XII

El lunes por la mañana, lo primero que hice fue acercarme hasta el hospital para arreglar lo del seguro médico de mi hermano. Me había pasado todo el fin de semana con él, aprovechando que Klaus había estado fuera en Shreveport con su amigo viajero y Amelia regresó a Nueva Orleans ultimando los detalles de su mudanza a Bon Temps. Me alegraba saber que mi hermano cada vez se encontrara mejor. Le llevé algunas fotos de cuando éramos pequeños que tenía guardadas y se acordó de la tarde en la que jugamos al beisbol con mi abuela. Nadie sabe lo aliviada que me sentí cuando me dijo que se acordaba de eso.

Había dejado a Adele con Klaus cuando éste regresó de Shreveport. Me quedaban pocos días con él, así que no quería estar mucho tiempo fuera y disfrutar de su presencia aquí. Me gustaba tenerlo en casa, pero debía prepararme también a que en nada se marcharía y no sabía cuándo nos volveríamos a ver.

Mejor no pensar en ello ahora.

Tal vez en verano le hiciera una visita a París. Sí, me parecía buena idea. Además, no había estado nunca allí y es un lugar que siempre había soñado visitar. Me llevaría, eso sí, a Adele. Sería estupendo que su primer año lo celebrara en la ciudad de la luz, ¿no? Sería precioso poder decirle a mi hija cuando fuese mayor dónde celebramos su primer año de vida.

Ahora es demasiado pronto para pensar en ello, así que ya lo haría más adelante. Tal vez lo consulte con Klaus, a ver qué opina.

¿Y con Eric? Bueno, no es que le tenga que dar explicaciones sobre adónde voy de vacaciones, pero es mi socio y debo consultarle los días que me pienso tomar la libertad de irme a descansar.

¡Ugh! Ahora tengo la sensación de que tengo que darle explicaciones por todo. Y no, no se las voy a dar, pero…

Me paré en un semáforo. Comenzó a chispear y no sé por qué, recordé cuando llevé a Eric justo en el asiento del copiloto, desnudo y con la mirada ausente. Ahora ese asiento estaba completamente vacío. Llevaba tres malditos días sin saber nada de él y no sé si debería preocuparme, pero se supone que nuestro vínculo por el hechizo de las almas gemelas debería decirme dónde está, ¿no?

¡Maldita sea! Odio preocuparme por él por supuestas tonterías, pero es que se desvaneció de repente, sin decir nada más y por más que le llamara, por más que intentara contactar con él, no hubo manera.

Y si no tenía suficiente preocupación por Eric, Bill y Pam también habían desaparecido. O al menos aparentemente. Llamé a India, para que me pasara con Pam y ver si así ella me aclaraba qué estaba pasando, pero nada… Además, evidentemente, acabó dándome plantón este fin de semana, cuando tenía que haber quedado con ella y no se presentó. India, una vez más, no tenía ni la menor idea de dónde estaba su pareja porque tenía toda la pinta de que se lo ocultaron para protegerla. Me estaba empezando a dar pena, porque de verdad que no es justo que la aparten tanto de este asunto. Pero por otro lado, si es para protegerla de los asuntos turbios en los que, lamentablemente, estábamos metidos, mejor que se mantuviera al margen. Esperemos que Pam algún día le comente todo esto, porque no debería vivir eternamente en la ignorancia. Y que India, claro está, sea bien comprensiva.

Llegué antes de lo previsto al hospital. Le pregunté a la recepcionista hacia dónde debía dirigirme y me indicó la administración del hospital. En el despacho, me dieron unos cuantos papeles que debía de firmar. Y entre ellos, tenía el de la factura de mi hermano con todo lo que le habían hecho. La verdad es que le hicieron muchas cosas que no tenía ni la menor idea, ni siquiera que el coste fuese tan grande. Pero bueno, no me importaba tener que pagar todo aquello.

—Muy bien, señora Stackhouse —empezó a decirme la administrativa, entregándome un papel y un boli—, aquí es donde debe echarme una firma, y aquí —dijo pasando una página.

Cogí el bolígrafo e hice un garabato en donde me señalaba. Le entregué los papeles y ella me dio la copia que sería para mí.

—Pues eso es uno y otro… —Me dio una carpeta con una copia del diagnóstico de Jason—. Aquí tiene lo que nos pidió por teléfono…

—Gracias.

Me marché, hojeando el historial. No suelo pedir una copia de estas cosas, pero teniendo que pagar todo el dineral, me parecía lo más indicado. Así sabía qué es lo que le habían tenido que hacer.

Me quedé clavada en una cosa que no me encajaba, y que no tenía sentido. Me di media vuelta regresando al despacho de la administrativa.

—Perdone, ¿con quién debo hablar para que me responda unas dudas con respecto a este diagnóstico?

—Debe hablar con el doctor que lo firma…

Lo hojeé hasta dar con el nombre.

—¿Y dónde puedo localizar al Doctor Schmidt?

—Pues si me da un segundo, se lo digo en un momento. Si no estuviera, te puedo dar cita con él…

Asentí, deseando que el médico estuviera en el hospital y no tuviera que regresar en otro momento.

Para mi suerte, la administrativa me dio luz verde para que fuese a la tercera planta, donde se encontraba el doctor, que había salido de una reunión con otros médicos.

Una vez que estuve en el despacho del médico, llamé a la puerta y me atendió sin problema.

—Buenos días, Doctor Schmidt. Soy Sookie, la hermana de Jason Stackhouse, que estuvo aquí ingresado hace unos días por un traumatismo en la cabeza…

—Sí, le recuerdo. ¿Ha ocurrido algo con él?

—No, no. He pasado el fin de semana con él y está perfectamente. Solo he venido por unos asuntos del seguro médico, que ya he solucionado, y también a por el historial de su último ingreso. Y he visto algo en el diagnóstico que me ha llamado la atención porque no entiendo por qué le faltan algunos datos…

—No, todo lo que pone ahí es correcto.

—Pero es que faltan datos, porque a él le diagnosticaron…

—No. Está todo bien.

Fruncí el ceño sin entender absolutamente nada. No me hizo falta seguir preguntando porque se lo pude escuchar alto y claro en la mente del doctor.

Estaba furiosa. No me podía creer que Jason fuese capaz. A mí, que siempre me había pedido que no me metiera en su mente y casi siempre se lo he respetado. Y justo ahora nos hace esto.

Estaba que trinaba.

Me disculpé con el medico y me marché de allí lo más rápido que pude. Estuve todo el camino pensando en la mejor manera de matar a mi hermano. Sí, me daba igual que estuviera convaleciente, pero esto no tenía nombre. Estoy harta de tantas mentiras y esta vez se había pasado mil pueblos.

Le mandé un mensaje a Klaus para comentarle que iba a llegar un poco más tarde. Tenía que pasar por casa del idiota este y no sabía cuánto iba a tardar, así que mejor que lo supiera.

Paré el coche en mitad del camino, en la cuneta. Necesitaba relajarme o me iba a dar algo. Debía pensar en algo que le hiciera confesar. Cerré los ojos y respiré hondo. Me concentré en algo que me hiciera sentir bien. Recordé el fiordo donde me llevó Eric en sus recuerdos. Me gustaba aquel lugar, por lo que me centré en ese sitio. Me imaginé volver a pisarlo, tal vez en un futuro no muy lejano. Si es que Eric seguía con vida. Bueno, ya me entendéis.

Me exaspera no tener aún noticias suyas. Ni de nadie. Solo deseaba que todos estuvieran bien.

