Capítulo 7: Compañía

Sasuke se encontraba echado en su sofá, intentando leer uno de los tantos libros que lo habían acompañado cuando sus pensamientos lo estaban acechando y quería deshacerse de ellos. No obstante, aunque leer a Víctor Hugo le encantaba, simplemente, no lograba sacarse la imagen de Sakura de la cabeza. Parecía como si su mente quisiera hundirlo en su inexplicable agonía, mientras ésta le seguía repitiendo de lo que fue testigo en la noche del sábado. Sakura estaba siendo abrazada por alguien más y se veían cercanos. Pero ¿por qué he de importarle? Ella sólo era una modelo de segunda, nada más. No tenían ninguna clase de relación más que la de él escaneando su cuerpo para retratarlo en el lienzo, semana a semana. Sin embargo, le importaba y no sabía por qué. Y eso lo enfurecía aún más.

Suspiró, frustrado ante el peso que sentía en su pecho, para luego cerrar con fuerza el libro y dejarlo sobre la pequeña mesa que tenía a un lado. No entendía lo que pasaba con él. Primero, tiene un bloqueo de los mil demonios, siendo incapaz de dibujarla. Luego, la ayuda a encontrar el famoso chip de su celular. Pasándole, además, su sweater para que no enfermara. Y lo último que se imaginó que haría, sería preguntarle a la profesora el por qué de su ausencia en la clase.

Estaba actuando raro. No se reconocía. Sasuke siempre había sido calculador, nunca nada de lo que hacía era hecho a menos que primero lo pensara detenidamente. Incluso lo hacía con su arte. Rara vez dibujaba algo de manera espontánea, ya que le gustaba analizar lo que hacía y lo que esperaba lograr de ello. Sí, se dejaba influenciar por sus sentimientos al momento de pintar, pero nunca tomaron el control de sus acciones. No lo permitía. No le gustaba ser impulsivo ni saber lo que podría pasar o no, en caso de no pensar antes de actuar. No era como Naruto, ese usuratonkachi, marcado por ser poco precavido al momento de hacer nada. Sasuke siempre se había preguntado cómo era posible que su mejor amigo no hubiese sido atropellado a estas alturas de la vida, o caerse por las escaleras, por lo atolondrado que es.

Volvió a exhalar el aire que tenía en su interior, masajeando el puente de su nariz para intentar relajarse ante lo que sentía sin comprensión alguna. Volvió la vista al techo "Mañana es miércoles", pensó mientras tragaba duro. Estaba indeciso a cómo actuar frente a ella. Por Kami, ni siquiera sabía que debía actuar de cierta forma o no con ella.

—Tal vez… —murmuró, intentando darle una explicación a lo que su mente trataba de decirle, así como su corazón— No. Olvídalo.

Cansado por las clases y su constante tren de pensamiento infinito, Sasuke decidió irse a dormir. Y por primera vez, en mucho tiempo, Sasuke no estaba seguro de cómo actuar frente a alguien. Y eso lo ponía en desventaja.

Aunque durmió lo de siempre, el Uchiha sentía que un camión le había pasado por encima. Le dolía cada rincón de su anatomía y tenía un gran dolor de cabeza. Su ánimo no era el mejor, y empeoró cuando en la radio anunciaron que una nueva nevada se haría presente en la ciudad. "Así que, ya saben", decía el locutor, "Salgan abrigados. No olviden sus paraguas y sus botas, que hoy nevará desde la tarde y no parará hasta mañana". Sasuke gruñó ante el infortunio que tendría por clima, tomó su café, lo vertió en un termo y partió a la universidad. Para su suerte, la clase Historia del Arte había sido cancelada momentos antes de su comienzo.

—Debe ser una broma —siseó al ver el correo que había llegado a su bandeja de entrada.

Por lo visto, donde vivía su profesor, la nevada había comenzado antes de lo previsto, ocasionando una colisión de tres vehículos. Afortunadamente, nadie salió con heridas de gravedad, pero sí el auto de Kakashi. El pobre maestro debió ver cómo se llevaban a su retoño al taller para repararlo cuanto antes. La dirección, al saber del accidente, le dio el día libre para que pudiera descansar y realizar los trámites pertinentes.

—Perfecto… lo que faltaba —bufó.

