Disclaimer: "Juego de tronos" no me pertenece, es una serie desarrollada por David Benioff y D.B. Weissp y producida por HBO. La serie esta basada en la obra escrita por Gearge R.R. Martin "Canción de hielo y fuego".
Sansa miro la columna de hombres que marchaban hacía el Sur. Muchos de ellos no volverían a casa, se sacrificarían para evitar que la guerra, de nuevo, golpease a sus familiares. Sorprendentemente fueron muchos los que se presentaron voluntarios para partir. Al principio, creyó que era porque aún sentían devoción hacía Jon, pero al pasar la gente y escuchar los comentarios se dio cuenta, de que la reina dragón no les había dejado indiferentes.
Ella misma, que había sido una acérrima enemiga, se había convertido en algo parecido a una amiga. No es que la agradase la idea de que el Norte siguiese rindiendo vasallaje a los siete reinos, después de todo lo que había pasado. Familia, amigos, su propia libertad, había habido muchas perdidas, pero al menos esperaba que tras la caída de Cersei los dioses les diesen un merecido descanso.
A su lado Bran miraba hacia el futuro, o quizás hacía el pasado mientras las filas se alejaban.
- ¿En qué piensas hermano? – Pregunto cansada.
- En que cuando nace un Targaryan los dioses tiran una moneda al aire para saber si será un loco. Me preguntaba si será culpa de la mezcla de la sangre entre tantos familiares o si, quien te crie, también tendrá alguna influencia en tu carácter.
- Lo dices por Jon, ¿o por Daenerys?
- Por los dos, supongo. Jon siempre ha sido un muchacho triste y dolido y ella tampoco ha tenido una infancia fácil. Quién sabe si no se desate el caos al final y aquellos que pretendían darnos la paz nos traigan la destrucción más absoluta.
- ¿Es eso lo que ven tus ojos de cuervo? – Y él negó con la cabeza.
- Se ven demasiadas posibilidades. Veo las calles cubiertas de sangre y a Daenerys en el trono, la veo con la espada de Jon atravesándola el pecho. Veo a Jon, anciano, con un montón de niños corriendo por el salón del trono. Te veo como reina en el Norte, y te veo asesinada bajo el viejo arcino. Ahora mismo, hay demasiadas posibilidades como para sacar algo en claro.
- Esperemos que los dioses les protejan. Y también a nosotros. – Se dio la vuelta y retomo el camino de vuelta al hogar. Junto a su escolta Bran permaneció quieto hasta que el último hombre desapareció de su vista.
Jon miro de reojo al ejército, pronto llegarían al puerto donde las naves de los hombres de las Islas del Hierro les esperaban. Asha había conseguido juntar los últimos barcos que quedaban, más de pesca que de guerra, pero al menos era una flota en la que todos podrían entrar. Los dragones irían transportados separados, el viajaría junto a Rhaegar mientras que Danny se quedaría junto a Drogon. Solo esperaba que su compañía fuese suficiente para aplacar la ira del dragón si echaba de menos a su querida madre.
Las cosas parecían haberse calmado al menos. Arya cabalgaba pegada a Gendry, mientras El Perro les contaba algunas de sus aventuras. Parecía más animado, menos preocupado de lo que recordaba haberle visto nunca. Robb en cambio se mostraba taciturno, guardando sus pensamientos para sí mismo y Jon podía entenderle. Habían sucedido demasiadas cosas como para no percatarse de la gravedad de la situación que acontecía ante ellos.
Por otra parte, estaba Daenerys, cada día un poco más triste y solitaria, cada día con más miedo de ser asesinada como lo había el resto de su familia, sus hijos, sus esposos, sus hermanos. Era normal que mirase constantemente sobre su hombro esperando descubrir quién sería capaz de darle la puñalada final. A él mismo le pasaba a veces, cuando recordaba como sus propios amigos le habían asesinado. Pero no podía centrarse en eso, tenía que avanzar seguir a delante no por él, si no por aquellos a quienes amaba. Debía protegerles a todos, no podía volver a perderles.
