realizar, a la gran mayoría de las integrantes más experimentadas, así que no fue una sorpresa que Suzume fuese aceptada en el equipo. Gracias a que los clubes de volibol y de porristas entrenaban en la misma zona (cof, cof, conveniencias del guion, cof, cof), Ushijima fue testigo de la evolución de Suzume, ella desbordaba energía y vitalidad, cosas que eran difíciles de ignorar. Después, Wakatoshi comenzó a ser consciente de la presencia de Suzume en los pasillos de la Academia, gracias en gran medida al perfume dulce que ella usaba, y pronto relacionó ese aroma con su vigor. Él no estaba seguro de quién fue el primero que le habló al otro, pero no pasó mucho tiempo antes de que ellos intercambiaran saludos corteses, primero en el gimnasio y después en los pasillos y áreas comunales, para posteriormente pasar al intercambio de palabras sobre algún tema general e inofensivo. Al principio, parecía como si Suzume se sintiera intimidada por él (cosa a la que Ushiwaka ya estaba más que acostumbrado), pero después ella empezó a mostrarse más receptiva y amable, lo que permitió que pudieran hablar durante más tiempo sin sentirse incómodos.

Si Wakatoshi tenía que definir el punto en donde comenzó a considerar a Suzume como una amiga, fue en aquella ocasión en la que ella le explicó una materia que él no entendía, lo que le permitió aprobar un examen con relativa facilidad. A Ushijima no le extrañaba que Suzume fuese inteligente, después de todo estaba en un grupo en donde los alumnos tenían buenas notas, pero sí le asombró que ella se tomara la molestia de explicarle los puntos que él no comprendía. A manera de agradecimiento, Ushiwaka tomó la costumbre de bajarle los libros de las estanterías altas que Suzume no alcanzaba y esto reforzó la incipiente relación que tenían; a Wakatoshi no le importaba intervenir cuando Suzume se sentía acosada por algún compañero y ella constantemente le preguntaba si necesitaba ayuda con alguna materia. Haciendo un balance general, Wakatoshi podía decir entonces que Kobayashi era su amiga, pero, ¿hasta ahí llegaba el sentimiento que tenía por la chica? Al menos una cosa era segura y eso era algo que él constantemente se repetía: su confesión lo tomó totalmente por sorpresa, como si nunca se le hubiera ocurrido la idea de que le podría gustar a Suzume.

Conforme fue pasando el tiempo y se hizo más marcado el miedo que el club de volibol varonil suscitaba en Suzume, a Ushiwaka se le hacía cada vez más difícil encontrar la manera adecuada de darle una respuesta a la muchacha. Llegó a convencerse de que, si se le acercaba para intentar hablar con ella, Suzume lo dejaría con la palabra en la boca, no se necesitaba ser muy inteligente para llegar a esa conclusión. Si hubiera sido otro tipo de persona, Wakatoshi habría pedido consejo a alguien que supiera de esas cosas más que él, pero eso era algo que tampoco estuvo a su consideración; lo que era seguro era que no le agradaba que Suzume le hubiese dejado de hablar.

Muy probablemente las cosas habrían seguido así, o incluso habrían empeorado, si no fuese por la oportuna intervención de Satori y de Reon. Éstos llegaron a notar que algo raro pasaba entre Wakatoshi y Suzume, básicamente porque ésta le hizo un desplante a Ushijima delante de los otros dos, cuando se disponían a ingresar al comedor estudiantil. Debido a esto, Satori lo cuestionó directamente si había tenido algún problema con Kobayashi y Wakatoshi no tuvo reparos en decirle la verdad:

– Sí –contestó el muchacho, quien sin más rodeos declaró–: En San Valentín me dio chocolates.

– ¡Oh! No lo sabía –comentó Satori, con calma–. Pero eso no es raro, supe que Kobayashi les regaló chocolates a algunos compañeros de su grupo.

– No fue sólo eso. –Wakatoshi lucía incómodo–. También me confesó que le gusto. Supongo que es por eso por lo que ahora huye al verme.

Como era de esperarse, Satori y Reon soltaron exclamaciones de asombro, lo que hizo que Ushiwaka casi se arrepintiera de haber abierto la boca. Sin embargo, si él no era capaz de sincerarse con sus amigos, no podría hacerlo con alguien más.

– ¿Te lo dijo directamente? –quiso saber Satori–. ¿Con todas sus letras?

– Sí –afirmó Wakatoshi–. Y también lo escribió en una tarjeta que puso en la caja del chocolate.

– Ya veo –comentó Satori–. ¿Y qué le respondiste?

– Nada –confesó Wakatoshi–. No supe qué hacer.

– Eso explica muchas cosas –indicó Reon, en voz baja.

– Todavía no sé qué hacer –continuó Ushijima.

– Bien, esta cuestión es más sencilla de lo que parece –aseguró Tendo–. Empecemos por lo más importante: ¿Ella te gusta?

Wakatoshi miró fijamente a Satori durante unos minutos, sin contestar. Si él no era capaz de aclararse eso a sí mismo, mucho menos podría aclarárselo a alguien más. Tendo no tuvo más remedio que darse por vencido, al menos por el momento, y abordar el asunto por otra vía.

– Supongo que no vas a responder a eso –concluyó Satori, resignado–. En ese caso, ¿te interesa darle una réplica?

– Sí –asintió Wakatoshi–. Aunque no sé cómo.

Entonces Tendo le hizo la sugerencia que le pareció la más lógica de todas: que Ushijima le diera una contestación a Suzume en el White Day, tal y como dictaba la tradición. Wakatoshi vagamente sabía lo que era el White Day porque había visto a algunos compañeros suyos emocionarse por ese día, pero no tenía una idea clara de lo que debía hacer. Para fortuna suya, Satori Tendo estaba muy enterado del lenguaje de los dulces en esta festividad y no tuvo reparos en explicarle las cosas a detalle. Al final le había quedado en claro una cosa: Wakatoshi debía comprar una golosina en específico para regalársela a Suzume y dejar que la magia de la tradición hiciera el resto. Parecía un plan tan simple que hasta alguien tan obtuso como él sería capaz de llevar a cabo.

