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Malas compañías

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Era sábado por la noche. El timbre sonó y Seiya corrió a abrir mientras mordisqueaba una patata frita de las que había vaciado en un plato hondo. Se quedó algo desconcertado al ver a Yaten del otro lado de la puerta, con un paquete de cervezas en la mano.

—Hola.

—Eeeh...

—Sólo encontré cerveza clara, no sé si este bi-—Seiya se lo quitó de las manos sin dejarlo terminar, haciendo que él rodara sus ojos verdes. Luego el platinado se adentró en el amplio apartamento —. Claro, supuse que ése detalle no afectaría tu alcoholismo crónico.

—Y tampoco afectó tu pasivo-agresividad crónica —le regresó Seiya cerrando la puerta. Yaten sonrió un poco sin que le viera, mientras se recargaba en la barra de la que había sido su cocina durante toda su vida —. ¿Vas a querer?

Tras segundos de dudar, Yaten asintió. Una o dos frías para mirar el juego no supondría un problema.

No era afecto a beber por tres razones: La primera era que había visto a Seiya y sus amigos hacer demasiadas cosas estúpidas ebrios. La segunda, era que cuando estabas muy tomado, perdías el control de ti mismo y era el alcohol quien hablaba, actuaba y decidía por ti, y él jamás se permitiría algo así. Y la tercera, era que un tipo borracho (que milagrosamente había sobrevivido y pagaba aun su condena en prisión por homicidio imprudencial) básicamente había acabado con la vida de sus padres. Así que aborrecía el vicio. Le gustaba el whiskey de repente o el vino tinto, y lo disfrutaba con una buena cena o en alguna ocasión especial, pero no bebía por costumbre, o como Seiya, que opuestamente siempre buscaba una excusa para hacerlo. Sólo lo hacía muy de vez en cuando. Como hoy, que estaba de buen humor, aunque su hermano opinara lo contrario.

Así pues, Seiya destapó dos cervezas y puso una a su alcance.

El juego de los Lakers contra los de Miami estaba por comenzar, pero aun estaban en los comentarios iniciales. Yaten había llegado temprano, así que se quedaron un rato en la cocina en lo que llegaba la comida. Eran básicamente lo que hacían. Beber, comer y ver la tele. Pero a veces, cuando pasaba alguna estrella fugaz o los planetas se alineaban misteriosamente, charlaban de alguna que otra cosilla personal.

—Oye zopenco, ¿Por qué has tocado el timbre? Pensé que eras el repartidor —le dijo Seiya tras darle un trago a su cerveza.

El platinado frunció el ceño un momento, mientras se sentaba en uno de los taburetes.

—No lo sé —se dijo, como si de verdad no lo hubiera pensado. Luego soltó un comentario sarcástico —. Tal vez no quería encontrarte copulando en la sala y tener que tomar terapia el resto de mi vida.

—«Copulando»… —escupió Seiya negando la cabeza —. Ni que fuera un mandril, nerdo.

—¿Intelectualmente hablando? No tengo dudas.

Seiya elevó una ceja al cielo.

—Pues tampoco tendría lógica puesto que te estaba esperando a ti.

Yaten iba a sugerir que no se refería a que se citara con una chica, si no que más bien podría estar con Serena, pero mejor decidió no hacerlo. Quería disfrutar el juego sin dramas, y nunca le había interesado la vida sexual de su hermano. No empezaría ahora, aunque fuera con la mejor amiga de Minako y porque llevaba viviendo como roomie hace relativamente poco tiempo. Por lo general Seiya siempre hacía alarde de sus conquistas y era muy fresco al respecto, pero extrañamente de Serena no había dicho nada. Ni bueno ni malo. Ni si le parecía guapa, o simpática o de buen trasero o cualquier otro descriptivo gráfico que solía hacer sobre las mujeres. Pero lo que menos le cuadraba, era que realmente fuese capaz de respetar el límite del cuento de los compañeros de piso. No alguien tan carnal y obtuso como Seiya. Pero bueno, si Serena era tan inteligente como Minako presumía, sabría lo que le convenía.

