Disclamair: Eh... no sé como hacer disclamair porque las historias de la biblia son de dominio público. Solo puedo decir que el concepto de los personajes pertenece a Dreamworks.
Las historias de Rubén
A José siempre le gustaba escuchar historias y su padre lo llenó de todo tipo de historias. Pero su hermano mayor, Rubén, era quien podía llevarse la mayor parte del crédito. Él sabía y contaba historias que el mismo Jacob no se atrevía, como la destrucción de Sodoma y Gomorra, o el casi sacrificio de su abuelo Isaac a manos de su bisabuelo, Abraham. También de la esterilidad de su bisabuela Sara, pero que aun así concibió y dio a luz. Parecía que era algo de familia el problema de la esterilidad, puesto que su abuela Rebeca también le dijeron que era estéril y terminó concibiendo a su padre y su tío. Aunque eso último se lo contó el mismo Jacob, le gustaba pensar que compartían eso en común. Y por supuesto, Rubén no se calló de como su padre heredó la primogenitura.
Jacob, su padre, contó como obtuvo la bendición de Dios a través de una pelea justa, pero nunca como tuvo la bendición de ser el primogénito, habiendo nacido después que su hermano gemelo, Esaú.
Aquel día, José pintaba los primeros bosquejos de lo que era su tierra en Canaán; su madre tejiendo, su padre yendo a buscar agua al pozo y los girasoles. Luego de meditarlo, comenzó a pensar en cómo debería representar a sus hermanos, si era necesario dibujarlos luego de venderlo.
—José, que bonito diseño —murmuró una voz que sobresaltó al lector de sueños.
—¿Eh? ¡Asenath! Me disculpo por no notar tu presencia —había estado tan ensimismado en su inspección que no notó la llegada de Asenath, la sobrina de Potifar y Zuleika.
—Está bien, tal vez fui muy silenciosa. Debo dejar de ser escurridiza, como dice la tía Zuleika.
Luego comenzó a vislumbrar con mayor atención los dibujos. Acercó sus manos a la anciana tejiendo.
—Es muy lindo ¿Quiénes son ellos? ¿Personas conocidas? ¿Amigos cercanos?
—Si —dudó un rato decirle quienes eran, pensando que no sería buena idea, pero al final optó por hacerlo—. Me basé en mis padres para hacer este bosquejo —sonrió nostálgico, sabía que no era de buena educación comportarse así frente a alguien de la familia de su amo, pero no podía evitar hacerlo, Asenath le caía muy bien. Además, ella era muy agradable.
—Tu padre, luce un poco mayor, también tu madre.
—Bueno, nací muy tarde, diría —se quedó silencio, con la vista en su cincel.
Él no quería que la nostalgia lo invadiera por completo. Su padre le repetía que estar triste por el pasado no era algo saludable, pero añoraba su hogar, excepto cuando pensaba en sus hermanos. Entonces esa nostalgia disminuía, para convertirse en rabia.
Asenath notó los cambios de expresión en el rostro de José. De la tristeza al enfurecimiento. Supuso lo delicado que era ese tema para él, o que había perdido algo de su pasado que lo molestaba. Bueno, era un esclavo y perder la libertad no era algo fácil de afrontar.
—Mi padre también me tuvo a una edad muy mayor —dijo con intención de desviar el tema y tratar de conectar un poco de empatía con él. Tratar de ser empático con un esclavo no era muy prudente, pero José no era un esclavo más, al menos no para ella—. Mi madre falleció al poco tiempo de darme luz y mi padre y yo nos mudamos a la casa del tío Potifar para encontrar un buen lugar donde criarme. A pesar de que se llevaban bien, siempre sentí que mi tío tenía un poco de rencor a él, decía que era el favorito del abuelo por escoger ser sacerdote.
—¿En serio? Pues a mi padre le pasó lo mismo con su hermano, aunque él fue muy astuto, logró tener la primogenitura, incluso no siendo el mayor y sin matar a nadie.
—¿En serio? ¿Cómo fue eso posible? ¿Qué ocurrió?
—Es una historia interesante —atisbó un banquillo que había tomado para sus momentos de descanso y pensó en acomodarse allí antes de empezar con la historia, pero recordó que por su condición de esclavo, era mejor dejárselo a Asenath—. ¿Quieres tomar asiento? —ella notó el pequeño banquillo y se sentó en este. José apoyó su espalda contra la pared y se deslizó hasta el piso.
—Él y mi tío eran hermanos gemelos, pero mi padre nació después que él, por lo que mi abuelo lo consideró el menor. Mi tío tenía era quien tenía todo el derecho de heredar la primogenitura y la bendición de mi abuelo. Él era cazador y mi padre se aficionaba a labores hogareñas, por lo que mi abuela le tenía una cierta preferencia. Un día, mientras mi padre cocinaba un guiso de lentejas, mi tío volvió cansado y hambriento de su cacería, le pidió un poco de su guiso. Mi padre le dijo que lo haría con una condición, que le diera su derecho de primogénito a cambio.
José contempló como Asenath abrió la boca sin ocultar su sorpresa. Se contuvo una carcajada que amenazaba con escaparse de su sonrisa, él también había reaccionado así cuando Rubén se lo contó.
