Capítulo 2: Bloqueo

Habían pasado dos días desde aquella clase. Sasuke ni siquiera tuvo oportunidad de, nuevamente, disculparse con la chica por lo ocurrido en el pasillo, ya que ésta salió a toda prisa a vestirse. Por lo visto, tenía clases en una hora y su campus estaba en otro sector de la ciudad. Sasuke supuso que podría pedirle perdón en la siguiente lección, no tenía problema alguno con disculparse con una completa extraña, a quien no le debía absolutamente nada; todo sea para mantener el mejor ambiente de trabajo. Claro que eso sería más sencillo de sobrellevar si no fuera porque estaba pensando demasiado en aquella chica.

No había sido la primera vez que dibujaba a alguien desnudo o en paños menores, pero sí era la primera vez que se rendía tanto ante un modelo. Sasuke no dejaba de pensar en el retrato que estaba haciendo de ella y en cuánto quería terminar de completarlo. Aunque era un dibujo que no exigía mucha técnica ni profundidad, el Uchiha tenía la costumbre de tomar los bocetos y continuarlos en la tranquilidad de su casa. Siempre agradecía tener una excelente memoria y también el haberla entrenado durante su niñez. Sin embargo, por alguna maldita razón, Sasuke no era capaz de continuar con su dibujo en casa.

—Mierda.

Arrancó otra hoja de su cuaderno, frustrado y cansado por no ser capaz de dibujar. ¡¿Qué mierda era todo eso?! Desde hace años que no tenía un bloqueo tan grande y ni sabía la razón de éste.

—Su cabello iba aquí, caía sobre su hombro… NO.

Otra hoja arrancada. Otro suspiro resignado.

Sasuke frotó sus ojos con algo de violencia. Odiaba cuando sus manos no hacían lo que su cerebro le decía lo que tenían que hacer. Odiaba no lograr materializar lo que había en su cabeza. Y odiaba volver a tener esa sensación pesada en su pecho.

—Seguiré mañana.

Suspiró derrotado y se puso de pie, no quería seguir desperdiciando materiales ni tampoco quería seguir arrancándose el cabello por lo molesto que estaba. Sabía que debía de existir alguna razón de su bloqueo, sólo debía encontrarla y listo. Pero, primero, necesitaba una pausa, llevaba más de dos horas intentando dibujar a Sakura y nada. Definitivamente, le urgía un descanso.

Arrastrando sus pies, se fue directamente a la cocina mientras movía sus muñecas para relajarlas de tanto estrés que las había hecho pasar. Bebió un poco de agua, perdiendo su mirada en el mueble de la cocina. ¿Por qué?, seguía con la pregunta rondando por su mente. Rara vez había tenido esa experiencia, sólo la había sufrido hace dos años atrás, cuando…

—Olvídalo, mejor no recordar eso. Debe haber otra cosa por la cual no lo logro —se golpeó mentalmente al notar que su mente se estaba hundiendo en recuerdos que tenía bajo llave. Nada bueno venía cuando se ponía a analizar su pasado, sólo dolor y un fuerte sentimiento de traición. Le había costado mucho recuperarse, es más, seguía en proceso de sanación.

Dejó el vaso en el mesón y se fue a echar en el sofá de la pequeña sala del departamento. El interior de éste era bastante simple, sólo había un sofá y una pequeña mesa, ya que el resto del espacio lo ocupaba los cientos de materiales de Sasuke. Había uno que otro lienzo sin terminar, apiñados sobre la muralla. Hojas llenas de garabatos y varios lápices descansaban sobre la pequeña mesa. Y claro, había un papelero con el cual Sasuke solía descargarse cuando sus ideas no resultaban. Más que papelero, parecía pelota de fútbol por todos los golpes que solía recibir cada tanto. Aun así, y aunque pareciera imposible, su habitación era un poco más caótica. Si bien, intentaba mantenerla ordenada, en especial cuando sus padres venían de visita y se quedaban ahí, su cuarto solía estar lleno de papeles volando por el lugar. Sin mencionar que todas las paredes estaban decoradas con los trabajos que más le gustaban al pelinegro; eran su orgullo y le gustaba analizarlas para así poder mejorar todavía más su técnica. Sin embargo, a sus padres no les agradaban demasiado.

