Capítulo 1: Salón 2-A

Por los antiguos pasillos del edificio de arte, un acalorado joven de 21 años iba esquivando a todo aquel que se le cruzaba por el camino. Iba tarde a su clase de Dibujo Anatómico, corrección, muy tarde. Estaba a sólo unos minutos de empezar y él siempre llegaba de los primeros, sin embargo, hoy no había sido su día. En la mañana, el agua caliente se terminó de golpe mientras enjuagaba su cuerpo y casi se cae ante el asombro del cambio drástico de temperatura. Luego, el autobús en el que iba a la escuela se quedó sin gasolina a mitad de camino, obligando al pelinegro a correr varias cuadras antes de poder tomar el metro. Y para empeorar, su estimado profesor de Historia del Arte no encontró nada mejor que ponerse a filosofar durante toda la lección.

—Vaya, vaya. Miren la hora —se asombró el maestro de grises cabellos al mirar su reloj de pulsera—. Creo que esta vez sí me perdí en el camino del arte. Saben que siempre pueden detenerme, muchachos —agregó al final. Sin embargo, todos en aquella aula sabían que cuando Hatake Kakashi se ponía a hilar sus pensamientos, era imposible pararlo. Es más, ni siquiera eran capaces de levantarse de sus lugares para irse a su próxima clase, ya que -como siempre-, una extraña fuerza los atornillaba a sus asientos; siendo libres de retirarse sólo cuando el profesor les diera el paso.

—Bien, no olviden traer un adelanto de su ensayo para la siguiente clase.

Esas fueron las palabras que hicieron que Sasuke brincara de su silla y saliera disparado por la puerta, encontrándose ahora evitando a cualquier obstáculo que se encontrara.

—Dos minutos —murmuró molesto cuando vio su reloj de pulsera mientras seguía moviéndose ágilmente entre los individuos que también estaban por el corredor—. Salón 2-A.

Volvió su vista al camino, no quedaba tanto para que llegara al salón. Sin embargo, y como todo en ese día, algo siempre inesperado ocurría.

Un fuerte golpe, acompañado de hojas volando, fue lo que captó la atención de todos los presentes. Sasuke se encontraba frotando su hombro izquierdo a la vez que miraba con fastidio las hojas que se encontraban regadas en el piso. Claro, lo que faltaba. Se levantó de inmediato y comenzó a recoger sus materiales, ni siquiera había prestado atención con lo que había chocado, más bien, con quién. Sólo cuando esa persona bufó molesta fue cuando se giró a verla.

Era una joven de extraño cabello rosa, vestía un abrigo verde y un gorro de lana blanco, ya era final de octubre y el frío estaba cada vez más presente. Y al igual que Sasuke, ella estaba recogiendo un par de libros bastantes gruesos mientras se frotaba su frente; lugar donde había impactado el hombro del Uchiha.

Iba a ayudarla a recoger sus cosas, pero sus ojos se fueron de nuevo a su reloj y no pudo más que decirle un rápido "lo siento", y seguir su camino a toda velocidad; ignorando todos los comentarios indignados de los presentes. La clase ya había iniciado.

Deslizó la puerta y entró como un huracán al interior del aula. No perdió más tiempo y se sentó en uno de los asientos sobrantes que, al igual que todos los demás, miraba al centro. Sacó sus materiales y empezó a ordenar su lugar de trabajo. Por fortuna, la maestra aún no había llegado, cosa rara ya que ella era bastante puntual. Es más, si algún estudiante llegaba después que ella, no los dejaba entrar. No importaba cuánto lloriquearan o se quejaran, ella era firme con su decisión. Siempre repetía lo mismo "no me levanto a las 5 AM para que unos mocosos lleguen después que yo". Esa actitud le había traído más de algún problema con los jefes del departamento, en el pasado. Pero desde que ella fue ascendida como directora de la carrera, podía hacer lo que quisiera.

—Parece que alguien se perdió en el camino del arte —comentó burlón uno de los compañeros del salón—. Sólo porque Tsunade no ha llegado es porque sigues aquí.

