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EL PORTAL EN EL CIELO
El edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, la tierra de todas las naciones. El que recientemente ha recibido nuevas modificaciones. La secretaria se alzaba en un alto edificio de grandes ventanas reflectantes que brillaban con el Sol que albergaban a seis mil empleados en sus treinta y nueve pisos, a su lado se encontraba la Asamblea General a la que tenías que acceder por los pasillos que eran más un elaborado laberinto. Al lado contrario, se colocaba la biblioteca que casi nadie de ellos usaba y al final, al frente del rio East River, estaba el centro de conferencias que era exclusivo de las naciones en donde discuten temas importantes de índole mundial.
No era la primera vez de lo que iba del año en que los llamaban por un estado de emergencia. Desde el secuestro de Stark en los territorios de Afganistán, las cosas se han ido intensificando con los informes del gobierno norteamericano que recolectaba información de los incidentes de Harlem, Nuevo México y el recién descubrimiento del Capitán América en el hielo, que despertó sentimientos de paranoia en algunos de ellos (en especial de Europa) por el temor de que Rogers pudiera reconocerlos.
Personalmente, Portugal nunca conoció al hombre. No tiene ningún problema con que el capitán casi centenario siga vivo entre ellos. Era algo divertido ver la expresión preocupada de su amigo Inglaterra por el niño de oro de Estados Unidos. Lamentablemente, estaban hablando de algo mucho más serio relacionado con los dioses nórdicos (que técnicamente eran extraterrestres, pero ñe, detalles).
Portugal trataba de mantenerse despierto, pero la noche anterior la gastó en hablar con su antiguo protegido, Brasil. Comenzó a arrepentirse un poco al empezar a cabecear en la Conferencia Mundial, él intento escuchar acerca de los eventos ocurridos en Alemania por el supuesto dios nórdico llamado Loki.
— ¡Qué asco! — el grito de Bulgaria lo saco de su estado somnoliento.
Stefan codeo a su hermano menor — ¿De qué están hablando?
— Loki le saco el ojo a un científico alemán con un artefacto raro y lo tenían grabado en un video — explicó España con disgusto, el luso se quedó pensando en porque alguien se tomaría tantas molestias en sacarle el ojo a alguien y quien sería tan valiente para grabar tal atrocidad.
— ¿Por qué harían algo como eso? — preguntó Brunéi.
— Por iridio — aclaró Alemania pasando a la siguiente diapositiva — Loki escapó y nadie sabe en dónde está.
— O sea que tenemos a un loco con cuernos corriendo por ahí con un cubo brillante que nos declaró la guerra y ya mató a ochenta personas en dos días — habló México con una sonrisa nerviosa resumiendo las dos horas de conferencia en una sola frase.
— Básicamente — confirmó Prusia.
— Vaya, la tercera guerra no fue provocada por Alemania — bromeó Dinamarca que fue reprendido por Finlandia con un golpe en la cabeza. El alemán eligió ignorarlo.
Bolivia levanto la mano sin dudarlo.
— Bolivia — le concedieron la palabra.
— ¿Podemos ir a almorzar?
Eso causo el enojo de Alemania con varias quejas de diversas naciones que también querían un descanso e ir a comer junto con la crítica de Argentina "Este boludo no tiene remedio". Los más serios criticaban a los otros por su falta de profesionalismo y compromiso con la sesión. Las voces se elevaron casi llegando a fueras de la sala.
— ¡Basta! — gritó Alemania silenciándolos dando un golpe en la mesa — El almuerzo no está programado hasta que podamos resolver esto sin preocupar a los civiles.
— Alemania tiene razón — concordó Francia con un rostro serio — Seamos realistas. Técnicamente estamos en guerra con un enemigo del que no conocemos nada y la mitología nórdica no ayuda mucho, sin ofender — se giró al grupo de nórdicos que le dieron el visto bueno al comprender la situación.
— ¿Y nosotros que podemos hacer? — Sokovia miro a la diapositiva de la presentación — Puede que nos superen en tecnología, en ese caso ¿qué hacemos?
— Es mejor ir por partes — dijo Sudáfrica apoyando sus codos en la mesa — Deberíamos capturar de nuevo a Loki.
China suspiró — Seria como buscar una aguja en un pajar.
— ¿No hay una manera de rastrearlo y quienes están buscándolo?
La pregunta de Líbano hizo que todos se voltearan a Estados Unidos. La nación anfitriona tosió incómodo por tener los ojos de todos en su persona, quien misteriosamente decidió guardar silencio.
— Estados Unidos.
— Líbano.
— Contesta la pregunta — demandó la mujer.