– Gracias, Satori –dijo Wakatoshi–. Eso me ayudará.

El alivio que sintió Ushijima por tener una solución sencilla y práctica hizo que se sintiera menos incómodo por el hecho de que Suzume continuara evitándolo. Los días pasaron con más rapidez y el 14 de marzo llegó sin grandes cambios en el comportamiento de estos dos. Debido a las actividades escolares que tenía, Wakatoshi no tuvo la oportunidad de acudir a una dulcería sino hasta ya muy avanzada la tarde, prácticamente cuando casi todos los muchachos interesados en el White Day habían entregado sus obsequios. Al entrar a la tienda, una empleada se le acercó para ayudarlo, pero Wakatoshi la miró con indiferencia y ella se alejó con un atribulado "perdón", como si hubiese cometido un error. El joven contemplaba las vitrinas a conciencia, repitiendo en su mente lo que Satori había dicho: "galletas si la amas, dulces si te gusta, chocolate blanco si sólo la ves como amiga". Y, al repetirlo por enésima ocasión, Ushijima apretó los labios en un esbozo de sonrisa. Era sorprendente la manera en cómo funcionaba su cerebro: no había sido capaz de definir con exactitud qué sentía por Suzume cuando se lo preguntó a sí mismo, pero en cuanto tuvo tres opciones a elegir, Wakatoshi pudo escoger la que deseaba sin asomo de duda.

– Quiero dulces de matcha, por favor –le pidió el joven a la atribulada vendedora.

Porque, ahora lo sabía, Suzume Kobayashi le gustaba, así de simple. Además, si eligió dulces de matcha fue porque tenía el conocimiento, adquirido quién sabía cuándo y cómo, de que esos dulces eran los favoritos de Suzume. Wakatoshi no se dio cuenta, sin embargo, de que conocer este dato era un indicativo de que ella en verdad le gustaba desde hacía mucho tiempo.

Cuando volvió a la Academia, con catorce dulces de té verde metidos en una bolsa de papel (curiosamente, la vendedora se los dio así porque dio por hecho que ese joven tan adusto y serio no estaba comprando esos dulces para una chica), Satori lo abordó con tanta urgencia que Wakatoshi se dio cuenta de que su amigo lo había estado esperando. Sutilmente y con discreción, el Guess Monster lo llevó hasta su dormitorio, en donde casualmente ya estaba Reon aguardando por ellos.

– ¿Puedo? –Tendo hizo un gesto para referirse a la bolsa con los dulces–. Déjame que te ayude con eso.

– ¿Ayudarme con qué? –Wakatoshi frunció las cejas, con extrañeza.

– A acomodarlos –repuso el otro–. No pensarás entregarlos así, ¿o sí?

– ¿Qué tiene de malo? –El otro no entendió.

– Tú déjame hacer y no preguntes –replicó Satori, mientras ponía manos a la obra.

Reon no había dicho ni una palabra, pero estaba atento a lo que Satori hacía. Cuando éste sacó los dulces de matcha, Ohira soltó un bufido y Tendo hizo una exclamación de triunfo. Ushijima los ignoró a los dos, básicamente porque no sabía lo que estaba ocurriendo. Satori entonces procedió a acomodar los dulces en una caja de cartón blanca, de las que se acostumbraban a usar en el White Day y que sacó de quién sabe dónde. Mientras tanto, en un arrebato de inspiración, Ushiwaka tomó una pluma y se puso a escribir algo en la parte interna de la tapa. Satori recordó entonces que él le contó que Suzume le había escrito su declaración en la caja que ella le regaló en San Valentín, así que supuso que Wakatoshi estaba contestando de la misma forma.

"Watashi mo anata ga suki".

"Tú también me gustas".

Cuando todo estuvo terminado, Satori tapó la caja y se la ofreció a Wakatoshi con el gesto de un mago que ha hecho un gran truco. Ushijima le dio las gracias con un movimiento de cabeza y se marchó a buscar a Suzume. Alguien le comentó que la chica estaba en el área en donde los estudiantes podían recibir a visitantes del exterior y desde lejos la vio en compañía de una niña tan pelirroja como ella, alguien que seguramente era algún familiar suyo, tal vez su hermana pequeña.

– ¿Puedo ayudarte en algo?.- le preguntó Suzume, sin estar consciente de que era la primera vez que se hablaban desde la declaración de San Valentín.

– Lamento interrumpir, Suzume –afirmó Wakatoshi–. Sólo quería darte esto.

Ella estaba tan impactada que se quedó paralizada, incapaz de reaccionar. Al fin, algo la impulsó a tomar la caja y le agradeció a Ushiwaka el gesto.

– Son dulces de matcha –aclaró Wakatoshi–. Sé que te gustan mucho.

– Sí, me encantan –asintió ella–. No debiste molestarte.

– Te lo debía –replicó él, sin alterarse.

No esperó a que Suzume abriera la caja, le pareció que no era necesario, así que se dio la vuelta y regresó al edificio en donde se encontraba su habitación. Al llegar al área comunal del dormitorio masculino, Wakatoshi vio a Reon y a Satori discutiendo vivamente por alguna cuestión desconocida para él.

– No vale, tú dijiste que le regalaría galletas y no fue así –argumentaba Ohira–. Le dio dulces, no es lo mismo.

– Pero estuve más cerca que tú, que aseguraste que le obsequiaría chocolate blanco –replicaba Tendo–, así que se puede considerar que yo gané la apuesta, te toca lavar mi ropa durante un mes.

– Eso no es justo de ninguna manera –insistía Reon–. No cuenta si no atinas totalmente, él le dio dulces, no galletas, no voy a lavar tu ropa por más que insistas.