—A veces, no los entiendo —se quedó mirando una pintura que ya tenía dos años y que veía desde la comodidad del sofá.

Era una pintura simple, pero Sasuke amaba la textura que le había dado con los pinceles, así como el uso de colores. Era un paisaje otoñal. Un camino de árboles de naranjas y amarillas hojas, que se mecían al ritmo del tranquilo viento de tarde, acompañados de un par de pajarillos en su nido. Era sencilla, agradable a primera vista, con colores cálidos y una buena composición. No obstante, al irse acercando, toda esa calidez se perdía en el espacio, dejando una helada sensación en el pecho de las personas; al igual que el resto de sus pinturas. Esa era la razón por la cual a sus padres no les agradaba mucho dormir en el cuarto de su hijo, sentían cómo las pinturas le iban absorbiendo toda energía positiva, llevándolos a los rincones más dolorosos de su ser. Aunque ellos y su hermano sabían que era parte de su proceso de curación, no dejaban de estar preocupados por él. Sabían a la perfección que Sasuke aún mantenía cerrado su corazón.

Un nuevo suspiro volvió al menor de los Uchiha a la realidad. Tal vez, lo mejor sería adelantar el trabajo que Kakashi les había pedido.

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Los días pasaron y Sasuke no pudo avanzar en nada el retrato de la joven de rosa cabellera. No importaba si tenía los colores necesarios o si cambiaba de materiales, no se encontraba conforme y seguía sin tener pista alguna de su situación. Como consecuencia, el joven universitario estaba más huraño de lo normal, apenas sí participaba en las clases y con suerte terminaba sus trabajos.

—Molestia, eso eres —bufó al ver el lienzo frente a sus ojos, al cual le cruzaba una gruesa línea de color rosado—. Ya podré verla mañana.

Empezó a mover sus muñecas para aliviarlas antes de ir a prepararse un café. Eran recién las siete de la tarde, así que tenía tiempo para revisar el trabajo de Historia del Arte. Aunque era sólo un adelanto, a Sasuke le gustaba entregar, sea lo que fuera, un trabajo lo más perfecto posible. No se sentía muy cómodo cuando sus profesores le corregían, así que siempre intentaba tener el mínimo de errores; cosa imposible para un ser humano, pero lo intentaba.

—"Venus de Milo se caracteriza por lo relajada de la postura, destacando…" —murmuraba el Uchiha su trabajo mientras sorbía un poco de café.

Ya había leído ese ensayo unas mil veces. Su cabeza ya se sabía de memoria cada palabra, frase, espacio y pausa que había escrito hace días. Y aunque le gustaba lo que había logrado, se sentía un poco incómodo con el tema que se le había asignado. Venus de Milo era una representación de Afrodita, la diosa del amor, belleza y… sensualidad. Por alguna razón, la simpleza de la escultura le recordaba demasiado a Sakura.

—Igual de simples y cautivadoras —meditó un segundo, desviando su mirada al lienzo que se encontraba en mitad de la sala.

Algo que había llamado mucho la atención de Sasuke, aquel día, fue la simpleza de la pose de Sakura. No era forzada y te lograba transmitir un aura de paz, invitándote a unirte a ella en su descanso. Lo mismo encontraba al analizar la escultura de Venus de Milo en lo natural, lo simple y lo humano; se podía encontrar una infinidad de niveles de bellezas, desde la más inocente hasta la más provocativa.