— Mis científicos tratan de rastrearlo — contestó Alfred con una gran sonrisa demasiado grande como para ser autentica.
Portugal dio un suspiro sabiendo que el niño les ocultaba algo. No era la primera vez que el portugués sospechaba que el gobierno de Estados Unidos tenía una forma no muy ética de espiar e investigar las anomalías que debían guardarse en secreto. No le sorprendería que tuviera uno o dos de esos espías vigilando a cada personificación y Portugal no confiaba que estuviera tan callado, algo ocultaba.
— ¿Dónde encarcelaste a Loki? — la pregunta esta vez vino de Inglaterra quien juzgaba con la mirada a su antigua colonia.
— En una celda de alta seguridad, una muy genial.
— Una de que logró salir ¿no? — dijo Portugal causando unas risitas y que la mirada de Inglaterra se intensificara.
— ¡Oye! ¡Mi gente se esforzó en contenerlo!
— ¡No lo suficiente! ¡Dejaste escapar una amenaza global y puede mordernos en el trasero en cualquier segundo!
— ¡Inglaterra tiene razón! ¿¡Qué vamos a hacer?! — exclamó Siria.
España toco el hombro de Portugal, quien dejo de seguir el hilo de la discusión — Portu.
— ¿Qué pasa?
— ¿Escuchaste ese sonido?
Stefan miro a su hermano en un estado de confusión y negó con la cabeza — ¿De qué hablas?
España hizo una simulación de una explosión con sus manos — Se escuchó como una explosión, fue un sonido raro como cuando pegas con una cuchara a un cazo. Pero un millón de veces peor.
— No, no he escuchado nada como eso.
El español miro por la ventana algo preocupado, el mayor siguió su mirada hacia la torre Stark. A Portugal le gustaba el edificio, era bastante llamativo y te exigía que le miraras como si fuera una especie de diva. Era el reflejo perfecto de su dueño.
Los ibéricos fueron los primeros en notar el rayo azul que se disparó al cielo.
— ¡¿Qué mierda?! — musitó Portugal elevando su voz que interrumpió la discusión en la sala sin querer.
Las naciones voltearon a la ventana que mostraba que en el cielo había un hoyo de un azul eléctrico encima de la torre Stark. Sus expresiones pasaron de la perplejidad al horror con la visión de naves pequeñas saliendo por el portal causando una sonora explosión en alguna parte de la isla de Manhattan. Pululando como parásitos por toda la ciudad. Nadie respiro, nadie se movió por dos segundos y la adrenalina se disparó en la sangre al sentir a su gente con miedo, era Nueva York, la ciudad que prácticamente era la comunidad de todas las naciones existentes.
Estaban en peligro. Estaban siendo invadidos por... extraterrestres de todas las cosas.
No había dudas de que su invitado venía a conquistar.
Con Loki a la cabeza de la invasión.
Y como en el infierno lo permitirían.
El primero en moverse fue Suiza, quien le quito el seguro a su rifle de asalto y poniendo a su hermana a sus espaldas. El sonido familiar puso en todos en movimiento, Samoa corrió hacia la palanca de emergencia que activo la alerta de evacuación de toda la sede. Las luces rojas bañaron a todos con el estruendoso sonido de la campana pregrabada que no hacía más que ponerlos ansiosos. Las personificaciones que se especializaban en el rescate, comenzaron a dispersarse hacia la salida para ayudar con la evacuación.
Sacaron armas de todo tipo de sus uniformes militares, Portugal nunca se sintió más agradecido en vestir su uniforme de aviador. Acomodó sus goggles sobre sus ojos y sintió a su hermano acomodarse a su lado con su alabarda al mismo tiempo que le quitaba el seguro a su pistola, de fondo escuchaba a Estados Unidos gritando por teléfono.
Croacia gritó alzando su revolver — ¡Viene algo!
Varias de esas naves se estrellaron contra las ventanas del centro de conferencias y Portugal sintió el vidrio desgarrar su piel antes de que su cabeza se estrelle contra la pared para apagar su conciencia.
….
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¡Dispara!
…..
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¡Mueve-! Oye...
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¡¿Qué haces?!... Por…
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…..
Levántate
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…..
— ¡Idiota! — el rostro de Inglaterra estaba demasiado cerca del suyo, y su ojo derecho enloquecido. Portugal levanto su mano, retirando con su dedo índice la sangre que escurría del parpado izquierdo de su amigo — ¡Deja de hacer eso! ¡Concéntrate! ¡Estas cosas siguen aquí!
¿Las cosas? Mierda, los alienígenas.
¿Cuánto tiempo ha estado inconsciente?
