XV
—¿Me estás diciendo que puedes leerle la mente a Eric?
Había llamado a Amelia justo después de que todos se marcharan. Por suerte para mí y para mi encantador vampiro, nadie se percató de nada, ya que supimos mantener la calma en todo momento. Aunque, como es evidente, a Eric le resultó divertida la situación.
—Eso parece. Y en el libro no pone nada de eso. ¿Cómo es posible?
—Supongo que será porque quien lo escribió no tuvo en cuenta el tema vampírico, claro está.
—Pues debo de ser la primera a la que le pasa.
—También es muy probable.
—Sí, pero no estoy acostumbrada a esto. En verdad me gusta tener esa paz que tengo con los vampiros. Y ahora…
—¿Quieres decir que le puedes leer la mente también a los demás?
—No. Lo intenté con Pam pero fue inútil.
—¿Y Eric?
—No, él es su creador, en este caso no cuenta.
—Míralo por el lado bueno: al menos es solo con él. Si tienes que leerle la mente a todos…
—No sé qué decirte. Tener que bloquear también sus pensamientos me parece ya el colmo. Hace unos años sentía curiosidad, ahora ya no tanto.
—Sookie, cariño —comenzó a decir con delicadeza—, tienes un don que muchas de nosotras —se refería a las brujas— envidiamos. Sé que me dijiste que era más bien una maldición, pero si lo sabes usar bien y canalizarlo solo con quien te interesa, es un don maravilloso.
—No sabes de lo que hablas, Amelia.
—Tal vez. Pero no deja de gustarme. Además, otra cosa positiva es que ya no habrá mentiras por su parte.
—Eso sí que es verdad.
—Así que ya no te puede ocultar nada, que siempre has odiado que haga eso.
—Cierto. Aunque me preocupa que pueda bloquearlo.
—¿Tú sabes hacerlo?
—No. Pero sé que se puede. El señor Cataliades es quien me entregó este don cuando nací, y él puede hacerlo. ¿Quién me dice que Eric no lo va a conseguir también?
—Bueno, para eso debe saber cómo, ¿no es así?
—Supongo.
La verdad es que me estaba sintiendo un poco egoísta por llamarla justo cuando tenía a pareja y a su hijo enfermos.
—¿Cómo están Bob y Phoenix? —pregunté, para no parecer insensible y despreocupada.
—Bueno, no puedo decir que bien, porque esto no ha hecho más que empezar y estarán así varios días, pero al menos a Phoenix no le ha subido la fiebre en todo el día. Lamento que no hayamos podido ir a cenar esta noche, porque tenía preparada una cena deliciosa…
—No te preocupes. Klaus y Michele han hecho maravillas en la cocina. Ha sobrado algo, así que ya tengo para mañana.
—Yo por desgracia no podré comérmelo entero, así que te llevaré la mitad. Bob come como por dos, pero el médico le ha dicho que solo tome dieta blanda y mucho líquido. Y no pienso comer toda la semana de las sobras. Así que las repartiré mañana entre Natasha y tú.
—Eso me recuerda, mañana era la inauguración de la tienda, ¿no?
—Sí, la hemos pospuesto unos días, porque Natasha se negaba a hacerlo sin mí. Es cabezota.
—Tú lo eres más.
Se hizo un breve silencio.
—Mira quién fue a hablar.
Nos echamos a reír.
—Lamento dejarte, cariño, pero creo que Phoenix se ha despertado. Voy a ver qué es. Y no le des más vueltas a esto. Llévatelo a tu terreno y todo saldrá bien.
Tal vez tenía razón, pero no sabía si estaba preparada para esto. Lo único que me animaba era saber que ya no me podría ocultar nada.
Me fui a dormir cuando terminé de limpiar la cocina. Klaus se había empeñado en hacerlo él, pero me negué, ya que había hecho suficiente haciendo la cena. Lo mandé a su cuarto, donde se dispuso a hacer la maleta.
Realmente me sabía mal que su último día aquí y tuviera que hacer tantas cosas por mí. Soy una anfitriona horrible.
Estaba reventada. En cuanto apoyé la cabeza en la almohada, me quedé dormida en seguida.
Pero me desperté de golpe con un pensamiento que me vino de repente a la mente: si Eric podía leer la mente al igual que yo, ¿eso quería decir que yo también podría volar?
La pregunta se quedó flotando en el aire, porque me volví a dormir en seguida.
