Disclaimer: "Juego de tronos" no me pertenece es una serie desarrollada por David Benioff y D.B. Weiss producida por la cadena HBO. La serie está basada en la obra escrita por G.R.R. Martin "Canción de hielo y fuego"

Daenerys sabía que la celebración era necesaria. Que la gente había sufrido lo suficiente como para que aquella jornada fuese dedicada a la opulencia y el placer, pero no por ello se sentía menos incómoda. El norte no le gustaba. Ella que se había criado en una tierra de sol y calor sentía como el frío invadía sus huesos cada minuto que permanecía allí. Incluso sus hijos parecían empatizar con ella y comían menos de lo habitual. O quizás era porque aún extrañaba a su hermano caído. Algo que ella todavía no se había podido permitir sentir. Ver morir a Viseryon por segunda vez había sido aún más doloroso que la primera. Quizás si la bruja roja hubiese podido vivir más tiempo hubiese podido resucitar a su hijo, pero lo cierto era que Sansa Stark no se veía capacitada para ello y que las pocas veces que alguien había mencionado el collar de piedra roja que llevaba al cuello, la joven había palidecido aterrada.

Con todas las cosas extrañas que ella misma había visto no la extrañaba que la joven señora aún no acabase de creer en esa magia que el señor del fuego parecía haber puesto a su disposición. Y es que ella, que había sido madre de dragones y esposa de un hombre muerto maldito, aún seguía asombrándose con las maravillas que el mundo la ofrecía.

A su lado Jon reía ante las ocurrencias y los chistes subidos de tono de los hombres y deslizaba su mano sobre su muslo de manera casual invitándola a participar en la conversación, pero ella no se sentía con ganas para intervenir. Estaba agotada y solo quería escabullirse hasta la habitación más cercana y dejarse caer sobre el colchón. Fue entonces cuando Jon, más osado que nunca, se permitió un gesto tan familiar que la hizo dar un respingo. Colocó su mano sobre los hombros de ella y la atrajo contra su pecho dejando un suave beso contra su cabello.

- … Y entonces Danny se río. - Concluyó él y el resto de la sala estalló en carcajadas, aunque ella no entendió el motivo. - Si reíros ahora que la conocéis y sabéis lo dulce que puede resultar, pero os aseguro que quien la vea por primera vez descabalgando un dragón no se reirá. - Y sorprendiéndola de nuevo volvió a besar su cabeza. - Por todos los dioses te juro que creí que tu bebé iba a comerme allí mismo. - Y ella le contempló extasiada.

Debería apartarle, gritarle y ordenarle que mantuviese la compostura. Que era su reina y que nadie tenía el derecho para tratarla así. Debería decirle que las gentes de la bahía de los esclavos la veneraban como una diosa y que los dothraki llegaron a temerla. Pero fue incapaz de hacer algo más que no fuese sonrojarse, porque sin proponérselo Jon había logrado que la gente del Norte dejase de mirarla con hostilidad y que fuese la primera vez que la miraban con admiración.

- Es posible que tengas razón hermano, pero en Desembarco aún deberemos cuidarnos más que aquí. Allí tiene ballestas capaces de atravesar dragones. - Y la angustia se reflejó en la madre de aquellas bestiales criaturas dándole el aspecto de una niña asustada.

Quizás, si se hubiese visto a sí misma en ese preciso instante Daenerys se odiase por reflejar debilidad ante su ejército, pero lo cierto es que, en aquel momento, y durante un segundo todo el salón había fijado sus ojos en ella y no había habido persona que no se hubiese conmovido. Quizás por eso Arya la tomó la muñeca y le prometió en alto lo que todos pensaron.

- No dejaré que nada malo les pase a tus hijos. - Sentenció con cierta dulzura la pequeña Stark y la reina exiliada se sintió de nuevo protegida.

- Gracias… Hermana. - Dijo con los ojos brillantes y Arya sonrió más fuerte, casi como si de nuevo pudiese volver a sentir con libertad, como si volviese a estar completa después de haber sido tantas personas y también ninguna.

