Capítulo 6: Confusión
—¿Lograste terminar el dibujo de esa chica? —mencionó entonces el rubio— Parecía que tenías un serio conflicto ayer.
La noche del miércoles, Sasuke se quedó pensando sobre las palabras de su amigo. Era cierto, estaba bastante conflictuado por el retrato de la chica. Tanto así, que hasta ella y la profesora notaron lo difícil que le estaba resultando dibujar.
—Es algo totalmente normal —se dijo mientras buscaba con la mirada uno de sus dibujos, que sabía que estaba pegado en cierta parte de la muralla— Además, he tenido peores.
Suspiró cansado ante la situación que le atormentaba. Sasuke sabía que un bloqueo no era algo que durara para siempre. Sin embargo, si no lo solucionaba pronto, podría poner en riesgo sus trabajos de la universidad. Eso era algo que no podía permitirse, mucho menos cuando su padre seguía en contra de su elección de carrera.
—Teme —llamó Naruto desde la cama—, ya cállate. Quiero dormir —exigió con voz adormilada, casi babeando su cansancio.
Naruto había estado algo estresado aquel día por todo lo acontecido, además que haber dejado un desastre gigante en el departamento lo consumió por completo. El estrés que sintió al ver los negros ojos de Sasuke, sobre él, casi lo mata del susto.
—No sacarás nada pensando en esa chica, teme.
Apenas sí terminó de decir eso y Sasuke ya le había aventado uno que otro objeto contundente. El Uchiha se seguía preguntando cómo aún seguía sin matar a su mejor amigo.
Después de unos cuantos insultos y quejas, se quedaron dormidos.
El resto de la semana pasó bastante rápido. El sábado llegó en un parpadeó y Sasuke se encontraba solo en su departamento; el día anterior, los padres de Naruto lo habían ido a buscar para sacarlo de la casa de su amigo.
—Ya voy —gritó Naruto desde el interior del departamento al sentir la puerta ser golpeada— Sasuke, debe ser para ti. Deberías venir.
—Hmp —masculló desde la comodidad del sofá mientras leía un libro de misterios. Sasuke estaba algo cansado por lo intensa que había estado la semana y no estaba de ánimos para nada, ni siquiera atendar su propia puerta.
—Teme, no soy tu ama de llaves. No debería ni estar abriendo la puerta de una casa que no es ni mía.
—Al menos, yo tengo una casa, usuratonkachi —se burló, todavía con la mirada fija en el texto.
—Ya serás… —murmuró Naruto al abrir la puerta, manteniendo una mirada de odio sobre el Uchiha.
—Ya serás, ¿qué?
La enojada voz de una mujer paralizó lo que el rubio estaba haciendo e hizo que Sasuke girase su cabeza hacia la entrada. Petrificado, Naruto movió su vista hacia las personas que tenía en frente. Un grito ahogado abandonó la garganta del menor al ver a sus dos padres fuera del departamento.
—Naruto… —siseó peligrosamente la voz de Kushina mientras chocaba su puño contra la palma de su mano.
—Ma-mamá —tiritó de miedo el menor ante el aura maligna que estaba emanando la mujer—, ¿cómo supieron que estaba aquí?
Miró a Sasuke para saber si había sido él quien los había llamado, pero el Uchiha lo miró con cara de te quiero muerto, pero nunca caería tan bajo. El rubio volvió la vista hacia los mayores y miró a su padre con súplica, quien sólo le sonreía incómodo. Ni loco se pondría en contra de su mujer, mucho menos cuando ella estaba así de furiosa.
—Fuimos a visitar a nuestro querido hijo y nos encontramos con la sorpresa que no habías pagado el arriendo, cariño —se explicó la mujer, esbozando una falsa sonrisa.
—Ya que no es la primera vez que sucede, supusimos que estarías en el departamento de Sasuke-kun —intervino ahora Minato, agarrando disimuladamente el codo de su mujer y así evitar un homicidio pasional—. Sasuke-kun, lamento que hayas tenido que lidiar con Naruto… nuevamente.