De pronto, recordé que tenía una foto en el coche. Era una un poco tonta que me tomé con Sam hace un par de años. Estábamos en casa y se me había perdido una sortija de mi abuela. Él solía trabajar mejor en su forma canina, por lo que se transformó en él. La encontró en seguida. Estuve riéndome un rato de Sam, bromeando con darle de recompensa un trozo de filete que acababa de comprar en la carnicería. Sam me ladraba meneando el rabo alegremente y estuvimos jugueteando, yo con el trozo de carne en la mano y él corriendo detrás de mí, queriendo atrapar la carne. Jason vino de sorpresa y nos pilló, echándonos una foto justo cuando Sam me arrancó el trozo de la mano. Me la estaba chupeteando y justo en ese instante fue cuando mi hermano aprovechó y nos tomó la instantánea. Es una foto graciosa y entrañable. La guardo en el coche porque siempre que me siento triste o echo de menos a Sam, la miro. Y consigue que me sienta mucho mejor. Como en este preciso momento.

Pasé por la gasolinera de camino a casa de Jason. Tenía que repostar de todos modos, pero me venía bien para calmarme los nervios y no pensar en que tengo un hermano que es idiota.

Cuando fui a indicarle al chico la gasolina que debía echar, me percaté de la presencia de Alcide. No tenía buen aspecto, como si llevara varios días sin dormir.

Me metí en el local y cogí un paquete de pañales. Quería disimular y también los necesitaba.

—Alcide… —murmuré acercándome a él—. ¿Cómo estás?

No contestó. Tan solo se limitó a levantar levemente los hombros, mirándome de reojo. Cogió una bolsa de palomitas y se dirigió a la zona de refrigerados, sacando una botella de Coca-cola.

—¿Cómo está Jason? Me han dicho que ya le han dado el alta.

Algo le pasaba, de eso estaba segura, porque no me miraba y se le notaba distraído.

—Bien. Cada vez mejor.

—Me alegro.

Se dirigió a la caja y fui tras él. Dejé el paquete encima del mostrador.

—¿Estás bien? Pareces cansado.

—Estoy cansado. —Seguía sin mirarme a la cara y su voz sonaba ronca.

—¿Todo bien en casa?

Silencio. Lo único que se escuchaba era el pitido de los artículos cuando el dependiente pasaba el código de barras. Me sentía incómoda ante aquel silencio. No quería meterme en su mente, así que me limité a ignorarle también. Si no quería hablar, debía respetarle. Le entregó al dependiente un billete de veinte y le pidió que se quedara con el cambio. Cogió su bolsa y salió de allí como alma que lleva el diablo.

Lo miré incrédula. Ni siquiera se despidió.

Pagué con la tarjeta lo que le debía y salí de allí. Le di diez dólares al chico que me echó la gasolina como propina.

Arranqué el coche y, cuando me disponía a salir de la estación de servicio, Alcide entró en mi coche, con las bolsas que se había llevado en la mano, y se sentó en el asiento del copiloto.

No entendía nada.

Me miró con tristeza. Cerró los ojos y dijo atropelladamente:

—No estoy enfadado contigo. De verdad que no. Lamento lo de antes, es solo que llevo una semana de mierda y no me apetece hablar. Solo quiero que se acabe esta pesadilla y quería tener unos minutos para mí. No esperaba verte aquí y me has pillado en un mal momento.

—Eh, está bien. Si no quieres hablar ahora, no pasa nada. Lo entiendo. Si en un rato o más adelante, te apetece hablar con alguien, mi teléfono está a tu disposición. Sea a la hora.

—Tú tienes tus propios problemas como para tener que aguantar los de los demás.

—He dicho a la hora que sea, Alcide.

—Está bien. Debo marcharme.

Asentí y se fue por donde vino.

Pude ver un ligero brillo en sus ojos antes de marcharse. Parecía como si quisiera decirme algo terrible con la mirada, pero no estaba en condiciones. Solo deseaba que no fuese nada importante y que estuviera bien.

En cuanto salí de la gasolinera, escuché mi teléfono sonar en mi bolso. No podía entretenerme mientras conducía, así que no me quedó más remedio que dejar que sonara. Si era importante, ya me dejarían un mensaje en el buzón de voz.

Aproveché un semáforo en rojo para mirar a ver quién había sido: Amelia.

Pulsé el botón para escuchar el mensaje mientras continuaba con mi camino:

Sookie, soy yo, Amelia. Voy de camino a Nueva Orleans otra vez por un problema con el papeleo del nuevo colegio de Phoenix. Tengo que ir a ver qué es lo que pasa. No puedo ir más tarde porque perdería muchos días de clase, así que hoy no nos podemos ver. Pero no te preocupes, que el libro se lo he dejado a Natasha en la tienda y estará allí hasta las cuatro, que ha de esperar un proveedor. —Suspiro largo—. Lo sé, a cuatro días de la inauguración de la tienda y tenemos mil problemas por en medio. Solo espero que se solucionen antes del miércoles porque me va a dar un patatús. Bueno, te tengo que dejar. Espero verte en viernes en la inauguración. Voy a estar muy liada estos días, así que mejor nos vemos allí. A las doce y media, ¿de acuerdo?

No me acordaba del libro. El que trajo el otro día sobre las almas gemelas. Se lo pedí ayer en vista de que Eric no aparecía ni daba señales de vida. Pero entre una cosa y otra no hemos podido quedar antes. Menos mal que había un intermediario que me lo podía dar, porque no sé yo qué haría hasta entonces. Necesitaba respuestas sobre qué estaba pasando entre los dos ahora mismo y las necesitaba ya. No me quedaba tranquila hasta que eso no pasase.

Hice un desvío hacia el pueblo antes de pasar por casa de Jason. Me venía bien hacer tiempo hasta entonces. La tienda de Amelia no estaba muy lejos y me pillaba de paso. Cuando llegué, la persiana de la tienda estaba medio subida. Dejé el coche en doble fila porque solo iba a ser coger el libro y marcharme. Puse las luces de emergencia y salí del coche. No parecía haber nadie en la puerta esperándome, así que me agaché y entré como pude.

—¿Hola? —vociferé una vez estuve dentro.

Tal vez Natasha estuviera en el aseo. Vi el libro de Amelia encima de una estantería. Estaba todo un poco vacío, pero según me dijo Amelia ayer, esta misma mañana venían los pintores. Como fuere, cogí el libro y me adentré un poco más en el local. No quería marcharme sin más, solo quería avisar a la compañera de Amelia de que había estado allí. Busqué una libreta donde anotarlo, pero escuché un ruido que provenía del almacén.

Una cabeza con espesa melena rizada y cobriza se asomó por la puerta. Sus grandes ojos ambarinos se fijaron en mi presencia.

—¡Hola! —exclamó con una enorme sonrisa en los labios—. Tú debes ser Sookie, ¿verdad?

—Y tú, Natasha.

—Sí. No te escuché entrar, lo siento. Estaba haciéndole un hueco al pedido que estamos esperando, porque no sé dónde lo voy a meter hasta que terminen los pintores… Bueno, eso creo que no es asunto tuyo. Y veo que has cogido el libro que Amelia dijo que necesitabas.

Me preguntaba si le habría dicho algo al respecto y los motivos por los que lo quería. Aunque lo que me llamaba la atención era que tarareaba mentalmente una canción todo el rato. ¿Sabría también lo de mi don?

—Sí y será mejor que me marche que he de hacer un montón de cosas todavía. Lamento no poder quedarme más tiempo a charlar, pero tengo el coche en doble fila.

—No te preocupes. También tengo mil cosas que hacer y el proveedor llega con retraso. —Puso los ojos en blanco y respiró hondo—. ¿Nos vemos el viernes? Para entonces todo esto estará mucho más bonito, lo prometo.

