Capítulo 3: Calidez

No importaba por dónde lo miraras, Sasuke sabía que lo iba a convertir en su mejor obra.

O eso pensaba…

—Uchiha, estás desconcentrando a tus compañeros —Tsunade se le había acercado al menor durante esos cinco minutos de descanso que ella les daba—. Si tienes algún problema o necesitas aire, puedes ir a afuera a enfriarte.

No, no era una sugerencia, era una orden.

Tsunade notó el extraño comportamiento sólo momentos después de haber iniciado la clase. Sakura se había puesto exactamente en la misma posición, pero algo no andaba bien con el Uchiha.

—Mierda —esa fue la primera señal para la maestra. Ya era extraño que Sasuke hablara cuando estaba dibujando o en cualquier momento de la clase, pero que se descargara de esa manera −aunque sea con un murmullo− era algo que nunca había presenciado.

Se quedó observando a Sasuke, paseándose por detrás de él para ver su avance, pero nada. Su lienzo tenía las mismas líneas trazadas de la semana pasada, no había avanzado absolutamente nada.

Si fuera cualquier estudiante, no le habría preocupado. Era bastante normal tener periodos de bloqueo, sin embargo, verlo en él era inquietante. Incluso, por mera casualidad, Sakura se había posicionado en la misma dirección, con su vista hacia Sasuke. El pelinegro tenía todos los puntos a favor, pero no podía dibujar ni una línea. A los ojos de su maestra, pareciese que había estado batallando con eso hace varios días, ya que ni siquiera se atrevía a posicionar el lápiz sobre el lienzo. Parecía que tenía miedo de arruinar su trabajo.

—Tienes cinco minutos —volvió a decirle, esta vez con más firmeza en su voz y dándose vuelta hacia el escritorio. No le iba a repetir de nuevo las instrucciones, él debía acatarlas quisiera o no.

Sasuke bufó y se fue indignado hacia el pasillo; parecía un niño recibiendo un castigo. Qué estupidez. Cerró la puerta tras de sí y se fue al baño para refrescar su cara. A la mierda el frío que ahora acariciaba su rostro, necesitaba despejarse o no sería capaz de trabajar.

Apenas estaba llegando cuando una mota rosa se cruzó por su camino.

—Lo siento —pronunció por reflejo Sakura al chocar con él antes de fijarse en quién era—. Parece que esto se está haciendo costumbre.

Recién ahí fue cuando Sasuke fijó sus ojos en ella. La estudiante de medicina estaba con la gruesa bata blanca y unas pantuflas que le llegaban hasta la mitad de la pierna. Aunque estaba bien abrigada, aún se notaba un ligero temblor en su cuerpo.

—Tal vez, necesitabas un pequeño golpe para poder dibujar —le sonrió— Espero que eso haya ayudado.

Sasuke ni tuvo oportunidad de decirle algo, ya que la chica se había ido en la dirección por la que él había venido, entrando otra vez al salón 2-A. Volvió en sí cuando la perdió de vista, siguiendo su camino.

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A Sasuke le habría gustado, más que nada en el mundo, que las palabras dichas por la pelirrosa se hubiesen hecho realidad. Pero no sucedió. Seguía mirando con inseguridad el lienzo que tenía frente a él, paseando sus negros ojos entre éste y la desnuda figura de Sakura. Ella, simplemente, tenía la mirada fija en un punto muerto, como la primera vez. Volvió a bufar exasperado cuando tomó el lápiz con precaución y lo apoyó en la superficie. No hizo mucho, sólo repasó con cuidado los trazos que ya había dibujado la semana pasada. Tal vez, de esa forma, sería capaz de soltar un poco su mano y ser capaz de progresar algo.

—Bien, clase, hemos terminado —anunció Tsunade desde la comodidad de su escritorio mientras revisaba unos papeles del departamento de Artes—. Les recuerdo que esto es sólo una práctica para el proyecto final, así que no desesperen si no lograron los resultados que querían —puntualizó, poniendo especialmente énfasis en lo último—. Además, a partir de la próxima semana, cambiaremos la pose que Sakura ha estado llevando.

Sasuke levantó sus ojos para ver a su maestra.

—Estuvieron trabajando con esa pose por dos clases seguidas. Desde nuestra próxima lección, el tiempo de las posturas se irá acortando. Todo esto para que se acostumbren a bocetear a mayor velocidad y entrenen la coordinación entre su vista y su mano dominante. Es necesario que un artista desarrolle la memoria lo más posible. Muchas veces, nos encontramos en situaciones donde nuestro modelo o paisaje no está disponible el tiempo que nosotros deseamos. Es por eso que debemos aprender a dibujar a mayor velocidad, captando así la información general de primera. Dando así más tiempo para trazar los detalles.

Tsunade fijó ahora su vista en Sasuke, quien se le había quedado mirando con atención.