Ambos se quedaron callados al ver a Wakatoshi, quien los miraba con cierta curiosidad. Ninguno de los dos quería explicarle que ellos habían apostado sobre qué le regalaría él a Kobayashi y que en ese momento discutían porque Satori, que había dicho que le daría galletas, insistía que había ganado la apuesta pues Reon había asegurado que a Suzume le iría bien si Ushijima le obsequiaba chocolate blanco. Satori cambió el tema al preguntar si ya le había entregado los dulces a Suzume, para evitar que Ushijima deseara conocer la causa por la cual reñían sus dos amigos.

– Sí, ya se los di –asintió el joven.

– ¿Y qué dijo al ver los dulces? –preguntó Satori, con curiosidad–. ¿Cómo reaccionó?

– No lo sé –reconoció Ushijima–, no esperé a que abriera la caja; ella no estaba sola, la acompañaba una niña que parecía ser su hermana.

– Oh, ya veo –dijo Tendo–. Supongo que te dará una respuesta mañana.

– Supongo –aceptó Wakatoshi.

Sin embargo, lo que sucedió al día siguiente fue algo que no esperaba ninguno de los tres. Ellos habían supuesto que, una vez que Suzume recibiera una réplica a su confesión (la cual era muy buena, considerando de quién provenía), ella dejaría de correr al ver a Ushijima. Sin embargo, en cuando los jóvenes se encontraron a Suzume en el pasillo, la chica se puso de mil colores al ver a Wakatoshi, soltó una risita nerviosa y se echó a correr.

– Pensé que iba a dejar de hacer eso –musitó Satori, decepcionado.

– Yo también –añadió Reon.

Ushijima no habló, pero se veía tan desconcertado como ellos. Bien, que ya no había más por hacer, él había hecho lo que creyó que debía hacer y si eso no cambiaba la actitud de Suzume, ninguna otra cosa lo haría. Tendo tenía razón: las chicas eran raras y ni ellas mismas se entendían. Los tres amigos decidieron dejar ese asunto por la paz y regresar a lo suyo, es decir, a pensar en jugar volibol como si no hubiera un mañana (a pensar, porque las prácticas del nuevo ciclo escolar aún no daban comienzo).

Sorpresivamente, el problema con Suzume se habría de resolver esa misma tarde. Satori había comentado que tenía que devolver un libro a la biblioteca, al que se le había pasado la fecha de entrega, y sus amigos acordaron acompañarlo. El muchacho intentó por todos los medios convencer al encargado de que le perdonara la multa y al poco rato se enzarzó en una discusión acalorada con él. Yamagata y Ohira le hicieron coro con la finalidad de ayudarlo, pero a Ushiwaka no le gustaba perder el tiempo en conversaciones que no iban a llevar a algo de provecho (quedaba claro que el encargado no le iba a perdonar la multa a Satori, sin importar lo que éste hiciera), así que decidió salir de la biblioteca y esperarlos a las afueras del edificio. No teniendo otra cosa mejor que hacer, Wakatoshi se sentó en una jardinera y se puso a leer una revista deportiva que Reon le acababa de prestar. En ese momento, Suzume apareció de la nada, tan repentinamente que al parecer había estado esperando a que él se encontrara solo para abordarlo.

– Wakatoshi, ¿estás ocupado? –preguntó ella, con timidez. Era la primera vez que le hablaba por su nombre y eso le agradó al joven.

– No –contestó Ushijima, dejando de lado la revista para prestarle atención.

– Eh, ¿será que pueda hablar contigo un momento? –quiso saber Suzume.

El muchacho asintió con la cabeza y entonces ella se apresuró a sentarse a su lado. Ushiwaka cerró la revista y esperó a que Suzume hablara.

– Quiero empezar por disculparme por haber huido de ti hace un rato –soltó ella, con la cara muy roja–. Y también por haberlo estado haciendo durante el último mes; pensé que no querías saber más de mí y prefería huir yo antes de que tú lo hicieras.

– ¿Por qué no querría saber más de ti? –Wakatoshi la miró con extrañeza.

– Pues porque pensé que, eh, que tú… –Suzume titubeó. No estaba segura de que fuera buena idea explicarlo con todas sus letras–. Eh, en realidad ya no importa, sólo quería excusarme contigo por haber sido tan maleducada.

– No tienes por qué hacerlo –repuso él, con calma–. Me tomó tiempo darme cuenta de que tal vez yo tuve que ver en eso.

"¿Tal vez? ¿Pero me estás hablando en serio?", pensó Suzume, que tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse.

– También quería decirte que he visto tu nota. –La chica enrojeció todavía más–. Me hace muy feliz saber que mis sentimientos son correspondidos…

Ushijima se removió con inquietud y no habló. No era desconocido para nadie que las habilidades sociales de Ushiwaka eran escasas y sus habilidades amorosas eran prácticamente nulas, así que no sabía cómo reaccionar. Había sido relativamente fácil admitir que Suzume le gustaba y no resultó tan complicado el hacérselo saber a través de dulces, pero era algo muy distinto el tener que repetirlo con palabras.

– Sólo digo lo que de verdad siento, no me gusta perder el tiempo con falsedades –comentó Wakatoshi, con voz ronca–. Pero ni yo mismo sabía lo que sentía por ti hasta que tú me lo hiciste notar.

– Está bien, no busco que me lo digas de frente, si es lo que estás pensando –repuso Suzume–, sólo quiero saber qué sucederá después de esto. Es decir, me gustas y te gusto, ¿qué crees tú que podamos hacer con esta cuestión? ¿Qué deseas hacer con esta verdad?

Bien, eso era más fácil de definir, aunque lo cierto era que Ushijima tampoco había cavilado en qué pasaría después de que Suzume leyera su nota. Nunca había tenido una pareja y tampoco era algo que estuviera buscando, pero si ambos habían reconocido que tenían sentimientos por el otro, ¿qué problema habría en pasar al siguiente nivel?