El menor sólo movió su cabeza y volvió a su lectura. Claro que eso no sería para nada fácil, mucho menos si tenía a Uzumaki Kushina en su departamento. Hasta él podía sentir el peligro que corría su amigo ante el enojo de la mujer.
—Naruto —llamó Minato, todavía afirmando a su esposa—, será mejor que vayas por tus cosas y vengas con nosotros.
Minato miró a su hijo a los ojos, haciéndolo entender que no podría contener a su madre por más tiempo; en cualquier minuto, la pelirroja los mandaría a volar a ambos.
—¡Vuelvo, vuelvo enseguida, 'ttebayo!
Y como si sus brazos se hubiesen convertido en alas, Naruto se fue volando hacia la habitación de Sasuke para ir por sus cosas.
El dueño del departamento se había ido a la cocina para poner agua caliente y así ofrecer un poco de té a sus nuevos invitados. Sasuke sabía por experiencia que la regla de oro de su mamá nunca fallaba; estaba seguro de que lograría extender la vida de Naruto, aunque sea un poco.
—El té estará listo en unos minutos —indicó el menor, haciendo un gesto a los adultos para que pasaran al departamento— Le tomará un tiempo a Naruto traer todas sus cosas. Debe guardar las cosas que ha estado usando estos últimos días.
—Eres muy amable, Sasuke-kun —sonrió el mayor, haciéndole caso al pelinegro y entrando a la casa junto a su esposa— ¿Ves, Kushina, nuestro hijo no abusó tanto de su mejor amigo? Y estoy seguro de que él intentó arreglar este desastre por sí mismo —sonrió nervioso.
Sasuke colocó un par de pisos para que los mayores se sentaran justo frente a la cocina de estilo americano mientras les servía el té. Por lo que podía ver, parecía que la mujer ya se estaba calmando un poco cuando bebió del té de jazmín; Sasuke sólo tenía sabores dulces para emergencias como éstas.
—Ah, muchas gracias, Sasuke-kun —sonrió la pelirroja al dejar la taza en el mesón— Lamento mucho haber irrumpido así en tu casa.
Minato sonrió al ver a su mujer tranquila.
—Descuide. Pensé que, si Naruto no se iba, ustedes no tardarían en saber la verdad. Estaba preparado —afirmó seguro.
Habrían seguido charlando, pero justo el primogénito de los Uzumaki había regresado a la sala con sus tres maletas. En el momento en que su madre lo vio, toda esa energía demoniaca comenzó a fluir por sus venas.
—Bue-bueno, nosotros ya nos vamos —se alarmó Minato. Tomó a Naruto, las tres maletas y a Kushina para irse— Nuevamente, muchas gracias, Sasuke-kun. Y lamentamos los inconvenientes.
Y así como llegaron, se fueron.
El departamento volvió al silencio habitual ante la partida de los Uzumaki. Sasuke suspiró ante el silencio, siempre era lo mismo. Aunque a Sasuke le gustaba vivir solo, no iba a negar que siempre se llegaba a acostumbrar a lo ruidoso que resultaba ser la compañía de Naruto. Por lo que, también le costaba un poco volver a la tan repentina calma.
—Usuratonkachi —murmuró Sasuke al rato después, cuando recibió un mensaje de su amigo. Él con sus padres se habían ido a instalar a un hotel cerca del departamento del pelinegro y al día siguiente irían a solucionar el problema del menor. De modo que, Naruto regresaría a vivir en su departamento, en los próximos días.
Todo eso había sucedido la noche anterior. Ahora Sasuke estaba con la mirada perdida en algún punto muerto de la pared mientras intentaba juntar las ganas para continuar con sus trabajos, pero no podía. Se encontraba perdido en una laguna mental y no lograba salir de ella. Aunque no quisiera aceptarlo, estaba pensando en Sakura. En ella y en las palabras de Naruto. Era cierto lo que él le había dicho, la última vez que había estado así fue hace dos años, pero eran situaciones totalmente distintas. Lo de hace dos años había sido una puñalada en la espalda, esto no tenía ninguna similitud con el dolor que había sentido en ese entonces.
