Arya miró al mapa y de nuevo a Jon. La primera vez que tuvieron esa reunión todo le había parecido un montón de tonterías. Era cierto que ella no tenía su experiencia en batalla, ni sus estudios en tácticas de combate, pero estaba segura de que nadie en su sano juicio apoyaría esa estúpida idea. Empezando por la reina de cabello plateado que le miraba hinchando la nariz desaprobatoriamente. Por suerte para ella esta vez tenía un aliado aún más sorprendido, en aquella habitación.

- Es una mierda de plan. - La voz de Robb atravesó el lugar y caló hondo entre los presentes.

- Lo sé. - Contestó Jon y Arya abrió los ojos sorprendida. - Pero es el único que tengo.

- Te matará. - Pronunció Sansa solemne y suspiro resignada.

- Es posible. - Tomó aire y cerró los ojos al expulsarlo. - Oídme bien. Ya sé lo que nos estamos jugando, pero seamos sinceros Daenerys y Drogon son nuestra baza más fuerte, y los demás solo somos piezas reemplazables.

- No eres reemplazable. - La voz oscura de Arya le hizo tragar saliva. - Eres nuestro hermano.

- Soy vuestro…

- Hermano. - Repitió ella solemne. - Y Robb tiene razón es una mierda de plan.

Jon suspiro cansado. Por su puesto que era una porquería de plan, pero sin recursos armamentísticos, ni humanos no les quedaba más que jugárselo todo a una carta y los presentes deberían aceptarlo. Cerró los ojos y respiro hondo esperando los reproches, las quejas y las nuevas estrategias, con la esperanza de que alguna de ellas se le hubiese pasado por alto.

- Arya tiene razón. - Sentenció Robb. - Es más que probable que mueras sin lograr tu objetivo. Pero tampoco es como si tuviésemos otra opción. - Sentenció cruzándose de brazos.

Jon abrió los ojos desmesuradamente y una sonrisa tranquila asomo en la comisura de sus labios. Por un segundo después de tantas pérdidas podía tener un mínimo de felicidad ante aquellas palabras. No era la perspectiva de la cercana muerte, ni la pasada noche entre los muslos de Daenerys, era el hecho de sentir de nuevo la confianza de su hermano sobre él.

De niños habían sido amigos, hermanos, casi iguales. Robb fue el primero en confiar en él. El primero en jugar a la guerra y en exigirle exprimirse el cerebro para igualar los resultados y lograr sobrepasarle en algunos escasos momentos, por eso tener su aprobación, a pesar de saber que era porque no existía otra opción, era algo que le llenaba de estúpida e infantil esperanza. Quizás incluso conseguirían sobrevivir.

- Bien. - Habló la reina Dragón. - Si vas a llevar a mi hijo a la muerte será mejor tener todas las opciones cubiertas. No pienso sacrificarlo inútilmente. - Y Jon asintió notando el dolor en su cristalina mirada.

- Te juro que haré todo lo posible por mantener a Raegal a salvo. - Y ella le creyó.

- Mi reina. - Se adelantó Gusano Gris. - Los Inmaculados mantendrán la posición. Aguantaremos hasta que el último muerto regrese a donde pertenece.

- Gracias Gusano Gris. - Le sonrió. - Los dothraki os apoyarán.

- No. - Acostumbrado a mandar el primogénito de los Stark no se dio cuenta de la fuerza de sus palabras hasta que un silencio incómodo se impuso en la habitación. - Quiero decir que no sería la mejor opción mi señora. - Se apresuró a corregir.

- Y según vos, ¿cuál sería esta, Lord Satrk? - Aquellos que la habían seguido en sus viajes notaron su contrariedad ante la falta de modales demostrados por el muchacho pelirrojo.

- Los dothraki son jinetes, no?, - Y ella asintió. - Entonces la mejor opción sería utilizarlos para movilizar a los muertos. Serán nuestro martillo, les rodarán por el flanco y atacarán lateralmente. Dejaremos una cuadrilla apartada, para que se encarguen de aquellos caminantes que se dispersen. - Habló mientras colocaba las figuras en el mapa de la mesa dando sentido a sus palabras.

- Ser Jorah. - Llamó ella, pero el hombre adelantándose a sus deseos ya estaba observando la situación.

- Podría funcionar Kaleeshi. - Pareció dudar un momento, recolocó varios tocones que representaban a sus huestes y sonrió satisfecho. - De hecho, podría funcionar muy bien.

- Sólo si conseguimos prender las hogueras. - Apuntó Arya y sus hermanos mayores sonrieron al ver que ella había entendido el plan.

