Tu esencia en mí
Síntesis: Naruto es un omega huérfano que no se siente bien recibido en el hogar de acogida que le asignaron. Su único escape es la escuela, donde sin embargo le cuesta hacer amigos, pues sus compañeros le tienen lástima. Un día, sin embargo, el intercambio de un pañuelo sirve de excusa para que conozca a Sasuke y todo en su mundo cambie.
Advertencias: one-shot omegaverse SasuNaru ubicado en un AU escolar. Naruto omega y Sasuke alfa. La familia de Sasuke está viva (aunque solo se la menciona). Hay OoC.
Notas: esta historia es producto de una actividad realizada en un video en vivo que llevé adelante en Facebook el 6 de julio de 2021. El público comentaba qué personajes quería que aparecieran, en qué situación, etc… yo traté de dar forma a todo eso, pero la historia no es realmente mía. Por eso, pueden aparecer temas sobre los que no suelo publicar, como el omegaverse en este caso. Además, debía escribir a muchísima velocidad (a medida que me llegaban los comentarios), por lo que era muy difícil pensar un desarrollo profundo o una frase poética. Pueden ver el proceso en la sección "videos" de mi página de Facebook. Me la paso bien escribiendo de forma colectiva y creo que el resultado ha sido bueno, ¿ustedes qué opinan? Si quisieran participar de otra sesión de escritura creativa, no se pierdan los videos en vivo que hago todos los martes a las 18hs (de Argentina). La imagen de portada fue realizada durante el vivo por Anita Ilustraciones, quien también sugirió el título. Por favor, ¡síganla en sus redes!
¡Gracias a todas las bellas personitas que participaron!
Aquel día de lluvia, Naruto llegó a la escuela empapado. Otra vez había discutido con su tutor temporal, ¡odiaba esos hogares de acogida! Entre gritos y situaciones incómodas, había salido de la casa dando un portazo y ni siquiera había pensado en tomar un paraguas. Cuando abrió la puerta de su aula, con la camisa chorreando y la piel fría, sus compañeros lo observaron. Frente a sus expresiones de lástima, él desvió la vista con orgullo, decidido a no mostrar flaqueza. Caminando firme, se dirigió a su asiento habitual, al fondo de todo, en completa soledad.
Shikamaru, que se sentaba delante de él, se volteó para ofrecerle una toalla. Naruto le agradeció con una sonrisa, como si aquella situación fuera normal y tan solo le estuviera prestando un lápiz para completar las tareas. Mientras sacudía el cabello para quitarse de encima las gotas más pesadas, pudo sentir una mirada en su espalda. Se giró bruscamente para atrapar al responsable, pero allí solo estaba Sasuke Uchiha, un chico silencioso y con buenas notas que había entrado ese año. No creía que alguien como el Uchiha estuviera prestándole atención a un chico desaliñado y torpe como él, que ni siquiera podía llegar a clases con la ropa seca y limpia. Sin embargo, apenas regresó su vista al frente, volvió a percibir esa extraña sensación detrás suyo. Se propuso ignorarla, pero, cuando empezó a estornudar, la sensación se intensificó, hasta que un pañuelo apareció ante su vista.
Se trataba de Sasuke que, sin mediar palabra, le extendía una suave tela blanca.
—Ah… ¡gracias -ttebayo!
El otro solo asintió, sin agregar nada. Naruto, desconcertado por su silencio, retomó la palabra.
—Prometo lavarlo en casa y traerlo limpio para mañana.
—No te molestes —respondió Sasuke, al fin—. Quédatelo.
A pesar de que el muchacho fue claro y que, además, su intercambio se redujo a eso, Naruto igualmente apareció al día siguiente con el pañuelo lavado y un chocolate.
—¡Muchas gracias por tu pañuelo! —exclamó, tras acercarse durante un recreo, y se lo tendió, con una gran sonrisa.
Sasuke se echó para atrás, incómodo.
—Te dije que no me lo devolvieras.
El rubio se apenó y dudó por un momento.
—Sé que no soy muy agradable, pero… ¿tanto como para que no quieras tu pañuelo solo porque lo he usado?
Frunciendo el ceño, molesto por su interpretación, Sasuke hizo un mohín y permaneció en el lugar cuando Naruto insistió con acercarse. Tomó el pañuelo y el chocolate con brusquedad, pero de inmediato se alejó. Sin embargo, aún a distancia, Naruto pudo comprobar que se había sonrojado.
—Claro que no eres desagradable, estúpido —murmuró el chico, apretando el pañuelo contra sí.
—¿Y entonces?
—Es que… ¿no lo ves?
—¿Qué cosa?
—¡Eres un omega!
—¿Y qué con eso?
—Yo soy un alfa…
—Bueno… hay otros alfas, omegas y betas en la clase, ¿que acaso crees que soy menos por ser omega o algo así? ¡Te aseguro que soy tan fuerte como cualquiera y puedo demostrártelo cuando quieras!
Sasuke, apretando los dientes, negó con la cabeza.
—No pienso que seas menos.
Naruto dio un paso hacia él.
—¿Y por qué te alejas?
—¿No se te ocurre por qué? Cabeza de chorlito.
—Mmm… no lo sé… ¿por qué no me lo dices y ya?
Sasuke se lo pensó un momento. El aroma que se desprendía del pañuelo ya estaba mareándolo. Le costaba analizar la situación con su racionalidad característica. Quizás por eso, o no sabía bien por qué, finalmente murmuró:
—Si me prometes que a la salida me dejarás acompañarte hasta tu casa, te lo digo.