Aunque todo lo que acababa de pensar era lo que tenía escrito en el adelanto del ensayo, no podía dejar de estar frustrado por no sentirse identificado con su trabajo. Lo que menos quería era hablar sobre la diosa del amor y todas esas estupideces. Si hubiera sido por él, habría elegido a Ares, dios de la guerra; la personificación de la violencia y la fuerza bruta. O habría elegido a Eris, diosa de la discordia y la personificación del odio, celos y envidia entre los seres humanos. Pero no, le tocó la diosa del amor. Con sólo pensar en el momento en que su maestro le asignó su tema, sus ojos negros parecían adquirir un leve color carmín por la indignación que había sentido y seguía sintiendo.

—Bien, chicos, sé que siempre han tenido la libertad de elegir sus temas. Sin embargo, esta vez, yo les diré qué tema debe tratar cada uno. Y no, Kiba, no pueden intercambiar su tema con el de algún compañero. Esto es sin devolución —dijo sin siquiera mirar a su estudiante.

El resto de la clase estaba algo indecisa sobre la metodología de su profesor, ya no estaban en el colegio ni tampoco eran de primero, como para que les eligieran el tópico de sus trabajos.

—Sé que están pensando: Pero nosotros ya no somos críos —sonrió— En eso, tienen razón. Sin embargo, aunque ahora todos sean adultos, siguen en un proceso de crecimiento. Y este proceso incluye enfrentar situaciones —dijo lo último, mirando de reojo a Sasuke, quien lo escuchaba con atención, ocultando la mitad de su rostro detrás de sus manos enlazadas—. Esa es la razón del ensayo. Esa y que así podré leer muchos temas distintos, ya que no todos estarán enfocados en lo mismo.

Otro suspiro de aburrimiento de la clase.

—Algunos estudiarán a los dioses, otros compararán edificaciones, algunos verán rituales y así —acomodó unas hojas en su escritorio antes de continuar—. Espero que sea de su agrado el tema que les daré, aunque ya sé que no lo será. Pero bueno, así es cómo uno va descubriendo otros caminos de la vida.

Otros caminos de la vida y mi abuela, se quejó Sasuke, regresando al presente.

Volvió a mirar su ensayo. Estaba listo. Estaba perfecto, al menos, ese adelanto, pero seguía sin sentirse a gusto. Lo único que quería era entregarlo y que Kakashi le diga que no necesita ninguna corrección y que espera por la parte final en unas semanas más. Eso era lo único que deseaba, acabar con ese insufrible informe.

Se volvió a rendir ante la comodidad del único sofá que tenía su sala cuando su celular comenzó a sonar. No tuvo ni que mirar la pantalla para saber quién era, el sonido específico que le había puesto al timbre lo delataba.

Meditó unos segundos antes de poner el celular en su oreja y contestar.

Dobe —habló sin ninguna emoción, como siempre.

—Ah, Sasuke, deberías aprender a saludar como corresponde a tus amigos —farfulló Naruto desde el otro lado de la línea, Sasuke sólo giró sus ojos.

—¿Qué quieres? Estaba a punto de ir a dormir.

—Apenas son las nueve… —meditó un momento— Así que, algo le preocupa al gran Uchiha Sasuke.

—¡¿De qué rayos hablas, usuratonkachi?! —rugió ahora el azabache. El rubio sólo soltó una carcajada ante la reacción del mayor. Naruto sabía que cuando Sasuke se dormía temprano era porque algo le atormentaba y no lograba concentrarse en sus quehaceres.

—Nada, nada, teme —dejó de reír para que su amigo no cortara o le mandara alguna maldición por la línea—. Entonces… ¿cómo estás?

Sasuke se puso de pie y se fue a la puerta de su departamento.

—Acogiendo a idiotas por doquier —pronunció al abrirla, aún sosteniendo el celular en su oreja—. Pasa.

El rubio lo miraba con una nerviosa sonrisa. Se estaba rascando la parte de atrás de la cabeza con incomodidad. La mirada de Sasuke paseó desde su amigo hasta el montón de maletas que había detrás de él.