– No pensé en qué querría hacer después de que tú recibieras los dulces, pero no quiero alterar demasiado mi rutina –aclaró Wakatoshi, tras pensarlo durante unos minutos–. Sí me gustaría estar contigo, pero el volibol sigue siendo muy importante en mi vida y eso no va a cambiar.

– Lo sé, no pensaba pedirte que lo dejaras por mí –puntualizó Suzume–. Me gusta la manera en la que juegas, en cómo te entregas a lo que amas, me gustas por lo que eres y por lo que representas. No hay nada que disfrute más que verte jugar, nunca ha sido mi intención que dejes de lado el volibol, simplemente quería decirte lo que me haces sentir. Yo tampoco sabía exactamente qué esperaba conseguir al hacerlo, pero ya me has hecho muy feliz con el simple hecho de saber que no te soy indiferente.

Wakatoshi asintió con la cabeza y volvió a quedarse callado. Suzume pudo notar que él se sintió complacido con las palabras que ella acababa de decirle, pero no sabía cómo expresarlo. No era que Ushiwaka no tuviese emociones, simplemente no estaba acostumbrado a demostrarlas.

– ¿Y cómo llevamos esto entonces? –preguntó él.

– Lo primero que me debes responder es: ¿Quieres que seamos algo más que amigos? –Ella no se atrevió a preguntarle si quería que fuesen novios.

– Sí –asintió Wakatoshi.

– Entonces podríamos hacer lo que hemos estado haciendo hasta ahora: hablar de vez en cuando, vernos durante las prácticas –sugirió Suzume–. Y yo, por supuesto, te seguiré apoyando en los partidos. ¿Quizás podríamos comer juntos de vez en cuando, sólo para variar? ¿Y tal vez podría tomarte del brazo al caminar? Si tú quieres, claro.

– Está bien –aceptó Wakatoshi–. No me molesta hacer ninguna de esas cosas.

Lo cual, dicho en su idioma, significaba que sí quería hacer todas esas cosas. Suzume sonrió de una manera muy tierna y Wakatoshi suavizó su expresión dura al verla.

– Muy bien –expresó ella–. Me parece que ya llegamos a un acuerdo.

– Me gusta hablar contigo –soltó Ushijima, repentinamente–, porque me resulta fácil hacerlo. No te complicas la vida con tonterías ni se la complicas a los demás, siempre das soluciones directas y simples.

Era una manera de reconocer que Suzume estaba llevando la pauta y que él estaba de acuerdo con ello. Ushiwaka era un experto en cuanto a volibol se refería, un líder nato en la cancha, pero en la cuestión amorosa estaba dispuesto a dejar que alguien con más sensibilidad, como Suzume, tomara el control. Ninguno sabía a dónde los iba a conducir la decisión de estar juntos, pero estaban dispuestos a intentarlo.

Ellos seguían hablando cuando Hayato, Satori y Reon salieron de la biblioteca. Tendo estaba quejándose de la multa que tuvo que pagar cuando se interrumpió a media frase al ver a Wakatoshi con Suzume. Los otros dos no hicieron comentarios, pero estaban tan asombrados como Tendo. Hasta el momento, sólo Satori y Reon (además de las amigas de Suzume) sabían lo que sucedía entre Ushiwaka y la pelirroja, por lo que estaban ansiosos por saber de qué estaban hablando.

– ¿Y bien? –cuestionó Ohira–. ¿Qué crees tú que haya pasado?

– Es difícil saberlo –respondió Tendo–. Pero si Wakatoshi no quisiera algo más con Kobayashi, ya la habría dejado sola. Sin embargo, ella está sonriendo mucho, como si le hubieran informado que puede comer sin engordar.

– Eres un idiota, Satori –gruñó Reon, aunque después sonrió–. Pero dime algo: ¿Crees que el futuro capitán del equipo de volibol se ha conseguido al fin una novia?

– Es altamente probable –contestó Satori, mientras doblaba sus brazos por detrás de la cabeza.

– ¿Qué? ¿Ushiwaka con pareja? –Yamagata los miró con la boca y los ojos muy abiertos–. ¿Es broma? ¿Qué está pasando aquí?

– Ah, sí, que tú no sabes nada –replicó Satori–. Bien, déjame que te explique de qué va este asunto, a ver si Wakatoshi no me asesina a balonazos por hablar de sus cosas personales.

– Si no quisiera que alguien supiera lo que pasa con Kobayashi, no estaría charlando con ella en un lugar tan público –sentenció Reon.

Cuando Wakatoshi se dio cuenta de que sus amigos lo estaban esperando, se despidió de Suzume y le aseguró que la vería después. La pelirroja saludó a los jóvenes desde lejos y se marchó, muy feliz de la vida. Como era de esperarse, Ushijima se negó a revelar qué había pasado y sus amigos no se atrevieron a cuestionarlo, aunque Yamagata tenía cara de querer ofrecerse en sacrificio para que Wakatoshi les contara la verdad. Sin embargo, cuando días después se vio a Suzume caminando por los pasillos del brazo de Ushijima, no sólo Reon, Hayato y Satori entendieron la situación, también lo hicieron el resto de sus compañeros. Chieko y Kasumi, las dos mejores amigas de Suzume, se quedaban con la boca abierta cuando veían a Ushiwaka en compañía de la chica pues, a pesar de que continuaba siendo tan serio como siempre, se veía que él estaba muy a gusto con Suzume. Las murmuraciones no se hicieron esperar y más de uno intentó conocer la verdad, pero lo cierto era que nadie se atrevía a interrogar a Ushijima y Suzume se limitaba a sonreír cuando alguien le preguntaba si era novia de Wakatoshi.

Así también, Ushiwaka y Suzume comenzaron a reunirse para comer, aunque no lo hacían a diario, no eran como esas parejas que no se separaban nunca pues ambos tenían sus propias ocupaciones y su propio grupo de amigos, quizás por eso llamaba la atención cuando se sentaban en la misma mesa a compartir un rato juntos. Ésas eran de las pocas ocasiones en donde a Ushijima no se le veía una cara tan adusta, ya que su expresión siempre se suavizaba cuando estaba con Suzume e incluso llegaba a sonreír levemente.

