Capítulo 4: Pequeños cambios

No le habría importado en lo absoluto el haberse quedado sin su cálido suéter si no fuera porque ese día hacía un frío de muerte. Sasuke no era de los que se quejaba mucho del clima, pero en esos momentos habría deseado no haber perdido su preciado abrigo.

—¡¿Dónde rayos lo metí?! —buscó entre sus pertenencias, camino al metro, sin éxito alguno— Lo tenía en la mañana y en el salón de arte…

Y como si una ráfaga volcara su cerebro, cientos de imágenes pasaron por su mente. Sakura buscando su teléfono, él entregándole el chip, su cálida sonrisa y su parloteo infinito. Terminando sus recuerdos con la imagen de Sakura llevando a medias su suéter, acompañada de una cara de sorpresa.

—¿En qué momento yo…?

Sasuke se detuvo de golpe al recordar lo acontecido. Apenas sí recordaba hacer eso, como si hubiese sido un impulso lo que le llevó a realizar tal gesto.

Tragó duro al ser consciente de lo que había hecho y de toda la situación; ella en ese momento seguía desnuda bajo la bata. ¡NO! Tenía que dejar de pensar en la modelo. Ya había estado una semana intentando ese estúpido retrato en su casa, no necesitaba seguir pensando en ella. No necesitaba nada de ella. Error. Necesitaba su puto suéter negro porque se estaba congelando en esos momentos. Y como si fuera peor, el clima invernal no encontró nada mejor que ponerse a llover como si no hubiera un mañana.

—Puta lluvia —corrió hasta llegar a la estación de metro, Sasuke siempre había agradecido que su campus quedara a pocos pasos de la entrada de uno— Estúpido clima…

Se siguió quejando con odio en cada palabra. Aunque sí estaba abrigado con una chaqueta y una bufanda, por alguna razón, le pesaba el hecho de no tener su suéter consigo; se sentía incompleto.

Volvió a bufar exasperado como por décima vez esa tarde e ingresó al tren. Aunque no quisiera pensar en Sakura, no dejaba de preguntarse la razón por la cual hizo todo lo que hizo. Normalmente, él haría oídos sordos y no se involucraría en algo totalmente ajeno, y con alguien que ni siquiera conocía. Sin embargo, al verla tan afligida, su cuerpo se movió solo para ayudarla.

¡Ah, el chip! Muchas gracias, Sasuke-kun.

Esa sonrisa y lo agradecida que lucía por haberle pasado un trozo de plástico, el azabache no entendía cómo alguien podía verse tan feliz por algo tan banal. Si él no hubiese encontrado dicho chip, ella lo habría hecho al rato o se habría dado por vencida al verse presionada por estar contra el tiempo. Pero no, ahí estaba él, extendiendo su mano como cual caballero de brillante armadura; sólo que, en vez de llevar una espada, portaba el chip como el liberador de todos los males de la doncella.

Acomodó su cuerpo contra el asiento del metro, intentando concentrar el calor del mismo para no seguir sufriendo por el frío que sentía.

Suspiró nuevamente, esta vez, pensando en el momento en que se deshizo de su suéter y se lo puso a la chica a trompicones. Simplemente, no pudo evitarlo. Pensó que al darle el chip podría irse, pero no fue así. Mirases por donde mirases, Sakura temblaba de frío. Claro que tendría frío la pobre, si estaba desnuda en mitad de un clima invernal, y justo ese día estaba comenzando a hacer más frío de lo normal. Es más, Sasuke no se sorprendería si nevara esa noche o hubiese aguanieve.

Nuevamente, había sido un impulso. No había razonamiento alguno que pudiese explicar con lógica su accionar. Fue sólo eso. Un impulso. No lo pudo evitar. Cuando ya se había dado cuenta de lo que había hecho, se dio la vuelta y se fue. Por alguna razón, no quería darle el espacio a la chica para responder ni tampoco se quería dar el espacio a sí mismo para seguir contemplándola; menos ahora que estaría llevando su ropa.