—Te volvieron a echar por no pagar el arriendo —no era una pregunta, sino un hecho.

Desde que Naruto empezó a vivir solo, le había sido algo difícil organizarse bien y eso incluía el pago de la renta. No era porque fuera irresponsable, simplemente, el tiempo no le alcanzaba y a veces el estrés de su carrera le hacía imaginar cosas, como haber cancelado el pago.

—Lo tendré solucionado de aquí a unos días, lo prometo —hizo un ademán de perdón con su mano y entró al departamento con dos maletas, la tercera la entró Sasuke.

—Te he dicho que pongas recordatorios para pagarle a la casera. ¿O es que disfrutas de irrumpir en mi casa cada vez que quieras, dobe?

—Lo sé, lo lamento —repitió Naruto, avergonzado— Realmente, pensé que esta vez le había pagado. No me dijo nada cuando la vi hace unos días. Pero, cuando volví hoy a mi departamento, todas mis pertenencias estaban afuera de la puerta, con una nota que decía que no volviera hasta pagar los meses que debía. Ni siquiera sabía que debía tantos meses.

Sasuke contemplaba a su amigo que caía cada vez más rápido en la desesperación, recriminándose por haber sido un idiota sin remedio. Si se sigue frotando el pelo de esa forma, quedará calvo.

—Siéntate, te traeré un té. Puedes dormir en mi cuarto —Naruto se giró para verlo con una agradecida sonrisa—. Tienes suerte que no estoy en periodo de entregas finales o tendrías que dormir en el sofá, dobe.

—Je, je, lo sé, dattebayo.

Naruto se acomodó en el sofá lo mejor que pudo. Miraba de un lado a otro el pequeño, pero acogedor departamento hasta que sus azules ojos se fijaron en la humeante taza de té que le estaba ofreciendo su amigo.

—Gracias —la recibió con mucho gusto, recién en ese momento había notado lo fría que estaban sus manos y el resto de su cuerpo. Cómo no estarlo si el pobre apenas había tenido tiempo de buscar entre sus cosas algún abrigo antes que la señora lo sacara a patadas del lugar.

Sasuke se sentó en uno de los pisos de la cocina para hacerle compañía a Naruto, acomodando un pequeño pastel de fresa en la mesita.

—¿Acaso ya desarrollaste poderes de brujo y por eso compraste ese pastel? —Sasuke giró los ojos mientras observaba un punto fijo en la muralla, como si fuera lo más fascinante del mundo—. Seguro que ya eres hechicero de rango S, conociéndote.

El pelinegro bufó por las ridículas ocurrencias del contrario.

—Sólo presentí que estaría recogiendo a idiotas de la calle, nada más —mentira.

La verdadera razón por la cual lo había comprado era porque le recordaba a la molesta estudiante de medicina que no lograba retratar como quería. Claramente, no se lo iba a comer, pero era una extraña fuente de inspiración de la cual pensó se podría fiar. Gran error. No sólo se había quedado mirando un pastel por horas, incluso le había fotografiado, como si de esa forma pudiera materializar la esencia del mismo. Pero, después de sentir que prácticamente había acosado un pastelito de fresa, decidió guardarlo. Lo tiraría al día siguiente al ser un completo inútil y poco apetecible para sus gustos. Molestia.

—Más que recoger a "idiotas de la calle", parece que tu día. No, tu semana, ha sido descargarte con tus materiales de arte —Naruto miró un poco más el lugar, antes de añadir— y el papelero. En serio, Sasuke, si esa cosa tuviera sentimientos, ya te habría denunciado por maltrato.

—No digas estupideces, usuratonkachi —chasqueó la lengua y se levantó del asiento, yendo al lienzo para cubrirlo de la curiosidad de Naruto—. Mejor empieza a pensar en cómo le dirás a tus padres que de nuevo estás durmiendo bajo mi techo.