Robb se sintió observado y giró la cabeza en dirección a Jon. Pero en vez de mostrarse estoico y digno del rango que le correspondía le saco la lengua y se dedicó a ponerle caras raras hasta que se río. ¡Y como lo agradeció! Poder volver a ser, por un momento, un niño y no soportar el peso de la corona que le habían impuesto. Robb lo sabía bien, pues él mismo la había ceñido como venganza al asesinato de su padre.
- Te preocupas demasiado todo saldrá bien. – Le dijo acercando su montura a la ajena. – Daenerys conseguirá liberarnos de Cersei. ¿A qué sí? - Alzando un poco el cuello Robb dirigió su pregunta a la mujer se cabello blanquecino.
- Eso espero. – Susurro altiva.
- Y te apoyaremos Khaleesi. – Añadió Missandei con una dulce sonrisa. – Te protegeremos siempre. Y ellas se dieron la mano con afecto.
- Solo es una loca. – Añadió el pelirrojo.
- Te equivocas. – Jon permanecía serio mientras conversaba. – Si bien es cierto que está completamente loca, eso no lo haca menos peligrosa. Hizo explotar el Septo de Baelor para librarse de sus enemigos, sin importarle llevarse con ellos a la mitad de su pueblo. Gente inocente a muerto por su mano, y no creo que ahora se sienta magnánima con vidas, que, para ella, son insignificantes. Antes quemará todo desembarco que entregar su corona.
- Es una pena. – Dijo Robb con tristeza. – Pese a lo sucedido un tiempo en que fue una gran reina. – Daennerys abrió los ojos como platos al escucharle. – Te lo creas o no, siempre controló el carácter y los excesos de su esposo. Me pregunto qué hubiese pasado si el tío Robert la hubiese amado realmente.
- Pues que Joffrey hubiese sido de él, aunque hubiese seguido siendo un maldito engreído y pésimo príncipe. Aunque quien sabe. – Añadió Jon encogiéndose de hombros. – Sin la necesidad de sentirse querida constantemente a lo mejor hubiese sabido ponerle límites y ese maldito crío no hubiese … Qué más da. La vida no se puede cambiar.
- El pasado tal vez no. Pero el futuro aún se está forjando. – Dijo la reina dragón con la mirada pérdida en el horizonte. Y los hermanos la miraron preocupados.
Dos días después las tropas habían embarcado y los hombres habían realizado la última travesía, muy corta en palabras de algunos, demasiado larga en palabras de otros. Esto se debió a que Jon se negó a llegar a Desembarco del Rey en barco. Les obligó a tomar tierra a dos días de distancia y solo así pudieron darse cuenta del buen juicio que había tenido. En aquel lugar la tierra se unía al mar creando un estrecho natural que proporcionaba una mala visibilidad desde el agua, pero una gran ventaja estratégica para quien lo defendía.
No lo pensaron dos veces. Los dragones alzaron el vuelo a una orden de su madre y dispararon su ardiente aliento sobre los incrédulos marineros. Sus armas, preparadas para destruir a aquellos animales no lo estaban para girar sobre su propio eje. Las habían hecho tan pesadas, tan potentes, que no habían tenido en cuenta el simple hecho de que los animales no tenían por qué llegar desde al frente, al aparecer por su espalda el resultado de la batalla fue definitivo incluso antes de que el fuego llegase a los buques. Aquellos que no murieron al instante agonizaron algunos minutos más entre las brasas y el agua. Al atardecer de aquel día el ejercito que había destruido al Rey de la noche se presentó ante los muros de la capital del reino y sus gentes temblaron.