Como sea, la vida de todos le daba igual.

—Pues sólo no lo hice y ya. ¿Qué importa? —evadió Yaten, dando también un trago a su cerveza. Estaba buena y fría, al menos. Excelente. Odiaba la cerveza tibia.

Iba a distraerse con lo que decían los comentaristas en la televisión, allá en el fondo, cuando Seiya volvió a hablarle para atraerlo.

—A lo mejor —le pinchó sentándose frente de él —, no lo hiciste porque ya no sientes que ésta sea tu casa.

—A lo mejor —repuso él fríamente.

Seiya resopló con orgullo.

—Pues por mí mejor. ¡No vuelvas nunca!

Yaten le echó un vistazo rápido mientras él seguía atiborrándose de patatas fritas y aderezo. Su hermano como siempre, era un sentimentalón. ¿Quién se fijaba en esas cosas y llegaba a ésa clase de reflexiones sólo por tocar o no el timbre? Él, claro. Es más, ¿a quién le importaba si seguía considerando aquella su casa o no? ¿A él? Qué pesado.

—Si te hace sentir mejor… tampoco el apartamento en el que vivo lo siento como mi casa —confesó de modo inesperado, en un afán de apaciguarlo —. No todavía, al menos.

Seiya se frotó las manos como hacen los viejos avaros.

—Vaya, vaya… eso es nuevo. ¿Y eso por qué? ¿Problemas en el paraíso?

—Deja de ver telenovelas baratas, Seiya. Te joden la sesera.

—¿Entonces qué?

—Pues simplemente todo ha sido… —trató de encontrar las palabras adecuadas antes de mirarle. No podía decir nada del bebé, y todo lo que los tenía patas arriba, aunque en cierta forma contentos —, muy acelerado. Es normal que me esté adaptando aun, ¿no?

—Si tú lo dices —se encogió Seiya de hombros, decepcionado por no poder cotillear de nada.

—Pero hay algo que sí es cierto. He de devolverte esto —le dijo después de buscar, y puso sus llaves sobre la encimera de mármol. Ya le había dado uno antes, previo a que Serena se mudara, pero siempre cargaba uno extra por si acaso, o más bien por si Seiya la cagaba en algo.

El pelinegro se sorprendió con el gesto y las tomó con curiosidad.

—No sabía que tenías otro. ¿Seguro?

—Pues sí, ¿para qué las quiero yo? Además me acabas de decir que no vuelva, lelo.

—Qué sé yo, igual un día te sacan con maletas y podrías necesitar asilo político algún día —sugirió burlón.

Al ojiazul le gustaba provocarlo con eso de que estaba mal de la cabeza por tener apenas veinticinco añitos y ya estar casado. Le parecía casi un crimen, aunque a Yaten no le importaba en absoluto su aprobación, así como igual que las veces anteriores, le regaló su preciosa indiferencia con el tema.

—Quédatelas —le dijo tajante, como de costumbre —. De hecho debí darte ambos cuando me fui, pero se me pasó. Te sirven por si pierdes las tuyas, o podrías dárselas a alg…

—Se las daré a Zafiro —decidió entonces, y las echó en uno de los cajones del gabinete que le quedaba cerca, dejando a Yaten todo pasmado y ofendido.

—¡¿Qué?! —exclamó más alto de lo que pretendía.

Seiya sonrió divertido. Zafiro era el hermano de Diamante y otro de su banda de amigos. Y no era propiamente ex novio de Minako, pero sí que habían salido antes de que ellos se conocieran, y el muy ladino seguía medio enamorado y calentado con ella. Minako negaba rotundamente éste hecho, pero él lo sabía. Al muy guarro se le iban los ojos cuando se llegaron a topar rara vez en el apartamento, cuando sólo eran novios y él aun vivía ahí.

—Trata de contener el enorme regocijo que te causa que alguien le mencione, Yatencito. Es algo patético. Ya pasó hace mucho...