El poco color que había recuperado el rubio volvió a irse cuando Sasuke mencionó a sus progenitores. Estaba perdido. Ellos ya le habían recalcado más de una vez que era demasiado despistado y que tenía que ser ordenado con sus cuentas.

—Ya empecé a cavar mi tumba, dattebayo —se hundió de nuevo en la miseria antes de tragarse el pastel de fresa de un solo bocado. Sasuke no pudo evitar hacer una mueca de desagrado cuando sintió al otro tragar el postre. Cómo las personas podían ingerir esa cantidad detestable de azúcar, era algo que jamás entendería.

—Bueno, pensaremos en eso mañana. Ve a tomar un baño mientras preparo el futón para dormir en él.

Naruto se levantó del sofá y dejó todas las cosas en manos de Sasuke, quien no podía no actuar como el perfecto amo de casa cuando tenía visitas. Esa costumbre la había heredado de su madre, quien siempre había sido muy hospitalaria con cualquiera que pisara su casa. No sabemos por lo que están pasando nuestros invitados. Así que, siempre hay que hacerlos sentir de la mejor forma posible, Sasuke. Siempre le daba ese discurso, cada vez que podía. Inevitablemente, tanto él como Itachi, se acostumbraron a tratar como reyes a cualquiera que cruzara el umbral de su casa. Ni Naruto era la excepción a esa regla familiar. Exacto, ni el dobe.

Cuando escuchó el agua correr, Sasuke terminó de secar la loza limpia y se fue a sacar el futón del armario. Claramente, él dormiría en el piso. Estúpida regla familiar. Aunque no le molestaba hacerlo, no era muy agradable no dormir en tu cama cuando estabas en mitad de una crisis artística y en mitad de tus clases.

—"Hacerlos sentir de la mejor forma posible" —repitió como un mantra mientras estiraba el futón en el piso.

Aprovechó de enlistarse para ir a dormir, aunque sabía que Naruto le metería conversa apenas éste llegara.

Y no faltó mucho para eso.

Una cabellera rubia se asomó por la puerta, acompañado de una gran sonrisa y se sentó en la orilla de la cama.

—No hay como un baño antes de dormir, 'ttebayo —exclamó feliz.

—Olvidaste "y no dormir en la calle con mi culo congelado" —se burló.

Naruto iba a decir algo, un dobe, un teme o algún que otro insulto, pero se detuvo al momento de fijar sus ojos en uno de los dibujos que adornaba el cuarto. Naruto sólo pudo entristecerse ante lo que sus ojos veían.

Suspiró con pesar al recordar lo ocurrido hace dos años. Aunque Sasuke siempre le ladraba cuando tocaba el tema, diciéndole que ya estaba bien y se fuera a tirar mierda a otro lado, el Uzumaki sabía que no era cierto. Su amigo aún sufría esa traición, y se veía reflejada en sus trabajos. Incluso, Naruto ya sabía el porqué de su bloqueo.

Dobe… ¡Dobe!

—¡Ah! ¡¿Pero qué te pasa, idiota?! —se giró, frotando su nuca recién golpeada— Con llamarme bastaba para darme vuelta, ¿sabes?

Sasuke ahora le arrojó una almohada a la cara sin pensarlo si quiera.

—Parecías en un trance viendo ese dibujo. Mañana tienes clases, ¿no? —puntualizó— Tu universidad queda un poco más cerca que la mía, pero sigue estado lejos de aquí. Debes madrugar si quieres llegar a… ¿Derecho romano, número mil? —lo miró con burla.

Torció una sonrisa al ver la indignación de su amigo, acompañado de uno y mil insultos, más la explicación de su malla.

Eso sólo lo hacía recordar el día en que Naruto le dijo lo que iba a estudiar.

—No seas más idiota, usuratonkachi. ¿Cómo esperas estudiar derecho si apenas te hacen sinapsis las neuronas?