—Molestia, nada más —repitió aquella frase por milésima vez mientras se acomodaba en el sofá. En esos momentos era cuanto más extrañaba al dobe de su amigo; necesitaba alguna que otra distracción o se volvería loco pensando en alguien que apenas sí conocía—. Mierda.
Decidido, salió del departamento a dar un paseo. Cada vez que no podía centrarse, se iba a un parque que quedaba cerca de su hogar, era bastante amplio y casi siempre estaba vacío en esa época, debido al frío. Se sentó en un columpio y sacó una pequeña libreta y un lápiz para bocetear lo que tuviera frente a sus ojos. Y como si el bloqueo hubiese sido parte del pasado, Sasuke empezó a mover el lápiz con confianza sobre la hoja, dibujando unos cuantos árboles sin hojas en sus ramas.
—Nada es para siempre —murmuró confiado, borrando una línea que había trazado con más fuerza de la que quería— Con eso basta.
Suspiró y se levantó del columpio. La hora que había estado fuera de su casa le sirvió bastante para despejar su mente y concentrarse en algo más. Al menos, pude dibujar un simple paisaje, se dijo al momento de cruzar el umbral de la puerta.
Haber salido a dar una vuelta le fue de mucha ayuda. Sasuke pudo concentrarse en sus tareas y logró dibujar figuras humanas sin problema alguno. Por lo visto, su bloqueo se había ido.
—Sólo necesitaba un cambio de aire —se animó nuevamente al notar que tenía otra hoja completa de bocetos de cuerpos humanos— Ya fue suficiente por hoy.
Cercana a la media noche, Sasuke ya estaba en su cama durmiendo. Se había ido en paz al haber superado esa horrible situación artística; se habría vuelto loco de lo contrario. Y con esa calma interna, pasaron los demás días hasta llegar nuevamente el miércoles. Sin embargo, la calma siempre viene antes de la tormenta.
—¡Está bien, a sus asientos ya! —les ordenó Tsunade al llegar al aula. No había que ser un genio para darse cuenta de que la mujer estaba de pésimo humor— Materiales afuera.
La directora se fue a su escritorio para ordenar unos cuantos papeles que no había logrado terminar a tiempo. Por lo visto, había habido unos problemas con unos profesores y le urgía al departamento encontrar un reemplazo lo más pronto posible. Situación que apenas sí la dejaba descansar.
—El día de hoy continuaremos estudiando el cuerpo humano. Hoy dibujarán cuatro poses —pasó el pulgar por su lengua para ir pasando las hojas con mayor facilidad—. Habrá un descanso al minuto cuarentaicinco, como siempre. Recuerden, deben ser más veloces. Hoy quiero ver, por lo menos, la mitad de los bocetos terminados.
Mientras Tsunade seguía explicando lo que harían durante la jornada, Sasuke seguía afilando sus carboncillos, por alguna razón, estaba algo ansioso. No se había sentido así en mucho tiempo, pero desde anoche que tenía una extraña sensación en el pecho y eso hizo que le tomara más tiempo realizar su amado ritual.
—No tanto… —se recriminó cuando se volvió a partir la punta del carboncillo al pasarle el filo.
Suspiró ante la frustración que estaba sintiendo nuevamente. ¿Qué no había ya superado todo eso? Pensaba al momento de sacar otro carboncillo y comenzar a afilarlo.
Sasuke se sentía algo confundido, el día había partido de lo mejor. No tuvo ningún problema en la ducha, el autobús que tomó no falló en todo el trayecto, Kakashi le dio el visto bueno a su avance del proyecto y la clase de éste tampoco se había extendido. Es más, había llegado muy temprano a la clase de la directora, casi veinte minutos antes. Y, aun así, se sentía extraño. No, ya no era un bloqueo, era algo más. Un incómodo hormigueo en la base de su estómago era señal suficiente para saber que estaba nervioso. Señal que fue totalmente ignorada por el azabache.
