Disclaimer: Juego de tronos y canción de hielo y fuego no me pertenecen, son propiedad de G.R.R. Martín y de HBO. Yo solo busco el entretenimiento. Gracias a todos los que han ayudado a crear ese mundo del que tanto he disfrutado.
CAP 6
El rugido del dragón despertó el miedo en el corazón de todos los presentes. El cuerpo de la bestia ocultó la luz solar y proyectó su sombra sobre la ciudadela amurallada que servía de refugio y de primera defensa al reino de los hombres. El ejército de vivos tembló y gritó , pero sobre todo corrió a posicionarse en los lugares que les habían sido asignados. A pesar de estar aterrados todos los que habían vivido las últimas luchas habían decidido que pertenecer al bando contrario era peor que caer en la batalla. Por ello el rugido de las armas al ser desenvainadas pronto opaco cualquier grito de pesar.
Sin embargo, a quien de verdad le llenó de espanto aquel sonido fue a la mujer de cabello plateado que no pudo evitar que las lágrimas surcasen su rostro al ver a su hijo convertido en un arma de muerte. Viseryon aullaba bajo las órdenes del rey de la noche y ella sintió el odio nacer en su corazón. Su mente lo tuvo claro, no dejaría a su hijo bajo el influjo de aquel ser maligno.
Con paso decidido y haciendo caso omiso de los gritos de sus allegados corrió en busca de su primogénito dispuesta a dar caza al monstruo que tenía entre sus garras a su pequeño. Sólo la mano de Misandei sujetando con dulzura su brazo la contuvo.
- Mysha. - La llamó. - Todos queremos salvar a Viseryon, pero si no nos ceñimos al plan podríamos perder a otros. - Sus ojos oscuros se deslizaron a través de la plaza fuerte y Daenerys la siguió.
La nieve manchaba el lugar, mezclada junto las cenizas de las hogueras que el frío había apagado. Sucios, agotados y asustados los civiles contenían el aliento esperando que algo sucediese. Y ella lo leyó en aquellos rostros anónimos de los que tanto se había quejado. Eran gentes hoscas y tozudas, pero a pesar de los sucesos se mantenían aún de pie, luchando por su tierra.
- La batalla ha comenzado. - Dijo a voz en grito y los hombres la observaron atentos. - Muchos caeremos hoy, puede que todos, pues no podemos esperar piedad de estos seres que sólo buscan nuestro fin. - Con paso firme se acercó hacia los hombres y mujeres que la observaban. - Pero no importa lo que suceda este día, vivamos o muramos solo espero que alguien sea capaz de recordar que este amanecer el Norte plantó cara al rey de la noche mientras los otros reinos se meaban de miedo en sus calzones. Que este día fue el Norte y solo el Norte, el que defendió a los siete reinos de los muertos.
Su última exclamación fue arropada por los gritos de guerra de los soldados que aún se mantenían en pie y por los civiles que empuñaban las armas con miedo e inexperiencia.
- Se que son muchos. - Continuo con la voz pausada. - Y que el resultado es incierto. Debo deciros que yo también tengo miedo. - Misandei alzó la cabeza sorprendida ante tal afirmación. - Pero también sé que al final de este día ellos también lo tendrán, porque nosotros se lo enseñaremos - Jon la observó desde la lejanía, como un soldado más y sonrió al sentir lo mismo que sus propios hombres estaban viviendo.
La reina Dragón había hablado. Había dado su discurso y arengado a las tropas. Sabía que había hombres y mujeres aterrorizados en sus filas y ella les había hecho sentir comprendidos y animados. Repaso con la mirada los rostros de cada uno de ellos y guardó en su corazón aquellas expresiones de infundado ánimo. Muchos de ellos o quizás ninguno volvería a ver un nuevo día.
- Piensas en exceso hermano. - La voz alegre de Arya le devolvió a la realidad y él sonrió mientras se acercaba para envolverá en un cálido abrazo. - No mueras hoy.
- No es mi deseo. - Rio. - Tu tampoco lo hagas. - Y ella sonrió como si de nuevo fuese una niña.
- Aún recuerdo lo que debe decirse cuando el dios de la muerte te reclama. Hoy no. - Dijo ella con aire cómplice y él la devolvió el gesto dibujando una sonrisa benévola en su rostro. - Cuando partos te al muro y nosotras al Sur creí firmemente que no volvería a verte, que aquella era nuestra despedida y que acabaría convertida en una versión diminuta de Sansa.
- Pues parece que te equivocaste de lejos.
- Puede que sí y puede que no. Sansa ha cambiado. Ahora es una mujer a la que merecería la pena parecerse.