Sasuke simplemente rodó sus ojos y terminó de afilar uno de sus lápices y de limpiar la miga de pan que usaba para borrar. Eso era una especie de ritual personal del Uchiha. Le gustaba llegar de los primeros porque le gustaba estar en sintonía con los materiales a utilizar. No importaba si era papel, lienzo, pinceles, lápices, acrílico, arcilla o más, amaba conectarse con cada una de sus herramientas. Por eso, para él, era más que necesario llegar al principio, cuando ninguno de sus compañeros se le quedara viendo lo que hacía ni tampoco desconcentrarse con las conversaciones ajenas. Le gustaba hacer eso solo y en paz. Claramente, ese día ya estaba demasiado arruinado como para poder hacer su ritual con toda la tranquilidad y tiempo del mundo, pero algo pudo realizar antes de la llegada de la directora.

—Buenos días, clase —anunció al abrir la puerta— Lamento el retraso, pero me encontré con nuestra nueva modelo, así que, decidí guiarla hasta el salón. Ahora se está cambiando, llegará en cualquier momento.

Tsunade se subió a la pequeña tarima para que todos los presentes la vieran.

—Bien, como saben, hoy continuaremos con el dibujo anatómico a partir de referencias en directo —miró a cada uno de sus estudiantes antes de continuar—. Si bien, ustedes han estudiado el cuerpo humano desde su primer año, nunca es suficiente conocimiento cuando del cuerpo se trata. Sin mencionar, que la perspectiva y movilidad es algo que siempre ha atormentado a muchos de nosotros, los artistas.

Tomó la lista de asistencia para empezar a marcar a los presentes, sería extraño que faltara alguien, considerando que ella misma había llegado unos minutos pasada la hora de inicio.

—Creo que están todos —dejó la lista sobre el escritorio antes de desviar la mirada al umbral de la puerta— Justo a tiempo. Por favor, adelante.

La mujer hizo un gesto con su mano, indicándole a la persona que se encontraba en el marco que entrara. Con algo de nerviosismo, una joven de cabellos rosados entró a la sala. Vestía una gruesa bata de polar blanca y unas pantuflas que le llegaban hasta la mitad de la pierna. Se situó a un lado de la profesora, como ésta le había indicado y les dedicó una suave sonrisa a los alumnos.

—Les presento a Sakura. A partir de ahora, ella será nuestra modelo hasta el fin del curso —explicó Tsunade—. Ella posará para nosotros con su cuerpo al descubierto, así que pido el máximo respeto para ella. No toleraré ninguna actitud inadecuada, ¡¿entendieron?!

Todos los presentes asintieron, incluido Sasuke, quien seguía enfocado en su último lápiz de carbón; debía terminar de darle el filo adecuado antes de ponerse a bocetear.

—Sakura pertenece al equipo de hockey femenino de la universidad, así que no se preocupen si ven algunos moretones por ahí. De hecho, si se encuentran con alguno, me gustaría que también lo plasmaran en sus trabajos.

La joven sobó la parte trasera de su cabeza, intentando ocultar la incomodidad que le causaba aquella descripción de su persona. Sin embargo, sabía que pronto toda esa vergüenza sería cero al momento de tener que quitarse su bata y tener que posar desnuda frente a extraños.

—Puedes presentarte también, Sakura.

La estudiante asintió y dio un paso al frente.

—Buenos días, soy Haruno Sakura, estudiante de tercero de medicina. Me alegra mucho estar aquí. Estaré a su cuidado.

Hizo una pequeña reverencia a los presentes, acompañando su saludo con una radiante sonrisa.

—Bien, ahora que te has presentado, por favor.

Tsunade volvió a mover su mano, indicándole a la estudiante que se pusiera en el centro, a la vista de todos los alumnos. Sakura tragó duro, el momento había llegado. Si bien, ella ya había modelado unas cuantas veces, siempre era con algo de ropa encima, por mínima que sea. No obstante, ahora debía estar totalmente desnuda. Y no es que se sintiera incómoda con su cuerpo, al contrario, estaba feliz de cada estría, vello y una que otra cicatriz que le había dejado el hockey. Pero, por mucha seguridad que sintiera con ella misma, eso no disminuía el hecho que seguiría estando desnuda frente a muchos pares de ojos, por casi dos horas.