Cualquiera en la situación del azabache estaría feliz de no tener clases. Sin embargo, para Sasuke, el no tener clases era sinónimo de andar vagando por los fríos pasillos de la universidad hasta su siguiente lección. Podría irse a la biblioteca, pero estaba seguro de que no habría espacio para ningún alma más, ya que todos estarían intentando capear el frío en el edificio. Sólo le quedaba la opción de esperar en alguna cafetería o en la sala de computación. Algo que habría hecho con mucho gusto, de no ser porque había una fila gigantesca a la afuera de dichos lugares.

—Hmp…

Dio media vuelta y comenzó a caminar por los patios de la universidad.

Siempre le había gustado el estilo que tenía la arquitectura de su campus. Lleno de patios interiores, escaleras ocultas que te dejaban en la azotea o en algún subterráneo cualquiera, así como pasillos enormes que daban un ambiente de paz sinigual. Cada esquina, cada salón, cada ventana tenía algún detalle en particular, que intrigaban a aquellos que prestaban más atención a su alrededor. Ya sea una pequeña pintura, algún trabajo de cerámica o algún texto escrito en latín y más era lo que uno se podía encontrar en cada recoveco del lugar. Todo eso fascinaba a Sasuke de sobremanera. Cada día, descubría un detalle nuevo. Manteniendo así sus sentidos siempre alerta y ansioso por encontrar algo más en la arquitectura de su universidad.

No supo cuánto tiempo estuvo vagando, mucho menos era consciente de algún otro estudiante que pasase a su lado. Siempre le sucedía cuando caminaba por los pasillos de su casa de estudios. Simplemente, se dejó envolver por la tranquilidad que estaba comenzando a aflorar en su pecho y el maravilloso paisaje que lo acompañaba.

El paseo le ayudó a mejorar un poco su ánimo, así como su dolor de cabeza fue esfumándose al rato. Sus hombros, que no había notado que tenía tensos, volvieron a caer con suavidad. Había logrado relajarse gracias a la claridad que el frío aire del invierno podía regalarle. Miró la hora y estaba a tiempo para llegar al salón y poder preparar su ritual pre-clases. Giró sobre sus talones para emprender rumbo de vuelta, cuando sintió que golpeó algo.

Si el paseo le había otorgado algo de paz, ésta se había ido en el momento en que sus ojos se posaron en los verdes jade de Sakura. La chica de cabello rosado lo miraba con una pequeña sonrisa. Tenía su mano derecha recogida cerca de su pecho, ya que había estado por posarla en el hombro de Sasuke, antes de que éste girara.

—Sasuke-kun —su sonrisa ahora fue más radiante, logrando contrastar con el ambiente invernal—, me alegra ver que sí eras tú.

Sasuke la miró de arriba abajo, devolviéndole el saludo con un pequeño movimiento de cabeza.

—¿Necesitas algo? —quiso saber, intentando mantener el tono firme de su voz y así ocultar el repentino nerviosismo que se había empezado a apoderar de él.

—En lo absoluto —negó, poniendo una de sus manos frente a ella—. Iba camino al salón y te vi. Pensé que podríamos ir juntos.

Sasuke se le quedó mirando unos segundos. No perdía nada en ir con ella, de todas formas, no era mentira que se estaba preparando para ir al aula. Además, tener un poco de su compañía le sentaba bien.

—De acuerdo — dijo firme, comenzando a caminar por el patio, seguido por la pelirrosa.

No dijeron mucho en su recorrido al salón. Hablaron un poco del clima y de lo pesado que se ponía el semestre a estas alturas del año. Más bien, Sakura era la que transmitía y Sasuke la escuchaba, moviendo su cabeza de vez en cuando. Y sí, para sorpresa de él, la estaba escuchando y con mucha atención. No fue como la primera vez que intercambiaron palabras, cuando Sakura no encontraba su chip, donde el Uchiha sólo quería salir de ahí. Ahora, en cambio, estaba intrigado por la forma en que la chica le hablaba sobre algún examen que tendría la próxima semana.

—Aunque prefiero mil veces estar estudiando por horas, grandes libros de medicina, que hacer lo que tú.

Sasuke la miró en confusión y no pudo evitar formular la pregunta.

—¿Por qué lo dices?

Sus palabras salieron más acidas de lo que pretendía, pero sólo porque se estaba apresurando en conclusiones.