Poco después la fiesta comenzó a decaer y la gente abandonó el lugar. Robb Stark camino con pasos cortos al lado, del que creyó una vez que era su hermano, hablando de todo y de nada. Sus ojos habían recuperado su color azul habitual, aunque se veía ahora en ellos una sombra de duda y de gran pena. Entraron juntos a la habitación y juntos les encontró la reina de todos los reinos. Sentados sobre la cama con el mayor llorando con la cabeza recostada sobre los muslos del moreno. Pero no fue ella quien se fue de la estancia, si no el muchacho pelirrojo quien, avergonzado por su actitud, decidió huir para mantener la poca dignidad que le quedaba.

- Danny, no es lo que tú crees. - Y esa frase fue la que la hizo darse cuenta de que si lo era.

- Lo amas. - A punto estuvo de escapársele un grito, pero todo quedó en un gemido ahogado por sus propias manos.

- No, sí. Es complicado. - Y ella quiso llorar. - Cuando era niño Robb era la única persona que me trataba como un igual. Padre nos hacía competir y su madre me despreciaba, pero él siempre me trató como un igual. Me ayudaba con las prácticas, lo hacíamos todo juntos. Incluso cuando empezamos a sentir deseos él le pidió a una doncella que se mostrase para nosotros. Pero yo no pude hacerlo.

- ¿Porque no?

- Porque no quería cometer el error de traer un niño a este mundo. ¿Qué vida le esperaba al hijo de un bastado? Para mí todo lo que sucedía en estos muros era pura agonía.

- Pero con Robert no, ¿cierto?

- Te equivocas. Con él todo era aún más agónico. Éramos unos niños, pero yo sabía que él debería casarse. Era el heredero, el primogénito. No era malo estar con un hombre, padre nos decía que en la guerra muchos lo hacían y que los jóvenes debían practicar para evitar hacerles daño a sus esposas al desvirgarlas. Pero yo sabía que estaba mal, porque me gustaba Danny. Me gustaban sus besos y sus abrazos. Y creo que una parte de mí siempre amará a Robb, como sé que una parte de él aún me quería cuando se casó con Talissa. Pero ahora es diferente a aquel entonces.

- ¿Qué puede haber de diferente ahora que no hubiese antes?

- Tú. - Y ella abrió los ojos sorprendida. - Ahora estás tú. Y es contigo con quien quiero yacer y a quien quiero besar. Eres tú a quien amo.

- Pero él…

- Él, yo. Somos hermanos. Ahora más que nunca. Él sabe de mis sentimientos, los comprende y los acepta. Me verás a su lado Danny, pero solo como un hermano.

- Cuando era niña Viserys me contaba historias de mi familia. - Dijo ella sentándose a su lado. - Disfrutaba relatando especialmente los encuentros sexuales de Aegon y sus hermanas y decía que un día él me haría a mí lo mismo. Crecí creyendo que sería mi hermano quien me desposase y quién engendrase a mis hijos. Creo que lo que quiero decir, es que no me escandaliza, solo me preocupa perderte por esta familia tuya que parece amarte tanto que no hay sitio en ella para nadie más.

- Por eso no te preocupes. Tu también eres mi familia y no hay uno solo entre ellos que no te quiera - Dijo dándole un suave beso que poco a poco profundizó. – Aunque si te quieren más que yo pienso alimentar a Rhaegal con ellos. – Y ella se rio entre sus brazos.

Arya Stark se quedó clavada en la puerta al escuchar el gemido de su primo hermano. Con una segunda guerra en ciernes él más que nadie se merecía un buen descanso. Y parecía que él mismo había decidido la manera más apropiada de tomarlo. Camino despacio por los pasillos de lo que una vez fue su hogar hasta que una voz la hizo girarse sorpresivamente.

- ¿No logras descansar Arya?

- Bran. Podría haberte matado.

- No lo creo. Tu entrenamiento te advirtió que no era una amenaza. – Y ella arrugo la nariz.