—Siéntate antes de sacarte la bata —indicó Tsunade al acercarse a ella—. Permiso…

Tomó con cuidado los brazos de la muchacha, acomodando cada articulación como ella quería. Una vez estuvo satisfecha con la pose que le estaba pidiendo a Sakura, extendió su mano para recibir la bata y dejarla junto al escritorio.

—Descuida, este es un espacio seguro —le susurró a la menor, momentos antes que ella se terminara de desvestir por completo.

Tsunade le sonrió para darle aún más confianza a Sakura por lo que estaba por hacer. Ella misma había sido, y seguía siendo, modelo para sus colegas. Por eso mismo, sabía a la perfección lo que estaba pasando por la mente de la estudiante.

—Tienen una hora y media para trabajar. Haremos una pausa al minuto cuarentaicinco para que tanto Sakura como ustedes puedan tomar un descanso, ¿entendido?

La directora se fue a sentar tras el escritorio para adelantar unos cuantos papeles que debía para otras de sus clases mientras los presentes comenzaban a buscar entre sus cosas los materiales a usar. El único que estaba listo para dibujar era Sasuke. Había usado todo ese tiempo de introducción para finalizar los preparativos y ahora llegaba el momento que más le gustaba, perderse en su arte.

Desde temprana edad, Sasuke desarrolló un particular interés y facilidad para el arte. Siempre correteaba de un lado a otro con su cuaderno de dibujos y nunca dejaba la casa sin alguna hoja de papel y un lápiz; decía que prefería plasmar todo aquello en el momento antes de perderlo para siempre -aunque eso sólo fuera un perro rascando su oreja-. Gracias a eso, el Uchiha fue consciente de sus gustos desde que era un infante y, si bien, era bastante talentoso y estudioso para otras materias, no había como el arte para él. Podía, perfectamente, perderse por horas en un lienzo, saltando comidas y descansos, todo por mantenerse sumergido en su mundo.

—No olviden que es mejor partir con un bosquejo rápido y después ir afinando los detalles —dijo de pronto la maestra—. De todas formas, Sakura mantendrá esta pose hasta la siguiente clase.

Sasuke volvió a inspeccionar sus materiales, tomó su carboncillo, suspiró y levantó la mirada para comenzar su trabajo. Sin embargo, sus movimientos se vieron interrumpidos cuando sus negros orbes se fijaron en la muchacha que tenía frente a él.

—Tú eres… —murmuró.

No podía creerlo, era la misma chica que había atropellado momentos antes en el pasillo. Su mala racha del día no podía más que empeorar. Bufó molesto mientras sacaba otro carboncillo, ya que el que tenía se había caído y quebrado, y no iba a afilarlo nuevamente.

Volvió a mirar a Sakura, esperando a que ella terminara de acomodarse en la pose que le había indicado Tsunade. Cuando al fin ella se acomodó, elevó el rostro y lo apoyó en su hombro izquierdo, quedando su mirada fija en el bastidor del Uchiha. Su mirada jade estaba en un punto fijo, perdido entre el lienzo y la madera, ignorando el resto de las acciones de la clase. Sasuke se quedó inspeccionando a la mujer que tenía a la vista, le gustaba mucho la pose que la maestra había decidido. La cabeza de la joven reposaba con suavidad sobre su hombro izquierdo y este mismo brazo cruzaba con cuidado sobre sus senos, cubriendo uno en su totalidad y dejando la mano bajo el derecho. Su brazo derecho, en cambio, estaba doblado por sobre su cabeza y la mano descansaba sobre el rosa cabello de la chica. Sus piernas estaban relajadas, la derecha más adelante que la izquierda sin forzar la postura. Por último, todo su cuerpo descansaba en el respaldo de la silla, el cual estaba cubierto por una sábana de seda y así evitar el frío contacto entre la madera embalsamada y la desnuda piel.

—Nada mal —volvió a murmurar Sasuke mientras comenzaba a plasmar la imagen ajena.