—Oh, no. No me refiero a lo que estás pensando —aclaró— Creo que es admirable lo que haces. Logras dibujar y expresar tus sentimientos, así como tu talento, en el lienzo. Siempre estás concentrado al hacerlo y es como si nadie ni nada pudiera detenerte. Yo no podría estudiar arte ya que apenas sabría qué hacer. Creo que me congelaría si Tsunade-sama me pidiera dibujar algo en un determinado tiempo.

Un pequeño silencio hubo antes que Sakura volviera a romperlo.

—A lo que voy es que prefiero estudiar un gran libro de medicina porque sé que ahí está todo lo que debo saber. Y si quiero saber más, sólo debo tomar otro libro y devorarlo o, mejor aún, iniciar mi propia investigación. Todo lo que hago es en base al método científico, planeado, confirmado y que da resultados. Aunque estos no sean los que uno espera, siguen siendo resultados. Con el arte —pausó unos momentos antes de a seguir— no sé si podría hacerlo, ya que no sabría qué hacer ¿Existe algún método? ¿Toman el lápiz y esperan a que fluya todo lo que quieren hacer? Es intrigante. Abren su corazón a extraños cuando toman el lápiz y deciden plasmar sus sentimientos.

Sasuke miró de reojo a la pelirrosa, esperando a que terminara su idea. Parecía que quería decir algo más. Y tenía razón.

—Creo que es valiente —murmuró al final con una sincera sonrisa en el rostro mientras dirigía su mirada al camino que tenía en frente— Sí… no todos logramos expresar lo que en verdad sentimos. O amar de una forma tan abierta como los artistas —murmuró con un tono de tristeza.

Sakura llevó las manos por detrás de su espalda antes de mirar al azabache.

—No hay método científico que te enseñe a hacer lo que ustedes hacen.

Por alguna razón, Sasuke se quedó helado, pero también sentía una extraña calidez emergiendo desde su pecho. ¿Qué era eso?

Iba a decir algo, ya no quedaba mucho para llegar al salón, pero las palabras no se lograban formular. Sólo volvió a la realidad cuando Sakura se quejó de dolor al doblar en una esquina.

Sasuke centró sus ojos oscuros en el pie de la chica, volviendo luego su vista a su rostro.

—No es nada —movió el tobillo que tenía lesionado— Sólo giré muy rápido, es todo.

Sasuke iba a ofrecerle su ayuda cuando una voz los interrumpió.

—Sakura —era Tsunade—, veo que llegaste antes.

La directora se posicionó junto a la pareja mientras arreglaba los papeles que tenía entre sus brazos.

—¿Cómo les fue el miércoles? —se interesó la mayor.

Sasuke paseó su mirada desde la directora hasta la estudiante.

—No fue nuestro mejor resultado, pero seguiremos entrenando para el partido que se acerca. Sé que rendiremos mejor —sonrió sin entusiasmo.

—Comprendo —murmuró la mujer antes de agregar— El trabajo duro es lo que da resultados, ¿no?

Sakura sólo asintió ante esto.

Tsunade caminó los pocos pasos que la separaban del aula de clases, no sin antes agregar "Uchiha, ¿no tienes un ritual por hacer?". Sakura ahogó una carcajada, mirando a Sasuke, divertida. Éste había vuelto a su seriedad habitual. Volteó a mirar a la chica una vez más antes de irse al salón y prepararse para la clase.

Diez minutos después, el resto de la clase se encontraba en el salón. Las manos frotándose entre sí, así como el sonido de los termos abriéndose para compartir algo de su envidiable calor a sus dueños, estaban llenando el ambiente. Aunque la calefacción estaba encendida, en especial por Sakura, la temperatura seguía bastante baja.

—Debido al frío, le dije a Sakura que hoy no haremos desnudos como tal —señaló a la estudiante que se encontraba en el marco de la puerta, usando su ya tan conocida bata blanca y sus pantuflas que le llegaban hasta la rodilla—. Hoy día tienen que hacer tres poses. No habrá descansos, ya que se irán antes a sus hogares.

Un sonido de alivio y asombro se pudo escuchar entre los estudiantes.

—Tampoco trabajarán con el lienzo, sino con sus cuadernos de dibujo —la mirada de Sasuke se clavó en la profesora al saber del cambio de material.

"¿No pudo decir eso antes?", pensó mientras bufaba, buscando en su mochila dicho cuaderno.

—Tenemos 45 minutos en total. Sakura irá cambiando cada 15, no pierdan su tiempo.