—Molestia —pegó su rostro al vidrio, intentando olvidar. Intentando manejar esa extraña sensación que estaba comenzando a aflorar en su pecho. No. No lo iba a permitir— Los lazos sólo provocan dolor —murmuró para sí.

Se perdió en el paisaje que le ofrecía la vista desde el tren, negando los cálidos latidos que su corazón empezaba a dar.

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—¡¿Pero qué mierda?!

Si Sasuke había pensado que llegaría a descansar un rato a su casa, pues se había equivocado. Ahí estaba Naruto, cubierto de algo pegajoso, así como gran parte de la pequeña cocina.

—Eh… Sasuke. Bienvenido —rio nerviosamente— Hoy llegaste temprano, ¿qué tal la escuela?

El aspirante a abogado mantenía una postura tensa mientras se rascaba la nuca ante la asesina mirada de su amigo.

—Naruto… —el aludido sintió un escalofrío recorrer su espina. Esto está mal. Sólo me llama así cuando realmente la he cagado.

Sasuke hizo una pausa. Se concentró en respirar para no cometer homicidio en su propia casa, sin tener un plan de respaldo.

—Iré a tomar un baño. Tienes una hora para desaparecer todo esto o —sus ojos lo miraron filosamente— el que va a desaparecer serás tú.

No dio espacio a réplica alguna, de todas formas, sabía que el menor se pondría a limpiar inmediatamente.

Usuratonkachi —suspiró al pegar su espalda en la puerta cerrada del baño. Lo que más quería era despejar su mente y lo había logrado con el experimento de cena de Naruto, pero habría preferido un método menos invasivo y sorpresivo. Aun así, estaba agradecido por el accidentado resultado. Ya lo pondría en su lugar más tarde, por ser un dobe sin remedio.

Pasada la hora, Sasuke volvió a la sala y, para su sorpresa, casi ni había rastro de esa sustancia rojiza por las paredes ni piso. Parece que su mirada de odio y venganza había avanzado a un nuevo nivel, consiguiendo excelentes resultados.

—Sal de dónde estés, usuratonkachi —dijo el pelinegro mientras se terminaba de secar el cabello con una toalla—. Veo que no has podido arreglar tu problema con la casera.

El Uchiha sabía que Naruto no sería capaz de solucionar esa situación de inmediato, pero le gustaba molestarlo.

—Intenté ir hoy —empezó Naruto, escondido detrás de una muralla—, pero no llegué a tiempo.

El rubio salió de su escondite. Miraba con vergüenza a su amigo, no le gustaba ser una carga. Además, quería solucionar ese problema cuanto antes. De lo contrario, estaba seguro que no pasaría mucho tiempo hasta que sus padres se enteraran. Imaginarse el enojo de su madre le daba el mismo miedo que Sasuke con instinto asesino activado.

—E intentaste compensarlo al hacer la cena —continúa Sasuke, ya sentado en el sofá.

—Habría funcionado si no hubiese sido porque me quedé dormido sobre el mesón —se lamentó—, pero ya pensé en algo.

Justo en ese momento, tocaron a la puerta. El Uzumaki corrió a abrir, recibiendo el pedido caliente con mucho gusto.

—Gracias. Que tenga un buen retorno —se despidió y se fue devuelta hasta donde estaba el pelinegro, quien lo miraba con curiosidad— ¡La cena está servida!

Naruto dispuso de todo en la pequeña mesa que tenía su amigo. El rubio entendía que él vivía solo, pero su casa dejaba mucho qué desear al momento de tener visitas; apenas sí tenía lo necesario para él.

—¿Esto es?

—¡Ramen de Ichiraku! —anunció al finalizar de poner la comida y los palillos con la cuchara—. El mejor ramen de todo Japón.

Ahí va de nuevo.

Naruto era un amante del ramen. No había semana, día, hora, segundo en que no pensara en ello. A Sasuke siempre le sorprendía que su amigo podía comer de eso a todas horas. No es que a él no le gustase, al contrario, pero tenía su límite. Sin embargo, al ver la mirada arrepentida y avergonzada del otro, no le diría nada.