- Tu también lo eres. Puede que seas más bajita y con peor carácter. Pero eres digna de admiración.
- Eso solo lo dices porque siempre he sido tu favorita. - La sonrisa pícara de la morena devolvió a Jon a tiempos más simples y lejanos. Tiempos que no se creía capaz de albergar aún en la memoria. - Tu encárgate de la lagartija voladora que yo guardaré aquí la posición.
Sin esperar respuesta alguna Arya marchó de aquel lugar dispuesta a ocupar el su sitio junto a Gendry, cerca del bosque. Un lugar al que, Brandon aseguraba, el rey de la noche acabaría acudiendo tarde o temprano. Un lugar donde la magia de los seres que habitaron antes de la llegada de los primeros hombres aún estaba presente. Y Jon observó aquella menuda espalda con el miedo de quien ya sabía lo que significaba perderlo todo.
- Aunque la prohibieses ir sabes que ella acudiría de todas formas. - La voz de Robb le devolvió a la realidad y con paso enérgico se adelantó al aviso del otro. En el extremo contrario de aquel patio Raegal se encontraba nervioso y preparado para la batalla. - Que seas la cena de un Dragón muerto sigue sin parecerme una buena idea.
- Lo sé, pero aún sigo sin encontrar otra mejor.
- Ya… - Robb se paró frente a él y con el corazón encogido colocó sus brazos alrededor de aquellos hombros que ya eran de hombre. - Jon, no mueras. Se que si hubiese sido más listo todo esto no estaría sucediendo, así que te ruego que no añadas con tu muerte un nuevo pesar a mi conciencia. - Y Jon a su pesar sonrió.
- No es tu culpa. Ni lo que sucede ahora, ni lo que sucedió entonces. Estoy seguro de que Talissa debía de ser una gran mujer. - Y sus ojos se posaron sobre la figura de Daenerys. - Te fuiste en mitad de una guerra y los dioses te hacen volver en mitad de otra, el mundo no es justo para ti hermano.
- Me asesinaron por romper mi palabra, quizás ésta sea la manera en que ellos esperan que purgue mi pecado. Déjame acompañarte. - La petición pilló de sorpresa al nuevo rey que le observó sin entender. - Se lo que vas a hacer y sé que estás aún más loco que cuando éramos niños. Llévame junto a ti, así al menos nos aseguraremos de no fracasar.
Con la duda aún en la mente Jon asintió y dejó que este le auparse hasta el lomo del dragón antes de ayudarlo a montar tras él.
- Eres consciente de que Arya va a matarnos cuando se entere de esto, ¿verdad? - Preguntó Robb y el otro solo pudo reír quedamente mientras animaba a Raegar a alzar el vuelo.
El rey de la noche no se hizo esperar. Al alba sus huestes tomaron el campo de batalla con pasos bamboleantes. Lentos, pero sin pausa fueron acortando la distancia que les separaban de aquella fortaleza donde hombres y mujeres les esperaban dispuestos a defender sus vidas.
Sansa Stark recorría con angustia la trinchera llena de maderos impregnados de aceite que sus soldados no conseguían prender. Los más ancianos se desesperaba al comprender que la nieve y el frío habían humedecido aquella madera y que sin el fuego del dragón sería casi imposible hacerlas arder. Sin embargo, los más jóvenes no perdían el tiempo en plegarias, si no que ponían en práctica cada truco afanandose por lograr aquella hercúlea tarea. Cuando la primera fila de inmaculados chocó contra el grueso de las tropas de muertos la mujer ahogó un grito de desesperación.
- ¡Sansa! - Gritó Theon atrayendo su atención. - Sube a las torres, sal de aquí. - La tomó del brazo par indicarla hacia donde ir.- Cuando esas cosas se den cuenta de que si abren sus líneas pueden llegar hasta nosotros unas cuantas estacas no les pararán.
- No, debo prender esa maldita madera antes de que sea tarde.
- Sansa. Ya es tarde. El enano Lannister ha mandado bajar barricas de aceite y prenderlas sobre las teas. Pero están tan húmedas que ni siquiera eso funciona.
Un grito frente a ellos les hizo comprender que un grupo de muertos había ignorado las huestes de Inmaculados y se dirigían directos hacia la zona donde ellos se encontraban. Diligentemente los dothraki cabalgaron buscando acabar con ellos, pero no fueron lo suficientemente rápido y casi una docena lograron acercarse hasta la trinchera.
- ¡Preparad las armas! - Ordenó Theon. - Vete, ¡ahora! Van a pasar no podremos pararles, así que ¡Vete!