Otra enorme sonrisa se asomó por su rostro.

—Aquí estaré —dije dirigiéndome hacia la puerta, echándole un último vistazo.

Desapareció de mi vista antes de salir. Debió regresar al almacén.

Una chica un tanto peculiar, diría yo. Pero quién soy yo para decir eso.


Me llevó más de tres minutos poder salir del coche sin pensar en querer partirle la cabeza a mi único hermano. Respiré hondo varias veces y cerré los ojos. Debía hacerlo si no quería quedarme huérfana del todo. Saqué la foto de la visera del conductor y la metí en el bolso. Al hacerlo, me di cuenta de que tenía una llamada perdida de Klaus. Seguramente me habrá llamado mientras estaba en la tienda de Amelia. Luego lo escucho, que tenía que patearle el culo a un hombre pantera.

Llamé a la puerta con los nudillos y en cuestión de unos pocos segundos me abrió Michele. Se le veía agotada físicamente. Se notaba que llevaba todos estos días sin dormir mucho. Y eso que este fin de semana había estado con ellos, pero mi hermano podía ser agotador.

—Sookie, ya estás aquí —comentó, dejándome entrar; llevaba un trapo en la mano, por lo que la habría pillado limpiando—. ¿Has pasado ya por el hospital?

—Sí, aunque no vengo por eso.

—¿Entonces? —Arrugó la frente, sin entender—. ¿Ha habido algún problema con los papeles?

—No, no, he podido hacerme cargo sin ningún problema.

Sonreí, intentando disimular todo lo que me pasaba. Necesitaba poner nervioso a Jason, no a mi cuñada. Ella me miró aliviada de que la cosa no fuese con el pago de lo del hospital.

—¿Y dónde has dejado a mi sobrina?

—Con Klaus.

—Está bien cuidada y entretenida, entonces.

—No lo sabes tú bien. No quería estresarla más con todo lo que tenía que hacer esta mañana. Estoy pensando en contratar a una niñera, porque en un par de semanas regreso al trabajo.

—¿Tan pronto? Pensé que esperarías un poco más…

—Con Jason aún convaleciente, he de adelantar en mi regreso. Y aún tengo que contratar a un nuevo encargado para sustituirlo. Por cierto, hablando de mi hermano, ¿dónde está?

—En el salón —comentó señalándomelo—. En un rato haremos los ejercicios que nos dijo el médico que debía hacer antes de que empiece la rehabilitación.

—¿Cuándo empieza?

—El miércoles tiene revisión y si todo está en orden, el mismo miércoles.

Sonreí y pasé al salón, donde Jason estaba recostado en el sofá. Llevaba un cojín debajo de la escayolada pierna.

—¿Cómo te encuentras esta mañana? —le pregunté a mi hermano con una sonrisa artificial.

Jason se encogió de hombros.

«Aburrida, sin poder salir de aquí», pensó.

—Normal, como hasta ahora —contestó sin darle aparentemente importancia. Pero yo sabía que no era así.

Ahora te vas a enterar, pedazo de idiota.

Entrecerré los ojos y saqué la foto de mi bolso.

—Michele, cariño, ¿te importaría traerme un vaso de agua? Tengo la garganta seca —le dije a mi cuñada; necesitaba tenerla distraída mientras intentaba sonsacarle la verdad a mi hermano. Claro que, después de esto, tal vez dejaría definitivamente de ser mi cuñada—. Jason —me dirigí a él con una encantadora sonrisa en la cara—, te he traído esta foto porque a lo mejor te acuerdas.

Le entregué la foto y él negó con la cabeza.

—No tengo ni la menor idea de esto…

—¿Estás seguro? Porque ese perro estuvo muchos años en nuestra familia. Se llamaba Dean y adoraba a la abuela. Se puso muy triste cuando murió y al final él murió al poco…

«¿Dean? Pero si el de la foto es Sam convertido en un collie».

—Vaya, para no recordar al de la foto, bien que sabes que es Sam…

Jason boqueó varias veces, nervioso.

—Yo no he dicho eso…

—No, pero lo has pensado.

—¡¿Me has leído la mente?! —protestó, con el ceño fruncido—. Sabes que no me gusta que hagas eso.

—Vaya, vaya, hermanito, ahora también recuerdas que soy telépata…

Me crucé de brazos, viendo cómo mi único hermano balbuceaba sin sentido.

—Yo… yo no…

—¿Qué está pasando aquí? —quiso saber Michele, que regresó con mi vaso de agua.

—Aquí, el mendrugo de mi hermano —le contesté torciendo el gesto—, que se ha inventado una amnesia que no tiene.

Michele le miró con los ojos como platos.

—Jason…

El aludido miró al suelo, sin querer responder a nada de lo que le estábamos diciendo.

—¿No vas a decir nada?

—¿Y qué queréis que os diga? Si ya lo sabéis todo.

—¿Y tú cómo te has enterado? —me preguntó mi cuñada.

—Porque he ido al hospital… —me callé un segundo antes de continuar, porque él se suponía que no debía saber lo del seguro, así que mejor no liarla más— para pedir un informe sobre el historial clínico durante la estancia de Jason allí. Y cuando he visto el informe, pensé que estaba mal y he ido a hablar con le médico que le atendió. Me dijo que al principio él pensó también que tenía amnesia, por eso nos contó todo aquello, pero después de hacerle más pruebas, se dio cuenta de que algo no encajaba, así que aquí, mi supuesto hermano amnésico, le pidió que le siguiera la corriente. Evidentemente, no podía poner lo de la amnesia en los papeles, porque, como comprenderás, eso sería mentir y se podía meter en un buen lío.

Jason parecía un niño al que estaban riñendo por una travesura.

—Jason, ¿eso es cierto?

Él se removía en el sofá, maldiciendo mentalmente no poder salir de allí.

—Está claro que no va a hablar. Al igual que no va a decir nada con respecto de su supuesta novia.

—Joder —murmuró por lo bajo—, no me acordaba de eso.

—¿Qué novia? —inquirió Michele—. ¿De qué hablas?

—De su supuesta novia. En todo este tiempo, no ha dado señales de vida, por lo que tiene toda la pinta de que sea otra de sus mentiras, ¿no es así, hermanito?

—Oye —protestó Jason en un intento de defenderse—, admito lo de la novia, pero lo de la amnesia… no fue planeado.

—Oh, vaya, ya por eso estás perdonado…

—No entiendo nada, Jason —replicó Michele, hecha un verdadero lío—. ¿Me puedes explicar qué es lo que está pasando aquí?

—Fácil: mi hermano primero se inventó a la tal Stephanie y luego, tuvo un accidente y se inventó una amnesia que no tenía.

—No, no es así… Déjame explicarlo…

—Espera, espera, ¿has dicho Stephanie?

Michele me miró como si le hubiese dicho una noticia bastante impactante. Luego miró a Jason y se sentó en el sillón junto al sofá.

—¿Qué ocurre? —le pregunté—. ¿Acaso sabes quién es?

—Más o menos.

—¿Entonces existe?

—No del todo.

—Explícate.

—Stephanie soy yo.

—Ahora la que se ha perdido soy yo. ¿Tú eras la novia con la que estaba saliendo?

—Ehm… sí y no. Es decir, no estábamos saliendo, no nos volvimos a ver hasta lo del accidente, pero por lo visto, la supuesta novia, era yo.

Miré a mi hermano y a mi cuñada sin entender nada de nada.