El menor de los Uchiha estaba acostado en su cama, leyendo una novela de misterios. A diferencia de Naruto, quien se paseaba como un león por la habitación por la inseguridad que le daba esa elección de vida.

—¡Y crees que no sé que me falta cerebro para esa carrera, teme! —Sasuke bajó el libro para mirar al otro con aburrimiento—. Claro que lo sé. Lo tengo más que claro, pero también deberías saber perfectamente el por qué hago esto.

El Uchiha se sentó en la cama, apoyando sus codos en las rodillas, su rostro en sus manos e invitándolo con la mirada a que continuara con su idea. No obstante, el pelinegro no necesitaba de explicación alguna para entender la razón detrás de la elección de su amigo. La conocía a la perfección.

"Uzumaki Minato arrestado por millonaria estafa".

Así decía el titular del diario, hace más de quince años atrás. El padre de Naruto había sido arrestado y condenado a diez años de cárcel, por estafa a diferentes empresas de Japón.

"El acusado insiste en su inocencia ante los hechos"

Y efectivamente, lo era. Minato había sido estafado y engañado, quedando él como el responsable de todos los fraudes. A pesar de haber reclamado por su inocencia y exigir una mejor investigación del caso, le era casi imposible ser escuchado por las autoridades. Sólo fue gracias a que él mismo estudió para su caso que logró reducir su condena de 10 a 8 años. Sin embargo, aunque había logrado alcanzar la libertad, no podía no sentirse triste al haberse perdido tantos años de la vida de su hijo.

Naruto apenas tenía cinco años cuando su padre fue arrestado frente a sus ojos y ante la mirada preocupada de su madre. Cinco años. Minato se había perdido todo su proceso hacia la adolescencia, sus primeros amores, sus primeras competencias, el desarrollo de su personalidad, todo. Si bien, su hijo lo iba a visitar todos los fines de semana, una hora al día no se comparaba con las aventuras que podía tener a su lado, si estuviera en casa.

Con el paso de los años, Naruto se fue cuestionando las razones del encarcelamiento de su padre. Estaba dolido y tenía ira por todo lo que estaba pasando, y que escapaba de su entendimiento. Además, no podía dejar de pensar en su madre y en lo triste que se veía, aunque siempre le dedicaba una sonrisa o un coscorrón para subirle los ánimos a su pequeño. Y él mismo, siempre intentaba hacerla sonreír y ser el mejor hijo del mundo; no quería ver más sufrimiento en ella. Sólo fue capaz de comprenderlo mejor cuando su padre regresó a casa y éste le explicó con lujo detalle lo que le había ocurrido.

Esto marcó la vida de Naruto para siempre. Haber estado alejado de su padre por tantos años y haberse perdido parte de su crecimiento por culpa de una injusticia, hizo un cambio en el menor.

—Nunca más dejaré que esta injusticia se repita —bramó con lágrimas en los ojos mientras miraba a sus padres, quienes se abrazaban con fuerza al verse al fin reunidos, después de tantos años.

—Naruto…

Sus padres miraron a su hijo con una mezcla de tristeza y orgullo. Sabían que la decisión de su hijo era debido a la falsa acusación que había sufrido Minato y todas las consecuencias que implicaron. La forma en que trataron al mayor y cómo la familia Uzumaki se fue a pique con el caso. Las peleas que sufrió Kushina con sus padres por haberse casado con un "delincuente", así como lo difícil que fue la relación de ambos durante esos años.

—Lo prometo —puso su puño en el pecho con fuerza—, seré el mejor abogado de todos. Ese será mi camino de ahora en adelante. Nunca dejaré que alguien más sufra lo que papá —tomó aire para intentar evitar que esas lágrimas se siguieran acumulando en sus ojos—. ¡No lo permitiré!