Me levanté temprano para prepararle un buen desayuno a Klaus. Era el último que le podría preparar, así que le hice de todo lo que le pudiera gustar: desde magdalenas y bizcochos, hasta huevos, tostadas y más cosas. No quería que se fuera de aquí con hambre. Además, su estómago parece un pozo sin fondo y sé que debe alimentarse bien o no rinde bien durante el día. Y el desayuno es la comida más importante de todo el día. O eso siempre decía mi abuela. Y lo que decía mi abuela iba a misa.
Además, así no pensaba en nada de lo ocurrido el día anterior. Con lo de Bill, Sabrina/Amber y la telepatía de Eric, no sé cómo no acabé con dolor de cabeza. Así que para evitarla durante un rato, decidí solo centrarme en la despedida de Klaus.
Aunque, hablando de Bill, con todo el jaleo este de lo de Eric me había olvidado de la carta. No la había leído aún. La guardé en la mesita de noche. Como Klaus aún permanecía dormido, subí un momento y la busqué.
Mi querida Sookie:
Lamento tanto mi marcha tan repentina, que no tengo excusa alguna. Espero que sepas perdonarme.
Imagino que Eric ya te habrá puesto al tanto de lo ocurrido. Sinceramente, prefiero no hablar ahora de ese asunto. Tan solo… bueno, es que siento un enorme vacío dentro de mí que necesitaba sacarlo de algún modo. Y mi impulso ha sido marcharme lo más lejos de todo. Esto lo he provocado yo. Toda la gente a la que quiero le hago daño, por lo que me vendrá bien estar lo más lejos posible.
En estos momentos debes estar pensando que no, que no es cierto, pero es así cómo me siento ahora mismo. He terminado de hacer las maletas y escribo esto mientras espero a que un taxi me recoja.
Mi primer destino será Londres. Luego, no lo sé. Eric me ha prestado todas sus casas (no te puedes hacer una idea de cuántas son) que están repartidas por toda Europa.
Y si te lo estás preguntando, no, esto no tiene nada que ver con él. De hecho, intentó convencerme de que me quedara y me tomara un respiro, pero mi decisión estaba ya tomada.
No sé si me habrás llamado o no (aunque conociéndote, lo más seguro es que así haya sido), pero tengo el teléfono temporalmente desconectado. No sé cuándo regresaré a casa. Seguramente, cuando estés leyendo esto, yo esté ya llegando a mi destino. Te llamaré en cuanto me sea posible.
De todos modos, me llevo conmigo mi portátil, así que no estaré incomunicado al cien por cien.
En estos momentos, eres la única que me importa de verdad. Supongo que será porque has sido la única que de verdad le he importado. Y es por eso por lo que te escribo esto. Porque sé que estarás preocupada.
Estaré bien. Solo necesito un respiro. Lo que no sé es cuánto tiempo me llevará. Tal vez días. Puede que semanas. O quizá meses. Solo sé que lo necesito.
Tampoco sé si después regresaré a mi puesto de sheriff, por lo que si Eric me busca un sustituto, no se lo reprocharé.
Espero que puedas entenderme. Dale un abrazo enorme a ese pequeño angelito que tienes por hija.
Se despide con cariño, tu amigo
Bill
PD: No me he olvidado de que la semana que viene es el cumpleaños de Jason. Le he comprado una furgoneta nueva. Pensaba entregársela personalmente, pero las circunstancias me lo impiden. Te he dejado las llaves junto con una nota de dónde está en mi buzón. Le llamaré para felicitarle. Espero que se mejore pronto.
No, no me podía enfadar con él. Si lo que necesita es despejarse, ¿quién era yo para impedírselo, cuando hasta hace poco había hecho justo lo mismo que él? Así que le entendía perfectamente.
Klaus bajó a desayunar justo cuando estaba preparando una cafetera. Llevaba en sus brazos a Adele, que también se había despertado. Le había crecido bastante el pelo y ahora tenía una pequeña gran mata de pelo rizado y rojizo en su diminuta cabeza. Cada vez está más adorable.
Klaus la sentó en la trona. Llevaba el pelo húmedo, por lo que debió haberse dado una ducha antes. Estaba muy guapo con el pelo así.
Basta, Sookie, basta.
Saqué el puré de manzana que tenía en el frigorífico y se lo empecé a dar a la niña, mientras Klaus se zampaba todo lo que le había preparado. Me gustaba verle disfrutar con lo que le hacía. Con él siempre era así.
Odiaba mucho las despedidas. Conseguí convencerle de llevarle hasta el aeropuerto con la única condición de que no me pusiera a llorar. Evidentemente, no le pude prometer gran cosa, pero… al menos lo intenté.