Cresei Lannister, reina autoproclama, les invitó a abandonar sus tierras bajo pena de muerte, sin amedrentarse ante el rugido de las criaturas salvajes ni azorarse ante las súplicas de su hermano y padre de sus fallecidos hijos. Nada quedaba ya para ella, salvo la corona de metal que ostentaba y la espera de una imposible resolución favorable. Pero ni sus generales ni sus defensores podían seguir apoyando su causa y, sin embargo, tampoco podían sugerir la idea de la rendición ante un enemigo que no tenía motivos para mostrar ninguna piedad. Un ejército que había vencido a los muertos nada tenía que temer ante un grupo de vivos formado, en su gran mayoría, por granjeros y orfebres reconvertidos.
Jon se encerró en la tienda de Dannerys junto al resto del consejo. La decisión fue unánime, ninguna condición, ninguna petición, simplemente esperarían ante la puerta, en posición de asedio, hasta el amanecer, solo entonces la reina, sentada sobre su dragón les hablaría. Pero no a los nobles, hablaría al pueblo al que había venido a liberar, tal y como hizo antaño, cuando una ciudad de esclavos abrió las puertas para ella. Tyrion sugirió la idea con una sonrisa, sabiendo lo mucho que a ella le gustaría, y rezando porque diese el mismo resultado que las veces anteriores. Una victoria sin guerra sería más importante para Daennerys que cualquier otra circunstancia. Sus ojeras oscurecidas y su sonrisa desaparecida le hacían darse cuenta de que la mujer que tanto había admirado comenzaba a difuminarse dando paso a una caricatura de sí misma. Necesitaba esa victoria moral más para sí misma que para aquellos que la habían seguido. Había visto morir a sus amigos, había sentido como trataban de deshacerse de ella en las sombras, aquellos que habían jurado protegerla y poca a poco la sólida roca de la que estaba echa su templanza había comenzado a agrietarse dando paso la locura heredada de sus ancestros. Tyrion estaba seguro de que faltaba muy poco para que fuese esa mujer, a la que tanto admiraba, la que redujese a cenizas el mundo.
Arya Stark acepto a regañadientes la espera, al igual que todos los demás. Entendía de sobra que era necesario el descanso, tanto para el descanso de sus huestes como para el detrimento moral de los contrarios, por eso le sorprendió ver a Robb entrar corriendo en la improvisada tienda de Jon y gritarle que debían de entrar. Se acerco hasta sus hermanos atraída por las blasfemias que escapaban de sus labios y los siguió cuando ambos se unieron a Tyrion para encontrar a la reina.
- Se ha ido. – Dijo Robb enfadado. – Le ví desaparecer entre un hueco de la muralla y cuando quise llegar a su lado ya no estaba. No pude seguirle. – La reina le miro sin entender a que se refería.
- Es Jaime. – Suspiró Tyrion. – Es de suponer que tratará de convencerla para que se rinda.
- Eso es posible. – Se adelanto Jon. – Pero sea como sea conoce nuestros planes, nuestros recursos. Lamento decirlo, pero ahora mismo debemos considerarle una amenaza. – Tyrion cerró los ojos y dejo escapar un suspiro mientras asentía. – Debemos atacar ahora.
- O encontrarle. – Los presentes se sorprendieron al escuchar a Arya. – Vamos, conocéis la historia real del matarreyes, lo siento Daennerys pero a estas alturas incluso tú has debido de descubrirlo. El pueblo le insulto y le difamó, pero cuando acabo con Aerys lo hizo por protegernos. – La reina levanto el rostro, sonrojada al recordar como su padre había querido hacer explotar al mundo junto a él. Justo como Cersei había hecho en el Septo. – Ese hombre tiene honor. Ese es su mayor defecto. Creo que la ama tanto que está dispuesto a morir con ella.
- Quizás fuese lo mejor. – Dijo Tyrion con voz queda. – Estúpido Jaime, si tan solo hubieses confiado en mí. – Y sus nudillos se quedaron blancos al cerrar los puños.