—Sin embargo, no se sorprendan si su modelo o paisaje o lo que sea que quieran retratar cambie de repente. Tienen que adaptarse.

Con una sonrisa en el rostro y examinando a cada uno de sus estudiantes, Tsunade dio por finalizada la clase.

Todos los presentes empezaron a movilizarse fuera del salón. Todos menos Sasuke y Sakura. El primero, se encontraba limpiando sus materiales y enrollando el lienzo para meterlo en un tubo portaplanos. Ya que desde la próxima semana cambiarían las posturas de la modelo, ni el Uchiha ni el resto de sus compañeros tenían la necesidad de dejar sus lienzos guardados en el salón. La gran diferencia es que Sasuke no dejaría su lienzo a la suerte de nadie y prefería llevárselo de inmediato consigo a sus siguientes clases, evitando así el no poder hacerlo en caso de que el salón estuviera cerrado más tarde. Sakura, en cambio, se encontraba tomando sus pertenencias para ir a cambiarse, sentía que moriría de frío si seguía tan desnuda. Tomó su bolso, un gordo libro de fisiopatología y su celular. Claro que este último tenía otros planes.

—Mierda —Sasuke levantó su mirada ante el estruendoso ruido del aparato aterrizando en el piso— No de nuevo. No ahora que tengo prisa.

Sakura dejó las demás cosas en una mesa y se agachó a recoger su teléfono o, mejor dicho, las partes de éste.

—No podías desarmarte en la comodidad de la casa, ¿no? —murmuró molesta mientras intentaba armar el aparato.

El pelinegro iba a seguir haciendo lo suyo cuando volvió a escuchar la voz de la chica, esta vez se oía más preocupada.

—No puede ser, ¡¿dónde está?! ¿Dónde?

Ahora Sakura estaba casi pegada al piso, usando todavía sólo la abrigadora bata mientras buscaba el chip del celular.

—Esto es porque me dejaron ver la cirugía de la semana pasada, ¿no? —empezó a hablar sola— ¿Es mi castigo por haberle "quitado" la oportunidad a otro?

Sakura seguía despotricando contra el mundo mientras Sasuke decidió por fin ir a ayudarla. No por ser un buen samaritano ni nada por el estilo, estaba siendo demasiado ruidosa y sus oídos no iban a poder aguantar mucho más esa voz.

—Estúpido chip —volvió a decir la pelirrosa cuando se sentó, apoyada en sus muslos, aún buscando el pequeño objeto con la mirada.

Estaba por rendirse cuando una mano se puso frente a ella. Sakura abrió los ojos al notar que entre los dedos del chico brillaba una pequeña placa, era el chip.

—¡Ah, el chip! —exclamó agradecida al ponerse de pie y recibir el odioso, pero necesario, objeto—. Muchas gracias.

Sakura recién se fijó en quién era cuando levantó la vista para agradecerle a su salvador. Sasuke la miraba con sus clásicos ojos fríos.

—Muchas gracias, Sasuke-kun —le sonrió.

¿Sabía su nombre? ¿Cómo? Sasuke no recordaba haberse presentado a la chica. Es más, lo lógico era que ahora él se tuviera que presentar para terminar de introducirse, ya que Sasuke sí sabía el nombre de la estudiante.

Ante la confusión vista en el rostro ajeno, Sakura comenzó a explicarse.

—Tsunade-sama me contó que había alguien con mucho talento en la clase. Dijo que sabría de inmediato quién era por su gran concentración al momento de dibujar y pésima disposición a socializar.

Sasuke frunció el ceño.

—Le pregunté la semana pasada si se trataba de ti y dijo que sí. Bueno, no exactamente, pero me dio a entender que eras tú.

Ese idiota de Uchiha Sasuke, tiene más talento que yo a su edad, recordó Sakura las exactas palabras de la mujer cuando le preguntó sobre el muchacho.

Sakura siguió parloteando, parecía que había olvidado totalmente que estaba con el tiempo justo. Y Sasuke no sabía qué hacer para que lo dejara ir libre.

Iba a decir algo, pero, al momento de hacerlo, notó que los labios de la futura médico estaban pasando a ser azules. Ella seguía desnuda bajo esa bata.

—En fin, muchas gracias por tu ayuda —volvió a pronunciar Sakura cuando sintió un suéter siendo deslizado por la parte superior de su cuerpo, quedando éste al nivel de los hombros— ¿Eh?

—Deberías ir a cambiarte ya, vas a enfermar si sigues vestida así —murmuró Sasuke, quien ahora se encontraba en el umbral de la puerta, dándole la espalda a la pelirrosa.

Y sin cederle espacio para hablar, salió del salón.

Sakura quedó marcando ocupado antes de reaccionar y terminar de ponerse el suéter del chico. Estaba cálido y era bastante grande.