- Cierto. - Afirmó Robb. - Con este frío será difícil, pero tenemos dragones.

- Eso no será posible. Si Raegal se acerca tanto también lo hará Viserion y si lo hace Drogon descubrirá su posición. - Todos asintieron al escuchar hablar a la joven Mormont, de pie pálida y casi descompuesta.

- Las prenderemos. - Afirmó Sansa Stark. - Aunque tengamos que fabricar fuego valyrio. - Y alzó la testa orgullosa.

- Disculpad pero… - Pidió Gendry alzando la mano - Podríais explicar el plan para aquellos que no hemos estado más que en peleas callejeras? - Y Arya rio por la nariz

- Obligaremos a los muertos a venir por el camino que nosotros elijamos. - Explicó Jon acercándose al mapa. - Usaremos las huestes de jinetes para cerrar uno de los laterales. –

-Colocaremos varias de las huestes de los inmaculados de frente atrayendo su atención. – Continuo Robb y colocó varias figuras representativas frente a lo que debían ser la puerta de Invernalia.

- Si prendemos fuego al foso que rodea Invernalia dejando sólo unos pequeños accesos libres de llamas. - Continuo Arya con una sonrisa. - Vendrán en fila a atacarnos por ahí, porque es la zona más vulnerable.

- ¿Y si nos sobrepasan? - Preguntó Sansa con una ceja alzada.

- Moriremos. - La voz de Tyrion sonó oscura, como el tañido de una vieja campaña oxidada por las inclemencias del tiempo.

- ¿Y si no morimos? - El matarreyes, se hizo eco de su pequeño hermano, dejando en el aire una chispa de burla.

- Pues beberemos más vino. - Contestó el enano encogiéndose de hombros. – Sí, creo que eso sería una gran idea. - Más animado se acercó hasta una de las ventanas oteo mientras sus dedos se movían nerviosos. - Podría servir, si creo que podría…

- El que mi señor. - Pregunto Podrick.

- Si los muros caen moriremos y si resisten dará igual cuantas provisiones queden porque marcharemos al sur, y allí podremos reabastecernos. - Sansa le dedicó una mirada dolida. - Quitaremos las catapultas del campo. La subiremos a las torres de defensa y lanzaremos bidones de aceite prendidos. Quemaremos a algunos e incendiaremos el campo, así tendremos luz.

- Los veremos llegar. Estaremos preparados. - Asintió Gusano Gris. Dispondré a mis hombres en grupos de 10 filas. Atacar y atrás, que se intercambien para evitar el cansancio y mejorar la precisión.

- No creo que nos den mucho más tiempo y menos cuando vea lo que pretendemos. Será mejor darse prisa. - Y sin esperar el permiso de nadie Robb Stark dio por concluida la reunión ante la atónita mirada de Daenerys que no acababa de entender cómo podían tener tanta facilidad para socavar su autoridad aquella familia.

Sólo cuando las órdenes fueron dadas y las compañías dispersas Jon se permitió el lujo de mirar a los ojos de la mujer que amaba para encontrar en ellos burbujeando la rabia y el dolor de haber sido infravalorada.

- Supongo que lo de menospreciar a la autoridad es cosa de familia. - Y Jon no puedo evitar sonreír.

- Hace años fue el rey en el Norte. Murió siéndolo, supongo que es un milagro que no nos haya encerrado en nuestras habitaciones porque es responsabilidad suya salvar esta tierra. - Dijo encogiéndose de hombros.

- Entiendo que tu hermano acabé de volver de los muertos. Pero no es solo él. Están también tus hermanas y tú mismo, Aegon. - Pronunció aquel nombre como si fuese una maldición.

- No Danny, no vamos a pasar por esto otra vez. Por mi te puedes quedar con Desembarco, el trono de hierro y conmigo mismo. Yo no lo deseo. No lo quiero. Solo quiero que mi familia salga de esta con vida y si cuando acabe esta guerra crees que soy tu enemigo, o peor aún un problema para tu reinado pues, quítame la vida. - La mujer ahogó un grito de sorpresa y movió agitadamente con la cabeza.

- Pero como se te ocurre decir una cosa así. - Le reprendió. - Aún no entiendes que yo te quiero a mi lado. Me enamore de ti siendo un tonto soldado demasiado bueno para su propio bien, y no quiero perderte. Eres mi futuro Jon Nieve. - Dijo tomando entre sus manos el rostro sonrojado del muchacho. Y él solo pudo darles un suave beso en los labios antes de salir de aquel lugar.