- No creo que nos queden muchas opciones. – Se quejó Robb. – Debemos entrar.
- Y sacarlo de allí.
- O matarlo. – Añadió Arya. – Lo que sea más fácil. – Y encogiéndose de hombros añadió. – Entraré yo. Ya lo he hecho otras veces.
- Te acompañaré. – Le dijo Robb.
- Me retrasarás. – Pero esperó con una sonrisa. – Deberíamos entrar por las cloacas.
- Entréis por donde entréis necesitareis una distracción.
- Drogon y yo os la daremos. Esta amaneciendo. Me colocaré frente a la puerta principal, quizás ella venga y Jamie también. Ten cuidado Arya. – Pidió y la pequeña agradeció el gesto con la cabeza.
Daennerys sabía lo que se esperaba de ella, sabía que debía actuar con cautela y vigilar el inmenso número de trampas que Cersei hubiera colocado para ella, del mismo modo en que debía protegerse contra los ataques de los otros que fingían sonrisas en su presencia. El saberse espiada a cada momento no evitó que diese un respingo al sentir los brazos de Jon aferrándose a su espalda. El hombre parecía tan tranquilo en su presencia que cualquiera que les viese hubiese creído que éste no la había visto achicharras a las huestes enemigas apenas unas horas antes.
- Te amo. – Dijo él en un susurro y ella se llenó de calma. – Se que las cosas no están muy bien ahora. Se que tienes miedo y que Robb y yo te cabreamos mucho con nuestra actitud de sabelotodo. Pero te prometo. – Y mientras hablaba la obligó a girarse y mirarle a los ojos. – Que ambos te protegeremos. No voy a dejar que nadie te haga daño, aunque tenga que reducir Desembarco a escombros. Aunque tengo que vaciar las casas piedra a piedra encontraré a Cersei y acabaré con ella. Y con cualquiera que quiera hacerte daño.
- Lo sé. Y eso es lo que me da más miedo. Siento que todos quieren quitarme de en medio, incluso tú Jon. Estoy aterrada. Y lo peor es que a veces me pregunto si todo esto no será nada más que sueños que nacen y mueren en mi cabeza. Quizás sea cierto que los Targaryan estamos malditos, que nuestra sangre alberga horrores que no deberían existir. A lo mejor sería mejor para todos si nuestra casa muriese con nosotros.
- No estas loca Danny. Tienes dos dragones que te obedecen y un ejército que ha cruzado el mar solo por ti. Han abandonado todo lo que conocían por tu sueño, eso aquí, en este continente tan civilizado no sucede y eso es lo que en verdad temen. Tienes el poder de ayudar a la gente con la que te cruzas, ya lo has hecho, un sin número de veces. Así que, por favor, no te rindas ahora. Me da igual Poniente y sus reinos, yo solo quiero estar a tu lado. Quiero volver a verte sonreír.
- Te amo Jon Nieve. – Suspiro ella y él sonrió besándola. – Debo salir a escena. – Y amagó una risita tras prometerle que volvería en poco tiempo.
Despedirse de Jon fue difícil, aunque no tanto como encontrarse cara a cara con Cersei. La reina de los siete reinos no acudió a su llamada, no se defendió de las acusaciones de tirana y asesina. Nadie la fue capaz de encontrarla y el rumor de su asesinato comenzó a correr en ambos lados del frente. Para aplacar sus miedos Daennerys cabalgo sobre el lomo de Drogon hasta el palacio y tomo tierra en su patio de naranjos y árboles frutales.
Jaime no había pretendido ser una amenaza para nadie, pero no podía permitir que la mujer a la que más había amado en su vida muriese, si él podía impedirlo. Con ese pensamiento rebusco el lugar oculto por el que siendo guardia leal salía para encontrar mujeres dispuestas a pasar una noche con el rey que estaba casado con su hermana. Con pasos inseguros se deslizo por los pasillos de palacio y se sorprendió al encontrar las estancias vacías a su paso. Los nobles y poderosos debían de haber huido ante la llegada de Daennerys. Podía entenderlos, pero no por ello podía evitar que la angustia le invadiese. Si ellos se habían ido, la posibilidad más grande era que la hubiesen asesinado.