– ¿De qué tanto hablan cuando están juntos? –quiso saber Satori, en alguna ocasión–. No se me ocurre qué temas de conversación podrían tener ustedes dos.

– De anuncios de revistas –respondió Wakatoshi–. Me cuenta que le gustaría que alguna vez saliera publicado en alguna revista el anuncio de un perfume fabricado por ella.

– No puede ser que ustedes de verdad hablen de cosas tan simples como ésa –bufó Satori, mientras Reon se reía a sus espaldas.

Ninguno de los dos se daba cuenta, sin embargo, de que en las palabras de Wakatoshi estaba escondido uno de los sueños más locos de Suzume, sueño que ella tuvo la confianza de dárselo a conocer.

– Por cierto, sé que es algo que no me interesa pero de cualquier modo lo voy a preguntar: ¿Ya se besaron alguna vez? –soltó Tendo, con su habitual desfachatez.

Ohira respingó. Ciertamente que Satori acostumbraba a meterse mucho en la vida de Wakatoshi y éste se lo permitía, pero Reon creía que esta vez había cruzado el límite. La cara de confusión de Ushijima les hizo saber a sus amigos que no, que todavía no llegaba con Suzume a ese nivel.

– Supongo que no –continuó Tendo, descaradamente–. ¿Cuándo piensan hacerlo?

– Satori, cierra la boca –lo reconvino Reon–. Eso es algo que sólo a Wakatoshi le importa.

– No, también le debe de importar a ella –replicó Satori–. Después de todo, eso es algo que hacen todas las parejas.

Wakatoshi no cambió su expresión y continuó mirando a Satori con el ceño fruncido. ¿Besar a Suzume? Eso estaba más allá de lo imaginado.

– ¿Cómo debería de darse eso? –preguntó, sin estar demasiado consciente de lo que hacía.

– ¿Qué cosa? ¿Besarla? –Satori puso cara pensativa–. Pues en las películas el héroe toma a la mujer entre sus brazos y la besa apasionadamente tras decirle algo cursi como "eres mi vida y no podría vivir sin ti".

– ¿Qué? –exclamó Wakatoshi, más perplejo aun.

– No le hagas caso a Satori –reconvino Reon–. Sólo está repitiendo lo que ve en la televisión y todos sabemos que lo que pasa en la televisión no es real. Un beso no tiene por qué ser complicado ni elaborado, es algo que debe de surgir por sí solo. Repito que eso es algo que sólo te incumbe a ti, Wakatoshi, y sí, también a Suzume, pero ninguno de los dos se debe de presionar a ello, ya saldrá por su cuenta.

Esta explicación dejó más tranquilo a Ushijima, aunque en una parte de su cerebro quedó resonando esta cuestión. Por supuesto, no fue algo que él hablara con Suzume, ese punto no estaba a discusión, aunque sí llegó a preguntarse qué tanto desearía ella que él la besara.

"Después de todo, eso es algo que hacen todas las parejas…", las palabras de Satori continuaban resonando en su mente.

Bien, que por mucho que Wakatoshi apreciara a Tendo y tomara en cuenta sus opiniones en la mayoría de las ocasiones, tenía que reconocer que a veces podía causarle más incomodidad de la deseada.

El tiempo pasó sin que las cosas cambiaran y llegó el nuevo año escolar; los estudiantes de segundo grado pasaron a ser los de más alto rango en la Academia Shiratorizawa y por tanto se esperaba mucho de ellos. Wakatoshi Ushijima adquirió el estatus de inalcanzable a muchos niveles (aunque esto no impedía que fuese amonestado por las autoridades escolares si rompía las reglas) y sus compañeros del club de volibol ingresaron en la élite estudiantil. A nivel general, se esperaba que dicho club llegara al torneo nacional, como había estado haciendo en los años anteriores, y lo ganara esta vez, pues habían ingresado al equipo muchos estudiantes prometedores de primer grado que aportarían sangre nueva a la experiencia de los mayores. Por su parte, aunque sin pretenderlo, Suzume fue catalogada como "intocable" por el alumnado en general (sobre todo por los estudiantes de sexo masculino), a pesar de que ella no lo deseaba, pues obviamente no había alguien tan desquiciado como para atreverse a desafiar a Ushiwaka.

Como ya estaba previsto desde hacía tiempo, Wakatoshi se convirtió en el nuevo capitán del equipo varonil de volibol (de manera oficial, porque extraoficialmente cumplía con esa función desde que el previo se retiró); los integrantes nuevos del club, que ya conocían la leyenda de Ushiwaka, estaban ansiosos por ponerse bajo sus órdenes, seguros de que él los llevaría a conquistar la gloria. A pesar de que esto ya era del conocimiento público, Suzume festejó la noticia como si hubiera sido algo inesperado y sorprendente, pues estaba muy consciente de lo que esto significaba para Wakatoshi. Ella estaba tan emocionada por este suceso que a él le asombró enterarse días después de que Suzume había sido elegida como la nueva capitana del club de porristas. Por alguna razón que Wakatoshi desconocía, ella había retrasado el momento de darle esta información, como si su logro no fuese tan importante como el suyo.

Sí, cliché sobre el cliché. ¿Qué se le va a hacer?

– No sabía que también te dieron el puesto de capitana, ¿por qué no me lo habías comentado? –le cuestionó Ushijima, con el ceño fruncido, mientras esperaban a las afueras del gimnasio a que dieran comienzo sus respectivos entrenamientos.

– Ser la capitana del equipo de porristas no es un sueño tan grande como el que tienes de querer jugar volibol de manera profesional –respondió Suzume–. Yo deseo dedicarme a fabricar perfumes algún día, es el gran sueño de mi vida, así que esta nominación no es tan importante como la tuya.