Sobre el cielo azul Jon observa desesperado como aquella franja de palos y hojas seguía intacta mientras los cadáveres se acercaban a ella. Su instinto de soldado le hacía saber que algo malo estaba sucediendo, pero las manos de Robert en su cintura le hacían recordar cuál era su verdadera misión y la razón por la que sucediese lo que sucediese, debía quedarse oculto entre las nubes.
No vio llegar el golpe no escucho el rugir del dragón hasta que éste los zarandeo con un golpe seco. Por su lateral las garras de Viseryon de clavaron enérgicamente y su bramido les dejo con los tímpanos doloridos.
- Va a derribarnos. - Grito Jon para erase oír sobre el ruido que las dos bestias producían. Y Robb asintió sin haberle escuchado apenas. Fue entonces cuando la idea se dibujó en su mente con una mirada se la hizo comprender al otro.
- Estás loco. -. Dijo negando con la cabeza. - Y yo aún más por hacerte caso.
El antiguo rey del Norte no lo pensó. No tomó un momento para reflexionar ni pronunció una plegaria para templar sus nervios. Ahogando un gemido soltó el agarre que le unía a su hermano y se arrojó contra el jinete de aquella desmejorada criatura. Clavo su daga hasta la empuñadura en la carne de aquel que antaño fue hombre y con un gesto rudo consiguió arrojarle de la montura, con tan mala suerte que debió acompañarle en su caída.
Jon lo vio como si de un mal sueño se tratase. Vio a Robert saltar y aferrarse como pudo al señor de los muertos. Los vio zarandearse y golpearse y también fue testigo de cómo ambos de aventuraban al abismo de una caída libre a la que ningún ser vivo podría resistir. Como si Raegal hubiese leído sus pensamientos, el joven dragón se arrojó en picado a la búsqueda del jinete que había perdido, pero Viseryon interceptó su vuelo y mordió sus alas obligándole a cambiar el rumbo y haciendo que Jon se aventurarse a tomar tierra en una zona cercana a la caída de su hermano, mientras que los hijos de la última Targaryan retomaban el vuelo y junto a él su refriega.
Arya vio caer a los dragones tan cerca de su posición que por un segundo creyó que el propio rey de los muertos aparecería caminando frente a ella. Pero los minutos pasaron y tan sólo la voz de Jon gritando el nombre de su hermano resucitado fue escuchada. Se mordió el labio con duda, deseaba ir a su encuentro, asegurarse de que estaba bien, pero sabía que aquello sería traicionara Bran.
- Ve junto a él. - Fue la voz de éste lo que la hizo reaccionar. - Te necesitan más allí que aquí. Si ese monstruo viene a por mí, me encontrará y tu presencia no cambiará el resultado de nuestro encuentro. Pero quizás si puedas cambiar el de Jon.
Arya no se despidió, ni miro atrás, ni dijo adiós. Salió corriendo como una liebre a la que un cazador siguiera el rastro y tomó el camino en función de los gritos de Jon.
Robb Stark abrió los ojos sorprendido de seguir vivo, y aunque dolorido comprendió con alivio que el motivo no era otro más que la gran cantidad de ramos rotas que había dejado a su paso. Con gran dolor trato de sentarse para poder ponerse en pie y buscar a aquel que tiempo atrás fue un hombre y que ese día amenazaba el futuro de éstos. Pero fue él quien le encontró. Apenas se alzó pudo ver como el otro se acercaba hasta él con paso firme. Con una mano el ser de pesadilla le levantó en el aire y le observó mientras los ojos de ambos adquirían una tonalidad de azul que ningún ser vivo podía poseer.
Así les encontró Jon. Uno frente al otro, sin moverse, sin hablar tan solo observándose a los ojos. Jon gritó atrayendo su atención y el monstruo sonrió con maldad dejando en libertad al joven de cabellos rojos.
- Robb ven aquí. - Pidió el muchacho y la respuesta del otro se hizo patente al desenvainar la espada. - ¿Qué haces?
Los irisis de brillante azul le miraron sin ver y Jon trago saliva asustado.
- Él tiene razón. Yo era el rey, yo debería ser el rey. Soy el mayor, soy el heredero.
- Robb, escúchame. - Sólo sus reflejos convirtieron una estocada mortal en un rasponazo. - Nadie te ha robado nada, tu…
- Como te atreves bastado. - Y la palabra dolió aún más al escucharla de los labios de aquel hombre. - Me robaron la vida, la de mi hijo y la de mi esposa y todo por ti. - Una finta, estoque y de vuelta a la guardia, fue la única respuesta que Jon pudo ofrecerle. - Tú y tu decisión de ir al muro, si te hubieses quedado en casa nada de esto hubiese sucedido.