Con rápidos, suaves y confiados movimientos, el joven empezó a darle forma a su dibujo. Desde su ángulo, podía ver a la perfección el rostro de la chica, sus piernas y la mano que reposaba en su cabeza. El seno que no alcanzaba a cubrir con su mano izquierda también lo podía observar con facilidad, así como todo el costado izquierdo. No podía dejar de pensar en lo fascinante que se veía el cuerpo de ella, parecía como si estuviera seduciendo a cualquiera con esa pose tan sugerente, pero a la vez te transmitía una paz increíble.

Hizo un amago de sonrisa mientras cambiaba de lápices, a uno con más punta para ya comenzar a trazar las líneas definitivas.

—Nada mal, Uchiha —escuchó a su maestra detrás de él para luego seguir observando los trabajos de sus demás compañeros.

Sasuke no podía evitar sentirse bien cuando alguien elogiaba su trabajo, ya que sabía que era bueno, y porque sentía la confianza que nunca pudo sentir con su padre.

Uchiha Fugaku estaba algo decepcionado cuando su hijo menor les informó a él y a su mujer que estudiaría artes en Tokio. El hombre sabía que su hijo era talentoso, lo tenía bien claro, pero también sabía lo difícil que era para los artistas mantenerse y eso lo preocupaba. Intentó muchas veces convencerlo para que pensara en otra carrera, pero eso sólo provocaba problemas en la casa.

—Tu hermano nunca estudiaría algo así, deberías ser más como él, Sasuke —dijo un día el padre de la casa.

—No, no lo hizo, así como tampoco estudió lo que tú querías que él estudiara —respondió furioso y cansado del tema.

Sí, Sasuke entendía que tenía otras habilidades y que podría brillar en lo que quisiera, pero no quería dejar sus sueños en el olvido sólo por la inseguridad de su progenitor.

—No me hables de esa forma, Sasuke. Sólo lo hago por tu bien, porque estoy preocupado por ti.

—Fue esa misma "preocupación" la que alejó a Nii-san de la casa —se giró gritando, ya exasperado. Amaba a su padre y lo respetaba, pero ya no podía seguir fingiendo que había alguna clase de relación entre ellos. Siempre había preferido a Itachi por sobre él y nunca reconocía sus habilidades, sólo lo criticaba—. Deja de seguir forzando las cosas o ya no sólo será un hijo el que te deje de hablar —finalizó la discusión yéndose a su cuarto.

Esa había sido unas de las últimas conversaciones entre Sasuke y su padre, antes que el menor se fuera de la casa.

Con el paso de los años y la distancia física, la relación entre ambos mejoró un poco. No eran amigos ni nada por el estilo, pero podían mantener conversaciones sin terminar gritándose el uno al otro, ni tampoco necesitando alguna que otra intervención de Itachi o la madre de estos. Claro que Fugaku siempre pensó que el destino de Sasuke, así como el de Itachi, sería seguir la carrera militar, comprendió a las malas que su deber era apoyarlos y no imponerle sus ideas.

—Bien, descansemos cinco minutos —anunció entonces Tsunade.

Sasuke estaba tan concentrado detallando la mano derecha que sólo se detuvo cuando vio a Sakura poniéndose su bata y pantuflas.

Chasqueó la lengua ante la interrupción de su trabajo ¿Qué no podía resistir un poco más esa chica? Por supuesto que no, se recriminó de inmediato. Con sólo verla, se sabía que estaba con bastante frío. Su piel estaba erizada y tiritaba un poco ante cualquier pequeña brisa que entrara al salón. Por más que el lugar estuviera con una temperatura agradable, seguía siendo invierno.

—Sakura, buen trabajo.

—Muchas gracias —recibió la pelirrosa el café con chocolate que le ofrecía la mujer— No hacía falta.

—Se nota que has estado aguantado bastante bien el frío. Además, ¿de qué me sirve tener una modelo que se enferme? Hay que cuidarte. Es difícil conseguir estudiantes a esta altura del año para que ayuden como modelos.

Sakura simplemente le sonrió a la mujer, para luego disfrutar de su bebida.