– No seas tonta –replicó él, con dureza–. Cualquier cosa que te ocurra es tan importante como lo que me pasa a mí.

– Oh, ¿de verdad lo crees? –Ella se ruborizó.

– No sé por qué habría de ser diferente –contestó Ushijima.

Él seguía siendo tan seco como de costumbre, pero en las semanas que llevaban de estar juntos como pareja, Wakatoshi había aprendido a tratar a Suzume con más calidez, a su manera; cualquiera que no lo conociera bien no percibiría un cambio muy notorio, pero por supuesto que ella sí lo había advertido. Aun así, esta declaración fue tan inesperada que la chica se emocionó mucho y, en un impulso, dio un ágil salto y se colgó del cuello de Ushiwaka para besarlo en la mejilla. Él realmente no se esperaba este gesto, pero automáticamente la abrazó para no dejarla caer y se quedó impactado por la agradable sensación que lo recorrió inmediatamente después de que Suzume lo tocó con sus labios. Ella no pareció notarlo, como si hubiera sido de lo más natural el besar a su novio en la mejilla, y en cierto modo sí era normal aun cuando ese novio fuese Ushijima.

– ¿Por qué hiciste eso? –preguntó él, ofuscado.

– ¿Qué cosa? –inquirió Suzume, aun colgada de su cuello–. ¿Lo del beso?

– Sí –asintió él, hablando muy cerca de su oído.

– Ah, ¡lo siento! –exclamó ella, avergonzada–. ¿Te ha molestado? Fue algo que hice sin pensar, me emociona cuando me dices que te importa lo que suceda conmigo.

– No me molesta que lo hayas hecho, pero sí me ha sorprendido –confesó Wakatoshi.

En ese momento, él la bajó con cuidado al suelo y al hacerlo, ambos se miraron a los ojos, siendo muy conscientes del contacto físico que acababan de tener. Suzume fue la primera en desviar la mirada y carraspeó con suavidad.

– Tengo que irme, el equipo me necesita –farfulló atropelladamente, tras lo cual se marchó a toda velocidad, tal y como hacía meses atrás cuando huía al ver a Wakatoshi.

Éste la dejó irse sin decirle nada y se fue con su propio equipo. Durante la práctica, Wakatoshi no pensó en lo que sucedió pues estaba concentrado en lo suyo, pero al acabar el entrenamiento volvió a recordar la agradable sensación que tuvo cuando Suzume lo besó en el rostro y se preguntó si así se sentiría besarla en los labios.

"Después de todo, es lo que las parejas hacen". Las palabras de Satori volvieron a resonar en su mente y Wakatoshi lo maldijo en su interior porque, aunque lo intentara, no conseguía dejar de pensar en eso. Tendo sintió repentinamente que un escalofrío le recorría la espalda y al girarse para ver de dónde podía provenir ese sentimiento, vio a Ushijima fulminándolo con la mirada.

– ¿Qué le hiciste a Wakatoshi? –preguntó Reon, extrañado.

– Esta vez nada, creo –respondió Satori y se encogió de hombros.

Al acabar el entrenamiento, Wakatoshi abordó a Reon cuando Satori no andaba en las cercanías. Reon se asombró mucho al ver que Wakatoshi quería hablar con él a solas, pues habitualmente era con Satori con quien lo hacía, y supuso que debía tratarse de algo importante.

– Hay algo que quiero preguntarte –comenzó Ushijima, en voz moderadamente baja–. Pero quiero esto quede entre nosotros.

– Claro, no hay problema –asintió su amigo–. ¿Qué ocurre, tienes algún problema con mis remates? Estoy esforzándome en mejorarlos.

– No, es algo más personal –negó Wakatoshi–. Hace tiempo dijiste que un beso entre dos personas tenía que darse de manera natural. ¿Cómo voy a saber en qué momento es el adecuado?

Ohira tuvo que hacer un gran esfuerzo para no quedarse con la boca abierta. Como era su costumbre, Ushijima había soltado su cuestionamiento sin rodeos y sin dar más datos de los necesarios, pero Reon estaba asombrado de que él hubiera podido permanecer tan ecuánime ante una situación que sin duda lo debía de incomodar.

– La verdad es que no lo sé bien, no hay un manual para eso –contestó Reon, tras meditarlo un poco–. Pero es algo que sabrás en su momento, algo hará conexión en tu cerebro, supongo.

– Ya veo –asintió Ushijima–. Gracias. Y sí, necesitas practicar tus remates.

Y se fue sin esperar respuesta. Ohira supo que no debía comentar esa plática con alguien más y se cuidó de no decírselo a Satori, más ahora que ya entendía el por qué Wakatoshi parecía querer colgarlo y no precisamente de los pies: el comentario burlón de Tendo acerca de que todas las parejas se besaban en algún momento lo había alterado más de lo debido.

Un par de semanas después, hubo en la Academia un festival cultural organizado por los clubes, uno de esos eventos destinados a entretener al alumnado en general y que permitía que los miembros de nuevo ingreso se adaptaran a la escuela. Las chicas del club de porristas anduvieron de aquí para allá en los días previos al suceso, vestidas en sus trajes diminutos y pidiendo a los alumnos que visitaran los stands que tendrían en el festival. Suzume, por ser la capitana, estaba a cargo del decorado y de la organización de los pabellones que se estaban colocando en las áreas comunales. A ella no le importaba subirse a las altas escaleras de mano para colgar algún adorno, a diferencia de sus compañeras que les temían a las alturas. Además, Suzume había convencido a sus dos mejores amigas, Chieko y Kasumi, de que la ayudaran con dicha labor: Kasumi era la encargada de detener la escalera para evitar que Suzume cayera y Chieko le pasaba los ornamentos que Suzume debía colgar.

– Deberíamos de pedirle a algún hombre que nos ayude con esto, Suzu –dijo Chieko–. Alguien del club de volibol, por ejemplo.