Yaten sacudió la cabeza, como si se hubiera aturdido.

—No, no es por eso.

Sí que lo era, pero había más, claro. Sus celos no eran tan irracionales, había un trasfondo importante en la familia Black que él no entendía o no quería entender. No quería que nadie de ésa familia tuviera acceso a su casa. Bueno, ex casa.

Seiya seguía sonriendo, cosa que irritó a Yaten.

—Me refiero a… no sé, pensé que se las darías a alguien más responsable o inteligente, para variar. Después de todo son las llaves de tu hogar —discutió tratando de desviar el asunto.

—Las de Bombón las tuvo Zafiro un tiempo y no pasó nada… er… nada grave —compuso rápido. ¡Mentira! Zafiro ya había metido a una chica a sus espaldas y no dudaba que lo volviera a hacer. Tuvo que quitárselas para que Serena se quedara tranquila, pero eso no se lo diría a Yaten nunca. Era prácticamente darle la razón —Además, ¿Cómo a quién? —preguntó.

Evidentemente no quería obligarlo a admitir lo que nunca admitía, que era buscarse una pareja formal de una vez por todas, hacer su vida, etcétera, etcétera…

—No sé… como Andrew tal vez —mencionó recordándolo. Él era el único sus amigos que le agradaba genuinamente.

Seiya negó tristemente con la cabeza y bajó la mirada, como si pensara en algo terrible.

—¿Qué? —quiso saber, a pesar de no ser naturalmente curioso.

—No se puede. Andrew está en hoyo. Jodido. Jodido en la peor jodidez de la vida… no tiene salvación y por eso no cuento con él. Ninguno de nosotros.

Yaten le miró perturbado.

—Mierda… ¿Pues qué tiene? ¿Cáncer?

—¡Peor! —exclamó Seiya con dramatismo —. ¡Tiene novia!

Yaten casi escupe la cerveza que tenía en la boca.

—Cómo eres de cabrón —le dijo apenas tragó, meneando la cabeza. Aunque de hecho sí le causó un poco de gracia el comentario—. Bueno, ¿y una cosa qué tiene que ver con la otra?

—Hermanito, eres un incauto. Apenas si le vemos ya, y jamás le permitiría una cosa así. La novia va a creer que las usará para enrollarse aquí con alguna chica.

—Esa es tu deducción porque es lo que tú harías, ¿no?

—Sí y no. Yo no necesito escabullirme de nadie, felizmente.

—Eso es absurdo —discrepó Yaten —. ¿La conoces siquiera?

—No lo es y no necesito conocerla taaan bien como dices. Está en el ADN de las chicas. Te comprometes, y al segundo siguiente y ya tienes una marca de ganado en la nalga, Yaten. Lo que pasa es que tú no te das cuenta porque siempre has sido un anciano atrapado en el cuerpo de un gnomito; y ves normal ponerse grilletes antes de los treinta. Y como también siempre has sido medio masoquista, seguro que hasta lo disfrutas.

—Y tú eres un retrasado sexista y promiscuo, que nunca crecerá y morirá solo, de una ETS o de una congestión alcohólica. En el mejor de los casos, serás de ésos viejos rabo verdes de los cuales las jovencitas huyen y se burlan en los bares, y sólo los usan para que les inviten los tragos.

Seiya maldijo, y le lanzó la tapa de la cerveza a la cara. Yaten la esquivó riendo. Se había pasado un poco de la raya, pero no le importó mucho.

—¡Oye, eso sí es ofensivo! ¿Eso es lo que me deseas, desgraciado enano?

El timbre sonaba otra vez, pero se equivocó al pensar que era la comida rápida. La cara de póker de Seiya se lo confirmó cuando se asomó por la mirilla de la puerta, y luego chistó los labios preocupado.

Yaten odiaba las visitas. Más si eran imprevistas. No había nada que odiara más. Bueno, sí, odiaba mil cosas más, pero las visitas inesperadas eran de las primeras de su interminable lista.