—Pasa —ordenó Tsunade.
Sasuke volvió a respirar para intentar concentrarse y calmarse. El día de hoy tenía que hacer dos bocetos, por los menos, y no iba a fallar como la semana pasada. Sin embargo, cuando levantó la vista para ver esos tonos rosados y jade, su mente fue abofeteada. ¿Qué estaban miraban sus ojos?
—Como verán, el día de hoy, Sakura no nos acompañará —anunció la mujer— Haruno se volverá a unir a nosotros la semana siguiente. Ahora bien, les presento a Tenten. Ella será el reemplazo de Sakura por hoy. Quiero el mismo respeto por Tenten, ¡¿me oyeron?! No toleraré ninguna estupidez.
Sasuke había dejado de escuchar en el momento en que sus ojos se encontraron con la castaña, más bien, dejó de escuchar en el momento en que sus ojos no encontraron los colores de Sakura. No lo entendía, ¿por qué no estaba? ¿Le había ocurrido algo? De ser así, ¿era grave? El Uchiha no dejaba de bombardear su mente con cientos de preguntas, parecía un perico.
—¿Alguna pregunta?
—¿Dónde está Sakura? —dijo entonces Sasuke.
Sin darse cuenta, su boca se había movido sola, materializando la pregunta. Mierda.
—Tenía unos compromisos, nada de qué preocuparse —Tsunade movió la mano frente a su rostro para restarle importancia, dando así inicio a la lección.
Resignado, Sasuke tomó el carboncillo entre sus dedos. No pasaron ni dos segundos de eso cuando el lápiz se había roto en dos.
Sí, hoy no sería una buena jornada.
La hora de clases pasó más lenta de lo usual. No, no más lenta de lo usual, porque eso nunca le había sucedido a Sasuke. La hora de clases había sido una tortura de principio a fin. Rompió dos carboncillos, casi bota el lienzo y, aunque lograba retratar el desnudo cuerpo de la muchacha, no se sentía a gusto con el estilo que estaba plasmando. Se sentía desconectado.
—Nada mal, Uchiha —lo animó la profesora al pasar detrás de él. Si bien, la directora notaba la torpeza del menor, no iba a negarle un cumplido, mucho menos cuando su trabajo estaba bastante aceptable. Sin embargo, ese era el problema, Uchiha Sasuke no dibujaba cosas "aceptables", él dibujaba cosas increíbles; fuera de lo común. Era un genio dentro de su departamento, no había alumno, profesor ni nadie que no lo conociera. Todos sabían quién era Uchiha Sasuke.
Al rato después, la mujer dio por finalizada la lección. Todos, incluyendo al azabache, querían largarse de ahí cuanto antes.
—Uchiha —lo llamó cuando vio que estaba por irse—, necesito hablar contigo.
Rodó los ojos al suspirar su fastidio. Quería irse. No deseaba quedarse más en el salón.
—Ahora, Uchiha, no me hago joven esperando.
Cerró la puerta con cuidado y se dirigió hacia donde estaba la mujer.
—Creo que es la primera vez que te llamo, ¿no? —Sasuke se quedó en silencio— Uchiha, he notado que estas últimas semanas has estado algo distraído, ¿sucede algo?
"¿Sucede algo?", repitió en su cabeza. Sí, no logro quitarme a esa modelo de tercera de mi cabeza. Estaba superando un bloqueo y me cambiaste a la modelo por alguien más, y otra vez estoy pensando en ella.
—En lo absoluto —negó— No sucede nada.
Tsunade lo analizó de pies a cabeza. Tenía sus manos enlazadas frente a sus labios mientras pensaba.
—Ya veo… —deshizo el lazo de sus manos y se puso a escribir unas cosas en unos documentos— Puedes irte, entonces.
Sasuke movió su cabeza y giró su cuerpo para dirigirse a la entrada.