Desde entonces, Naruto, con sólo trece años, empezó a investigar todas las universidades que ofrecieran Derecho, así como también mejorar en sus estudios. Aunque esto último le fue casi imposible, no se rindió. Siguió estudiando y esforzándose, respaldado por el apoyo de sus padres. Si había algo que no entendía, buscaba un tutor, si tenía que tomar créditos extra, los tomaba. Nada iba a detenerlo. No iba a dejar que ningún otro niño tuviera que vivir injustamente alejado de su padre. No iba a dejar que eso se repitiese, no mientras él pudiera evitarlo.

Obviamente, Sasuke fue testigo de todo ese proceso que sufrió su amigo. Si bien, cuando el Uchiha conoció a Naruto, su padre ya llevaba unos años encarcelado, no dejaba de sorprenderse del espíritu del menor. Le parecía increíble que se mantuviera en pie de esa manera, por él y por sus padres. En todo ese tiempo que llevaban de amistad, Sasuke nunca vio llorar a Naruto por la desdicha que tuvo que pasar. Al contrario, siempre andaba con una sonrisa de idiota pegada al rostro, repitiendo como loro su camino de vida. Si no fuera porque, en ese entonces, su hermano estaba en la casa, era muy probable que Sasuke hubiese ahogado a Naruto en la tina; todo para que lo dejara respirar un segundo tranquilo.

—Bien, bien —volvió al presente—, ya entendí.

Esquivó la almohada que le había lanzado con anterioridad al menor antes de continuar.

—Es tarde y tengo clases temprano. Así que, vete a dormir también —lo señaló con el dedo para que obedeciera. Con Naruto es como si trataras con un perro que está siendo entrenado.

El aludido iba a decir algo, pero tuvo que esquivar otra almohada antes que Sasuke apagara la luz de la habitación. No pasó mucho hasta que el dueño de casa se durmiera, caso que no era lo mismo con su invitado. Nuevamente, Naruto se encontraba contemplando el dibujo de hace un momento. Daba igual que apenas sí hubiera luz de luna, el menor sabía exactamente a dónde mirar para encontrarla, y sabía que la estaba mirando. Con pesar, se giró hasta que sus ojos se centraron en la azabache cabellera del Uchiha. Miró un segundo más a Sasuke y luego cerró sus azules orbes.

A Naruto tampoco le agradaban los trabajos del Uchiha. No sólo por el difícil momento que éste sufrió, sino también por la extraña vibra que siguen trasmitiendo hasta el día de hoy.

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Como lo había imaginado, su mañana junto al idiota había sido un caos. Naruto no había puesto su alarma, por lo que se despertó junto a la de Sasuke, es decir, cuarentaicinco minutos más tarde de lo previsto. A partir de ahí, comenzó una batalla campal por acaparar el baño, tomar lo que ya había preparado para desayunar, intentar hacerse algún almuerzo, siempre evitando tropezar con las maletas de Naruto y los cientos de materiales de arte.

—Todo esto es tu culpa, usuratonkachi —le gritó en mitad de su carrera hacia la parada más cercana de bus; sólo esperaba que no tuviera alguna falla técnica— ¡¿Cómo rayos olvidas poner tu estúpida alarma?! Ahora entiendo por qué nunca estás al día con las deudas de tu departamento.

—¡¿Cómo iba a saber que no la tenía programada para hoy, teme?!

—Te juro que, si llego tarde, mandaré a sacar tus maletas. Dalo por hecho.

Volvió a amenazarlo como por quinta vez en lo que iban desde su despertar. Sasuke no podía creer que el estúpido de su amigo no había puesto alarma. Y cuando lo vio en su cama, lo pateó tan fuerte, que se sorprendió no haberlo estampado contra la pared; aunque habría deseado haberlo logrado.

—Te lo juro, Naruto, este día no puede volver a partir mal.

Lo que menos quería el estudiante de arte era repetir la rutina ocurrida de hace una semana, donde tuvo todo ese caos; desde la ducha fría hasta llegar tarde a clases, arrollando a la nueva modelo en el camino. No, no quería otro caótico día, no lo necesitaba. No quería que se hiciera costumbre, como alguna clase de maldición. No lo iba a permitir.