Sasuke aprovechó de estirar sus brazos y mover el resto de su cuerpo, prestando especial atención a sus muñecas y dedos. No quería lastimarse como en el pasado, cuando no tomaba ninguna pausa. Con el sólo hecho de recordar su tozudez, Sasuke se enojaba consigo mismo. El haber sido tan descuidado casi le costó su carrera, incluso mucho antes de siquiera haberla empezado.

—Debes tener cuidado con tus muñecas. Dibujar sin descanso te puede provocar graves lesiones y dolores más grandes que el que estás sintiendo ahora.

Esas habían sido las palabras del traumatólogo que lo vio el día en que el menor de los Uchiha fue a verlo. Su muñeca derecha le dolía al moverla y apenas era capaz de tomar algún lápiz sin crisparse por la incomodidad. Desde entonces, tenía la costumbre de elongar sus extremidades cada cierto rato para así evitar alguna nueva lesión; era casi tan importante como su ritual antes de iniciar algún dibujo.

Suspiró al masajear su muñeca derecha. Aunque había iniciado su día de la peor forma, había mejorado considerablemente con aquella clase. Dibujar en vivo era una de las cosas que más le gustaba de ser artista, amaba retratar todo lo que tuviera ante sus ojos. El viento golpeando las hojas de los árboles, la lluvia barriendo las calles, las expresiones de las personas y más. Todo iba bien hasta que un comentario llamó toda su atención.

—Sakura, ¿qué le pasó a su frente?

—¿Mi frente?

La chica llevó su mano hasta un pequeño chichón que tenía justo sobre su ceja izquierda, justo el lugar con el que había impactado el hombro del pelinegro que se encontraba mirándola con sorpresa. Inconscientemente, sus ojos fueron a encontrarse con los negros del muchacho, fue sólo por un segundo antes de volverse a la maestra.

—Me golpeó un pequeño cuervo sin modales, esta mañana —relató mientras se seguía sobando la ceja.

¿Cuervo sin modales?, pensó el Uchiha ante tal comparación. ¿Era en serio? Lo que menos era él era eso, sólo que no había tenido tiempo de ayudarla porque iba con demasiada prisa. Además, se había disculpado.

Estaba indignado con la descripción tan poco justa que le había dado la chica.

—Tsk. Sin modales, ella —murmuró mientras terminaba de darle filo a su carboncillo, intentando de ignorar la conversación ajena.

—Deberías ir a verte eso, no vaya a ser algo peor —sugirió Tsunade.

—Descuide, no es nada. Fue sólo un golpe —cortó el tema, agitando su mano libre frente a la mayor—. Mejor, continuemos, Tsunade-sensei.

La mujer accedió a dar por zanjado el tema, después de todo, si la chica no se preocupaba, ella no tenía por qué hacerlo. Sakura volvió a sonreírle y le entregó la taza vacía, así como la bata antes de volver a la posición en la que estaba. Después de unas cuantas indicaciones, la joven estudiante se acomodó de la mejor manera posible para así no modificar tanto la postura en la que se había encontrado minutos antes.

—Tu cabeza —dijo entonces Sasuke. Sakura lo miró con duda en su rostro, dando a entender que no comprendía del todo a lo que se refería—. Gira un poco más a la izquierda —indicó.

Sakura rodó los ojos y se movió cómo se lo habían pedido, pero parecía que no satisfacía al chico de hebras azabaches.

—Ahora un poco más hacia abajo —murmuró, esperando a que ésta lo siguiera—. Así está mejor.

Sasuke volvió a su papel para continuar con el trabajo cuando escuchó un ligero "de nada", por parte de la chica. Levantó la vista y los verdes ojos de ella lo miraban con intensidad; estaba molesta porque no había recibido ninguna muestra de agradecimiento. Sabía que era una modelo, pero sí creía que merecía algo de consideración, en especial por estar totalmente desnuda. Sasuke prefirió ignorarla y continuar con su dibujo, y eso iba a hacer, es más, se estaba volviendo a centrar en su ilustración justo cuando Sakura le esbozó una cálida sonrisa. Fue en ese momento en que Sasuke realmente se fijó en ella.