—¿Qué? —preguntó temiendo lo peor. Le costaba tanto socializar… si había algo que odiaba más que las sorpresas y la cerveza tibia, eso era socializar con gente tan distinta a él, con quien no tenía nada en común. Andrew le caía bien por eso, era un tipo inteligente y de menos leía o sabía un poco de cultura. Los demás eran unos huecos escandalosos. Le daba migraña sólo de pensar que Seiya hubiera planeado algo a sus espaldas.

—No viene Zafiro, lo juro. Pero sí le dije a Diamante que podría pasarse un rato si quería… Me preguntó en la mañana si tenía planes. Luego no me confirmó. ¡En serio pensé que no vendría! No te enojes —agregó, haciendo un gesto algo infantil.

Yaten puso una pésima expresión, como si empezara a dolerle el estómago.

—Seiya, no…

—Ya no puedo hacer nada, ¡ya está aquí! —susurró.

Él suspiró con resignación. Sólo había algo peor que toparse a Zafiro y ver como babeaba por su esposa, y eso era tratar a Diamante Black.

Digamos que hablando del reino de las malas compañías, él era el rey.

—Trata de comportarte, por favor —le pidió Seiya en voz baja antes de abrir.

Yaten asintió de mala gana.

—Bueno...

Sencillamente no lo tragaba. Al principio, cuando él y Seiya se conocieron en la universidad, no supo qué era exactamente lo que le desagradaba de Diamante. Era pura química, quizá. Lo repelió instantáneamente. No sabía si era su perfectamente correcto y falso modo de hablar, o comportarse como un lambiscón frente a sus padres, o que no salía de su casa para auto invitarse a cenar, o que todo de lo que hablara fuera siempre para demostrar ser un dios entre los mortales. En todo era el mejor. El de las mejores notas, la mejor ropa, el mejor trabajo, el mejor coche… era insufrible y demasiado competitivo. Sólo le faltaba pedirle a los demás que se bajaran los pantalones para ver quién la tenía más grande. Un imbécil integral. Por si no fuera poco, siempre quería tener la razón hasta en el tema más banal e irrelevante. El que fuera. Nunca perdía un debate, discusión o como se le llamara.

Pero eso era lo de menos.

Luego de observarlo a la distancia un buen tiempo, llegó a una inexplicable y preocupante conclusión: no le parecía buena persona y no lo quería cerca de su familia, pero Seiya era demasiado idiota y bonachón para darse cuenta. Y para su desgracia, Diamante había sabido ganárselo con los puntos flacos que le ya conocía de sobra: le invitaba siempre a las mejores fiestas sin poner un sólo yen de su bolsillo, le prestaba el auto para impresionar a la chica que quisiera y le salvaba el culo cuando se metía en problemas. Seiya era como un animalillo salvaje, y Diamante un excelente domador de circo. Y le daba rabia que no se diera cuenta de las cosas más obvias, cómo ésta. Él sabía que ellos verían el partido (la única actividad que disfrutaban de hacer juntos) y si quería venir, no era porque "no tuviera planes", ¿Cómo alguien que se jacta de ser la puta octava maravilla del mundo no tiene planes? Pues sí, era únicamente porque quería fastidiarlo todo. No era casualidad. Con él todo tenía una intención oculta. Y no buena.

Lo cual sólo podía significar una cosa, iba a pasar una noche nefasta.

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Notas:

Holiwis! Ay amo a estos dos tontorrones jajaja… pero el detalle es que me quedó demasiado largo el OS, así que lo he dividido en dos partes. Aunque lo más revelador quedará en el siguiente, no sean tacañitas y mándenme un review con lo que sea que se les ocurra XD

Detalle insignificante pero que seguro muchas podrían pensar. ¿Por qué entonces Diamante en "Roomies" es un sueño encarnado? (bueno, al principio). Pues porque los hombres perciben a otros hombres de maneras distintas, me pareció interesante abordarlo. Me encanta que cada vez sean más las que se animan a leer esta historia :D GRACIAS.

XOXO,