—Gracias por la comida —suspiró, separando sus palitos, listo para degustar su cena.

—¡Gracias por la comida! —lo imitó el rubio y empezó a engullir todo a su paso.

Naruto comenzó a parlotear sobre su día. Lo mucho que odiaba algunas situaciones de su mundo, pero también lo mucho que le encantaba la idea de defender al débil ante todas las cosas. Cada vez que el menor hablaba, Sasuke observaba un particular brillo en sus ojos. Era increíble lo mucho que le podía gustar aquella difícil carrera, sin mencionar del gran esfuerzo que había puesto desde el inicio; era admirable.

—¿Lograste terminar el dibujo de esa chica? —mencionó entonces el rubio— Parecía que tenías un serio conflicto ayer. La última vez que te vi de ese modo fue cuando…

—¿No tienes que estudiar Derecho Romano, número mil, dobe? —le cortó la inspiración al otro con esa simple pregunta, aparentando tranquilidad en sus palabras ¿Por qué el mundo está confabulando en su contra para volver a traer a esa molestia rosa a su cabeza?

—Entonces, no —meditó Naruto ante el cambio de tema— Me gustaría conocerla —dijo entonces.

—¿Qué?

—Sí, conocer a la chica de cabello exótico que no te permite terminar tus trabajos.

—No tiene nada de especial —se defendió el otro— Sólo ha sido una semana difícil, es todo, usuratonkachi.

Naruto sonrió para sus adentros; estaba feliz. Había pasado mucho tiempo desde que Sasuke estaba así de torpe con su arte, y le alegraba saber que era por una buena causa, no como la de hace dos años. Cuando eso ocurrió, el menor no sabía cómo sacar al pelinegro de su dolor. Estaba tan perdido en su oscuridad que apenas sí asistía a clases, con suerte entregaba sus trabajos. Incluso, más de una vez, fue el mismo Naruto quien estuvo al lado de Sasuke, obligándolo a terminar sus proyectos o, al menos, entregar algo.

Ese bloqueo también fue extenso, al menos unos tres meses donde Sasuke no quería nada con nadie. Hacía las cosas por mera rutina, pero no tenía motivación alguna. Tanto su familia como su mejor amigo notaban lo herido que se encontraba y lo difícil que era acercarse. Si Sasuke ya era reservado, en ese momento lo era todavía más. No se permitía hablar de sus sentimientos, tampoco que las personas lo acompañaran en su duelo, nada. Quería estar solo. Alejarse de todo a quien quería.

—¡¿Qué mierda haces aquí, dobe?! —fueron las palabras de Sasuke al abrirle la puerta a Naruto, después de que éste la aporreara por 10 minutos seguidos— ¿No deberías estar estudiando para que no te echen de la carrera?

Naruto rodó sus ojos ante las estupideces del mayor. Lo ignoró por completo y se adentró al departamento. Sasuke lo miró con esa, ahora, fría mirada que había adquirido desde hace unas semanas. Su corazón se había endurecido hasta ser un témpano y su mente se había vuelto más racional que antes. Todo lo hacía por y para un objetivo, no había nada fuera de guion. No se permitía ser espontáneo. No se permitía conocer nuevas personas, nada. Y se mantenía alejado de todo aquel que alguna vez le importó.

—Naruto —insistió ante el silencio ajeno— ¡Vas a decirme qué mierda quieres o te largas!, ¡¿me oyes?!

Si alguien le hubiese dicho lo que venía a continuación, se habría reído en la cara de esa persona. Le parecía algo imposible de realizar. Sin embargo, el puño golpeando su mejilla derecha le hizo entender un par de cosas. Uno, Naruto tenía más fuerza de la que pensó en la vida. Dos, Naruto se había atrevido a golpearlo. A él. A Uchiha Sasuke. Naruto lo había golpeado como si nada, sin titubeos en su actuar y con una fuerza desmedida.