La profesora hizo un barrido visual desde su escritorio, fijando por más tiempo su mirada en el Uchiha.

—Al finalizar la clase, quiero que me dejen sus trabajos en el escritorio. No me importa si dibujan las tres poses en tres hojas diferentes o están las tres en una —explicó— Lo que me interesa es ver tres poses con su nombre en ellas.

Tsunade miró a Sakura, dándole a entender que ya podía buscar una pose en la cual ponerse. La pelirrosa se sacó la bata, quedando en un leotardo color durazno. Sin perder el tiempo, Sakura se acostó en la mesa que tenía a disposición. Se recostó en su lado izquierdo, dejando el brazo de este mismo lado estirado, cayendo por el borde del mueble. Su mano derecha se fue hacia su muslo, posando con cuidado sobre éste. Flexionó la pierna izquierda y dejó estirada la derecha, concretando la primera pose.

—Comiencen.

El sonido de las hojas y los lápices contra el papel llenó el estudio. Cada estudiante estaba enfocado en trazar lo más rápido posible para poder conseguir la primera pose a tiempo; estaban nerviosos. Era la primera vez que la maestra les exigía dejarle sus trabajos y eso sólo podía significar una cosa: evaluación. Tsunade se iba a llevar sus dibujos para una evaluación previa antes del próximo trabajo a realizar. Si bien, ya se habían acostumbrado a dibujar a Sakura, todo cambiaba cuando se estaba bajo presión.

—No importa si también me pasan sus intentos. Recuerden —miró a Sasuke—, cada vez que fallamos, tenemos una oportunidad de aprender.

Sasuke sudó frío ante ese comentario.

Había pasado los primeros cinco minutos siendo incapaz de dimensionar lo que quería hacer. A diferencia de otras veces, donde él podía ver los verdes ojos de Sakura, ahora sólo podía ver su espalda y sus largas y tonificadas piernas.

No sabía si estaba nervioso por la entrega o porque estaba fascinado viendo el cuerpo de la muchacha. Desde el punto de vista de él, ahora podía ver la curva de sus caderas, sus glúteos y lo delicado de sus pies. Fue en ese momento cuando cayó en cuenta que había algo que le molestaba.

Ahí, justo en su tobillo derecho había un vendaje que lo cubría. Sasuke recordó entonces la mueca de dolor que tuvo Sakura cuando estuvieron a punto de llegar al salón. Ahora había entendido las palabras que le había dedicado la maestra; sabía que se había lastimado e intentaba subirle el ánimo. Sasuke vagó su mirada por el salón hasta fijarla en el reloj de pared, sólo tenía cinco minutos para bocetear esa pose. Respiró profundo y dejó de lado toda ansiedad que sentía, tomando el lápiz con decisión.

El término de la clase llegó más rápido de lo esperado. Sasuke suspiró aliviado al ver que pudo terminar los bocetos a tiempo. Estaba satisfecho con el resultado. Parecía que su bloqueo había mejorado en esos 45 minutos.

—Bien, pueden irse —se levantó Tsunade con una carpeta bajo el brazo, donde tenía todos los trabajos— Tengan cuidado camino a casa. Nos veremos la próxima semana.

Sasuke terminó de guardar sus materiales mientras pasaba su mirada por los recovecos del aula. Acaso, ¿la estaba buscando? Sakura tuvo permiso de salir mientras los demás entregaban sus bocetos a Tsunade, para poder cambiarse y así evitar enfermarse. Sin embargo, al examinar con atención el lugar, no había rastro de sus cosas; se había ido.

Cubrió su cuello son la bufanda y se puso la chaqueta. La nieve ya había llegado hasta el campus y pequeños copos de nieve eran visibles desde la ventana de la sala. Estaba por abrir la puerta del aula cuando ésta se abrió por fuera.

—Sasuke-kun —parecía algo agitada mientras lo miraba con sus grandes ojos—, pensé que no te alcanzaría.

El Uchiha la miró con duda.

"¿Habíamos acordado irnos juntos y no lo recuerdo?", pensó por un momento.

—Quería invitarte a un café —se pasó un mechón de cabello por detrás de su oreja—, en agradecimiento por lo del otro día.

—La cafetería del campus va a estar a tope —respondió algo tosco.

La pelirrosa rodó sus ojos mientras suspiraba.