– No le voy a pedir a Wakatoshi que haga esto por mí –replicó Suzume, quien entendió de inmediato lo que su amiga le quiso decir–. Él está ocupado con los entrenamientos, el torneo regional está muy cerca. Además, podemos hacer esto por nuestra cuenta.

– No estaba hablando de tu novio sino de alguien de primer grado –se defendió Chieko, aunque por su expresión quedó claro que sí había estado hablando de Ushijima–, pero como quieras.

– Allá vienen, de cualquier manera –comentó Kasumi, echando un vistazo hacia la entrada del gimnasio, el cual se veía desde la zona en donde ellas estaban–. Todo el club de volibol viene para acá, de hecho.

Suzume le respondió con un gruñido y se negó a voltear para no perder la concentración, no era novedad que la presencia de Ushijima la distraía mucho. Wakatoshi la vio a lo lejos y tuvo el pensamiento fugaz de ayudarla en algo, así que dirigió sus pasos hacia donde el grupo de muchachas estaban trabajando; sus compañeros, de manera casi automática, empezaron a seguirlo. En eso estaban cuando un estudiante del equipo de natación dejó escapar una rana que había atrapado para asustar a las chicas de su club, la cual se puso a saltar por la zona en donde las porristas estaban trabajando, dispuesta a correr hacia la libertad. Kasumi, que le tenía un pánico injustificado a los anfibios, comenzó a gritar como poseída cuando vio a la rana dirigirse hacia ella y soltó la escalera en la que estaba trepada Suzume.

– ¡Cuidado, tonta! –exclamó Chieko, aunque era demasiado tarde.

Kasumi no sólo había soltado la escalera, la había empujado también en su intento de alejarse de la rana. Suzume sintió que perdía la sustentación cuando la escalera empezó a moverse de un lado hacia otro y ella trató de mantener el equilibrio. Los del club de volibol la miraron con espanto y Wakatoshi empezó a correr hacia ella, aunque sabía de antemano que no llegaría a tiempo.

– ¡Se va a caer, alguien haga algo! –gritó Chieko, a pesar de saber que sería inútil.

La escalera al fin cedió a la gravedad y cayó hacia su costado derecho; Suzume, sin embargo, consiguió dar un salto en el último momento que le permitió aterrizar con relativa seguridad, aunque el impulso final la hizo caer hacia adelante, con lo que se raspó las rodillas y los codos antes de golpear el suelo. Sus dos amigas corrieron hacia ella y pronto un grupo de estudiantes se reunieron a su alrededor. El culpable del club de natación, al ver quién había sido la lesionada, tuvo la prudencia de atrapar a su rana y desaparecer antes de que a Ushiwaka se le ocurriera ponerse a buscar al responsable de la caída de su novia.

– ¡Lo lamento tanto, Suzu! –exclamó Kasumi, llorosa–. ¡No lo pude evitar, fue culpa de esa rana!

– Estoy bien –aseguró Suzume, a pesar de que tenía las rodillas y los codos ensangrentados y la sola visión de la sangre le provocaba náuseas–, creo que no me rompí ningún hueso.

– Hay que llevarte a la enfermería –anunció Chieko–. ¡Vamos, nos hace falta un hombre que nos ayude a llevarla!

– No es necesario, puedo caminar –replicó Suzume, poniéndose en pie.

– Yo la llevaré –dijo Wakatoshi en ese momento.

Los mirones que estaban ahí se hicieron a un lado en cuanto lo vieron llegar y, antes de que Suzume se diera cuenta de lo que estaba pasando, él la tomó en brazos. Cuando Chieko y Kasumi se dispusieron a seguirlos, Ushijima les lanzó una mirada indiferente a ambas.

– Sigan con lo que estaban haciendo –ordenó él–. Yo me haré cargo de Suzume.

Su voz autoritaria hizo que ellas no se atrevieran a contradecirlo, a pesar de que Suzume debía ser quien diera esa indicación. Sin embargo, ésta estaba tan turbada por el hecho de que Wakatoshi la estaba llevando en brazos que no atinó a replicar. Yamagata hizo el intento de acompañarlos, pero Satori lo detuvo al ponerle una mano en el hombro.

– ¿A dónde vas? Hay que ayudar a estas pobres chicas –señaló Tendo, con una sonrisa maliciosa.

Hayato entendió la indirecta y ya no pretendió seguir a Ushijima. Bien, que al final de cuentas, Chieko y Kasumi acabarían recibiendo ayuda del club de volibol, aunque no de la manera en la que hubieran querido.

Mientras se dirigían hacia la enfermería, Wakatoshi permaneció callado y serio, como era su costumbre, y Suzume estaba demasiado cohibida para decir algo, así que hicieron todo el trayecto en el más absoluto silencio. Ella sentía que él estaba molesto, pero no sabía por qué. Una vez en la enfermería, la médica a cargo le pidió a Ushijima que esperara afuera mientras atendía a Suzume. Él obedeció y se preguntó si debía reportar ese incidente a alguna autoridad, después de todo un estudiante había resultado lastimado; los minutos transcurrían con rapidez y la puerta no volvía a abrirse, lo que le hacía pensar a Wakatoshi que Suzume quizás estaba más lesionada de lo que creyó en un inicio. Por fin, tras una media hora, la puerta del consultorio se abrió y la médica le indicó que podía pasar.

– ¿Cómo estás? –preguntó él, mientras la doctora se retiraba a un cuarto accesorio para redactar un reporte.

– Mucho mejor de lo que parece –aseguró Suzume; sus heridas ya estaban ocultas con pequeños parches, pero varias zonas de la piel descubierta se veían amoratadas–. La doctora cree que no me fracturé ningún hueso, lo cual es una fortuna. Menos mal que supe cómo caer; si mis piernas hubieran recibido todo mi peso, seguramente me habría roto algo.

Ushiwaka se quedó mirando sus heridas recién curadas sin decir palabra; Suzume se dio cuenta de que algo lo estaba incomodando y le preguntó qué le sucedía.