Las órdenes fueron ejecutadas con la misma rapidez con que se repartieron y en pocas horas. Desde la atalaya Sansa Stark rezaba a todos los dioses, de los que alguna vez conociese el nombre, por una victoria que estaba muy lejos de poder vivir, mientras entre sus manos giraba el colgante con la piedra roja con el que Melisandre la honró.

- Crees que funcione. - A su lado como un fantasma se apareció la figura de la pequeña Arya.

- Con ella al menos lo hizo. - Se giró para dedicarle una sonrisa queda y la tomó con dulzura la mano. - Y tú eres la prueba de ello.

- Entonces. - Se colocó tras su espalda y la hizo agacharse colocándola el pelo a un lado. - Deberías llevarlo puesto. - Cerró el enganche en su nuca con suavidad.

- Sabes que no tengo fe en él, ¿verdad?

- Tranquila hermana, te aseguro que ambas encontraremos la fe cuando comience la lucha.

El mundo, el destino o quizás los hados estuvieron a punto de separarlas, pero su propia fuerza las había hecho llegar a cada una de nuevo a su hogar. Y sin importar cómo ambas pensaban defenderlo hasta las últimas consecuencias.

Desde el centro de la plaza fuerte Jon alzó la mirada para contemplar lo mismo que vislumbraba los ojos de Robb, a dos familiares figuras abrazadas como si no existiese más que ese imperceptible momento.

- ¿Todavía te cuesta reconocerlas? - Preguntó con sorna el castaño y el otro le dedicó una sonrisa socarrona.

- A veces me da la sensación de que son a padre y madre a quienes veo, más que a ellas mismas.

- Han heredado sus mejores cualidades. - Asintió Jon. - Aunque también alguna mala. Arya aún sigue bostezando en la mesa cuando se aburre, tal y como lo hacía padre.

Y Robb estalló en carcajadas dejando a la vista sus perfectos dientes blancos. Por un instante fue como volver a la niñez, a aquellos años en que lo que más les preocupaba era no ser dignos sucesores de sus respectivos rangos. El primogénito y futuro señor de aquellas tierras, el que debía destacar y ser el mejor en cada tarea a la que se enfrentaba.

Con aire de gran señor tomó aliento y llevó una mano hasta el hombro de su hermano para apretarlo con fuerza. Su gesto solemne tembló la risa que pulsaba por salir de Jon y lo repuso en un estado de soldado profesional a la espera de una nueva orden.

- Todos los aquí se encuentran dicen que moriste por protegerlos. - Sus ojos azules centellearon con fuerza.

- Morí porque fui traicionado por la gente en quien confiaba Robb, igual que tú. - Tomó la mano que apretaba su hombro y se la llevó a la cara, como cuando era un niño y buscaba el afecto de su hermano.

- No Jon, moriste por qué quisiste protegerlos a todos. Yo lo hice porque me enamoré. Solo espero que nunca tengas que verla…. Partir. - Dijo a modo de eufemismo.

- Y yo hermano. – Corroboro con una sonrisa queda.

Jon se giró al oír los gritos de la mujer que encabezaba aquel ejército de disciplinados salvajes. Había niños, mujeres, soldados y gentes libres, quienes sin ninguna experiencia se habían unido a ella por el afecto que la habían brindado. Liberados de las cadenas que les oprimían fueron libres de elegir su destino. Y eso fue lo que acabo de ganar su admiración. Había escuchado las historias sobre la brutalidad con la que había destruido a sus enemigos y también la piedad que había mostrado a quienes se rindieron ante ella. Quizás acabó de ganarse su afecto cuando encontró entre los prisioneros de guerra al padre y a él hermano de Sam.

Fue Tyrion quien con más de una copa le refirió la historia de cómo estos habían sido condenados a muerte por el fuego del dragón, y de cómo había conmutado aquella horrible pena por la mazmorra cuando escuchó gritar por piedad al ejército enemigo.

Ahora, viéndola vestida de blanco abrigo y rodeada de hombres y mujeres que daban su vida por ella la vio como la reina que en realidad era. Con Ser Jorah a un lado y el padre de Sam caminando tras de ellos comentando algún asunto de táctica de batalla. Parecía increíble cómo un hombre que se veía imposibilitado de jurarla como reina estaba dispuesto a seguir sus órdenes para proteger la humanidad.

Por un instante ambos hermanos se comprendieron, chocaron sus frentes en un gesto infantil y sin palabras se prometieron una imposible victoria. Fue entonces cuando la sombra de un dragón cubrió el sol y su rugido ensordeció el mundo.

Fue entonces cuando los muertos regresaron.