—Lo sé. Hay un lugar a unas cuantas cuadras de aquí —sonrió.

Sasuke abrió su boca para luego cerrarla, como todo un pez. Parece que no tenía escapatoria alguna.

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La caminata hasta la cafetería fue agradable. A diferencia de unas horas atrás, ahora Sakura también estaba disfrutando del silencio que había entre ellos. Sasuke la notaba más relajada y alegre que cuando fueron juntos al salón de clases. Y aunque ella había estado hablando hasta por los codos, sus ojos tenían un ligero color de tristeza en ellos.

—Ahí es —apuntó con su índice y apresuró el paso, ignorando la incomodidad de su tobillo lo más que podía.

—Bienvenidos —saludó la mujer de la entrada con una sonrisa— Oh, Sakura-chan. Hace mucho que no te veía por aquí. Qué alegría tenerte devuelta.

—El gusto es mío, Kurenai-san.

La mujer de ojos rojos inspeccionó curiosa al chico que estaba a un lado de la estudiante de su marido. Sin poder evitarlo, le hizo señales a Sakura hasta susurrar en su oído.

—Pensé que tu novio era castaño.

Sakura se puso roja como tomate y agitó sus manos frente a su rostro, negando los dichos de la mujer.

—Sasuke-kun no es mi novio —murmuró en respuesta, cerca de la mujer y cubriendo su boca para que el otro no se enterara de la conversación.

—Mm… comprendo —miró al azabache y le dedicó una cálida mirada—. Es un gusto, Sasuke.

—Uchiha Sasuke —terminó de presentarse éste, intercalando miradas entre la mujer y la chica, que aún tenía algo rojas las mejillas.

—¿Cómo se encuentra el bebé? —preguntó entonces la estudiante de medicina y así cambiar el tema.

Kurenai achinó sus ojos, divertida al notar lo nerviosa que se había puesto Sakura ante tan simple pregunta.

—Está muy bien, gracias. Asuma lo está cuidando ahora. Por lo general, mi hija está aquí ya que ambos trabajamos. Y es mejor que esté en el segundo piso, conmigo yendo a verla cada tanto, que en la pista de hielo —rio.

—Me alegra escuchar eso.

Sakura sabía lo mucho que a su entrenador le dolía no poder estar al lado de su hija, en especial con ella siendo sólo una bebé. Le preocupaba perderse momentos importantes de ella, aunque fueran de lo más mínimo. Por lo mismo, a Sakura no le sorprendió en lo absoluto cuando su entrenador le llamó para decirle que la reunión de equipo, que iban a tener esa misma tarde, se cancelaba. Noticia que le daba una profunda dicha a su profesor, dicha que no podía ni ocultar por teléfono.

La mujer volvió a sonreír, haciendo señas para guiar a la pareja hasta el puesto favorito de Sakura, una mesa al lado de la ventana más grande.

—Me avisan cuando estén listo para ordenar, Sakura.

Dejando los menús a disposición de los universitarios, la mujer regresó a la caja.

Sasuke inspeccionó la carta con cuidado, paseando sus ojos por las distintas bebidas que ofrecía el lugar. Aunque no estaba seguro el por qué se tomaba tanto tiempo, ya que siempre elegiría su preciado café negro.

—¿Ya sabes qué ordenar? —los ojos verdes de Sakura lo miraban con diversión, como si ella supiera que sólo estaba fingiendo tomarse su tiempo.

—Hmp.

Sakura levantó la mano, en busca de algún mesero.

—Quiero un Caramel Macchiato y un trozo de pastel de chocolate, y ¿Sasuke-kun?

Volteó a verlo, esperando su respuesta.

—Expreso.

—¿No quieres nada para comer? —preguntó Sakura— Yo invito, recuerda.

Sasuke pensó unos segundos antes de responder. No estaba seguro si correspondía o no pedirle algo más, no eran amigos ni nada. Apenas sí habían cruzado palabra alguna desde que se conocieron en clases. Pero, por alguna razón, no quería llevarle la contraria.

—Un panini de tomate y queso —dijo al final.

La pelirrosa sonrió ante esto y completó la orden.

Sasuke apoyó el mentón en su mano izquierda, observando la nieve que ya comenzaba a acumularse de a poco en la calle. Parecía que todo el mundo estaba más que apurado en regresar a casa, así como él. Sin embargo, estaba muy cómodo como para querer moverse de ahí.