– Te vi caer, pero no llegué a tiempo –comentó él, al fin.

– ¿Eso era lo que te estaba molestando? –quiso saber ella.

– Sí –aceptó Wakatoshi–. Hubiera preferido que no te lastimaras.

– No te preocupes, estoy segura de que, de haber estado más cerca, me habrías atrapado –sonrió la pelirroja.

Sin embargo, Wakatoshi continuó serio y no contestó. Parecía como si estuviera librando una batalla en su interior.

– De verdad, estoy bien, pude arreglármelas sola –insistió Suzume–. No fue culpa de nadie, realmente, así que no deberías de…

Suzume dejó la frase a la mitad porque sintió que Wakatoshi la besaba en los labios con torpeza, se quedó tan impactada por la reacción de él que se paralizó de momento. ¿De verdad estaba sucediendo eso? Parecía ser que él se estaba dejando llevar por el instinto, pero a ella no le cupo la menor duda de que ese beso era muy sincero. Al fin, su cuerpo reaccionó, Suzume cerró los ojos y puso su mano en el cuello de él para darle más firmeza al gesto. Cuando se separaron, ella soltó una risita nerviosa y feliz.

– ¿Y eso por qué fue? –preguntó, sin poder evitarlo–. Quiero decir, no me ha molestado para nada, ¡pero definitivamente no lo esperaba!

– Sólo tuve ganas de hacerlo –respondió Wakatoshi, levemente cohibido. En la boca le quedó un regusto a frambuesa, que probablemente provenía del brillo para labios que usaba Suzume.

– Bien, esto lo cambia todo, ¿no? –dijo Suzume.

– Sí –asintió Wakatoshi, aunque tenía una expresión extraña.

– ¡Oh! ¿Te ha molestado? ¡Lo siento! –Suzume lo notó y se apresuró a disculparse, a pesar de que no fue ella quien inició el beso.

– No dije eso –carraspeó él y se acercó a ella con la intención de cargarla–. Te llevaré a tu habitación para que descanses.

Pero Suzume no tenía intenciones de ir a ninguna parte sin antes comprobar cómo se había sentido Ushijima con ese beso, así que cuando él se acercó, ella lo tomó por el cuello y besó sus labios con ímpetu. Al principio Wakatoshi se quedó paralizado, pero después reaccionó muy favorablemente al contacto; no podía negarlo, le gustaban esos besos con sabor a frambuesa. Después de un par de minutos, alguien tosió en el cuarto en donde estaba la médica, con lo que ambos fueron conscientes del sitio en donde se encontraban y se separaron.

– Debemos irnos de aquí –musitó Wakatoshi, con voz ronca.

– Sí, estoy de acuerdo –aceptó Suzume–. Creo que tenemos suficiente por hoy, pero no voy a ir a mi habitación, me siento bien y todavía tengo mucho por hacer.

– Te llevaré de regreso con tus amigas –señaló Ushijima–. Siempre y cuando no vuelvas a subirte a esa escalera.

A pesar de que podía caminar, Suzume dejó que Wakatoshi la tomara entre sus brazos y la cargara, le agradaba la sensación de sentirse resguardada por él. Ninguno de los dos quería comentarlo en voz alta, pero en ese momento ambos sentían una curiosa felicidad en su interior, una felicidad que marcaba el inicio de algo nuevo. Había sido un simple beso (bueno, en realidad fueron dos), pero definitivamente acababa de cambiarlo todo.

Y eso sólo sería el comienzo de algo mucho mejor.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La noche anterior a que comenzara el torneo regional de volibol, Wakatoshi y Suzume se reunieron a las afueras del gimnasio. La última práctica había concluido ya y el entrenador Washijo había mandado a sus discípulos a descansar, pero Ushijima, por ser el capitán, podía quedarse un poco más, básicamente porque quería hablar unos minutos con su novia antes de que el ajetreo del campeonato le impidiera pensar en otra cosa que no fuese el volibol.

– Mañana comenzará el torneo –comentó Suzume, con una sonrisa leve–. Estuviste entrenando mucho para esto.

– Sí –asintió Wakatoshi–. Sé que fue difícil para ti.

– No, no me importa –aseguró Suzume–. Me gusta verte jugar, Toshi, además de que yo estuve esforzándome para practicar y darte mi apoyo como corresponde.

– Gracias, Suzu. –La expresión de Wakatoshi se suavizó.

– Por cierto, estuve pensando mucho en qué darte para desearte suerte –continuó ella–. Al principio consideré hacerte un amuleto, pero luego llegué a la conclusión de que no es tu estilo, tú no necesitas que algo conjure la buena suerte para ti pues la forjas por tu cuenta.

Ushijima asintió con la cabeza, atento a cada una de sus palabras.

– Así que decidí hacer algo diferente. –Suzume desvió la mirada, al tiempo en que enrojecía–. Espero que sea de tu agrado.

La chica dio entonces un salto ligero para colgarse de su cuello y darle un beso en los labios. Wakatoshi la sostuvo y recibió el beso de muy buena gana, bajo la tenue luz que se colaba a través de la puerta semiabierta del gimnasio.

– Esfuérzate mañana –pidió Suzume, cuando dejó de besarlo–. Yo estaré apoyándote, como siempre.

Ushijima curvó sus labios en una sonrisa muy leve mientras volvía a asentir con la cabeza. Sin duda, uno de esos besos con sabor a frambuesa era el mejor amuleto que Suzume le podría dar.

Fin.


Notas:

'Haikyuu!' y sus personajes son propiedad de Haruichi Furudate ©.

– Suzume Kobayashi es propiedad de Lily de Wakabayashi.

– Recientemente vi la película "Concept no tatakai" y se me disparó el amor por Wakatoshi Ushijima. Y como necesitaba un descanso de 'Captain Tsubasa', quise hacer este fanfic de 'Haikyuu!' para variar un poco las cosas, el cual además es complemento de otro que escribí en febrero, titulado "Catorce dulces de Matcha".