- Suerte entonces que sea buena en lo mío. – Suspiro guardando el arma que su hermano no había visto desenvainar.

- Supongo que estarás contenta, pasarás a la historia como la guerrera que destruyó a los caminantes blancos.

- Y a la casa Frey, no lo olvides.

- Cierto. – Asintió el otro. - Padre estaría orgulloso de ti.

- Y madre decepcionada. Al final no logró hacer de mí una dama. - Y Bran sonrió al escucharla.

- Se de buena tinta que madre estaba orgullosa de ti incluso cuando te metías en problemas.

- ¿Sí? ¿es ese tercer ojo del cuervo quien te lo dice? - Y él volvió a sonreír levemente.

- No, me temo que no es nada tan trascendental. Ella se lo estaba comentando a padre un día mientras yo escalaba la torre. Fueron buenos tiempos. - Y ambos miraron ausentes hacia el patio. - Veo la historia que fue, la que es y la que será. Aunque esta varía dependiendo de las decisiones, de las personas, es tan hermoso como aterrador.

- Y qué es lo que te aterra en este esplendoroso futuro hermano mío.

- No ser capaz de consolar a nuestro hermano. - Bran desvío la mirada y Arya le siguió. Apoyado contra el muro de la muralla el primogénito de los Stark miraba a la nada, esperando por un milagro que no iba a suceder.

Los menores observaron sin saber que decir, pero por suerte para ellos no fue necesario, ya que la cabellera pelirroja de Sansa Stark se abrió paso en su visión destacando sobre el paisaje nevado que presentaba Invernalia.

- ¿Sois un fantasma del pasado venido para protegernos o para atormentarnos, hermano mío?

- Me gustaría decir que ninguna. Pero quizá sea las dos cosas. Quien sabe en este mundo de imposibles. - Se giró para mirarla directamente y ella le devolvió el gesto, divertida. – Quizás los dioses solo quieran hacerme pagar por los crímenes que cometí hace ya tanto tiempo.

- Si eso fuese cierto, demostrarían un horripilante sentido del humor.

- Bueno, son dioses, no podemos esperar mucho de ellos. – Dijo encogiéndose de hombros y el frio de la noche les envolvió durante un par de silenciosos minutos. - Dicen que prendisteis el fuego con tus manos desnudas.

- Así parece, pero confieso que no fui yo. Rece a todos los dioses incluyendo al señor de la luz y alguien respondió a mis oraciones. Incluso ahora me cuesta creer que fuese real.

- Los milagros parecen no tener fin hermana. Quizás sea hora de ir acostumbrándonos.

- No creo que seamos capaces. No después de todo lo que hemos vivido. Si hubiesen llegado antes …. - Dejo la frase incompleta y apoyó la cabeza sobre el hombro de su hermano. - El frío es menos intenso ahora, pero pronto el tiempo cambiará y la nieve cerrará los pasos de montaña. En unos días la reina Dragón partirá al sur, a reclamar lo que dice que es suyo.

- Y Jon la acompañará con un buen puñado de los nuestros. – Acaricio con su mejilla el cabello pelirrojo de la mujer.

- Cierto.

- ¿Qué te inquieta Sansa?, no creo que sea el quedarte sola aquí, ¿o me equivoco? – Preguntó preocupado.

- El Norte no volverá a arrodillarse ante un rey extranjero. Si Daenerys quiere que la jure fidelidad se puede ir al cuerno. Nosotros también hemos salvado el mundo. – Dijo ceñuda y Robb amago una carcajada.

- Bueno, técnicamente, Arya nos ha salvado el pellejo a todos. Así que supongo que deberíamos jurarle fidelidad a ella. – Y Sansa rodo los ojos divertida ante aquel comentario.

- La reina Arya. Señora de los siete reinos que destruyo a los caminantes blancos, mato al rey de la noche y se rasca el culo en público como si fuese un marinero en un barco mercante.

- Oh vamos, no seas mala. Ya casi nunca hace eso. Al menos cuando hay una reunión. – Se burló el otro. – Es increíble como ha cambiado todo. Parece mentira que un día estuviésemos jugando a caballeros y princesas entre estos muros.