— Un minuto — contestó el británico a su pregunta de voz alta.
Estaban siendo defendidos por Francia, Irlanda y Tanzania que atacaban con lo que podían. Al recuperar sus sentidos Stefan se levantó empujando a Arthur, siguiendo su instinto en dispararle a las criaturas grises con cara de momia. Pronto se separaron al verse en la necesidad de saltar a un lado, cubriéndose con los asientos por los disparos de las armas de los extraterrestres. Una de sus balas impacto de lleno en la cabeza de una de esas cosas, esparciendo sangre negra.
— ¡Hay que salir de aquí! — gritó Ghana en algún lado de la sala.
Ella tiene razón, este no era terreno para combatir, no tenían un plan de ataque y menos la comunicación necesaria para coordinarse. No morirían, regresarían después de un rato, pero Portugal prefiere evitarse el dolor y el golpe en su orgullo.
— ¡¿Pero si hay más de esas malditas cosas?! — gruñó Romano sacando a su ira para hacerle frente al miedo que sentía, soltó una sarta de maldiciones cuando se quedó sin balas.
— ¡Tenemos que comunicarnos con nuestros ejércitos y aniquilarlos!
— ¡Sus armas son superiores a las nuestras! ¿¡Como carajo le ganamos a eso!?
— ¡Sigan evacuando!
— ¡Vayan a territorio abierto! — el fuerte grito de Estados Unidos fue seguido por los rayos púrpuras que destruían cada cosa que tocaban.
Había un gran agujero en el techo del edificio por donde entraban más de los invasores, los escombros salían disparados en las explosiones y la alarma no había parado de sonar. Portugal apenas era consciente del vidrio atorado en la carne de su mandíbula y como su regeneración trataba de sanar entre los fragmentos. Él estaba más preocupado tratando de parar la situación y en saber cuántos de ellos seguían dentro del caos.
— ¡Corran! ¡Ahora! — exclamó Perú, quien de alguna forma consiguió una de las armas del enemigo. La lanza disparaba en su punta esos rayos de energía, de los que Portugal solo había visto en las películas de ciencia ficción.
Salió de su escondido improvisado, echándose a correr hacia una de las salidas de emergencia. Escuchó pasos apresurados detrás, Portugal no giro para ver quiénes eran. Esquivó los escombros en una especie de carrera de obstáculos. Un alienígena apareció en una esquina, sus instintos de soldado se hicieron presentes al derrapar por las baldosas y deslizarse para darle una patada acertada en las rodillas de la criatura, haciendo que esta perdiera el equilibrio. Le arrebató el arma y le disparó en el pecho acabando con su vida. Portugal en un rápido vistazo vio que quienes lo seguían eran Ucrania, Salomón, Honduras y Egipto.
Continúo corriendo, sintiendo su cabello suelto en sus mejillas y pegándose por el sudor de su nuca. En algún momento en la pelea su liga debió romperse.
— ¡Ahí vienen más! — chilló Salomón.
Portugal se hizo a un lado dejando que las otras naciones lo pasaran de largo. Con el arma que tomó, comenzó a disparar a los invasores que contestaron a su agresividad.
— Maldita sea — dijo Stefan por poco siendo alcanzado por un disparo láser. Si se quedaba parado era probable que lo acorralaran en todas direcciones, pero no podía ir en la misma dirección que sus compañeros que no tenían con que defenderse.
Portugal decidió tomar otra ruta entre tropezones en su afán de no acabar con un agujero en el cuerpo. Escuchó los espantosos ruidos que hacían esas cosas al mismo tiempo que la luz del exterior brillaba en sus retinas. Se escondió detrás de estructuras sin forma, disparó a los restantes que cayeron en una pila.
Miro a todos lados sin saber a dónde dirigirse. El movimiento del mechón flotante de Argentina entre los arbustos llamó las campanas en su cabeza, sus pasos fueron de inmediato a él y tal vez Portugal debió haberle gritado antes para evitarse el puñetazo que conecto en su mandíbula.
— ¡Imbécil! — le gritó frotando la zona que recibió el golpe. Argentina tuvo la decencia de parecer avergonzado, su camisa estaba desabotonada y sucia. Y le faltaba el zapato derecho.
— ¿Portugal? — la voz de Martín sonó agotada — Joder, pensé que eras una de esas cosas. Lo siento, no quería pegarte.
— Ya — dejó caer el tema — ¿Solo eres tú?
— Perdí a los otros en el camino.
Stefan se preocupó — ¿Ellos...?
— No, ninguno murió. Al menos yo que sepa — dijo Argentina para luego señalar en el cielo — No creo que salí afuera cambie muchas las cosas.