¿O era la compañía que le hacía estar cómodo?

Momentos después, la orden había llegado hasta a ellos. Sakura tomó un poco de su café, no sin antes ponerle un poco más de dulce de leche y canela. La sonrisa que formó al degustar su azucarada bebida dejó marcando ocupado a Sasuke. ¿Alguien podía ser tan feliz con sólo un sorbo de café?

Bueno, con el azúcar que se acaba de inyectar, me sorprende más que no le haya dado un coma diabético.

—Necesitaba algo caliente —suspiró— Suelo llevar un termo conmigo, pero hoy no tuve el tiempo de prepararme nada.

Sasuke bebió de su café para dejar de pensar demás. Disfrutó del amargo sabor y de la forma en que su cuerpo comenzaba a entrar en calor.

Cada uno gozó de su bebida y de lo que ordenaron para comer. Sasuke no dejaba de notar que Sakura siempre llevaba su mano libre a su mejilla, cada vez que le gustaba el sabor de lo que consumía. Era casi adorable de ver, así como intrigante.

—Quería entregarte esto la semana pasada, pero no pude —sacó de entre sus cosas la bolsa de papel con el suéter del Uchiha dentro— Muchas gracias por haberme ayudado ese día, Sasuke-kun.

El aludido extendió sus manos recibiendo el paquete con cuidado y mirando en su interior la prenda de vestir. Casi ni había extrañado el no tener su suéter regalón, ya que sus pensamientos habían estado ocupados en Sakura y en las razones de su ausencia el miércoles pasado. Así como en la persona que la estuvo acompañando el sábado por la noche.

—Hmp —guardó el paquete en su mochila antes de volver a ver a Sakura— ¿La razón de tu ausencia el miércoles pasado, tiene algo que ver con tu tobillo lastimado?

Sakura se sorprendió un poco, no pensó que el chico estaría interesado en conocer sobre ella. Es más, ya estaba sorprendida con que le hubiese aceptado la invitación, así como caminar juntos al salón de clases.

Dejó su café en la mesa y llevó un mechón de cabello detrás de su oreja mientras una triste sonrisa se formaba en su rostro. Sasuke miró con atención el cambio de actitud de ella, parecía perdida en sus pensamientos, como si la última semana hubiese sido una muy compleja para la chica.

—Tuve un partido amistoso —respondió suave, volviendo a picar un poco de su pastel antes de devorarlo; se notaba ansiosa.

Sasuke esperó a que la chica terminara de prepararse para que soltara lo que fuera que quería dejar ir.

—El miércoles pasado tuvimos un partido amistoso —recordó— Todo iba sobre patines. Literalmente, estábamos arrasando. Íbamos ganando —murmuró, nuevamente con tristeza.

Dejó escapar un suspiro y apoyó su cabeza en el dorso de sus manos.

—Me lastimé y me sacaron del juego. Fue para mejor. Digo, al final, sólo era un amistoso y teníamos la ventaja. Asuma-sensei no me iba a dejar jugando, corriendo el riesgo de empeorar la lesión. Pero —mordió su labio inferior, frustrada— lograron empatarnos y perdimos la muerte súbita, así como el partido.

Sasuke no estaba seguro de qué decir o cómo seguir la conversación. No había que ser un genio para saber que la Haruno la había pasado mal ese día y los que le siguieron.

—Pero… lo importante ahora es que me cuide para estar bien para el partido que se aproxima —los ojos jade se iluminaron con fuerza y decisión.

—¿Cuándo es? —quiso saber.

—En tres semanas. Todavía debo reposar una semana más, pero el sábado iré al entrenamiento a repasar las formaciones.

Sasuke hizo un pequeño gesto de satisfacción al escucharla con tanto entusiasmo. Ella tenía parecía tener una fortaleza que él carecía. Si hubiese tenido la mitad de su energía, no se habría hundido por tanto tiempo en la oscuridad de su corazón.

—¿Quieres otro? —apuntó la pelirrosa la taza vacía de café, Sasuke asintió seguro esta vez.

No se dieron ni cuenta y ya habían pasado casi dos horas en la cafetería. Si no fuera por Kurenai y su preocupación sobre la nieve y los estragos que podría causar en las vías, Sakura y Sasuke se habrían quedado ahí hasta que se aburrieran.