—Sigo perdida…

—A ver —continuó Michele, respirando profundamente; vi cómo se ruborizaba al tener que confesar todo esto—, cuando era pequeña, odiaba mi nombre. Sí, pasé por esa época, así que le pedía a todo el mundo que me llamara Stephanie. Hasta que mi abuela me explicó que mi nombre era en honor a una enfermera que le salvó la vida a mi madre antes de que yo naciera. Se me pasó esa fase, pero años más tarde, cuando me iba con mis amigas por ahí a ligar, siempre nos hacíamos llamar de otra manera cuando conocíamos a algún mujeriego como Jason. Por diversión, ya sabes. Nunca quedábamos más de una vez con esa gente, así que se quedaba solo en una anécdota más que contar y echarnos unas risas. Cuando le conocí, yo le dije que me llamaba Stephanie. Solo se iba a quedar ahí, pero cuando quise volver a quedar con él, le conté todo esto a Jason. Y lo que empezó en una broma entre amigas, se convirtió en algo más serio. Y, bueno, alguna que otra vez Jason y yo hemos jugado a ser 'desconocidos', ya sabes. Y yo siempre soy 'Stephanie'.

Jason seguía cabizbajo.

—¿No piensas decir nada al respecto? —le espeté.

—Me sentía como un fracasado, ¿vale? No me gustaba que la gente me mirase con lástima y me dijera cada dos por tres que veían a mi esposa con otro tipo. Me chirriaba todo. Así que Hoyt me insinuó que me inventara una novia, para cerrar alguna que otra boca.

—¿Y por qué me mentiste a mí?

—Porque no quería que alguien te fuera con el cuento y me lo echaras en cara.

—O sea, que tapas una mentira con otra mentira, ¿no es así?

—Sookie, sé que no estuvo bien, pero pensaba decírtelo en cuanto regresaras a Bon Temps, es solo que no quería que me volvieras a preguntar cómo estaba en cuanto a lo de Michele…

—Podrías simplemente habérmelo dicho y punto.

—Lo sé, pero…

—Está bien, lo de Stephanie lo puedo entender, ¿pero lo de la amnesia?

—Eso no lo planeé, ¿vale? Ni siquiera recuerdo qué pasó esa noche. Lo último que recuerdo era salir del Merlotte's y lo siguiente que vi era al médico examinarme con una linterna. Estaba muy confuso y no entendía nada. Me preguntó si recordaba lo que había pasado y le dije que no. Luego entrasteis vosotras y ahí fingí todo. El médico se dio cuenta un rato después y le pedí que no os dijera nada.

—¿Pero tienes idea de todo el daño que has causado con todo esto, Jason?

No aguantaba más, tenía ganas de coger una silla y estampársela en la cabeza.

—Sí, claro que sí, pero cuando quise darme cuenta era muy tarde. Mucha gente se había enterado de todo y no sabía cómo salir de ahí. Solo me quedaba la esperanza de que nunca me leyeras la mente.

—Sí, y por no haberlo hecho antes, mira la que has liado…

Jason se llevó la mano de su brazo sano a la cabeza.

—Ya, ya lo sé… Soy un desastre, pero… —Respiró hondo y se masajeó los ojos—. Llevo días intentando recordar cosas, tengo pesadillas constantemente sobre la noche del accidente.

—Sueñas con Bill… —murmuró Michele.

—¿Con Bill? —le pregunté—. ¿Qué tiene que ver Bill en esto?

Michele se encogió de hombros sin dejar de mirar a mi hermano.

—Yo solo sé que susurra su nombre en sueños…

—Me parece que estuve con él la noche del accidente.

—¿Estás seguro? Porque él no vive cerca de aquí, que digamos.

—El accidente ocurrió en la autovía de Baton Rouge de camino a Shreveport —añadió Michele.

—¿Y qué hacías en Baton Rouge? —le pregunté a Jason.

—No tengo ni idea. No recuerdo nada. Es lo que llevo intentando averiguar desde hace días.

—¿Y por qué no me lo has dicho antes?

—Porque no sé si eran cosas de mi imaginación o reales.

—No habrás tomado de su sangre, ¿verdad? —quiso saber Michele.

Jason se quedó en silencio durante unos segundos antes de contestar:

—No… no lo sé.

—A ver —comencé a decir, intentando tranquilizarlos—, no creo que tomaras de su sangre porque tendrías otro aspecto. Y yo te veo como siempre.

—Ya, pero…

—¿Pero… qué?

Jason se llevó la mano a la cara, restregándosela por ella.

—Pues que esos sueños son un poco extraños.

—¿Cómo de extraños?

—Pues no sé. Algunos estoy aquí, en el salón, viendo la televisión. Y luego le veo a él, que no me habla, pero acto seguido estamos en la ducha. Juntos.

—¿Suelen ser sueños eróticos? —Esto se ponía cada vez más interesante por momentos.

—No. O al menos no llega a serlo porque me despierto de golpe.

—Y en esos sueños, ¿suele gustarte lo que ves? ¿Te sientes atraído por Bill cuando sueñas con él?

—Creo que esto se está saliendo un poco del asunto… —intervino Michele—, y no sé si quiero saber más.

—A ver, Michele. Cuando tomas sangre vampírica, sueles tener cierta atracción física y sexual con ese vampiro. Aunque no te atraigan los hombres, es lo que suele pasar. Bill me advirtió de ello la primera vez que tuve que tomarla…

—¿Puede pasar que no tenga ese tipo de sueños? —preguntó mi cuñada.

—Como poder, puede pasar, pero lo que es inevitable es la atracción sexual hacia el vampiro. Es el inconveniente de consumirla.

—Entonces no debí tomar nada. No pienso en él en ese modo. Lo que sigo sin entender es por qué siempre acabamos en la ducha.

—Puede que no fuese ducha —sugerí—. Puede que sea, no sé, lluvia. ¿Estaba lloviendo esa noche?

—No que yo recuerde —respondió Michele—. O al menos en Bon Temps.

—Yo no recuerdo ni cómo llegué hasta Baton Rouge, así que no sé decirte.

—Bueno, pues le dejaré un mensaje a Bill en su buzón de voz y que nos aclare todo esto. Yo he de regresar a casa, que tengo otras cosas que hacer.

—Gracias por todo —murmuró Jason. Le miré frunciendo los labios.

—No pienses que después de esto voy a pasar por alto todo lo que has hecho…

Jason boqueó, pero decidió que lo mejor era no responder ni seguir echando más leña al fuego. No valía la pena.

Michele me acompañó hasta el coche. Cuando me senté en el asiento del conductor, ella se metió en mi coche, sentándose en el del copiloto. Me miró preocupada.

—¿Podemos hablar un momento?

Sabía de lo que se trataba, pero dejé que fuese ella quien me lo contara.

—Adelante.

—Sé que no se lo merece, pero por lo que más quieras, no le cuentes a nadie lo que acabas de descubrir.

—¿Qué? ¿Por qué? Dame una buena razón para no hacerlo.

—Primero porque es tu hermano y sé que, aunque haga muchas locuras, no eres una chivata y vas pregonando sus cosas por ahí. Segundo, porque sabes perfectamente como yo que no lo hizo con mala intención. No creas que no vamos a tener una larga e intensa charla sobre este asunto, porque no es así. Es solo que pensar que puede decepcionar a Hoyt… Es su mejor amigo y su mayor apoyo durante estos meses que hemos estado separados. No, no estuvo bien, y no le pienso defender, pero esto fue culpa mía, por no querer hablar con él.

—No te mereces nada de esto.

—O tal vez sí. Todo esto ha sido por mi culpa y me gustaría que quedara entre nosotros. Verás, cuando mi hermana me convenció para que saliera con esos chicos de los que Jason menciona, yo no quería hacerlo. Y solo pensaba en que ninguno de ellos se parecía a tu hermano. Le echaba de menos y en vez de ir a decírselo, fui una cobarde y una idiota.