Al final la encontró sentada en el trono de hierro con los ojos inundados de locura y sin siquiera reconocerle. La llamó, la suplico que huyese con él, que se dejase guiar hasta un lugar seguro. Solo esperaba sacarla de allí y marcharse a roca Casterly, vivir una vida normal. Pero ella solo gritaba órdenes y se quejaba de que todos eran unos holgazanes. No logró nada, así que simplemente se quedó a su lado vagando, tratando de protegerla o de llegar al final a su lado.
Hasta que el Dragon de Dannerys toco suelo en el patio. Ceresei se acercó hasta las ventanas y gritó furiosa dando órdenes sin ser escuchada. Esa maldita reina dragón estaba en su casa y ya no quedaba nadie entre aquellos muros que temblase ante la llegada del nuevo invasor. Fue entonces cuando la locura se desató. La reina observó a la mujer que caminaba en el parque, con su cabello blanquecino balanceándose en el aire, y de repente la mujer gritó. La pidió que entrase en el castillo, que tuviese cuidado con aquella bestia que la observaba y entonces gritó el nombre de su hija.
Jaime se acercó de un saltó para ver lo que ella veía. Pero al encontrarse con la mujer que había derrotado a un ejército de muertos en lugar de con su hija se dio cuenta de que no había marcha atrás. Cersei había perdido el juicio del todo y él supo lo que tenía que hacer.
La abrazó con fuerza por la espalda y la giró de golpe para darla un beso, de esos que se daban cuando eran niños y jugaban a enamorarse. Fue suave y dulce y tras ello la arrastró junto a él a través de la ventana. Ese día no habría guerra, se acabarían por fin las luchas y el matarreyes volvería a cumplir con su función.
Arya y Robb no tuvieron tiempo de encontrarlos. Habían recorrido gran parte del palacio cuando vieron caer algo al patio a gran velocidad. Con prisa se acercaron hasta ellos y suspiraron al encontrárselos envueltos en un último abrazo mientras trataban de no mirar la sangre desparramada que salpicaba el lugar. Frente a ellos Daennerys miraba la escena atónita.
- Ha sido lo mejor. – Sentenció Robb.
- Yo hubiese preferido que sufriese un poco más. – Añadió Arya encogiéndose de hombros. – Deberíamos dejarla ahí para que se la coman los cuervos.
- No. – La reina dragón la miró con ojos tristes. – No hagamos lo que ella hubiese hecho. – Y la muchacha asintió a su orden.
Los ciudadanos de los siete reinos no tardaron en escuchar la noticia que se extendió más allá de las fronteras. Daennerys Targaryan se sentaba ahora en el trono de hierro, tras el suicidio de su antecesora.
Al principio el pueblo tuvo ideas contrarias hacía su persona. Por una parte, aquella mujer mando limpiar y acicalar el cadáver de la mujer que tantos estragos le había causado. Y sorprendiéndoles a todos mostro mayor piedad para con ella que muchos que habían dicho amarla en vida. Mando limpiar el Septo de Baelor y convertirlo en un osario común, al no poder reconocer los restos de todos los que allí habían fallecido. Así mismo ordeno quemar sus restos y los de su hermano y ser enterrados, donde antes lo habían sido sus hijos. Incluso las cenizas del rey Tommen se trasladaron allí. Y Tyrion no pudo evitar que las lágrimas anegaran sus ojos. Su hermana siempre había sido un monstruo a sus ojos y aún así le pareció una hermosa clemencia permitirla descansar al lado de sus hijos.