No platicaron mucho, pero la compañía del otro hacía que no quisieran irse de ahí. Era cálido y grato, incluso los silencios que pasaban mirando la nieve caer eran satisfactorios. Era extraño… para ambos. No se conocían, pero por alguna extraña razón, no existía la incomodidad entre ellos. Considerando que Sasuke había visto a Sakura desnuda, la estudiante de medicina tampoco se sentía cohibida por ese hecho en particular. Sasuke le daba una sensación de seguridad con el simple hecho de estar en su presencia. Y Sasuke sentía una calidez que no había experimentado en años. Calidez que sólo a su lado podía sentir.

—Hoy no fuiste a clases —reparó entonces el azabache cuando iban camino al metro, casi arrepintiéndose de sus palabras al instante de haberlas pronunciado.

—Mis clases también fueron suspendidas. Sólo debía ir a la clase de ustedes —aclaró— De otra forma, no te hubiese podido invitar a comer. Mi campus queda algo lejos de aquí y siempre debo salir corriendo para no llegar tarde.

Sasuke entendía a lo que se refería. El año pasado, el Uchiha había tomado una clase que le quedaba casi que al otro lado de la ciudad. Estuvo todo un semestre maldiciendo la elección de dicho ramo por lo mal que lo hacía pasar. Y aunque nunca llegó tarde, tener que correr entre estudiantes para llegar a su sala de clases no era un deporte que quería volver a practicar.

—Entonces, ¿por qué decidiste ayudar a Tsunade?

Sakura se rio y luego volteó a verlo.

—No pensé que fueras de los curiosos, Sasuke-kun.

Fue ahí cuando Sasuke se dio cuenta que, efectivamente, estaba curioso. Demasiado curioso. Era raro que fuera él quien hiciera las preguntas, siempre era al revés y él respondería con algún movimiento de cabeza o sonido extraño. Pero con Sakura, eso cambiaba. Y ahora ahí estaba, mirando atento a la chica, esperando por una contestación.

—No debes responder si no quieres.

Sakura volvió a reír antes de responder.

—Descuida, no hay problema en que lo haga —ajustó su gorro para cubrirse del frío— Tsunade-sama es muy cercana a mí. Me ha ayudado mucho. Y yo quise ofrecerle mi ayuda, cuando me comentó que la modelo que ya tenía pensado se había echado para atrás. Ya antes había modelado en otras clases, pero es mi primera vez haciendo desnudos —confesó— De hecho, estaba tan nerviosa el primer día que agradecí mucho cuando estaba posando y te tenía a ti frente a mí.

Sasuke dio un respingo frente a esto.

¿Por qué lo dice?

—Lo sé. No nos conocíamos ni nada. Sólo eras el idiota que me botó al suelo y no me ayudó a levantarme —rio— Pero, por alguna razón, tienes un aura o algo que me ayuda a centrarme.

Sasuke no sabía si sentirse ofendido o alabado. Lo había insultado y elogiado, o algo así, en una misma oración. Sus ojos negros miraron con duda a Sakura y a su extraña manera de expresarse sobre los otros, más con ellos en su presencia.

—¿Qué? —lo miró con fingida sorpresa— No puedes negar que sí fuiste el idiota que me atropelló ese día, Sasuke-kun. Lo fuiste. Ibas tan rápido que me sorprende que no hayas arrollado a nadie más —se burló.

—Hmp.

Sasuke no sabía mucho qué más decir. Sakura era raramente directa, no parecía de las chicas que fueran y dijeran lo que piensan de una.

—Pero —hizo una pausa, admirando la nieve que ahora estaba en su cabello rosado— también eres alguien que transmite mucha paz.

Sasuke no podía estar más en desacuerdo con ella. ¿Transmitir paz? ¿Él? Cómo se notaba que no se conocían nada.

—¿Por qué estás tan segura? —apretó los puños que estaban en sus bolsillos de la chaqueta, como si estuviera ansioso por lo que vendría a continuación.

—¿Por qué no lo estás tú?

Los ojos jade de Sakura se engancharon de las obsidianas de Sasuke, mientras éste seguía procesando la pregunta de la chica.

Su corazón se apretó dolorosamente. ¿Por qué se sentía de ese modo?