—Pero tú pasarás frío —era lo que iba a decir antes que el otro la dejara con las palabras en la boca—. Supongo que se lo devolveré la próxima semana.

Insertó el chip en el celular y notó las llamadas perdidas.

—Mierda —masculló y salió corriendo a cambiarse, no sin antes ser víctima del agradable aroma que desprendía la prenda de Sasuke.

Al salir al fin con su ropa y el suéter del chico guardado en su bolso, Sakura empezó a caminar a toda prisa por los pasillos. Estaba atrasada. Ese maldito momento que pasó con su celular le hizo perder demasiado tiempo, sin mencionar, que cuando estaba volando bajo solía hablar hasta por los codos.

—Aún no logro corregir eso —se recriminó y miró de nuevo su celular— No ha contestado cuando lo llamé, ¿estará molesto? Se supone que nos juntaríamos antes de clases y yo sigo aquí.

Miró el reloj de muralla que había en una de las esquinas del primer piso y suspiró resignada.

—Sí, llegaré tarde. No podremos vernos. No… debo hacer lo posible para llegar a tiempo y verlo por unos minutos.

Sakura comenzó a correr a toda velocidad, pero chocó a los pocos metros de haber comenzado su carrera.

—¡¿Que hoy todo está en mi contra?! —bufó— Lo lamento, no lo vi.

—Siempre te sucede cuando estás en apuros —comenzó a decir una voz masculina— Debes tranquilizarte. Eres capaz de observar a los demás cuando estás bajo presión, lo sabes. Mantén tus ojos abiertos, Sakura.

Sakura sonrió ante la voz que escuchó y no pudo evitar que la felicidad recorriera su cuerpo al sentir el tacto ajeno sobre ella.

—Parece que hoy estás más torpe. Tu cuerpo se enfría mucho con el modelaje.

—Pero ahora estoy mejor —hundió su rostro en el pecho del contrario— ¿Cómo lo supiste?

—Cuando no me respondiste el teléfono, supuse que te habías atrasado.

La estudiante de medicina rio para sus adentros. Efectivamente, se había atrasado por el incidente con el teléfono, perdiendo valioso tiempo para cambiarse de ropa y salir del campus.

—Gracias por venir por mí.

Volvió a fundirse en un cálido abrazo con el joven mientras éste apoyaba su barbilla en la coronilla y acariciaba con cariño la espalda de la chica.

—Ya debemos irnos. Llegaremos tarde a clases —murmuró sobre la bufanda del otro a la vez que intentaba separarse para mirarlo a los ojos.

El joven sólo la abrazó más fuerte antes de robarle un beso juguetón.

—Vine en auto, tenemos tiempo —susurró al separarse.

Sakura volvió a unir sus labios con su novio, deleitándose de la sensación que le daba cada vez que se besaban. Después de volver a abrazarlo con fuerza, se separó de éste para cogerle la mano y comenzar a caminar hacia el estacionamiento. Debían aprovechar que podían llegar a tiempo a sus clases, ahora que tenían el vehículo.

—Me imaginé —acarició con cariño la mano ajena— Gracias por venir por mí, Kankurō.

El castaño sonrió en respuesta, apretando con fuerza la mano que ella le había ofrecido.

Veinte minutos después, Sakura y Kankurō estaban en su campus, al otro lado de la ciudad. Ambos tenían tiempo de sobra para llegar a sus clases, así que aprovecharon el trayecto para irse juntos hasta tener que separarse.

—Tienes prueba ahora, ¿no? —la miró el castaño antes de señalar un libro que llevaba la chica en su mano libre.

—Sí, tengo prueba en el siguiente bloque. He estudiado bastante, pero con las prácticas y ahora el modelaje en las clases de arte, se me ha dificultado un poco la distribución entre mis deberes. Además, pronto tendremos un campeonato y no he podido entrenar demasiado. Vaya capitana que soy, ¿no?

Ahí estaba. Kankurō sabía que Sakura siempre se sentía más insegura cuando no lograba cumplir con todas sus responsabilidades, pero era más que capaz de hacerlo. Eso le llenaba el pecho de orgullo, pero su novia no veía muy bien sus logros. No se daba el crédito que merecía, al contrario, siempre encontraba que debía seguir mejorando porque nunca estaba conforme. El mayor se estaba preguntando desde hace un tiempo sobre eso ¿Qué tanto tendría ella que avanzar para darse cuenta de sus logros?

—El que hayas estado ausente por tu carrera, no te hace mala capitana —comenzó él— Además, llevas sólo dos meses en ese puesto, date tiempo.

—No sé si lo tenga —murmuró con tristeza— Desde este año, pasaremos más tiempo en los hospitales. Si bien, sólo miramos un poco las rutinas de quienes trabajan ahí y, a veces, podemos tener una experiencia más cercana, el tiempo que le estoy dedicando a la carrera va a aumentar exponencialmente. No sé si tendré el tiempo suficiente como para seguir en el equipo —se lamentó.