Daennerys fue coronada una semana después, cuando las obras para restaurar la ciudad aún se estaban llevando a cabo. Las principales familias nobles acudieron en masa para brindarle pleitesía y ella las acepto con gusto. Todos y cada uno de los presentes se arrodillaron ante ella hasta que le tocó el turno a Sansa Stark, quien fue designada por su hermano Robb para seguir siendo la guardiana de Invernalia. Fue entonces la tensión se palpó. Sansa no tenía intenciones de volver a arrodillarse ante nadie. Por mucho que Daennerys les hubiese ayudado a sobrevivir al rey de la noche, había sido su gente la que había resistido y sufrido durante años. Había sido su familia la que se había visto mermada y el Norte no olvidaba la traición sufrida contra sus últimos líderes. Pero Jon fue más rápido, se adelanto al heraldo e hizo que su voz sonase por todo el salón.
- Mi señora. – Llamó a Daennerys con la voz en vivo. – Se presenta ante voz para felicitaros por la conquista, vuestra hermana. Sansa Stark, primera de su nombre, Reina en el Norte. – Y Sansa se mantuvo de pie con los ojos desmesuradamente abiertos mientras esperaba la reacción de la otra.
Daennerys bajó los escalones despacio, acortando la distancia entre las dos, hasta quedar frente a ella. Y después con un ágil movimiento, desvió el rostro mostrando una pequeña reverencia a la que la pelirroja correspondió más forzada.
- Os doy las gracias por vuestra ayuda en el pasado mi señora. – Su voz sonaba dulce y en sus ojos no se percibía odio alguno. – Y os pido que sigamos siendo buenas amigas ahora que nuestros reinos descansan uno al lado del otro.
- Siempre seréis considerada una amiga para mi casa.
- Venid pues y que el Norte celebre junto a los seis reinos la dicha que nos espera.
Daennerys entró de su brazo al comedor y poco a poco todos los invitados fueron sentándose. Si alguien tenía alguna oposición a la libertad adquirida por el Norte no lo menciono y dejaron pasar la noche entre copas de vino, odas a la victoria y dulces halagos. Solo cuando el sol se hubo puesto pidió a sus aliados reunirse a aparte.
- La batalla ha acabado. La rueda se ha roto.
- O ha seguido igual. – Añadió Arya. - Sigue habiendo tronos y reinas, ¿qué ha cambiado?
- ¿Qué es tu hermana quien gobierna ahora? – Pregunto Gendry sonriendo.
- Qué nosotras lo haremos lo mejor que podamos para que otros no sufran como lo hicimos. – Dijo Sansa solemne y Robb rio.
- Lo que Daennerys quiere preguntaros es si puede ofreceros alguna cosa por la ayuda que le disteis panda de mentecatos. – Dijo Jon sacudiendo la cabeza y todos le miraron sorprendidos. - ¿Por qué creéis que ha sido tan explicita mostrando que el Norte es un reino independiente?
- Por qué nos lo hemos ganado. – Añadió Sansa.
- No sé si el Norte se lo ha ganado Sansa Stark. – Dijo la reina de los siete reinos. – Pero desde luego tú sí. Se que ha habido desatinos entre nosotras, pero también sé que eres la persona que mejor podría entender mi sufrimiento ya que tu pasado y él mío son similares. – Y Sansa asintió al recordar como a las dos las habían separado de su familia, las habían vendido como esposas y las habían humillado sin reservas. – Se que mi carácter a veces es difícil, pero Jon y Tyrion han prometido quedarse para ayudarme.
- Nos casaremos en un par de días. – Jon la cogió la mano mientras la sonreía. – Solo os pediremos que os quedéis aquí hasta entonces. Los vítores estallaron por toda la habitación.