—Pero él se enfadó mucho contigo por una mentira tuya. Y esta es mucho mayor porque estamos implicados todos.

—Lo sé, de verdad que sí. Pero sigo sintiéndome culpable de todo esto. Cuando le vi en coma, me prometí a mí misma que si despertaba y se recuperaba haría cualquier cosa, incluso sería más comprensiva con él. Y eso quiero hacer. No se va a salir con la suya, pero tampoco quiero hundirle más de lo que ya debe estar en estos momentos. Una pelea con su mejor amigo le destrozaría la vida. ¿Tan terrible sería decirles a todos que ya recuperó la memoria? Si de todos modos era algo que tarde o temprano iba a pasar, ¿no?

—Michele, todo el pueblo ha estado preocupado por él. Todos me preguntaban a diario cómo estaba y…

—Pero no ha matado a nadie. Y no le ha hecho daño a nadie con esto, ¿cierto? Sé que en el fondo, aunque estés enfadada, no quieres que nadie más lo sepa.

Fruncí el ceño. Odiaba cuando tenía razón.

—Supongo que no. Y seguramente nos culparían a nosotras de todo, aunque no tengamos nada que ver…

—¿Lo ves? Más razón para dejarlo estar. Ya pensaré en un buen castigo por esto, que no te quepa la menor duda.

—Está bien, pero con una condición.

—¿Cuál?

—Que se lo cuente a Hoyt.

—Sookie…

—Tú misma has dicho que es su mejor amigo, y después de nosotras es a quien más ha mentido. Si de verdad quiere limpiar su conciencia, debería contárselo él. No ahora, puede hacerlo cuando se recupere del todo.

—De acuerdo. Hablaré con él y le convenceré de que lo haga.

—No se debe mentir a los amigos, Michele. Nunca. Si les mientes es como si les dijeras que no confías en ellos. Y Hoyt no se merece esto. Es un buen hombre y muy comprensivo. Seguro que si habláis con él lo entenderá.

—O puede que se enfade con él…

—Es un riesgo que debe correr. Pero debe saberlo.


Al final decidí mandarle un mensaje a Bill.

«Llámame cuando veas este mensaje. Es importante. Sookie.»

Tal vez parecía algo drástico, pero también me tenía preocupada y así sabría de él más rápidamente.

Cuando llegué a casa estaba muerta. Parecía como si llevara todo el día andando de aquí para allá y ni siquiera eran las doce del mediodía. Justo cuando regresé a casa estaba llegando Klaus, que llevaba a Adele en el cochecito. Se había ausentado un rato para ir a la librería a recoger unos libros que había encargado unos días atrás. Se había dado un largo paseo hasta el pueblo y por eso me había llamado, por si tardaba más de la cuenta.

Menos mal que trajo comida: un par de pizzas. No me apetecía mucho meterme en la cocina, así que se lo agradecí enormemente.

Después de comer me senté a leer un rato el libro que me prestó Amelia sobre las almas gemelas. Descubrí muchas cosas interesantes, pero sobre todo el motivo por el que Eric y yo no nos podíamos comunicar en todo este tiempo.

Resulta que si utilizamos mucho lo de los recuerdos, el hechizo se debilita unas horas o incluso días, dependiendo del tiempo que lo hayamos estado usando. Eso, en parte, me aliviaba, porque quería decir que Eric podía seguir con vida.

O eso esperaba.

Cerré el libro. lo último que me apetecía era pensar en todo esto, así que me puse a limpiar un rato.

Como la cocina no la había usado, me puse con el salón. Siempre había muchas cosas que limpiar en el salón. Empecé por las cortinas. ¿Cuánto tiempo llevaba sin lavarlas? La última vez que lo recuerdo creo que fue este verano, cuando Sam…

No, Sookie, no vayas por ahí. Solo limítate a lavarlas y ya.

Vamos a ver:

• Ropa en la lavadora. Hecho.

• Pasar la aspiradora. Hecho.

• Quitar el polvo del salón. Hecho.

• Limpiar la chimenea. Aún no.

Siempre me ha parecido tedioso limpiar la chimenea. Esta era una tarea que hacía Sam sin problema y ahora le echaba más de menos solo por esto. Pero debía hacerlo porque me apetecía encenderla ahora que el frío iba en aumento.

Eso me hacía recordar que este jueves era el Día de Acción de Gracias. ¿Y por qué iba a querer dar gracias este año? ¿Por ser viuda con solo treinta y un años? ¿Por tener un hermano mentiroso? ¿Por tener una vida llena de caos inconstante? O, mejor aún, ¿por ser el alma gemela de un vampiro milenario al que medio mundo teme o le odia? Sí, son todo bendiciones.

Me eché a reír. Creo que por lo único que debería dar gracias era por tener a Adele en mi vida. Ella es la única en este mundo que me mantiene con los pies en la tierra y apenas llega a los cuatro meses de edad. Realmente no sé qué haría sin ella en estos momentos. Es mi única luz entre tanta oscuridad.

El carraspeo de Klaus detrás de mí interrumpió mis pensamientos.

—Sookie, ¿podemos hablar un segundo?

—Claro. ¿Qué ocurre?

Klaus se aclaró la garganta de nuevo y se sentó en el sofá. Yo dejé todo lo que tenía entre las manos y me senté a su lado.

—Verás, no te estaría pidiendo esto si no fuese importante para mí.

—Me estás preocupando, Klaus.

—No, no es por mí. ¿Recuerdas a mi compañero de viaje cuando vine a Luisiana?

—Oliver, sí.

—¿Recuerdas que te conté que vino porque su hermana estaba muy enferma?

—Sí, y es por eso por lo que has pasado el fin de semana con él, ¿no?

—Exacto. Me pidió que mirase sus informes médicos, porque necesitaba una segunda opinión. Yo no soy oncólogo, pero esos resultados no pintan nada bien. Estuve hablando con su médico y bueno, el tratamiento es caro.

—¿Quieres que le preste dinero para el tratamiento de su hermana?

—No, no. Si fuese por dinero, se lo prestaría yo mismo. Pero es un cabezota y no me lo aceptaría. Es solo que el dinero que tenía ahorrado se lo va a llevar todo el tratamiento, por lo que necesita un trabajo.

—Entiendo. Quieres que le contrate en el Merlotte's, ¿no es así?

—No exactamente. Al menos hacerle una prueba, y si no te gusta cómo trabaja, puedo buscarle otra cosa.

—Pero no puedo contratar sin ver su currículum previamente.

Klaus sacó un papel de uno de sus bolsillos y me lo entregó.

—Aproveché que iba a la librería para imprimir el currículum que me envió al correo.

Lo desplegué y leí todo lo que contenía.

—No tiene foto.

—Hace años que no hacía uno, así que lo tuvo que actualizar. No ha tenido tiempo para hacerse una foto reciente. Pero desde mi punto de vista, es bastante guapo.

Ignoré el comentario. No pensaba contratar a nadie por su físico. Pero estaba bien saberlo.

—No pasa nada. Vaya… Tiene un currículum increíble. Es ingeniero mecánico y ha trabajado en muchas empresas importantes.

—Sí, aunque su último trabajo fue en un concesionario durante diez años en Alaska. Su jefe lo acababa de abrir y gracias a Oliver pudieron sacarlo adelante. Su jefe ya le ha dicho que puede volver a su puesto cuando quiera.

—¿Cuánto tiempo piensa quedarse en Luisiana?

—No lo sabe. Hasta que su hermana se recupere.

—¿Y si no lo hace?

—NI idea. Tiene dos sobrinos a los que ha mantenido todos estos años, porque el padre los abandonó cuando su hermana estaba embarazada del pequeño.