Ahora era Naruto el sonrojado.
—No… no quiero regresar a casa después de la escuela. No me siento a gusto allí.
—Ya… entonces… ¿vendrías a la mía?
Naruto dudó. ¿Cómo había pasado de alejarse de él a invitarlo a su casa? Por un segundo recordó el insistente consejo de su profesor de Educación Sexual, Kakashi, quien solía sugerir que los omegas nunca deberían aventurarse solos en la casa de un desconocido. Sin embargo, Sasuke no era un desconocido, ¿verdad? Aunque no hubieran hablado mucho, ya hacía varios meses que se sentaban uno delante del otro y hasta ahora nunca había visto ninguna actitud peligrosa de su parte. Por otro lado, Naruto se consideraba muy fuerte y no creía que ningún alfa fuera a poder vencerlo, así que estaba convencido de que mientras se tuviera a sí mismo estaría a salvo. Después de todo, a lo largo de su vida entera nunca había habido nadie más que lo cuidara, así que ¿por qué iba a necesitarlo ahora? Esta era una oportunidad perfecta para huir del tormento que le representaba estar en aquel hogar de acogida donde solo lo habían tomado para que les hiciera la limpieza y obedeciera sus órdenes, sin preocuparse por sus sentimientos.
—Está bien. Iré a tu casa. Ahora, dime qué es eso de lo que me tendría que haber dado cuenta, según tú.
—Es que estás en tu celo.
—¿Cómo? ¿Y tú cómo lo sabes?
—Es que nos sentamos muy cerca. Llevo oliéndote desde que llegué a la escuela. Tu aroma cambia cuando estás en celo y estoy seguro de que es ese momento del mes. Normalmente hueles salado… como a… no sé, a ramen o a algo así. Pero hoy es diferente, es más intenso y más…
—¿Más qué?
—Como… algo picante. Algo… algo sabroso.
—Mmm… no sé, Kakashi-sensei dijo que solo los destinados pueden sentir con tanta claridad el aroma, sobre todo ahora que aún somos jóvenes y no terminamos de desarrollarnos. No te creo, para mí que estás inventando.
Sasuke se encogió de hombros. Naruto volvió sobre el tema del pañuelo.
—¿Y qué tiene que ver si estoy en celo con que rechaces el pañuelo?
—Pues… —Sasuke ladeó la cabeza—. Cuando estemos en mi casa te lo explico. Sin falta te espero a la puerta apenas toque el timbre.
—Mmm… ¡cómo te gusta hacerte el misterioso! Pero, está bien, no te tengo miedo. Iremos a tu casa.
Cuando acabó la jornada, allí estaban Naruto y Sasuke uno junto al otro, en silencio, nerviosos y sin saber qué decir, caminando desde la escuela hasta la casa del moreno, que quedaba a pocas cuadras.
Una vez allí, Sasuke quiso esquivar a su familia, que estaba en la cocina, por lo que tomó a Naruto de la muñeca y tiró de él para que lo siguiera escaleras arriba.
—¡Vamos a mi habitación! Allí podré explicarte con más tranquilidad.
Ya arriba, Sasuke tomó de los hombros a Naruto para tenerlo frente a él. Este se sonrojó violentamente. De pronto, él también se vio invadido por el aroma de Sasuke, que era penetrante y masculino, como a maderas o a algún mineral. Sintió el súbito deseo de hundirse en ese olor, como si eso fuera a protegerlo del mundo. Esa sensación tan agradable lo obligó a quedarse en el lugar, a pesar de que el aumento constante de la cercanía entre ellos lo ponía muy nervioso.
—Ahora vas a entender lo que yo sentí cuando me diste el pañuelo —exclamó Sasuke, tras lo cual se retiró la bufanda roja que llevaba en el cuello y la enroscó en torno a Naruto—. Ahora que estás cerca de mí y que puedo sentir tu celo, también yo despido un aroma que seguramente puedes sentir, ¿no es verdad?
Naruto, envuelto en la cálida bufanda, se estremeció. Aquello era ubicarse en el centro de una fogata y las llamas le lamían las mejillas a medida que el aroma impregnado en la lana entraba por todos sus poros.
—S-sí… sí lo puedo… sí lo puedo sentir. ¿Qué significa esto, Sasuke? ¿Por qué me das tu bufanda?
—No quiero que nadie más pueda sentir tu aroma como yo lo hago. Quiero que si alguien se te acerca pueda saber de inmediato que yo te elegí.
Sonrojado, Naruto tartamudeó.
—¿D-de qué hablas? Esta bufanda es muy bonita, tengo que devolvértela, no puedes regalarme algo tan valioso.
—Nada sería para mí tan valioso como verte llevarla puesta. Te ves hermoso, Naruto.
Temblando, el rubio permitió que Sasuke se aproximara aún más. Ahora que podía detenerse a mirarlo, veía que su rostro tenía una expresión seductora que movilizó hasta el centro de su ser. Sin embargo, lo que más lo mantuvo en su sitio fue reconocer en sus ojos un ansia por cuidarlo, por quedarse junto a él cuando nadie más lo había hecho nunca.
Despacio, sus labios se juntaron y, a pesar de las extrañas circunstancias, a pesar de que aún necesitaban conocer todo el uno del otro, pudieron saber, con total seguridad, que ambos habían encontrado a la persona que siempre habían buscado.
* * * FIN * * *
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