- Las islas del hierro recibirán ayudas para la alimentación y seréis oficialmente la armada de los reinos, así no tendréis que volver a pasar hambre. Se lo comunicaremos a Asha por la mañana si estas de acuerdo Theon. – Y Este acepto comprendiendo que Jon había acertado en el supuesto de que nunca volvería a ver sus tierras, ya que seguiría a Sansa allí donde ésta fuera. – También hay un barco a tu nombre Arya, y una tripulación bien formada.
- ¿Hay algún sitio a donde deba ir?
- A donde desees, mientras envíes cartas y nos dejes saber de ti. – Y la pequeña sonrió satisfecha.
- Brienne de Tarth será la nueva capitana de la guardia de la reina y Tyrion será reconocido como mano de la reina. Un barco se marchará hasta Astapor, los inmaculados y los dothraki serán liberados de sus servicios si así lo desean. Mis dragones no sobrevivirán a este clima. – Dijo la mujer con una sonrisa triste.
- Eso te dejará en una posición vulnerable. – La recordó Robb.
- Lo sé. Pero ellos me prometieron ganar esta corona y yo les prometí su libertad. – Tomó la mano de Missandei en sus manos y lloró. – Podrás volver a casa buena amiga.
- No misha. Yo no tomaré ese barco, mi destino esta ligado al tuyo y seré feliz aquí. – Las mujeres se abrazaron mientras gusano gris les aseguraba que él también se quedaría.
- Bastión de tormentas quedará a tu cargo Gendry, ya que era la casa de tu padre legítimo. – Jon siguió hablando, tratando de restar tensión al momento. Y Alto Jardín esta sin dueño Robb, ya que le has dado a Sansa el Norte deja que te obsequiemos con otra gran ciudad a la que cuidar.
- Gracias Jon, pero no estoy seguro de que un muerto pueda gobernar entre los vivos.
- Pues prueba. – Rio Tormund. – Otra cosa igual no, pero mandar se te da de maravilla. Las carcajadas no se hicieron esperar.
Aquella noche se hicieron promesas y los días siguientes arreglos. La boda fue hermosa, sencilla y corta. Celebrada más para la familia que para el pueblo, la falta de dinero en las arcas les hizo ser prudentes y las gentes llenaron los mercados con la historia de amor de una reina extranjera casada con un bastardo que no tenía más para ofrecerle que su propia vida. Para cuando quisieron tomar caminos serados, los hermanos Stark ya sabían que el pequeño jon era una especie de príncipe de cuento que había sobrevivido a innumerables peligros para estar con la mujer a la que amaba. Atrás quedaban las historias de la muerte y resurrección en el muro, o de como había cabalgado un dragón. Sus sacrificios por amor dejaban empequeñecidos cualquier otra virtud.
Jon sabía que les extrañaría, como lo había sabido cuando marcho al muro, y sin embargo ahora la pena quedaba desdibujada por la certeza que volvería a verlos y a saber de ellos a menudo. Para cuando Daennerys dio a luz a Aegon las cartas de Sansa llegaban casi a diario al igual que las del señor de Alto Jardín, lugar en el que Robb parecía haberse asentado felizmente. De Brandon le costaba más saber, pero Sansa siempre le mencionaba y alababa sus buenos consejos, ahora que se había convertido en la mano de la reina norteña. Arya era más difícil de seguir la pista, y a medida que los reproches habían disminuido también la correspondencia lo había hecho. Aunque siempre enviaba mapas de la zonas descubiertas y regalos y materiales extraños que encontraba, que iban firmados con quejas sobre el imbécil de Gendry que había renunciado a todo y la había seguido al fin del mundo solo para estar con ella. Tormund, en cambio, no escribía, pero bajaba a menudo a comerciar y recordar a quien quisiera escucharle todas las andanzas vividas con el nuevo rey, que se mantenía lejos de la política todo lo que podía.
Había transcurrido mucho tiempo desde que fue un niño triste y apocado, desde que su esposa había sido una niña tierna y asustada. Habían vivido escenas de traición, sangre y odio, pero por fin después de tantos años podían decir que eran felices.