—Pero —el eco de la voz de la mujer llegó hasta sus oídos con facilidad—, si hay algo que te molesta o si tienes dificultades en casa, y por eso tu comportamiento tan torpe, puedes decírmelo. Seré una bruja con ustedes, pero no por eso no me preocupo. En especial, si noto que el rendimiento del alumno estrella está fluctuando. No lo olvides.
Sasuke la miró por el rabillo del ojo antes de retirarse.
Se apoyó en la puerta al cerrarla y llevó su mano hasta el puente de la nariz para darle un suave masaje. Como si él fuera a ir a contarle sus problemas. Apenas sí se los decía a Naruto, a quien conocía de toda la vida, y se los contaría a ella.
—Ridículo —masculló antes de emprender rumbo a la cafetería.
El resto del día no sucedió mucho. Sasuke fue a su última clase y después se fue a casa. Estaba lloviendo y le urgía tomar un baño, y una taza de café.
—Veo que la señora rechazó tu pago —dijo al ver a Naruto afuera de su departamento— Es un nuevo récord.
Naruto se llevó la mano hasta la nuca mientras le sonreía.
—Te equivocas, teme. Estoy de lo mejor instalado en mi casa, otra vez —dijo y se movió cuando el mayor llegó a su lado para abrir la puerta—. La verdad, vine por otra cosa.
Ambos entraron casi al mismo tiempo, agradeciendo lo cálido que se sentía el lugar.
—No vienes a decirme que vienes a verme porque me echabas de menos, ¿no? —se burló.
Naruto puso una cara de asco ante la razón de su amigo.
—Teme, acabo de almorzar. No me hagas devolver la comida, por favor —expresó y se agarró su estómago, manteniendo su cara de desagrado.
—¿Entonces?
Sabía que Naruto no iría por algo así. Además, cuando lo echan de su casa, siempre viene con un millón de maletas y lo llama al celular para rogarle quedarse.
—Mis padres están agradecidos contigo por haberme recibido —Sasuke sonrió con superioridad.
—Ya te lo dije, es un pasatiempo el recoger a idiotas de la calle.
El menor mantuvo una forzada sonrisa antes de continuar. Si no lo soltaba ahora, se iba a arrepentir.
—Mis padres te invitan a cenar con nosotros el sábado —terminó diciendo.
—¿En Konoha? —lo miró dudoso.
—No, en el hotel en el que se están quedando. Aún no se han ido de Tokio, por temas de trabajo, y quieren agradecerte de la mejor forma.
Sasuke colgó su abrigo y se pasó una toalla por el cabello húmedo antes de responder.
—Una cena de tres adultos y el dobe —dijo burlón— Está bien. No suena mal.
Su amigo volvió a sonreír y se fue al pasillo a llamar a sus padres para confirmar la cena. Kushina y Minato lo dejaron sordo de un oído al gritarle la respuesta, estaban felices. Ajustaron uno que otro detalle y, luego que su madre le dijo que se fuera del departamento de Sasuke o lo golpearía hasta su próxima vida, Naruto se despidió del mayor.
No pasaron ni diez minutos desde que el otro se había ido y el pelinegro ya se encontraba en pijamas. Había salido hace poco de la ducha y ahora disfrutaba de la tarde en su sofá, bebiendo una taza humeante de café. Estaba envuelto en una manta mientras leía un libro de misterios. Para su suerte, las clases del día siguiente eran sólo prácticos y no tenía ningún deber pendiente. Por lo mismo, se relajaría un rato antes de irse a practicar dibujo y avanzar en sus proyectos escritos.
"Me gustó tu avance. Sólo intenta involucrarte un poco más en lo que significa ser la diosa Afrodita y quedará perfecto", recordó las palabras de Kakashi. Dejó de lado su libro y prendió el computador para ponerse a investigar más sobre dicha deidad. No sólo quería saber más sobre las otras versiones de Venus de Milo, también quería entender la historia de Afrodita. Todo lo que había hecho para ella, para los dioses y para los humanos, lo que había provocado y las consecuencias de sus actos.