El luso se dio cuenta de las motos voladoras que manejaban su invitado intergaláctico. Un gran estallido del edificio sacudió el suelo, los dos vieron a México, Australia y a varias naciones que llegaron al techo del edificio. Los rápidos movimientos indicaban que se encontraban peleando a puño limpio con el enemigo, eso se contradijo con el sonido de los disparos láser.
— Mierda.
— ¿¡Por qué demonios se fueron ahí?! — gruñó Stefan poniéndose a disparar a distancia. No era un francotirador tan habilidoso como Vash, pero tenía una buena puntería. Falló algunos tiros que delataron su posición lo que provocó un fuego abierto entre los bandos. Portugal escuchó a Australia gritar algo en inglés que por la distancia no logró saber que fue.
Corrieron a cubrirse entre los escombros mientras Portugal continuaba disparando. Le era desconocido si el arma tenía un límite de disparos, que era lo que le daba poder, si tenía una especie de seguro o si podían localizarlos por medio de ésta. Sin embargo, era su mejor oportunidad en el combate.
El corazón de los dos hombres amenazó con detenerse cuando una de esas motos paso junto a las naciones atrapadas en el techo y México al parecer tuvo la brillante idea de aventarse contra el conductor, lo que implicaba que se lanzó del techo. La nave se sacudió, tembló peligrosamente cerca del suelo para después alzarse sin saber qué fue lo que paso.
— ¡Está loca! ¡Volved aquí, hija de puta! — gritó Martín gesticulando salvajemente al cielo.
Portugal quería saber qué demonios le enseño España para aventarse sin pensarlo contra alienígenas asesinos. De todas las cosas que suceden los martes debió ser una invasión alienígena. Si no fuera porque la estaba viviendo, no lo creería. El ibérico deseaba que fuera una pesadilla por consumir demasiada azúcar antes de dormir y que no acaba de ver a México pelearse por el control de una moto alienígena que vuela.
Continuó disparando tratando de enfocarse en las naciones restantes que también entraron en pánico al presenciar el acto. De pronto salieron del costado izquierdo del edificio, otros compañeros que vieron la locura de la mexicana.
— ¿¡Vieron eso?! — gritó Ucrania entre lágrimas histéricas ocultándose en la esquina.
Argentina la miró con la incredulidad en su rostro — ¿Qué si lo vi? ¿¡Qué si lo vi?! ¡La maldita de México se aventó y sabe Dios que le habrá pasado! ¡¿Y vos no estaba con Rusia?!
— No me grites — sollozó Yekaterina con un pañuelo en su nariz, detrás de ella venia Honduras con una grave abrasión en su pierna con Egipto sirviéndole de muleta, haciendo que Portugal se preguntara donde se fue Salomón. Pero Ucrania continúo hablando — Vanya se quedó a pelear con China y Corea del Sur. Me indicó que me escondiera, pero una de esas cosas me encontró y solo corrí.
— Esos dos locos. Todos por aquí perdieron la cabeza — se lamentó el argentino.
— Ella está bien — dijo con dificultad el hondureño — La escuche gritar de emoción y derribando algunas de esas cosas.
Eso pareció tranquilizar a Argentina. Ojalá Portugal pudiera decir lo mismo, por que vio algo que lo dejo con la boca abierta. Talló sus ojos sin poder creer que los alienígenas antropomórficos eran solo la punta del iceberg.
Entre los edificios de Manhattan una larga, colosal, enorme, increíble e imposible criatura navegaba sin preocuparse en toparse con la jungla de concreto. Tenía la forma de una anguila que nadaba en el mar con la excepción que poseía una especie de aletas, e iba cubierta con lo que parecía un exoesqueleto de metal. Se veía masivo desde el otro lado del río, Portugal no quería ni pensar en su tamaño real al estar a un lado de esa bestia.
— Encuentren al cerdo — murmuró Stefan apretando el arma contra su cuerpo tratando de salir de su estupor.
— ¿Perdón? — dijo Martín confundido.
— ¡Ucrania! — Esta vez gritó — ¡Encuentra a Estados Unidos! ¡Que mande a su ejército!
— Portugal, no sabem-
— ¡Mira a la criatura gigante que está destruyendo Times Square!
No necesitaba mirarlos para saber que se habían puesto pálidos y que Ucrania hizo exactamente lo que ordenó. Honestamente, Portugal no sabía que el gobierno estadounidense lanzaría una ojiva nuclear para eliminar a los extraterrestres y a la mitad de Nueva York con civiles a bordo.
Portugal era demasiado viejo para esto.