—Tu tío no cambió algo tan importante por una simple comida… ¿Verdad?
—Claro que lo hizo, dijo que no le importaba porque se moría de hambre. Pero eso no es todo.
—¿Qué? ¿Qué pasó?
—Aunque tenía el derecho de la primogenitura, aún no tenía la bendición de mi abuelo. Entonces, cuando él ya estaba muy viejo, ciego y casi a punto de morir le pidió a mi tío que cazara algo y luego se lo sirviera. Después de comer le daría su bendición, pero mi abuela ideó un plan con mi padre. Primero, hizo que él le preparara a mi abuelo una comida con una cabra y lo vistió como él.
—Espera ¿No dijiste que tu abuelo era ciego en ese entonces? y ¿Por qué cada vez que se habla de algo importante en tu familia, un plato de comida termina involucrado?
—Pues, si. Mi abuelo era ciego, pero mi tío era muy velludo, por lo que además de vestirlo, le puso un poco de pelaje de esa cabra para que no lo reconociera si le tocara las manos. Era ciego, pero astuto. En cuanto a lo de la comida, no lo sé —se encogió de hombros el cananeo de tal forma que hizo reír a la egipcia. Asenath tenía una bonita sonrisa. José sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos y trató de concentrarse de nuevo en la historia.
—¿En qué estaba? Ah, cierto. Mi padre se vistió como mi tío, entró en su carpa y le dio el plato de comida. Como te dije, mi abuelo era astuto y reconoció la voz de papá, como no sonaba igual a mi tío mi abuelo le dijo así —en ese momento, José se inclinó de una manera cómica frente a Asenath, como los ancianos suelen hacer e imitó una voz rasposa, pero graciosa, tal como recordaba hacer de Rubén, que casi hizo reír otra vez a la egipcia—, "acércate, pues quiero tocarte y comprobar que eres mi hijo Esaú" mi abuelo tocó sus manos para comprobar que era mi tío —José, dejándose llevar por la historia, cerró los ojos, como si estuviera ciego y posó sus palmas frente a los dorsos de la egipcia, sin darse cuenta. Ella se sintió estática, nunca antes lo había tocado, o no recordaba haberlo hecho, las manos de José eran gruesas, pero cálidas—. "La voz de Jacob, pero las manos de Esaú", asumió mi abuelo, por lo que terminó aceptando la comida y lo bendijo ¿Verdad que es interesante?
—Ah… José —llamó Asenath en voz baja con los ojos posados en sus manos, todavía juntas, pero el cananeo no hacía caso.
—Y deberías escuchar la historia de la batalla de mi padre con… —fue entonces cuando abrió los ojos y notó el sonrojo de Asenath, lo que le hizo darse cuenta de lo cerca que estaban sus caras y que sus manos seguían sobre las de ella—. ¡Perdón! Me dejé llevar por la historia —retiró sus manos rápido y las llevó detrás de su espalda, como si quisiera esconderlas de algún mercader que quisiera cortárselas por haber tocado algo prohibido. También desvió su cara, con tal de que ella no notara su visible rubor a la luz de las antorchas.
Un raro silencio incómodo prosiguió a la separación de ellos, pero Asenath logró romperlo.
—¿Y qué pasó con tu tío después de… eso? —su voz era susurrante y cohibida, seguía avergonzada por lo de hace poco.
—Pues, guardó mucho rencor a mi padre, por lo que tuvo que huir a las tierras del hermano de mi abuela —parece que no solo la esterilidad es algo común en mi familia, pensó recordando que los celos entre hermanos también parecía algo muy común.
—¿Nunca se disculparon?
—No que yo sepa —José volvió a sentarse en el suelo, de espaldas al mural, Asenath se levantó de su banquillo y se posicionó a su lado, con una tímida sonrisa.
—Tenías razón, era una historia interesante.
—Gracias.
—Mi historia se quedó corta al lado de la tuya.
—Tal vez es porque no le preguntas a la gente correcta de los sucesos.
—¿A qué te refieres?
—Mi padre nunca me contó aquello que te acabo de narrar. —Eso volvió a sorprender a la egipcia, quien lo demostró en su mirada—, no sé si era por vergüenza o qué, pero de no ser por Rubén nunca me hubiera enterado de nada.
—¿Rubén? ¿Quién es Rubén?
José calló y las facciones de su rostro se llenaron de pena. Rubén siempre los hacía felices a los hermanos con tantas historias ¿Cómo alguien como él pudo acceder a venderlo? Ahora que lo pensaba, no recordaba su mirada aquella noche que se lo llevaron a Egipto ¿Se habría arrepentido?
—Es solo mi hermano, mi medio-hermano —respondió parándose de la pared y retirándose con el ceño fruncido y sus puños apretados—, debo ir a fijarme la mesa para la cena, con su permiso —dijo con la excusa de irse, odiaba tocar el tema de sus hermanos.
Asenath inclinó su cabeza y tocó sus manos, como le hubiese gustado haber mantenido el tacto con las manos de José más tiempo.
He decidido hacer este pequeño fic para dar un poco de importancia a esta pareja. Es muy linda, pero no hay mucho de ellos. Espero que les haya iluminado. Gracias, vuelva pronto!