Al momento en que su cuerpo chocó con una maceta y quedó en el piso, sosteniendo su rostro, su amigo explotó.

—¡¿Que qué mierda hago, 'ttebayo?! —gritó y lo agarró del cuello de la camisa para encararlo— ¡Vengo a sacar a mi amigo de esta mierda en la que ha caído! Eso es lo que hago.

El menor tenía el ceño fruncido con fuerza. Era tanta su ira que hasta un aura diferente emanaba de su cuerpo.

—¡Sé que te duele lo que ocurrió! No imagino lo que debes estar sufriendo ahora, pero alejarte de nosotros no te va a ayudar, idiota —sacudió a Sasuke, haciendo énfasis en cada palabra, como si de esa forma pudiera calar en lo más hondo de él— ¡No estás solo, teme! No nos dejes fuera de esto ¡Entiéndelo!

Sasuke se le quedó mirando seriamente. Ya no acariciaba su mejilla ni nada, ni siquiera parecía importarle el hecho que el golpe le había roto el labio y ahora sangraba. Parecía perdido en su propia mente y en las palabras recién dichas por Naruto.

—¿Se supone que debo responder? —siseó Sasuke apenas.

Lo que pasó a continuación fue algo que Naruto nunca olvidaría…

Sacudió su mente ante los recuerdos que se amontonaron en ella. Había pasado hace un año y medio atrás. Naruto jamás pensó que vería a su amigo tan destrozado. Tan lleno de dolor que se alejaría de todo lo que podría traerle algo de felicidad, desde sus amistades hasta su familia, incluso su arte. Fueron meses turbulentos para el pelinegro. Peleó con sus padres, no dejaba a Itachi ayudarlo, mucho menos, a Naruto. Aquella vez, Sasuke estaba hundido en el dolor, el odio y la tristeza, siendo esto lo que gatilló su imposibilidad para dibujar. Quién diría que bastaría un buen golpe en el rostro y un griterío para que éste reaccionara.

Después de ese día, el Uchiha volvió a dibujar. Pasaba horas frente a un lienzo, sentado, de pie, mirándolo desde algún punto, pero estaba volviendo. Y lo hizo de golpe. Entregaba sus trabajos, los terminaba antes de la fecha límite; a diferencia de las semanas anteriores donde apenas sí pasaba un boceto a medias. Y después, seguía ilustrando en su departamento. Todos estaban más que felices al ver que el azabache estaba dejando de a poco el dolor, sin embargo, no fue hasta que Itachi percibió esa extraña vibra en sus trabajos que todos volvieron a alarmarse.

—Sí… es como dices, Itachi —hablaba su padre por teléfono, mirando uno de los nuevos cuadros que su hijo había colgado en una muralla del departamento—, es como si te absorbiera la energía.

Itachi suspiró.

—Creo que es parte de su proceso de sanación. Pero… es mejor que lo esté expresando en vez de guardarlo. Todo esto es el dolor que él aún tiene en su interior —puntualizó.

Fugaku suspiró. Sabía que su primogénito tenía razón, era mejor que Sasuke expresara su dolor antes que explotara por no hacerlo. Pero no podía evitar preocuparse por él. Era su hijo pequeño, con el que ya apenas tenía una relación y no sabía muy bien cómo relacionarse. Y lo que había sufrido hace unas semanas, fue un golpe muy duro.

—Si no sabes qué decirle, no lo hagas —lo sacó de sus pensamientos Itachi— No le digas que su trabajo te da una sensación extraña. Intenta no hacerlo. Sé que es difícil para ustedes ver a Sasuke así, pero criticar su forma de externalizar su dolor sólo hará que se sienta peor y se vuelva a cerrar.

Hubo una pausa en ambos lados de la línea.

—No creo que Naruto-kun sea capaz de golpearlo de nuevo.