- Ha pasado una vida desde entonces. – Corroboró ella. – Cuanto me gustaría volver atrás, despertarme en mi cama y descubrir que solo ha sido una pesadilla. Pero los dioses son caprichosos en sus designios y ni uno solo escuchó mis ruegos para que así fuera. Ojalá no hubieses caído en la Boda Roja.

- Ojalá hubiese podido rescatarte. Haber sido el héroe en tu historia como lo era en tus juegos.

- No fue tu culpa Robert. – Dijo acariciando su mejilla. – No dejes que nadie te haga creer lo contrario. Tu solo fuiste un actor más en esta gran obra, tus decisiones fueron las que creíste correctas en ese momento, igual que las mías. No podíamos obrar de otro modo.

- ¿Cuándo creciste tanto?

- Cuando no me quedo más remedio. – Robb besó su frente y la abrazo con fuerza, deseando que aquel momento no acabase nunca.

Los momentos de paz duraron menos de lo esperado. Al día siguiente Daennerys arengaba a sus subordinados para poder marchar hacía el sur, a la conquista de los siete reinos. Y aunque todos sabían que tenía razón, ninguno tenía excesivas ganas de emprender el camino hacía una nueva lucha, y menos aún Jon que sabía tendría que lidiar de nuevo entre las disputas.

- Invernalia es un reino libre. – Empezó Sansa templando su espíritu, aunque lo que más deseaba era gritarle a esa mujer que saliese de su casa. Y, sin embargo, sabía que tenía una deuda con ella, ya que había arriesgado sus fuerzas y su empresa para proteger un lugar que nunca había conocido. – Vos pusisteis tropas al servicio de la causa para proteger todos los reinos, en especial el nuestro y por eso os estamos agradecidas. – Y Daennerys tomó aire antes de responder.

- No, yo hice un trato con el rey en el Norte y él hinco la rodilla. Princesa. – La palabra había salido de una manera hiriente de sus labios y Sansa se sonrojo de furia, mientras Jon y Robb trataban de encontrar la manera de aligerar el ambiente.

- Sansa no quiere ceder el Norte. – comenzó Arya sobresaltándoles a todos. – Hemos muerto por protegerlo, ningún otro pueblo envió ayuda.

- Salvo el mío. – Les recordó.

- Salvo el vuestro. – Asintió la pelirroja. – Y sin embargo ahora nos encontramos con un dilema. Tenemos de vuelta a la vida al anterior de Rey de Invernalia, así que, ¿quién es el rey ahora?

- ¡Jon! – Gritaron unas voces. ¡Robb! – Aclamaron otras mientras las protestas se iniciaban.

- Vosotros vinisteis a verme, solicitasteis mi ayuda y yo traje a mi ejercito aquí. – Dijo levantándose y caminando furiosa por la estancia. – Podía haber marchado al sur acabar con Cersei de un golpe, pero tu rey vino a suplicar ayuda.

- Tampoco la suplique. – Dijo el hombre de cabello negro.

- ¡Tú te callas! – Le gritaron las dos mujeres.

- ¡Oh! Pero ya veo como va esto. Ahora que tienes tu premio rompes tus promesas, me traicionas y lo haces por voz de tu hermana porque no tienes huevos para hacerlo tu mismo. – Gritó y Jon la miro asimilando todos aquellos reproches.

- Primero. Si fui en busca de tu ayuda, y puede que sí que suplicase, pero nunca me arrastre para que vinieses aquí, lo hiciste porque estratégicamente te convenía. – Sir Jorah se alejó un par de pasos al ver a su reina roja de rabia. – Segundo. - Se giró y miro a Sansa. – ¿A qué viene esta tontería? Hinqué la rodilla, lo hice. Cedí el Norte porque no había más opciones. ¿Crees que sin su ayuda hubiésemos ganado? ¿Crees que hubiésemos tenido alguna oportunidad?