En cuanto me abrazó, tuve que hacer un gran esfuerzo para que no se me salieran las dos lágrimas que me amenazaban con caerse por mis mejillas. Lo iba a echar tantísimo de menos, que no sabía qué iba a hacer ahora sin él.
—Llámame en cuanto aterrices, ¿de acuerdo?
—Eso está hecho. Y esto no es un hasta siempre, sino un hasta luego. Yo pienso regresar.
—Más te vale. —Las lágrimas me traicionaron y tuve que disimular—. Creo que ese perfume que llevas me está dando alergia —dije para disimular.
—No llevo perfume.
—¿Seguro? —sollocé, mirando hacia otra parte para que no me viera llorar.
—Cuídate mucho, Sookie. Y a la pequeña guerrera también.
Me dio un beso en la frente, otro en la coronilla a Adele, y se marchó con una sonrisa triste en el rostro.
Además, tenía el presentimiento de que, cuando nos volviéramos a ver, iba a ser todo distinto.
Tal vez fuese porque al fin Eric atraparía a la Reina. Y al fin seríamos libres de todo esto. O eso espero.
En cuanto regresé a casa, la sentí muy vacía sin Klaus. Pero la vida sigue y no puedo hacer nada.
—Al fin te pillo a solas —murmuró Eric cuando me senté en el sofá. Di un respingo.
—¿Quieres dejar de aparecer así, de repente? Un día de estos me da un infarto.
Se echó a reír el muy idiota.
—Es que es divertido ver cómo te asustas.
Le saqué la lengua.
—¿Quieres algo?
—Muchas cosas pero ahora lo que quiero es saber si Amelia te contó algo que me tengas que decir. Estuve esperando a que me llamaras o te aparecieras en mi casa, pero al ver que no lo hacías… he decidido tener que hacerlo yo mismo.
—No me dijo gran cosa. Solo que no me ibas a poder mentir.
Eric dio un largo suspiro. Parecía decepcionado.
—Si no necesitas nada más, será mejor que te marches. Tengo que limpiar mucho, que la semana que viene regreso al trabajo y tendré menos tiempo.
—No, a no ser que tengas algo más que decirme…
Entrecerró los ojos y se concentró en leerme la mente. Yo no estaba pensando en nada en ese instante, pero levantó las cejas, sorprendido.
—¿Sam se te apareció?
—¿Cómo has hecho eso? Ni siquiera estaba pensando en eso.
—No lo sé. Solo miré dentro y… me salió esa imagen. ¿Cómo es que se te apareció?
—No tengo ni idea. Pero quería darme un mensaje.
—¿Cuál?
—Me habló de una guerra que se está aproximando y que me prepare.
—¿Una guerra? ¿Por lo de la Reina?
Sacudí la cabeza.
—No. Me dijo que tú lo solucionarías.
Eric alzó una ceja y sonrió de lado.
—¿En serio te dijo eso?
Puse los ojos en blanco. Hola, ego. Bienvenido una vez más.
—¿Y te dijo cómo lo haría?
—No. Solo me dijo algo de una habitación 813 y que tú sabrías qué es.
—¿Habitación 813? Pues no tengo la menor idea ahora mismo.
—A lo mejor das con eso más adelante.
—¿Y te dijo algo más?
Me encogí de hombros.
—Si lo quieres saber, vas a tener que meterte en mi mente.
Y lo hizo. Y se empezó a reír por lo que descubrió.
—Vaya, vaya… El mismísimo Sam Merlotte diciendote que confíes en mí. ¿Quién lo diría?
—No empieces… —comencé a decir mientras subía por las escaleras.
Iba a empezar por las habitaciones, especialmente por la de Klaus. Me había dicho que había dejado las ventanas abiertas para que se ventilara y me había dejado las mantas y sábanas para que las aireara y lavara respectivamente encima de una silla. Si es que este hombre está en todo. Hasta Sam estaría sorprendido.
Eric se quedó para ayudarme en algunas tareas. Al menos que me sirviera para algo útil, ¿no? Además, así vigilaba a Adele de vez en cuando.
Me dispuse a ponerle sábanas limpias a la cama de Klaus cuando de repente vi algo en la repisa que me llamó la atención. Eric había regresado justo de meter las sucias en la lavadora —yo la pondría en marcha, porque Eric era un desastre con este asunto— y me miró ceñudo.
—¿Eso es una pluma? —inquirió cuando la cogí.
—Sí, pero es más grande de lo normal. Las aves que hay por aquí no tienen estas plumas. ¿Crees que es de algún sobrenatural?