Su padre esbozó una ligera sonrisa ante lo último dicho por su hijo. Era cierto, para más de alguno de ellos fue toda una sorpresa cuando vieron a Sasuke al día siguiente, en la casa de ellos, con un enorme moretón en la barbilla. No podían creer que Naruto, el rubio más torpe de todo Japón, había golpeado a Sasuke. Eso no pasaba en ningún universo. Era algo imposible de creer. Sin embargo, pasó. Naruto no sólo había golpeado a su hijo, también había logrado penetrar ese témpano en el que se había convertido su corazón.

—Tienes razón. Es increíble que Naruto no haya terminado mutilado después de eso —bromeó el mayor.

Hubo un nuevo silencio en la línea.

Las cosas entre Itachi y su padre aún seguían tensas, pero comenzaron a hablarse nuevamente ante el triste momento que estaba viviendo el menor. Sin embargo, ambos sabían que apenas Sasuke estuviera mejor, ellos volverían a distanciarse. Aunque eso les dolía a ambos, ellos no hablarían. Aún no estaban listos.

—Cariño, Sasuke me dijo que ya salió de clases. Estará aquí en cualquier momento —anunció Mikoto.

—Está bien, querida. Gracias.

Fugaku volvió a la llamada.

—Tu hermano está por llegar.

—Bien…

Otro silencio.

—Hijo, yo.

—Cuida de Sasuke —lo interrumpió Itachi— Dile que iré a visitarlo en una semana, ya que extraño a mi estúpido hermano menor.

Otra vez, esa distancia. El corazón de Fugaku sufrió una puntada dolorosa.

—Lo haré. Le diré apenas cruce la puerta. Podrías también venir a vernos.

—Adiós, padre.

Y la llamada se cortó.

El Uchiha mayor hizo lo posible por volver a juntar sus partes. Sabía que había cometido un grave error con su primogénito, lo tenía más que claro. Y, por supuesto, lo que menos quería era hacerle lo mismo a Sasuke. No se perdonaría el alejar a otro de sus hijos de su esposa. Mikoto también sufría, aunque ella siempre consolaba a su marido; Fugaku sabía que ella estaba dolida por no poder ver a sus hijos como antes. Pero la mujer también sabía que tenían que trabajar entre todos para volver a ser la familia de antes, incluso, una mejor.

Lamentablemente, por más que los padres de la familia Uchiha querían eso, era más difícil hacerlo de lo que pensaban. Y, a pesar de la advertencia de Itachi que no lo hicieran, cuando Fugaku se quedó sin tema de conversación en la cena, no pudo evitar hacer sus comentarios sobre las pinturas y la extraña sensación que le transmitían.

Aunque Naruto también sintió eso mismo cuando vio los trabajos de su amigo y era un mar de preocupación, ahora la situación era distinta. Si bien, Sasuke aún conservaba alguno de los trabajos de aquella época, los sentimientos que éstas transmiten no se comparaban en nada a los cientos de bocetos regados en el departamento. Definitivamente, la energía que daban los intentos de retratos de aquella chica de cabello rosa era otra. Es por eso por lo que ahora Naruto no estaba preocupado. Al contrario, no podía esperar a ver las consecuencias que traería este bloqueo al corazón de su amigo.


Hola a todos. Espero que estén disfrutando de Venus de Milo. Al fin pude publicar el capítulo cuatro, ojalá que les haya gustado. Es más corto que los anteriores, pero hay un pequeño guiño al pasado de Sasuke. Algo que tiene mucha relevancia en el desarrollo de esta historia.

Quería agradecerles a todos los que están leyendo mi fic, y también comentarles que aún estoy aprendiendo a utilizar la plataforma, je. Todavía no entiendo bien como funciona, pero paso a paso.

Y lo último que les quería comentar es que estoy haciendo un pequeño cómic SasuSaku, muy fluff, y lo estoy subiendo en mi Twitter, /Kenruart , por si lo quieren ir a ver.

Eso queso.

De nuevo, muchas gracias por leer esta historia,

Que tengan un buen sábado.