- No. – Sentenció Robb. – El Norte empieza a ser conocido por incumplir sus tratos, es hora de que mantengamos la palabra dada. – Y Sansa le miro con rabia. – Entiendo perfectamente lo que sientes, yo morí con una corona en la frente, pero no luchamos por el territorio. Luchamos por la familia y Daennerys es parte de ella.

- Se que tienes razón. – Suspiro la hermana. – Pero tengo miedo. De ti. – Y Danny la sostuvo la mirada sorprendida. – De tu fuerza, de tus dragones, de que nos quietes a Jon para siempre. – Y las dos mujeres se evaluaron unos segundos antes de que la madre de dragones se dejase caer en la silla.

- Yo también tengo miedo. Tengo miedo de este lugar. De vosotros. – Se llevó la mano a la frente y por primera vez se sintió libre para mostrar sus miedos. – Y sobro todo tengo miedo de ti Jon. Eres el legítimo heredero de mi hermano y eso me lleva a pensar que todo lo que hago es un error. Que eres tú quien debe reclamar el derecho a reinar sobre los siete reinos y yo …

- Desde luego Cersei no puede seguir reinando. – Aseguro Arya. – Si no nos matamos antes nosotros, ella lo hará. – Y se encogió de hombros.

- Cierto. – Añadió Robb. – Así que la cuestión es, ¿estamos unidos en esto? – Sansa sacudió la cabeza afirmativamente y el resto la imito. – Pues entonces solo nos falta saber cómo lo haremos.

- Iremos al sur dentro de tres días. Cuando las tropas estén descansadas. – Comenzó Jon. – Arya tiene razón, Cersei vendrá a por nosotros y si tiene que haber otra guerra prefiero que sea en su territorio, el nuestro ya ha sufrido bastante.

- Sólo los dos saben cómo acabará todo. – Dijo Robb y Arya alzó una ceja mirando a Bran.

- Y él. - Dijo señalándole. - Pero no quiere hablar. Dice que el futuro es como un río y que nosotros somos peces en su interior que perturbamos las aguas al nadar en ellas. O una mierda como esa.

- No es mi culpa Arya. Veo lo que será, pero cada decisión que tomamos lo cambia. Si te digo algo puede que no se convierta en realidad porque en lugar de dormir hacía el lado derecho lo hiciste del izquierdo. Pero algo tengo claro, la guerra contra Cersei es inminente. En todos los futuros la veo de pie frente a Daennerys con sus tropas a la espalda.

- Que la gente descanse. – Dijo Jon. – Pronto acabará esta pesadilla. Sansa quédate guardando el Norte. – La pidió y todos en la sala se sorprendieron. – Eres la única que puede hacerlo. Arya vendrá, a Bran le tienen miedo y no creo que Robb quiera perderse la batalla. – Y el pelirrojo sonrió complacido.

- Quedarme causaría un conflicto, la gente podía creer que yo tomaré decisiones diferente a las de Jon o incluso …

- O incluso podrías creerte que vuelves a ser el rey en el Norte. – Se burló Arya, pero Robb no sonrió, en vez de ello la miro con preocupación.

- Sí, y eso me da más miedo aún. - Miro a su familia miembro a miembro antes de hablar. – No es fácil para mí. Sois casi unos desconocidos. Cuando morí. – Tragó saliva. – Erais apenas unas niñas, ahora sois todos adultos con un millón de vivencias y cicatrices. Era rey, y ahora no se lo que soy. Siento que ya no pertenezco aquí y, sin embargo, no quiero alejarme. Jon es nuestro líder ahora y a él debemos seguirle.

Agradecido, su primo le oprimió el hombro. Pronto la muerte volaría con alas veloces sobre su gente, de nuevo. Cersei sería el último enemigo por batir y ellos serían libres de nuevo. Pero ¿para qué? ¿Tendrían paz? ¿O por el contrarío se despellejarían los unos a los otros por el poder? Jon cerró los ojos y suplicó a los dioses en silencio. Él solo pedía que la manada continuase unida.

Solo puedo decir que ha sido un tiempo malo, raro y convulso.