—Diosa del amor, ¿eh? Diosa de los problemas, diría —se acomodó en el sofá mientras leía el Juicio de Paris y todo lo que provocó la guerra de Troya— Por una sola mujer, murieron miles de hombres, y Helena ni amaba a Paris —murmuró lo último con desagrado.
No, no le agradaba para nada esa deidad. Manipulaba tanto a dioses como a humanos a su antojo, tenía amantes por doquier y se escudaba en que todo lo hacía por el nombre del amor.
—Estúpida —cerró con fuerza su computador, estaba muy molesto ahora— Sólo juega con los sentimientos ajenos. De deidad no tiene nada.
Alejó el aparato y se envolvió mejor con la manta, acomodando su cuerpo en el sofá. Estaba enojado por lo que había leído, demasiado como para tener que seguir aguantando tanta estupidez por parte de un ser que ni existía.
—Ella no ama, sólo miente y manipula.
La mirada de Sasuke se había oscurecido y un dejo de tristeza y dolor se asomó por ellos. De nuevo, su mente se estaba yendo a lugares prohibidos. No. No quería recordar. No quería desenterrar sus sentimientos, no quería volver a sentirse traicionado, mucho menos, herido. Sasuke sabía a la perfección que aún estaba sanando de lo ocurrido hace dos años, pero aún no estaba listo para terminar de enfrentar todo lo que eso conllevaba. Tenía miedo de volver a perderse en la oscuridad de su corazón.
—Que Naruto me golpeé no es la solución —sonrió al recordar aquella audacia por parte de su amigo— Olvídate de eso, Sasuke.
Aunque el Uchiha sabía que ignorar su dolor no era la respuesta, no tenía ganas de volver a analizarse. Lo único que ahora deseaba era ser capaz de terminar el maldito trabajo de Kakashi sin la necesidad de tirar su laptop por la ventana.
Cansado de recordar experiencias desagradables, se fue a preparar un segundo café. Sabía que después de beber su preciada bebida, podría irse a dormir de inmediato; sí, a Sasuke el café le ayudaba a dormir. Sin embargo, al salir de la cocina, su cuerpo no encontró nada mejor que chocar con los lienzos que tenía apilados a un lado de la muralla.
—Y pensaba que el dobe era el torpe.
Los iba a dejar ahí, estaba cansado y harto de todo. Había tenido semanas demasiado intensas y no quería saber del mundo hasta el día siguiente. Sin embargo, le fue imposible ignorar aquellos trazos color rosa en uno de los lienzos.
"Como verán, el día de hoy, Sakura no nos acompañará", las palabras de Tsunade resonaron en su cabeza. ¿Por qué no había ido? ¿Estaría bien? ¿Habría su celular sufrido algún inconveniente? Sasuke no dejaba de pensar en la ausencia de la chica de rosada cabellera y eso le enfurecía aún más.
Tomó el lienzo, junto con todos los intentos y los metió a una bolsa de plástico. Los iba a tirar a la basura en ese mismo instante, pero algo lo detuvo.
—Sólo son trabajos sin terminar y sin valor —masculló, pero su cuerpo no se movía— Tsk.
Dejó la bolsa a un lado de la muralla y se fue a su cuarto, ya no quería nada con el día. No obstante, por más que intentó dormirse, por más que intentó no pensar en ella, le fue imposible llevarlo a cabo.
—Molestia… —susurró cuando al fin fue capaz de dormir.
°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°
Al igual que la semana anterior, ésta pasó volando. En un pestañeo, ya era sábado y Sasuke se estaba arreglando para su cena con los Uzumaki. Naruto le dijo que el restaurante del hotel era bastante elegante, así que debía ir vestido apropiadamente o no lo dejarían entrar.