Eric se acercó a mí y me sujetó de la muñeca. La única manera que tenía de saberlo era hacerlo así, sin que yo la soltase. La olisqueó unos segundos y negó con la cabeza.
—No huele a ninguno.
—¿Y entonces?
—Puede que sea de algún animal silvestre que pasara por la zona.
Me quedé mirando fijamente aquella extraña pluma. Tal vez Eric tuviera razón.
Di un largo suspiro y meneé la cabeza. Me estaba volviendo paranoica y no quería. No le pensaba dar más importancia de la que tenía. No era extraño que por aquí pasara de vez en cuando algunas aves de otros lugares, por lo que debía de ser eso.
—Sookie —comenzó a decir Eric, mientras depositaba la pluma en la mesita de noche cerca de la ventana; la verdad es que era bonita, y tal vez la guardara en alguna parte como decoración—, hay algo que quiero preguntarte.
—Pues pregunta… —contesté sin prestarle mucha atención.
Me abrazó por detrás y nos quedamos así durante unos largos segundos. Apoyó su cabeza en la mía y dio un largo suspiro. No sé por qué, pero no pude ver en su mente lo que le ocurría.
—¿Qué ocurre?
—Sé cuál va a ser la respuesta, pero me gustaría que al menos te lo pensaras antes de decir nada definitivo. Tampoco quiero que sea ahora, porque las circunstancias no son óptimas que digamos. Pero esta vez quiero hacerlo bien, y sin mentiras ni engaños de por medio.
Fruncí el ceño y me solté de su abrazo. Me giré para mirarlo, porque realmente no entendía nada.
—¿A dónde quieres ir a parar?
Me cogió de una mano y me la besó. Cuando me la devolvió vi que me había depositado algo en la palma.
Era un anillo.
—Al menos piénsatelo.
No podía apartar la mirada de ese anillo.
—Es que no sé qué decir.
—Entonces no digas nada hasta que no estés segura.
Le miré a los ojos y pude ver con claridad cuáles eran sus intenciones. Eran sinceras. Y buenas. Vi de nuevo al Eric de sus recuerdos, al que él quiso mostrarme. Al humano, no al vampiro.
Tomé aire y lo expulsé lentamente por la boca.
—Sí, acepto.
NDA: Sé que ha sido cortito, pero el calor no me quiere dar tregua y de todos modos esto es lo que quería poner. Así que me quedo satisfecha. No quise ahondar más con el asunto de Amber/Sabrina, porque realmente prefiero dejarlo para el siguiente fic, que ya tengo pensado cómo empezarlo y espero hacerlo muy pronto.
Aunque de mientras, estoy pensando escribir aunque sea una golosina en modo de one shot solo para quitar un poco el mono de esta historia. xD
He notado que siempre sospecháis mucho de Bill cada vez que ocurre algo raro. Voy a hacer un pequeño spoiler: no tengo ni he tenido nunca intención de hacerle el malo de la historia. xD Pero es cierto que me cuesta un poco escribir sobre él, y creo que por eso le mando taaan lejos a menudo. Pero a la vez, también siento que no paro de hacerle un desgraciado, así que por eso él se va a pensar. Porque en verdad soy yo la que tiene que pensar qué hago con el pobre. xD
Agradecimientos:
Cari1973, gracias por tus buenos deseos. Tomaré nota de lo que me dices. Siempre me acabas inspirando con algunas de mis tramas. Y he de decirte que algo de lo que me comentaste lo verás en el próximo long fic. :3 Gracias por tu comentario.
Perfecta999 I'm glad you want to reread it. But soon I will start a new story, and I hope it will be very, very soon. Thank you very much for your comment. :3
ciasteczko, I have not received your comment yet, but I know you will very soon. I just hope you're okay.
Y a todos los lectores que me leen entre las sombras, gracias también. Y que os cuideis mucho.
Por cierto, quería actualizar hoy (y terminarlo) porque justo hace un año que me terminé de leer la saga y decidí emprender el camino de meterme en este fandom que me ha dado tan buenos momentos. Y que, por el momento, me quedo. :3
Bueno, eso es todo. Me apena tener que terminarlo así, pero... debía hacerlo. Sé que aún hay algunos cabos sin atar, pero ya se verá todo.
En fin, espero que todos estéis bien. Cuidaros mucho.
Un saludo enorme.
~Miss Lefroy~
PD: Casi se me olvida: ya resolví mi problema de internet. Así que ya no tendré problemas (más que con el calor, que es el MAL).
13/08/2021