Kankurō miró con pesar a su novia. Sabía que era cierto lo que ella decía y tampoco era extraño. Su hermana también tuvo que dejar la selección de judo porque su carrera necesitaba de más tiempo y el entrenamiento no era compatible con la carga académica. Todavía recordaba lo frustrada que se sintió cuando tuvo que dejar su amado deporte.

—Te harás el tiempo, ya lo verás —la animó— Además, si tuvieras que dejar la selección, no significa que dejes de jugar al hockey. Está en tus venas, Sakura.

La pelirrosa le dedicó una sonrisa de agradecimiento tras escuchar sus palabras. Kankurō tenía razón, si tuviera que dejar la selección de hockey, no sería el fin del mundo.

—Siempre sabes qué decirme, gracias.

—Sé muchas formas con las que te puedo subir el ánimo, pero eso requiere que no tengas las veinte capas de ropa que estás usando —bufó divertido.

—Ka-Kankurō —le golpeó el hombro antes de explotar de la risa.

Sakura se despidió de su novio después de eso, con una sonrisa en el rostro.

La gente solía preguntarle cómo había sido que ellos terminaron siendo novios, ya que ambos tenían una personalidad fuerte y porque no parecían tener absolutamente nada en común. Sakura siempre les decía que ella no buscaba a alguien con tener cosas en común, sino a alguien con quien poder compartir. Y momentos como los de ahora, reafirmaban lo que ella siempre respondía ante esa interrogante. Es más, ni siquiera iban en la misma carrera.

Kankurō es estudiante de 4to año de Química y Farmacia. Se conocieron el año pasado cuando Sakura tenía que pedir un libro en la biblioteca y Kankurō estaba trabajando como ayudante. Al principio, él sólo la ayudaba cada vez que iba, pero con el paso de las semanas, el castaño se dio cuenta que estaba empezando a sentirse atraído por ella. Fue una sorpresa cuando Sakura aceptó su invitación a salir al café y más aún cuando no le rechazó el beso a la quinta cita.

Desde ahí todo fue sobre ruedas, parecían la pareja perfecta. Se complementaban muy bien, para sorpresa de todos. Pero, como toda pareja, en especial con vidas con el tiempo preciso para realizar todas sus obligaciones, tenían peleas. Y ahora estaban pasando por un momento especialmente frágil, y ambos lo sentían. Sabían que, si no hacían algo, su relación terminaría en un parpadeo. Fue por esa razón que a Kankurō no le importó devolverse a su departamento para tomar el auto e irse por Sakura, tenía que verla. No iba a no hacerlo. Hace dos semanas que no se veían y las cosas se estaban poniendo algo frías entre ellos, y eso le preocupaba. Él sabía que Sakura estaba agradecida con él por siempre ser comprensivo con ella y su ajetreada carrera, pero no podía no ponerse inseguro.

Aunque Sakura también intentaba tranquilizar a su novio, ella también sentía que se estaban distanciando. Pero ella no le echaba la culpa a sus horarios, desde el verano que la estudiante tenía una sensación extraña sobre ellos. Era feliz con él, lo era. Y mucho. Pero también sentía que algo le hacía falta y no sabía qué era. ¿Qué más podría pedirle al castaño? Era atento, cariñoso, comprensivo, la mimaba, la iba a ver a sus partidos y era un gran amigo. Siempre la escuchaba cuando estaba en apuros y lograba centrarla. Sí, era tosco con su familia y amigos, y a veces algo explosivo, pero no podía negar el amor que él sentía por ella. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué esta sensación tan incómoda desde hace unos meses? ¿Había dejado de quererlo? Sakura evitaba pensar sobre eso, sin embargo, ella sabía que, de no hacerlo, le explotaría en la cara algún día aquella verdad que se ha negado a enfrentar.

—Lo veré de nuevo al finalizar el día —se animó inútilmente.

Suspiró al estar frente a la puerta de su salón y entró a clases. Hizo lo de siempre, se sentó en uno de los puestos de más adelante y sacó su computadora cuando notó algo diferente al tacto. Era el suéter que le había prestado Sasuke. Inconscientemente, una sonrisa afloró en su rostro al igual que un ligero rubor en sus mejillas.

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Oh, sí, Sakura tiene novio. Y no es nada más, ni nada menos que Kankurō.

Je,je, muchas gracias por estar leyendo Venus de Milo, es mi primer SasuSaku y estoy algo ansiosa por lo mismo. En los próximos capítulos sabremos más sobre la relación de Sakura y Kankurō, así como de Sakura misma.

Espero que hayan disfrutado del capítulo y de lo que va de la historia. Ahora me sentaré a planear los próximos capítulos.

Muchas gracias a todos.