"Cuando llegues a la intersección, me llamas y te iré a buscar", recordó las palabras del rubio mientras se acomodaba la corbata y dejaba escapar un suspiro. No era que detestase vestirse formal, al contrario, le gustaba y bastante. Encontraba agradable vestirse elegante. Sí, a veces, la ropa era incómoda, así como los zapatos, pero era cuestión de costumbre. Sin embargo, al estar tan agotado con todo el asunto de Sakura, estaba con cero ánimos de vestirse así. Por lo mismo, estaba con un humor poco ideal para socializar.
—Ya no puedo cancelar —sí, había intentado cancelarle a Naruto; quería hacerlo. Le había marcado, escrito y todo, pero por más que lo intentó, no pudo hacerlo. Sasuke sabía lo importante que era esta cena para sus padres, y no podía rechazarla—. Cenas y te largas. No tienes por qué quedarte hasta el postre ni nada.
Intentó darse ánimos, mirándose en el espejo del baño. A pesar de las ojeras que tenía, se veía como un ser humano bastante decente. Cansado, sí, pero decente, y eso era más que suficiente. Volvió a su habitación después de peinar su cabello. Sin querer, sus ojos se fueron a inspeccionar el lienzo que tenía enrollado en el escritorio; era el primero que hizo de Sakura, en día que la conoció. Sasuke aún no entendía lo que pasaba con él, pero de algo sí estaba seguro. Cuando pensaba en Sakura, una cálida sensación recorría su pecho y le gustaba.
—Será mejor irme —sonrió inconscientemente y salió de su habitación. Se puso un abrigo sobre su traje y emprendió rumbo al hotel.
Cuarenta minutos más tarde, Sasuke se encontraba en la intersección que Naruto le había dicho. Había tenido que buscar refugio bajo el techo de una tienda porque estaba comenzando a llover.
—¿Por qué tarda tanto? —miró por encima de las personas que pasaban, pero nada. No había señales de su histérico amigo por ninguna parte— Tampoco contesta el teléfono.
Sasuke no se caracterizaba por tener poca paciencia, pero con Naruto era otra historia. Él era capaz de crisparle los nervios con su simple presencia, todo gracias a lo impulsivo e impredecible que era. Claro que era eso mismo lo que sus padres encontraban enriquecedor en la amistad de ellos.
Volvió a mirar su reloj de pulsera justo cuando una voz llamó su atención.
—Te dije que iba a llover —era la voz de Sakura. De sólo pensar en encontrarse con la chica, el estómago de Sasuke se volvió pesado.
Levantó su vista para encontrar a la chica de cabello rosado. No, no le iba a hablar, pero no iba a negar que se sentía extraño al no haberla visto esa semana en la clase de arte. Se conformaba con mirarla de lejos, sólo para dejar de sentir esa inquietud. Sin embargo, ésta sólo aumentó al ver a Sakura, quien no estaba sola.
—Quiero irme a casa, Kankurō —aunque su voz estaba más clara que nunca, Sasuke no lograba decodificarla; sólo oía murmullos.
Y así como sus oídos no funcionaban, sus ojos tampoco permitían que la información fuera procesada de manera correcta. Aunque el castaño tenía una cara de preocupación e intentaba contentar a Sakura y ésta tenía una clara mueca de desilusión, Sasuke sólo notaba el brazo que el mayor tenía sobre los hombros de la chica. Así como la poca distancia que mantenían mientras se perdían en la multitud.
Su mente se congeló después de eso.
¡Hola a todos!
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé. Perdón T.T La universidad no me daba tiempo. Y ahora estoy por salir de vacaciones de invierno, así que tengo más tiempo para escribir. Y, ya que han sido tan lindos con sus comentarios y tan pacientes, decidí hacer una doble actualización. Espero que disfruten de estos capítulos :)
Una vez salga de vacaciones, planeo escribir más capítulos e irlos subiendo de a poco.
Ojalá que les guste el rumbo que está tomando la historia. La verdad, al leer de nuevo estos capítulos, me emocioné mucho. Siento muchas ganas de escribir, pero debo ser un poco paciente y terminar primero con mis ramos.
Eso queso.
De verdad, muchas gracias por el apoyo.
Nos estamos leyendo.
Kenru out~