Por los últimos dos años, Sasuke había alejado a todos de su lado. Sólo su hermano y el idiota de Naruto mantenían una estrecha relación con él. No se sentía juzgado ni tampoco lo miraban con lástima. A diferencia de sus padres, quienes podrían amarlo hasta el final de sus días, pero no sabían cómo ayudarlo para sacarlo de ese hoyo en el cual había caído. Y aunque mantenía una sana relación con su madre, ninguno de los dos ahondaba en aquel tema. Por más que a Sasuke le gustara compartir sus temores con su propia madre, no podía. El simple hecho de recordar aquella experiencia lo volvía alguien incapaz de contralar sus sentimientos, mucho menos sus acciones. Y lo que menos quería en el mundo era herir a sus padres.

Sasuke se quedó mudo. No sabía qué decir.

—Creo, Sasuke-kun, que eres alguien que ha sufrido mucho y por eso no te percibes de esa manera —rompió el silencio Sakura— Pero también creo que eres alguien que lo último que quiere hacer es lastimar a otros.

¿Acaso esta chica leía los pensamientos?

—Repito de nuevo —murmuró él—, ¿por qué estás tan segura? ¿Cómo puedes pensar así de mí?

—Tus ojos, Sasuke-kun —respondió rápido y sin duda en sus palabras— Eres un hombre de pocas palabras, pero tus ojos hablan mucho por ti.

Se detuvieron en el sector de pago para entrar al metro. La estación estaba gélida y casi ni había personas, sólo el personal que intentaba mantener el calor con alguna que otra taza de té.

—Sí, eres el idiota que me empujó al suelo y no me ayudó a levantarme. Y también has sido el estudiante que ha visto mi cuerpo desnudo en varios ángulos. Pero en ninguno de esos momentos me sentí mal ni nada parecido, y fue gracias a la tranquilidad que tu mirada me logró transmitir.

—¿Acaso, te sentiste feliz que te haya tirado al suelo? —respondió toscamente.

Estaba algo molesto porque no entendía a lo que apuntaba Sakura. Y odiaba no entender las cosas, en especial, cuando trataba de él.

—No. Me dolió —puntualizó— Me tiraste como un bruto animal —rio— Pero, cuando no pudiste ayudarme, en tus ojos vi que no había sido tu intención. Y también noté lo afligido que estabas por lo ocurrido. Por eso —sacó su ticket y pagó para adentrarse al andén— posé en tu dirección. Quería comprobar si al mirarte, se me irían los nervios y el temor de estar desnuda frente a tantos.

Sasuke no acompañó a Sakura en sus acciones. Ambos vivían en direcciones opuestas, quedándose Sasuke del otro lado de la zona de pago, algo molesto por ese simple hecho.

—¿Y qué crees?

Sasuke tragó duro mientras sus puños se apretaban más aún en sus bolsillos.

—Si no me la hubieses dado, nada de lo que hicimos hoy habría pasado.

Sakura le regaló otra de sus sonrisas y, haciendo una pequeña reverencia mientras agradecía por la compañía, se despidió de él.

Sasuke se quedó unos minutos pegado al suelo, manteniendo la mirada fija en el lugar en donde había estado la chica sólo momentos atrás. Se sentía aturdido. Sakura le había hablado con tanta confianza, como si fueran mejores amigos de toda la vida, y no le molestaba. Y aunque aún discrepaba de la visión que ella tenía sobre él, era agradable que alguien ajeno a su círculo pudiera ver cierta calidez dentro de él.

—Supongo que no es tan molesta como pensé…

Dirigiéndose a la dirección correspondiente para tomar el metro, el sonido de su celular captó toda su atención, olvidando por unos momentos a la pelirrosa. Era un mensaje.

Sorpresa había en sus ojos cuando leyó el nombre del remitente.

—¿Karin?


¡Hola a todos! Estoy muy feliz porque logré terminar el capítulo 7, justo a tiempo porque el lunes regreso a clases y no sé cuándo podré actualizar nuevamente T.T

Pero estará escribiendo el capítulo 8 desde ahora porque el próximo capítulo será muy entretenido jiji

Y sí, lo sé. Va a aparecer Karin. Al fin llegué a esta parte de la historia. No, aún falta para el drama. Les prometo que les gustara el próximo capítulo porque tendrá más momentos entre este par de tórtolos. Y entenderán el rol de Karin en esta historia. Y nop, no es el que ustedes están pensando.

Así que eso. Nos estaremos viendo en el siguiente capítulo o en alguno de mis one shot.

Gracias por el apoyo.

Se me cuidan

Kenru out~