—Una pregunta: si trabajaba en un concesionario, ¿cómo es que no venía en coche hasta aquí?

—Porque tuvo que vender su casa y su coche para poder pagar el tratamiento.

—Vaya. Eso es muy considerado de su parte. Pero no puedo contratarle solo por su situación familiar. Necesito comprobar que vale para el puesto. Pero ya que es tan importante para ti, dile que se presente mañana a las diez en el Merlotte's. ¿Sabrá dónde es?

—Sí, yo le daré las señas.

—Espero que sea puntual, ahora que no tiene coche…

—Usa el de su hermana, no te preocupes.

Klaus se marchó del salón con una sonrisa amplia en la cara. No me hacía mucha gracia tener que contratar a alguien solo por hacer un favor, pero Klaus me ha hecho muchos a mí y me era imposible decirle que no. Además, si tan bueno era en su trabajo, tal vez no me dé problemas. No perdía nada por darle una oportunidad. Solo esperaba que no me decepcionara.


Acababa de bañar a Adele cuando Klaus me avisó de que se acercaba un coche a la casa. Se la dejé y me asomé a la ventana del cuarto de baño. Estaba demasiado oscuro ahí fuera como para ver bien el coche, pero por lo poco que podía visualizar no me sonaba de nada. ¿Quién sería? No esperaba a nadie, que yo recordara.

A no ser que…

Bajé las escaleras todo lo rápido que mis pies me lo permitían, procurando no tropezar al bajar los escalones. Abrí la puerta y ahí estaba, con su inconfundible cabello oscuro y mirándome con esos ojos castaños que siempre me han gustado.

No pude evitar darle un abrazo. Pensar que les había pasado algo me había puesto nerviosa todo este tiempo. Me separé de él al ver que la situación era bastante incómoda para los dos.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, es solo que… —carraspeé, colocándome nerviosamente un mechón de mi pelo detrás de la oreja—, pensé que estabais en peligro y…

—¿En peligro? ¿Nadie te dijo dónde estábamos?

—No. Hice llamadas y fui a varios sitios, pero nadie me decía nada.

—Vaya… —Bill frunció el ceño—, qué extraño. Mandé a alguien para que te lo comunicara.

—¿En serio? ¿A quién? Porque le pregunté a mucha gente y no obtuve respuesta alguna.

—Eso da igual ahora. Después de ese recibimiento que me has dado, pienso perdonarle la vida —comentó con una amplia sonrisa—. Necesito que me acompañes. Eric quiere verte.

—¿Y por qué no viene él personalmente?

—Porque está en una importante reunión con los sheriffs.

—¿Y por qué no estás tú en esa reunión?

—Porque ya sé de lo que van a hablar y es por eso que me ha mandado a mí a recogerte. Y antes de que me preguntes el motivo por el que no viene después, tiene que ir al Fangtasia a solucionar un asunto.

Entré un momento para avisar a Klaus de que me iba a ausentar un rato. A veces pienso que me aprovecho demasiado de su generosidad.

—Por cierto —comenzó a decir una vez estuvimos de camino a Shreveport—, vi tu mensaje. ¿Va todo bien? Decías que era importante.

—Oh, es por Jason.

Bill se quedó callado durante unos segundos. Tenía el ceño fruncido y miraba muy fijamente la carretera.

—Ya. Creo que sé por dónde vas.

—Dice que no para de soñar contigo en la ducha.

De pronto, se echó a reír, como si le hubiese contado el mejor chiste del mundo.

—¿En serio? ¿En la ducha?

—No sé qué es lo que te hace tanta gracia, pero está preocupado por eso.

—¿Y ya me recuerda o es que has descubierto que no perdió la memoria?

Abrí los ojos lo más que pude del asombro.

—¿Tú lo sabías?

Se encogió de hombros.

—No de forma directa. Después de lo de aquella noche, me pareció algo extraño que perdiera la memoria así, sin más.

—¿Y por qué nunca me dijiste nada?

—Porque eso no era asunto mío. Y tampoco tenía pruebas.

—¿Y qué pasó esa noche? Estaba de camino al pueblo cuando tuvo el accidente. Y es obvio que os visteis. Lo que no entiendo es cómo te las apañas para estar en todos estos berenjenales.

Volvió a echarse a reír, negando con la cabeza.

—Yo tampoco lo entiendo. Sí, estuve con él, pero no pasó nada de lo que piensas.

—Pues soy toda oídos para ti.

—Una amiga me comentó que en su local no le funcionaba el ordenador y lo necesitaba con urgencia, pero el técnico no venía hasta el día siguiente, así que le hice el favor de pasarme por su bar a echarle un vistazo. Y cuando llegué, allí estaba Jason, en la barra con unas cuantas copas de más. Dejé que bebiera todo lo que quisiera mientras le solucionaba el problema a mi amiga, pero cuando terminé, lo pillé intentando abrir sin mucho éxito la puerta de su furgoneta. Se lo impedí, claro está, y estuve hablando un rato con él. Me contó de lo de su esposa, de que se había inventado una novia porque ella había empezado a salir con otro hombre y un sinfín de cosas más. Entre ellas que la echaba de menos. Y después de vomitarme un montón de problemas personales y de alcohol, lo llevé a mi apartamento. Yo no iba a estar, por lo que podía estar allí sin problema.

—¿Y por qué sueña contigo en la ducha?

—Porque le di una ducha bien fría. Con ropa incluido. Luego le presté algo de ropa, mientras la suya se secaba en la secadora.

—Eso lo explica todo.

—Por cierto, se dejó su ropa en mi casa. Así que cuando quieras, te la doy.

—No hay prisa, así que…

—Bueno, esta semana regreso definitivamente a Bon Temps, así que te la llevaré a casa.

—Como quieras. —Pillamos un pequeño atasco en la autovía, aunque tuve la sensación de que Bill ya sabía que estaríamos atrapados y pasó por aquí para estar más tiempo juntos—. ¿Cómo te van las cosas con Chiara?

—Bueno, le comenté lo de aplazar la boda y no se opuso, lo cual es buena señal, ya que pensé que le molestaría, pero me dio la razón al ver que no había prisa en casarse ya. Así que, de momento, se muda conmigo en mi casa de Bon Temps y ya fijaremos una nueva fecha más adelante, cuando nos apetezca.

—Eso me parece maravilloso. La verdad, he de confesarte que tengo ganas de conocerla.

—¿En serio? Ella de momento no me ha dicho nada al respecto. Aunque tampoco le he preguntado si te quiere conocer.

—Sí, creo que sois perfectos el uno con el otro. Os ponéis de acuerdo en seguida, así que ella es digna de ti. Y supongo que tú de ella.

—No lo sé, será…

Permanecimos en silencio hasta que pudimos continuar con el camino hacia Shreveport. Claro que, tantos días sin vernos, no me podía quedar callada mucho rato.

—¿Por qué habéis estado todos desaparecidos? Al final no me lo has explicado.

—El Consejo Vampírico nos «secuestró».

—¿El Consejo? ¿Por qué? No habéis sido vosotros los que habéis hecho nada malo, ¿no?

—No, claro que no, pero querían interrogarnos y no pudo ser en casa, precisamente.

—¿Y de qué hablasteis?

—Los demás, no lo sé, pero a mí me hicieron preguntas sobre qué es lo que sabía sobre el tema de la Reina. Al final, nos reunimos con la reina de Washington y les contamos todo lo que sabíamos.

Me dio un escalofrío solo recordar a esa vampiresa. Me daba muy mala espina en todo esto.

—¿Y qué es lo que vais a hacer al respecto?