—"Volver a partir mal", ¿dices? —el mayor hizo una mueca y giró su rostro, no quería revelar más sobre lo sucedido hace una semana. En especial porque sabía que Naruto lo relacionaría con su bloqueo; demasiado tarde—. Comprendo. Es por eso que estás bloqueado, dattebayo. Algo pasó en una de tus clases y ahora no quieres repetirlo.

No hubo respuesta de Sasuke.

—Y tiene que ver con la chica de cabello rosa —concluyó ante la mirada acusadora del mayor—. Vaya, ya era hora de que volvieras a abrir tu corazón, teme.

Apenas sí terminó su idea cuando Sasuke lo estampó contra el muro externo de un edificio; estaba molesto.

—No digas estupideces —siseó peligrosamente— Mi bloqueo no tiene nada que ver con esa modelo de tercera, ¿entendido?

Naruto lo miró serio mientras asentía efusivamente, había tocado una fibra sensible de su amigo. Sin embargo, no se arrepentía.

—Debes tomar el bus en el paradero de en frente —lo soltó el Uchiha y se encaminó al paradero que estaba a un lado de él—. Si no estoy en casa cuando llegues, le pides la llave al conserje.

El rubio no comentó nada, sabía que había metido el dedo en la llaga con ese comentario. No obstante, además de preocupado, también estaba intrigado y algo feliz por Sasuke. Aunque sea sólo una modelo para dibujar, en una clase, esa chica había logrado agitar la coraza del Uchiha; algo que no ocurría desde hace mucho. Naruto sólo esperaba que esa chica, aunque sea como una inspiración para sus obras, tuviera un impacto positivo en su amigo. Y que pudiera así comenzar a derretir esa gruesa capa de hielo que había puesto en su corazón.

—Ahora sí estás sanando, teme —murmuró antes de cruzar la calle y perderse entre la muchedumbre.

Para tranquilidad de Sasuke, ese día no fue como el de hace una semana atrás. No tuvo conflictos en llegar a sus clases y Kakashi tampoco se perdió en la filosofía del arte ni nada. Incluso, lo poco y nada que su profesor alcanzó a leer su adelanto del trabajo, estaba bien.

—Nada mal, Sasuke —observó de reojo al menor— Creo que hice bien en asignarte a Venus de Milo. Sigue así.

El azabache rodó los ojos antes las estupideces que decía su maestro. Claro que iba a estar bien. Era Uchiha Sasuke, sus trabajos siempre eran buenos. Aunque, no podía negar, que le habría encantado tirarle una especie de rayo desde su mano, por haberle puesto un tema tan estúpido y desagradable. Suspiró y se fue; tenía que irse para llegar a preparar su ritual.

—Parece que lo único malo del día fue haberme despertado con Naruto en mi cuarto —murmuraba mientras afilaba sus lápices y procedía a limpiar la goma.

Estaba sentado en su lugar favorito, uno donde llegaba la luz ideal para poder hacer sus creaciones, donde el calor no era demasiado en verano, ni había tanta corriente de frío en invierno. Sector ideal para un genio como él.

Fue a por su lienzo cuando terminó con sus herramientas y lo puso en el soporte. Descubrió el lienzo para ver lo que había dejado a medias, la semana pasada. Era tal como lo recordaba. El suave cabello acariciando la espalda y hombros de la muchacha, la relajada postura que ella tenía, el pequeño brillo que lograban los vellos, de pálido color rosado, en sus brazos, y esos brillantes ojos color jade. Perfecto. Ahora sí estaba conforme con lo que veía, no como los intentos que estaban regados por todas partes en su departamento. No. Éste era perfecto. Todo era armonioso. No importaba por dónde lo miraras, Sasuke sabía que lo iba a convertir en su mejor obra.

O eso pensaba…