- Eso no es cierto Robb. - Dijo manteniendo la distancia mientras la punta de su espada señalaba la garganta de su hermano.
- Si te hubiese quedado junto a mi yo nunca me habría fijado en ella. - Y Jon comprendió de golpe aquel sentimiento que nubla a la razón del hombre que más había querido. - Yo no la hubiese amado y los Frey nos habrían apoyado. Hubiese recuperado a Sansa y esa reina Dragón no hubiese perdido a su hijo por ti. Por salvarte. Todo es tu culpa Jon Nieve tuya y de esos labios pecaminosos. Tú me traicionaste. Tú me…
- Yo te ame. Más de lo que debía y es cierto te traicione. Te abandoné y me marché al muro, porque no podía soportar la idea de que algún día tendrías que ser de alguien más. Robb. - La dulzura de su voz hizo temblar la mano de su adversario. - Tú me enseñaste que el amor es sacrificio y la búsqueda de la felicidad del otro. Siendo hombre amaste a una mujer que te fue arrebatada, no fue tu culpa. Nada fue tu culpa.
Fue un susurro entre las hojas, un gemido ahogado en el viento lo que les hizo saber que la presa que estrangulaba el señor de la oscuridad era la pequeña Arya Stark.
Los muertos se acercaron sin sutileza hasta las trincheras de frías maderas y uno tras otro se arrojaron al pozo sirviendo de puente para el próximo que llegase. A algunos consiguieron para les en seco a base de. Flechas y espadas, y aunque las catapultas arrojaban barriles de aceite en llamas nada parecía aplacar el avance de aquel ejército.
Sansa observó con desasosiego y desesperanza como la balanza volvía a inclinarse a favor de aquellos que ya habían dejado ese mundo. Y sus lágrimas mojaron su rostro al comprender que aquella era una batalla que no podrían ganar. Quizás fue eso lo que la llevó a colocar una mano sobre un tocón donde un muerto aún se sacudía tratando de alzarse de nuevo, o quizás las ganas de arrancarlo de allí con sus propias manos, pero lo único cierto, y lo único que las huestes podrían contar es que al arrodillarse frente al ejército invasor y llevar una mano a aquella improvisada defensa, la pira comenzó a arder. No con suavidad, si no con una inusitada violencia, a través de toda la franja que protegía a la ciudadela, sin importar que los espacios estuviesen conectados o lejanos. Todo aquello que debía arder así lo hizo mientras la piedra roja del collar que la bruja le había entregado brillaba el cuello de la guardiana del Norte.
Arya vio a penas por el rabillo del ojo la luz que las fogatas al prenderse. Y sintió en su piel el rugir de los dragones sobre su cabeza. El plan se había seguido. Mientras Raegal entretenía a Viseryon, Daenerys y Drogon atacaban la retaguardia del ejército de muertos y convertía en cenizas a sus huestes. Los muertos resucitan, las cenizas no, les había dicho Sir Davos durante la reunión. Y debía de ser cierto, porque las cenizas de su padre no habían servido ni al r de la noche, ni al señor del fuego.
Los oyó discutir antes de verles y sus instintos se agudizaron. Espada contra espada, reproche tras reproche. Como si ambos hubiesen olvidado que el verdadero enemigo estaba allí de pie, a un lado, disfrutando de aquella pequeña pelea familiar. Por eso lo hizo, se dejó llevar y sin pensar se arrojó hacia él. Sin embargo, aquel ser la atrapó en el aire con una sola mano sujetando su cuello. Y ella se dejó vencer soltando el arma y viéndole sonreír. Pero la victoria no fue suya, si no de ella. De ella que cazó el arma al vuelo con mano libre y le atravesó el corazón lleno de vidriagon a ese hombre maldecido. De ella que pudo respirar de nuevo al ver cómo aquel monstruo se rompía como el cristal y de que como su hermano mayor se tambaleaba al perder el influjo bajo el que estaba sometido.
- ¿Arya? - Fue Jon el primero en recuperar la compostura y mirarla asombrado ante los acontecimientos. - ¿Estás bien? - Y ella estalló en carcajadas. - Acabo de matar al rey de la noche. Dios como me gustaría que la vieja tata me hubiese visto.
Y se dejó caer contra el pasto sabiendo que esa guerra había acabado. Que al día siguiente marcharía al sur y que Cercei Lannister sería por fin tachada de su lista.
PD: Gracias por avisarme de que el capítulo no se veía bien, espero que se haya corregido al volver a subirlo.