—El Consejo nos ha pedido que busquemos a la Reina, ya que nosotros fuimos quienes lo empezamos.

—Vaya, pues… no va a ser tarea fácil.

—Para nada. Pero ya estamos ideando un plan.

—Si puedo ayudar en algo…

—Sí. Por eso Eric te quiere ver. Te pondrá al día con lo que se habló y cuál va a ser tu trabajo en esta investigación. Me ha prometido que no te meterá muy en el fondo, porque de verdad que no me gusta que estés en este asunto tan complicado después de lo que te hicieron en Seattle, pero nos vendrás bien.

—Haré todo lo que esté en mis manos.

—Lo sé, pero tengo el presentimiento de que las cosas no van a salir como planeamos y que alguno de nosotros no va a salir bien parado.

—¿A qué te refieres?

Meneó la cabeza, negando con ella.

—A nada, olvídalo. Solo son conjeturas mías. A veces pienso demasiado, eso es todo.

Llegamos a la casa de Eric —que en verdad es de Pam en la actualidad— y aparcamos frente a la puerta. Con eso de los nuevos miembros de seguridad, ahora nadie me pedía documentación. Al menos estos estaban enterados de que yo no necesitaba identificarme…

¿O era porque iba con uno de los sheriffs? Esperemos que no sea así.

Bill me acompañó hasta el salón, que en ese momento estaba solitario. Me ofreció un refresco que se lo acepté de buena gana. Miró su teléfono móvil un momento y luego se dirigió a mí:

—Tengo algunas llamadas que hacer. Avisaré a Eric de que ya hemos llegado. No creo que tarde mucho en atenderte.

Asentí y me quedé sola con mi refresco burbujeante. Lo dejé en la mesita de café que había junto al sofá y paseé por la estancia. Hacía mucho que no hacía este tipo de cosas en casa de Eric. Y más ahora, que no era ya su casa. Me seguía resultando extraño pensar en ello. Había cambiado tantísimo aquel lugar que no parecía el mismo.

Me sorprendía ver que Pam había puesto unas pocas fotos en aquel salón tan encantador como ella. Claro que todas ellas salía con India y no con Eric o con cualquier otro. Así que tenía toda la pinta de que fuese idea de la propia India. Nunca me imaginé a mi exempleada saliendo con un vampiro. No sé qué le hizo Pam para que cambiara de opinión, pero sinceramente prefiero no saberlo. Claro que Pam podía llegar a ser muy persuasiva cuando quería. Cosas de ser la hija de Eric Northman, supongo. La verdad es que no me había dado cuenta de que llevaban juntas más de un año. No me había fijado de ese detalle hasta vi la fecha en la que empezaron a salir escrita a mano en una de las fotos que había colgadas en la pared.

Lo peor de todo es que ese primer aniversario ni siquiera lo pudieron celebrar porque Pam estaba secuestrada en Seattle. Se me encogió un poco el alma al pensar en ello. Aunque lo más seguro es que India ni se haya enterado de esto porque le modificaron la memoria. Y no sé cuál de los dos hechos es peor.

—¡Oh, Sookie! Menos mal que te he pillado a tiempo. —La voz de Pam resonó por todo el salón y no pude más que sonreír al verla—. Pensé que no te vería antes de irme.

Se me acercó y me dio un abrazo.

—Pam, me alegro de verte.

—No sabes lo que lamento lo de nuestro último encuentro. Estaba enfadada con Eric. ¿Te puedes creer que no me dejó descuartizar a los que te hicieron eso?

Así era Pam. Tan adorable como terrorífica.

—No estabais en vuestro territorio.

—Lo sé, pero podría dejarme a alguien al menos. Yo también estaba allí y era una víctima. Qué menos que nos dejaran desmembrar un par de piernas o brazos.

—Espero que estés mejor de todo eso.

—Bueno, lo único que lamento es que me perdí un día importante.

—Sí, lo he visto en una de esas fotos de la pared.

—Y cuando iba a celebrarlo, vienen esos degenerados del Consejo y me sacan de allí a la fuerza. —Puso los ojos en blanco, negando con la cabeza—. Perdimos la reserva en el mejor restaurante francés de todo Shreveport, así que hoy no se me escapa. Lo haremos en su casa.

—Pam, puedes llevarte mi coche. Será mejor que te vayas o llegarás tarde…

Eric acababa de entrar en el salón. Pam lo miró de soslayo con los labios fruncidos. Creo que aún seguía enfadada con él.

—Me voy —anunció Pam y miró a Eric con una ceja levantada—. No me esperes despierto, papi.

—Pasadlo bien. Pero no la dejes afónica como la última vez, que mañana tenemos reunión en el Fangtasia.

—No prometo nada, pero prometo intentarlo.

Le guiñó un ojo y desapareció. Eric miró el reloj que había colgado en la pared. Se acercó a mí, despacio.

—Solo me quedan cuarenta y tres minutos antes de irme al Fangtasia.

—Bill ya me ha puesto al día, así que son cinco minutos que te ahorras.

—Llevo estos tres días intentando contactar contigo… —carraspeó, mientras cerraba la puerta corrediza del salón—, ya sabes. Pero no sé por qué, me fue imposible.

—Amelia me prestó su libro y pude ver que es por lo de los recuerdos. Si los usamos mucho, el hechizo se debilita unas horas, o incluso días, dependiendo del tiempo que lo hayamos usado.

—Estuvimos tres horas, por lo menos.

—Creo que eso equivale a tres días incomunicados por el hechizo.

—No llegué a esa parte.

—Pues ese libro dice cosas muy interesantes. Cosas como que el uno puede desarrollar las mismas habilidades del otro.

—¿En serio? ¿Habilidades como cuáles?

—Pues no sé. Por ejemplo, si yo sé hablar francés, tú hablas francés igual que yo.

—Pero yo ya sé hablar francés. Y otros cien idiomas más…

Chasqueé la lengua poniendo los ojos en blanco.

—Era solo un ejemplo.

—Además, ya he hablado en otros idiomas delante de ti y tú nunca me has entendido.

—Sí, lo sé, pero imagino que es como todo. Habrá que ir practicando. O sea, que tendré que concentrarme si quiero enterarme de algo.

—¿Y valdrá para cualquiera que hable conmigo en otro idioma o solo es contigo?

—Pues ahí sí que no lo sé. Es que no lo especifica. Luego lo miro. Ahora quiero que me hables de eso tan importante que me ha hecho venir hasta aquí.

Eric afirmó con la cabeza. Se fue hasta el bar que había en una zona del salón y se sirvió de una bebida rojiza y espumosa. Le dio un sorbo y me habló despacio.

—Como ya sabrás, me han encomendado la misión de conseguir el paradero de la Reina.

—Sí, hasta ahí estoy informada.

—Pues hay algo que no sabe nadie y quería que fueses tú la primera en saberlo.

—Uh, me tienes intrigada, ¿de qué se trata?

—He hecho un trato con los del Consejo.

—¿Un trato? ¿De qué tipo?

—En cuanto capture a la Reina, mis deudas con ellos estarán totalmente saldadas.

—¿Qué? ¿Saldadas?

—Verás, sé que esto no va a ser tarea fácil y ellos saben de sobra que yo soy el mejor para poder localizar a ese pedazo de mierda que se hace llamar la Reina, por lo que no pensaba colaborar en nada con ellos sin devolverme la inmunidad.

—¿Y cómo los has convencido?

—Bueno, ya sabes que una de mis habilidades (y seguramente ahora mismo será tuya) es la persuasión. Soy bueno con las palabras y les he convencido de que soy el único que les puede ayudar con este caso.

—Y tienes toda la razón.

—Dijeron de meter a Nicoleta en el asunto, pero a mí no me convenía tenerla en medio. —Le dio otro largo trago; yo recordé que tenía mi bebida en la mesita y también le di un sorbo mientras le escuchaba—. Más que nada porque Nicoleta es buena en muchas cosas, pero cuando se trata de rastrear y demás, da muchos palos de ciego. Mira lo que ocurrió en su estado. Y ni se estaba enterando.

—Tiene otro tipo de habilidades.

—Sí, bueno, más bien llegó al poder por otras habilidades con la lengua en el Consejo, no sé si me entiendes.

—No sé si te quiero entender.

—El caso es que conseguí que la sacaran del caso, para estar de lleno solo yo y poder quitarme de en medio mis deudas con ellos.

—¿Estás seguro de que vas a poder hacerlo solo?

—Me han dicho que puedo escoger a tres personas de confianza, así que seréis Pam, Bill y tú. Por el momento, no tendrás que hacer nada. Ya te informaré sobre cuál será tu trabajo.

—¿Y cómo estás tan seguro de que quedarás libre tras esto?

Me sonrió de lado, con esa sonrisa que solo Eric Northman tiene.

—Me subestimas, mi querida Sookie.

Se dirigió hacia su caja fuerte —la misma donde guardaba la bolsita que hechizó Amelia— y sacó un papel, que me entregó de inmediato.

—¿Qué es?

—El contrato que me dará mi libertad.

Asentí, incrédula.

—¿Y qué piensas hacer cuando seas libre?

—Dejaré mi puesto. Se lo pasaré a Pam, que ella se lo merece más que yo. Yo no lo quería, solo me obligaron a cogerlo. Yo solo deseo poder hacer lo que me dé la gana, como hace años. Después de lo vivido el otro día, en mis recuerdos, lo he pensado mucho y ahora quiero viajar. Y no solo eso, quiero que te vengas conmigo y recorramos mundo, tú, yo, la niña…

—Para el carro, Eric… —Me estaba empezando a poner de los nervios todo aquello—. Creo que estás yendo demasiado deprisa.

—¿Qué? ¿Por qué? Pensé que te haría ilusión viajar por el mundo.

—Sí, claro que me hace ilusión, pero no contigo.

Eric frunció el ceño, intentando entender lo que le acababa de soltar de sopetón.

—¿Qué quieres decir?

—Que vas muy deprisa. Para empezar, estás vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Luego, estás dando por hecho de que quiero hacer todo eso contigo. Eso es lo que tú deseas, no lo que yo deseo.

—Sookie, creo que no estás entendiendo todo lo que te estoy proponiendo. Es viajar por todo el mundo, sin preocupaciones, sin estrés, sin estar pendiente de nada. Solos los tres.

—Y todo eso está muy bien, pero se te olvida que aún no has capturado a la Reina. Y puede que pasen semanas, meses o incluso años hasta que eso ocurra. Yo no me quiero hacer ilusiones con algo que no sé cuándo va a ocurrir.

—Sookie, —bajó la voz, acercándose a mí lentamente, mirándome fijamente a los ojos—, sabes que soy bueno, que siempre consigo lo que me propongo. Y si digo que la voy a atrapar es que es cierto.

Le sostuve la mirada unos segundos más antes de abrir la boca. Iba a contestarle cuando la puerta corrediza se abrió y por ella entró Bill con cara de no tener noticias buenas.

—Eric, es Chiara.

Eric frunció el ceño y los labios, y miró con los ojos entrecerrados a Bill.

—Más te vale que sea importante.

—Lo es. Y mucho.

—¿De qué se trata?

—Sabrina.

—¿Sabrina está con Chiara? —pregunté, incrédula.

—Sí, no podía estar sola y no quería ni regresar a casa ni quedarse aquí —respondió Eric—, así que le pedí el favor a Chiara de que se quedara con ella unos días hasta que decida qué hacer.

—¿Y su familia?

Eric me miró con una ceja alzada.

—Yo soy su única familia…

—¿Qué? ¿A qué…?

—¿Qué ocurre con Sabrina? —inquirió, interrumpiéndome e ignorando mi pregunta.

—No lo sé. Dice que está haciendo cosas raras.

—¿Qué tipo de cosas? —Bill se encogió de hombros a modo de respuesta—. Está bien. Vamos en mi coche.

Creía que Pam se llevó su coche. Debe ser otro.

—Voy con vosotros —sugerí.

A Eric no le parecía muy buena idea, pero así me llevaba después a casa.

El trayecto no fue muy largo. Tan solo fueron unos pocos minutos. La verdad es que no me había parado a pensarlo, pero esta sería la primera vez que vería a la novia de Bill y ahora me entraba la duda de si era un buen momento para conocernos. Pero también quería ver si podía ayudar a Sabrina en algo. No estaba pasando por un buen momento y cualquier ayuda es poca. En casos así, siempre digo que hay que ayudarnos entre nosotras.

Eric aparcó un tanto retirado de la casa de Chiara. Al parecer, es una mala zona para estacionar cualquier coche, porque siempre estaba repleto.

Bajamos del coche y Bill me señaló dónde estaba la vivienda de su pareja. Era una casa de madera, bastante normal, podríamos decirlo. La única diferencia era que tenía las ventanas tapiadas con tablones de madera. Bill me dijo que solía dormir en su dormitorio y las tenía así todas para los invitados. Qué consideración.

Comenzamos a andar, pero a los diez metros o así, Bill y Eric se miraron el uno al otro con el rostro desencajado.

—¿Qué ocurre? —les pregunté.

Me miraron.

—¡Al suelo! —exclamaron al unísono.

Ambos me sujetaron de un brazo y me tiraron al suelo, escudándonos detrás de un coche que estaba cerca de nosotros.

Y entonces ocurrió.

Todo pasó demasiado rápido. Ni siquiera me dio tiempo a reaccionar. La casa de Chiara, la que unos momentos antes estaba ahí, había explotado en mil pedazos.

Mi móvil comenzó a sonar. Lo supe porque sentí la vibración. Yo no oía nada. Solo un pitido constante.

Lo cogí entre cristales rotos y confusión:

Esto no ha hecho más que empezar —dijo una voz femenina, distorsionada—. Que comience el juego.


NDA: Llevo casi un mes intentando terminar este maldito capítulo, que se me ha hecho eterno, pero mira, me he quedado bastante satisfecha. Y así se queda.

Lo del final, hace como dos o tres capítulos que quería meterlo, pero nunca me gustaba cómo quedaba y al final lo descartaba. Y ahora mira, me ha parecido el momento más indicado.

Agradecimientos:

Cari1973: sí, bueno, aún quedan muchas más cosas que descubrir sobre el hechizo. Es lo que más he estado pensando y la verdad es que puede dar mucho juego. Gracias por el comentario. :)

ciasteczko: Yes, Eric's middle name is Complicated. xD I'm very glad that you liked the chapter. I'm not ruling out more moments about Eric's past, but for now I don't want to abuse it.

I am also very glad that you are feeling better. I hope you get well soon. I do not know if they have already vaccinated you, but if not, I hope you receive it soon.

Thanks for your comment. :)

pascal77ks: Gracias a ti por tu encantador comentario. :)

Perfecta999: Who knows. : P I'm glad you liked the chapter. Thanks for your beautiful words. :)

Pues eso es todo por el momento. La verdad es que me he pasado prácticamente todo el mes escribiéndolo, pero es que después de lo del mes pasado, preferí hacerlo poco a poco para no estresarme. Solo espero que os haya gustado aunque sea un poco.

En fin, eso es todo. Un saludo y hasta el siguiente capítulo. :)

~Miss Lefroy~


04/06/2021